El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 8 de agosto de 2008
Los fantasmas jamás sangran
Amok, se nombra el libro que ha llevado a la cárcel al novelista polaco Krystian Bala, recientemente condenado a 25 años de riguroso encierro por el secuestro, tortura y homicidio de Dariusz Janiszewski, publicista y amigo de su ex esposa, hasta su intempestiva desaparición en el otoño de 2000. Publicada en abril de 2003, Amok ocurre entre París y México, sitios en los que el narrador —un traductor profundamente afecto a los lances de alcoba— abusa del alcohol y el sexo extremo durante sucesivas conquistas, hasta que acuchilla a una de sus amantes, tras atarle las manos a la espalda y amarrarle un lazo en el cuello. Que fue precisamente lo que le sucedió al difunto Janiszewski, antes de que su cuerpo fuera extraído así —maniatado, con el lazo al pescuezo— por unos pescadores de las aguas del río Oder.
En su momento, Amok gozó de un cierto éxito local, pero eso a Krystian Bala no le bastó. Ansiaba, por lo visto, una dosis extrema de crédito, de modo que en un viaje por Japón, Singapur y Corea del Sur envió sendos e-mails a un canal de televisión polaco donde recién se había transmitido la historia del asesinato irresoluto; en ellos subrayaba la “genialidad” del autor y daba algunas pistas juguetonas que a la postre sirvieron para instruir el sumario, junto al dato mezquino de que fue el mismo Bala quien remató el teléfono del muerto en una subasta online; más la anónima sugerencia que condujo a fiscales y detectives a leer la novela y atar cabo tras cabo, como quien sigue una línea punteada. Y ahí está Bala al fin: dueño de todo el crédito, mundialmente famoso a sus 34 años gracias a una novela jamás traducida y acaso predecible como su autor.
Dudo entonces que Krystian Bala —cuyo orgullo de matón parece superar al de narrador— haya escrito una obra maestra, para lo cual tendría que haber hecho algo más que confesarse, pero igual adivino que el muy zopenco se equivocó de víctima. ¿Qué podía ganarse con masacrar al modelo y refundir al escritor en la cárcel? ¿No habría sido más sencillo y económico terminar antes con la vida de la musa y entregarse a escribir sin apelación? Ahora bien, pocos quehaceres hay tan laboriosos, y encima ingratos, como el de asesinar a una musa. No es, contra lo que cualquiera pensaría, un quehacer propio de carniceros, sino una estricta labor de la relojería. Si a otros hay que salir a acuchillarlos y es preciso tomar las más extremas precauciones para eludir el pago por el desaguisado, en esta situación no hay ni que levantar el cuchillo, pero es trabajo fino y toma tiempo.
De “patológicamente celoso” calificó el juez al retorcido Bala, apuntando hacia su más grande problema: carece, el infeliz, de la mínima idea sobre cómo dar cuenta de un fantasma. Si no pudo con el fantasma de la ex, menos iba a enfrentarse a esa musa resuelta a desgraciarle la existencia por una fama efímera y, ay, extraliteraria. Habituados a reencarnar y resucitar a la primera provocación, a más tardar, los seres fantasmales no suelen andar sueltos, sino que viven cómodamente instalados en la cabeza de quien los invoca. Y es ahí donde hay que cazarlos, no en casa del amante de la ex.
No es lícito, cuantimenos necesario, matar dos veces a la misma persona. ¿Quién, que ya se haya despachado al fantasma de su antípoda, va a ir a perder el tiempo apuñalando al original de carne y hueso? La idea parece casi tan idiota como hacerse homicida y autobiógrafo en virtualmente un solo movimiento, vulnerando con ello el primer mandamiento del narrador, que consiste en sobrevivir a la experiencia para poder contarla. Y Bala no lo ha hecho, aunque lo crea. Si matar a un fantasma con los filos helados del olvido deja marcas mortuorias permanentes en el ejecutor, imaginemos las heridas terminales impresas en el alma de quien ha fabricado un genuino cadáver.
—¿Me llamabas, Cariño? ¿Me extrañaste? —lo dicho: musas y fantasmas regresan de la tumba en menos tiempo del que toma enjuagar el cuchillo. Queda mucho trabajo por hacer. Afortunadamente, mañana es sábado: sobra tiempo para ir a comprar una pala.
[Publicado el 07/9/2007 a las 11:41]
Comentado por: Darwin el 08/9/2007 a las 02:32
Usted siga amamantàndonos con sus locuras..
Aqui tiene a su licàntropa que necesita leerle todos los dìas; si no, correria el riesgo de salir a cazar otro escritor con el mismo sìndrome sonàmbulo de musa.
Comentado por: Tamiris Lippl el 08/9/2007 a las 01:05
@Gabriel:
Espero que seas un caballero y te atrevas a tratar de demostrármelo. Sé leer, no te creas. (Que no).
(Y no aplaudo por camiseta ni por bandera. Y procuro escribir usando la razón. ¡Ja!) (Y el diccionario.) (Me entenderás si revisas.) (Aunque no lo creo.)
Comentado por: HjV el 08/9/2007 a las 01:00
HjorgeV... creo que ni entendiste la entrada mano!!!
Xavier... está semana fue inevitable que a tus lectores nos movieras las fibras. Musas, fantasmas que vienen y van, el terror a la hoja en blanco, los mounstros que la literatura forzosa (y afortunadamente) trae consigo.
Gracias por desmenuzar el ya de por sí infinito arte de narrar.
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 07/9/2007 a las 23:53
Hola Valqui.
En tu entrada del Cuaderno que Cuenta, creo que la quisiste titular Arrivederci Lucciano, lo que se traduciria como ¡Adios Lucciano!. Tu escribiste: Ciao Lucciano, traducido como ¡Hola Lucciano!. Corrijeme si estoy en un error.
Comentado por: Namor Adenip el 07/9/2007 a las 18:34
Comentado por: HjV el 07/9/2007 a las 14:03
Por lo que pude indagar en su momento -y trabajo que me costó, rebuscar y contrastar informaciones de hasta 5 países-, la novela no fue ningún éxito comercial ni literario.
Según mis fuentes -una alemana entre ellas-, también había entendido que en su novela, Bala oficia como un simple copista de ciertos pasajes de su vida y da detalles del crimen que solo podía conocer el asesino. La víctima, siempre según mis fuentes (y dudo que el panfleto haya sido traducido del polaco a algún idioma), fue un hombre, como en la vida real.
Ninguna musa.
Lamentando, sobre todo, tener que decepcionar a cierta lechuga.
Para más detalles:
http://hjorgev.wordpress.com/2007/08/11/540/
(Hay otros datos que no coinciden con los que rastreé en su momento -no son actuales-, y de los cuales me gustaría conocer las fuentes usadas. Si alguien tuviera la amabilidad, claro: hjorgev@gmail.com)
-Órale -dijo el mexicano.
-Oraré -digo yo.
Comentado por: HjorgeV el 07/9/2007 a las 12:18
08/8/2008 18:29
Que se decida Anderson ! Si...
Publicado por: Marce
08/8/2008 00:35
Publicado por: Guada
07/8/2008 20:38
Hagamos una con algun personaje...
Publicado por: Viridiana Castillo
07/8/2008 02:30
Publicado por: Guada
06/8/2008 19:21
Publicado por: Tamiris Lippl
06/8/2008 18:20
Fidelotto ??? Mi General Fidel...
Publicado por: Marce
06/8/2008 11:13
He desayunado fenomenal. Nos...
Publicado por: Guada
06/8/2008 04:40
Publicado por: gabriel revelo
06/8/2008 04:27
Publicado por: Guada
05/8/2008 19:17
Algo me dice que esta historia...
Publicado por: Tamiris Lippl
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