El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
Objetos entrañables: el calendario

Cuando niño, vivía pendiente de él. Iba contando los días que faltaban para vacaciones, cumpleaños, Navidad. Mi abuela tenía uno con una hoja para cada día, que yo presto arrancaba nada más enterarme que era ya medianoche. Claro que entonces los días eran largos; por no hablar de semanas y meses, que se extendían como eras en medio de una infancia cuya última orilla aparecía distante como el juicio final del que hablaban los curas.
Cada enero, recibía los nuevos calendarios como si se tratase de álbumes vacíos. Después, cuando tocaba recorrerlos lerda, y en ocasiones tortuosamente, miraba hacía los días o meses venideros en busca del primer salvavidas a flote. Más que creer -cosa muy complicada durante la zozobra de una larga noche- asumía que los días pasaban de acuerdo a una progresión lógica, segun la cual todo tendría que ser mejor al siguiente.
El final de la infancia es también el comienzo de una aceleración vital que apenas deja tiempo para voltear a ver el calendario. Se vive enamorado, en muchos casos, pero ya no con la paciencia de la niñez. Ahora se tiene prisa por poseer la luna, y la prisa no mira hacia los calendarios. Pero ellos ahí siguen, señalando los días con el celo de un cancerbero bien pagado. Cree uno que el mero hecho de ir y comprarlo le convierte en el dueño del calendario, cuando es él quien le tiene atenazado.
Vivir de espaldas al calendario puede llegar a ser tan delicioso como olvidarse totalmente del reloj. Parecería que el tiempo no transcurre y uno puede cruzarlo como una playa interminable, por eso nos molesta y nos aburre cuando alguien trata de ponernos de nuevo bajo la tiranía de las manecillas. Cuadrado, le llamamos, forzando alguna mueca que revuelve lástima con sarcasmo, amén de cierta envidia inconfesable. De cualquier forma, hay un reloj interno. Puede uno vivir sin reloj y saber qué hora es con una respetable aproximación; si bien muy pocos lujos parecen tan costosos como olvidarse del calendario.
Puedo verlo mirándome desde aquella pared insoslayable, algo menos de un metro arriba a la derecha de mi almohada. Lo veo incluso cuando no lo veo, no sería tan raro que lo observara en sueños. En realidad, me importa poco el día que pueda ser. Martes, jueves, apenas si me entero. Lo que realmente cuenta son los números: cada día, al final de otro trecho de escritura, corro por las planillas de pegotes y con ellas registro el avance de folios en el calendario. 292, 296, 300. Ver cada uno de esos tres dígitos en el espacio de cada día me sumerge en la vieja sensación de aquellos excitantes álbumes de estampas que nunca conseguí llenar, probablemente porque nunca se me ocurrió ayudarme con el calendario.
¿Qué hace un niño cuando por fin llena un álbum? Arrumbarlo, supongo. Tal vez entonces no llenara los álbumes porque alguien muy adentro temía que tamaño logro acabaría de tajo con la diversión. Que es también lo que pasa cuando por fin terminas la novela. Queda un hueco en la vida, no sabe uno qué hacer con los días que vienen. Se relee, se corrige, se recuerdan con pasmo restrospectivo los zarpazos y rugidos del león, cuando matarlo parecía quimérico. El drama, sin embargo, está en la tiranía bendita los números: el calendario lleno de pegotes cuenta una historia íntima comparable a la de los marcadores deportivos.
Más que sencillamente comprar un calendario, lo que hago es contratar a un capataz implacable, al que nunca podré sobornar ni engañar. Si pasa una semana sin pegar nuevos números, la vida se transforma en vil sobrevivencia inmerecida. Come uno y duerme con la sensación íntima de ser un ladronzuelo de sí mismo. Un bueno para nada. Un mequetrefe. Un cínico. A tres días de haberse interrumpido una marcha que ya creía espectacular, me detengo al principio del miércoles y digo que ya basta. Me desafío. Me orillo. Me amenazo. Le repito al espejo que ay de él si mañana no crecen mis números.
Cerca de ahí, un par de ojos acecha. Son los del calendario: nadie como ellos duda que mataré a ese león. Y es gracias a esas dudas que sigue uno peleando, ruja quien ruja.
[Publicado el 23/1/2008 a las 08:28]
Comentado por: rana el 24/1/2008 a las 18:44
Xavier:
Con eso de que "EL ZACATITO " (guarida de sanguijuelas narcòticas ) està cerca de donde vive. Me recordò cuando hace unos años supe que “El mocha orejas” vivìa a unas cuadras de mi casa.
Uno se piensa viviendo en colonias “tranquilas” y un dìa se despierta con la sensación de que trae un alacrán metido en el calzón.
Me tiene preocupada, repòrtese por favor.
Comentado por: Tamiris Lippl el 24/1/2008 a las 17:53
La peor inversión de mi vida fue una agenda con calendario vertical, horizontal, espacio para tareas, metas, gastos, etc que hace una empresa chic llamada Franklin Covey.
Fue mala por el dinero tirado, buena porque descubrí que ni los calendarios ni las agendas son para mi.
Programo citas, compromisos y reuniones en la mente, aunque hay mas de uno que se ha quedado esperandome.
Igual sigo sin creer que en realidad lo necesito, que si fuera a una librería a comprar el calendario más bonito, terminaría por no volverlo a mirar al quinto o sexto día.
Comentado por: Rob el 24/1/2008 a las 16:01
¿Cómo hacía para recorrer los días pasados en el calendario si arrancaba las hojas de cada día? Gran misterio de esta lectura amena.
Comentado por: HjV el 24/1/2008 a las 14:23
La providencia o la buena punterîa del mal, como quieran llamarla, me puso hace unos anios en las manos a la rajante Violetta; cutre; trepadora; con doble tt de Jessica y ganas de llevarse el mundo por delante y logre ser durante esas 500 o mas maravillosas paginas la adolescente terrible que nunca tuve el valor de ser; la que solo existio en los libros. Luego me regala la joyita de El materialismo histerico. Valga la pena recordar lo de "las mujeres como yo no se conocen, se contraen: como los matrimonios y las enfermedades y las deudas". Hombre; que escribe sobre la mala mujer que en el fondo todas querriamos tener el buen tino y el gusto de ser. Que te acusen de lo que quieran, yo te defiendo con tus libros de escudo, y si te preguntas de vuelta "que vino primero; el dolar o el deseo?"; te contesto: primero vinieron las palabras; luego alguien se molesto en ponerles precio o en desear lo que encerraban. O sea, que primero vino tu talento, y gracias por el de parte de las violettas agazapadas en piel de cordero que recorremos este mundo. No pares de escribir. Porfa.
Comentado por: Olga el 24/1/2008 a las 03:58
Comentado por: luisa el 24/1/2008 a las 02:16
ya en otras ocasiones habías comentado ese método tuyo de los pegoles en el calendario y pensé en robarlo... (el método, no tu calendario)... al final no me salió, terminé tirando el dichoso calendario (y eso que estaba gracioso, era de la revista mad)y opté por escribir diario, pero sin la mirada del tiempo. lo bueno de éste vicio es que cada quien encuentra su propia rutina.
saludos xavier... me da gusto ver que esa novela va caminando.
Comentado por: gabriel revelo el 23/1/2008 a las 23:43
Comentado por: PNLP el 23/1/2008 a las 22:19
Da la impresión que con la excusa entrañable e inesquivable, aunque tiránica, de un objeto como el calendario, nos anuncias la recta final de tú novela. Emociona saber que a la vez que nos acompañas en esta aventura nocturna, (apesar de que te leo por el día y te escribo a la noche), tejes la historia de una novela que verá la luz intuyo que en los próximos meses, y con la que más temprano que tarde provocaré el encuentro en alguna libreria que visito menos de lo aconsejable.
Me vas a permitir ser indulgente, aunque lo del permiso es mera formalidad, y frente a los ojos que te acechan y te incentivan precisamente por sus dudas, a mí,sin pretender que te acomodes, no me cabe duda de tu porte de gladiador romano que saldrá victorioso de la lucha (estas últimas palabras suenan muy bélicas e imperialistas, pero no va por ahí la cosa).
Volviendo al entrañable calendario, últimamente sus ojos me dicen que ha pasado el tiempo, mucho tiempo, ese tiempo que de niña no alcanzaba a imaginar, ya queda lejos la pequeña niña de sonrisa pícara y curiosa, que en algunos días felizmente me vuelve a alcanzar. La tiranía del calendario nos cura de la soberbia de creernos inmortales. Eso sí, siempre que se pueda escapar de su esclavitud hay que aprovecharlo, aunque sea pura ilusión.
Besos.
ps. Saludos a los comentaristas, hoy me he reído mucho con algún que otro comentario, entre ellos, el de Mauligno, muy bueno.
Besos
Comentado por: Guada el 23/1/2008 a las 22:09
Xavier:
Ese Leòn tuyo me recordò al del mago de Oz, que buscaba valor y coraje y no se habìa percatado que desde el comienzo de la travesía iba construyendo su determinación.
Veo en tu calendario que te detuviste el viernes 18, pero que los tres anteriores dìas avanzaste mucho, como el ùtlimo “ sprint “ que dan los corredores antes de llegar a la meta.
Me encanta tu forma de trabajar y agarrar de capataz al calendario, veo que estas sudando la gota gorda y debe darte mucha satisfacción, e imagino que viene la pausa donde la historia està marinándose para ser depositada finalmente sobre papel y ponerle punto final.
PD: Eso de usar diferentes colores de plumòn es TAN DE HIJO ÙNICO.
Comentado por: Tamiris Lippl el 23/1/2008 a las 20:40
Comentado por: León El Africano el 23/1/2008 a las 20:28
Vivir esclavo del calendario, no hace mucho que fui un niño y tambien tenía calendarios para arrancar las hojitas cada día. Me molestaba por ejemplo que sabado y domingo vinieran en la misma hoja, asi quedaba un día sin cortar, un día sin nada importante que hacer al principio del día. Nunca he tenido calendario en mi cuarto desde entonces, pocas veces me acuerdo de las fechas y el unico calendario que guardaba por si acaso era el de examenes, para saber a que santo encomendarme.
Comentado por: Manuelillo el 23/1/2008 a las 20:05
Nunca he usado los calendarios realmente. O sea, no como una herramienta recurrente. Conozco a una chica (seguro hay muchas más) que cada inicio de año implica agenda y calendario religiosamente. Disfruta con un placer desmedido apuntar cumpleaños, fechas importantes y demás curiosidades. Una vez (no por chismoso que conste) pude ver su agenda y le pregunté que significaban todas esas iniciales en determinados días, del tipo: H.M.N.Y.Y.E.P.E.1H.C
Traducción (Hoy mi novio y yo, echamos pasión en un hotel de Cuernavaca). Yo era el novio, asi que se me hizo un detalle agradable ver que había un record críptico de nuestros encuentros amorosos en su agenda.
Hace poco vi a la misma chica, presumiéndome su nueva agenda. Ya no seguimos juntos, y por lo que sé, ella ya salía con alguien. Me entró un morbosa curiosidad ver si en mi cumpleaños todavía dibujaba grandes serpentinas, o vaya, si siquiera lo apuntaría como efeméride. Me limité a ver todo muy rápido, los dibujitos con frases motivadores, el diseño en genera. No quise ver más. Ella se sentó a mi lado, como muy ocupada en su nueva agenda, y por casualidad (creo que no tanta, por que me late que lo hizo a propósito) pude ver como en algunas fechas ya tenía esta clave especial.
No soy fan de las agendas.
Si alguien es metalero, este post me recuerda 2 canciones de Stratovarius:
Father Time
Seasons of Change
salu2
Comentado por: Mauligno el 23/1/2008 a las 19:47
http://www.youtube.com/watch?v=mQZXMBUXeOg
No se porque cada año mis hermanos traían a casa calendarios con mujeres con pechos al aire y una sonrisa artificial, cada mes con su respectiva posición artística y en una esquina baja la insignia del patrón dominante, nunca lo usaban hasta que empecé a escribir pequeñas notas insignificantes de una vida sin sentido: cumpleaños de mera formalidad social, días en que debería de entregar trabajos escolares pero siempre eran aplazados por una u otra causa con motivo aparente, y comencé a escribir números con las letras de mis abuelos para saber que tanto tiempo duraban respirando en el mundo, se escucha como si no los quisiera pero no es cierto, lo que pasa es que no sabían mucho de mi existencia, hasta que uno de mis hermanos me pregunto que qué significaban los números con la respectiva letra y le dije que era acerca de la duración de una serie de televisión que estaba en curso, me lo creyó y seguí con mi mentira durante unos años más hasta que dejaron de comprar calendarios.
Comentado por: arros el 23/1/2008 a las 19:09
Conoce una rola que se llama High and dry? de Radiohead.
Me imagine a los personajes de su novela cantándosela con una lluvia de números y hojas de calendario de esas que atrás traían una receta de cocina.
Regreso a trabajar con mi video música en la cabeza…Que bueno leerlo temprano..
Comentado por: Dulce Geisha el 23/1/2008 a las 17:58
Eso que ni que…
Yo por eso, traigo un reloj sin pilas en la mano derecha, para tomarme el delicioso tiempo como algo que existe, pero que ni el ni yo, tenemos ganas (ni tiempo) de alcanzarnos, como si fuéramos trenes que viajan en dirección contraria.
Y por eso mismo, me tomo fotos que dicen fechas adelantadas o atrasadas, 22 de agosto de 2089, 5 de febrero de 1900… y es mas, me tomo fotos con la fecha de mi nacimiento -21 marzo 1987- pero 20 años después… (Que delicioso, que gracioso, que chicloso, que relajante).
¿Que tiene de malo fantasear?, digo…esa era la mejor parte de la infancia.
Comentado por: rana el 23/1/2008 a las 17:41
17/5/2008 01:47
Contestando a lo que dice rana,...
Publicado por: Dèmina Demiana
16/5/2008 20:24
Pues yo no puedo leer tu blogg...
Publicado por: Kiddo
16/5/2008 18:18
Publicado por: Zarema
16/5/2008 18:06
Dicen que Dios los hace, y ellos...
Publicado por: rana
16/5/2008 18:02
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16/5/2008 16:59
Yum-Yumbina.......Cuantas y de a...
Publicado por: Lilith
16/5/2008 16:52
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16/5/2008 05:18
Publicado por: ¨Goofy¨
16/5/2008 02:46
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16/5/2008 01:22
Oye por cierto, no quieres ser...
Publicado por: Dulce Geisha
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