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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 17 de mayo de 2008

Blog de Xavier Velasco

Un poco de zoología

La escritura es un bicho asustadizo. Basta un ínfimo cambio en el paisaje para que huya despavorida. Y ahí va uno tras ella, como el protagonista de El túnel, de Sábato. Comprando cada día más complicaciones de las que puede en vida pagarse, cualquier cosa con tal de que regrese el animalito. Y mientras tanto el tiempo se desfasa y la noche se angosta y las horas se encogen y no quiere uno ni empezar a contarlas, no sea que eso también espante al bicho...

  —Ya que estás en el tema del tiempo, Cariño, te agradezco que al fin te hayas deshecho del trozo de salami petrificado que hasta ayer adornaba la alacena.

  —Salami... ¿Cuál salami?

  —No me vas a decir que fueron los perros, se habrían roto las muelas en el intento.

  —Hace dos meses quise darle un pedazo de ese salami a Boris y me gruñó inmediatamente.

  —Ni una hiena indigente se lo habría tragado, Baby. Para eso están las rocas volcánicas, que son más suaves y tienen mejor sabor.

  —Entonces solamente nos queda un sospechoso...

  —Créeme que no era mi intención traer a cuento al ratón que lleva una semana entrando y saliendo de la PC. Que, por cierto, es la mejor razón para que sigas escondido tras las prácticas faldas de la MacBook.

  —No me mires así, y además no le tengo miedo. Es pura antipatía a primera vista. Nos topamos ya un par de veces cara a cara, para tremendo susto de los dos. Puedo, como otras veces, llamar a Himmler & Heidrich Inc., pero quiero evitarme el karma respectivo. Me gustaría creer que va a irse por las buenas.

  —Y para eso pusiste la caja gris con lucecitas verdes que produce sonidos en teoría intolerables para los roedores, pero de hecho odiosos para las visitas, cuyo prurito sensorial va creciendo junto con la sospecha francamente incómoda de ser un poco ratas. De modo que hasta ahora el efecto, me temo, ha sido el opuesto: tus amigos vienen cada día menos y el ratón como nunca está a sus anchas.

  —Es posible que el ruido del aparato surta en él los efectos de cierta música minimalista, que en un principio aturde y a cualquier hora envicia. Por eso me pregunto si soy tan miserable para exterminar a un seguidor potencial de Philip Glass. Y ahí está la neurosis, un día quiero mandarlo fumigar y al siguiente le pongo entero el Einstein on the Beach, por si llega a gustarle.

  —¿Tienes idea del efecto que produce Einstein on the Beach en los seres humanos? Solamente las musas morfinómanas soportan de principio a fin esos cuatro cds, y eso por las virtudes somníferas del piquete.

  —Entiéndeme, Afrodita, si le pongo a Wim Mertens no se va nunca.

  —Yo en su lugar traería a mi familia.

  —Por eso mejor sigo confiando en la cajita gris: si logró hacer huir a mis amigos, algo tendrá que hacer contra el ratón. Cambiando de tema pero hablando de lo mismo, supongo que me sentiría mucho mejor si renovara de una vez el antivirus de la PC, el problema es que no puedo hacerlo desde la Mac.

  —¿Y el antivirus va a ahuyentar al ratón? Mira, Sugar, si ese animal realmente vive dentro de la computadora, tal vez sea suficiente con encenderla. Lo electrocutarías inmediatamente, y de paso podrías desconectar esa caja maldita que ya hasta a mí me trae con los nervios de punta. Tus amigos volverían, por lo menos.

  —¿Quién va a querer entrar en un lugar que apesta a ratón chamuscado? ¿Quién me asegura, aparte, que sus exequias no van a hacerle daño al disco duro? Lo que tú me propones equivale a matar a una taenia solium con nitroglicerina. Además, le causarías un trauma irreparable al otro bicho. Que es del que me ocupaba, hasta que introdujiste el tema repugnante del salami.

  —Pobre animal. Debe de haber una docena de matarratas más ligeros que ese salami. ¿Quieres decir que vamos a esperar hasta que se consume su horrenda muerte por intoxicación para electrocutar el fiambre?

  —Decía, pues, que el de la escritura es un bicho asustadizo, pero ahora que lo pienso puede que no sea más que la taenia solium de las musas.

  —Y ahí está tu tragedia, Amado Mío. La mujer de tu vida lleva una solitaria dentro.

  —¿Debo creer entonces que la mera existencia de tu huésped garantiza el futuro de mi trabajo?

  —Afirmativo, Sweety. Aunque tengas que electrocutar a una estirpe completa de roedores.

Vídeos de pie de página

Glassworks # 1, por Philip Glass.

Fragmento de Train/Spaceship part 1, de Einstein on the Beach, por el Philip Glass Ensemble.

Close Cover, por Wim Mertens.

Struggle for pleasure, por Wim Mertens.

Escena de El vientre del arquitecto, con música de Wim Mertens.

[Publicado el 22/8/2007 a las 10:38]

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Comentarios (3)

  • es increible que tengas un ratón teniendo esos dos perros maravillogigantescos. Seguramente el roedor pasa desapercibido para ellos.

    desconozco la solución para sacar al animalejo de tu pc y de tu vida, pero te recomiendo que te des prisa... no querrás que se reproduzcan como gremlins y termines teniendo al ratón de la tele, al del radio, al del librero, etc...

    suerte!

    Comentado por: Gabriel Revelo el 23/8/2007 a las 00:04

  • jajaja ratones, me encantó =0), si encuentras la musica adecuada me avisas ;0)

    Comentado por: SOL el 22/8/2007 a las 21:22

  • Gracias Xavier por los enlaces de los videos... estan xidisimos.
    Procura no experimentar con Robert Dick o algun otro flautista contemporaneo en casa con ratones...luego tendrás que poner cajitas grises ahuyenta-roedores por toda la cuadra.

    Comentado por: Me&mySelf el 22/8/2007 a las 12:57

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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