Para un cansado espectador I
Prólogo que he elaborado para el libro de Alberto Adsuara De un espectador cansado (Ed.Krausse) que acaba de salir en librería. Debido a su extensión estará en este espacio en dos partes: la primera hoy lunes y la segunda el miércoles 10 de febrero.
Para un cansado espectador
Previamente recomendado por un amigo, cierto día recibí la visita de un joven artista levantino interesado en lidiar con algún cabo suelto de la teoría entonces pos-posmoderna. Al abrir la puerta recuerdo haberme sentido levemente desconcertado por un cráneo rasurado con fiereza y una escueta barba modelo corsario, pero también inquieto por ese tipo de mirada que de inmediato los expertos reconocemos en los escrutadores implacables. De esto debe de hacer por lo menos quince años, cuando todavía era posible hablar con cautela de los últimos embozos artísticos. Decidí que merecía la pena y nos fuimos a un café a tomar cervezas o quizás a una panadería donde aún sirven el café con impávida inepcia. No hablamos ni una sola palabra de teoría.
Me contó que habiendo estudiado en Bellas Artes y persuadido de la inutilidad de la institución había comenzado a buscar otros ámbitos por donde dar escapatoria a sus habilidades. Como tenía una gran facilidad para el dibujo (tomó una servilleta de papel y en un fenomenal garabato me retrató con maligna exactitud) había decidido, dijo, imitar a los antiguos como único y real ejercicio de investigación, en lugar del implemento humanista de su genialidad expresiva y solidaria como le recomendaban en la institución. Con gran agudeza me expuso que era una pérdida de tiempo copiar a los grandes artistas, de modo que había optado por pintores de segunda fila y muy especialmente los catalanes, que son probos artesanos y fáciles de identificar. Llevaba un año copiando a Casas, a Nonell, a Sunyer y otros talentos menores.
Un día había descubierto en el desván de la morada familiar, casona destartalada pero con el inmenso zaguán que antaño no faltaba en ningún hogar honrado, unas resmas de papel del siglo XIX, seguramente restos de un bisabuelo notario, que allí habían quedado hundidas entre colecciones encuadernadas de Blanco y Negro, baúles con ajuares de novias muertas y aparejos de pesca. Al usar aquel noble papel sintió un verdadero vértigo, según dijo. Los dibujos parecían hacerse por sí mismos, sin su intervención, y llegó un momento en que se vio totalmente abducido por creencias paranormales, como si los espectros del Ochocientos, alzándose del Hades, hicieran cola a su espalda para dibujar en aquellas hojas.
Hubo de detenerse cuando se percató de que hacía casi una hora que estaba dibujando sin luz, a ciegas. Y quedó atónito cuando comprobó que uno de los últimos dibujos era el retrato de una dama barcelonesa, con sombrero de redecilla, corpiño de alto cuello y una sonrisa ladeada inquietantemente seductora. También comprobó que había consumido casi todo el papel.
Días más tarde, acuciado por la curiosidad y tras proceder a una rigurosa selección, se los mostró, sin decirle que eran cosa suya, a uno de los profesores de la institución, hombre canijo, picado de viruela, con una perpetua gota colgando de la afilada nariz, pero idólatra de lo bello en su acepción valenciana. "Los he encontrado en el desván de la abuela escondidos entre camisones y refajos", mintió. "¿Cree usted que puedan tener algún valor?". El profesor los miró uno a uno con atención y sobreponiéndose a su perplejidad le dijo que carecían de valor al no llevar firma ninguna, pero que tenían el encanto burgués y discreto del Novecentismo barcelonés y que si le convenía se los compraba por seiscientas cincuenta pesetas.
[Publicado el 08/2/2010 a las 14:08]
Comentado por: Pau el 24/2/2010 a las 19:28
"La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren."
Arthur Schopenhauer.
Vic, explícaselo en catalán. me el da la impresión de ser de esos que van de blog en blog sin aportar más que el gran muestrario de sus miserias, sin atender de qué trata el blog.
Comentado por: cansado de meeles el 10/2/2010 a las 07:52
Miguel, debió usted ser un niño adorable…y sus padres tener la paciencia del santo Job. Ese estilo acelerado me encanta. No lo aprendería de algún orador Romano?
Ahora que venga Vic y nos diga si tengo razón…Por favor, Vic: en latín, español o catalán…el inglés sería otra posibilidad.
Comentado por: me el 10/2/2010 a las 05:15
Comentado por: cp el 09/2/2010 a las 23:00
¿Malvado? A mí me parece de un infantilismo absolutamente enternecedor. La puerilidad es una virtud, según se mire.
Comentado por: pobrescatalanes el 09/2/2010 a las 22:15
Comentado por: Circe el 09/2/2010 a las 21:36
Porque tengo en la mano un pulmón que respira. . .
Escribir…
nuevos papeles de viejos papeles…
en el plano la palabra renace.
Porque Todos sabemos…
animales, vegetales, planeta,
mas el hombre,
entregado al sentido vano
de los tiempos que corren en el Tiempo,
olvida ese Sentido,
último y primigenio,
cuya simplicidad impide su evidencia…
y entonces escribir…
es volver a entender…
es volver a decir…
y entonces escribir es recordar.
Comentado por: DPA el 09/2/2010 a las 19:57
Fragmentos de LA VISIÓN NORMAL DEL ARTE de ANANDA K. COOMARASWAMY
Una visión anormal del arte se ha desarrollado y ha prevalecido durante dos periodos cortos y relativamente carentes de importancia de la historia humana, a saber, en el periodo clásico tardío y durante los últimos quinientos años en Europa.
Según la visión moderna, todo lo que se hace para usos físicos se lo llama arte decorativo, aplicado o industrial; y todo lo que se hace para uso intelectual, se lo lla-ma arte bello, o arte puro, o simplemente Arte con una A mayúscula. Aquellos que hacen cosas se dividen igualmente en dos castas, respectivamente de obreros y artis-tas. Si el trabajador ha de producir o de usar obras de arte, no se espera que lo haga en conexión con su función humana en tanto que hacedor de cosas concebidas para el uso, sino como un entretenimiento, que ha de cultivarse en las horas de ocio; puesto que los aparatos que ahorran trabajo, debido a los cuales el trabajador es arrojado fuera del trabajo providencialmente, le proporcionan el tiempo libre necesario para «cosas más elevadas». Al trabajador se le llama al mismo tiempo un hombre «libre», pues tiene la libertad de trabajar o de morir de hambre, y de esta manera se le distin-gue técnicamente del esclavo, que debe trabajar, pero a quien no puede permitirse que muera de hambre.
El artista es de una especie tan noble, que si continúa insistiendo, y se muere de hambre en una buhardilla persiguiendo un ideal privado, no es condenado, como lo sería un trabajador, como antisocial, sino que se le considera como una persona in-comprendida, y se le anima a creer que está trabajando como poco para la posteridad. El artista moderno es un tipo especial de hombre, distinguido de los otros, no cierta-mente por su sabiduría, sino por su sensibilidad, a cuenta de cuya sensibilidad se le permite una licencia moral correspondiente. Aunque el artista espera ser pagado, y si es posible elevadamente pagado por su trabajo, no le agrada que se le pidan cuentas. El patrón paga al gaitero, pero no puede pedir el tono. Si el patrón rechaza el produc-to porque no es lo que quería, todo el mundo artístico se siente ultrajado; ¿cómo se atreve el patrón a saber lo que quiere?
El hecho de que el artista deba ser elogiado por un exhibicionismo que está con-denado en otros hombres, es algo que nunca se ha explicado; y los expertos en la conducta tampoco recuerdan siempre que los niños que lloran también están expre-sándose a sí mismos, y que a cada gangster le mueven igualmente sus impulsos ínti-mos, ni por qué el artista considera al público como su felpudo. En tanto que el pú-blico es atraído hacia el exhibicionista moderno, ello no es por el arte como tal, sino esencialmente por la auto-revelación de una personalidad peculiar y generalmente anormal.
En la visión normal del arte, la actividad del hacer nunca se considera como teniendo a la belleza como su meta o fin. La obra de arte es siempre ocasional; siempre hay alguna cosa definida que ha de hacerse, no cualquier cosa. La belleza, como la bondad, es un concepto indefinido: uno podría decidirse igualmente tanto a «hacer algo bueno» co-mo a «hacer algo bello», —el resultado será algo «afectado» o diletante, por no decir ridículo, en ambos casos. Uno actúa con algún bien particular en vista, no en interés de la bondad por la bondad misma. De la misma manera, sólo un loco actuará por actuar, o hablará por hablar. El cocinero más entusiasta no cocina por cocinar, sino que tiene a sus comensales en mente. Así pues, no es un impulso estético o un des-contento psicológico el que pone a trabajar a un hombre cuerdo, sino algún problema específico, establecido por las necesidades del patrón, que puede ser él mismo si construye su propia casa, o el de otro si se le encarga construirla para otro.
¿Para qué es entonces la belleza? La respuesta tradicional es muy definida. La belleza es una fuente de delectación, pero no un fin en sí misma; es una convocación a la acción. La función de la belleza es atraernos, no hacia sí misma, sino hacia eso que es bello. La belleza puede ser sentida, pero la afinidad de la belleza es con la cognición. La belleza es ese aspecto de la verdad que nos atrae hacia la verdad. El valor de la retórica es adornar, no a la exposición por sí misma, sino para atraernos hacia el con-tenido de la exposición. Ningún gran artista ha tenido nunca en mente sólo agradar, sino conducir. Dante, por ejemplo, no tenía en vista ningún fin literario cuando com-puso la Divina Comedia; él mismo nos asegura que toda su intención era el propósito práctico de conducir a los hombres desde la miseria a la felicidad. Toda obra de arte verdadera es didáctica en este sentido, y nada disgusta más al artista serio que ser elogiado por su manera e ignorado por su contenido.
El artista normal solo tiene un interés, a saber, el bien de la obra que ha de hacer-se. Él se entrega al tema, sin reserva. Nunca se le ocurre firmar su obra, ni exponerla en ninguna parte sino en el lugar para el que se hizo. No podría haber mayor eviden-cia de la irrealidad y de la superficialidad del arte moderno, que la ambición del artis-ta a estar representado en un museo. El artista normal no se niega a sí mismo por cau-sa del amante de las cosas bellas; él sólo tiene en vista el uso. El artista normal es sobre todo un hombre práctico. Imagínese su actitud hacia un soldado, para el que ha hecho una espada magnífica, si el soldado pasara sus días admirando la espada, sin pensar nunca en emplearla. La actitud del pintor en relación con un icono es la mis-ma; su interés está en hacerlo bien, y asume naturalmente que el patrón sabrá como usarlo. La comprensión del adorador de un icono en su lugar, es mucho más profunda que la del esteta, que considera sus valores decorativos en un museo. El coleccionista puede ser comparado con la urraca, que decora su nido sin comprender nada de la naturaleza de los materiales que selecciona para el propósito. La mayor parte de nues-tro estudio del arte antiguo y oriental es diletante en este sentido.
Así pues, las formas del arte tradicional no estaban determinadas por una estética, sino por una necesidad intelectual; ellas son formas de la verdad antes de ser formas del sentimiento, pero son también formas del sentimiento porque la verdad es siem-pre en último análisis atractiva, o, en otras palabras, bella. Las composiciones anti-guas y orientales no se calculaban como las nuestras para el confort, sino por la ver-dad. El arte no nace por el arte ni puede ser curado de ninguna enfermedad por el arte. Todas las enfermedades del arte de hoy, ya sean las de las artes visuales o las de las artes de la organización tales como la sociología, dependen de nuestra falta de acuerdo en lo que respecta a una verdad absoluta o ley eterna, cuyos diferentes aspec-tos querríamos ver expresados y recordados día tras día, de manera que pudiéramos imitarla en el arte de vivir de hecho. Pero no hay nada de importancia suprema que tengamos que decir o que queramos escuchar, y por consiguiente no hay ninguna gravidez en nuestro arte. Si el arte ha devenido un lujo y, hablando estrictamente, una superfluidad, con un atractivo meramente sentimental, —desde cuyo punto de vista Maxfield Parrish puede preferirse muy acertadamente a Cezanne,— se debe a que nosotros ya no estamos interesados en ninguna forma de la verdad que se requiera que el arte exprese.
La verdad del arte implica la verdad del hombre para quien el arte existe; todos los pueblos tienen un arte que se merecen, y sólo el que se merecen. Mientras un hombre está convencido de la limitación finita de su propio ser, todo lo que tiene que decir permanece superficial, independientemente de lo bonita o elegantemente que lo diga. Solo cuando procede desde lo absoluto, y no empíricamente, puede efectuarse esa justa composición de los relativos. Toda música es una imitación, no de sonidos que golpean el oído, sino de la música de las esferas; cuando esa música ya no es au-dible, la música terrenal deviene discordante. En la visión normal del arte eso se da por supuesto; toda la tradición está de acuerdo en que las artes y los oficios, aunque están ordenadas a fines humanos, son de un origen suprahumano. Eso es una cuestión de niveles de referencia; el Reino de los Cielos está dentro de vosotros, «Mira, haz todas las cosas según el modelo que se te mostró en el monte» (Éxodo, XXV:40). Las formas de todas las cosas que han de hacerse están depositadas allí. La parte más esencial de la creación artística es el acto contemplativo por el que se aprehende la forma imitable; esto no es en modo alguno una cuestión de receptividad o de «inspi-ración» pasiva, sino una actividad del intelecto que tiene sus propias leyes precisas, que son las mismas que las de la devoción. La belleza, la bondad y la verdad son as-pectos de un único principio; como aspectos pueden examinarse por separado, pero quienquiera que suponga que pueden poseerse por separado se encontrará a sí mismo carente de todo, y encerrado para siempre por los muros de su propios gustos y aversiones.
Comentado por: c/p el 09/2/2010 a las 19:19
Un trazo maestro en un lienzo. Puedo preguntarme, ¿cómo se alcanza un trazo maestro? Así se habla en el ambiente artístico. ¿Qué es un trazo maestro en una pintura flamenca o del barroco o del expresionismo? Deberían darme una muestra universal de un trazo maestro para reproducirla las veces que yo quiera, como si fuese un ser clónico. Entonces entendería qué magia acompaña a los trazos dados por un pintor para que la mirada en el lienzo de una mujer me impida, durante minutos, apartar sus ojos de los míos. ¿Hay unas dimensiones específicas? ¿Qué colores producen que un trazo en una pintura sea maestro? Alguien abandona Bellas Artes. ¿Es que allí no te enseñan a dar trazos maestros? Entonces, ¿para qué sirve una academia de bellas artes, donde se supone que hay maestros en la materia? Quizá me equivoco. Una academia de bellas artes no es una escuela de ingeniería. El arte es otra cosa. Cómo explicarlo. Sí. En una academia de bellas artes hay maestros, como en el colegio, que te enseñan a practicar, pero no te enseñan a ser un maestro. ¿Lo vamos entendiendo? Sólo unos pocos llegarán, con el tiempo, a ser maestros. Comprenderán qué es un trazo maestro en una pintura. De acuerdo. ¿Y los maestros de la academia? ¿Por qué no se han hecho famosos? ¿Por qué no han abandonado la esclavitud de un horario, de un sueldo a fin de mes? ¿Por qué no son unos maestros como Picasso o Dalí, dueños al fin de su tiempo? Un momento. No había contado con el genio, esa cosa que no se aprende. Un maestro de una academia de bellas artes puede conocer el trazo de un maestro, de un genio. Pero quizá el propio maestro, el propio genio, desconozca que lo es. Y ahora sí que viene una pregunta que todavía nadie me ha contestado. ¿Por qué los actuales maestros del arte, como los que he descrito anteriormente, no hacen las veces de una especie de tasadores de pinturas, de cuadros? Si esto es imposible, ¿de qué estamos hablando cuando nos referimos a una obra de arte que consideramos, personalmente, bella, esplendorosa, magistral? Yo pienso que no sabemos exactamente de qué estamos hablando, si consideramos al leguaje como algo que sirve, básicamente, para comunicarnos con los demás. No sé si van por ahí los tiros. No sé. No siquiera sé si van, en este ámbito de la creación humana, en alguna dirección.
Comentado por: miguel el 09/2/2010 a las 18:41
Gracias a Vd., Chiqui, por el texto tan bonito que escribió hace meses sobre sus perros, y por la otra joya de Max Aub que dejó el otro día.
Saludos
Comentado por: knudsen el 09/2/2010 a las 18:28
Knudsen, gracias. No sabes cómo me he reído (de alegría) La de veces que oía conversaciones como ésta cuando pasaba los veranos en los cortijos y pueblos andaluces…Una joya.
Lo de ‘me cago…’ y claro, no era la virgen sólo. Con razón crecí tan descreida.
Comentado por: me el 09/2/2010 a las 18:15
"
Diálogo sobre la religiosidad del presente
Visité a un amigo con intención de aclarar en una conversación pensamientos y dudas sobre el arte que me habían traído las últimas semanas. Ya era casi media noche cuando la conversación se alejó del arte y se dirigió a la religión.
Yo (él): Le agradecería me dijera quién tiene en nuestro tiempo una buena conciencia al disfrutar del arte. Excluyo a los ingenuos y a los artistas. Considero ingenuos a quienes son capaces por naturaleza de no sentir embriaguez en la alegría instantánea (como tan a menudo nos sucede), porque para ellos la alegría viene a ser un recogimiento de la totalidad de la persona. Estas gentes no siempre tienen gusto, casi me atrevo a decir que la mayor parte de ellas son incultas. Pero sin duda saben qué hacer con el arte y en arte no se entregan a las modas. En cuanto a los artistas: ¿verdad que no hay problema?. Porque, en su caso, la contemplación del arte es una profesión.
Él (el otro): Pero Ud., en tanto que hombre ilustrado, traiciona así a la entera tradición. Hemos sido educados para no preguntarnbos por el valor del arte. L'art pour l'art!
"
...continuará(?)
http://www.youtube.com/watch?v=UM422J8_GOc
saludos
Comentado por: vic el 09/2/2010 a las 13:15
"David Nahmad, uno de los más importantes marchantes del mundo, con residencia en Mónaco y propietario a unas 300 obras del artista español Pablo Picasso, califica ayer de "fraude" buena parte del arte actual.
En declaraciones al dominical de The Independent , Nahmad, que tiene una colección de 5.000 obras, afirma que en los tres o cuatro últimos años el mercado del arte se ha reducido a "dos o tres compradores compitiendo entre sí" e inflando artificialmente los precios. "Hay mucha gente que compró arte que ahora no vale lo que pagó por él", explica el marchante, según el cual "mucha gente conocía el juego, pero quienes lo ignoraban están cayendo ahora en la cuenta. Es casi un fraude". "Yo nunca aconsejo a mis clientes que compren arte contemporáneo", explica Nahmad, que ha ganado millones comerciando con obras de artistas del siglo XX como Picasso, Matisse o Rothko.
Nahmad dice no creer que desde Francis Bacon se hayan producido avances y señala que los últimos creadores notables fueron Yves Klein y Lucio Montana."
La Voz de Asturias.
¿De quién fiarse? Pregunto.
Comentado por: miguel el 09/2/2010 a las 12:46
subiendo el nivel,
¡tronchante!
en defensa del idioma español,
http://www.youtube.com/watch?v=K0NcNRKOITU&feature=related
Comentado por: knudsen el 09/2/2010 a las 12:28
Pues si se le enseña una materia cual sea a estudiantes catalanes qué menos que el profesor sepa qué le están preguntando sus alumnos si les apetece hacerlo en su lengua. Parece que no, pero el que se responda algo coherente, ayuda. Ahora, si lo que se tienen son ganas de salir por peteneras porque no se quiere hacer otra cosa, pues nada; a meter en el mismo saco a los parados estatales y el calentamiento global, de los que también deben ser culpables las vacas de Girona.
Comentado por: Lo que hay que oír el 09/2/2010 a las 12:21
"Las universidades tendrán plena autonomía para decidir cuándo y qué tipo de acreditación de catalán exigen a los profesores foráneos que contratan en régimen de permanencia. Así lo prevé el proyecto de decreto validado ayer por la Generalitat y los rectores en el marco del Consejo Interuniversitario de Cataluña (CIC)."
Comentado por: ¿ algún problema ? el 09/2/2010 a las 12:08
Qué tendrá que ver el catalán con el estudio del ARN-polimeras, como conjunto de proteínas, las cuales tienen un carácter enzimático. El idioma internacional de la ciencia es el inglés; pero sobre todo el matemático. El problema es la manía de proteger el catalán aun a costa del desarrollo científico de la sociedad. Cuatro millones de parados, y subiendo. Los intereses de la deuda del Estado imposibles de negociar. Y ahora resulta que los principales problemas que tenemos los que aquí vivimos es cómo se protege el catalán en la Universidad y lo de la conspiración cósmica contra Zapatero. Para salir corriendo.
Comentado por: sera el 09/2/2010 a las 12:04
Esto ya está tomando visos de sitio. A ver si tendremos que volver a salir a tocar el tambor mientras pedimos una limosnilla cultural...
De risa, vamos.
Comentado por: pobrescatalanes el 09/2/2010 a las 10:42
No me creo ni la mitad de lo que cuentas, Félix, pero has hecho un gran trabajo: hace unos dias me percaté de que Alberto Adsuara ha abierto de nuevo su blog. Lo que decía el otro día: a pesar de perder a Eduardo Gil Bera (esperemos que sea por poco tiempo), el año va bien.
Comentado por: juandiezdelcorral el 09/2/2010 a las 10:10
Se supone que un idioma o lengua, con su propia literatura, etc., es cultura o saber o como le quieran llamar y ningún tipo que tenga el saber o la cultura como oficio puede considerar que sea perder el tiempo aprender uno más.
Porque si no se parte de ahí, entonces puede que ningún idioma o lengua sea cultura ni saber ni nada que se le parezca, y entonces ya podemos volver tranquilamente a comunicarnos a gruñidos o bocados, esos si son idiomas universales nada sectarios ni sospechosos de nada.
Comentado por: Romeo Romo Rema el 09/2/2010 a las 10:08
Supongo que en Dinamarca pediran el nivel C de danes, en China el nivel C de chino, etc. Se supone que un catedratico ha de conocer el idioma del lugar donde trabaja no?. Se imaginan a Trillo como catedratico de Ardor Guerrero en West Point y que no tenga ni idea de ingles?.
Comentado por: perplejo el 09/2/2010 a las 09:57
"La Generalitat rectifica y las universidades decidirán el nivel de catalán del profesorado"
"Las universidades tendrán plena autonomía para decidir cuándo y qué tipo de acreditación de catalán exigen a los profesores foráneos que contratan en régimen de permanencia. Así lo prevé el proyecto de decreto validado ayer por la Generalitat y los rectores en el marco del Consejo Interuniversitario de Cataluña (CIC). El texto supone una marcha atrás por parte de la administración autonómica con respecto a las exigencias actuales en esta materia, ya que hasta ahora se pedía oficialmente a los centros que reclamaran a los docentes de fuera —otros países u otras comunidades— el nivel C en el momento de la contratación."
http://www.abc.es/20091113/nacional-catalunya-barcelona/generalitat-rectifica-universidades-decidiran-200911130744.html
Comentado por: ailas trolas el 09/2/2010 a las 09:57
Montilla: Los que quieran ejercer de catedráticos en las universidades catalanas tendrán que tener el nivel C de catalán. Es decir: conocimiento científico = a nivel C, de catalán. Una relación perfecta para definir el empobrecimiento cultural y científico en Cataluña. A este paso ni los pintores se podrán refugiar en sus imágenes, como les ocurrió a los del Dau al Set en la postguerra. Es posible que de los cónclaves de la Generalitat salga un día que las imágenes pictóricas sin el nivel C = a basura estética españolista. ¿Las exposiciones de pintura también hay roturarlas en catalán? Pregunto.
Comentado por: sera el 09/2/2010 a las 09:03
Comentado por: subiendo el nivel el 09/2/2010 a las 08:31
Comentado por: me el 08/2/2010 a las 23:43
Comentado por: zhōng guó el 08/2/2010 a las 21:56
Joan Ponç: magia y tormento
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Joan ponç ha sido uno de los más grandes artistas de Cataluña y sin embargo su obra ha permanecido sumergida en el desconocimiento del público general en comparación con otros muchos pintores de su generación. Fue uno de los fundadores del movimiento Dau al Set (junto a los pintores Modest Cuixart y Antoni Tapies, el poeta Joan Brossa, etc), un grupo artístico de la posguerra que a través de una pequeña revista de mismo nombre intentó remover un poco la quietud reinante en la vida cultural de su momento. Dau al Set se reclamaba hederero del surrealismo, pero dado el régimen de opresión y censura que les tocó vivir dejaron a un lado cualquier tipo de rebelión social o política y se restringieron a las imágenes. En ese sentido, la obra que surgió de este grupo fue magnífica. Preocupados por cultivar una estética magicista y con referencias vagamente esotéricas sin duda fue Joan Ponç el que más lejos llegó en la exploración de esta actitud, la cual mantuvo (a diferencia de la mayoría de sus compañeros de Dau al Set) a lo largo de toda su vida.
La obra de Joan Ponç está sembrada de una atmósfera de extrañeza absoluta, con pocas referencias al mundo “objetivo”, conformando sin embargo una descripción obsesiva e infinitamente detallada del mundo interior de su autor, con obras agresivas, demoníacas, atormentadas y que en general resultan muy cercanas a la producción del llamado Arte Bruto (realizadas por enfermos mentales y autodidactas marginales). Su obra que apenas se expuso y vendió en vida del pintor (murió en 1984 con 57 años) y al parecer queda un fondo bastante amplio que ni siquiera ha sido reproducido en ningún libro.
http://www.mentesdeacido.net/articulos/ponc/ponc.html
Comentado por: DPA el 08/2/2010 a las 20:00
¿Es el valor de una obra de arte su precio? ¿Quién determina el valor y el precio en una pintura? ¿Era el precio real de aquellos dibujos el establecido por el profesor de nariz gótica? ¿Sabía dicho profesor que era el estilo de alguien que copia a los artistas de segunda fila? ¿Sabía el copiador ciertamente qué pintura es de segunda fila y qué otra no lo es? ¿Por qué hay pintores considerados por los entendidos de primera fila, cuyas obras no me emocionan, y sin embargo se cotizan muy bien en los actuales mercados del arte? Realmente esto del valor y el precio en el arte de hoy parece algo relacionado con lo paranormal. Cosa que no es de extrañar, pues casi nadie, por ejemplo, conoce cómo funcionan o qué demonios son eso de los mercados financieros. ¿Una nueva forma de arte?
Comentado por: miguel el 08/2/2010 a las 17:55
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
2011 Premio González-Ruano de Periodismo
21/5/2013 01:01
ué quisquilloso, tipo material,...
Publicado por: mariano rajado
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Oiga, ¿cómo es eso de tener cada...
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09/5/2013 22:48
Yo mientras tanto estoy cogiendo...
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