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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Permiso para leer

Uno entiende que un libro es importante cuando contrae con él una deuda impagable. Sólo que a diferencia de otros débitos, éste no mortifica, y hasta abundan los casos en que dignifica. Esto último lo constato de memoria: “El estarse muriendo de ganas de que le llamen a uno por teléfono y darse el gustazo de no contestar es prueba de respeto por sí mismo.” Cuando llegó a mi vida la novela que acabo de citar, merced a un accidente de la fortuna que puso frente a mí un paquete para otro destinatario, apenas si tardé en asumir que no había opción más digna que huir con ella oculta de inmediato.

     Unas cuarenta páginas más tarde, ya embebido, reivindicaba el hurto ante mí mismo aduciendo que en realidad la novela me había robado a mí. Hasta donde recuerdo, más tardé en alcanzar el segundo capítulo que en aprenderme el título completo: Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire: I. La vida exagerada de Martín Romaña. Era uno de esos libros que pasan frente a uno como lo haría una mujer intempestivamente indispensable, y nos colgamos de ellos como de la cintura de esa ninfa sin la cual ni la Gloria parece interesante. La narración chisporroteaba, literalmente, y uno brincaba de la carcajada al asombro presa de una empatía similar a la de una amistad que nace a media cárcel. Sólo un tequila doble se habría hecho entrañable en menos tiempo.

     Ahora bien, si a las entrañas he de referirme, no me atrevo a ignorar Un mundo para Julius, una de esas novelas cuya lectura pronto se convierte en un acto consciente de atesoramiento (recuerdo haber besado repetidamente la cubierta de cuatro libros: La inmortalidad, de Kundera, El retrato de Dorian Gray, de Wilde, La guerra del fin del mundo, de Vargas Llosa, y éste). Costaba algún trabajo creer que el autor de Julius fuese el mismo que el de Martín Romaña, pero no bien acabé de cranearlo me vi sumando deudas con interés compuesto y extendiendo el crédito de un narrador agudo y un hombre taciturno que respondían al nombre de Alfredo Bryce Echenique.

     Hace casi un par de años, en esa disneylandia literaria que es el lobby del Hilton de Guadalajara durante la Feria Internacional del Libro, vi salir a Juan Cruz del elevador, acompañado justamente del narrador que tantas veces me había sacado del presidio de la realidad. Bryce Echenique Live. ¿Cómo explicarle que éramos viejos cómplices? Lo sabría, supongo, toda vez que una gran cualidad de sus escritos está en hacer de lectores compinches (no en balde en la dedicatoria de La vida exagerada…, el autor certifica que “uno escribe para que lo quieran más”). En todo caso, la complicidad creció. El tipo era un tipazo, pero igual resistí el legítimo impulso de pedirle que hablara largo y tendido de Octavia de Cádiz; así como el de confesarle solemnemente que en sus cuadernos de navegación —el rojo, el azul— encontré tantas risotadas convulsivas como francas y añejas dolencias del alma.

     Desde entonces, y en realidad mucho antes de entonces, a Bryce le creo virtualmente todo. Soy su lector asiduo y agradecido, de modo que no tengo el motivo ni las ganas de sumarme al pelotón de fiscales que ahora le piden cuentas como si alguna vez lo hubieran leído. Francamente no sé qué sucedió con el reciente entuerto periodístico que tanta saña ha suscitado en su contra, ni me provoca husmear en la basura. Le creo y ya. No tengo que firmarlo, ni que apostar por ello, ni que sacar la cara por una obra entrañable y espléndida que en consecuencia se defiende sola. Bien harían en acercarse a ella sus detractores de ocasión.

     Ignoro si algún día vuelva a verlo, mas persisto en citar la deuda que nos une. No sé cuánto le debo, aunque es bastante para vivirle agradecido, más allá de las furias jacobinas de tantos indignados no-lectores. No soy fiscal, ni detective, ni alcaide. Por el contrario, y como ya lo he dicho, en repetidas ocasiones me valí de la escritura de Alfredo Bryce Echenique para escapar del cautiverio de la realidad. Desde ahí y hasta el fin, suyo es todo mi crédito.

[Publicado el 25/10/2007 a las 12:22]

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Comentarios (14)

  • Gracias Xavier por salir en defensa del gran Alfredo Bryce, en el blog de Roncagliolo no se lo mencionó entre los grandes autores peruanos, Jaime Bayly también fue ignorado, por lo que me atreví a preguntar el por qué de la omisión, lo que me valió una serie de adjetivos descalificativos. Si Sabina y Velasco dicen que Bryce es excelente no hay más que opinar.
    No puedo irme sin confesar que la portada de Diablo Guardián ha tenido que soportar una grosera serie de besos de mi parte, Xavier dile a Violetta que no puedo dejar de pensar en ella.

    Comentado por: PIG el 02/11/2007 a las 01:08

  • SIGUE LEYENDO A ESE PLAGIARIO DE CUIDADO QUE ES BRYCE, ALLA TU.

    Comentado por: ÑAÑAOÑ el 28/10/2007 a las 00:44

  • Total e profundamente de acuerdo con la comentarista con noime de lechuga moito amarga. aqui hay muchos comentaristas que se la querem dar de ingeniosos e eso nao es posible. Ni permitio, viu? Esos ingeniosos deberam comerse a suas propias palabras!!!
    (Eu apoyaría o blog de escarola, gente)

    Comentado por: Eliomar de Lima el 26/10/2007 a las 11:37

  • Todos con escarola, escarola, escarola, escarola!!!!!!!!

    Comentado por: Vamos a la marcha por escarola... el 26/10/2007 a las 11:16

  • Siiiiiiii!!!! que escarola bloguee!!!!!!

    Comentado por: L. Artemisa y Concatenación el 26/10/2007 a las 11:12

  • Comentado por: --- el 26/10/2007 a las 10:40

  • No se canse, D.Jorge, por mucho que insista no logrará parecer ingenioso.
    @Tomarle la palabra. Me refería a cuando Bryce Echenique puesiera una blog, para ir a darle la lata. Yo no pensaba poner uno todavía, ya veremos: o doy un paso para adelante o lo doy para atrás.

    Comentado por: escarola el 26/10/2007 a las 10:40

  • Me emociona que alguien se emocione con la emoción de otro que se ha emocionado, a su vez, con la emoción de alguien que se emocionaba viendo la emoción de una persona como yo que se emociona porque alguien se emociona con la emoción de otro que se ha emocionado, a su vez, con la emoción de quien

    Comentado por: HjV el 26/10/2007 a las 10:33

  • www.escarola.com!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Esta vez hay que tomarle la palabra a escarola. A ver si sabe cumplir lo que dice. Aquí como abrir un blog, es mu fácil:
    http://www.lacoctelera.com/pagina/como

    Comentado por: Tomarle la palabra... el 26/10/2007 a las 10:28

  • Ya me están convenciendo: no, si al final tendré que leer tus novelas, Xavierito. Las de tu amigo las dejo para cuando ponga un blog.

    Comentado por: escarola el 26/10/2007 a las 09:20

  • Me emociona que alguien se emocione así, tan evidentemente, tan vergonzosa y orgullosamente al mismo tiempo.
    Neta, qué bonito!

    ...qué puedo decir, me emociona también leerte.



    Comentado por: - vntsngrs el 26/10/2007 a las 07:06

  • de igual o mayor dimensión es la deuda que éste humilde lector siente para contigo. he platicado contigo en un par de ocasiones durante algunas ferias de libro en el df, me has firmado todas tus obras (las cuales he leído más de una vez, a tal grado de que Diablo Guardían es mi libro de cabecera, y no hay semana en la que mínimo no lo hojee), diario leo tu blog, y por supuesto, tus colaboraciones en Milenio. Supongo que te lo han dicho infinidad de veces, y puede llegar a ser cansado, pero al menos tengo que decirte por una vez en la vida que si un libro me hizo soñar, fue tu Diablo Guardían, que nunca he reído tanco como cuando me sumergía en el pensamiento de Violetta, que tu cuento del Oso-cariñoso en Materialismo Histérico me hizo escupir de la risa, el refresco que estaba tomando.

    El final de Éste que ves lo leí haciendo cola en una fila de un banco, y literalmente, estaba temblando de emoción, de decir ¿te cae que éste cuate narra así?...

    te he visto cuatro veces en Palacio de Mineria, una en el CNA y, una vez, el 31 de diciembre de 2005 en la libreria del FCE de Miramontes. Algunas veces hemos cruzado palabras, en otra ocasión me tomé una foto contigo y a veces no te dije nada. seguramente nada estaría a la altura de la mucha vida que me has dado por medio de esas historias, que ya son más nuestras que tuyas. además, extrañamente uno no suele andar diciendole a sus amigos más entrañables lo mucho que los quiere y respeta. y yo, ya te considero mi amigo por haber estado ahí, entre paginas, para llevarme a otros mundos.

    sé que éste es un post dedicado a tu admiración por Bryce, pero es justo que sepas que esa misma admiración ya te la has ganado.

    de corazón, gracias.
    te estamos leyendo.

    Comentado por: gabriel revelo el 26/10/2007 a las 00:57

  • Con Julius compartí pequeños ratitos durante ocho días este pasado verano, pero por cosas que se escapan a la razón, se me estravió en un andén de una estación de tren. Sin embargo, sabía que nos volveríamos a encontrar, como así ha pasado, pero antes resolví unos asuntos pendientes con el fiscal Chacaltana, las viudas de los jueves, Laura y Julio (o viceversa), las pequeñas memorias de Saramago, hice un viaje a la luna con Antonio Molina y me enseñaste el niño que fuiste. Hoy me he reencontrado con Julius en el andén de mi estación de tren y, como si no nos hubieramos separado nunca, me ha refrescado la memória, me ha hablado de nuevo de su linda mamá, Susan, que ahora ha decido hacer obras de caridad, su snob marido Juan Lucas, su querida Vilma, que un día se fué por algo que pasó con uno de sus hermanos, de su lugar preferido de juegos,'la carroza', de la que ya no puede hacer uso, y con los ojos un poco empañados ha nombrado a Cinthia, que se le aparece en sueños subiendo a un avión, sin destino conocido, por eso, ahora no la puede encontrar. De como se llamaba su padre no me acuerdo, pero alguien me ha dicho que responde al nombre de Bryce Echenique. El pequeño Julius me habla de su mundo pero nunca de Bryce, sus razones tendrá, yo, por mi parte felicito a ese hombre que ha sabido quedarse en la sombra y regalarme un niño como él.

    Bryce dice "uno escribe para que lo quieran más", Saramago dice "escribo para que me quieran" y yo me uno a ellos en mi pequeña cadena de palabras.

    Mi deuda para con vosotros, escritores, es incalculable, mejor me declaro insolvente... Xavier, ¿me cuentas otro cuento?.

    Besos

    Comentado por: Guada el 25/10/2007 a las 21:07

  • Una vez me sorprendì con "EL LIBRO DE LOS AMORES RIDÌCULOS" de Kundera el uso imaginativo de palabras inventadas por el mismo para definir lo indefinible, esa manera de ponerle el piè a la semàntica para darle nombres nuevos a sentimientos que humanamente se nos esconden en los recovecos màs insòlitos del alma....

    Hoy me vuelvo a sorpender leyèndote y viendo como describes esa sensaciòn de complicidad que algunos autores nos llegan a incubar.

    Yo sueño con toparme algùn dìa en el elevador de algun hotel con mi escritor favorito y pedirle que me acepte un tequila doble en el bar; como agradecimiento de las risas que me provoca, el gusto que da saber que compartimos gustos musicales, titulos literarios, anècdotas embarazosas y que atravez de su blog, de su espistolario y novelas, me ha hecho descubrir. Puès finalmente es cuando uno se llega a preguntar, ¡¿DONDE ANDABAS!?, COMPADRE!!

    Comentado por: Tamiris Lippl el 25/10/2007 a las 20:24

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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