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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Xavier Velasco

Dame más gasolina

En portugués, la palabra sobremesa significa postre. Algo que casi a todo el mundo le gusta, si bien no siempre hay tiempo, presupuesto y salud para gozarlo. En español, en cambio, es un término ambiguo, pues alude a ese tiempo de nadie cuya extensión ninguno conoce de antemano, y que bien puede ser deleite o martirio, según la compañía, la ocasión, el humor, el licor. En México, las sobremesas llegan a durar horas, y algunas hay que invaden el día siguiente. No pocas entre las mejores fiestas arrancan a partir de una sobremesa incontrolable que asciende felizmente a bacanal. Debe de haber legiones de personas que fueron engendradas a partir de uno de esos nunca mejor llamados postres, donde en cuestión de horas ocurre el espectacular salto cualitativo entre la sobremesa y la sobrecama.

  —¿Todavía me quieres… asesinar? —lo dice entre sonriendo y ronroneando, con la almohada apretada entre ambas manos, acaso decidida a asfixiar a mi tímido canalla interior.

  —No hasta mañana, al menos —contra lo que uno cree en la adolescencia, la sobrecama puede no ser tan confortable como se habría esperado durante las etapas previas al gran encontronazo. Según Bataille, el erotismo dura mientras vive el tabú que le dio aliento, pero este asunto es algo más complicado. Hay una desazón flotando en el ambiente, como lo hacía la bruma final de Casablanca. Un tufillo de triunfo percudido que no tiene que ver con las dudas que asaltan al conquistador, sino con la zozobra propia del conquistado.

  —¿No fuiste tú, Querido, quien me advirtió una vez que aceptaría todo menos desembocar en una situación scherezadiana? ¿Necesito dictarte tres páginas por noche para que no me lances al patíbulo? —ahora me mira con los ojos gatunos de quien a duras penas consigue dominar el impulso de arrancarme el pellejo de un zarpazo.

  —Fue una provocación desesperada. Tal vez lo que buscaba era precisamente lo que decía querer evitar. Uno sueña con musas para compensarse porque, ay, no consigue dormir junto a ellas.

  —¿Ahora vas a salirme con que tienes sueño, Darling? —la tigresa da un paso táctico hacia atrás, recapacita y vuelve al ronroneo. Conoce su poder y mi debilidad, sabe que tras el miedo de estar donde estoy se oculta ya el deseo de nunca más estar en otra parte.

  —¿Estás segura que eres musa, Afrodita? ¿Cómo sé que no trato con una bruja mal camuflada? —hay algo que no encaja en esta escena. Es como si me visitara un arcángel con cuernos, un demonio con arpa, una creatura rica en capacidades nunca especificadas en el manual.

  —De todos los posibles sentimientos humanos, hay uno especialmente repugnante, y es el que ahora te tiene pescado del cogote. La culpa, ¿no es verdad? Le estás poniendo astas a tu cuaderno, ¡conmigo!, y eso te martiriza como a cualquier beatito pueblerino —ahora sube la voz, toma distancia, sus ojos lanzan dardos envenenados que no puedo esquivar, ni me interesa.

  Al fin se hace el silencio. Una oportunidad para reflexionar que ninguno aprovechará porque de pronto no son ya reflexiones, sino meras flexiones lo que nos interesa. Hemos caído en un remolino cuya fuerza centrípeta flexibiliza todo cuanto era rígido, y viceversa. Por eso ahora me mira así, rígidamente, y tampoco puede uno esquivar el rigor del deseo cuando cada una de las verjas otrora infranqueables parece suplicarle: ¡Sáltame una vez más! O en fin, eso es lo que prefiero pensar. Me acomoda creer que ella es la araña y yo caí en su red, como cualquier mosquito rinconero. Y de repente no quiero otra cosa que estrecharla y pedirle que me chupe la sangre hasta secarme, pero ella y yo sabemos que ciertas cosas jamás se piden y esa es la mejor forma de exigirlas.

  —¿Y esa cara de postre, Darling? ¿Quieres pastel de queso, tarta de zarzamora o fresas con crema? —quiero todo, y lo sabe, por eso me contempla y baja la mirada, como anunciando la interrupción del coloquio en favor de una comunicación más entusiasta. Que equivale a dejar la sobremesa para pedir de nuevo que traigan el menú.

  —¿Y si te pido un exquisito Strudel de gasolina a la ponzoña? —alguien dentro de mí suplica que me aisle y me intoxique como sólo ella sabe...

  —¿Frío, tibio o caliente, Mi Amor? —…y que nadie me culpe si mañana no hay blog.

[Publicado el 10/9/2007 a las 10:11]

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Comentarios (5)

  • Pero ¿no se han dado cuenta con qué voy a preparar el escabeche?

    Comentado por: escarola el 11/9/2007 a las 09:20

  • post, post-re

    Comentado por: -- el 11/9/2007 a las 03:31

  • en estos casos, sería casi absurdo (y una tonteria de tu parte)perder valiosos minutos para el post de mañana en tan peculiar situación.

    suerte matador

    Comentado por: gabriel revelo el 11/9/2007 a las 02:40

  • Comentado por: ¿tomaron precausiones? el 10/9/2007 a las 20:11

  • Velasco, la sección de postres y otras frusilerías la lleva Isis, pero dudo que se deje caer por aquí, es la aprovisionadora oficial del blog de Azúa. El strudel es la especialidad argentina del Azua-acuamatic ¿la ha probado ya?. Y a mí me han dejado la sección de escabechados y ensaladillas-escabechinas rusas, no sé porqué, imagino que una cuestión de envidias imaginarias y otros celos, porque yo no estoy a la altura de las artes de la mítica Scabechanova. Pero en fín, deben ser los icebergs punzantes de mis muy oscuros y latinos ojos.¿Se imagina con qué voy a preparar los escabeches? ¿A qué hora teníamos cita? Espero que te guste la mayonesa.Va a ser en frío. Y discúlpenlo si no hay blog mañana.

    Comentado por: escarola el 10/9/2007 a las 12:20

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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