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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Shopping emocional

Corazón.

Aun cuando no esté mirando hacia allá, uno puede saber que está siendo observado. Y por supuesto los objetos miran con la fijeza del perro sobre el glotón, más todavía si tienen un estante desde el cual agazaparse. “¡Llévame!”, le suplica la figura, y uno intenta ignorarla pero no logra ni quitarle la vista de encima. “¿Qué me ves?”, debería preguntarle, pero se calla porque ya sospecha que aquel objeto sabe demasiado. Por eso le deslumbra desde el ángulo exacto, diríase que con la mueca precisa porque sin duda ha visto de que pie cojea y es de ahí que se apresta a zarandearlo.

He mirado al objeto fulminado por un apego instantáneo, al punto de creer que algún presunto azar objetivo nos ha reunido justamente en este día, a esta hora y en esta tienda. Momento de dudar, observarlo de nuevo, buscarle alguna falla que me libre del compromiso íntimo de comprarlo. Y cargarlo, y cuidarlo, y empacarlo. Pero no lo consigo, de modo que me escudo en el precio: me parece muy caro, y si costara la mitad me parecería entonces demasiado barato. Por no dejar, pregunto al vendedor hasta qué hora estará abierta la tienda y él responde con cierto aburrimiento. Cuántos otros no saldrán de ahí para siempre tras hacerle la misma pregunta. Pero el objeto sabe que volveré, desesperado de ser ya tan suyo sin intentar siquiera hacerlo mío. Y no es más que un objeto, pero alguien dentro anhela darle valor de sujeto.

Lejos ya de la tienda, el objeto regresa como un fantasma, me sigue por el puente como un asaltante, hasta hacerme volver sobre mis pasos como quien lucha ya contra los inminentes diablos del arrepentimiento y recuerda que aún es tiempo de conjurarlos. Porque más que a un objeto he visto a un personaje y me resisto a irme sin él. No sabría decir si lo necesito, pero no puedo verlo sin entenderlo, y eso ya crea una complicidad. Quiero decir que llevo tres años dándole vueltas a un personaje que está encerrado en una casa vacía y sé por qué pero no para qué, y algo me dice que la figura en el estante lo ha comprendido mejor que yo: un hombre todo vestido de negro intenta hacer entrar un corazón gigante por una puerta demasiado estrecha. Siempre que ha de contar una emoción, el empeño del narrador es similar. La glándula no pasa por la puerta, hay que empujar con fuerza y contra todo pronóstico.

Regreso y ahí está, esperándome. Como un niño a las puertas de la escuela. Tengo hambre, papá. Lo reviso otra vez, con cínico deseo. De pronto me parece hasta barato. Pregunto al vendedor si lo puede empacar por mí, de forma que no vaya a hacerse preciso matar a un maletero en el camino a casa. Y es así como días después lo desempaco y vuelvo a ver al sísifo romántico que en vez de cargar piedras empuja corazones: un trabajo sin duda más riesgoso pero bastante menos idiota. Observo la figura y sé que muy probablemente encierra una tragedia, y quién sabría si no una tragicomedia, pues se entiende que un corazón de ese tamaño no pasaría jamás por una puerta así de estrecha. Pero hago una novela y tengo que intentarlo.

Hay un romanticismo tétrico tras este objeto, supongo que por eso le he tomado la foto a media penumbra. Además, no puede uno ir por la calle empujando un corazón en pleno mediodía, la gente se malquista con esos espectáculos. ¿Qué hará el hombre si logra hacer que el corazón cruce la puerta? Quiero creer que ahí empieza la historia. Es posible que haya comprado el objeto sólo para robarle esa historia, y acaso acompañarla de una canción de los Flaming Lips que con suerte me ayudaría otro poco a empujar a la glándula rejega. Un trabajo de locos, pero hay objetos que saben hacerlo.

[Publicado el 12/11/2007 a las 11:41]

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Comentarios (15)

  • Hola Xavier

    A parte que disfruto de sus bitacoras " me he dado cuenta que me gusta como aparece en la foto de colores"
    Noemi

    Comentado por: Noemi el 17/11/2007 a las 03:02

  • Vamos, que ni un cuadro de Dalí hubiera sugerido tal caudal interpretativo...Si, yo también soy pesimista respecto a ese Sísifo, se ve que su propósito es absurdo pero su intento quizá no, quizá le redima de una existencia gris.

    Comentado por: escarola el 13/11/2007 a las 09:21

  • ¡Vaya compra!... creo que yo tampoco me hubiera resistido a esa alegoría.
    Y sí, tal vez sea romanticismo tétrico, pero al mismo tiempo, si ese hombrecillo es un romántico empedernido, y además representante de una tragedia... ¿qué no lo somos todos?
    Es valiente el hombrecito ¿no?, a pesar de ya querer guardar su corazón a través de esa puertita, de menos se atrevió a sacarlo a pasear. Y aunque tal vez ya no quepa tan fácil en su escondite, ese corazón ya vivió...

    Saludos. =)

    Comentado por: Elena el 13/11/2007 a las 07:36

  • Ciertamente los objetos en aparadores tienen inefables poderes. ¿Qué hubiera pasado si nunca hubieras comprado el monito? ¿Y si alguien "te lo hubiera ganado" esa noche, en vez de triste le pareceiera encantador?

    Comentado por: - vntsngrs el 13/11/2007 a las 05:49

  • Digamos que el corazón es el tiempo, dividido en tres momentos:
    ( expectación, atención y memoria ) ..

    Si el hombrecito no va primero hacia atras; no conseguirá ir hacia adelante.

    Uno se prepara para hacer algo con el propósito de cambiar lo que habia antes. De otra forma no conseguirá proyectarse al futuro.

    Ese hombrecito a mi parecer sufre de alguna amnesia ya que aún no le ha dicho a Xavier PARA QUE ESTA AHÍ..



    Comentado por: Tamiris Lippl el 13/11/2007 a las 04:33

  • si todo este relato es grandioso, seguramente la novela lo es más...

    dices que no sabes que hará el hombrecito del objeto cuando logre pasar el corazón por la puerta y te contestas que muy probablemente empezar la historia. yo creo que más bien, lo apasionante de la historia es la desesperación y los intentos en sí son la historia.

    Comentado por: gabriel revelo el 13/11/2007 a las 03:47

  • es triste lo encuentro triste o me encuentro triste

    anyway

    Comentado por: yorkperry el 13/11/2007 a las 00:51

  • Te escribo a estas horas, que aunque tempranas, ya mi cuerpo y mi mente me piden un descanso, pero la imagen del hombre vestido de negro empujando un inmenso corazón ha rondado mi cabeza durante todo el día, es decir, me ha producido el mismo shopping emocional que a tí, así que, por más que mi cuerpo necesite caer dulcemente vencido en la cama, he vuelto hacia atrás, aquí estoy, mirando a ese hombre pequeño con 'su gran corazón' queriendo hacerlo pasar por una pequeña puerta. Ese inmenso corazón pasará en tanto en cuanto crea que tras esa puerta hay algo por lo que vale la pena empujar, y ahí empezará la historia, tú historia, la que un día me gustará encontrar tras un gran escaparate de cristal mientras paseo distraída por mi ciudad, la que me contará para qué permanece un hombre en una casa vacía, la que si tiene un final trágico adornaré en mi memoria para dulcificarlo, porque cuando esté en mis manos, tu historia tambien será mía.

    Ahora el sueño me vence y voy a dejar que me acune. Gracias por llenar la pantalla con un corazón tan grande.

    Besos

    Comentado por: Guada el 12/11/2007 a las 22:17

  • Es prácticamente imposible que el hombrecito logre meter ese corazonzote tan grande en la puerta tan pequeña, aún más si la puerta está hecha de mármol frío inmutable.

    Le convendría más al hombrecito erosionar el corazón y rodarlo por una colina, para que cambie de tamaño y se haga más pequeño.

    Quizá de esta forma logre su cometido, pues hay ciertas puertas que sólo aceptan corazones pequeños, y para ellas no importa el tamaño del corazón, sino que entre en el esquema físico que no quieren cambiar...

    Por cierto, estimadisimo Xavier, si te gusta los Flaming Lips, es muy probable que ya hayas escuchado a los Smashing Pumpkins. Si no lo hash hecho, te recomiendo la canción de Disarm. Es lo más cercano que hay a un éxtasis religioso.

    Comentado por: Ariel el 12/11/2007 a las 20:48

  • El pipila amoroso, queda perfectamente acompañado con esa canciòn de los FLAMING, Xavier.

    Le voy a decir por que:

    El amor tambièn se rige por formulas fìsicas y en este caso a la ecuación sòlo le falta un factor, EL TIEMPO.

    De tal forma, el hombrecito debe echarse para atràs, agarrar velocidad y empujar hacia adentro con todas sus fuerzas.

    X= Vt ( t- m/k ( 1- exp ( -kt / m )

    Fisica pura. “El desplazamiento es proporcional al tiempo”…

    La canciòn ya lo dice: life goes fast... You realize the sun doesn't go down, It's just an illusion caused by the world spinning round…


    ¡ Excelente ecuaciòn de amor !

    http://www.sc.ehu.es/sbweb/fisica/dinamica/stokes/stokes.html

    Comentado por: Tamiris Lippl el 12/11/2007 a las 20:48

  • Es prácticamente imposible que el hombrecito logre meter ese corazonzote tan grande en la puerta tan pequeña, aún más si la puerta está hecha de mármol frío inmutable.

    Le convendría más al hombrecito erosionar el corazón y rodarlo por una colina, para que cambie de tamaño y se haga más pequeño.

    Quizá de esta forma logre su cometido, pues hay ciertas puertas que sólo aceptan corazones pequeños, y para ellas no importa el tamaño del corazón, sino que entre en el esquema físico que no quieren cambiar...

    Por cierto, estimadisimo Xavier, si te gusta los Flaming Lips, es muy probable que ya hayas escuchado a los Smashing Pumpkins. Si no lo hash hecho, te recomiendo la canción de Disarm. Es lo más cercano que hay a un éxtasis religioso.

    Comentado por: Ariel el 12/11/2007 a las 20:47

  • Pero tiene un gesto confiado. Desde fuera está claro que no va a pasar, pero quizá el no pueda verlo. Alejándome un poco de esta interpretación romántica, me he acordado también de la parábola de Kafka que se incluye en El proceso:
    "Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta a él y solicita que le deje entrar, pero el guardián contesta que por ahora no puede. El campesino se asoma a la puerta de la ley, que está como siempre abierta. El guardián, al verlo, se ríe y le dice que puede probar a entrar si quiere, pero que recuerde que él, con ser poderoso, es sólo el ultimo de los guardianes; entre salón y salón hay más. Ya el tercero es tan terrible que ni el mismo guardián puede soportar su aspecto. El campesino no había previsto estos problemas, él creía que la ley debía estar siempre abierta para todos. Pero observa el porte temible del guardián y se persuade de que conviene más esperar. El guardián le deja un taburete para que se siente. Allí espera el campesino días y años, a menudo conversa con el guardián, sobre temas sin importancia, y también intenta sobornarle. El guardián acepta las dádivas, para que el campesino no crea haber omitido nada, dice, pero no cambia su actitud. Durante muchos años el hombre observa casi continuamente al guardián, maldice su mala suerte, al final su vista se debilita y todo se vuelve oscuro. En medio de la oscuridad distingue un resplandor que surge de la puerta de la ley. El campesino sabe que va a morir. Llama al guardián, y le formula una pregunta que antes no le había formulado: si todos quieren acceder a la ley, ¿como es que en todos aquellos años nadie más que él ha pretendido entrar? El guardián comprende que el hombre está expirando, y para que pueda oírle bien le dice con voz poderosa: "Nadie podía pretenderlo, porque esta puerta era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla."
    Lorenzo Silva

    Comentado por: escarola el 12/11/2007 a las 18:52

  • Para mí está bien así. Ese corazón no pasa por la puerta.Él está a punto de darse cuenta, en el punto justo de inflexión.Duro, pero deberá aceptarlo.

    Comentado por: terra el 12/11/2007 a las 18:05

  • Me ha recordado una canción de Brèl: “les coeurs tendres”

    On en a qui ont le cœur si large
    Qu'on y entre sans frapper
    Y en a qui ont le cœur si large
    Qu'on en voit que la moitié

    Y en a qui ont le cœur si frêle
    Qu'on le briserait du doigt
    Y en qui ont le cœur trop frêle
    Pour vivre comme toi et moi

    Z'ont pleins de fleurs dans les yeux
    Les yeux à fleur de peur
    De peur de manquer l'heure
    Qui conduit à Paris

    Y en a qui ont le cœur si tendre
    Qu'y reposent les mésanges
    Y en qui ont le cœur trop tendre
    Moitié hommes et moitié anges

    Y en a qui ont le cœur si vaste
    Qu'ils sont toujours en voyage
    Y en a qui ont le cœur trop vaste
    Pour se priver de mirages

    Z'ont pleins de fleurs dans les yeux
    Les yeux à fleur de peur
    De peur de manquer l'heure
    Qui conduit à Paris

    Y en a qui ont le cœur dehors
    Et ne peuvent que l'offrir
    Le cœur tellement dehors
    Qu'ils sont tous à s'en servir

    Celui-là a le cœur dehors
    Et si frèle et si tendre
    Que maudit soient les arbres morts
    Qui ne pourraient point l'entendre

    A pleines fleurs dans les yeux
    Les yeux à fleur de peur
    De peur de manquer l'heure
    Qui conduit à Paris

    Quizá ese corazón no fuera de piedra, tal vez fuera de gominola o un corazón-esponja y sí pasara por la puerta. O fuera la puerta la que se derritiera ante semejante corazón y le permitiera el paso. O tal vez el hombre en su empeño por empujar el corazón no supo ver bien la puerta, la forma que tenía, y no encontró la manera adecuada de situarlo para que pasara por ella, con lo fácil que sería ladearlo un poco para que entrara…


    Comentado por: escarola el 12/11/2007 a las 17:33

  • Simpático... como para hacer dudar; como para dar vuelta atrás, y luego otra vez hacia delante: para terminar hacia atrás, y comprarlo. Ya eso es una historia.
    saludos!!

    Comentado por: malvisto el 12/11/2007 a las 15:12

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Foto autor

Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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