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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 5 de julio de 2008

Blog de Xavier Velasco

Impune y con propina

A todas las novelas suele sobrarles cuando menos un par de palabras, correspondientes al nombre y apellido del autor. Sé que hay quienes se sientan a escribirlas sólo por hacer ver su ilustre apelativo en la portada, pero quien se ha comprometido con el juego sabe que éste tiene que ver con dejar el menor número posible de pistas que conduzcan hacia el perpetrador. Una novela es una fechoría, y éstas naturalmente abominan del crédito. Uno escribe a hurtadillas de la propia historia, asumiéndose malhechor y empleando todos los recursos a la mano para no dejar rastros y ni siquiera olores.

“¿Quién escupió en mi saco”, gruñía el profesor, y el orgulloso autor del atentado tenía que resistir la tentación de hacer saber a todos de su hazaña, so pena de tornarla imperfecta y sumarla a la lista de las indiscreciones imbéciles. Esto lo sé desde el día en que, con catorce años, se me ocurrió la gesta de pintar en uno de los muros de la escuela una torpe caricatura del director, seguida del apodo y el nombre entre paréntesis, por si quedaba duda; a lo cual un segundo infractor, cómplice risueñísimo, añadió la chispeante palabra puto. Ansioso de prestigio entre mis mal llamados compañeros, no tardé en ostentarme como uno de los dos autores del desaguisado que diez minutos más tarde tenía a la escuela entera alborotada, y al día siguiente a los culpables de pie ante un director afrentado, furioso y decidido a escarmentarles con el peso específico de sus complejos. Y todo por haber cometido el pecado mayor del contador de historias, que consiste en sacrificar el misterio en aras de un prestigio caro e inútil.

A los catorce años, la opinión de los profesores sobre mi vocación se hallaba dividida: unos creían que tenía madera de asaltabancos, otros me aseguraban un futuro como repartidor de comida rápida. ¿Y qué querían que hiciera? ¿Decirles que detrás de ese alumno retraído, indolente y abúlico se agitaba un espíritu preñado de cosquillas hormonales y quimeras románticas que su podrida fábrica de carne de cañón sólo podía tornar más apremiantes? ¿Confesarles que luego de haber quebrado todas las marcas previas en materias reprobadas ya casi nada me quitaba el sueño, excepto los desdenes de esa vecina cuyo espectro terco me quitaba la fuerza para todo lo que no fuera matarla imaginariamente de amor? ¿Qué sesuda materia escolar podía competir con el alto misterio de enamorarse a espaldas del universo?

Rara es la actividad personal que concentra el poder de quien la realiza tanto como la fechoría, pues de su buena hechura pende la libertad de quien la comete. Eso es lo que uno busca: salir impune. Por eso borra escrupulosamente cada uno de los rastros posibles, ya que podría bastar el más pequeño para hacer del lector entusiasta un inspector de aduanas. Y ya se sabe cuánto joden a un personaje los interrogatorios de un lector escéptico, de pronto comparables a los celos de una heredera malamada. Por eso insisto: más valdría no dejar ni el nombre.

Llegar a ser el peor alumno de la escuela me permitió crecer en la penumbra, disfrutando de la amplia libertad de movimientos que la fortuna brinda a los apestados sociales. Podía escribir la historia que me diera la gana, mientras no fuera en las paredes de la escuela, o dondequiera que pudiese ser vista. Podía encerrarme tarde con tarde a fingir que estudiaba y entregarme a seguir adelante con esa historia de amor tan perfecta que sólo me precisaba a mí. Podía hacer mi propia película porno con el puro recuerdo de las musas que le había arrancado a una y otra revista sólo-para-caballeros. Pero eso sí: nadie podía saberlo. Hasta mi colección de musas empelotadas estaba oculta dentro de un cuaderno de apuntes que tuve que robarme para, en caso de inspección, respaldar mi inocencia con un nombre ajeno.

Hay quienes piensan que una novela existe para demostrar lo mucho que sabe y lo bonito que escribe su autor. A otros, sin embargo, nos gustaría probar que ni siquiera estuvimos ahí, y que de hecho no hay escritura alguna, pues la mejor historia es aquella que tiene la tinta transparente. ¿Musa? No la conozco. ¿Novela? ¿Cuál novela? Yo sólo vine a entregar una pizza. Son ciento ochenta pesos, más la propina.

[Publicado el 05/9/2007 a las 12:56]

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Comentarios (18)

  • PROPUESTA Y DECOROSA....

    Querido y Estimado Xavier antes que nada que las musas te den más diarrea literaria para que nosotros podamos seguir disfrutando de tu compañía electrónica cotidiana y podamos recibir lo antes posible esa novela de la cual hemos sido cómplices y testigos. Esto seguramente nos dará un 2008 próspero y feliz.
    El otro día tuve el honor de ver una entrevista tuya en TV UNAM pero el entrevistador dejó muuuucho que desear y contigo quedan tantas y tantas preguntas al aire que de nuevo quiero hacerte mi pedido, ahora a los Reyes Vagos, pues he sido una niña buena:
    ¿Cuándo nos concedes un rato de chat contigo? Tu pones la dirección, la fecha y la hora.

    Abrazos virtuales y felicitaciones cibernéticas para el inicio de un 2008 con mucho calor global.

    Comentado por: Démina Demiana el 31/12/2007 a las 23:42

  • Hola:
    navegando por la red he visto tu blog, me he parado para descansar y lo he explorado, es muy interesante. Ahora continuo mi viaje. Cuando quieras ven a ver mi blog. Ciao.
    http://ilparra.myblog

    Comentado por: parra el 31/12/2007 a las 19:20

  • Anónimo debe referirse a un artículo publicado en otro sitio, porque nada de lo publicado en este blog justifica lo que dice. Me hubiera gustado que nos dejara el enlace para poder leerlo y formarme una opinión.
    A mí también me parece que el excesivo protagonismo que en otras entregas daba a Afrodita no acababa de calar en los blogueros - al margen de su calidad literaria- y la comunicación entre lectores y autor es fundamental en este medio. Por eso soy la primera en pedir mi sacrificio.

    Comentado por: escarola el 06/9/2007 a las 09:46

  • @Gabriel:

    Poco de lo que ha escrito tu compatriota aquí en esta bitácora me ha parecido bueno. Es más, para mi gusto, empezó espectacularmente y después se plantó.

    Por eso, apenas lo he leído.

    Sin embargo, la entrada de hoy me pareció especialmente buena. Excelente. De antología. Por eso mi aplauso.

    Lo que sigo sin entender es a qué -concretamente- se refieren varios de los comentarios de esta entrada. Mis aplausos se referían a lo 'estrictamente' literario, pero parece que me he perdido varios temas candentes de entradas pasadas. Y eso que detesto la misoginia, como creo que le debe corresponder a todo al que ha nacido de una mujer como yo.

    Comentado por: HjorgeV el 06/9/2007 a las 02:29

  • si ya todo lo que has publicado en éste blog me parece muy bueno (aunque sigue habiendo gente que no lo comprende), con la entrada de hoy si te volaste la barda.

    escribir y volverse invicible. andar por ahí en las calles y mirar a la gente con la conciencia intranquila de pensar 'si supieran lo que escribí'... es el crimen perfecto, y cometerlo se siente tan bien que uno se vuelve adicto.

    http://gabrielrevelo.blogspot.com/

    Comentado por: gabriel revelo el 06/9/2007 a las 01:17

  • Yo cerraría el blog y denunciaría al autor, ya mismo: ante la violencia generacional, castración preventiva.
    Además, en cualquier camisería de policía estas pruebas serían suficientes para una tortuga, como mínimo. Denunciable también, por supuesto.

    Acabáramos tras los páramos...

    (Claro que si encontrara un coche bien majo me olvidaría de los compañeros de la D.G.T.)

    Comentado por: Michèle García Mouton Fleischmann el 05/9/2007 a las 23:32

  • la violencia de género, qué vergüenza, ya no saben si escriben novelas, cuentos, ensayos, columnas, farolas, vallas o pizzas

    espero que este comentario literario tenga a ver con el bloc de hoy.

    si aplaudo sí parece que tiene que ver.

    aplausos, aplausos, aplausos (esté o no el tal Xavier, al que aprovecho para pedir una pizza parmigiana con berenjena o berenjenal a discreción)

    (lo bueno de los blocs diarios es que no hay bises y al autor ni se le ve. Estará por ahí y bien que hace. Mañana nos deja otro texto y continuamos y santas pascuas. salud!)

    Comentado por: aplaudidor de género intrascendente (no viene a cuento) el 05/9/2007 a las 23:06

  • "Sin embargo, discrepo de los aplausos del público. Y, en cambio, apruebo su idea de no citar su nombre, aún le queda mucho que aprender en materia de literatura."

    Esta también es de antología.
    Más aplausos.

    Comentado por: HjorgeV el 05/9/2007 a las 22:27

  • Veo que aquí algun@s hablan por su lado, probablemente de cosas diferentes y puede ser que, ni siquiera, se refieran al tema de hoy.

    Comentado por: Cantínfoles el 05/9/2007 a las 22:17

  • oiga, ivan borsi, si bebe no comente tan a la ligera, o no comente.

    "no le reconozco, me dijo el doctor / pues no sé donde irá usted a parar / que hasta su sombra ha empezado a cambiar / y en el caos no hay error."
    (eso me dijo el doctor).

    Comentado por: Ivan Borsi el 05/9/2007 a las 21:18

  • Bueno, puede que haya sido una proyección emotiva de asuntos pendientes. Ojalá sea como dice, Escarola.

    Comentado por: Anónimo el 05/9/2007 a las 18:14

  • Tal vez su representación del maltrato esconde incluso su denuncia. Tendría que leerlo para darle mi opinión, anónimo.

    Comentado por: escarola el 05/9/2007 a las 17:56

  • Yo, sinceramente, sólo creo en un tipo de lectura: una mínimamente inteligente.

    Saludos calmados, Xavier. Parece que disfrutas en el trance. Eso da algo de misterio a no se sabe quién que no se sabe qué tiene a ver con quién, y todo ese lío es —lo sabes— tranquilamente salvador.

    Yo también aplaudo, HjV. Y llueve.... como ya ha dicho más de uno, y de os, y de tres, y de 400...

    Salud a los tranquilos hacia afuera.

    Comentado por: Ivan Borsi el 05/9/2007 a las 17:42

  • Pues sí, ya me voy arrepintiendo. Pero que quede claro que me sigue pareciendo que su postura está muy cercana al maltrato, quizás le achaco algo que no ha hecho, es posible. Tengo amigas que se han separado tras palizas, tras insultos, amenazas, incluso una conocida de alguien que fue asesinada por su ex - y no es por mi entorno, es, tristemente la realidad. Por supuesto también conozco mujeres más o menos felices en su matrimonio. El deseo de aislar y confundir, como usted dice, es uno de los primeros síntomas; eso no me parece amor sino deseos de control absoluto. Dirá que soy idiota y que odio al actor de una película por el personaje que representa, es posible, ya lo dije; tal vez me he cegado un momento.

    Comentado por: Anónimo el 05/9/2007 a las 17:39

  • Demasiado tarde. Como puede ver, Velasco ya me ha liquidado. Y eso que tenía el carnet de domadora de escritores misóginos puesto al día Pero podría colgar su artículo como advertencia para futuras musas y para que las difuntas veamos qué nos hemos perdido. Puede que nos tengamos que alejar de su persona, pero como escritor hay que reconocer que es genial.

    Comentado por: escarola el 05/9/2007 a las 17:33

  • "Llegar a ser el peor alumno de la escuela me permitió crecer en la penumbra, disfrutando de la amplia libertad de movimientos que la fortuna brinda a los apestados sociales." - precisamente estaba pensando en escribir una historia que se titulase "la libertad era eso". Qué gran verdad. Sin embargo, discrepo de los aplausos del público. Y, en cambio, apruebo su idea de no citar su nombre, aún le queda mucho que aprender en materia de literatura. Mejor quedar impune.
    He estado tragando bilis ya varios días... ¿se ha notado? desde que leí su artículo sobre "aislar y confundir". Se parece tanto a la descripción del inicio del maltrato a una mujer que ganas me dan de decirle a Afrodita que se busque un autor español a quien inspirar, pues es tal el momento histórico-político en la dicha patria que resultaría impensable que un hombre de aquí osase largarnos un discurso tal de misoginia y de apología de la violencia de género. Si cree que exagero busque usted información sobre el tema.
    Normalmente procuro evitar el decirle ciertas cosas a un autor, intento mantenerme al margen pues pienso que la gente escribe para opinar y no para decir lo que a mí me gusta escuchar. Pero lo suyo, como le digo, me hizo prácticamente echar espumarajos por la boca y fuego por los glóbulos oculares. Si me callo, reviento. Si me muerdo la lengua, me enveneno así que prefiero decírselo de una vez y quedar en paz conmigo misma. Y aún me callo.
    Seguro que tiene usted muchísimas cosas positivas, dos perros por ejemplo, pero estoy todavía superando el impacto de su desvergonzado y vergonzoso discurso. Si me dice, es ficción literaria, pase. Su concepción del amor, tal como parece entenderlo, es repugnante. Bueno, nunca me han gustado el tipo de comentarios como éste que le acabo de soltar y seguramente me arrepienta después, pero en fin, ahí queda.

    Comentado por: Anónimo el 05/9/2007 a las 16:39

  • "¿Novela? ¿Cuál novela? Yo sólo vine a entregar una pizza. Son ciento ochenta pesos, más la propina."

    De antología.

    Comentado por: HjV el 05/9/2007 a las 15:13

  • Aplausos sinceros (míos, espero no ser el único en la sala cuando enciendan las luces).

    Comentado por: HjorgeV el 05/9/2007 a las 15:10

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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