El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 19 de julio de 2008
Oops, I shat it again!

Desde siempre tengo algo personal contra esos ejercicios universitarios cuya realización obligatoria y supervisada no hace sino dejar algo muy similar a un antecedente criminal en la currícula de tantos forzados entusiastas: las tesis. Cuando me llaman de la editorial para decirme que un estudiante quiere hacer una de ellas basado en mi trabajo, dudo entre revolcarme de risa o retorcerme presa de un pánico instantáneo. No es que hayan sido tantos, pero vamos, bastaría con uno para hacerme correr en sentido contrario a sus intenciones. Quiero decir que acabo de leer las páginas de uno de esos proyectos de tesis y paladeo aún el bochorno profundo, salpicado de ciertos impulsos que no por autodestructivos son menos constructivos.
El estudiante era sin duda un buen tipo, pero apenas abrió la boca observé que sabía demasiado. De muy poco sirvió pretender disuadirlo soltándole mis convicciones íntimas al respecto, pues para entonces ya había escudriñado en escritos tan viejos que ni yo mismo los recordaba. “La nostalgia es un animal estéril”, me comentó hace poco el filoso juglar Jaime López durante una sabrosa tanda de cervezas, pero omitió añadir que es asimismo un bicho artero y falaz. ¿Cómo pude olvidar que tras aquellos datos puntillosos dormitaba tamaña manada de esperpentos, a los que alguna vez me atreví a creer dignos de publicarse? ¿Qué le costaba a mi ego emponzoñado inventarse un seudónimo providencial? Hace un rato, mientras lidiaba con la experiencia traumática de leer las primeras citas textuales de aquellas inmundicias, entendí por primera vez a Stalin. Yo también, si pudiera, me ensañaría con ciertas hemerotecas.
Entre los veinte y los veinticinco años escribí una novela y un librillo de cuentos. La primera, por lógica y ventura, fue del todo ignorada por los jueces de un premio de novela; el segundo recibió el visto bueno en la editorial de la Universidad Veracruzana, mas a la hora de intentar corregirlo entendí que en su caso no había corrección más acertada que enviarlo sin más trámites al bote de la basura, como quien se deshace de un tumor maligno. En cuanto a los artículos, cometidos semanalmente con mucho menos oficio que desparpajo, creí que era bastante con arrumbarlos al fondo de una cómoda vieja y esperar que las ratas hicieran lo suyo. Pero he aquí que el monstruo seguía vivo. Lo he visto, me ha mordido, tiene mi antigua jeta y un aliento infumable.
¿Qué haría uno de ustedes, intrépidos blogueros, si recibiera en sobre cerrado una copia de su primer y acaso último poema de amor, perpetrado en algún vetusto cuaderno escolar, con la amenaza de publicarlo en su página? ¿Cuánto estarían dispuestos a pagar por borrar los vestigios de aquellas hormonas? Había olvidado casi por completo el rubor propio de la cursilería sorprendida in fraganti durante la temprana adolescencia: esos ímpetus negros de desaparecer antes que dar la cara por unos cuantos sentimientos pudendos. Por Dios, ¿qué sinodal que se respete va a conceder valor curricular a aquellos balbuceos tan bienintencionados como malparidos? Perdón por insistir, pero no me he repuesto del golpe bajo. Enséñenme otra tesis y acabaré con tisis.
Una de las funestas consecuencias de la sacralización de la literatura está en el fanatismo fetichista, que consiste en creer —y peor: hacer creer— que todas las palabras de un autor deben ser ventiladas en autopsia pública, pues cada una de ellas podría ser susceptible de arrojar luz sobre el resto de su trabajo. Un afán no del todo diferente de la voracidad del fan por conocer hasta las hemorroides de Britney Spears. Ahora bien, de existir tan privadas tumoraciones, no dudo que serían infinitamente más dignas y decorativas que las palabras muertas e insepultas que en mala hora envié a las rotativas.
¿Qué opinaría un director de tesis si me viera escondiéndome cobardemente tras las faldas de la mejor amiga de Paris Hilton? Yo en su lugar sugeriría al diligente alumno limitarse a resucitar los textos de autores ya difuntos, que cuando menos son naturalmente inmunes al bochorno de verse retratados en paños en tal grado menores. No creo ni un segundo en la posteridad, aunque sí en la paz espiritual de quien logra morirse sin una sola tesis que le eche tierra encima antes de hora. Hoy que tantos elogian las múltiples virtudes del procesador de palabras, sería un acto de justicia poética que se reconociera el valor innegable del incinerador de basura. Vendría bien, incluso, una sesuda tesis al respecto.
[Publicado el 28/9/2007 a las 11:07]
Yo de nuevo.
Sin embargo (y no es ataque), por muy consagrado que estés, ese exceso de vanidad no está justificado.
Comentado por: Anuar González el 10/10/2007 a las 22:20
No, no sé demasiado, sino lo suficiente como para poder escribir una crónica sobre, más que lo que ha escrito Xavier Velasco, el entusiasmo que me causan sus escritos.
De acuerdo, ¿qué sinodal habría aprobado mi tesis? Ninguno. Muchos la habrían visto a través de la envidia que provoca la juventud que ven en otros, misma que ya no tienen. No me proponía escribir una tesis, sino un libro, exactamente como "Adonde yo soy tú somos nosotros", de Monsiváis. Y, desde luego, los sinodales de la Facultad, que en modo alguno aprecian a Monsiváis, la habrían descalificado. Para ellos todo es cuadrado.
En fin. Estoy de acuerdo con Oops, I shat it again! Incluso con el último enunciado. Y yo tampoco apruebo las tesis. Es más, las detesto. Son documentos que nadie consulta y que, por lo demás, carecen de actualidad y valor. A estas alturas, titularse con una tesis obligatoria, que además un profesor amargado ha de asesorar (como si uno no pudiera ni tuviera la capacidad de hacerla por sí mismo), es un acto anacrónico y hasta grosero. No niego que muchas son muy buenas, incluso no pocas merecen ser publicadas, pero mi experiencia en las aulas es sufieciente para ver que no es en ellas en donde mejor trabaja el pensamiento.
Como dice XV en el texto escrito a Manuel Gutiérrez Oropeza, las ceremonias de homenaje son para los intelectuales de pacotilla. No escribía la tesis para ello. Ofuscado por la lectura de "Imagen de John Keats", "Retrato de Balzac", "Edgar Allan Poe", creí que, aunque muy humildemente, podía escribir algo sobre XV. Pero pensaba en hacer literatura, no cosas académicas. Y ese proyecto nada tenía que ver con la sacralización de la literatura. Si así fuera, seguramente no habría leído religiosamente a Wilde.
¿Qué puedo más decir? No me decepciona que el proyecto se haya ido a la basura, porque desde el principio no creía en él. Sabía que esa sería la reacción de XV, seguramente la misma que, de estar en su lugar, yo habría tenido. No es que no quisiera hacerlo, sino que asqueado de la Facultad y sus profesores, de su concepto tan pobre de lo que es literatura, no muy conscientemente planeé vengarme con una tesis sobre un escritor a quienes, desde luego, no conocen. Y estoy seguro que más de uno entre los sinodales me habría "sugerido" otro tema más "profesional"; algo así como "La democracia a través del periodismo de opinión", "El nuevo periodismo y sus consecuencias en la sociedad", "Los géneros periodísticos más practicados por las mujeres", "Historia de las agencias informativas", "Los periodistas que apoyan el movimiento zapatista", etcétera. Temas que para nada me son atractivos.
También he publicado artículos, y ahora que los veo no los acepto. Pero como dice "Te": Expuesto al bochorno, pues ya qué!
No pocas veces pensé en escapar de la Facultad, visto que ningún profesor leía a Paz, Breton o Vargas Llosa. En algún momento dije "voy a escribir literatura para ser todo lo contrario de lo que ellos son; me avergonzaría terminar como cualuiera de estos". Sigo con esa actitud y por ello no me causa dolor Oops, I Shat it again!, sí un poco de tristeza, por ver que mi orgullo ha sido venturosamente removido. Pero para eso es el pensamiento, para actuar, para desfundar fundamentos. En fin ¡Larga vida a Xavier!
Comentado por: Anuar González el 10/10/2007 a las 21:53
Yo bloggero me atrevo a quitarme la máscara de vez en cuando (no así el pseudónimo), pensando que probablemente mañana no seré el mismo que soy hoy. Que el pudor me aqueja de pronto, y me hace callar tantas cosas, es muy cierto, pero últimamente trato de olvidarme del qué dirán. Claro, también me ganan las mentiras (estoy evitando a toda costa seguir con "esa" novela, por sentirla harto personal...ç
http://juiciosconspicuos.blogspot.com
Comentado por: topo el 05/10/2007 a las 05:11
Ouch! Incinerador de basura? that hurts!.........
Tú: ¿Qué haría uno de ustedes, intrépidos blogueros, si recibiera en sobre cerrado una copia de su primer y acaso último poema de amor, perpetrado en algún vetusto cuaderno escolar, con la amenaza de publicarlo en su página?
Yo: Expuesta al bochorno, pues ya qué!
Apenas llevo dos de tus libros: Diablo guardián y Éste que ves...y después de leerte, de algún modo me atrevería a dar contigo para que incineres mis letras.
www.mipoemaerestu.com.mx
Comentado por: Syl el 03/10/2007 a las 07:06
Comentado por: Te el 02/10/2007 a las 04:35
19/7/2008 00:12
Saludos a ella, la carioca y a...
Publicado por: Dèmina Demiana
18/7/2008 22:42
Publicado por: Evelyn
18/7/2008 21:29
i need a hero, jaja, me encata...
Publicado por: ibette
18/7/2008 01:43
Publicado por: Roberto
17/7/2008 20:59
Publicado por: nestor vaquero
17/7/2008 19:49
Publicado por: gabriel revelo
17/7/2008 18:57
Publicado por: Juvencio
17/7/2008 15:43
Publicado por: mita
17/7/2008 12:15
Publicado por: blueblue
16/7/2008 23:57
Este post -imposible esquivar...
Publicado por: Guada
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