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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de julio de 2019

 Blog de Félix de Azúa

Dificultades para empezar una guerra

No recuerdo qué historiador se felicitaba de que la generación nacida en los años cuarenta del siglo pasado era la primera que vivía en una España sin guerras civiles. De un modo u otro nos las hemos apañado para mantener siempre afilado el cuchillo y limpio el trabuco, no con el fin de defendernos sino con el borrar del mapa a nuestro vecino. El caso es que no habiendo vivido guerra alguna, los de mi quinta no sabemos cómo empiezan.

Tenemos, en cambio, múltiples testimonios personales y directos de quienes vivieron la última guerra civil, la segunda guerra mundial, o la muy reciente de los Balcanes, que es la más próxima en arte y carácter a las nuestras. Así que guerras no han faltado y casi todos estos testimonios hablan de la inmensa sorpresa que supuso el comienzo de la carnicería y cómo mucha gente ni siquiera alcanzaba a creerlo. Fue también universal la creencia de que la guerra recién comenzada iba a ser breve, cosa de semanas.

Así recuerdo yo el testimonio de mis padres y abuelos cuando hablaban sobre julio de 1936, un mes particularmente caluroso, decían, aunque es imposible saber si en verdad ese intenso calor no era sino una figura retrospectiva del sofoco y la histeria que acompañaron a la sublevación de Franco. El caso es que nadie lo esperaba. Pueden leerse miles de declaraciones atónitas de quienes vivieron aquella repentina catástrofe. Desde luego, casi todos presumieron que el conflicto iba a resolverse antes de fin de año. Y esto es algo muy sorprendente para nosotros que sabemos cuánta era la fragilidad del gobierno republicano, ¿Cómo no sospecharon algunos ciudadanos bien informados lo que se les venía encima? Pero es que en 1936 nadie sabía cuál era la verdadera proporción de fuerzas, ya que una guerra es justamente eso, un albur, un golpe de dados a vida o muerte, un salto hacia nuestra animalidad más primitiva y arcaica, un furor sagrado que busca el entrechocar de los cuerpos. Nadie puede saber quién será el más resistente hasta que el más débil muerde el polvo.

No sucedió nada distinto cuando Alemania desató la guerra en 1914. Es admirable constatar en el muy documentado "Agosto de 1914" de Alexander Solyenitsin la estupidez del alto mando del ejército zarista, la incompetencia de sus oficiales, la eufórica fe en la victoria de los pobres soldados. Y en su "Doktor Faustus" relata Thomas Mann el comienzo de las dos guerras mundiales, ambas iniciadas con la absoluta convicción en la rapidez de la victoria germana, así como el ambiente de entusiasmo delirante con que acogió la lucha una mayoría de la población.

Desde luego Mann no disimula la presencia de algo oscuramente maligno en el comienzo de las guerras, un elemento incompatible con la conciencia. Su desarrollo es ya otra cosa, pero la declaración de guerra, el acto de provocarla, de saltar al vacío, parece siempre el fruto de un extravío de mandatarios y súbditos. Muy pocos ciudadanos quedan libres de esa embriaguez que parece emanar del olor a sangre humana, y menos aún quienes adivinan las proporciones del acto de enajenación, el abismo en el que van a hundirse quienes se creen vencedores. Es cierto que hay también un trágico coro de mujeres aullando desgarrada y quizás resignadamente contra la guerra. Su presencia parece la compensación biológica del maléfico entusiasmo masculino, pero es un lamento atávico, el de las plañideras ancestrales que deploran la pérdida de lo único que es suyo, sus hijos y maridos, ya que toda otra posesión les estaba vedada.

La demencia del agresor, de aquel que cree ser el más fuerte (incluso cuando es el más fuerte), viene siempre teñida de alucinaciones nacionales, heroicidades añejas, patrias heridas de muerte, agravios remotos, como si el mundo entero hubiera conspirado contra esa nación que ahora va a demostrar su poderío con el fin de que quienes la despreciaron se arrepientan y no sólo le cobren admiración sino, añade Mann, se vean en la necesidad de respetarla y amarla. Una verdadera locura, pero siempre presente en el inicio de la guerra. Una vez terminada, aquellos que iniciaron el cataclismo constatan que sólo han logrado crear más odio, tanto si han ganado como si han perdido. Comienza entonces la pavorosa peste de la apología y el ascenso de los turiferarios a empleos de altura. Serán ellos quienes acaben de hundir en la miseria moral a los causantes del desastre.

La última guerra europea, la de los Balcanes, no tuvo otro comienzo: euforia y estupidez sazonadas con agravio nacional, la herida narcisista. Un testigo presencial que hubo de huir a pesar de tener protección diplomática y que no pudo evitar que unos soldados de frontera asesinaran ante sus ojos al amigo a quien trataba de salvar, me ha contado repetidas veces y siempre con nuevos datos espeluznantes (datos que imagino han ido aflorando poco a poco de aquel horror hundido en su memoria) cómo unos días antes del estallido de la guerra el grupo de la universidad se reunía sin saber si uno era bosnio, croata el otro, montenegrino un tercero. Y si acaso se sabía, sólo se comentaba con aquella retranca de las peculiaridades regionales que hacían más simpático al recién llegado y más fácil de acoger. Todavía cuando hice el servicio militar, a mis compañeros no se les llamaba por el nombre sino por el lugar de origen y lo educado era gritar "¡Vic, a cocinas!", o bien "Suelta un cigarro, Tortosa!", como seguramente se había hecho siempre entre soldados.

A los pocos días, sin embargo (y para su estupefacción), cuando se reunían como era habitual en el bar de la facultad de Belgrado y tras constatar mi amigo que faltaban dos o tres de la peña y preguntar por ellos, caía un silencio agobiante hasta que alguien justificaba crispadamente que los desaparecidos eran croatas o albaneses y que estarían escondidos de pura vergüenza o habrían regresado a sus madrigueras. En realidad estaban muertos, pero eso no sería público hasta al cabo de unos meses, cuando los delirantes cabecillas de la guerra se hartaran de beber sangre humana y cantaran borrachos los himnos de la supremacía nacional.

Cuenta mi amigo cómo algunos estudiantes que habían compartido pensión o incluso cuarto de alquiler, gente amable, jaranera, compañeros perfectos y entrañables de juergas y amoríos, se transformaron en cosa de días y se acusaban los unos a los otros de asesinos, psicópatas, o peor aún, de gente con una identidad racial, nacional o religiosa despreciable, inferior, anormal, impropia. Era como soñar una pesadilla ajena. Desde fuera se constataba el súbito ataque de locura, la furia que infectaba como la peste a todo el mundo con una velocidad demoníaca, pero desde dentro se había producido una inexplicable ceguera que impedía ver a otros humanos como humanos.

Porque esa es la cuestión, a saber, que nosotros ya no creemos en la maldad y la tecnificamos llamándola "desequilibrio mental" para lo cual hay expertos controladores, los psiquiatras, los psicoanalistas, olvidando que uno de los más sanguinarios verdugos de la guerra balcánica era, justamente, un psiquiatra de reconocido prestigio. El caso es que no creemos que exista tal cosa como la maldad, el odio que infecta a quienes se creen superiores o más fuertes, pero poco reconocidos. Esa herida diabólica sólo puede curarse mediante la destrucción de quien les agravia, siendo el agravio muchas veces la mera presencia física del otro. Tenemos un origen en Adán y Eva, pero otro en Caín y Abel.

Así que a lo mejor el mal existe y lo tenemos muy cerca. De ser así, como el ladrón entrará en nuestras casas mientras estemos dormidos.

Artículo publicado el sábado 16 de enero de 2010.

[Publicado el 25/1/2010 a las 09:00]

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Comentarios (32)

  • Oigan, que esta entrada ya es antigua. Esto ya no lo lee nadie (creo). De todos modos, por si alguien lo lee: yo si fuera Azúa me preocuparía de que un defensor de genocidas y criminales de guerra me dijera que "no soy coherente" y que "le decepciono".

    Comentado por: mmm el 29/1/2010 a las 16:49

  • Pues sí, qué manía de sobreinterpretar, sobre todo si se recurre a fuentes de segunda mano. No es cierto que "las feministas británicas fueron unas activas pro-belicistas". Lo fueron algunas. Como lo fueron otros tantos hombres y mujeres de su país, feministas o machistas. Por cierto, no se qué sabrá de feminismo o historia la tal Amorós. No es más que uno de tantos personajes que escribe más o menos bien y sabe venderlo. Las británicas tardaron aún algunos años en conseguir el pleno derecho al voto, y plenos derechos en la sociedad, por no mencionar que ambas guerras mundiales asestaron duros golpes al movimiento feminista, al que las mujeres españolas de la era post-franquista y post-progresista por cierto poco han aportado.

    Reitero: un pobre análisis del conflicto yugoslavo, por un autor con la pluma tan fina y afilada para otros temas. La desmembración del estado yugoslavo nos acabará trayendo recuerdos amargos. Ya se vió la poca coherencia histórica del gobierno español al no reconocer a Kosovo donde antes sí había reconocido la existencia de similares estados bananeros.

    P.S. Sin ánimo de ofender a las bananas.

    Comentado por: Desde Alemania el 29/1/2010 a las 15:52

  • ¿Así que Azúa se olvidó también del moviento feminista pro-belicista, acordándose sin embargo de las plañideras?

    Comentado por: un nuevo motivo para el pimpampum el 28/1/2010 a las 22:09

  • Lo que sí parece débil es su ¿razonamiento? según el cual el que el movimiento feminista se declarara pro-belicista invalida en algo el pensamiento individual de V. Woolf.
    Y debería aprender a usar las comillas, que es algo muy elemental: cuando se usan para citar a alguien no se debe mezclar el texto intruducido con la propia opinión sobre lo que dice ese texto. Si es que pretende que el suyo sea un debate "razonable".

    Comentado por: lalectoracomún el 28/1/2010 a las 22:05

  • Francamente, es curiosa la manía de alguna gente por sobre-interpretar o directamente delirar, según los casos.

    "Si no ha mencionado a Tudjman es que es pro-croata e imperialista"... Buen razonamiento.

    "Si sólo menciona a las plañideras y no a la Woolf es que está invisibilizando a las mujeres que se opusierona a la guerra y su texto es sexista"... Otro buen de penetración crítica (Las feministas británicas, por otro lado, según recuerda Celia Amoros, feminista al fin, fueron unas activas pro-belicistas, lo que les valió el reconocimiento del estado en forma de derecho al voto tras el fin del conflicto).

    En fin. Que el que no dispara contra lo que Azúa (no) "viene a decir" es porque no quiere.

    Saludos

    Comentado por: yosecuestréamao el 28/1/2010 a las 21:22

  • ... las guerras que menciona Azúa no aparecieron en democracias, o semidemocracias, como la nuestra. La mediocridad, la burocracia del estado autonómico, las boberías de la televisión y un largo etcétera diluyen la posibilidad de que salten esas chispas cósmicas.
    Ante todo debemos defender esta mierda (si queremos salvarnos)

    Comentado por: Javier el 27/1/2010 a las 22:22

  • No olvide sera que el feminismo deplora igualmente que se diga a la mujer qué ropa debe ponerse, como que se le diga qué ropa ha de quitarse.

    Comentado por: no el 27/1/2010 a las 11:45

  • Un pobre análisis de las guerras balcánicas, dentro de la línea anti-serbia oficialista de la OTAN y sus esbirros.

    Y al carro de esta pobrísima línea argumental, un esbozo de estudio demagógico...

    Apenas se menciona a croatas y eslovenos, quienes empezaron el jaleo. Claro, entonces todos locos de contentos con los separatismos que se avecinaban. Todos un clamor. Y los serbios, los malos de la película... Porque siempre ha de haber un malo dentro de estos primitivos esquemas nacionalistas post-románticos.

    Curiosa es la coincidencia de un llamado pensador como F. de Azúa con los voceros de la línea oficial, la que -recordemos una vez más- aplaudió la desmembración de un estado europeo. Imagino los palmeros que habría en Europa si algo así pasara en España...

    Desde luego, un poco de coherencia a estas alturas sería bienvenida.

    Decepcionante.

    Comentado por: Desde Alemania el 27/1/2010 a las 10:50

  • ¿Hay que referirse como norma también a los hombres que han escrito contra las guerras en artículos como los de Félix de Azúa? ¿Por qué? Si la propiedad biológica de las mujeres son sus maridos e hijos, ¿por qué éstos suelen romper ese contrato de propiedad? ¿Acaso se debe a una confabulación universal de los hombres contra las mujeres? Si hay bases biológicas tanto en hombres (más agresivos) como en mujeres, ¿por qué las feministas suelen obviarlas en sus escritos y ensayos? Y una cosa que siempre me ha intrigado. ¿Por qué la lucha contra el burka y otras clases atrocidades cometidas contra la dignidad de millones de mujeres en "otras culturas" parece estar mejor asumida por hombres, salvo la excepción de algunas incautas, a las que las feministas de plantilla suelen acusar de estar al servicio del imperialismo? En Francia se ha prohibido el Burka en los recintos públicos. No he visto todavía un brote de gozo, algún escrito periodístico, que salga de alguna organización feminista ante esta gran noticia para la causa de los Derechos Humanos. ¿Será que el mal no es sólo patrimonio del sexo masculino?

    Comentado por: sera el 27/1/2010 a las 07:37

  • "Es cierto que hay también un trágico coro de mujeres aullando desgarrada y quizás resignadamente contra la guerra. Su presencia parece la compensación biológica del maléfico entusiasmo masculino, pero es un lamento atávico, el de las plañideras ancestrales que deploran la pérdida de lo único que es suyo, sus hijos y maridos, ya que toda otra posesión les estaba vedada."

    Oh, vaya, Azúa deja constancia de esas anónimas plañideras, seguramente muy bien documentadas, y en cambio no habla del muy conocido ensayo de una mujer, Virginia Woolf, contra la guerra: Tres guineas, en el que la presiente y la condena, con mucha más agudeza y anticipación que sus masculinos colegas, y por eso mismo fue apartada del discurso político de su época.

    Comentado por: lalectoracomún el 26/1/2010 a las 19:36

  • He leído algunos artículos sobre Haití, algunas columnas (sobre todo en EL PAIS), y he sacado esta conclusión: el terremoto nos ha descubierto la terrible circunstancia de un pueblo sometido al yugo estadounidense durante décadas. Ahí estarían los aranceles, el FMI, etc. Todo un análisis simplista, maniqueo. Dado que el mal emana de la concepción política, cultural, económica, de la democracia más antigua del mundo, cualquier accción de ésta, aunque nada tenga que ver con una guerra preventiva como la de los Balcanes, ni, por supuesto, con el hidalgo Obama y su escudero ZP, sino que trate de la ayuda para la supervivencia de muchas personas, siempre estará bajo sospecha. Y yo digo: si hay un mal es porque tiene que haber un bien. Esos articulistas y columnistas que he mencionado saben dónde está el mal; pero no saben, o no quieren decirnos, dónde se halla el bien. Si me hablan de la justicia universal, de acuerdo. La idea me satisface. Pero si yo rechazo, de una forma realista, la posibilidad de llegar a establecer la justicia al margen de la cultura democrática, por muy calamitosa que me pueda parecer, entonces, ¿de dónde puede emerger la mencionada justicia universal que tanto anhelamos? ¿Hacemos tabla rasa y empezamos de nuevo a construir una nueva historia, un nuevo hombre? ¿Nos ponemos una especie de coraza moral y abominamos de los villanos norteamericanos que nos llevan por el sendero del mal? ¿Es que ese tipo de actitudes no nos meten de narices en la más espantosa metafísica? ¿No estamos acaso en presencia de unos redivivos savonarolas sin religión, aparentemente?

    Comentado por: miguel el 26/1/2010 a las 18:43

  • ay!...les américaines!...y su buenismo middle-class

    Comentado por: vic el 26/1/2010 a las 17:41

  • ¡Vaya articulazo!, no sé si me seduce más la acerada verdad risueña de la historia contada por usted mismo o el valor que le he visto conquistar a lo largo de los años para ser capaz de decírsela a los matones de ahora.

    Con el esfuerzo titánico necesario para orillar toda esperanza idealista –en clave pues de esa autenticidad personal que se sabe abrir paso a contratiempo–, y creo que también con la debida justicia metafísica, se ha mantenido que “amar a un ser es decirle: tú no morirás”.

    Sí, sobran razones genéricas contra la parca y si efectivamente “nunca nadie debería irse”, ni siquiera incluso el perfecto criminal –aunque debamos reconocer que muchos de ese cariz, demasiados, andan todavía sueltos–, que decir a usted que muestra semejante disponibilidad y consume carácter y destino en –por una parte– descubrir la verdad y –por otra– complicarse políticamente la vida mostrándola.

    Así que ya lo sabe –pues aunque estoy felizmente casada; pero, eso sí, sin el corazón roñoso al uso, de esos en los que no cabe más que uno–, tengo la obligación y el deber de asegurarle –para que saque sus propias conclusiones– que usted no morirá; ergo…

    Gabriella Marcel

    Comentado por: Gabriella Marcel el 26/1/2010 a las 16:44

  • 'Nos encontramos aquí de nuevo con dos interpretaciones contrarias sobre lo que es más importante para el hombre. La una nos dice que es lo que todos tenemos en común; la otra, que lo que los hombres tienen en común es poco y que es lo que obtienen de las respectivas culturas es lo que les da profundidad e interés. (...) La diferencia entre ambas visiones es el peso que le dan a ser francés o chino, judío o católico o el rango que ocupan estas culturas particulares en relación a las necesidades naturales del cuerpo. Una es cosmopolita, la otra particularista. Los Derechos Humanos están relacionados con una escuela, el respeto por las culturas con la otra. A veces los Estados Unidos son acusados de no promover los derechos humanos; otras de querer imponer el 'modo de vida americano' en todo el mundo, sin ningún respeto por las culturas locales. En caso de que los Estados Unidos hagan lo segundo, lo hacen en nombre de unas verdades evidentes que se aplican para el bien de todos los hombres. Pero los críticos argumentan que no existen tales verdades y que son prejuicios de la cultura americana. Por otro lado, el Ayatollah recibió apoyo aquí por parte de algunos porque representaba la verdadera cultura iraní. Ahora es atacado por violar los derchos humanos. Lo que hace en nombre del Islam. Sus críticos insisten en que existen principios universales que limitan los derechos del Islam. Cuando los críticos de los Estados Unidos, en nombre de la cultura, y los del Ayatollah, en nombre de los derechos humanos, son los mismos, lo que ocurre a menudo, se trata de gente que quiere repicar e ir en la procesión.'

    Allan Bloom, The closing of the american mind

    Comentado por: cp el 26/1/2010 a las 16:43

  • En el fondo el nacionalismo endogámico quiere acabar con el infierno, que, según Sartre, son los otros. Miro mi ombligo y, mira, no está mal.

    Comentado por: sera el 26/1/2010 a las 12:42

  • la gran madre Rusia se divide, básicamente, y según mi opinión, en dos 'tipos': Mishkin y Oblomov

    Comentado por: vic el 26/1/2010 a las 12:27

  • Por la TV la gente sigue sorprendiéndose porque el vendedor de chucherías de la esquina haya violado y hecho desaparecer a una niña de seis años, o de que su vecino del segundo derecha acabe con la vida de su amada esposa de-toda-la-vida asestándole cuarenta puñaladas. Ah, qué horror, ¿pero si era una persona normal, muy amable y educada?, suelen contestar los vecinos por la TV. Esta gente que así se horroriza vive en el país maravilloso de Alicia. Pero lo más siniestro también vive en el seno de las personas que nos llamamos "normales", forma parte del país de Alicia, aunque nos empeñemos en disimular, en no quererlo ver, o simplemente lo ignoremos. Esas cosas deberían explicarse desde la escuela. Pero, claro, como dice León Felipe "la cuna del hombre la mecen con cuentos", y así, con la TV como incansable tutora, hasta la muerte. Y encima tenemos a un presidente de Gobierno que actúa como si fuera el doble de Rousseau.

    Comentado por: miguel el 26/1/2010 a las 07:48

  • "all the brave young men
    they're waiting now to see a signal
    which some killer will be lighting for pay."

    Comentado por: LC el 26/1/2010 a las 00:45

  • Manuel, es -de verdad ese artículo- de cp tuyo? Pues que calladito te lo tenías, nunca lo habría identificado como de tu puño y letra. Bueno de tu teclado y brocha!
    Vamos, no me lo creo hasta que tú lo confirmes!

    Comentado por: me el 25/1/2010 a las 23:00

  • Don Felix, ‘food for thought’.
    Yo soy de las que prefiere creer en ‘desequilibrio metal’ a ‘maldad’. Atrancaré bien la puerta por las noches!
    Excelentes conclusiones.

    Comentado por: me el 25/1/2010 a las 20:23

  • Los conceptos del soberanismo
    Manuel Montero
    El Correo Digital, 23 Enero 2010

    "Una forma de pensar" se titula el primer capítulo del libro "Los conceptos del soberanismo", que presenté este miércoles en Vitoria y el jueves en Bilbao. Recojo aquí el comienzo del texto:
    El nacionalismo vasco presenta algunas particularidades ideológicas. Se mueve en parámetros distintos a los habituales en los movimientos políticos de hoy en día, lo que hace que a veces sea difícil captar las implicaciones de sus propuestas.
    Tiene determinados planteamientos para el País Vasco – la independencia, la normalización… - pero lo distintivo es que existe además una mentalidad nacionalista. Caracteriza a ésta unos esquemas propios, en los que tienen un gran peso las creencias, los postulados axiomáticos, que constituyen la columna vertebral de su ideario. Determinadas expresiones - Euskadi, Euskal Herria, independencia, autodeterminación derechos históricos, territorialidad, proceso de paz… - cumplen la función de argumentos completos. Basta su enunciado para evocar posturas políticas, propuestas o actitudes.
    El lenguaje nacionalista – que también existe como tal – sirve con frecuencia para que las expresiones, el uso de las palabras, sitúen la posición pública del orador, incluso su grado de radicalidad. En estos tiempos será diferente, por ejemplo, si habla de Euskadi o de Euskal Herria, si dice País Vasco o Pueblo Vasco, terrorismo o lucha armada, convivencia o identidad. Y un largo etcétera. En buena medida es un lenguaje connotativo, que sobre todo comunica posiciones asentadas. Más que argumentaciones.
    La construcción conceptual del nacionalismo vasco tiene rasgos propios. El entramado lo componen algunas afirmaciones centrales repetidas una y otra vez, así como aparentes elipsis, un lenguaje específico y fórmulas expresivas cuyas implicaciones apenas las captan quienes no son nacionalistas. La distinción permanente entre lo propio y lo ajeno, el sentido trascendente de formar parte de una trayectoria secular de resonancias milenarias, la idea de un colectivo que se impone sobre lo individual y lo condiciona, el convencimiento de que existe una misión para esta generación, etc., crean unos esquemas intelectuales distintos a los del uso común.
    El nacionalismo vasco es un pensamiento, pero también una forma de pensar.
    Todo gira en torno a lo propio y sobre el repudio de lo ajeno. Conlleva una aspiración política, pero también el propósito de lograr profundas transformaciones de la sociedad, en un sentido identitario. Se basa en la creencia, también, de que existen criterios morales propios, legitimados por la noción nacionalista de Pueblo Vasco.
    Caracteriza al nacionalismo vasco otra circunstancia peculiar. Su objetivo político inmediato no es conseguir un Estado para la nación vasca. Lo que busca es construir una nación. O, mejor, un pueblo con identidad. Es la prioridad. No relega la posibilidad de un Estado propio, pero lo fundamental – sería también la finalidad de tal Estado – es construir el pueblo vasco nacionalista. ¿Cómo se construye una nación? Para el nacionalismo vasco el camino no es lograr adhesiones políticas, aunque éstas serán siempre bienvenidas, sino cambiar la sociedad vasca. Transformarla. Dotar a los ciudadanos vascos de la identidad vasca que imagina el nacionalismo.
    Tampoco la identidad es preexistente. Se crea ideológicamente, a partir del postulado de que debe ser diferenciadora.

    ("Los conceptos del soberanismo. Planteamientos doctrinales del nacionalismo vasco, 1977-2009", ed. Ciudadanía y Libertad, Vitoria 2009)

    Comentado por: cp el 25/1/2010 a las 20:18

  • Magnífico artículo amigo. Hacía tiempo que no leía un artículo tan lúcido y bien escrito como este. Lo leí en el Páis y ahora lo he visto en su blog. Llegué a sentir un escalofrío perdurable durante algún rato, creo que eso significa que se llegan a intuir, que todo empieza no sé ... usted está para ello, para escribir artículos como este, para que reflexionemos.
    Confié en un artículo suyo dedicado a Nápoles, y en visitar Ischia y así lo hice y acerté guiandome por su opinión y lo encontré.
    Muchas gracias por escribir así y hacernos entender mejor algunas cosas y situarnos cerca de la verdad.

    Comentado por: alberto el 25/1/2010 a las 20:10

  • Un fan. El tronco de mi amor no se ha tronchado. sólo reclamo un poco de rigor.

    Comentado por: DPA el 25/1/2010 a las 19:57

  • todo esto suena muy bien, muy lúcido... hasta que uno recuerda cómo es la normalidad. ¿y si nos atontaran con tanta historia para que no veamos el presente, o al menos sólo reparemos en los nazi-onalistas... que, ahora caigo, seguro que los tolera y subvenciona la democracia para poder pasar por buena.

    Comentado por: anus probandi!!?? el 25/1/2010 a las 19:25

  • Al Sr Vic:
    ¿Un fan de alguien es aquel que asume las ideas de otro sin crítica?

    Comentado por: DPA el 25/1/2010 a las 18:52

  • pero bueno, yo lo sueño, o tengo la sensación de haber leído ya a d. Félix. ¿No es cierto que los 'fans' (entre los que me encuentro, 'course) de d. Félix ya colgaron el artículo?
    Por cierto, un comentario al sr. marc; ud. no tiene que desmentirme o dejar de hacerlo, quítese, sin dudarlo, ese 'onus probandi', no se preocupe; exclusivamente déme las fuentes, y ya me encargaré yo de que la lectura -si me convence- me desmienta ella sola, le aseguro que estoy abierto, de principio, a cualquier mostración de mi error sin prejuicios y dispuesto a admitirlo, y, ciertamente, creo que ni siquiera se debería a algo mío propio, sino porque 'uis magna est ueritatis, et praevalebit' [grande es el poder de la verdad, y prevalece], siempre que siga cierto rigor la cosa

    saludos

    Comentado por: vic el 25/1/2010 a las 18:10

  • Nadie salvará su vida si antes no la pierde.

    Comentado por: E. Mora el 25/1/2010 a las 13:36

  • Cuando hubo suficiente espacio para todos en la Tierra, nada ocurrió. Nuestros enemigos eran algunos depredadores. Supongo que luego, mientras duraba la bonanza de algún pequeño periodo interglaciar, empezamos a poblar la tierra. Y para qué hablar ya del invento de la agricultura. También se inventó con él el arte de la guerra. Creced y multipliacos, dijo Dios el sexto día de su creación. En realidad su mandato estaba envenenado. Debería de haber puesto un límite. Quizá, de ese modo, no seríamos tan malos. Yo creo que Dios sabía que con la glaciación que se aproxima se acabaría esto; pero por si esto fallaba ahí están los megatones, capaces de no sólo de acabar con la especie, sino con todo el planeta. Cuando se habla de que la superpoblación es más potente que los megatones, siempre se dice que ése es el discurso embustero de la derecha, porque hay alimentos para todos, es decir, para que ya no podamos ni respirar en este pequeñito rincón de la galaxia. Y luego, los que animan el cotarro del creced y multiplicaos criticando a la retorcida ideología de la derecha, son tan hipócritas de criticar al Papa porque está en contra de la utilización de los preservativos allí donde la gente más se multiplica. ¿En qué quedamos? O controlamos el aumento exponencial de la población o el mal se extenderá sin remedio. Y si hay que esperar a que los ricos se vuelvan de pronto dadivosos con los pobres, entonces que el último apague la luz.

    Comentado por: miguel el 25/1/2010 a las 13:07

  • Magnífico artículo, Félix.
    Knudsen, un abrazote.

    Comentado por: provoqueen el 25/1/2010 a las 12:17

  • mi madre me contaba de niña historias atroces de traiciones varias durante la guerra civil. Magnifico post.

    Comentado por: Consuelo García del Cid Guerra el 25/1/2010 a las 12:01

  • Cuanta gente vemos a nuestro alrededor en el trabajo, en el vecindario, que sabemos con certeza, que si se da esa situación de guerra, y por salvarse ,no dudarían un segundo en denunciar, en ponerse del lado de la violencia , de poner su mezquindad al servicio de quien perciben como el más fuerte. Ahora solo la utilizan para subir un escalón en la jerarquía o consegur pequeñas cosas...pero que les den una guerra, una posibilidad de odiar a sus anchas, de matar si hace falta, y saldría esa ponzoña como salió en esa uiversidad de Belgrado.

    Qué capacidad literaria para hacernos ver esa situación enrarecida y brutal de los Balcanos con un pequeño ejemplo. Gracias.

    Comentado por: Andres el 25/1/2010 a las 11:31

  • ¡Glup!, apreciado Azúa, ¡glup!, más claro no lo puede usted decir... Espero que no sea usted un adivino o un terrible agorero... Un saludo

    Comentado por: Hell el 25/1/2010 a las 11:16

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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