El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 7 de julio de 2008
El asesino era el productor

“El buen gusto es la muerte del arte”, opinó alguna vez Octavio Paz, para descanso de legiones de cursis, entre los que se cuenta el autor de estos párrafos. Ahora bien, hay de cursilerías a cursilerías. Ayer mismo trataba el resbaloso tema de los nacionalismos, cuyo carácter kitsch está lejos de ser un secreto (“el narcisismo de las pequeñas diferencias”, lo llama Savater), así como el de las supuestas vergüenzas nacionales, concebibles apenas para quienes experimentan esa hinchazón colectiva del ego que es el supuesto orgullo nacional.
Nunca he participado en la hechura de uno de esos programas, pero igual me incomoda sobremanera cuando algún extranjero toma por referencia las telenovelas mexicanas, cuyo mal gusto cósmico rebasa las fronteras de la cursilería misma, cuando no las de la indignidad. Concebidas y creadas desde la perspectiva cínica de quien cree dirigirse a un público incapaz de razonar, casi todas dibujan un mundo imaginario que jamás ha existido, ni existirá. No conozco a un solo mexicano que hable o se comporte como los de las telenovelas, y a lo mejor por eso me preocupa saber que aquellos episodios viajan por el mundo sugiriendo que en este país somos todos idiotas y ordinarios, nos reímos de chistes malísimos y damos crédito a los engaños baratos.
No obstante lo anterior, lejos de —ellos sí— avergonzarse por tan estridentes malhechuras, los fabricantes de las telenovelas nacionales pretenden que uno se enorgullezca de ellas, con el argumentillo de que son exportadas a remotos confines, e incluso traducidas a decenas de idiomas. Luego de presenciar varios capítulos de algunas producciones colombianas —Betty la fea, Pedro el escamoso— y brasileñas —Señora del destino, Páginas de la vida—, dos de las cuales fueron inmundamente replicadas en México, no tengo más orgullo que el de aplaudir el ingenio extranjero y confirmarme ajeno a la baratura nacional, aun si sus melodramas con frecuencia me hacen reír y su triste sentido del humor insiste en invitarme a sollozar.
Alguna vez, durante una pequeña fiesta en Washington, fui presentado ante el embajador de Estados Unidos en México, quien más pronto que tarde dijo conocer mi reciente novela, y acto seguido aseguró que “la iban a pasar al aire” en su país. “¿Cómo pasas al aire una novela?”, le pregunté, con más malicia que diplomacia, ya divertido por la pata que el pobre hombre acababa de meter, ante la hilaridad de los presentes. Y es que en la práctica son cada día menos quienes distinguen novela de telenovela, y puede que sean varios los estadistas que prefieren a ésta por encima de aquella. Francamente me es mucho más sencillo imaginar a George Bush viendo María Mercedes que leyendo a Paul Auster.
En tanto mexicano, me siento calumniado por las telenovelas de mi país y de entrada les niego la calidad de cursis. Tiene que haber palabras más severas y terminantes para calificar semejante deformación de la realidad y el sentido común, donde no existe el elemento sorpresa ni es concebible ambigüedad alguna. Por no hablar del lenguaje rebuscado y acartonado con el cual los guionistas pretenden una suerte de universalidad de pacotilla que no es de aquí, de allá ni de acullá. Es decir que por más que uno se esfuerza, nada parece más complicado que hallar orgullo propio en el conformismo ajeno. Y en cuanto a la vergüenza personal, ya se sabe que el conformista no la conoce. Su destino es vivir hasta la muerte como un orgullosísimo sinvergüenza.
[Publicado el 09/10/2007 a las 12:15]
Comentado por: Dromedario L. el 10/10/2007 a las 07:32
Comentado por: Dromedario L. el 10/10/2007 a las 07:21
Paz, en un ensayo que escribió para un "coloquio" sobre la televisión, dijo que la telenovela tiene muchas posibilidades de hacer algo como lo que hacen los libros, o sea, alimentar el espíritu. Desde luego, quienes en México hacen telenovelas no leyeron ese texto.
Comentado por: Martín Oviedo el 10/10/2007 a las 03:52
Comentado por: camello el 10/10/2007 a las 01:17
Comentado por: Mira K. el 10/10/2007 a las 00:20
no sé que tan mal me deje lo que estoy a punto de escribir... igual y confesarme en un blog es un suicidio público, ya veremos.
no acostumbro a ver todas las novelas, sin embargo, a lo largo de mi existencia algunas me han atrapado. con verguenza podría mencionar 'carrusel' en mi niñez, o 'cadenas de amargura' cuando iba en sexto de primaria. me confieso, yo pecador, de alguna vez haber visto 'el premio mayor' y peor tantito, haber estado más o menos al pendiente de 'rebelde'.
por favor, matenme...
eso sí, jamás he confundido una telenovela con una novela (estás últimas son infinitamente más seductoras)...
con toda la pena que puede darme tremenda confesión, te mando un saludo xavier.
Comentado por: gabriel revelo el 09/10/2007 a las 23:12
Guada: Nunca la vas a alcanzar, sería vano. Tus comentarios también embelesan (perdona la corrección) a nosotras las lectoras, y lectores. Gracias.
Comentado por: Mira K. el 09/10/2007 a las 22:48
Vaya, ayer nos dejaste en ayunas y hoy vienes con postre ..., no sé si tendrás vergüenza pero sentido del humor te sobra, eres agudo como tú sólo. Esta vez te acompaño en todas y cada una de tus palabras tanto en lo de los nacionalismos como en las telenovelas. Aquí en Spain nos sobran nacionalistas: nacionalistas catalanes, vascos, gallegos, españoles, porque tb están los españoles con el águila en la bandera, me aburren tanto, tanto, tanto ... Y de las telenovelas, no te preocupes, Xavier, mi concepto de los méxicanos, colombianos o peruanos, no lo construyo desde ese material altamente peligroso. Casualmente tengo de sonido de fondo una de esas telenovelas que por el acento de los actores deduzco que es mexicana, no, no la veo yo, sino mi madre, a la que he venido a ver, ella está envelesada, casi hipnotizada, mi madre, una mujer de un tiempo que no alcanzo.
Besos
Comentado por: guada el 09/10/2007 a las 18:06
Tristemente soy de aquella generación de seres afectados directamente por las telenovelas, incluso antes de que naciera y/o tuviera uso de razón: mis sacrosantos osaron con ponerme dos nombres, haciéndo un esfuerzo sobrehumano para que combinasen, y por supuesto, al decirlos juntos, surgiera ese efecto 100% telenovelero. Por razones de pudor (y de diversas índoles) me guardo mi nombre, que no mi vergüenza. Me pregunto hasta cuándo la televisión basura seguirá siendo la predominante. Y cuando dicen que las telenovelas acaparan los mercados europeos, creo que toda esperanza muere ipsofactamente.
Comentado por: topo el 09/10/2007 a las 17:46
Tristemente soy de aquella generación de seres afectados directamente por las telenovelas, incluso antes de que naciera y/o tuviera uso de razón: mis sacrosantos osaron con ponerme dos nombres, haciéndo un esfuerzo sobrehumano para que combinasen, y por supuesto, al decirlos juntos, surgiera ese efecto 100% telenovelero. Por razones de pudor (y de diversas índoles) me guardo mi nombre, que no mi vergüenza. Me pregunto hasta cuándo la televisión basura seguirá siendo la predominante. Y cuando dicen que las telenovelas acaparan los mercados europeos, creo que toda esperanza muere ipsofactamente.
Comentado por: topo el 09/10/2007 a las 17:46
Comentado por: yorkperry el 09/10/2007 a las 16:27
tssssssssss se imaginan una telenovela de Diablo Guardián?
Stsrring Carlos Benavides "Guicho Dominguez" como Nefastófeles...
Comentado por: yorkperry el 09/10/2007 a las 16:26
No creo que ningún país se lleve las palmas en cuanto a bochorno o ignominia televisiva.Cada uno aporta lo suyo al gran ultraje.
Y en el único caso que identifico la idiosincracia de un país con su producción televisiva es Estados Unidos de Norteamérica.
Comentado por: terra el 09/10/2007 a las 15:23
http://www.elpais.com/articulo/paginas/madres/verdaderas/levitan/elpepusoceps/20071007elpepspag_11/Tes
Un buen artículo, es lo que siempre he estado intentando decir, en general, no particularmente sobre las madres y ahora ella ha encontrado las palabras y las frases. Me harta sobremanera la gente que se relaciona a base de tópicos, superficialmente. A veces, la mayoría, es sólo vagancia como ya dijeron y no estupidez, o simplemente concentración en otro punto y superficialidad hacia el resto o frivolidad voluntaria que para todo hay un momento; uno no puede estar al 100% hacia todo aquello que le rodea, lógico. También a veces es pura mala leche por interés, ya sea económico, popular o del tipo que sea. Ya se sabe, al enemigo, ni agua.
Comentado por: Radio el 09/10/2007 a las 14:59
(¡Dos entradas en un solo día! A más de uno en este portal de bitácoras tendría que decirlo algo este empeño. )
Creo que me vine alguna vez a Alemania huyendo de las telenovelas peruanas, entre otras cosas. Pues, bien, ya llegaron también aquí. Es lo que más vende. Primero fueron las brasileñas y ahora son las colombianas. Las mexicanas deben estar en la lista de espera. A las peruanas déjenlas en paz; suficiente daño causan en mi país. Por cierto, los teutones y las germanas ya están produciendo también sus propias telenovelas.
Como decía Figueras ayer:
"Se ve que Guevara vende, por lo tanto ahora somos todos guevaristas -en la ruta hacia el banco."
Espero que en esa frase, ese apellido navarro de rancia estirpe no sea intercambiable por el de culebrón.
Comentado por: HjorgeV el 09/10/2007 a las 14:47
06/7/2008 08:24
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