El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
En las pestañas del huracán / y II
Querido Dean,
Antes de que me juzgues el alunado que temo parecer, déjame que a manera de coartada te dé mis coordenadas sentimentales: recién vuelvo de un concierto de Caetano Veloso. No quiero, pues, distraer esta carta en paparruchas sobre verosimilitud y otras frivolidades racionalistas que por ahora poco nos afectan. Peor, para el caso, hizo quien tuvo la ocurrencia de dar nombre de pila a un huracán, como quien busca vestir al desamparo de despecho. Mas ese no es mi caso, pues he aquí que lejos de albergar inquinas en tu contra, experimento alguna díscola gratitud, como sucede a los que contra todo pronóstico se topan con el sol en medio del chubasco; los que brindan y bailan en la antesala del juicio final; los que se aman a oscuras a espaldas del sepelio. Quiero decir que mientras tú te entretenías jodiéndole la vida a mis semejantes, yo encontraba refugio ventajoso a la sombra de ciertas pestañas, y desde allí pedía que la lluvia siguiera, por favor. Nada que no le hubiera rogado a Caetano.
Amar es desnudarse de los nombres, dice el poema. Tal vez debí empezar por suplicarte que ignorases el nombre por el cual te llamo, así como la personalidad ciclónica que he debido achacarte para poder hablar de estos asuntos, sin tener el mal gusto de abundar en detalles y con ellos romper el hechizo que me tiene escribiendo para ti, que en apariencia no eres más que un nombre sembrador de trastornos y desgracias. Pero si no hay felicidad completa, tampoco a la desdicha se le da el perfeccionismo. Se puede ser inenarrablemente feliz aun en medio de un bombardeo, y hasta diría que en la antesala del patíbulo si pudiera ahora mismo imaginármelo. Quiero decir, ciclón, que así como te ensañas destruyendo casas, ciudades y cosechas, no puedes evitar que al propio tiempo cunda un descontrol capaz de redimirte, así sea por los pocos anchísimos segundos que dura un primer beso bajo la tormenta.
Decía Caetano hace un rato que la expresión “te odio” es la más amorosa que existe, y al final del concierto flotaba un sentimiento decididamente romántico en el coro del público que con cierta dulzura salmodiaba odeio você… odeio você… odeio você. ¿Ahora entiendes por qué te elegí como destinatario? Medio mundo te odia, huracán Dean, pero algunos lo hacemos con dulzura, por eso mientras a otros nunca les hablaría de estas cosas —pues tendría que hacerlo empecinadamente y de cualquier manera sin el menor provecho—, contigo soy capaz de explayarme como quien canta a solas en un peñasco. No sé, pues, si en verdad me dirijo a un huracán o mi interlocutor es la desgracia, la fatalidad, el destino, el demonio o el Dios con el que todos querrían negociar, más de uno airadamente. Pero me has sobornado, quienquiera que seas; o en todo caso depositaste el bálsamo de las caricias allí donde tendrías que haber dejado cicatrices. Sólo podría, al fin, odiarte con cariño.
Es la segunda vez que veo a Caetano, y ha sido cuando menos igual de luminosa que la anterior. Sale uno del Auditorio Nacional con cara de cliente de San Juan Bautista, la sonrisa pintada, los párpados extrañamente húmedos y los dedos tamborileando la canción del leoncito que ha permeado hasta el último ventrículo. Sale uno repentinamente listo para hacerse escuchar por tormentas, tifones, tornados y huracanes, un quehacer que en tamañas circunstancias no es más estrafalario ni menos cotidiano que darle un beso a un perro en la nariz. Que es otra de las cosas que quiere uno hacer al salir de un concierto de Caetano. Puede que el mundo entero se esté cayendo y uno de todas formas insiste en sonreír, se supone que estúpidamente porque nadie más puede ver detrás el pestañeo súbito de la musa que olvida su calidad de musa y fugazmente se hace mujer. ¿Sabes, ciclón furioso, lo que queda de tanta furibundia luego de recibir un beso intempestivo de labios de Afrodita del Carmen Martínez-Goebbels? ¿Te imaginas el ruido que hacen cuando estallan un millón de miedos y contratos atascados de cláusulas e incisos? Entonces no preguntes, que no hablo con ciclones. Perdona la rudeza y la ingratitud, pero estoy demasiado ocupado con la luna para portarme como cualquier lunático.
Videos de pie de página
[Publicado el 24/8/2007 a las 10:46]
y el huracán rindió a Afrodita...
será que las tormentas son las más apropiadas pare rendir a un corazón cauteloso?
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: Gabriel Revelo el 27/8/2007 a las 02:33
Comentado por: Aída el 27/8/2007 a las 01:57
ah caray, todo iba bien hasta que nombraste a la tal Afrodita del Carmen! qué fijación hombre! es un personaje que ya no funciona, no insistas con él, cambia de musa y de moza, a ver si te inspiras mejor. tienes una buena prosa, no la eches a perder con esa intrusa (oye, no será que estoy requetecelosa? ;o) fíjate en todos los "osa" que tiene este texto mío ;)
Comentado por: lolichka el 26/8/2007 a las 21:53
Xavier, me animo otra vez a escribirte, no sé muy bien porqué, quizás por la misma razón por la cual tú escribes, como siempre iré a mi aire y no precisamente el de Dean. Probablemente la excusa(aunque no sea el lugar apropiado ¿y cual lo és?, no tengo otro) sea que he terminado "Este que ves" y ha sido en El Salto dónde he volado sin alas que me sujeten y en un afán de osadía hago mías las palabras tuyas: "se escribe, igual que se a ma o que se vive, porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable", porque pienso que una vez escritas y divulgadas el lector las hace tan suyas como si las hubiera parido él mismo. Ahora, me quedo con el vídeo de Caetano Veloso "Odeio", no entiendo la letra pero me llega al alma, a ese lugar que existe y no existe.
Besos
Comentado por: Guada el 25/8/2007 a las 13:39
Comentado por: Tamiris Lippl el 24/8/2007 a las 19:30
Confiesa Velasco que estuviste a punto de acabar con la vida de la auténtica Afrodita, cuando exigió unos días de vacaciones. Confiesa que nos exigiste que te enviáramos una sustituta porque no pudiste aguantar su ausencia. Confiesa que te conformaste con una becaria, una inexperta que ha sucumbido a tus embrujos literarios y ha acabado humanizándose y saltándose todas las cláusulas y reglas. Ay, qué falta de profesionalidad. La hemos despedido de la agencia. Que conste que esa va por su cuenta.
Comentado por: escarola el 24/8/2007 a las 18:45
17/5/2008 01:47
Contestando a lo que dice rana,...
Publicado por: Dèmina Demiana
16/5/2008 20:24
Pues yo no puedo leer tu blogg...
Publicado por: Kiddo
16/5/2008 18:18
Publicado por: Zarema
16/5/2008 18:06
Dicen que Dios los hace, y ellos...
Publicado por: rana
16/5/2008 18:02
Publicado por: Fátima
16/5/2008 16:59
Yum-Yumbina.......Cuantas y de a...
Publicado por: Lilith
16/5/2008 16:52
Publicado por: Víctor
16/5/2008 05:18
Publicado por: ¨Goofy¨
16/5/2008 02:46
Publicado por: arros
16/5/2008 01:22
Oye por cierto, no quieres ser...
Publicado por: Dulce Geisha
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