PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de julio de 2020

 Félix de Azúa

La extraña pareja

Me llena de satisfacción que cada día más gente lea y estudie los libros de Hannah Arendt, reeditados y traducidos sin descanso, y cada día menos gente lea y estudie a sus famosos contemporáneos alemanes. Todos tenemos manías. La mía es esa. Una de ellas. La independencia que siempre demostró, le valió ser odiada simultáneamente por los antisemitas y por los judíos fundamentalistas. Una proeza en aquellos tiempos maniqueos en los que todos los intelectuales corrían a protegerse bajo un paraguas u otro. No tenía pelos en la lengua. Si siempre me ha inspirado una simpatía inmediata, ahora esa simpatía se ve multiplicada tras leer su correspondencia con Heinrich Blücher, compañero de la filósofa desde 1936 hasta su muerte en 1970. Emocionante demostración de que treinta años de matrimonio no tienen por qué ser un peñazo. Ya sé que es raro, pero también pueden ser una larguísima conspiración entre secuaces. En sus cartas se les adivina riendo constantemente con malicia de bachilleres, como esa pareja que siempre acababa siendo expulsada de la clase. Ambos compartían una desconfianza colosal hacia la psicología y la sociología porque según ellos habían sido incapaces de decir nada inteligente sobre el totalitarismo y porque en tanto que ciencias eran inútiles para entender la libertad humana, asunto que Arendt trató con intensa bravura. En su correspondencia se burlan una y otra vez del Instituto que los frankfurterianos se habían llevado a los EEUU y al que tienen por uno de los fraudes más grandes del universo, después de Freud. Pero hay una frase inusitada sobre Horkheimer y Adorno que paso a copiar literalmente por si alguien desea usarla en alguna tesis doctoral: Adorno y Horkheimer, “that pack of bastards”. Una gran dama.

[Publicado el 13/1/2006 a las 09:01]

Compartir:

Comentarios (24)

  • Al parecer, el Instituto de los frankfurterianos y Freud eran para la brava Hannah Arendt y su chico dos de los grandes fraudes de la cultura occidental. No estoy del todo de acuerdo, más bien, al contrario, creo que la cultura occidental -la menos mala de las culturas realmente existentes (y ya sé que una afirmación así es una aserción abusiva; pero aun así)- se ha enriquecido sustantivamente con ambos.
    Lo que sí fueron también, en la parte que les cupo, es dos claras imposturas científicas sin posibilidad de falsación y, por tanto, con una gran dosis anti-ilustrada de dogmatismo; como ya se apresuró a desenmascarar en su momento Karl Popper al analizar el marxismo y el psicoanálisis. Pues, a pesar de su común intención de acabar con algunos de los antiguos dioses, y de abolir la dimensión religiosa de la humanidad, estos movimientos de la lucha de clases y el inconsciente no fueron, en gran parte, sino dos nuevos mitos más de la imaginación trágica de Occidente, por cierto, con bastantes secuelas conspirativas en su haber: uno, millones de muertos gratuitos; y el otro, un excesivo recelo intelectual sobre quien trata honradamnente de explicarse a sí mismo mediante su propia consciencia.

    Comentado por: Onagro el 23/12/2006 a las 21:41

  • A [1]:
    "Ojalá pudieramos usar las erramientas que nos regaló Hannah o las que nos dieron sus ex-amigos para ver con más claridad las historias de suevos, hachas, butifarras y serpientes".

    Comentado por: Lady Di el 15/1/2006 a las 18:01

  • (Adorado) (Em)prendedor:
    ¿No podría usted hacerme llegar, de alguna manera, alguno de esos poemillas verdes censurados por el Administrador? Así, los fines de semana se me harían menos largos esperando su vuelta.
    Suya,
    fedra

    Comentado por: Fedra Hipólito el 15/1/2006 a las 18:01

  • Sucedió en La Habana

    A mediados de noviembre de 1961 nació en La Habana Elizabet Brucolaque. Acababa de nacer Elizabet Brucolaque, un personaje destinado a nacer y morir en La Habana. Antes que ella, había nacido su padre, Antonio Brucolaque, y, aún antes, Serafín Brucolaque y Upierz.
    No era la primera vez que un Brucolaque nacía y moría en La Habana. Y tampoco sería la última, puesto que el destino quería que todos los Brucolaque (y los Upierz) nacieran y murieran en La Habana.
    Esta historia, como cualquier historia, no es novedosa, porque la historia se repite siempre, desde Ulises hasta acá.
    ¿Sabíais que el conde de Cabreras estaba enemistadísimo con los Brucolaque? Porque los Brucolaque eran vampiros. ¿Cómo? ¿No os lo había dicho? Si el interés de esta historia reside precisamente en sus conexiones vampíricas. Pues sí, el conde de Cabreras dio muerte a tres B. cuando éstos se encontraban en un viaje de esparcimiento por tierras húngaras (estos B., ¡Jorgito, Juanito y Jaimito!, se llamaban casualmente como vosotros). La aparición del conde de Cabreras en el pueblo húngaro vino precedida por un gran alboroto. Y lo más fuerte…, que acabó apretando las gargantas de las pobres víctimas y las llevó a la extenuación total; sí, sí, a la atenuación total. (En un ataque de locura también atacó a unos animales porque al parecer le molestaban con sus extraños ruidos, que emitían.)
    ¡Ay!, ya casi llegamos a casita linda. Podría seguir allí mi historia.
    Lo que os digo siempre, esto es lo que necesitáis: relatos tradicionales, y no tanta tele basura, toda esa violencia PORNOGRÁFICA, toda esa PORNOGRAFÍA violenta, y ya no hablemos de los concursos que os tragáis…
    Por cierto… ¿a que mi historia os ha gustado más que la que os ha contado vuestro tío Donald? ¡Ay... esta juventud de hoy en día! ¿¿Adónde iremos a parar??, me pregunto yo.

    Comentado por: tio Gilito el 14/1/2006 a las 17:01

  • Me he despitado, lo siento, debería haber colgado mi texto en la página de ayer, pero espero que me lo publiquen, de todos modos, por favor.
    Son mis primeros pinitos como escritor; es que me gustan mucho los comic, ¡tío Gilito es genial!, ¿verdad?
    (todo va de La Habana)

    Comentado por: tio Gilito el 14/1/2006 a las 17:01

  • Estupendo. Mi comentario ayer sobre la relación Arendt-Heidegger, desaparecido en combate. Buenas tardes Sr. Azúa.

    Comentado por: Sr. Verle el 14/1/2006 a las 16:01

  • ¡Estupendo el artículo de ayer del señor Gil Bera!: "Docere et delectare". ¡Cuánto aprendí ayer y qué bien me lo pasé!
    Gracias

    Comentado por: Lady Di el 14/1/2006 a las 12:01

  • "Se acabó lo que se daba..."
    "Sus chicas son estúpidas"
    "No saben con quién se la juegan"

    Comentado por: silenci el 14/1/2006 a las 12:01

  • Vuelven las extrañas voces a Valaquia…
    [Me ponen un poco nervioso, la verdad]

    Comentado por: silenci el 14/1/2006 a las 12:01

  • Pasaba por aquí para anunciar una nueva entrega de mi "Diario de un artista desencajado", pero me he quedado literalmente colgado del discurso erudito de Gil Bera. Muchas gracias por tan hermoso viaje etimológico y filosófico.
    De Arendt, Los orígenes del totalitarismo, tan actual.

    Comentado por: Juan Poz el 13/1/2006 a las 22:01

  • Rediós!! Hay que hacer comentarios demasiado largos y no tengo tiempo.
    Simplemente decirle:"chapeau"

    Comentado por: Manuel Astur el 13/1/2006 a las 19:01

  • Una cuestión que me subyuga de Hannah Arendt es como siendo una de las personas de su generación más dotada intelectualmente, hace precisamente dejación de la lógica y ateniéndose a las razones de su corazón, tras la guerra perdona a Heidegger y se reconcilia con él a pesar de todo. Educación sentimental.
    Lo del comentario sobre Adorno y compañía se explica, ya que su formación filosófica fue fenomenológica y nunca marxista.

    Comentado por: Sr. Verle el 13/1/2006 a las 16:01

  • Don Félix, el provocador.
    Aquí sí que ha sido seguido el corifeo.¡A la hoguera con Horkheimer y Adorno... y, de paso, metemos a Freud!
    (Hoy podrían abundar en la cosa tipos como el ínclito historiador Pío Moa que tanto ha recurrido precisamente a la Arendt para alimentar su discurso sobre el totalitarismo y demás.) Vale, ya sabemos que la Arendt es uno de los gusi-luz favoritos de la escuela. Lícito y plausible; "gusta" a todos (a toro un poco pasado en algún caso y según la moda, y no lo digo por don Félix, desde luego). Pero lo que no parece tan plausible es cagarse al completo en todo el análisis que hay en las obras de H y A.¡Viva la dialéctica negativa (a ratos)!¡Viva la teoría crítica (parcialmente)!¡Y viva el psicoanálisis, cagüen Dios!(Y derivando un poco el asunto viva Schoenberg y el Doktor Faustus.)

    Comentado por: (em)prendedor de depresivas el 13/1/2006 a las 16:01

  • [Alba para sí misma/probablemente sin relación con entrañable texto de Azúa/meditación nocturna]

    Da miedo lo relacionadísimo que está todo. Realmente, de inconexión, nada.

    Comentado por: Alba blanca el 13/1/2006 a las 13:01

  • That pack of bastards...
    Así parece normal que el nazi de Heidegger quedara prendadito de Hannah Arendt

    Comentado por: joan matapelayos el 13/1/2006 a las 11:01

  • Hannah Arendt figura en mi agenda, mi menguada agenda. Tengo su libro sobre la revolución en mi mesilla de noche desde hace meses (lo puso allí mi mujer, que lo estuvo leyendo) y también está en el índice de unos “Pensadores políticos contemporáneos”, que compré esta semana. No sé. Para rellenar mis lagunas quizás debiera dedicarme sólo a la Británica.

    Dice el texto que las cartas cruzadas con su esposo revelan una larga relación juvenil. Y que desconfiaba de las ciencias sociales por su falta de posición respecto al totalitarismo Buff… Como tampoco he leído a Adorno, no puedo evaluar la cita.

    Veamos. Sí he leído utlmamente unas 70 páginas del Liberalismo Político de Rawls y casi toda la Ética Nicomáquea.

    Creo notar coincidencias.

    Diría que aislar el mundo de la acción del de las ideas perjudica a ambos: la acción pasa a ser organizada por intereses privados (como es lógico del más fuierte); las ideas, alejadas de confrontación con lo real, devienen el resultado de una pura combinatoria, se adelgazan, se enriquecen sólo intelectualmente y, por “poco prácticas”, dejan de “ser honradas”, de ser objeto de honor, lo que también es malo, para las ideas y para la ciudad.

    La observación “honos alit artes” en el comienzo de las Tusculanas se ha convertido en tópico, pero es exacta.

    Es lo mismo que si los libros de cocina, fuesen un trabajo de bibliotecarios y se escribiesen solo a partir de bibliografía, sin contrastarse con lo que ocurría al hacer una comida real.

    ¿Podrían las ciencias sociales y el totalitarismo hallarse en ámbitos diferentes (y estancos)?

    El Zen insiste en que el dibujo no es la cosa.

    Comentado por: Fernando Santamaría Lozano el 13/1/2006 a las 11:01

  • "Ella estaba tan desnuda...
    Grandes árboles indiscretos
    tendían al cristal sus ramas
    con malicia, cerca, cerca."

    Comentado por: Tipo de incognito el 13/1/2006 a las 11:01

  • That pack of bastards"
    Se explica como cayó a sus pies el nazi de Heidegger, enamorado hasta la médula de la "independiente" de Arendt...

    Comentado por: joan matapelayos el 13/1/2006 a las 11:01

  • google: hannah arendt

    Comentado por: Tipo de incognito el 13/1/2006 a las 11:01

  • Muchas gracias

    Comentado por: Ana Moltó el 13/1/2006 a las 11:01

  • Yo también soy de los que creía que Hannah era Mia Farrow.

    google: hannah arendt

    Politóloga alemana, nacionalizada estadounidense, reputada por sus obras sobre el totalitarismo y el mundo judío. Nació en Hannover el 14 de octubre de 1906. Tras realizar estudios en tres universidades, a los 22 años de edad se doctoró en Humanidades en la Universidad de Heidelberg. En 1933 marchó a Francia para escapar del régimen nacionalsocialista implantado aquel año en su país y, en 1941, huyó a Estados Unidos, cuya nacionalidad adoptó en 1951. Trabajó en una editorial de Nueva York y ocupó altos cargos en varias organizaciones judías. Después de publicar Orígenes del totalitarismo (1951), impartió clases en las universidades de Berkeley, Princeton y Chicago. Entre otras muchas obras suyas figuran La condición humana (1958), Entre el pasado y el futuro (1961), Sobre la revolución (1963) y la polémica Eichmann en Jerusalén (1963), basada en su informe sobre los juicios a criminales de guerra nazis en 1961. Sus memorias, Correspondencia, 1926-1969, fueron publicadas en 1992. Sus obras siguen siendo muy leídas, sobre todo por quienes luchan contra los regímenes totalitarios. Ejercieron una gran influencia entre los signatarios de Carta 77, movimiento a favor de los derechos humanos en la Checoslovaquia posestalinista.

    Comentado por: Tipo de incognito el 13/1/2006 a las 11:01

  • google: hannah arendt

    La condición humana (fragmento)


    " El discurso y la acción revelan esta única cualidad de ser distinto. Mediante ellos, los seres humanos se presentan unos a otros, no como objetos físicos, sino qua hombres. Esta apariencia, diferenciada de la mera existencia corporal, se basa en la iniciativa; pero en una iniciativa (el appetitus beatitudinis) que ningún ser humano puede detener y seguir siendo humano.
    (...)
    Con respecto a este álguien que es único cabe decir verdaderamente que nunca nadie estuvo allí antes que él. Si la acción como comienzo corresponde al hecho de nacer [como un yo], si es la realización de la condición humana de la natalidad, entonces el discurso corresponde al hecho de la distinción y es la realización de la condición humana de la pluralidad, es decir, de vivir como ser distinto y único entre iguales. "

    Comentado por: Tipo de incognito el 13/1/2006 a las 11:01

  • El simple nombre de Hannah Arendt invita a la nostalgia. "Ciencia melancólica" llamaban a lo suyo quienes luego irritaron a la extraordinaria mujer. Pero quién pillara ahora, al menos, una pizca de la inspiración que hizo famosos a los bastardos. Ojalá pudieramos usar las erramientas que nos regaló Hannah o las que nos dieron sus ex-amigos para ver con más claridad las historias de suevos, hachas, butifarras y serpientes.

    Comentado por: Estupefacto el 13/1/2006 a las 10:01

  • La pareja de petardos Horheimer/Adorno evacuó un excurso sobre la Odisea en su “Dialéctica de la Ilustración”. Dicen sobre las sirenas una melonada que voy a pasar de reproducir.
    Porque, oh azar que todo lo enreda, las sirenas también eran una extraña pareja.
    El pasaje de las sirenas, en su estudiada brevedad, es uno de los malentendidos más asentados de la literatura de todos los tiempos.
    Las sirenas son, en origen, abejas divinizadas. La creencia prehistórica de que las abejas nacían de los cadáveres humanos y eran un avatar del alma y memoria de los difuntos tuvo un arraigo y extensión que hoy escasamente podemos conjeturar.
    En el siglo XX, aún estaba vigente en medios rurales vascos el precepto de comunicar ceremonialmente a las abejas de la colmena doméstica la muerte de un miembro de la familia. El aviso no se hacía de cualquier modo, sino mediante una fórmula especial donde, además, se les encarecía que hicieran cera. La colmena se revestía de luto, como una persona. Las abejas eran seres sagrados, portadores de presagios, y detentadores de un status mixto, entre animal y persona. Su compraventa, por ejemplo, era tabú. Las abejas debían venir por su cuenta o, si uno las quería a toda costa, era preciso liarse con un intercambio donde se entregase algo tampoco adquirido con dinero.
    Rituales y usos parecidos hubo en toda el área mediterránea e indoeuropea. La cera se veía como sagrado soporte de la memoria y la luz. Como la abeja producía ese material venerable y, a la vez, encarnaba a una divinidad, en lenguas como el latín y el griego, sucedió que la palabra original que designaba al insecto pasó a denominar, ya desde tiempos prehistóricos, la materia sagrada que producía –”cera” en latín, “keros” en griego– y diosas con cargos muy importantes –“Ceres” la diosa latina que hace crecer los cultivos, “Ker” la diosa griega de la muerte–. Al mismo tiempo, a la propia abeja, para nombrarla en su avatar profano y animalesco, se le asignaron nombres que aludían al aguijón (apis) o la miel (melissa).
    Sirena viene del védico sarat (abeja) y esa palabra, a su vez, es un derivado de la viejísima raíz indoeuropea ker que significa crecer y también cabeza, así como alude a varios pájaros e insectos, sus cacareos, graznidos y zumbidos. Explicaciones científicas de la generación espontánea de abejas a partir de cadáveres pueden leerse en Sexto Empírico y Plinio.
    En la Odisea, las sirenas apostrofan al héroe –porque a esa altura del poema ya lo es sin discusión, ha abandonado el anonimato y dado a conocer la desaforada aventura del caballo leñoso y su superioridad manifiesta, probada en el más allá, sobre los difuntos Aquiles y Ayax– y le llaman con malévolo descaro (XII, 184): “Ven tú, redomado cuentista Ulises, gran gloria de los aqueos…”
    Las sirenas le motejan ‘polyainos’, que significa ‘redomado cuentista’ y no es un epíteto laudatorio como se ha solido traducir con ovina unanimidad.
    No es en la historia de Ulises donde las sirenas aparecen mencionadas por primera vez, sino en las tabletas de Pilos, el centro palaciano micénico que conoció su esplendor seiscientos años antes de que escribiera la Odisea. En esas tabletas escritas en Lineal B se mencionan las sirenas y también sus cabezas como ornamentos de trono. Porque las sirenas, ellas dos, representaban la omnisciencia.
    El poeta de la Odisea no las describe. Sólo es posible decir que son dos, porque en el pasaje se las designa en dual. Pero no se habla de escamas, colas de pescado, garras ni otros elementos de atrezzo que la imaginería posterior les fue añadiendo.

    El gran peligro de las sirenas para el héroe que tiene mucho cuento consiste, precisamente, en que ellas poseen la memoria y son capaces de revelar la verdad del pasado y el presente, no con su canto, sino con su “ops”, es decir, “voz significativa”. Hablan. Eso es lo preocupante para el cuentista.
    El anuncio promocional que hacen de sus capacidades es muy alarmante (XII, 189): “Conocemos todo: las penas que en la vasta Tróade sufrieron argivos y troyanos por voluntad de los dioses. Sabemos lo que acaece sobre la fértil tierra.”
    Un desastre para el inventor de un pasado glorioso. Las instrucciones de la bruja Circe, por suerte, insistían en el elemento clave para salir airoso del trance apurado (XII, 47): “Empasta y unta en las orejas de los compañeros dulcísima cera, para que ninguno oiga”.
    En la dulcísima cera hay que ver justo la especialidad del héroe que tiene mucho cuento: la invención de historias memorables, la elaboración de una memoria que una vez bien empastada e introducida en las orejas impida oír la verdad, letal para la fama del héroe cuentista.
    El paso por un lugar donde hay sirenas es muy peligroso para cualquier héroe en viaje de promoción. En ese lugar hay muertos -“un gran montón de huesos de hombres podridos” ha dicho Circe (XII, 45-6)- y están ellas, las dos, la extraña pareja, las sirenas, la memoria de los muertos. Que sean dos hay que entenderlo como susceptibles de explicar el pro y el contra, el pasado y el futuro, lo real y lo hipotético, en una palabra, todo.
    Con la dulcísima cera-memoria autopromocional, el héroe tapa los oídos del público que será sordo para la voz de las sirenas. Así es como se supera el paso por un examen especialmente temible, y se evita la debacle donde todo el montaje mentiroso iba a quedar al descubierto ante los incómodos testigos. A éstos se les describe el peligro al revés, es decir, no como el peligro que él cuentista sabe que corre si se llega a saber la memoria verdadera, sino como el gran peligro que corren ellos si dan en oír algo que no sean las memorias aliñadas del cuentista.
    Así, antes de llegar al lugar, o sea, antes de que surja la ocasión en que alguien memore cualquier cosa contraria a la versión conveniente, el público de fieles creyentes en el héroe está aleccionado y sordo. El público de oído untado y empastado con dulcísima cera ya sabe que pasó y no quiere saber otra cosa.
    La advertencia previa de Ulises a los compañeros, testigos que hay que ensordecer, es breve y sutil (XII, 154-160): “No debiérais saber uno ni dos de vosotros los avisos divinos que Circe, ilustre entre las diosas, me ha anunciado, pero los quiero declarar para que sepáis si moriremos o nos salvaremos, esquivando a la muerte y las diosas de la muerte (“Keras”, o sea, “diosas abejas de la muerte”). Lo primero que ordenó es evitar las voces de las sirenas, las divinas parlantes, y su prado florido. Y ordenó que sólo yo escuchara la voz…”
    La descripción de la gravedad del peligro es tan sucinta que, ya no Ulises, sino el poeta de la Odisea es quien se conduce de manera cuidadosamente equívoca porque también él está implicado en la labor de prestigiar al cuentista.
    En la vieja fábula original, anterior a la Odisea, donde se explicaba cómo salvar la dulce mentira establecida del peligroso ataque que pueden representar la memoria y la verdad, había dos públicos. Uno era el que escuchaba la narración asistiendo al montaje farsante del hábil mentiroso. Y otro era el ficticio del propio cuento, los compañeros crédulos del astuto farsante. Es decir, el público veía cómo hay que hacer para engañar al público.
    Al escribir la Odisea, el poeta dio un paso casi tan audaz como su personaje y ya escribió con la intención de que también el lector formara parte de los encandilados por el héroe que tiene mucho cuento.
    La tradicional y unánime interpretación del pasaje de las sirenas, ya desde la antigüedad, da la medida de su éxito.

    Comentado por: Eduardo Gil Bera el 13/1/2006 a las 10:01

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres