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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

En las pestañas del huracán / I

De niño, en los odiados días escolares, recibía como un festín secreto la noticia de una mañana lluviosa. Algo había en aquellos goterones que relajaba la rigidez de la jaula, o sería tal vez que semejante ambiente de excepción tenía un efecto analgésico sobre el ánimo de mis huesos encerrados. Nada me parecía más odioso, en contraparte, que cargar la mochila con el sol golgotesco de las dos de la tarde, como una cruz camino del cotidiano chasco de llegar a la mesa y quemarme la lengua con la sopa caliente, y encima de eso tener que acabármela. Pero todo se desquiciaba con la lluvia, y ya el tiempo pasado en cautiverio me había enseñado que ese desquiciamiento solía funcionar en mi favor. A los grandes como que les ganaba la prisa, de repente ya no era tan importante que las cosas se hicieran al pie de la letra. Un niño siempre sabe encontrar rendijas en la rutina de un adulto fuera de quicio. Y así es como la lluvia permitía que una mañana en el ergástulo casi se pareciera a un día feliz. Nada divierte tanto a un niño amurallado, cuya noción del tiempo es exponencialmente más ancha, como saberse parte de una rotura de la rutina.

—Déjame adivinar, Cariño: eras de los que hacían la tarea después de las nueve...

—Aproximadamente quince minutos antes de las nueve de la mañana del día siguiente, cuando ya mero había que entregarla. Era otra forma de romper la rutina.

—Y si por suerte era una mañana lluviosa, todo se desquiciaba y había más oportunidades de salirte con la tuya. Muchos llegarían tarde, el profesor entre ellos...

—¿Ya me entiendes? El sol, en cambio, es un verdugo industrioso. Cuando está granizando no te castigan media mañana parado a medio patio, saben que eso a tu edad sería como un premio.

—Lo que aún no terminas de explicarme es por qué ahora recibes con maldiciones, conjuros y blasfemias la llegada de un nuevo huracán, si al final el paisaje lluvioso te va a hacer el favor de recordarte los mejores momentos de tus peores años.

—Los aguaceros me hacen un holgazán. Si fuera profesor, sencillamente me quedaría en la cama, o en todo caso iría a trabajar sin emocionalmente salir de ahí. Ardería en deseos de decretar anarquía general y hacer una fogata con los pupitres...

—¿A media lluvia? ¿Con el avieso fin de incendiar todo el edificio desde adentro o con la idea piadosa de sofocar a muerte a sus ocupantes?

—Una de las claudicaciones que conduce al horror de maldecir lo que antes se adoraba tiene que ver con la costumbre triste de arder siempre en deseos de hacer lo que uno sabe que jamás hará.

—¿Por ejemplo, Querido?

—No me pidas ejemplos, Afrodita del Carmen, que bastantes ideas me da ya tu presencia.

—¿Me estás dando a entender que en ciertas circunstancias, contractualmente inaccesibles, podrías eventualmente celebrar la llegada de la lluvia con el júbilo de un sertanero bahiano?

—¿Qué tienen los contratos de seductores? ¿Por qué hay que firmar uno para sentirse a salvo del granizo? ¿No te da cierta pena comportarte como una virgen casadera?

—Mira, Mi Sol, voy a hacerte el favor de pretender que jamás escuché, ni olí, ni me enteré del asqueroso eructo que acabas de soltar en mi regia presencia. ¿O prefieres que asuma que te tapaste la boca y me pediste perdón de rodillas?

—Sabes bien cuánto me molesta que me eches abogados a la mitad de una conversación.

—¿Me has visto acaso pegando los pedazos de nuestro contrato, o siquiera salvándolos del basurero?

—¿Quieres decir que estás conmigo así, informalmente? ¿Por qué entonces insistes en apelar a documentos rotos?

—Por la misma razón que los adultos evitamos la lluvia. Me siento más segura disparando cláusulas, aunque no haya manera de hacerlas cumplir… —Afrodita da dos pasos atrás, sonríe con inédita timidez, pestañea y se enroca mirando en dirección al piso. Presiento que en cualquier momento va a granizar…

[Publicado el 23/8/2007 a las 11:11]

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Comentarios (3)

  • Este post se parece un poco a 'I'm only happy when it rains' y eso me gusta. A mí me encantan los días lluviosos, encuentro absolutamente apetecible el aroma de tierra mojada. Supongo que también tiene algún link especial con mi niñez, vivía en una de las zonas más altas del Estado de México y allá sí que llueve y la gente no corre desesperada para taparse bajo algún techo para evitar mojarse. Eso siempre me ha parecido algo absurdo ¿por qué se cubren tanto de la lluvia? Puedo entenderlo cuando hay una tormenta brutal, pero muchas veces –la mayoría- solamente está chispeando y la evitan como si fueran a morir por mojarse un poco (se mojan más cuando andan como perros sudados por el exceso de calor). Somos extraños los humanos, hemos quedado tan condicionados a las prohibiciones infantiles que evitamos muchos placeres sin darnos el permiso de probarlos sin culpa (caminar bajo la lluvia, caminar descalzos, quedarte en cama hasta media mañana, comer porquerías que deshacen el estómago, comer porquerías que engordan, etc.)

    Comentado por: car el 24/8/2007 a las 16:26

  • la lluvia... esa, tiene un efecto narcotico en mi, me encanta, es como cuando volver a ser una niña acurrucada en barzos de mi mami o de pipapá...
    afrodita tiene razón a los adultos se nos hace mas facil dictar clausulas aunque nunca se cumplan, creo que es por esa bendita costumbre de querer sentir que tenemos todo bajo contros :s
    bueno suerte con las lluvias y ten cuidado con los granizos de Afrodita, esos por mas pequeños que sean tienen mas fuerza que los mas grandes que la naturaleza pueda crear

    Comentado por: SOL el 23/8/2007 a las 20:45

  • Hola XV.
    Aquì en Honduras las lluvias que dejo "Dean" (Martìn) fueron copiosas y eso que solo nos cayo encima las bandas externas. De cualquier manera tienes a Afrodita para estar acurrucado estos dias de lluvia.
    A mi me pasaba como a ti y como a muhcos otros con la escuela. Solo que lo mio siguio asi hasta la universidad y ahora al trabajo.
    Recuerdo que durante mis dias de universitario, lo mas espectante era el comienzo de las nevadas en New Haven. Cuando la nevada era realmente pesada y suspendian las clases, yo salia a media mañana, arrebujado con abrigos y me iba a sentar en una pequeña mesita del cafe "Cosi". Sentado en aquella mesita al lado de una fria ventana recordaba mis dias en el barrio Buenos Aires. Recordaba a mis amigos de la infancia, a Fay (QDDG), Steve, Lilian y a mi frustado amor J. Entonces en aquella mesita se me humedecian los ojos, se me enfriaba el cafe e inexplicablemente desde la cocina del cafe salia el aroma a Fricasse de Pollo que hacia mi madre.
    Cada semestre era los mismo. Los libros de derecho se multiplicaban y las obligaciones eran terriblemente abrumadoras.
    Ahora con mi titulo de la Ivy League puedo conseguir trabajo en casi cualquier bufete del mundo, sin embargo, daria cualquier cosa por que ahorita comenzara a nevar y sencillamente sentarme en el cafe "Cosi" a rememorar mi pasado.
    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 23/8/2007 a las 17:43

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Foto autor

Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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