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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Elogio de lo inservible

Tendría poco más de siete años cuando de manos de mi madre recibí la primera agenda de bolsillo. Era una del año anterior, pero igual me sentí un niño importante porque era el único de mi edad con agenda. Además, no tenía citas que atender. Podía llenar todas esas hojitas de cuantos garabatos o dibujos quisiera. Y a la postre duró varios años, durante cuyo transcurso me acostumbré a salir cada mañana con la agenda debidamente oculta en el bolsillo. Traía algunos números telefónicos, mismos que rara vez llegué a marcar, más diversos apuntes que yo creía útiles aunque nunca llegara a utilizarlos. De entonces hasta hoy, cargo siempre con una agenda más o menos inútil, que en todo caso sirve como mera bitácora del caos.

Las agendas no siempre le arreglan la existencia a su dueño, pero de cuando en cuando le calman los nervios. Especialmente cuando la agenda es nueva y su sola llegada sirve para llenarse de buenos propósitos. Que es lo que sucedía cuando empezaba el curso y mis querúbicos padres forraban de plástico transparente los nuevos libros y cuadernos, donde ahora sí el niño sacaría verdadero provecho académico, y haría sus tareas y cumpliría con todas las exigencias escolares. Puras patrañas, pues, mas uno se las cree como si provinieran de una persona confiable. Será por eso que pasan los lustros y todavía espero que una agenda venga a cambiarme la vida. Lo cual sería plausible si me tomara la molestia de llenarla, pero eso exige la disciplina férrea de quienes acostumbran reservar un lugar para cada cosa y poner cada cosa en su lugar. Gente rarísima, en mi experiencia. Nunca seré como ellos, aunque aún puedo darme el lujo de estrenar agenda y asumirme persona organizada.

Hoy las agendas son majaderamente poderosas. Sus diferentes mecanismos electrónicos no sólo simplifican el puntual cumplimiento de los compromisos, sino que hacen difícil esquivarlos. Traen alarmas, recordatorios previos y avisos de colores, entre otros adelantos que deben de ser cómodos para quien no ha encontrado como sacudírselos. Por si esto fuera poco, han contraído algunas la maña de amafiarse con la computadora o el teléfono, de forma que no pueda uno ignorarlas. Pero el caos también tiene sus mañas, demasiadas para que un simple grillete electronico se adueñe de la voluntad de un voluntarioso. Cada vez que a la agenda, el teléfono y la computadora les sale lo mandón, no me queda más que desconectarlos; a ver si así se ubican en su papel.

Más que una simple agenda, mi aparato portátil es una sucursal del cerebro. Es decir que está lleno por igual de cosas útiles e inútiles, como teléfono, procesador de palabras, cámara de video, calendario lunar, teclado, mp3 y un adictivo juego de boliche. Prefiero no decir cuáles son los programas que más utilizo, baste con recordar que a estas alturas sigo considerando a la agenda un juguete sin mejor atributo que el de entretenerme durante los tiempos muertos y hacerme creer que soy serio y puntual por el solo hecho de tener una agenda electrónica. A veces, si amanezco insoportablemente optimista, me da por instalarle un programa pomposo que se piensa capaz de controlar ingresos y gastos, pero más tardo en comenzar a ingresar numeralia que en rebelarme contra su autoridad y devolverle todo el control al descontrol.

Creo, con Wilde, que la única excusa para hacer una cosa útil es no guardarle admiración alguna, y la verdad es que admiro a una agenda sólo cuando es muy útil para llevar a cabo cosas inútiles, como escribir por nada y para nada, o anotar más de 280 en una sola línea de boliche, por 250 del aparato. Llego a creer, con imbécil frecuencia, que mi suerte para el resto del día dependerá de mis tempranos números en el miniboliche, igual que a veces temo que si no sirve el texto que pergeño tampoco sirvo yo... ¿Para qué? Para seguir haciendo cosas inútiles. Por lo pronto, ésta que nos ocupa ya está lista. Ay de quien ose hallarle utilidad.

[Publicado el 29/10/2007 a las 11:01]

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Comentarios (13)

  • Escarola:

    sorprendida con tu comentario, verás, salvo alguna excepción, no suelo hacer ningún comentario a los comentarios de los comentaristas, pero como digo, siempre hay excepciones, aquí va una: me parece muy bien que lo tuyo sea un juego, aunque creo que no hace falta especificar con que intención escribímos, hay que dejar el comentario y punto, el destinatario, en este caso, nuestro querido Xavier, ya lo interpretará como guste. En fin, lo que quiero decirte es que nunca te he visto ni a tí ni a ninguna fémina o fémino -porque también los habrá- de este blog como un rival, no tiene sentido. A mí me gusta escribir y me encanta como escribe Xavier, no hay que darle más vueltas. Un beso para tí, Escarola, y por supuesto, besos, besos siempre, para tí Xavier.

    Comentado por: Guada el 30/10/2007 a las 15:59

  • Guadita, sal de tu guaridita. Lo mío con Velasco no era más que un juego literario: divertido mientras divertía. No pretendo fomentar ninguna rivalidad entre las dos: más bien estoy aprovechando para dejarlo, aunque vuelva de vez en cuando. Un besito.

    Comentado por: escarola el 30/10/2007 a las 09:57

  • Se lo dedico a Azúa, pero te lo dejo aquí, porque ya ves como están allí (y además la última frase va para tí):.
    Yo llevo marcada a fuego Sevilla, y algunos de esos pueblos de Sevilla en los que salir a las tres de la tarde supone peligro de pasmo. ¿A quién se le ocurriría salir a esa hora? Pues por ejemplo, que eres turista, que acabas de comer o no has comido todavía, pues vas o vienes del restaurante. Lo haces bien pegadita a la pared, como si estuvieras en una película de espías, saltando de acera en acera en función del cobijo que ofrezca. En esas condiciones si pasara el tranvía sería capaz de arrojarme debajo buscando la sombra, cual romántica heroína. Pero puede que no tenga má utilidad, en Sevilla, el tranvía.

    Comentado por: escarola el 30/10/2007 a las 09:34

  • Me identifico con lo que escribes, con casi todo, snif!!

    Comentado por: Berenize el 30/10/2007 a las 07:50

  • Un escritor con agenda??....

    Ese aparatito debe darle entonces la plusvalìa de saberse profesional serio y no un holgazàn.

    Comentado por: Tamiris Lippl el 29/10/2007 a las 18:27

  • Yo estuve a punto de comprarme un celular carísimo sólo porque tenía un juego de un arabecito que mataba monitos con una espada, como Aladdin... que bueno que mejor me compré el que tiene mp3, y que al final, llamar por teléfono es lo que menos hago con ése aparatillo.

    Beso

    Comentado por: - vntsngrs el 29/10/2007 a las 16:51

  • Me dio nostalgia, siempre hago un buen porposito con cada agenta o cuaderno nuevo que adquiero. Bueno ... en el que he sido mas constante ha sido porque escribo con muchos colores ... No soy constante ni organizada pero quizas veo las cosas de otro color cada dia ...

    Comentado por: Azul Violeta el 29/10/2007 a las 16:48

  • ¡Pero no entienden esos condenados aparatos! Me uno a tu club de las agendas, yo hago lo mismo con mis juguetes, electrónicos o no.

    Saludos.

    Comentado por: Minerva o Atenea el 29/10/2007 a las 15:08

  • ¡Pero no entienden esos condenados aparatos! Me uno a tu club de las agendas, yo hago lo mismo con mis juguetes, electrónicos o no.

    Saludos.

    Comentado por: Minerva o Atenea el 29/10/2007 a las 15:08

  • ¡Pero no entienden esos condenados aparatos! Me uno a tu club de las agendas, yo hago lo mismo con mis juguetes, electrónicos o no.

    Saludos.

    Comentado por: Minerva o Atenea el 29/10/2007 a las 15:08

  • Decir pavadas con gracia.
    Lo baladí.
    Lo siento Velasco;no deja de ser útil deleitar el espíritu con nimiedades.
    La última frase de su texto de hoy: la sacaría simplemente.

    Comentado por: terra el 29/10/2007 a las 14:27

  • Te dejo con tu ángel de la guarda, que también es extrañamente adorable. Y sin rencor: Más besos.

    Comentado por: escarola el 29/10/2007 a las 12:51

  • Eres extrañamente adorable.

    Besos

    Comentado por: Guada el 29/10/2007 a las 12:13

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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