El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 5 de julio de 2008
Yo también soy Violetta
“Ni siquiera se me sindicalizan”, respondió alguna vez Juan Villoro a la pregunta de Javier Marías en torno a una hipotética revuelta de personajes. Ahora Marías le confiesa a Juan Cruz que en ese aspecto no tolera rebeliones frente a su voluntad de escritor. “Faltaría más”, agrega. ¿Qué pasa, sin embargo, cuando la historia exige que sus personajes sean voluntariosos y respondones? Cierto es que llega siempre el momento de mostrarles quién manda en el cuaderno, aunque sea para evitar la desbandada, pero de pronto uno disfruta más cuando le contradicen y solos modifican el rumbo de la historia, o hasta su misma forma de ser y estar. Nunca sé si conozco a mis personajes, por eso voy tras ellos presa de la ansiedad de meterme de un brinco en sus zapatos. Elijo, en todo caso, cuáles partes contar y qué rincones deben permanecer ocultos. Pero el hecho es que sí, los prefiero rebeldes.
Por todo lo anterior, aborrezco a los personajes sumisos, y todavía más a los lambiscones. Que por supuesto no es el caso de los de Marías —a menudo implacables como su autor, que corrige el lenguaje pero jamás el curso de la historia—, sino el de los de aquellos novelistas a quienes el exceso de laureles ha acostumbrado a la comodidad. Volviendo al espinoso tema de ayer, los veo rebasados por la patrulla que antes los perseguía y ahora los cuida como a un congresista; nada que no se note cuando uno empieza a recorrer las páginas y en vez de historia se topa al autor, embelesado por la luz del espejo. Los hay incluso que no persiguen más que ser glorificados, de modo que aman u odian a sus críticos de acuerdo a los laureles que les otorgan, y a la hora de concebir personajes se sienten más seguros arrebañándolos. Y ahí sí que no negocio: antes soy mal cuatrero que buen pastor.
Un personaje que hace todo cuanto le ordeno se parece al amigo que nos da la razón de forma sistemática, o a la mujer que por supuesto amor nunca ha osado decirnos que no. ¿Qué otra razón tendría para soportar a tamaños pelmazos, como no fuera la conveniencia de utilizarlos para hacerme la fama de biempensante, procurar el favor de lectores sedientos de complacencia o ganar posiciones de poder político? Toco madera. Me niego a defenderlos o a que me defiendan, mas espero que al menos, ellos sí, sean tan poderosos e impunes como un envenenador invisible. Que digan lo que yo jamás diría y revelen lo que aún desconozco. Que hagan frente a la historia mientras uno se hace humo detrás del escenario, confundido entre putas, menesterosos y ladrones.
En su reciente Piedra de toque, Mario Vargas Llosa habla de Charles Dickens como actor de sus textos, y asegura que él mismo ha sentido también “ese inquietante milagro que es, por un tiempo sin tiempo, encarnar la ficción, ser la ficción”. Lo cual me recordó sus confesiones en torno a la creación de Pantaleón y las visitadoras, la novela que sólo se dejó escribir desde la chusquedad, pues tanto historia como personajes eran naturalmente desternillantes. Personalmente, no conozco osadía preferible a la de convertirse uno mismo en ficción, ser personaje antes que persona y atreverse con él a las más extremas impudicias, para al cabo temerse, con retorcido orgullo, poca cosa en comparación. Escribir para desaparecer: tal es el desafío y el deleite.
Con alguna frecuencia desconcertante, se me aparece alguna lectora de mi Diablo Guardián para usurpar la identidad de la protagonista. “Yo soy Violetta”, dicen, a lo cual les respondo con la misma pregunta defensiva: “¿Y yo qué culpa tengo?”. Pues desde siempre mis personajes favoritos son corpulentos e individualistas, y el hecho es que a Violetta no quise controlarla ni siquiera en los años que dediqué a ser ella y renunciar a mí, que de repente soy tan predecible. Pues era abordo de ella, desde ella, dentro de ella, que podía probar el privilegio de renunciar a toda especie de obediencia y levantarme en armas —sus armas— contra lo que hasta entonces creí ser y querer. Y ahora que ya navego en otra historia y tengo que ser otros, cualquiera excepto yo, me exijo cuando menos ubicarme a su altura y cumplir con el postulado de Javier Cercas en torno a la función del narrador: Lo que importa es pelear, seguir peleando.
[Publicado el 25/9/2007 a las 10:09]
ah! por cierto soy fan, me gusta el estilo que usas, crudo y poco curis,¿quiza realista?, puede ser.
Comentado por: Nitza el 13/12/2007 a las 00:07
Buen libro, buena chica la Violetta, jajaja, que vida tan divertida y tan solitaria.
Más que verte como Violetta, te ví como el Diablo Guardian, ese eres tú, es tu escencia.
La libertad es la base de la felicidad, buena temática, en mi opinión, el fin justifica los medios.
Comentado por: Nitza el 13/12/2007 a las 00:01
uf Diablo Guardián!
de mis libros favoritos...
y ahora también para varios amigos.
Hace semanas lo presté y hoy que me lo devolvieron y dije!, buscaré el blog de Xavier, y me propongo a leer bastantes entradas hehe.
adoro tus libros y muy en especial Diablo Guardián, si, yo creo que muchas se sienten identificadas con algunas características del personaje.
Violetta loca!.
un saludo
atte.
ayanecosplayfan.net
Comentado por: Ayane Shiranui el 12/12/2007 a las 06:07
Comentado por: rana el 09/12/2007 a las 17:18
Cuando mi cuñado me regalo el libro de Angel Guardian, me dijo... tu, eres como violetta.
Lo ley por mera curiosidad, pero lo que si, es que lo que ahora pienso, es que no soy nada de lo que paresco ser a primera vista, por eso... no solo no soy como violetta, si no mas grande violetta no pretender ser nada, solo es.
Es simple adecuar comportamientos a un personaje tan encantador como Violetta, lo que si, es que el amor por Violetta congrega a la masa de Coatlicues wanna Be Violettas.
ja.
ni yo entiendo.
Comentado por: rana el 09/12/2007 a las 17:16
Comentado por: Námor Adenip el 26/9/2007 a las 04:56
yo conozco, de menos, a cinco Violettas... mi hermana, una amiga, otra amiga... creo que a todas las mujeres a las que les he recomendado Diablo Guardían terminan prendidas por el personaje...
ahora mismo ya no sé si la 'violetitis' que desataste hace cuatro años sea buena o mala para el país... por lo menos habrá más ricas, más compras en los grandes almacenes (aunque la misma Violetta diría que aquí las tiendas siguen siendo muy chafas) pero también más malandros persiguiendolas y uno que otro pobre soñdor enamorado de ellas.
¿y Xavier qué culpa tiene?, le diré a la proxima Violetta en turno... y ahora te preguntó de manera igual o más chocarrera...¿y los pigs, que hacemos?
Saludos!!!!
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 26/9/2007 a las 02:09
Comentado por: Guzman el 26/9/2007 a las 01:18
Chale con las wannabe Violettas ...
pd: Yo, soy quien soy .. y no me parezco a naiden.
http://www.youtube.com/watch?v=G3UKHI7Or5I
Comentado por: Tamiris Lippl el 25/9/2007 a las 19:47
Yo mas bien creo que pelear o seguir peleando para eximirse de toda culpa. Lo veo difìcil en: Este que Ves.
Comentado por: Namor Adenip el 25/9/2007 a las 18:41
Muy bien, Xavier, lo he captado, y desde aquí te estoy agradecida. De otra parte, la defensa de la idea del libre albedrío de los personajes, admito que es muy tentadora pero hasta qué punto es cierta, tu mismo te contestas cuando dices "siempre llega el momento de mostrarles quien manda". Los personajes son aparentemente libres, pues siempre, de una u otra forma están bajo el yugo de su creador, la libertad otorgada dura poco, y aunque el personaje campe a sus anchas durante gran parte de la novela el final nunca le pertenecerá. Sí, siempre la rebeldía ha vendido más que la sumisión, siempre atrae más el peligro, lo desconocido, lo tortuoso, que aquello que nos dan en bandeja, debe ser por eso, que ningún hombre se ha quedado a mi lado, por no negarme, en fin, el cuento del príncipe y la bella durmiente me lo contaron mal y ahora estoy en vías de reconstruirlo a mi manera. De todas formas la negación por sistema me parece tan necio como la complacencia permanente. El tema de la sumisión es complejo, la persona sumisa consigue lejos de lo que pueda parecer una alta cuota de poder. El día menos esperado el amo y señor del reino sabe que sin sus siervos estaría perdido, y es entonces cuando el sumiso sabe que la dependencia es mutua. No me gusta la sumisión, prefiero tratar de tú de a tú, sea quien sea quien tengo enfrente o al otro lado del charco, y caiga quien caiga, pero soy humana y reconozco que he ejercido mi papel de sumisa tan bien como la mejor prostituta. Como en Abril Rojo el papel de víctima-verdugo se confunden, y al final la madeja se lía de tal forma que hay que tener mucha paciencia y tesón para poder desliarlar sin que se rompa a mitad de camino.
Y ahora, con tu permiso (ficticio), salto a la protagonista de hoy "Violetta". No la conozco, aún no he leído Diablo Guardián pero habrá ocasión. Me ha hecho reir tu respuesta con la pregunta "¿Y yo que culpa tengo?". Las lectoras que dicen con toda contundencia "Yo soy Violetta" probablemente sean las que tengan menos espíritu de ella, porque si lo tuvieran dirían Yo soy Sara, Yo soy Lola, Yo soy ... Yo no sé si soy pero me llaman Guada, ni siquiera me he resguardado bajo un seudónimo y no por valentía sino por no caer en la cuenta. Ahora, ya es mejor dejarlo así, sin corregir el curso de la historia.
Besos
ps. Si contactas con Santiago dile que echo de menos su blog diario.
Comentado por: guada el 25/9/2007 a las 17:49
Comentado por: caborca el 25/9/2007 a las 17:04
Comentado por: HjorgeV el 25/9/2007 a las 10:58
05/7/2008 02:40
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