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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 23 de febrero de 2020

 Blog de Félix de Azúa

Una cruz en Duchov II

Siendo así que nadie mejor que él va a contarnos su vida, limitaremos esta introducción a unos cuantos asuntos que pueden orientar al lector. Y el primero de ellos es ¿a qué "vida" se refiere el título? Porque Casanova vivió decenas de vidas y no una sola; es el suyo un caso de síntesis colosal en la que es posible adivinar por lo menos cinco destinos potenciales, aunque por fin venciera el menos cómodo para él. Vivió la vida de un seductor, pero también la de un eclesiástico, músico, inventor, político, científico, geómetra, médico, químico (o alquímico), economista, ¿qué vida no vivió? Este hombre tanto se dedicaba a proporcionar atractivas muchachas a Luis XV (la célebre Mademoiselle O'Murphy cuyas nalgas de melocotón aún se pueden admirar gracias a Boucher) como le escribía un estudio a la Emperatriz de Rusia para adaptar el calendario ortodoxo al europeo (Nota 2). Y sin embargo, cuestión que a él le desagradaría profundamente, ha quedado para siempre decretado como aquel que sedujo a cientos de mujeres, el fenómeno sexual de Europa. Esta es su herencia trivial.

    ¿Sedujo Casanova a muchas mujeres? Para empezar, rara vez seduce sino que más bien se deja seducir, es decir, acepta de buen grado las ocasiones que se le presentan. Eso sí, adivina muchas más ocasiones de las que un ciudadano vulgar es capaz de intuir... o asumir. Nunca fuerza la situación, jamás violenta a ninguna de sus amantes e incluso tiene una reserva sensible que le impide, por ejemplo, aprovecharse de mujeres ebrias. No hay nada extraño o exagerado en la vida amorosa de Casanova como no sea algo que, en efecto, es infrecuente: que se convierte casi siempre en amigo y protector de sus antiguas amantes. Muchos casanovistas lo han subrayado: el veneciano es el anti-Don Juan, su contrario y enemigo. Allí donde el aristócrata sevillano, infectado por la teología, se muestra vengativo, psicópata, misógino y engañador, en ese mismo lugar luce el burgués veneciano cómplice de las mujeres, su secuaz y su salvador en más de una ocasión. De otra parte (permítaseme la humorada) tampoco fueron tantas. No más de las que muchos estudiantes actuales conocen bíblicamente entre el bachillerato y la licenciatura (Nota 3).

    Quizás el mayor misterio sea el de cómo pudo producirse semejante fenómeno: un libertino que, sin embargo, respetaba profundamente a las mujeres, en contraste, por ejemplo, con el perverso seductor Valmont de Les liaissons dangereuses (otro manual casi científico sobre las estrategias sexuales), por no hablar del marqués de Sade (Nota 4). Creo que en esa inclinación amable y loable de Casanova influyó grandemente que fuera nativo de Venecia, lugar en donde no se dio la represión religiosa que atenazó al resto de Europa durante siglos, donde la tolerancia sexual era manifiesta, y en donde (como le sucedió al propio Casanova) casi nadie era hijo de su padre. Absoluta y rotundamente veneciano, siempre en relación con venecianos que irá encontrando por todos los rincones del mundo (¡incluso en Barcelona... y le costará la prisión!), Casanova no dejó su patria hasta verse obligado a escapar.

    Nos referimos al celebérrimo episodio de su huida de la prisión de los Plomos, una de las mejores aventuras de su vida, una obra maestra de suspense que fundará su fama en las cortes europeas cuando la publique con el título de "Mi huída de los Plomos". Pero cuando esto sucede nos las tenemos ya con un hombre de treinta años en la plenitud de su fuerza. De no ser así, nunca habría podido escapar. Hasta ese momento, 1756, ya era muy viajado, había vivido en Constantinopla, en París, en Dresde, en Praga, en Viena, pero seguía siendo un perfecto súbdito de la Serenísima. La huida de la prisión del Dogo y la humillación de la nobleza veneciana ante semejante audacia, harán imposible su regreso hasta mucho más tarde.

    Emociona pensar que sólo a partir de esa extraordinaria fuga perderá Casanova la nacionalidad republicana, pero que no cejará hasta que la retome en 1774, cuando la nobleza se digne perdonarle. Y aquí tiene el lector otro dato de suprema importancia: en cuanto regresa a Venecia con el perdón del Dogo, se acaba la historia de su vida narrada, se acaba la Histoire de ma vie. No cumple su promesa y cierra el relato cuando regresa a casa. Será justamente ese ansiado retorno, ya cincuentón y vencido, lo que le irá sumiendo en un abismo de abyección (espía, soplón, rufián) que sólo acabará con un segundo exilio, cuando, moral y físicamente hundido, se vea obligado a fatigar nuevamente los caminos de Europa sin un céntimo, rechazado por la sociedad opulenta (que era su sustento, como el mar para los peces) y en circunstancias cada vez más desesperadas hasta que, ya sexagenario, lo recoja el conde de Waldstein y lo mantenga en la biblioteca de su castillo de Dux (hoy Duchov, en Chequia) como una curiosidad o un ornamento de gabinete. Allí moriría en 1798 sin ni siquiera una lápida. Y cuando por fin la pusieron, estaba mal escrita.

    Los detalles de esa parte sombría, la que Casanova no escribió, nos ha ido llegando gracias a los casanovistas, un club internacional selecto y trabajador que ha rastreado hasta el último rincón de la vida real de Casanova y esclarecido puntos chocantes, como que muchas de las aventuras inverosímiles sean verdaderas, en tanto que las verosímiles puedan ser falsas. Ellos son los que nos han descrito los últimos años de Casanova en aquel castillazo bohemio (Nota 5), en el confín del mundo, befado por sirvientes que le despreciaban y atormentaban, convertido en una figura grotesca que vestía, se maquillaba y actuaba como un primoroso galán de los que se pavoneaban por París sesenta años antes, sin dientes, medio chiflado.

    Pues, a pesar de todo, (¡oh asombro, oh admiración!) todavía era capaz de seducir epistolarmente a dos o tres buenas mujeres (jóvenes) que le enviaban sopas, dulces, mensajes, regalitos, compañía escrita y, sobre todo, afecto. Fue allí, jugando al escondite con la locura, cuando, para distraer el insoportable dolor de una vejez miserable, comenzó la redacción de este libro pluscuamperfecto, el más completo homenaje que se ha escrito jamás a la energía de la juventud, al gozo supremo de lo inmediato, el placer de respirar, de tener músculos elásticos, nervios templados y el deseo tenso como un felino que olisquea gacelas.

    Seguramente comenzó a redactar estas memorias hacia 1789 (¡año memorable¡) durante los interminables inviernos bohemios, pero las fue puliendo y reescribiendo en sucesivas ocasiones hasta que el texto que ahora conocemos estuviera listo posiblemente hacia 1797-98. La revolución y las guerras napoleónicas, que no terminarían hasta 1814, hicieron del manuscrito una pieza secreta y preciosa, conocida por muy pocos y difundida sólo entre los amigos del Príncipe de Ligne, gran guerrero y amigo de Waldstein, el cual había tomado una particular afición por el anciano Casanova, y a quien éste copió parte del texto para uso personal del magnate, lo que originaría un lío mayúsculo en la posterior recepción del manuscrito definitivo.

    Conocemos también el detalle más triste de este final despiadado. Aún retocaba su obra en 1798 cuando, tras innumerables cartas pidiendo clemencia, le llegó un segundo perdón del Dogo veneciano. Compadecida, la máxima autoridad de la Serenísima otorgaba su favor para que el anciano de Duchov regresara a morir en su ciudad natal, como había rogado por mensajería a lo largo de innumerables y fríos inviernos bohemios. No pudo ser. El bibliotecario de Duchov, personaje estrafalario por el que nadie estaba ya interesado y que todos tenían por un incomprensible capricho del duque (hacía ya muchos años que Waldstein no ponía los pies en su castillo, afanado de batalla en batalla en las campañas napoleónicas), se apagó con la carta del Dogo en la mano. Sería enterrado de mala manera en aquel lugar oscuro sin que nadie pudiera sospechar el monumento a la felicidad que había escrito el extravagante bibliotecario de un duque quizás inexistente. Nunca se han recuperado sus huesos.

    Cuenta uno de sus biógrafos, Guy Endore (aunque lo tengo por invención ya que ningún otro lo señala), que sobre su tumba clavaron los lugareños una cruz tan pobre y malparida, que cayó al suelo con la primera tormenta. Desde entonces, algunas mozas que acudían al camposanto de noche para encontrarse con sus amigos, salían despavoridas cuando la falda se enganchaba en los restos de la cruz derribada. ¡Qué éxtasis no habría supuesto para la mano de hueso del veneciano haber tan sólo rozado como una brisa aquella piel de veinte años, la dorada piel del mundo viviente!

 

Notas al texto

(2)- Como ejemplo de sus trabajos científicos (y en razón de que lo menciono), el lector curioso puede ver el titulado "Proposiciones de un diputado de la república de las letras, sometida al profundo juicio de la emperatriz de todas las rusias, Catalina II, con el objeto de hacer coincidir el calendario ruso con el europeo". Fue traducido y editado por La Gaceta del FCE en su nº 132 (diciembre de 1981).

(3)- En cambio, fue severamente castigado por éstas tan inocentes aficiones. El doctor Jean-Didier Vincent da la siguiente lista de enfermedades venéreas de Casanova entre los 17 y los 41 años: cuatro blenorragias, cinco chancros blandos, una sífilis y un herpes prepucial.

4)- Hay que subrayar, además, que muchas de sus aventuras amorosas o sexuales son serias y no cosa de un día. Algunos de sus lances son deliciosas novelitas dentro de la gran novela de su vida. La historia de la abadesa de Murano que compartió con el espléndido abate Bernis, la del travestido Bellino y esa escena digna de Hollywood que es el reencuentro con la mujer irrecuperable ya convertida en esposa y madre, la de Henriette a quien tanto respetaba y la única de quien quemó las cartas, la de Manon Balletti y tantas otras, podrían editarse como breves narraciones libres y con fundamento propio.

(5)- Una ingente cantidad de documentación apareció en el propio castillo de Duchov: más de diez mil documentos que hoy se encuentran en los archivos de Praga, porque Casanova fue tomando notas a todo lo largo de su vida y guardándolas celosamente en un baúl que llevaba consigo a todas partes o lo confiaba en manos amigas hasta recuperarlo, lo que explica una capacidad de rememoración que de otro modo no sería razonable.

[Publicado el 28/12/2009 a las 09:00]

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Comentarios (15)

  • EL AMOR NO ES RELIEVE



    Hoy te quiero declarar mi amor.

    Un río de sangre, un mar de sangre es este beso estrellado contra tus labios. Tus dos pechos son muy pequeños para contener una historia. Encántame. Cuéntame el relato de ese lunar sin paisaje. Talado por el bosque por el que yo me padecería. Llanura clara.


    Tu compañía es un abecedario. Me acabaré sin oírte. Las nubes no salen de tu cabeza, pero hay peces que no respiran. No lloran tus pelos caídos porque yo los recojo sobre tu nuca. Te estremeces de tristeza porque las alegrías van en volandas. Un niño sobre mi brazo cabalga secretamente. En tu cintura no hay nada más que mi tacto quieto. Se te saldrá el corazón por la boca mientras la tormenta se hace morada. Este paisaje está muerto. Una piedra caída indica que la desnudez se va haciendo. Reclínate clandestinamente. En tu frente hay dibujos ya muy gastados. Las pulseras de oro ciñen el agua y tus brazos son limpios, limpios de referencias. No me ciñas el cuello, que creeré que se va a hacer de noche. Los truenos están bajo tierra. El plomo no puede verse. Hay una asfixia que me sale a la boca. Tus dientes blancos están en el centro de la tierra. Pájaros amarillos bordean tus pestañas. No llores. Si yo te amo. Tu pecho no es de albahaca. Pero esa flor, caliente. Me ahogo. El mundo se está derrumbando cuesta abajo. Cuando yo me muera.


    Crecerán los magnolios. Mujer, tus axilas son frías. Las rosas serán tan grandes que ahogarán todos los ruidos. Bajo los brazos se puede escuchar el latido del corazón de gamuza. ¡Qué beso! Sobre la espalda una catarata de agua helada te recordará tu destino. Hijo mío. –La voz casi muda-. Pero tu voz muy suave, pero la tos muy ronca escupirá las flores oscuras. Las luces se hincarán en tierra, arraigándose a mediodía. Te amo, te amo, no te amo. Tierra y fuego en tus labios saben a muerte perdida. Una lluvia de pétalos me aplasta la columna vertebral. Me arrastraré como una serpiente. Un pozo de lengua seca cavado en el vacío alza su furia y golpea mi frente. Me descrismo y derribo, abro los ojos contra el cielo mojado. El mundo llueve sus cañas huecas. Yo te he amado, yo. ¿Dónde estás, que mi soledad no es morada? Seccióname con perfección y mis mitades vivíparas se arrastrarán por la tierra cárdena.
    Vicente Aleixandre. del libro: "Pasión de la tierra"

    Comentado por: DPA el 03/1/2010 a las 22:32

  • Sospecho que este lapsus tiene relación con las promociones navideñas.
    Gracias, gracias, por el recordatorio, pero yo me espero al pack promocional con tanga, liguero y látigo incluido.

    Comentado por: escarola el 03/1/2010 a las 18:44

  • Gracias por ese ‘Summertime’. Por aquí nevando!
    DPA, por qué una más moderna? La de Janis Jopli es insuperable.
    Lo mejor del 2010 para todos ustedes!

    Comentado por: TP el 02/1/2010 a las 18:54

  • 1945 (y V): de Nimega a Colonia, pasando por Creta y Nápoles

    A finales de 1944 Nimega, y por extensión Holanda, se han convertido en un campo de escombros. Hasta tal punto es así en el caso de Nimega que, como anotaba M. Gellhorn en octubre de ese año, si cada dos décadas los alemanes desencadenasen una guerra no podría explicarse ninguna historia de la localidad.
    “Nimègue est aujourd’hui une ville où les gens dorment dans les caves et dressent l’oreille, dès qu’ils sont dans la rue, pour détecter à temps les obus qui pleuvent du ciel”.
    Son los momentos terminales del conflicto, unos momentos en los que los holandeses, obsesionados con la limpieza, se esfuerzan por recoger y apilar los vidrios rotos en una calles desfiguradas por los impactos de los obuses.[1]
    En esa lógica de desequilibrios que preside los tiempos finales de la guerra existe un repertorio de situaciones en que, básicamente por dos motivos (el carácter periférico del escenario en cuestión y/o la extrema gravedad de las destrucciones), se habla de situaciones extremas. Un ejemplo muy claro es el de Creta. Y lo es, muy claro, porque reúne las dos características anteriormente reseñadas. Cuando Edmund Wilson, en agosto de 1945 viaja Grecia, se desplaza a Creta y constata que viajar a través de la isla equivale a visitar un campo de batalla.
    “On tombe çà et là sur un village détruit dont les murs gris se confondent totalement avec la pierraille grise de la montagne” (…) “L’impression de désordre, de chaos s’accentue encore au fur et à mesure que l’on progresse à travers le pays”.
    Esto último no resulta fácil: no hay ferrocarriles, y los chóferes insisten en conducir a la cretense,…. En definitiva, en la Creta del verano del 45 se llega a los confines del paisaje europeo. Ello ocurre al llegar a Anogeia, localidad destruída por los nazis en la cual a la aridez del paisaje se suma la de sus habitantes:
    “Jamais je n’ai rencontré des hommes plus durs et plus secs que les chevriers de ce village de motagne. La vie ici est si rude que beaucoup d’enfants meurent en basâge. Seuls les plus forts survivent. Pas étonnant que les Allemands n’aient pas eu raison de ces gens”.
    La civilización tampoco es exactamente asimilable a Occidente: como entre los pueblos primitivos codificados por el orientalismo la comida, difícil de digerir por parte de británicos o americanos, no puede ser rechazada para no ofender.[2]
    En el fondo, Creta no deja de ser el caso extremo de una peculiaridad paisajística meridional que la guerra no aminora, sino que por el contrario contribuye a reforzar con la mirada de los nuevos espectadores foráneos. Norman Lewis insistirá en presentar un muy particular paisaje humano en el Nápoles de febrero de 1945. Un paisaje hecho de lucha por la subsistencia a través de la picaresca y la corrupción: la madre que prostituye la hija, el sacerdote que vende objetos litúrgicos e incluso con restos humanos presentados como reliquias. Una ciudad donde se reactivan hasta el paroxismo las creencias irracionales en toda suerte de milagros y curaciones prodigiosas. Una ciudad donde todo se roba, donde se desmantelan en plena calle, a la luz del día y sin llamar la atención de los transeuntes, automóviles, armas o tranvias. La peculiaridad reside en el contraste con la “normalidad” con que en esos mismos momentos se gestiona la miseria y la penuria en Nimega o en París. La improvisación y la capacidad de adaptación marcan el retrato de una Nápoles con la gente acampada en tiendas improvisadas y combinando, unos meses antes, en octubre de 1944, las más variadas vestimentas.
    El sur, aparece así como un paisaje en el cual, los rasgos de su recomposición suman los sustratos históricos más las variantes introducidas por la guerra y por la plural iniciativa de los individuos que lo habitan. Se trata de un Nápoles en el cual prevalecen dos imágenes: la del hundimiento de los edificios de viviendas junto al dato de flotar en el aire una horrible pestilencia que no surge solamente de las canalizaciones destrozadas:
    “…on se croirait revenu au Moyen Age avec son cortège de monstruosités, de maladies et d’expédients inspirés par le déssespoir”. En el Nápoles de agosto de 1945, e incluso mucho más tarde, subsiste un barrio bombardeado que se adentra en la ciudad desde el puerto: “vestiges de bâtisses informes surgissant de montagnes de gravats tels des châteuaux de sable écroulés; enfants crasseux jouant parmi les ordures, dans les rues non pavées, non éclairées, sans surveillance policière; boucheries exposants des morceaux de viande infâmes, poternes à moitié obstruées”.[3]
    El retorno a esta especie de Edad Media -las cuevas dan cobijo a familias enteras, miles de desplazados recorren los caminos devastados, la herencia del pasado enmohece,..- provocaría, curiosamente, una agudización de los rasgos distintivos en el interior de Europa. Reduciría temporalmente al silencio las áreas urbanas del centro y norte mientras que el fragor se multiplicaría, tras un primer momento de estupefacción, en las ciudades meridionales.
    Junto a los intentos de racionalizar las polaridades aparecen también los esquemas que aseguran la existencia de sorprendentes paralelismos. Es lo que Wilson establece, en abril de 1945, entre Londres y Moscú. En ambas ciudades la lucha contra Alemania ha dado un peso creciente al impulso reglamentista y a las tensiones en la vida urbana. Mucha gente trabaja para el gobierno, cada uno de ellos con una misión concreta. Los sentimientos de urgencia y de transición devienen omnipresentes. En contraste muchos problemas son postergados, en su solución, o “planificados”: en Londres la reparación de ciertos edificios, en Moscú los proyectos de construcción de interés público. Controles, pases y colas forman parte de la vida ordinaria de londinenses y moscovitas. Británicos y rusos han sido separados del resto del mundo desde el estallido del conflicto, ello genera un clima especial, una especie de claustrofobia.[4]
    Por lo demás, tanto en el norte como en el sur de Europa el paisaje ha sido asolado, el legado histórico destruido y, para acabarlo de completar, por todas partes aparecen de la nada ingentes cantidades de ciudadanos desplazados. Los tímidos intentos de normalización de las cosas, y de la mirada que sobre ellas se fija, se ven alterados como en el caso de Francfurt. Mientras la ciudad afronta los primeros momentos de la instalación de los aliados en la ciudad, abril de 1945, y los esfuerzos por retornar en la medida de lo posible a la administración ordinaria de las cosas, llegan lo refugiados:
    “Dans l’intervalle, la situation s’était encore aggravée du fait que des réfugiés se répandaient en ville par milliers, comme des fourmis, s’emparant au passage de tout ce qui leur tambait sous la main, meubles, vêtements, vivres, chaussures. Cela donna lieu à quelques troubles, et, dans l’après-midi du samedi, le gouvernement militaire ordonna que tous les réfugiés soient rassemblés sur l’aire de l’IGF”.
    Aquí se instalarían como en un campamento y, por ejemplo, utilizarían la piscina para los fines más diversos “boire, laver son linge, sans parler du reste”. Lógicamente, “A la tombée de la nuit, l’odeur écœurante du bassin se répandait dans le quartier, à plusieurs blocs de distance”. Hay también problemas de orden y, en fin, una clara articulación por nacionalidades: “Chaque nationalité -Français, Italiens, Polonais, Russes, Grecs, Serbes- se vit attribuer un étage de la IG Farben…” Se nombran jefes y un servicio de orden interno. El problema fundamental será el de alimentar a esa masa ingente de refugiados cuya sola presencia dificulta las primeras estrategias de reconstrucción paisajística.[5]
    Aunque podríamos extendernos en tantos otros argumentos de la mirada sobre Europa como ruinas, acabaré este apartado recordando como en medio de esa devastación se hace patente la pérdida de algo tan definidor de las diversas lecturas del paisaje de preguerra como la herencia histórica. Otra vez, y así acabamos estas notas, el ejemplo escogido es el de una ciudad alemana:
    “Cologne, l’imposante cité médiévale, a été littéralement écrasée. Il n’en subsiste qu’un monceau de décombres répandu le long des berges du Rhin. Et ceux qui ont survécu au cataclysme se fraient péniblement un passage dans les rues latérales obstruées: une population très réduite en nombre, silhouettes noires et chargées de ballots -aussi silencieuses que la ville elle-même”.[6]
    [1] L’Europe en ruines p. 57.
    [2] Europe en ruines p. 211, 217-218.
    [3] L’Europe en ruines, p. 91-95; 76-77; 223-224 y ss.
    [4] L’Europe en ruines p. 138 y ss.
    [5] L’Europe en ruines p. 132
    [6] L’Europe en ruines p. 101.

    Comentado por: http://eltingladodesantaeufemia.com/ el 31/12/2009 a las 17:28

  • Ay!...sniff!...fin de década, fin de año. Hoy, o más exactamente, entre hoy y mañana, cuando se estén comiendo las uvas con Jorge Javier Vázquez y la Esteban (como espero hacerlo yo), o con cualesquiera otros semejantes petardos que por la televisión aparezcan, no olviden dos cosas hacer, a su debido tiempo: la primera, recordar que nos acercamos más a la muerte que espera, siempre y paciente, con los brazos abiertos a los hijos de la carne, ante ello, no cabe protesta, apelación o plazo, sino, sólo y exclusivamente, nada más que 'hacer sonar las armas', o gritar estentóreamente, como Kirk Douglas antes de morir en la torre, en esa magnífica película de Fleischer 'Los Vikingos'; antes de morir, pide que le den una espada para entrar -como es bien sabido- en el Walhalla, cercana la muerte grita al padre, a su padre, Odín, que espera que llegue a él, raudo como una flecha, directo, a su regazo, porque no en vano él, es un cachorro de Odín, y es que tener un dios tan belicoso debía conllevar algunas ventajas.
    'To go berserk' llaman los ingleses al que se vuelve loco (en la guerra), y, como la vida es una guerra - y esto según los material-evolucionistas-, qué mejor forma de morir que volviéndose un berserk, lanzando gritos; sólo un padre, dios de la guerra, sabe lo que se le pide, cuando uno de sus cachorros destrozado le reclama, ya ha cumplido, en su vida, que no era más que una sucesión de guerras; la violencia puesta por el padre en la tierra, tenida por ley para cualquier criatura, no engaña nunca, el destrozo violento que era lo que se debía, cumple; y la violencia que domina al propio dios, deja que, viendo lo que sucede, éste, pueda acoger a uno de los suyos, porque, en definitiva, siguen siendo los dos de un mismo destino. La diferencia con el dios cristiano es más que obvia, si alguien grita llamando a Cristo, ser de paz, lo hace por una fe, su causa podrá ser Cristo, pero el grito no será un grito de reclamo, una vocación a un padre, sino a un símbolo, a unas creencias, un grito que tiene detrás un sostén que... no es de este mundo. El que grita a Odín, sabe que él es su padre, el que grita al Cristo o al Padre, no grita a su Padre, o a su Salvador sino a 'el Padre', o a 'el Salvador'. Podrán ser de la misma substancia la primera y la segunda persona, pero no consubstanciales a los hombres (aunque, quizá sí a El Hombre), en cambio, poder morir, sin culpa, o sin unas creencias que almohaden la culpa, como son las cristianas, en la pura violencia, sabiendo que ese dios es igual de violento que el que lo reclama, da una tranquilidad y una unión mayor, porque, a fin de cuentas y año, el problema del dios hebreo es que no tiene historia, ni teogonía, por su propia esencia. Lo más que se le acerca es la historia de Cristo, pero es tan pequeña, tan histórica además, que el mito se pierde en ésta, la historia, y las 'vicisitudes' se quedan cortas.
    La segunda, cantar algo a la vida, a la aurora del año, y lo mejor sea probablemente, recitar hermosos versos, y, si son éstos -además con hermosa copia hispana al tiempo-, éstos que dicen: 'Ya la naciente Aurora, abandonaba de Titón el dorado lecho y las tierras de su nueva luz cubría...' [Et iam prima nouo spargebat lumine terras/ Tithoni croceum linquens Aurora cubile]; ¡ummm!, delicioso.

    Recuento:

    Bueno, lo mejor y lo peor de este año ha sido lo mismo, la crisis; y, recordando el mejor chiste que he oído en el presente que se va, si bien el humor al que pertenece es el inglés, con lo cual también pueden Uds. colegir el balance definitivo del año, explicaré por qué. El chiste en cuestión es el que contó, si se puede llamar así, el duque de Edinburgo a Obama, cuando se encontraron los dos matrimonios. Al parecer, Obama relató al regio matrimonio el encuentro que había tenido bajo el auspicio de la cumbre del G-20, con los embajadores chino y ruso, y con -creo recordar- David Cameron; ante lo cual, el duque le dijo: 'Y cómo puede diferenciarlos (a los embajadores se refería)'. Pues eso...en fin, supongo que el duque lo explica mejor que yo, y de forma más graciosa; ¡ejem!, siempre que se crea en la afamada gracia del duque, no obsta decir, que, dadas las circunstancias yo...creo en ella como en los embajadores

    saludos

    Comentado por: vic el 31/12/2009 a las 12:40

  • a R.I.P.

    Leo es pardo.

    Y aparte del sufrimiento... ¿qué?

    Comentado por: DPA el 30/12/2009 a las 22:45

  • La Vanguardia, 8 noviembre 1991

    Félix de Azúa publica una novela de héroes y traidores ambientada en el País Vasco

    La nueva novela de Félix de Azúa, uno de los más refinados y a la vez populares escritores barceloneses, aborda el tema de la guerra civil en el País Vasco e ironiza sobre la ambigua actitud del PNV durante el conflicto. Supone también un giro en su narrativa, que pasa "del sarcasmo a la ironía" y apuesta por el relato clásico

    IGNACIO VIDAL-FOLCH
    BARCELONA

    "Cambio de bandera" (Anagrama), la nueva novela de Félix de Azúa, supone un brusco cambio de registro en la obra de este poeta, polemista y novelista que ganó celebridad y mercados editoriales europeos con "Historia de un idiota contada por sí mismo" y el Herralde de novela con "Diario de un hombre humillado". La nueva ficción, novela "de amor y guerra", se ambienta en el País Vasco en 1937. La protagoniza un líder del PNV que "pretende ser patriota". El tema es el clásico del traidor y del héroe. La novela de Azúa, 250 intensas páginas, promete ser polémica también por el análisis de la política y actitud ambigua del partido en el conflicto civil.

    "He tardado cuatro años en acabar el texto", dice el autor. "En general, me demoro, porque me aburre escribir. Pero esta vez he sido especialmente lento. Comencé a documentarme a partir de dos historias reales, que me fueron contadas por sendas personas directamente relacionadas con los protagonistas. Eso me llevó tiempo y coraje. Luego, tuve que dejarlo y entretenerme escribiendo el libro sobre Venecia: enterarse de ciertas cosas, de ciertos episodios, era demasiado horrible". Para Azúa, "las guerras religiosas, como la nuestra civil, deparan atrocidades incomparables. En ellas, no se trata de ganar, sino de quedarse solo, de aniquilar al adversario". Pero ha eludido dar su opinión sobre el conflicto: "Me ha fascinado la atmósfera de aquella circunstancia y lugar, a la manera en que a Faulkner le fascinaba la guerra de Secesión americana: por motivos estrictamente literarios. He querido evitar dar al texto los contenidos ideológicos típicos del enfrentamiento: he pretendido plantearlo como algo muy remoto, para acabar con ese uso, todavía habitual, de la Guerra Civil como prolongación de la Guerra Civil; un tratamiento con el que algunos tratan de mantenerla viva".

    Un misterio

    Se trata de la novela más clásica, más respetuosa con las convenciones del género, de las que ha publicado hasta ahora: "Eso es cosa que han de decidir los críticos, pero creo que sí, es la más convencional en términos aristotélicos: con su presentación, nudo y desenlace, la definición de los caracteres de los personajes, el suspense mantenido hasta la última página, la revelación -que llega prácticamente en las últimas palabras de la novela-, de la verdadera dimensión de uno de los protagonistas. De hecho, si de algo me siento satisfecho es de haber urdido una trama que se va desvelando a sí misma poco a poco. En las novelas anteriores, no había trama, sino un desarrollo lineal, en el cual los acontecimientos tenían lugar según el narrador los contaba..."

    La exposición, como telón de fondo de la acción, de la ambigua política del PNV durante la Guerra, lastimará seguramente algunas sensibilidades nacionalistas en el País Vasco. Azúa, que durante una larga temporada fue profesor en San Sebastián, opina que "es imposible saber de antemano qué va a irritar y qué pasará totalmente desapercibido. El País Vasco es un misterio; posiblemente, uno de los lugares, dentro de los países industriales, donde la información es totalmente opaca. En cuanto a la violencia, es cierto y sorprendente que la comunidad guarda silencio y los medios de comunicación, por decirlo con delicadeza, son extremadamente prudentes. Pero quisiera aclarar que el PNV de los años treinta no tiene nada que ver con el actual. Aquel era prácticamente confesional, el de hoy, aunque con sacristía y episcopado a cuestas, tiene que practicar una política pragmática".

    Tratándose de este autor, era inevitable que el drama estuviera acotado por escenas y situaciones hilarantes, pero el tratamiento del humor ha cambiado mucho con respecto a textos anteriores, para lo cual Azúa ha tenido que sofrenar su vena cómica: "Ha sido quizás lo más difícil. Me había propuesto apartarme de esa literatura autodestructiva, nihilista. Lo más difícil ha sido pasar del sarcasmo a la ironía. Es un matiz muy pequeño lo que separa uno de otra, pero a veces hay que vivir cuarenta años para dar el
    paso. El sarcasmo es destructivo, en tanto que la ironía puede estar cargada de ternura. Simplificando: la novela moderna es irónica y la contemporánea es sarcástica, pero llega un momento en que el sarcasmo es insuficiente".»

    Comentado por: pc el 30/12/2009 a las 22:30

  • Podría haber hablado de su labor de inventor del sistema de la lotería, ampliamente documentada en la edición a la que me refiero (no así en la canónica hasta hace poco de La pléiade) y si no recuerdo mal también de su proyecto de repoblar Sierra Morena. Espero no haberme confundido con Jan Potocki, tan similar en cierta medida a Casanova, porque no tengo el libro a mano.

    Comentado por: Manuel Montero el 30/12/2009 a las 14:23

  • Oye eso de que no se aprovecha... yo abri al azar la integral Casanova en tres tomos y encontré una secuencia de violación colectiva, siento mucho romper el embeleso.

    Comentado por: Manuel Montero el 30/12/2009 a las 14:13

  • La tenía severa y me salió así.

    Comentado por: Manuel Montero el 30/12/2009 a las 12:55

  • Se me ha acusado de querer salvarle la vida al arte reaccionario. Incluso se ha dicho que yo me consideraba un mesías de la cultura, por mi doble condición de escritor y pintor. Se han hecho constataciones del carácter marginal de mi trabajo respecto a todas las corrientes repertoriadas por la rúbrica "contemporáneo". Yo mismo he llegado a creer que se me iba la fuerza por la boca y que debía renunciar a la escritura, tentación constante. Sé el bien que me hace el aspecto manual del trabajo pictórico. Pero mientras antes yo pensaba que la pintura era más fácil de dar a ver que la escritura de dar a leer, encuentro por la práctica, y gracias a la intromisión de internet, más directa la escritura en la tela que la pintura en el lienzo, ya que paso dificultades para dar salida a mi pintura, mientras que en el blog sé al menos que hay gente que me lee.

    He comprobado por mi hijo, que es moderadamente ateo y que no encontró gracioso que yo le regalase una Biblia por su cumpleaños, que lo que a nosotros, los que tenemos de cuarenta para arriba, nos hizo la catequesis fue, por medio de la oración, modelar en nuestra memoria una serie de mecanismos del pensamiento, de formas de ordenar las ideas. Así, con Santa Teresa, fácilmente abandonamos el esfuerzo del razonar o de la composición en pintura, nos hacen falta ciertos rudimentos paganos para retomar los pinceles o buscar apoyos a un argumento, siquiera sea puramente lúdico, como el literario. Desde hace un año no tengo libros en casa cuando escribo, y cuando estoy en el taller me dedico a pintar o me dedico a leer los libros que he ido amontonando por todos lados. Luego, aunque espaciado por mil y una razones, mi trabajo pictórico goza en realidad de mejor salud que mis escritos de usar y tirar en la tela.

    He probado ayer las carísimas creaciones culinarias de Alain Passard, permitiéndome insistir en que se me autorizase a cometer el sacrilegio de tomar un capuchino de aperitivo. Soy una rara persona que consume café caliente incluso durante la comida. Costumbre que me situa en una cierta soldadesca. Un huevo con la yema en el fondo y un juego entre lo dulce y lo salado lleno de secretos en su clara montada, untuosa. Un plato de cebolla de su "potager" cubierta de trufas. Y el momento supremo de tomar una langosta preparada y en salsa cremosa. Austeridad al comienzo y una euforia creciente. Clientela variada en la nacionalidad y en el tono de conversación, pero siempre muy bien vestida. Frente al menú que costaba el salario decente de un mes pensé que merecía la pena. Y a la vez me confronto a la llamada del arte. Una ruptura, una renuncia, y un eterno principio de algo.

    La dificultad de ser admitido en las corrientes contemporáneas es la manera clásica en que se intercomunican y se separan los temas en mi pintura. Motivaciones tradicionales y más cerca de lo cotidiano que las que se usan en la universidad a la hora de decidir como situar mi visión en cada momento. La forma clásica es grosera según el prisma contemporáneo, basado en la histeria.
    Nunca dejaré de repetir la influencia que fue para mí la Transvanguardia Italiana. El paso siguiente fue Balthus, llegando finalmente a una síntesis que yo llamo expresionismo retro. Lo llamo también vanguardia caliente, o recurro desde hace más de diez años al calificativo post-pop. Cuestión bastante estúpida cuando el valor de una obra debiera ser evidente. Pero si me defino más gráficamente diría "no contemporáneo", lo cual ha constituído mi hara-kiri profesional, mi renuncia a todo reconocimiento. En definitiva no me gusta el arte, ni la literatura, obedezco al impulso de purificarme por la creación, de hacer salir mi rabia y mi deseo por el intermedio del arte y la literatura. El amor por el arte me meció apenas unos años más que la creencia en los reyes magos. Vivencia intensa y que fue abriéndose como un crisantemo de fuegos artificiales, pero lejana, asimilada como una etapa de crecimiento. No me apresuro al museo cuando se celebran grandes acontecimientos. Por una cierta asiduidad tan sólo asistí al vernissage privado de la retrospectiva Klossowski en el Centro Pompidou, y porque estoy en deuda con su Baño de Diana.

    Me han dicho que figuro en la bibliografía del catálogo "integral" de Klossowski que se hizo en Madrid a continuación. Según mi hijo el colmo de un fracasado con insomnio es dormirse en los laureles, y tomo buena nota. Pero tiendo a ser un compulsivo y sé que retomaré la pintura cuando esté para reventar o cuando se dé la coyuntura de que alguien venga a posar. Me doy cuenta de lo conceptista que me vuelvo últimamente al usar el español, y de como el texto se presenta como una superficie pulida que nos devuelve nuestro reflejo. Justamente eso me ocurría al enfrentarme a la poesía de los otros, sobre todo si consistía en sonetos, como era el caso en Granada con Narzeo Antino o con Alfredo Lombardo, pero sobre todo me ocurría con los clásicos.

    Comentado por: Manuel Montero el 30/12/2009 a las 02:36

  • Don Félix, se le nota a usted cierta nostalgia…Me refiero a la piel de una veinte añera!
    Creo que se repite aquí, o es mi memoria?

    Les deseo un buen año a todos!

    Comentado por: me el 28/12/2009 a las 21:09

  • ¡bravo! como inocentada es que no tiene precio...

    Comentado por: seingalt el 28/12/2009 a las 14:58

  • Nunca se sabe, porque los caminos del Señor son... Ciertamente, muchas veces lo malo, al final, es para lo bueno. Pero al oír su noticia, cp, lo primero que he pensado es si será realmente cierta; e inmediatamente he sentido una gran melancolía y he exclamado para mis adentros lo de: "No pongas tus sucias manos sobre Mozart"

    Comentado por: Graciella Marcel el 28/12/2009 a las 09:34

  • LA PRÓXIMA PELÍCULA DE ALMODÓVAR, UN MUSICAL


    (EFE) Parece que el director manchego no sabe descansar. Mientras aún recoge premios a su última película, 'Los abrazos rotos', ya trabaja en su próximo proyecto. Para sorpresa de algunos, se trata de un musical.
    Parece que la idea está bastante avanzada y ya tiene, incluso, título provisional: 'Dedicatoria'. El guión, quizás sería mejor decir el libreto, es obra, como de costumbre, del mismo Almodóvar y está basado en el libro 'Historia de un idiota', de Félix de Azúa. Para la música, Almodóvar se dirigió a Ennio Morricone, que ya ha colaborado en anteriores ocasiones con el director español. Parece que Morricone declinó la propuesta alegando motivos de edad, y ahora se barajan los nombres de la británica Debbie Wiseman y de Nacho Cano.
    El rodaje se prevee que comience en primavera, con exteriores en Madrid, París y Reus.

    Comentado por: cp el 28/12/2009 a las 09:13

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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