La letra ya no entra ni con sangre
Muy contrariado me dice que los libros le están costando mucho más caros que la familia que nunca tuvo. Una parte la guarda en el piso de su propiedad, pero ha tenido que alquilar otros dos para disponer el resto. Gasta todo lo que gana en su biblioteca. Otro amigo mío se vio obligado a alquilar su piso lleno de libros para poder seguir pagándolo. El inquilino convive con ellos, por cierto, muy a gusto. Otros amigos se han ido a vivir a lugares casi salvajes para poder disponer de espacio libresco.
Quienes padezcan esta pasión carísima y postrera se divertirán leyendo "Bibliotecas llenas de fantasmas" que ha editado Anagrama. Su autor, Jacques Bonnet, sufre la misma enfermedad y los mismos temibles conflictos. ¿Y por qué razón soportamos tan terrible losa? ¡Qué pregunta más ociosa! Cuenta Bonnet que en las carretas que llevaban a los nobles franceses a la guillotina, cierto testigo pudo observar a uno de ellos perfectamente ajeno a su muerte inmediata, apenas apoyado en las tablas laterales y leyendo absorto un libro en octavo. Y así subió al cadalso, sin dejar de leer y pasando página.
¡Lo que daríamos cualquiera de nosotros por tener ese libro en nuestra biblioteca!
Artículo publicado el domingo 18 de abril de 2010.
[Publicado el 19/4/2010 a las 10:39]
Créanme, los libros no sirven para nada. Absolutamente nada de lo que uno lee sirve para nada. La lectura, la escritura.. la cultura en general está sobrevalorada. La gente que lee puede ser peligrosísima. Mucho más que la gente que no lee. ¡Si hasta Hitler tenía una biblioteca!
La cultura es un barniz. Detrás, debajo del barniz puede haber perfectamente un energúmeno. El energúmeno ilustrado: he aquí la especie más temible e implacable. Mi padre, por ejemplo, para aleccionarme recurría a Montaigne. De cuando, valiéndose de un enorme tomo de los Ensayos, gustaba de propinarme unos golpes inolvidables en el occipucio. Esto, sobra decirlo, no me hizo mejor persona. Los libros, muy al contrario de lo que se cree, no educan ni mejoran a nadie. Es verdad, uno puede, gracias a los libros, sostener grandes y elevadísimas ideas. Puede ir por ahí con ese "bagaje" y tal. Pero a la hora de la verdad, y siempre hay una hora de la verdad, está por ver que ese "bagaje" sirva de algo. Más bien uno tiende a soltar lastre, a desprenderse de esas grandes y, ahora, pesadísimas ideas. Lo hemos visto tantas veces.. Esa es, en fin, la enorme ventaja de las ideas. Un individuo normal, en determinadas circunstancias, puede desprenderse de ellas sin tener que pasar por el quirófano.
Comentado por: lostrego el 06/5/2010 a las 14:46
cp, el mencken ese se equivocaba: el problema con los libros es que pese a todo lo que contienen los libros, apenas se es capaz de aprender casi nada de ellos.
Comentado por: artist obulo el 26/4/2010 a las 09:46
Estoy de acuerdo con Chesterton, Dikens era tan popular en su tiempo cómo lo es ahora J.J. Benítez. Dicho esto, el citador de abajo es un gran comemierda.
Comentado por: Felipe el 26/4/2010 a las 09:41
Eh, anónimo, ¿en qué país vives? "....hay 4 millones de parados, y media España (de izquierdas y de derechas) tiene la sensación de que la otra media se la ha jugado (la casta político-empresarial también tanto de izquierdas como de derechas)..." Oséase que los hay político empresarios de derechas y de izquierdas: está bien que se sepa, que hay mucho inorante que piensa que todos los afiliados a la CEOE son unos fascistas y unos facinerosos de los cojones. Pues no, no juzgueis por los hechos, sino por el periódico, el club de fúrgol, el carnet del partido, etc. 2ª sorpresa: no sólo hay político-empresarios de izquierdas, sino son tantos que si se los suma a los político-empresarios declaradamente de derechas suman la mitad de la población Española. Espero que este porcentaje se repita en las listas del paro y que de los 4 millones de desempleados, 1 sea de curritos rojos, otro de curritos fachas, otros de millonarios fachas y otro de millonarios rojos.
Cómo no va a desgarrarse ante estas temerarias aventuras radicales del ZP un país con tan alto porcentaje de millonarios de izquierdas.¡Déjennos en paz con sus 2 Españas, que con 4 se vive de puta madre!
Comentado por: Run Run Run el 26/4/2010 a las 00:20
Mensaje Nº5: ¿Acaso la derecha española ha repudiado públicamente el franquismo alguna vez en 32 años? El PP no sólo se niega a reconocer las fosas(¿será porque no esperan encontrar a uno de los suyos?), a la vista está con el caso Garzón,tampoco otras cosas son reconocidas, como echar de su seno la corrupción en tiempos actuales y democráticos es su mayor preocupación.
"¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez?" "[...] la derecha española renegó de la democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra...Pero es que la izquierda, en gran parte, hizo lo mismo, tomando la deriva "revolucionaria". ¿Pues qué iba hacer uno en guerra, alma bendita, estarse de manos cruzadas para que le rebanaran el pescuezo? ¿Estaba en mano de alguien parar la guerra o dialogar con los verdugos y decirle, no, mire usted, es que yo soy rojo,¡qué guay!?¿Cómo se iba a tirar por lo sano y ser democrático si es que eso estaba prohibido y no existía? Ah,claro, pillín, ahora te entiendo, es que si no se tiraba por la "deriva revolucionaria" era porque se aceptaba el régimen.¡Cachis!, hombre, lo que no se puede aceptar es que la verdad se diga a medias.
"Mensaje nº 3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la democracia y de la libertad."Hombre, no creo yo tampoco que quien haya estado encerrado injustamente y represaliado y linchado,¡por su idiología!, vaya tener la misma cobertura u honor que su verdugo .¿Dónde se ha visto que sea al revés? Ah,ya me acuerdo,claro, la respuesta la tenemos en el franquismo.Allí se hizo eso, de lo anormal, norma.Y para eso se estableció un régimen.Ay, si es que no nos enteramos.
"En cualquier caso, ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida "limpieza étnica".Yo no lo tengo tan claro, pero bueno. ¿Se hizo acaso o se prestaron oídos a los que denunciaban la barbarie fueran éstos de Izquierda o de Derecha? Hoy esto resulta más vistoso y más a la par,ser de unos o de otros, pero antes,en gentes que apenas sabían leer,analfabeta, y que ni siquiera tenían qué llevarse a la boca,no creo que tuvieran muy claro la perniciosidad de su bando; ¿qué se podía esperar de eso? Aquí hablamos del franquismo, ¿no?, no de derecha o de izquierda ¿O es que derecha es sinónimo de franquismo? ¿No es lo contrario de lo que se empeña en aclarar este el artículo al que se le ve el plumero por los cuatro costado por muy justo que quiera parecer? ¿Se olvida Leguinas para qué escribe su artículo? Pues ya lo digo yo, sí.
De todas maneras, después de la Guerra y cuando "la deriva revolucionaria" fue aplacada y controlada,y la ignominia, el silencio y el fuera de la ley siguió su inercia ,impuesto e implantado como norma sin posibilidad alguna de ser otra cosa que eso: "cura, ser militar[militares de idiologías distinta había en el ejército antes de la rebelión], ser noble[¡hombre, no ensucie usted el diccionario ni las palabras!!!], ser rico[¡cómo se le ve el plumero!!!], ser de derechas...[¡cómo se le sigue viendo!...]" ,que fue lo que estaba permitido Oficialmente. No se trata, a ver si nos enteramos, "de maniqueo sin ningún rigor intelectual"(no habla un cojo que no lleve la pata arrastra), se trata precisamente de no igualar la injusticia, el olvido y la barbarie que hubo, fuera en el bando que fuera.Lo que en el artículo es palpaple y sonoro,es que la derecha no quiere denunciar el franquismo.Por lo menos por boca del Sr.Leguinas.
Comentado por: Delfín el 25/4/2010 a las 14:14
¡Pobre Leguina! Ese señor (de la cabeza a los pies) olvida o no quiere decirlo que, en la antigua república y en la próxima, a los hombres de bien como él es a los primeros a los que los chekistas les darán el paseo.
Y ¿qué hará Almodóvar cuando le digan que un maricón no puede ser comunista?
Comentado por: gómez de lianho el 25/4/2010 a las 11:47
Todo ser humano -héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo exige la presencia del cadáver con el fin de poder enterrar dignamente los restos del difunto.
Esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos. Así se constata en el caso de las fosas dejadas en campos y cunetas por la represión franquista. Han sido los nietos de los muertos quienes han reclamado -y reclaman- un entierro decente para sus abuelos. Este era -a mi juicio- el principal objetivo de la Ley de Memoria Histórica. Pero ¿qué ha hecho el Gobierno para cumplir esta ley desde que se aprobó? Si hemos de atender a lo que dicen los parientes de los muertos, el Gobierno ha hecho muy poco. Quizá por eso algunos deudos fueron a llamar a la puerta de Baltasar Garzón, quien, creyéndose competente para el caso, acabó por meterse en un lío de incierto destino.
Mas, sea como sea, este barullo judicial ha servido para colar algunos mensajes de muy dudosa calidad.
Mensaje nº 1: La Ley de Amnistía -como toda la Transición- fue hecha bajo presión, debido al miedo que producía el ruido de sables. Más que amnistía fue amnesia lo que se impuso.
Esto es falso y además encierra una calumnia contra quienes se pusieron de acuerdo en traer la democracia a España y para ello prepararon una Constitución consensuada. No fueron cobardes, sino generosos.
El proceso necesitaba de la previa reconciliación, por eso -y sólo para eso- se votó la Ley de Amnistía, cuya vigencia se pretende ahora negar echando mano de las normas del Derecho Penal internacional que declaran imprescriptibles los crímenes contra la Humanidad. Normas éstas que, según los especialistas consultados, no invalidan en nada la Ley de Amnistía de 1977.
En efecto, el único texto vinculante en materia de crímenes contra la Humanidad está en el convenio que se elaboró y aprobó en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 2391 -XXIII- de 26 de noviembre de 1968), que no contiene codificación alguna de normas de Derecho Internacional. Es un tratado-ley que sólo obliga a los Estados ratificantes, que han sido apenas una cincuentena, entre los que no está España ni Estados Unidos ni países importantes de la Unión Europea. Por lo tanto, la ley española de amnistía no se opuso a ninguna otra norma de origen internacional que la contradijese.
Por otro lado, el tratado por el que se instituyó el Estatuto de la Corte Penal Internacional establece en su artículo 11 que esa Corte sólo tendrá competencia respecto de crímenes cometidos después de su entrada en vigor, lo cual deja fuera los crímenes del franquismo y también, por cierto, aquellos que pudieran haber cometido -permitido- las autoridades republicanas.
En cualquier caso, ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida "limpieza étnica".
Y aquí llega el segundo mensaje perverso:
Mensaje nº 2: Los asesinados en la retaguardia republicana ya fueron "honrados" y sus victimarios perseguidos por el franquismo. Los únicos que ahora deben ser "honrados" -y sus asesinos juzgados- son los represaliados por el franquismo.
Lo que se consigue con un mensaje tan sectario es perpetuar la división. Precisamente todo lo contrario de lo que una persona bien nacida debiera desear. En efecto, lo que se debiera hacer es precisamente lo contrario, es decir, ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos -todos- sean también de todos. Que quienes cayeron bajo la represión en la retaguardia republicana no por cometer algún delito sino por ser (ser cura, ser militar, ser noble, ser rico, ser de derechas...) sean reivindicados por las gentes de la izquierda, y los asesinados por los franquistas sin haber cometido delito alguno, simplemente, ellos también, por ser (ser sindicalista, ser republicano, ser socialista, ser comunista...) deben ser reivindicados por las gentes de la derecha. ¿Con qué fin? Simplemente, para poder decir todos juntos: ¡Nunca más!
Mensaje nº 3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la democracia y de la libertad.
Los ganadores de la guerra civil sostuvieron durante los años de la dictadura que "sus" muertos (1936-1939) en el frente o bajo la represión en los territorios fieles al Gobierno republicano eran "mártires de la Cruzada", afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda.
Ahora, con parecido entusiasmo, se pretende que todos los enemigos del franquismo que fueron represaliados durante aquella interminable dictadura fueron "héroes de la Democracia".
Esta es, también, una afirmación sectaria, y por eso debe ser negada. Lo haré a continuación, a sabiendas del riesgo que corro con ello.
Vivir durante la guerra en la retaguardia republicana -nadie que se haya ocupado de ese asunto lo negará- representó para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte. Bastaría la lectura de la gran novela de Juan Iturralde, Días de llamas, para ilustrarlo. Y esa novela me lleva a un personaje -ligado a la UGT y al PSOE- que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, quien se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de una de las Brigadas del Amanecer que operaban en la capital (también los de la FAI fueron maestros en "represión revolucionaria" y montaron, por ejemplo, una checa en el Cine Europa de la calle Bravo Murillo desde donde salían a dar paseos nocturnos y a llenar de cadáveres la Dehesa de la Villa). Estas pandillas -muy contentas de exhibirse armadas por la retaguardia y de no pisar el frente- aparecían de madrugada en los domicilios de la gente "de derechas" para dar el paseo a sus moradores y, de paso, "requisar" en su propio beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.
Según se cuenta, Indalecio Prieto -que era ministro de la Guerra- dio la orden de detener al "compañero" García Atadell y a su cuadrilla, pero, quizá alertado, Atadell arrambló con todo lo que pudo y se fue a Marsella, desde donde tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en Canarias y los franquistas (quizá avisados desde la zona republicana) lo sacaron del navío y lo tomaron preso.
Sabemos a través de Koestler (autor de El cero y el infinito), entonces encarcelado por los franquistas en Sevilla, que García Atadell estuvo en aquella cárcel y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano y ahora podrían ser exhumados... ¿Con honores?
¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez? La inmensa mayoría de la derecha española renegó de la democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra... Pero es que la izquierda, en gran parte, hizo lo mismo, tomando la deriva "revolucionaria". En cualquier caso, una guerra civil no es el mejor momento para la defensa de los derechos civiles ni para la discusión civilizada... "Es la hora de los hornos y no se ha de ver sino su luz", ¿recuerdan?
En fin, que entre tanto ruido se ha impuesto, al fin, una consigna según la cual "el PP se niega a reconocer la sangrante realidad de las fosas" (sic). Se llega así al último mensaje. Éste ya en clave electoral.
Mensaje nº 4: La derecha española es heredera y añorante del franquismo.
¿O sea, que casi la mitad de los votantes españoles prefieren el franquismo? No sé si los ideólogos que sostienen tal mensaje y tal barbaridad, son conscientes del disparate que perpetran con este tipo de propaganda sectaria.
Mas debo decir, para concluir, que somos muchos los que -hartos de simplificaciones- nos negamos a que la izquierda se reduzca a ser la mera expresión de una aversión, la aversión a una derecha a la que visten de maniqueo sin ningún rigor intelectual.
Joaquín Leguina.
Comentado por: Incitatus el 25/4/2010 a las 06:31
El último bibliófilo
césar antonio molina
La casa de José Mindlin está en una zona residencial de São Paulo (Brasil). No es ni un famoso escritor, ni artista, ni profesor universitario, ni político. Simplemente es uno de los más grandes coleccionistas de libros o, como a él le gusta definirse: un buen lector. Sin embargo, casi todos nuestros contemporáneos que han escrito sobre libros y bibliotecas, como, por ejemplo, Jacques Bonnet, Umberto Eco o Jean-Claude Carrière, lo citan con admiración porque posee libros únicos. La puerta principal que da a la calle se abre automáticamente y da paso a un jardín en medio del cual se levanta una casa. Una sirvienta me abre otra puerta que da a un gran salón repleto de estanterías y libros. Poco después aparece el dueño.
Es una persona de mediana estatura, bastante mayor, muy amable, sonriente y de una gran agilidad para ir recogiendo de aquí y de allí volúmenes. Mindlin pertenece a una familia rusa que se estableció en Brasil a comienzos del siglo XX. Sus padres nacieron y se conocieron en Rusia. En 1905 emigraron cada uno por su lado y se encontraron casualmente cinco años después en Nueva York, donde contrajeron matrimonio y decidieron trasladarse a Brasil. Mindlin me comenta que en su familia siempre hubo interés por la pintura y tenían una razonable biblioteca. Ese discreto ambiente intelectual ayudó a su formación y a la de sus hermanos: Henrique, el mayor, un importante arquitecto amigo de Calder; Esther, una actriz que se agostó debido a la dedicación familiar; y Arnaldo, abogado como él mismo que, al final de su vida, lo dejó todo para dedicarse a la Fundación del Libro para Ciegos.
José estudió Derecho y trabajó como periodista antes de dedicarse al bufete. En la Universidad conoció a su mujer, Guita Kauffmann, la cual también es culpable, y mucho, de haber alentado esta afición a la bibliofilia. Durante casi quince años, José trabajó de abogado, sorteando los momentos más complicados de la política nacional e internacional. En octubre de 1950 fue nombrado director de la fábrica Metal Leve. Este cargo le proporcionó grandes ingresos que él destinó a su gran pasión. Años después, a mediados de los setenta, Mindlin sucumbió a la llamada de la política. El gobernador del Estado de São Paulo le ofreció la Secretaría de Cultura, Ciencia y Tecnología. A pesar del aperturismo existente en aquellos años, José se encontró con muchas dificultades y censuras. Entre otras grandes ideas, quiso llevar a cabo la formación de un Consejo de Cultura compuesto por relevantes artistas e intelectuales, pero la mayor parte de los propuestos fueron vetados. A pesar de todo, logró la rehabilitación de muchos edificios históricos en peligro y dinamizó la actividad cultural en todos los sentidos. No recuerda aquella etapa con tristeza, sino como un tiempo de utopías que, una vez más, no pudieron cumplirse. Desde entonces se dedicó más a su extraordinaria biblioteca.
El primer libro en mostrarme es la primera edición completa de los Ensayos de Montaigne, publicada en París en 1588. Para Mindlin, el escritor francés es uno de sus maestros y una lectura permanente. Abre el volumen, busca el capítulo décimo del segundo libro de los Ensayos y lee: «Cuando encuentro dificultades en la lectura, no me preocupo demasiado, pues si insistiese perdería mi tiempo; mi espíritu es de comprensión inmediata. Lo que no entiendo a primera vista, lo entiendo menos si me empeño en hacerlo. No hago nada sin alegría». Este es el lema de su ex libris.
A Mindlin le preocupa no haber podido leer todos los libros que él quisiera. Calcula que a lo largo de su vida ha leído una media de dos libros por semana; es decir, ocho libros al mes. Para él, el coleccionismo proviene de la lectura, luego a ésta se le añade el amor no sólo intelectual sino también físico por los libros, y así, poco a poco, va surgiendo esta dedicación. «El libro ejerce una atracción multiforme, que va mucho más allá de la lectura; sin embargo, es ésta un punto de partida fundamental. En primer lugar, existe siempre la ilusión de que se va a lograr leer más de lo que en realidad se consigue. Después viene el deseo de tener en la mano el mayor número posible de obras de un autor preferido.»
Mindlin cree que, después de más de setenta años leyendo, debe de haber llegado a la cifra de más de diez mil. Su biblioteca la calcula en unos treinta mil volúmenes. Una vez, visitando la Biblioteca del Vaticano, le preguntó al bibliotecario que le servía de guía cuántos volúmenes había allí. Respondió que allí los libros se medían por kilómetros de estanterías. Cuatrocientos kilómetros de estanterías hay en la nueva Biblioteca Nacional de París. Sonriéndome, José Mindlin me confiesa que la suya debe de tener alrededor de un kilómetro. Pero el propietario de esta ingente biblioteca antepone siempre la lectura al coleccionismo. Fue un lector disperso pero metódico y confiesa que nunca leyó por obligación, sino por placer. Está convencido de que los lectores no sólo son más sabios que quienes no leen, sino también más felices. Insiste en que la lectura debe iniciarse en la niñez, pero no de manera obligada. Y para ello es importante el ejemplo de los padres y el ambiente familiar. «No importa lo que se lea en los inicios, porque, una vez formado el gusto, éste se refina.»
No es muy crítico con la televisión, aunque ve en ella a un enemigo profundo de la lectura si no se la utiliza para su promoción. «La televisión ocupa un tiempo valiosísimo y ese tiempo se le roba a la lectura. No creo que pueda sustituirla nunca, pues estoy convencido de que la concentración en el libro despierta un tipo de imaginación y creatividad más complejo y duradero que el de la imagen fugaz de la televisión.» Por otra parte, Mindlin ve con gran optimismo el futuro que se abre para los libros con los nuevos sistemas informáticos y tecnológicos. Se archivarán mejor, serán más fáciles de consultar, pero «el libro jamás dejará de ser libro». Y dice estas palabras con un convencimiento total. Afirma que el placer que produce el contacto físico con ellos es insustituible.
Mientras desarrolla estas reflexiones y yo sigo teniendo en mis manos la primera edición completa de los Ensayos de Montaigne, de otra estantería saca un nuevo volumen. Es Os Lusíadas, de Luis de Camões. La primera edición, de 1572. Inmediatamente después, me ofrece otra, ¿igual? Mindlin me dice que adivine en qué se diferencian. Miro una y otra vez y no percibo nada distinto en estos dos ejemplares de la edición príncipe. Su propietario me los retira de la mano, los pone sobre una mesa y me señala el pequeño pero fundamental detalle que los diferencia y los hace, si cabe, todavía de mayor valor. En lo alto de la portada, en el frontispicio sostenido por las dos columnas que acogen el título, autor y demás datos, hay dibujada la figura de un pelícano. En uno de los libros el ave mira hacia la izquierda, mientras que en el otro lo hace hacia la derecha. Esta rareza incrementa su valor. De Camões y Os Lusíadas hay otros muchos volúmenes y ediciones.
Este tipo de rarezas son muy queridas por los coleccionistas y Mindlin tiene un montón de muestras. Otro de sus autores favoritos y del que tiene manuscritos y primeras ediciones dedicadas es Machado de Assis. En las Poesías Completas publicadas por Garnier en 1907, en los primeros libros salidos de la imprenta se deslizó una errata en una palabra de la «Advertência» prologal que él mismo corrigió a mano y se rectificó inmediatamente para el resto de la edición. Mindlin tiene ejemplares de esas «versiones» y me las muestra, señalándomelas. Allí están, delante de mí, los tres ejemplares con el error, el corregido de puño y letra por el propio Machado de Assis y el ya arreglado tipográficamente.
A José Mindlin le gustan sobre todo los autores clásicos: Machado, Proust, Guimarães Rosa, Balzac, Tolstói, Cervantes, Dostoievski, Stendhal, Queiroz, etc... El Ulises de Joyce no ha logrado saborearlo nunca a pesar de que lo leyó en la versión francesa de Valéry Larbaud, en el original inglés y en la traducción brasileira -por supuesto en portugués- de Antônio Houaiss. De todos ellos posee la primera edición. No tiene nada contra el narrador irlandés, pues de la misma manera que afirma eso sobre el Ulises, dice todo lo contrario sobre Dublineses o sobre Retrato del artista adolescente. Otras de sus piezas favoritas contemporáneas son los libros de Victor Hugo Los trabajadores del mar y Los miserables. El primero fue traducido por Machado de Assis en el año 1866 y se convirtió en una rareza bibliográfica. La versión portuguesa de la otra novela de Hugo, hecha por el brasileño José da Rocha, fue publicada en el Maranhão en 1862, el mismo año de la primera edición francesa, y también existen pocos ejemplares de la misma.
Mindlin recuerda la historia de cada uno de sus libros. Dónde los encontró y cuál fue el proceso de adquisición de los mismos. Rechaza la compra a través de catálogos en internet o por correo. Él siempre ha sido un cazador que ha mirado a la presa de frente y a media distancia, nunca a través del catalejo o de la mira telescópica. Necesita verlos, tocarlos, abrirlos y olerlos. Por otra parte, nunca ha comprado un libro, por importante que fuera, que no estuviera en perfecto estado. Como lector, le gusta la ficción, la biografía, los ensayos, la Historia, los libros de viajes -especialmente los relacionados con Brasil-, los diarios y la poesía. Pero como coleccionista sus miras se amplían todavía más. Entre sus incunables destacan tres: el Triumphi del Petrarcha, el Hypnerotomachia Poliphili y el Liber Chronicarum.
El Triumphi del Petrarcha está impreso en Venecia, en el año 1488, por Bernardinus de Novara. Me lo muestra y es de una belleza gráfica extraordinaria. Encuadernada en este mismo volumen está una edición de los Sonetti e Canzoni, impresos en el mismo año, sin ilustraciones. Esta obra le produjo a su propietario tal admiración creativa que acabó con más de diez ediciones del poeta italiano -de los siglos XVI al XIX- en su poder. Diferentes las unas de las otras por variantes textuales o por contener diversas ilustraciones. Dos de las ediciones de Aldo Manucio impresas en los años 1514 y 1533 poseen una particularidad muy interesante. Reproducen dos sonetos contra la Corte de Roma que fueron censurados, siendo las respectivas páginas arrancadas o el texto manchado con tinta para ser borrado. El ejemplar que me muestra, del año 1514, está intacto, mientras que el de 1533 tuvo el texto enteramente cubierto de tinta, pero el tiempo fue desprendiéndose de esta censura y ahora milagrosamente los sonetos son perfectamente legibles.
El Hypnerotomachia Poliphili apareció once años después de esta edición de Petrarca. Escrito por el monje dominico Francesco Colonna y publicado por Aldo Manucio en Venecia el año 1499. Las ilustraciones y la composición tipográfica están muy por encima del texto literario. Es considerado uno de los grandes libros de todas las épocas. El sueño de Poliphilo es una obra en romance de contenido alegórico. Revolucionó la imprenta de la época por su diseño, tipografía e ilustraciones, todo de una sorprendente modernidad.
El Liber Chronicarum de Hart Schedel me lo muestra su propietario en otro edificio. Cuando la casa familiar fue tomada por los libros, en el jardín interior, más amplio que el de la entrada a la casa, construyó un pabellón que, poco después, también fue inundado de volúmenes, lo que llevó a Mindlin a construir otro inmueble anexo. Está medio enterrado en el jardín y se asemeja a las antiguas bibliotecas recorridas en lo alto por un estrecho pasillo. Bajamos por unas escaleras y entramos en el espacio, que se asemeja más a una biblioteca «profesional». Hay varias personas trabajando y todo parece estar en un perfecto orden.
El Liber Chronicarum fue impreso en Núremberg en 1493 por Anton Koberger y es vulgarmente conocido como Crónica de Núremberg. Un libro extraordinario, quizá el más asombroso que he tenido jamás en mis manos. Grandes ilustraciones de ciudades y mapas celestes. Casi dos mil grabados de carácter realista y muchos representando de manera imaginaria la Tierra y sus confines. Escrito en latín y compuesto en caracteres góticos a dos columnas. Aquí hay dos ejemplares, uno de ellos con encuadernación del siglo XVII en pergamino y con todas las capitulares coloreadas a mano, en rojo.
La Crónica es una Historia Universal desde la creación del mundo hasta el año 1493, fecha de su salida a la luz. Los ilustradores fueron Wolgemut y Pleydendurf. En el taller de ambos trabajó el joven Durero, cuyo trazo parece evidente en algunas de las ilustraciones. Pasando las páginas de este voluminoso libro me voy encontrando los grabados en madera de ciudades, escenas bíblicas, retratos, símbolos y una gran imaginería fantástica.
Umberto Eco cuenta que se encontró en Nueva York a un librero de viejo que vendía este libro hoja a hoja. «Hago vandalismo democrático, compro copias incompletas y las rompo. Usted no podrá poseer nunca una copia de la Crónica de Núremberg, ¿no? Pues bien, le vendo una página por diez dólares», le dijo. Teniendo el libro en mis manos -es un decir, porque es tan grande y pesado que se hace imposible-, da escalofríos pensar en lo que hacía aquel desaprensivo comerciante.
Mindlin va sacando de los anaqueles manuscritos, mapas, catecismos, gramáticas como el Arte da Grammatica, del padre José de Anchieta; libros de horas, religiosos como los misales, documentos fundamentales de las guerras civiles suramericanas -sobre todo las de Argentina y Chile contra Paraguay- y un sinfín de volúmenes. Llevamos varias horas y él sigue incansable, mientras a mí me entra un gran mareo, al verme derrotado por tanta maravilla inenarrable.
Nos sentamos a descansar y Mindlin me relata la siguiente anécdota, de las miles de ellas que podría contar en torno a los libros. «De viaje en Lisboa, visitamos la biblioteca del vizconde de la Trinidad. Era una biblioteca extraordinaria. Tenía todas las obras de Damião de Góes, lo que ya era una proeza extraordinaria, pero le faltaba la Descrição de Lisboa, publicada en latín en 1554. Apenas se conocían dos ejemplares. Yo había descubierto que la librería Maggs, de Londres, tenía uno a la venta. Por ese motivo, Guita y yo íbamos a viajar allí, después de haberlo reservado. Quizá por envidia o por rabia, al ver aquella gran biblioteca, no pude dejar de decirle al vizconde que la pieza que le faltaba estaba a punto de conseguirla yo. La reacción de dolor del vizconde de la Trinidad fue inmediata. Se levantó de su asiento y, mirándome a los ojos, me dijo: «Por favor, no me diga dónde se encuentra ese volumen, ni quién es el librero que se lo va a vender, ni en qué país, porque en estos asuntos no hay amistad, ni honestidad. Si yo supiera dónde está, procuraría salir corriendo para alcanzarlo antes que Vossa Excelencia»». [La biblioteca del vizconde se encuentra hoy depositada en la Universidad de Coimbra.]
La hemeroteca de Mindlin es también ingente en número y en la rareza de las colecciones y ejemplares que guarda. Drummond, Guimarães Rosa, Érico Veríssimo, Paulo Duarte, Mário de Andrade o Assis Barbosa han sido algunos de los escritores brasileños contemporáneos a los que trató y de los que tiene originales, primeras ediciones dedicadas y correspondencia. Por ejemplo, de Guimarães Rosa me muestra páginas mecanografiadas y corregidas de Gran Sertón: Veredas. Confiesa Mindlin que, para él, Machado de Assis y Rosa son los dos mayores escritores brasileños. De Brasil lo tiene prácticamente todo. Un día viajó a París para comprar una rareza, O guaraní (1840), de José Alencar. Durante tres días discutió el precio con su propietario y se llevó el ejemplar de vuelta a casa en el avión. Allí se lo olvidó, aunque luego pudo recuperarlo. «La búsqueda es para mí más placentera que la propiedad», asegura.
Mindlin, además, fue editor y librero. Con otros socios y con el patrocinio de la empresa Metal Leve, o mientras fue el responsable de la Secretaría de Cultura, Ciencia y Tecnología, ayudó a la publicación de libros y ediciones facsimilares de revistas de creación literaria. La librería se llamaba Parthenon y fue fundada por él y otro par de socios. Corría el año 1946. «Pensé que esto me ayudaría a mejorar mi propia colección y a obtener un dinero añadido para seguir incrementándola.» Para tener el material, viajó a Europa. Estuvo en Francia, Italia, Holanda, Portugal y Suiza durante tres meses y se trajo unos tres mil libros. Muchos de ellos estaban relacionados con Brasil.
Los años cuarenta y cincuenta fueron los mejores para comprar en Europa libros de viejo baratos. La Guerra Mundial, además de aportar muchos más libros al mercado, los había reducido de precio. «Eran casi regalados», comenta Mindlin con nostalgia, y añade: «A partir de los años sesenta, los precios han ido subiendo hasta cantidades imposibles, en la misma proporción en que se han ido haciendo más escasas las piezas buenas».
La librería estaba en una casa en la Villa Normanda, en pleno centro de São Paulo. Él dice que tenía más pinta de biblioteca que de librería. Cada vez que se vendía un libro, sufría, y, pasado el tiempo, trataba de recomprárselo al cliente para incluirlo en su propia biblioteca. «Conseguí recomprar casi todos los buenos libros que pasaron por mis manos.» Así el negocio resultaba ruinoso, pues tener una biblioteca privada y una librería son cosas difíciles de sobrellevar. «Una de las peculiaridades del comercio de libros raros y de antigüedades en general es que los vendedores prefieren guardarse las mejores cosas y, la mayor parte de las veces, ni se las muestran al cliente.»
Saca otros libros de los estantes para enseñármelos. La primera edición completa de las obras de Molière, del año 1682. Nada menos que ocho volúmenes. Otro es la edición del Fausto de Goethe de 1828, ilustrada con litografías de Delacroix. Su propietario me dice que esta obra es uno de los primeros grandes libros de artista. Le devuelvo estos volúmenes y me pasa otros dos. La primera edición de Las flores del mal, de Baudelaire, del año 1857, que contiene los poemas censurados y arrancados de otros muchos ejemplares; y las Iluminaciones de Rimbaud, publicadas en 1886 con una tirada de apenas doscientos ejemplares.
A propósito de Rimbaud, Mindlin me dice que también cuenta con una edición ilustrada de estos poemas, llevada a cabo por Fernand Léger, con un retrato original de Rimbaud con dedicatoria autógrafa de Paul Éluard, a quien perteneció el ejemplar. Y hubiera seguido y seguido sacando libros si no fuera por la mirada de Guita, que nos hace ver lo avanzado de la hora para ellos y, sobre todo, para mí, que tengo que tomar un avión. Ella me cuenta que estuvo, en ese mismo lugar, secuestrada por un grupo de ladrones. Comenta con humor que los delincuentes se dieron cuenta de que «para mi marido aquellos libros eran más importantes que yo y le advirtieron que si no pagaba, a mí no me harían nada, pero no quedaría ni un solo libro. La amenaza surtió efecto».
Nos despedimos y ambos me invitan a que regrese allí cuantas veces desee. La biblioteca la ponen a mi disposición. «¿Qué libro se llevaría usted?», me pregunta sonriendo mi amigo. Yo, sin apenas reflexionar, le contesto: «Montaigne, los Ensayos de Montaigne. Un libro matriz. El Libro de todos los libros». Me despido de la señora y le doy un abrazo a él mientras me susurra: «Ya sabe que a mí también me gusta Montaigne: «No hago nada sin alegría». ¡Vuelva pronto!».
Comentado por: cp el 24/4/2010 a las 23:55
De toda la aberración filosófica hegemónica en los años 60-70, proveniente de Francia y de Alemania, de un forma principal, aún quedan rescoldos, demasiados, diría yo, tan del gusto de este país llamado España, páramo del pensamiento y la ciencia . Si uno se fija atentamente en el sectarismo, en la forma de hacer política del actual Gobierno del PSOE, así como la de sus "intelectuales orgánicos" (lean, si no, a la mayoría de columnistas y articulistas de plantilla de EL PAIS), se percibe la base oscurantista, vacua, del discurso ideológico que sostenían, los Marcuse, los Baudrillard, los Althuseser, los Balibar, los Lacan, etc.
Todos sus textos están llenos de ambigüedades que se pueden interpretar de dos modos diferentes: como afirmaciones verdaderas pero relativamente banales, o como afirmaciones radicales pero manifiestamente falsas. Y en considerablemente número de casos, no podemos dejar de pensar que esas ambigüedades son deliberadas. De hecho, ofrecen una gran ventaja en los litigios intelectuales: la interpretación radical, sectaria, permite atraer lectores (o votantes) relativamente inexpertos (en el caso de los votantes nos podemos imaginar a los seguidores sumisos del líder); y si, llegado el momento, se pone en evidencia lo absurdo e inconsistente de su discurso, el autor (o el político) siempre puede defenderse alegando que ha sido "mal entendido" (donde dije Diego) y retornar, las veces que haga falta, a la interpretación inocua (en el político sería la apelación a la autoridad moral, indiscutible, que le confiere su ideología, de izquierdas, claro), puesto que están ante un auditorio mayoritariamente borreguil, aunque dentro de él se hallen profesores de La Sorbona o algún rector de una universidad madrileña, p.ej.
Comentado por: miguel el 24/4/2010 a las 10:12
Sayre's Law states, in a formulation quoted by Charles Philip Issawi: "In any dispute the intensity of feeling is inversely proportional to the value of the stakes at issue." By way of corollary, it adds: "That is why academic politics are so bitter." Sayre's law is named after Wallace Stanley Sayre (1905-1972), U.S. political scientist and professor at Columbia University.
http://en.wikipedia.org/wiki/Sayre's_Law
Comentado por: cp el 23/4/2010 a las 23:15
1978 noviembre. El viejo topo, n° 26 [último número en que aparecen los nombres de Alberto Cardín (y de Federico Jiménez Losantos) entre los «Redactores y colaboradores» de la revista] En una entrevista por J.E. Ayala y Joan Estruch a Félix de Azúa, se pone en boca de este: «Este tipo de lanzamientos ahora ya no tiene ningún sentido. Por ejemplo, el grupo de Cardín, que a través de la colección Ucronía pretende constituirse en grupo homogéneo y distinto. En realidad, no hay grupo, lo único que tienen en común es que son muy académicos, repiten esquemas de los años 68-70. Para nosotros, Tel Quel y derivados, Lacan y derivados son pura academia, no es vanguardia, sino todo lo contrario, conservadurismo extremo. Lo suyo es literatura de caballete, hay en ella una especie de idioma, de slang que se domina leyendo unos cuantos breviarios sobre Lacan y cuatro fantasmas más que cualquier estudiante de periodismo puede utilizar y entrar así en la academia moderna. En un Viejo topo había una entrevista de Cardín con Gustavo Bueno, en la que decía que Bueno era el único filósofo del país que le interesaba. Decir eso es, cuando menos, candoroso, de una ingenuidad increible» (45).
1979 enero. «Precisiones a Félix de Azua», en El viejo topo, n° 28, págs. 72-73. «... en cuanto al 'candor' que me atribuye el señor Azúa por mi exclusivo interés filosófico en Gustavo Bueno, debe ser sin duda su afasia que le hace confundir no sólo lenguajes, sino campos y objetos, la que le confiere competencia para decidir en el terreno filosófico. No sé cuales puedan ser los filósofos favoritos del señor Azúa, aunque los supongo. De lo que estoy convencido es de que no sabe, ni qué es filosofía, ni en qué sentido implicaba yo mi atribución exclusiva al señor Bueno. Sería recomendable que volviera sus estudios --y no sólo sus lejanos oídos-- a una Jena, de la que sólo conoce el prestigio, para aprender lo que en verdad pueda ser la filosofía. Tenga, por otro lado, cuidado con sus lapsus, que el inconsciente cuando se le minimiza toma terribles venganzas: pues da la casualidad que lo que él me adjudica sobre Gustavo Bueno, no lo dije en la entrevista a que él hace referencia, sino en otra que Cristina Gatell me hizo a mi mismo en Mundo Diario (29.7.78), donde casualmente me mostraba medianamente despectivo con el señor Azúa: ¿venganza inconsciente, lapsus, retorno de lo reprimido, o mera ignorancia, por no decir estulticia? (...)».
Comentado por: c/p el 23/4/2010 a las 21:06
Comentado por: RFS el 23/4/2010 a las 17:32
A mí me gusta lo que me gusta. ¿Acaso alguien puede obligarme a adoptar otros gustos a la fuerza? ¿Sobre qué principios universales se me puede obligar a ello? ¿Cuál es el gusto perfecto? Coño, que no estamos en Corea del Norte. ¿O sí? Es jodido preguntarse esto, sobre todo porque hay mucha gente en este puñetero país que no cree en la separación de poderes. Es aberrante cómo hay políticos que difunden la idea de que en una democracia el pueblo gobierna y que, por ello, sobran los tribunales de justicia, sobran las leyes y sobran los tribunales de justicia, algo propio del fascismo y del estalinismo. Un horror.
Comentado por: RFS el 23/4/2010 a las 17:30
Me jode la gente que se mira por encima los escritos y que incluso cree entenderlos. Como el comemierda de Felipe.
Comentado por: gilberto el 23/4/2010 a las 14:22
Feliz San Jorge a todos.
Djurdjevdan
"...ven ahora, querida mía,
huele a San Jorge,
aquí está la aurora, que dios nos ayude,
hoy es San Jorge
y yo no estoy con aquellos a quienes amo.
Los problemas, cualquier otro día,
pero no el día de San Jorge..."
http://www.youtube.com/watch?v=4es5XwHzL40&feature=related
Comentado por: knudsen el 23/4/2010 a las 14:10
Me joden la gente que miran con aire de superioridad a las masas y que incluso creen estar al tanto de los gustos de la gente. Cómo el comemierda de abajo
Comentado por: Felipe el 23/4/2010 a las 09:34
Al público no le gusta la mala literatura. Al público le gusta un cierto tipo de literatura, y le gusta este tipo, incluso cuando es mala, antes que la de otra clase ni que sea ésta buena. No tiene nada de extraño, ya que la línea que separa diferentes tipos de literatura es tan real como la que hay entre las lágrimas y la risa, y decirle a la gente, cuando sólo puede encontrar malas comedias, que hay tragedias de primera clase es tan irracional como ofrecerle hielo a alguien que está tiritando y suspira por un café caliente.
GK Chesterton
Comentado por: happy saint george day! el 23/4/2010 a las 09:02
"The chief knowledge that a man gets from reading books is the knowledge that very few of them are worth reading."
H.L. Mencken, A Little Book in C Major
Comentado por: cp el 22/4/2010 a las 16:52
Casa tomada.
Me miro en el espejo, mientras me digo a mi mismo, tengo que estudiar, tengo que estudiar, tengo que estudiar... Y de pronto, desde el fondo del espejo, un tipo más bien rarito y despeinado que se me parece, me pregunta con un tono aburrido: pero, Rafa, ¿qué entiende usted por educación?, defina usted el concepto, por dios, defina usted el concepto...
Comentado por: rafa, es que estoy muy solo... el 22/4/2010 a las 14:24
Tener espacio se ha convertido en el gran lujo asiático. Yo sueño cada día con una biblioteca como la del Sr. Rochester de la última adapatación de Jane Eyre. Es justo lo que necesito.
Había leído lo del noble guillotinado y me pareció mucho más estiloso que ir aullando en plan Du Barry. No, no y no. Pero no pongan estanterías encima de la cama, jamás. No sé a quién (lo decía el cultural de La Vanguardia) se le cayeron encima y murió aplastado, y eso tampoco me convence. In extremis, acaso un dosel en plan Brideshead y, debo insistir, que los carpinteros lo fijen bien.
Comentado por: Circe el 22/4/2010 a las 09:19
Rafa, ya sabemos que los comentarios no son nada del otro mundo (¡uy!), pero tampoco hay que tomárselo así.
Comentado por: gómez el 22/4/2010 a las 07:51
La posible ética de dios, y la fortuna humana.
No sé exactamente cómo, pero quién sabe, tal vez, algún día, yo podré tener, al fin, la imprevista caridad de un médico, y el indiscutible privilegio de morir, en el silencio, la soledad y la paz de una cama de hospital. Un raro lujo y un verdadero regalo...
Comentado por: rafa el 21/4/2010 a las 22:19
Alto medio basso
di Umberto Eco
Nel supplemento culturale di 'Repubblica' di sabato scorso, Angelo Aquaro e Marc Augé, in occasione dell'apparizione del libro 'Mainstream' di Frédéric Martel, riprendevano (a proposito di nuove forme di globalizzazione della cultura) una questione che si riapre regolarmente ogni tanto, ma sempre da nuovi punti di vista, e cioè quale sia ormai la linea di discrimine tra Cultura Alta e Cultura Bassa. Se a qualche giovane, che ascolta indifferentemente Mozart e musica etnica, la distinzione può parere bizzarra, ricorderò che il tema era addirittura bollente verso la metà del secolo scorso, e che anzi Dwight Macdonald in un bellissimo e aristocraticissimo saggio del 1960 ('Masscult e Midcult') identificava non due ma tre livelli.
La cultura alta era rappresentata, tanto per capirci, da Joyce, Proust, Picasso, mentre quello che veniva chiamato Masscult era dato da tutta la paccottiglia hollywoodiana, dalle copertine del 'Saturday Evening Post' e dal rock (Macdonald era di quegli intellettuali che non tenevano in casa il televisore, mentre i più aperti al nuovo lo tenevano in cucina). Ma sempre Macdonald delineava un terzo livello, il Midcult, una cultura media rappresentata da prodotti d'intrattenimento che prendevano a prestito anche stilemi dell'avanguardia, ma che era fondamentalmente Kitsch. E, tra i prodotti Midcult, MacDonald poneva per il passato Alma Tadema e Rostand, e per i tempi suoi Somerset Maugham, l'ultimo Hemingway, Thorton Wilder - e probabilmente ci avrebbe messo moltissimi libri pubblicati con successo da Adelphi, che accanto a testimonianze di cultura alta che più alta non si può, allinea autori come Maugham, appunto, Marai e il sublime Simenon (Macdonald avrebbe classificato il Simenon non-Maigret come Midcult e il Simenon-Maigret come Masscult).
Però la divisione tra
cultura popolare e cultura aristocratica è meno antica di quanto si pensi. Augé cita il caso dei funerali di Hugo a cui avevano partecipato centinaia di migliaia di persone (Hugo era Midcult o cultura alta?), alle tragedie di Sofocle andavano anche i pescivendoli del Pireo, 'I promessi sposi', appena apparso, ha avuto una serie impressionante di edizioni pirata, segno della sua popolarità - e ricordiamoci il fabbro che storpiava i versi di Dante, facendo arrabbiare il poeta, ma dimostrando al tempo stesso che la sua poesia era nota persino agli analfabeti. È vero che i romani abbandonavano una rappresentazione di Terenzio per andare a vedere gli orsi, ma in fondo anche oggi molti intellettuali raffinatissimi rinunciano a un concerto per vedere la partita.
Il fatto è che la distinzione tra due (o tre) culture si fa netta solo quando le avanguardie storiche si pongono come fine quello di provocare il borghese, e quindi eleggono a valore la non-leggibilità, o il rifiuto della rappresentazione.
Questa frattura si è conservata sino ai tempi nostri? No, perché musicisti come Berio o Pousseur hanno preso molto sul serio il rock e molti cantanti rock conoscono la musica classica più di quanto si pensi, la Pop Art ha sconvolto i livelli, il primato dell'illeggibilità spetta oggi a molto fumetto estremamente raffinato, molta musica degli spaghetti western viene rivisitata come musica da concerto, basta guardare un'asta notturna alla televisione per vedere come spettatori chiaramente non sofisticati (chi compra un quadro via televisione non è evidentemente un membro della élite culturale) acquista tele astratte che i loro genitori avrebbero definito come dipinti dalla coda di un asino e, come dice Augé, "tra cultura alta e cultura di massa c'è sempre uno scambio sotterraneo, e molto spesso la seconda si nutre della ricchezza della prima" (salvo che io aggiungerei: "e viceversa").
Caso mai oggi la distinzione dei livelli si è spostata dai loro contenuti o dalla loro forma artistica al modo di fruirli. Voglio dire che la differenza non sta più tra Beethoven e 'Jingle bells'. Beethoven che diventa suoneria per il telefonino o musica da aeroporto (o da ascensore) viene fruito nella disattenzione, come avrebbe detto Benjamin, e quindi diventa (per chi lo usa così) molto simile a un motivetto pubblicitario. Al contrario un jingle nato per pubblicizzare un detersivo può diventare oggetto di attenzione critica, e di apprezzamento per una sua trovata ritmica, melodica o armonica.
Più che l'oggetto cambia lo sguardo, c'è lo sguardo impegnato e lo sguardo disattento, e per uno sguardo (o udito) disattento si può proporre anche Wagner come colonna sonora per l'Isola dei famosi. Mentre i più raffinati si ritireranno ad ascoltare su un antico vinile 'Non dimenticar le mie parole'.
http://www.youtube.com/watch?v=91UKzPQgBog
Comentado por: cp el 20/4/2010 a las 20:31
A Carlos Barral
Castillejos,verano de 1951
Querido Carlos,
Te escribo desde el Poste de Garde,declinado no a las islas del amor,sino a los promontorios del más espeso aburrimiento. ¿ Que hacer ? Marcelo me contaba el otro día que,en semejantes casos,se dedicaba a leer las Elegías de Duino;francamente,no me encuentro con fuerzas para ello. Mi cerebro es ya en todo similar al de un comandante mayor,la inteligencia decrece,solo << el poeta >> permanece íntegro y asoma la oreja por instantes: esta mañana,durante las teóricas,me he dedicado a desagraviar con versos memorables las sufridas cuartillas de mi cuaderno de Táctica y Topografía y,cuando le ha llegado el turno a esos versos tan amados
Nous ne serons jamais une seule momie
dans l´antique desert,sous les palmiers heureux
Compruebo que mi panteísmo y la creencia de que no soy mas que una individuación temporal que ha de volver al Gran Todo,su verdadera patria,debería de servirme de consuelo en todo esto pero en realidad no es asi: el velo de Maya me sofoca. Yo,Yo,Yo,Yo iracundo,aguantando con mi epidermis personal todo ellarguisimo verano castrense.
Un abrazo en nombre de la <<gran familia militar>>.
Jaime
Señas : 8ª Compañía,2.º Bon.Infantería. Castillejos. Reus.Si en algún día lejano,Alberto Emo y yo conseguimos un permiso iremos por Calafell. Vale.
.
Comentado por: Maleas el 20/4/2010 a las 19:38
No se haga el interesante, pues usted -tauro viejo en su mitad hendido por...- ya ha escrito ese libro y es uno de los cuatro o cinco que yo siempre tengo a mano para cuando, dentro de poco, llegue la tan execrable como ignominiosa carreta; pero, en el fondo, también vehículo saludable hacia el definitivo sosiego. Digo definitivo, pero albergo la esperanza de poder seguir allí leyendo.
Un abrazo.
Gabriella Marcel
Comentado por: Gabriella Marcel el 20/4/2010 a las 17:06
Pues yo creo, DPA y vic, que el sujeto es infinitamente libre y creativo porque reproduce en sí mismo todos los organismos del sistema y, por consiguiente, puede inventárselo una y otra vez desde el nivel interpretativo/libresco -no sólo variarlo o transformarlo- gracias al juego entre estructuras patentes y latentes a nivel sintáctico, este sujeto/sistema de tradición metafísica. Su objeto es la formulación de las condiciones necesarias y suficientes que debe satisfacer un sistema para que resulte idóneo en tanto que haga posible el habla humana. Es un volver e ir sin demasiada prisa al horizonte inerte. Es decir, si volver no es retornar necesariamente a lo acontecido en medio de un segundo. Si no, la pregunta es: ¿se tarda o no se tarda en advertir ese final.
Salud.
Comentado por: FRS el 20/4/2010 a las 14:59
En Bilbao.
Se hace pasar por miembro de ETA para robar en un chino.
eitb-noticias
Redacción - 18/04/2010
Un hombre ha sido detenido en Bilbao acusado de un delito de robo con violencia. El sospechoso entró en un comercio del centro de la ciudad, regentado por un ciudadano chino, y se hizo pasar por miembro de ETA para exigirle que le entregara el dinero de la caja registradora.
El individuo entregó al dueño del comercio un papel en el que se podía leer, literalmente: "Somos mienbros e ETA como digas o agas algun movinieto directamete vas a recivir un tiro en la cabeza. Gorka ETA M." Mientras el comerciante se aprestaba a leer la nota, el sospechoso mostró a su víctima cómo llevaba una mano en el bolsillo de su chamarra, queriendo darle a entender que iba armado.
Sin embargo, la situación tomó un giro inesperado. Como el comerciante no comprendía lo que había escrito en la nota, salió de su tienda y pidió al regente de la tienda de al lado, un ciudadano marroquí, que se acercara para intentar ayudarle con el texto.
El comerciante marroquí entró al comercio chino y leyó el texto, pero este tampoco entendía la nota y ambos se quedaron mirando al sospechoso, sin saber cómo reaccionar.
Ante esta situación, el detenido empujó a los dos hombres contra unas baldas y se abalanzó sobre la caja registradora con intención de hacerse con la recaudación. Sin embargo, los comerciantes interceptaron al presunto ladrón y consiguieron reducirlo, dando aviso a Ertzaintza que procedió a su detención.
El sospechoso, un varón de 35 años fue detenido también en el día de ayer por intentar llevarse sin pagar, en un centro comercial, un mando inalámbrico de videoconsola, una máscara y una peluca, así como por desobedecer e insultar gravemente a los agentes.
El detenido está acusado de delito de robo con violencia, lo que provocó en el individuo una agresiva reacción hacia los agentes, con golpes, patadas e insultos, obligándoles a recurrir a la fuerza para reducirlo.
Comentado por: ríndete antón el 20/4/2010 a las 14:31
Conocí a Rafael a las nueve y media de la noche del 11 de septiembre del año 2008, en una exposición de pintura absolutamente horrorosa que me provocó náuseas, mareos, hiperventilación y un tic inverosímil en mi pie derecho que intenté disimular lo mejor que pude, fingiendo seguir el ritmo de una canción de The Killers que en ese momento sonaba en el hilo musical del recinto, porque el artista, que era amigo de mi novia, el artista pretendía imponernos una nueva identidad trendy, cool, laid-back, y no sé qué cosas más, si bien, en vez de ofrecernos distinguidos sandwiches de pepino, recurrió a algo más mucho más racial y contundente, y de pronto nos vimos sitiados por canapés de foiegras El Pozo, sórdidas lonchas de Jamón Navidul y cerveza Coronita que sabe a gaseosa con agua de depuradora y no coloca a ni dios.
Estoy seguro que semejante especimen lee esas ridículas revistas para paletosaurios y posturitas que pueblan los bonitos pueblos de la geografía de España ( ¿ Han visto? He dicho España y no me ha pasado nada por ahora) como la Neox, la Vanidad, o la Wallpaper, tiene una camiseta de Los Ramones, el pulpo de Philip Stark, la película de Tom Ford y compra ropa por Internet. Además olía a ambientador de pino y cuando percibo el olor a ambientador de pino siempre me pregunto por qué lo llaman ambientador de pino si en realidad los pinos no huelen así. Es indignante.
Entonces, mientras me dejaba llevar por todos los demonios, vi a Rafael rodeado de un grupo de discípulos discipulosos, a Rafael traje blanco, a Rafael foulard verde musgo de cuarenta kilómetros, alpargatas azules Rafael anudadas al tobillo con cintas de cuero rojo, escuchando el griterío ensordecedor de toda esa gente que , efectivamente parecían sus discípulos, y grillos que se frotaban las alas que no tenían. Postmoderneaban, postmoderneaban y de tanto postmodernear y postmodernamiento de sus bocas brotaban fuegos artificiales, ironías, parodias y frivolidades tantas que en el aire empezó a flotar el confeti del Ser. Y el ambientador de pino.
Tenía esa imponente mirada de los cien metros que se atribuye a las Reinas, como si su presencia de noble reliquia victoriana bastase para dignificar el lugar profanado por el Arte Moderno, que todo lo profana con sus niñerías y subvenciones, no sé, guardaba un silencio provocador, un silencio exultante, complacido en el fondo de verse rodeado de simples ruidos y rocambolas.
Me miró, lo miré, me remiró, aparté los ojos. De pronto los enchufes de la pared, los fluorescentes y el extintor de incendios me parecieron profundamente interesantes y cargados de esa misteriosa banalidad que envuelve a los objetos cotidianos y a los banqueros, que son tambien Objetos Cotidianos Invisibles que producen infrasonidos, burbujas poco irisadas, y están más cerca de la verdad que muchos sabios a los cuales no les cabe ni media verdad en la oreja.
Se acercó y dijo: ¿ Así que a la Señora no le gusta el arte más actual?. Señorita, dije. ¿ Intacta, supongo?, dijo. Pues supone muy mal, más bien deteriorada, estropeada e incompleta, dije. ¿ Pintor también?, dijo. No soy pintor, son todos unos cabrones, dije. ¿ No le gusta ningún cuadro?, dijo. Me gusta usted, dije, quién iba a decirme a mí que me iba a encontrar aquí con la mismísima Reina Madre. Puedes besarme la mano, dijo. Ya he comido, gracias, dije. Siempre seré una Reina, ese es mi don y ese es mi látigo, dijo. No sé por qué todos las Reinas tienen que citar a Santa Teresa y a Capote, y además los citan mal, dije. Porque eran volátiles, dijo. En qué sentido, dije. Se evaporaban con facilidad, dijo. ¿ Y eso qué significa?, dije. Pues aún no lo sé muy bien, dijo, no me hagas pensar ahora que se me va el maquillaje.
No volvimos a vernos hasta una semana después, en un pequeño restaurante japonés que suelo frecuentar todos los jueves por la noche con la intención de comer pescado de piel azul. Ese día ceno solo, llevo dos revistas de música, dos revistas de literatura, dos revistas de divulgación científica y me tiro tres horas leyendo y masticando pedazos de pescado crudo con salsas misteriosas. Aquel día entré y descubrí a Rafael en una esquina del restaurante, estaba solo, como un pez de colores, concentrado en un periódico, en el pequeño jarrón de su mesa fulguraba un clavel reventón. Contemplar como aquel hombre se llevaba un majestuoso dedo a los labios para pasar las páginas y emitía suspiros cada vez más profundos era un espectáculo digno del cortejo nupcial de los pavos reales. Me acerqué sigilosamente para no perturbar su número de prestidigitación y advertí que estaba leyendo un artículo sobre Gil de Biedma.
Sin volverse hacia mí dijo: hace cuarenta años tuve relaciones íntimas con este hombre, en el baño de un bar de la calle Petrixol, fueron apenas tres minutos pero recuerdo todavía el olor a herrumbre y su cuello de centauro, me pregunto si ese bar existe todavía, si esa calle existe todavía, me pregunto si existimos todavía. A mí Gil de Biedma nunca me gustó, dije, prefiero a los poetas de siempre: Rimbaud, Eliot, Ovidio, Celan, Dickinson, algo de Sharon Olds, algo de Hughes, Becket, el Bronwyn de Cirlot, y así, creí que no me habías visto. He desarrollado una hipersensibilidad a las más mínimas variaciones del entorno y una visión de 360 grados, son ya muchos años de encuentros furtivos en bares sórdidos, en urinarios, en la sombra de los jardines, buscando la carne sin futuro, cuerpos hermosos que en realidad pertenecían al mármol, el resuello de un animal inclinado sobre el cuerpo, esa nobleza, esa inmediatez, eran buenos tiempos, el hecho de poder vivir dos vidas, las dos completas y a la vez las dos incompletas, hasta que a alguien se le ocurrió el disparate de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo; entonces uno comprende horrorizado que a partir de ahora tendrá que llevar una vida normal, como cualquier miembro de la sociedad humana. Una vida normal. A quién puede interesarle eso. Este hombre, por ejemplo, Gil de Biedma, no ha sido elegido por la gloria, ha sido elegido por la gran empresa homosexual para ser consumido por miles de personas de vida normal…
Debo decir que ahora ceno todos los jueves con Rafael, yo creo que ha decidido adoptarme, hablamos de libros, hablamos de la vidas que tuvimos y las vidas que no tuvimos, comemos pescado azul, compartimos eso que llaman: secretos de belleza, gracias a él he descubierto, por ejemplo, que una cucharada de canela y cuatro gotas de zumo de limón son muy buenas para…. Me prometí a mí mismo no utilizar más de 300 palabras en cada comentario, pero se me hace imposible, la gente se me duerme en mitad de la primera frase, algunas subordinadas tienen una longitud absurda, a veces soy demasiado impositivo y ni yo mismo sé lo que estoy diciendo, siempre llego tarde, vivo en un perpetuo desfase horario respecto al blog, mis palabras no se ajustan al asunto del día, escribo lo primero chorrada que se me ocurre, escribo en los tiempos muertos, escribo de los tiempos muertos, escribo en pantalonetas y un viejo jersey con un ciervo blanco, un viejo jersey dado de sí, ya sé que todo esto…
Comentado por: antón el 20/4/2010 a las 13:05
“...y me deslumbró, literalmente, ese sol arrojado como un puñado de humedad cayendo sobre mi conciencia y sobre mi imaginación.”
De donde viniera el deslumbrón es lo de menos,lo que cuenta ahora,fíjese usted bien,es el concebir "ese sol arrojado" y ese "puñado de humedad" cayendo, ¿hacia dónde?, en la conciencia o imaginación, tanto da.De resultas viene a ser todo una pérdida de tiempo leer cosas así.Lo que de veras le importa al místico en este caso en el que ahora uno debiera estar en posición orgiástica,receptiva, sensual y con los ojos vueltos y papelón, es la orgía perpetua que espera por parte de usted.Sin embargo, ¿cuándo se ha visto un sol arrojado? ¿Sabe el místico de un puñetazo? A no ser que uno tenga el mal de la poesía es imposible que se piense que en poesía es todo concebible.Igual le pasa a uno si lee demasiados libros,que piensa que también se es capaz de hacerlos.Tal como dice que se puso Montesquieu. Claro, que hay abortos.No es por nada, pero si estamos de acuerdo en la falta de cinco vidas para leer tal cantidad de libros,imagínese la de abortos que debe haber en una biblioteca de 2.000 volúmenes, y lo que se podría esperar si uno llegara a leerlos todos.Lo que tampoco he comprendido nunca es lo de que alguien lea 7 libros antes de acostarse.Leí hace tiempo en esta web a quien así lo daba a entender, y así produce...¿Qué hubiera escrito Shakespeare si fuera sido un lector moderno?
El "deslumbrón" se lo debo a un blog ( fruto del autor del mismo, no de los comentaristas...).Y publica libros...¡Menudo invento!
Comentado por: Delfín el 20/4/2010 a las 12:43
Biblioteca para hamsters humanos.
http://scienceblogs.com/bioephemera/2010/04/bookshelf_for_human_hamsters.php
Comentado por: así me lo imagino el 20/4/2010 a las 08:40
Kurd Lasswitz - La Biblioteca Universal
http://bitnavegante.blogspot.com/2009/01/kurd-lasswitz-la-biblioteca-universal.html
Comentado por: c/p el 20/4/2010 a las 01:22
Sin embargo también conozco a quien lee mucho y luego se deshace del libro. Los libros, como los discos o los pins, en tanto objetos materiales, son una servidumbre. Nos vinculan al pasado más que los recuerdos y si nos descuidamos, nos perviven.
Comentado por: Néstor el 20/4/2010 a las 01:14
La Biblioteca de Babel
El universo (que otros llaman la Biblioteca) se componte de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.
Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
El primero: La Biblioteca existe ab alterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.
El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.
También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.
A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.
Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.
Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.
FIN
Jorge Luis borges
Comentado por: DPA el 19/4/2010 a las 20:47
Por amor a los libros.
http://www.moreintelligentlife.com/content/laura-spinney/a-neurologist-strikes-a-nerve
Comentado por: quien mal anda el 19/4/2010 a las 17:18
Comentado por: por si acaso el 19/4/2010 a las 14:51
Si, los libros son maravillosos. Por ciertos problemas de salud, una vez tuve que deshacerme de algunos y llevé un gran bolsón a un compra-venta. Quieren saber que tres libros eligieron y que me pagaron por ellos? " El Guardian entre el centeno"(Alianza bolsillo), Los Diarios de Franz Kafka (Catedra de bolsillo también , edición buenísima)y Lo que queda de España de Jiménez Losantos. Total 11 euros.
Comentado por: Loreens el 19/4/2010 a las 12:05
el noble había ido, había vuelto, del Leteo, y se pasaba, ya, por los mismísimos, a la guillotina y a la Revolución...a los mil años de antes y a los mil que vendrían después; los budistas dirían que ahora, es un pico ocho mil
saludos
Comentado por: vic el 19/4/2010 a las 11:50
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
20/5/2012 19:37
DISCLAIMER: I do Not own! No...
Publicado por: Pakito
20/5/2012 13:05
Bien, como he visto tantas manos...
Publicado por: ¿seguimos estando de acuerdo?
19/5/2012 23:35
Publicado por: A estas alturas con el marxismo...
19/5/2012 19:45
En los ’30, la crítica radical...
Publicado por: duchamp y la CIA
19/5/2012 00:57
Hola te estaría muy agradecido...
Publicado por: jesus zamora
18/5/2012 21:45
Publicado por: que levante la mano quien esté de acuerdo
18/5/2012 19:23
No estoy de acuerdo con eso de...
Publicado por: DPA
18/5/2012 15:58
“Totalmente al contrario de lo...
Publicado por: ¿quién está de acuerdo con esto?
16/5/2012 21:01
Publicado por: DPA
16/5/2012 19:36
Uuuaaah! ha sido GENIAL. Besos.
Publicado por: marta
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