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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de julio de 2020

 Félix de Azúa

Un poco de esperanza

Ayer bajó a la ciudad el Hombre del Monte. Nos vimos en uno de los escasos cafés de Barcelona que ofrecen vino de calidad en copa aceptable. Fue un Terrer. Este caballero supo muy pronto que tenía un don para la literatura, del mismo modo que Giotto comprendió que debía dedicarse a la pintura o Mozart a la música. Para estas cosas, hay que nacer. Ni corto ni perezoso (espléndida expresión en la que nadie sabe explicar lo de “corto”) decidió emprender una vida de escritor, para lo cual es eminente comer poco y vestir con indulgencia. Lo principal en la carrera de escritor es no gastar un duro, todo lo demás es accesorio. Así que, tras pagar los derechos reales, se subió a la montaña para ocupar un viejo caserío de la familia, destartalado, pero con presencias faulknerianas. Aunque es todavía joven, ha publicado una docena de novelas, ensayos, cuentos, biografías, con mayor o menor repercusión pública, aunque sigue teniendo que contar las monedas a fin de mes en plan mercader flamenco con balancilla. Su prosa, que ya era muy buena en la juventud, se ha ido fortaleciendo y musculando como los cazadores profesionales que desde muy pequeños andan ojo avizor entre las breñas. Su prosa ha adquirido ese inconfundible aroma de leña quemada y brezo entre nieblas que suele adornar a los perros conejeros. Mientras tanto ha aprendido griego clásico, alemán y un poco de arameo, esta última y utilísima lengua gracias a un cura aficionado a lo veterotestamentario, que también transita por aquellos peñascales y con el que hace intercambio de saberes. Ahora tiene un libro traducido al alemán (pero no publicado en España) y va a editar otro en Portugal (pero no en España), porque éste es un país muy burro. A mi modo de ver, tanto el Hombre del Monte, como aquel Hombre de las Focas y de los Pingüinos de hace un mes, mantienen viva la dignidad de la literatura. Son admirables (sin concepto, como decía Pierce) y permiten conservar la confianza en un arte que últimamente parece haberse originado en Occidente para producir superventas.

[Publicado el 20/1/2006 a las 09:01]

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Comentarios (26)

  • Veníamos hablando por las ilustradas calzadas de Mallona (1745). Abajo se veía la ciudad, tan potente en sus obras de siempre como banal y pancista en su sociología de ahora. Tuve la repentina certeza de que mis días no acabarían allí, que buscaría otro lugar para jubilarme y esperar con confianza la última luz o ninguna.
    –¿Y la nariz en alto? –recuerdo que le pregunté y añadí:– ¿Algún catedrático de universidad, un político o –lo que me resultaba más verosímil– un político nacionalista?
    –En absoluto –sentenció, para sorprendentemente concluir:– un simple castorcillo de villancico nadando quedamente con su cola plana por la calmada superficie de un río invernal.

    Comentado por: Onagro el 19/7/2008 a las 22:33

  • Que sí, que Cormac McCarthy es lo más, o casi, aunque al parecer vienen otros en su estela, como William Gay, al parecer. Desde luego, de esa novela 'viva' aquí nanay.

    Ni de Hombres del Monte, por supuesto.


    Comentado por: Elquesíaunsino el 02/2/2007 a las 12:46

  • Aunque la actual coyuntura política de nuestro país pudiera hacer dudar al respecto, creo a pies juntillas que, por encima incluso de la búsqueda de la felicidad, pertenece a la dignidad de nuestra especie el ir tras la verdad de forma desinteresada. Obsérvese que el propio enunciado que acabo de hacer se asienta sobre la posibilidad de que felicidad y verdad no vayan siempre juntas, sino todo lo contrario. Así resulta a veces, y es justo en tal caso cuando nuestra propia dignidad de especie se muestra más brava y más solvente al tener que aceptar, de buen o mal grado, pero en cualquier caso a aceptar con todas sus consecuencias la verdad que, probablemente, traerá pérdida inmediata de felicidad y muy altas cotas de real sufrimiento, que esa misma dignidad no estará dispuesta a dejarse enmascarar con la mentira. Pues bien, tal verdad, llamémosla, trágica se persigue en, al menos, dos campos bien distintos: el propiamente científico y el moral. Presiento que es en este último ámbito donde la tarea de todos los Hombres del Monte en busca de la verdad común se presenta crucial.

    Comentado por: Onagro el 24/12/2006 a las 18:16

  • ¿Por qué no aparecen los "cinco puntos" de Emprendedor? Esos puntos que quería colgar en este maldito blog
    ¿Qué te han hecho Emprendedor?
    Ya no estáS ENCERRADO, ¿verdad?, no eres animal para vivir en cautiverio, como yo.
    Me encantan los halcones. Y dile a tu mujer, cuando la veas, que fedra se suicidó y renació, como el fenix (en el fondo la aprecio un montón, díselo también).
    Un beso

    Comentado por: fedra en la nave templada el 20/1/2006 a las 18:01

  • Hoy que es San Sebastián, patrono de los corredores de fondo, los parroquianos de este blog acceden en exclusiva a la lectura del artículo póstumo de Joseph Roth “Alba-Alba, el corredor de fondo”, publicado en un suplemento literario del Pariser Tageszeitung el 5 de junio de 1939, domingo siguiente al entierro del autor.

    No es sólo una pieza maestra, una genial estampa cronometrada, también contiene una reconciliación literaria con la condición humana en toda su magnitud. Roth se avergonzaba, ya desde niño, de su cuerpo endeble y, en especial, de sus brazos y piernas entecos. En flaca compensación, satirizó muchas veces a deportistas y, en general, sujetos saludables en sus textos. Hay toda una serie de crónicas donde escarnece a boxeadores, por ejemplo.
    Esta vez, en cambio, memora la hazaña del gran atleta que emprende un galope ascético y vence una maratón auténtica, por lo solitaria. Y le otorga el rango de “una de las tempranas y maravillosas particularidades del otoño” en la pequeña ciudad de Brody, donde nació.
    Así fue un día dorado de su infancia galitziana visto desde la primavera parisina de sus últimos días.

    ?????????????

    Todos los años, en otoño, llegaba a nuestra pequeña ciudad un forastero llamado Alba-Alba. Unos cartelones de color de rosa, escritos con lápiz azul, lo anunciaban a él y a su inusitado propósito. En dos horas de una determinada tarde dominical, se proponía nada menos que correr sin parar dieciséis vueltas a la plaza de nuestra ciudad. En caso de tiempo lluvioso, su carrera tendría lugar uno de los siguientes domingos. Y todo el mundo quedaba invitado a ver a Alba-Alba.
    No recuerdo si se vio obligado a posponer su carrera. Por entonces, el otoño no era veleidoso. Sus días desfilaban como doradas, nostálgicas, siempre florecientes pequeñas perlas. Creo que jamás llovía. Un día, cuando tenía suficiente, el otoño dorado desaparecía, sin más, bajo la blanda plata de la primera nieve. Y el gran corredor Alba-Alba era una de sus tempranas y maravillosas particularidades, como la niebla plateada por la mañana y como las negras bandas de cuervos que, en los primeros días de octubre, se posaban graznando en las copas ya peladas de los árboles.
    Así que nos encaminábamos una tarde de domingo, a eso de las tres, a ver al gran corredor Alba-Alba. Formábamos una orla en torno de nuestra plaza y entonces aparecía el corredor.
    Vestía un traje de baño de felpa, de color rojo sangre, como las sandalias de cuero flexible que llevaba en los pies. Le ceñía el talle un ancho cinturón de color cardenillo y del cinturón colgaban cascabeles dorados. Y, cuando el corredor Alba-Alba comparecía en medio de la plaza, y, aún con los dos pies en el suelo, los estiraba en una suerte de balanceo donde se anda y al tiempo se flota, puesta una sandalia roja ante la otra, como si plantarse en pie ya fuese correr, entonces sonaban quedamente los cascabeles en el cinturón. No se movían, pero sonaban. Como caballos impacientes que notan un látigo, aunque todavía no ha restallado.
    Ya habíamos visto muchas veces al corredor Alba-Alba. Y, con todo, estábamos cautivados y hasta estremecidos. Ese hombre se proponía correr dieciséis vueltas a nuestra plaza, sin parar. Llevaba un traje de baño, uno rojo sangre, y sandalias igual de rojas. En la mano derecha empuñaba un látigo. ¿Para qué semejante cosa? ¿Pensaba azuzarse a sí mismo? ¿Tenía la intención de galoparse a sí mismo, era él su propio caballo?
    Antes que comenzara a correr, tenía asegurada nuestra admiración. Pronunciaba un breve discurso. Correr, decía, no era fácil en absoluto. Y sostenía que él era el único corredor del mundo que había obtenido un premio en la gran exposición de París. Al tiempo, señalaba con el mástil del látigo su pectoral izquierdo donde, en efecto, se veía la distinción: un áureo ducado redondo en un cordón de seda verde sobre el traje rojo sangre.
    Y, sin aguardar nuestro aplauso, y, como para probar que del dicho al hecho no dejaría trecho, de inmediato se ponía al trote, esgrimiendo el látigo en la diestra, como si tuviera que apartar estorbos del camino. A los pocos segundos, alcanzaba la acera. En su cinturón, sonaban los cascabeles lo mismo que si fueran de diez trineos. Entretanto, su látigo restallaba una y otra vez. Daba la impresión de que se fustigaba a sí mismo y corría por delante de su propio cuerpo. De vez en cuando, profería un amplio, ronco y liberador “¡Hah!” Era como el relincho de un hombre que ha hecho un caballo de su persona. También bajaba la cabeza como un caballo embridado y era como si no sólo se condujera, sino también se cabalgara a sí mismo.
    Su trote se convirtió a ojos vista en galope. Su látigo restallaba cada vez más deprisa y más recio. Su carrera se hacía más veloz, y los lapsos de tiempo en que reaparecía eran más breves. Los que estábamos en un punto no acabábamos de sentir en el oído izquierdo el eco del restallar de su látigo y su grito salvaje, cuando ya percibíamos en el derecho el renacer de todos sus sonidos. Parecíamos las cifras fijas de un reloj al que una manilla indómita se le hubiera puesto de súbito en pie y, haciendo burla de la ley de las horas, le diera vueltas.
    Y el incesante sonido de los cascabeles, aún alejado y de nuevo próximo, parecía achicar el perímetro de la plaza que, hasta entonces, teníamos por muy dilatado.
    Y era como si se persiguieran unos a otros los espacios, los tiempos y las estaciones del año. Ya percibíamos en el campanilleo del corredor el de los trineos invernales y, pese a que el sol todavía calentaba de firme, sentíamos el frío cristalino de la nieve.
    Mientras Alba-Alba corría, el rojo de su traje se hacía más intenso aún y se convertía poco menos que en negro ante nuestros ojos, y antes de completar la dieciseisava vuelta, nos parecía que ya había transcurrido la número doscientos. El campanilleo se hacía más y más tupido.
    Finalmente, se podía llegar a creer que llovían cascabeles. Y como el año iba avanzado y el sol se ponía enseguida por el oeste, los espectadores podían ver, pese a la velocidad con que Alba-Alba corría, cómo su sombra crecía y crecía en el lapso de las dos horas; y, al cabo de la vuelta catorceava más o menos, cubría al deslizarse toda la extensión de la plaza, desde la acera hasta el centro, donde empezaban los puestos cubiertos del mercado.
    De modo que sólo en el crecimiento de su sombra ya notábamos cuánto corría Alba-Abla. Porque, pese a que su continuo aparecer no significara cambio alguno, nos parecía como si tuviera que traer finalmente una sorpresa, y la tensión con que lo aguardábamos no hacía olvidar de qué manera tan monótona se empeñaba el tiempo.
    Por fin se detuvo Alba-Alba. Era como si se hubiera dado una sofrenada, una como la de cuando iba empezar a correr. Era como si tuviera que chocar con algo sólido, contra un muro invisible, y reuniera todas sus fuerzas en la espalda para no dar en el suelo lamentablemente. El sudor le corría por la cara como una lluvia. Su ancha nariz temblaba, tenía la boca abierta, se le veía la lengua, los dientes y el paladar. Y la medalla de la cinta verde, la medalla de la exposición universal de París, subía y bajaba en el pecho, veloz y furiosa. Todos contuvieron el aliento, como si esperaran la muerte del corredor. Pero él abrió los brazos de golpe, enderezó la cabeza, se puso de puntillas, y, por un instante, semejó a un crucificado en el aire. Respiró hondo y bajó de nuevo a las suelas, mientras dejaba caer los brazos.
    El sol se ponía ya por el oeste, tras los tejados puntiagudos de los puestos cubiertos del mercado. Pasó sobre todos nosotros el escalofrío de la anochecida. Entonces estiró Alba-Alba su mano derecha, sin decir palabra. Oscurecía. Se encendían algunas farolas. De repente, se oía sonar monedas, por lo demás, había el mismo silencio que en la iglesia. Se hubiera podido esperar el acorde del órgano. El corredor del traje rojo sacó de su cinturón verde un pañuelo de seda rosa, puso en él las monedas reunidas, lo sujetó de dos puntas y siguió recogiendo. Cada uno de los espectadores le daba algo y se marchaba de inmediato.
    Por fin quedó vacío, llegó la noche oscura y Alba-Alba desapareció también. Todas las farolas estaban encendidas. Y la plaza del mercado tenía el mismo aspecto que todas las noches.

    Comentado por: Eduardo Gil Bera el 20/1/2006 a las 18:01

  • Dejaremos los "puntos" ( es que se habían dejado caer muchas flojeces hoy aquí)
    ¡Que vuelva echando leches la Fedraza de siempre... aun la insultona! Lujo de niña! Venga! cagüen ya el cilicio de Pascal!

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 20/1/2006 a las 18:01

  • Este poema, que es de Jaime Gil de Biedma, desplazo una lágrima de recuerdo de mi ojo izquierdo hasta el suelo.

    No volveré a ser joven

    Comentado por: Tipo de incognito el 20/1/2006 a las 18:01

  • A (10): Tengo entendido que Corto se refiere al entendimiento de la persona, la frase completa sería algo así: "Ni corto de entendimiento ni perezoso de voluntad". ¿Qué opinan ustedes?

    Comentado por: sperman el 20/1/2006 a las 17:01

  • Para Vizcondesa de (em)prendedor

    [Mi (em)prendedor pasa las noches entre sueños inquietos. Quiso también (em)prender una vida de escritor, retirado en el páramo, pero me temo que lo único que hice fue encerrarlo.]

    La lengua la traiciona, mi señora,
    o deja ver sus cuitas, o deseos...
    Confuso me tenéis en esta hora,
    en que el estómago me seca el seso.

    Decid, mujer del castellano yermo,
    la duda me corroe cual pecadora:
    ¿sois vos en verdad mujer de (em)prendedor
    o no sois (em)prendedora?

    Comentado por: Ni corto ni perezoso el 20/1/2006 a las 15:01

  • Apreciada amiga Fedra.

    Ando preoucupada por usted. Me pareció que abandonaba la nave de don Félix con cajas destempladas. ¿Habré tenido la culpa? Piense que en el páramo sólo se pueden descorrer los visillos, nada puede frenarse, nada impedirse.

    Mi (em)prendedor pasa las noches entre sueños inquietos. Quiso también (em)prender una vida de escritor, retirado en el páramo, pero me temo que lo único que hice fue encerrarlo..

    Comentado por: (viz)condesa de (em)prendedor el 20/1/2006 a las 14:01

  • A Gertudris (XIV): "Ni corto Ni perezoso": Alguien que no se queda corto a la hora de actuar ni se deja vencer por el aburrimiento o pereza a la hora de "anar per feina" (expresión catalana). O sea, aplicado a un escritor, un tipo "decidido".
    No quedarse corto: disponer de los recursos necesarios, de TODOS los recursos necesarios.

    Comentado por: Scaramouche el 20/1/2006 a las 14:01

  • Corto: Que no alcanza el punto de su destino.
    Tímido, pusilámine, encogido.
    De poco talento o instrucción.
    Que no tiene facilidad de palbra.
    ===================================

    Si se aplica alguien que ha decidido se escritor, aplíquese el concepto más adecuado que se desee dar.
    Creo que sería viniendo de otro escritor el de que SÍ alcanzará su destino.

    Comentado por: Getrudis Stein el 20/1/2006 a las 13:01

  • [12] Pues va a ser que sí.
    ¡Ay! literatura que tienes nombre de mujer. Un beso más fuerte para Ud.

    Comentado por: Tipo material el 20/1/2006 a las 12:01

  • Probando, probando...
    he colgado cinco puntos, ¿aparecerán?...

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 20/1/2006 a las 12:01

  • "NI CORTO NI PEREZOSO"

    ¿Todavía nadie puede aclarar lo de "CORTO"?

    Yo he preguntado a tres conocidos mios dedicados a la enseñanza de la Literatura y ninguno de ellos me lo ha aclarado.

    Comentado por: jokin el 20/1/2006 a las 12:01

  • [4] rañas de adobe y cuarzo: imposible metafísico, querida. No puede existir un elemento natural constituido por un producto artificial (y manufacturado).
    Un beso.

    Comentado por: Tipo material el 20/1/2006 a las 12:01

  • 1º Nadie ha acabado con la novela (qué más quisieran algunos: "voy a escribir una obra definitiva para cerrar el género"; no, no, y menos con un género que nadie puede acotar ni definir; si así fuera, la novela habría empezado y acabado al momento: ¡El Quijote!.
    2º Nadie menciona a Vila-Matas porque todos queremos que sea feliz (cumplimentar, por fin, sus fantasías de anonimato y silencio... hala! )
    3º Con todo el respeto, meter a Gil Albert junto a Bellow me parece demasiado vicio (simplemente, meter a Gil Albert... con todo respeto).
    4º Lo siento, pero voy a tener que repetirlo una vez más: si se habla de novela "hoy" (de vivos) ¡hay que poner en lo más alto la obra de Cormac Maccarthy, cagüen San Blas!! Y hay que leer, por lo menos, "Meridiano de sangre"!!!(por lo menos)...Bueno, y como están repartiendo cromos daré otro nombre que ya ha dejado en bragas a los actuales Márquez o Llosa (digo a los actuales, a los viejos) y que no es César Aira..., se trata de Fernando Vallejo. Lean, lean su saga "El río del tiempo", o "El desbarrancadero" o "La virgen de los sicarios"... ( Y Bolaño, que se nos fue demasiado joven.) Hay muchos, claro,...¡la novela no está muerta!
    5º Las chicas son guerreras, pero están un poco decaídas. ¿Qué tendrán...?

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 20/1/2006 a las 12:01

  • Sr. Azúa: Sobre tipos de escritores sigo a Jean Paulhan (Les fleurs de Tarbes).
    Dos categorias, a saber, los Retóricos y los Terroristas.
    Otro día le puedo ampliar la cuestión. Ahora parto de viaje. Buenas tardes.

    Comentado por: Mr. Beecher el 20/1/2006 a las 12:01

  • Soñé que este blog aparecía publicado como libro con todos sus comentarios. ¡Y que los comentarios venían puntuados con estrellas!:
    Por ejemplo:
    comentario por donosti*
    comentario por Tipo de incognito****
    comentario por Liber***
    comentario por lou reed**
    comentario por (viz)condesa de (em)prendedor*****
    ¡¡¡A título de ejemplo!!!

    Comentado por: Eva el 20/1/2006 a las 12:01

  • A [4]
    Muy "precioso" todo pero no sé qué decir; quizás Tipo de incógnito... o ¿Nicolás? (NiKo, ya sabe)

    Comentado por: Scaramouche el 20/1/2006 a las 11:01

  • 1º Nadie ha acabado con la novela (qué más quisieran algunos: "voy a escribir una obra definitiva para cerrar el género", no, y menos con un género que nadie puede acotar; si así fuera, la novela habría empezado y acabado al momento: ¡El Quijote!.

    2º Nadie menciona a Vila-Matas porque todos queremos que sea feliz (cumplimentar, por fin, sus fantasías de anonimato y silencio... hala! )

    3º Con todo respeto, meter a Gil Albert junto a Bellow me parece demasiado vicio (simplemente, meter a Gil Albert)

    4º Lo siento, pero voy a tener que repetirlo una vez más: si se habla de novela "hoy" (de vivos) ¡hay que poner en lo más alto la obra de Cormac Maccarthy, cagüen San Blas!! Y hay que leer, por lo menos, "Meridiano de sangre"!!!(por lo menos)...Bueno, y como están repartiendo cromos daré otro nombre que ya ha dejado en bragas a los actuales Márquez o Llosa (digo a los actuales, a los viejos)y que no es César Aira..., se trata de Fernando Vallejo. Lean, lean su saga "El río del tiempo", o "El desbarrancadero" o "La virgen de los sicarios"... (Ah, y Bolaño, que se nos fue demasiado joven.)Hay muchos, claro,...¡la novela no está muerta!

    5º Las chicas son guerreras, pero están un poco decaídas.¿Qué tendrán...?

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 20/1/2006 a las 11:01

  • Perdón, ¿me podría aclarar alguno de los comentaristas qué quiere decir don Félix cuando, refiriéndose al hombre de la Montaña y al hombre de las Focas y de los Pingüinos, señala que "son admirables (sin concepto, como decía Pierce)". Muchas gracias.

    P.D. (a [3], yo también encuentro este blog "divertidísimo")

    Comentado por: donosti el 20/1/2006 a las 11:01

  • “Había días en que no le veías. Te cruzabas con él por la calle y no le habías visto. Entonces alguien te señalaba hacia atrás y decía, ¿pero no es Diego aquel de allí?, y era él y no lo habías visto. El era incapaz de pararte. “Me pareció que estabas ocupado”, decía, y lo decía de verdad.”

    Este párrafo de ayer me hizo recordar una lectura de mi infancia, en aquellas desvaídas aulas del colegio de monjas carmelitas de la capital del páramo, adonde mi familia me llevó interna al cumplir ocho años. Un señor muy humilde, que vivía sin apenas salir de casa en una seca pero afectada ciudad de provincias, y de una ocasión en que un matrimonio amigo lo convenció para que los acompañara al cinematógrafo, aunque una vez allí su humildad rayana en el martirio hizo que, ni corto ni perezoso, permaneciera de pie, al fondo de la sala desierta. “Por si viene alguien más, no vaya a quitarle su asiento”.

    En los días ventosos y resecos de otoño, en las brumas altas y pardas de enero, entre las mañanas de nieve reseca y de un gris metálico de marzo, se me ha ido colando todos estos años el recuerdo de aquellas líneas, y el lamento por no haber recordado el autor en aquella infancia ocupada. ¿Alguna alma caritativa podrá mitigar esta espera de lustros, recordará haber leído también estas líneas, me hará saber quien fue su autor, este Hombre del Páramo?

    Gracias por anticipado.

    Conocí hace un par de meses al atribulado señor Bellow. Nada que pueda sacudir el atávico aburrimiento de estas rañas de adobe y cuarzo.

    Comentado por: (viz)condesa de (em)prendedor el 20/1/2006 a las 11:01

  • ¡Ay, (1) (2) chicos! No sé qué decir... A mí también me preocupa mucho el peso, por supuesto.
    Chère Caroline, pásate por la sábana anterior, que hay un mensajito para ti. Te decía allí -entre otras cosas- que "avaro" no es un tipo para ti. En serio. Dedícate a los que tú ya sabes.
    Tengo muchas ganas de volverte a ver para volver a hacer de las nuestras.
    P.S. Este blog es muy, muy divertido. Yo lo estoy recomendando a todas mis amigas.
    ¿Por qué nadie menciona -como alguien apuntaba ayer- al escritor Vila Matas?

    Comentado por: Lady Di el 20/1/2006 a las 10:01

  • Unos se van otros vienen , todos son muy autenticos. Todos ? menos el trasmisor que tiene conciencia de no ser un esritor verdadero y cada mañana se pesa en la balanza del baño , desesperado si gana unos kilos .
    Rodeado de verdad ,se sabe una mentira , dogmatica pero mentira

    Comentado por: lou reed el 20/1/2006 a las 10:01

  • "Flaubert, Henry James, Proust, Virginia Woolf han acabado con la novela. Ahora será menester reinventarlo todo desde el principio.

    Reflexionemos acerca de si existe algún escritor vivo cuyo silencio pudiera considerarse una catástrofe literaria: un escritor que, con otros tres siglos de arte e historia, pueda ponerse a la altura, por ejemplo de Pascal"

    ¿El HOMBRE DE LA MONTAÑA?

    No sé, no lo conozco...

    Para mi, de momento, dos. No están vivos pero estan recien muertos: Saul Bellow y Juan Gil Albert...

    Comentado por: jokin el 20/1/2006 a las 09:01

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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