Minisite sobre Kapuscinski

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Perdón... ¿muerden sus monstruos?

Todo el mundo tiene uno en su casa, cuando menos; la mayoría escondemos, con irregular éxito, un pequeño ejército. Algunos con aspecto preferible y hasta cierto talante seductor, otros tan espantosos como un espejo en high-definition a media travesía de peyote. Cuando alguien —amigo, familiar, amante reincidente— se ufana de realmente conocerlo a uno, da a entender que se ha visto las caras con ellos. Pues al final son ellos, antes que uno, quienes toman las decisiones importantes de una vida que es más suya que de uno. Porque claro, uno es suyo, por más que al mencionarlos anuncie lo contrario, con la incomodidad de quien oculta un par de brontosaurios en el sótano. “Mis monstruos”, presumimos, como si soportarlos y alimentarlos fuera ya un mérito que nos dignificara, o existiera la posibilidad de echarlos a patadas.

—Uno es sus monstruos, Darling. Poco queda en su ausencia que valga la pena, como no sea esa plasta de nata pastosa a la que los aficionados llaman felicidad. Tú que tienes pavor a despertar en un cuarto con las paredes acolchonadas, imagina la pesadilla de abrir un día el ojo y descubrir que todos los monstruos se te fueron. ¿Qué te parecería peor, despertar loco o ñoño? ¿Ir a dar al final de una película de Spielberg o a la mitad de una de Polanski?

—Tal vez me sentiría mejor al principio de una de Woody Allen, pero de nuevo tengo opiniones encontradas. Seguramente hay una mayoría de monstruos que acabará llevándome donde le dé la gana y hará el cargo automático a mi karma. Tú misma eres un monstruo goloso y manipulador. Cada vez que me empeño en complacerte, no hago sino mimar mis zonas más nocivas, pero de lo contrario eres capaz de enviar a una manada de dobermans en mi busca.

—¿Dobermans? Ni cuando era pobre. Para el caso, te mandaría gárgolas y quimeras. Tú también me podrías lanzar una pareja de psicoanalistas que harían lo imposible por sacarme a empujones de tu vida, pero los monstruos siempre dejan resaca. Por alguna razón necesitas volver y probar otra vez mordidas y zarpazos. Necesitas destruir lo que construiste, dinamitar la dicha que conforme se acerca te provoca una náusea inconfesable. Te entregas a tus monstruos para que te hagan todo el daño que necesitas, pobre del terapeuta que se enfrente a tus enemigos íntimos.

—Suele uno parecerse más a sus enemigos que a sus amigos. ¿Cómo podríamos aborrecer sus defectos si no los conociéramos desde adentro? ¿Cómo no reprobarlos, sino para aprobarme a sus costillas? Uno puede tener amigos mediocres, pero en los enemigos eso no se perdona. Ahora bien, si pretendiera declararte la guerra recurriendo a profesionales del ramo, antes que perros y terapeutas de presa te lanzaría todo un task force de exorcistas.

—¿Debo entender eso como un piropo, Azuquítar?

—Entiéndelo como una capitulación. No puede uno pasarse el día combatiendo a los enemigos que más necesita. Podría convencerme de que eres etérea e imaginaria si no supiera que eres animal, como todos los monstruos. Nos olemos, querida Afrodita, igual que tantas bestias sudorosas de miedo y deseo nocturnos. Huelo que estás aquí, como los demás monstruos, sólo para evitarme la pena de ser feliz y la desgracia de sentirme conforme. ¿Quién, que no fuera un enemigo íntimo, querría convertirme en esa porquería narcisista?

—Pensamientos así podrían convertirte en agente de seguros jurídicos automotrices, o en vendedor de biblias a domicilio. Yo era una porquería narcisista, acabé con mis monstruos y mi vida cambió. Llame ahora y fumíguelos en las próximas cinco semanas, garantizado. Nada hay más apestoso, Honey, que la nueva moral de un adicto en retirada.

—¿O sea yo?

—O sea tú sin mí. Tu animal exiliado del mío. Ese cuello sin estos colmillos.

A los monstruos se les combate la vida entera, sólo para al final morir con ellos. No es raro, por lo tanto, que quienes aseguran perseguir la inmortalidad no la quieran tanto para su triste persona como para esos fieros y alebrestados animales sin los cuales todo el camino de la existencia parecería más un túnel recto equipado con rieles, engranes y poleas de simetría asquerosamente impecable. Líbreme, al cabo, el Cielo de tener que vivir entre monstruos domésticos y esperpentos falderos. Si me han de espantar mañana, que me infarten de una vez.

[Publicado el 28/8/2007 a las 13:05]

[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]

Compartir: añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  añadir a meneame 

Comentarios (8)

  • el diablo es tan encantador que cuando aprendes su juego ya no te quemas..
    y todos juntos juegan a quemarle las patas al diablo!
    nos veremos en el infierno...

    Comentado por: sade_df el 28/9/2007 a las 09:35

  • monstruos son unos, pero más amados, alimentados con sangre y fantasmas son mis queridos diablos y demonios.

    Comentado por: reina fanática de la dilación el 01/9/2007 a las 01:37

  • monstruos son unos, pero más amados, alimentados con sangre y fantasmas son mis queridos diablos y demonios.

    Comentado por: reina fanática de la dilación el 31/8/2007 a las 23:40

  • mis monstruos muerden, patean y deboran personas, son fatales, pero no los cambio por nada, ellos controlan mi vida pero asi me gusta más...

    nota: "O sea tú sin mí. Tu animal exiliado del mío. Ese cuello sin estos colmillos"

    Afrodita, te robo esta frase, con todo el descaro del mundo, con ella esparsiré la corrupcion por la tierra jajaja

    Comentado por: SOL el 29/8/2007 a las 07:13

  • Tu encabezas la lista de mi bestiario y a diferencia de los otros monstruos que a veces me visitan, yo vengo a tu blog para intoxicarme de tì, diario.


    Comentado por: Tamiris Lippl el 29/8/2007 a las 00:48

  • claro que sí, mis mostruos muerden y a veces no sueltan la presa, pero me he convertido en una experta en distraérlos para poder darme un largo descanso, cuando vuelvan te escribiré, perdón, quiero decir que cuando regrese de mi viaje te escribiré.

    Besos

    Comentado por: guada el 28/8/2007 a las 21:01

  • Comentado por: escarola el 28/8/2007 a las 19:27

  • Ayer se me cruzaron los cables y asigné a Camus el mérito de haber escrito La naúsea. Mal hecho: de inmediato, se me presentó el abogado de Sartre para reclamar derechos de autor: el que hayan sido inspirados por la misma musa, el que de alguna manera seas tú su madre, me advirtió, no te da derecho a decidir así por capricho cuál es el padre. Bueno, en fín, La nausea se urdió en circunstancias indescriptibles, que decidí borrar de mi memoria con uno de esos lavados de vesícula a los que nos sometemos las musas cuando cambiamos de autor, pero ayer volvieron a presentarse. Fue durante el viaje de novios de los tres, Sastre, Simone y yo, por las cataratas del Niágara. El se empeñó. Ah, quién dirigirá mi vida, me gustaría creer que Allen, Kieslowski, Godarg alguien importante, con transcendencia ,pero por el tembleque de la cámara, sospecho que es un becario del manifiesto dogma.

    Comentado por: escarola el 28/8/2007 a las 17:56

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):
captcha


Comentario:


Foto autor

Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres