El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 9 de febrero de 2010

 Blog de Félix de Azúa

Un buen corazón puede llevar al crimen

Sorprende el elevado número de parricidios que se está produciendo. Sólo la semana pasada creo haber contado tres. Es una figura clásica. Un hijo (nunca una hija) mata a sus padres con un hacha, machete o catana, y luego trata de suicidarse o queda estupefacto ante los cadáveres hasta que los vecinos dan la alarma. Al cabo de dos o tres telediarios alguien dice que el asesino tenía problemas mentales o que sufría de esquizofrenia. Uso las palabras de la tele.

    En un reciente artículo, mi neurólogo favorito, Oliver Sacks, habla de los antiguos asilos para lunáticos (así se llamaban), grandes palacios creados, los mejores, durante el barroco. Eran admirables fábricas que aún impresionan por su grandeza y dignidad, en donde se acogía a los enfermos mentales con cargo a la municipalidad, mediante previa y colosal donación de algún magnate. Los testimonios que han quedado hablan de lugares muy bien organizados y en donde los locos recuperaban parte de su dignidad y podían, por lo menos, evitar las agresiones del populacho.

    Estos grandes asilos se transformaron en centros administrativos a lo largo del XIX, se tecnificaron y perdieron la capacidad de cuidar a los enfermos de un modo piadoso. Se convirtieron en almacenes o prisiones para ciudadanos superfluos. Las condiciones de la reclusión comenzaron a ser atroces. En el siglo XX siguieron degenerando y con la generalización de la química psiquiátrica empezaron a vaciarse. Lo peor sin embargo llegó a partir de 1960 cuando notorios intelectuales de buen corazón pusieron los derechos del enfermo por encima de lo que estos pudieran preferir. Por ejemplo, se les prohibió trabajar en el asilo con la excusa de que era una explotación. Muchos enfermos enmudecieron para siempre al asumir su inutilidad. Los más radicales (los italianos), vaciaron los manicomios para que los enfermos se integraran en sus familias. Las calles se llenaron de vagabundos desesperados y la criminalidad creció espectacularmente.

    A veces el narcisismo de la bondad puede ser más peligroso que el terrorismo.

 

Artículo publicado el sábado 17 de octubre de 2009.

[Publicado el 21/10/2009 a las 09:00]

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Comentarios (42)

  • "El respeto al escritor ha desaparecido"
    CECILIA DREYMÜLLER 25/11/2006


    El polémico escritor austriaco reescribe un mito en Don Juan (contado por él mismo). En esta entrevista habla del amor, de la función del escritor de hoy y del dolor repartido en la antigua Yugoslavia.

    En la sobria mesa de trabajo, instalada bajo los viejos castaños de su casa en Chaville, cerca de París, el sexagenario Peter Handke escribe al aire libre, como de costumbre, a mano, en un cuaderno de anillas, sin hacer caso a la temperatura otoñal. En España acaba de publicar Don Juan (contado por él mismo), su nueva novela. Recién regresado de Serbia, rehúye hablar de política con una expresión de cansancio.

    PREGUNTA. ¿Qué lo llevó a ocuparse de Don Juan?

    RESPUESTA. Ésa es la pregunta más difícil. La vida, supongo. Siempre me ha parecido que es un personaje visto con ojos muy críticos y negativos, excepto tal vez en Molière y Mozart. De alguna manera, para mí era un espectro fraterno desde hacía mucho tiempo.

    P. ¿No hubo ningún texto literario concreto, como en La pérdida de la imagen, que acolchara el libro?

    R. Esta vez, no. Más bien me sale de un movimiento opuesto a todo lo clásico surgido en literatura en torno a la figura de Don Juan. En los siglos XIX y XX hay versiones distintas, de Lord Byron a Henry de Montherlant. Azorín escribió un relato muy simpatizante con el personaje. Y así es también en mi historia. Para mi narrador, que es un tabernero y cocinero fracasado en un lugar apartado cerca de París, es casi un amigo. Este lugar, Port Royal des Champs, tiene mucha historia. Allí estudió con las monjas Pascal, y más tarde Racine. Está a medio día andando de mi casa, y en los 17 años que llevo aquí he ido a menudo. El lugar siempre me ha impresionado.

    P. El amor de Don Juan se parece más al amor cortesano que al barroco.

    R. Sí, desde luego, pertenece más al siglo XII o XIII; con el Siglo de Oro de Tirso de Molina no tiene nada que ver. Quería crear un personaje noble: así es este Don Juan, fraternal y amistoso, también con las mujeres. Es el gran amigo de las mujeres.

    P. El concepto de amor en su libro es insólito para nuestro tiempo: aparece como "una prueba", un momento de identificación.

    R. Cualquier amor que posea un proyecto está hoy amenazado. De un amor así surge una enorme energía, aunque sólo para el momento. Esto es lo propiamente donjuanesco: lo momentáneo. Entonces llega una increíble energía: ahora somos. Nosotros dos, ahora. Estamos amenazados por todos lados, y no sólo por guerras; estamos amenazados por la falta de espontaneidad, por un sistema organizado. Esta energía significa lo divino del momento compartido, quizá no de la duración compartida, pero sí del instante común. En este sentido, Don Juan es un personaje actual, porque, sea uno joven o mayor, siente que no duran las relaciones. O sospecha que no durarán. Que sólo son para ahora, para follar en un tren. Y, sin embargo, uno se alegra al ver a dos amantes, dos seres dando ejemplo.

    P. Lo que distingue su Don Juan de los amantes actuales es su reconocimiento del milagro del encuentro.

    R. Eso está claro. Es una persona que va por la calle y está preparada. Ya se sabe, las mujeres esperan mucho más que los hombres. Saber estar simplemente preparado para los ojos de una mujer es algo raro. Yo no lo estoy, me faltan fuerzas. De esta experiencia fragmentada, me doy cuenta ahora, probablemente surgió el personaje: alguien que constantemente dispone de esta fuerza para acoger las esperanzas, las expectativas de las mujeres. Es algo inaudito. Si camino por París, fracaso permanentemente porque no estoy preparado para las miradas, para las caras. No hay nada como el rostro humano. Si esto es sexual, no lo sé, yo no quería contar una historia erótica. Sólo una historia de (pausa, suspiros) patria en el rostro.

    P. ¿Qué espera de la literatura?

    R. Leer para mí lo es todo. Escribir es una bendición. Pero al mismo tiempo hay que exigir respeto. Precisamente el respeto ante el escritor ha desaparecido por completo. Y, tal como se comportan los autores, el público tiene razón. En algún momento la veneración por la literatura se fue al carajo. Y, sin embargo, sigue habiendo personajes muy nobles. Un escritor ha de ser noble. El poema de Goethe dice: "ya que anticipar el sentir de las almas nobles, / es la más deseable profesión". Se refiere al escritor. Y no es que no existan almas nobles, pero los autores ya no se anticipan, sino que hacen cualquier cosa para conseguir un efecto. Tienen muchas opiniones y están demasiado volcados en el día. También yo. Para mí la cotidianidad lo es todo, de ella salen los mitos, las leyendas. El problema es que muchos autores están demasiado metidos en la cotidianidad publicada, en vez de defender un centro desde el margen. No quiero polemizar, pero cuando era joven, un escritor era algo grandioso.

    P. Desde que usted está confrontado con la opinión pública, ¿la función de los medios en la elaboración de opinión ha cambiado mucho?

    R. Muchísimo. En los 40 años que llevo en este negocio se ha producido un cambio paradigmático. Y no es que esté en contra del cambio, pero uno desearía ver una actitud menos partidista. Pensemos en el conflicto yugoslavo. Un día los periódicos representaron el conflicto de una forma determinada, y si quisieran dar marcha atrás, admitiendo haber cometido un grave error, incluso una gran injusticia, no lo podrían hacer; de modo que las cosas siguen su curso. ¿La historia lo juzgará de otra manera? Creo que sí, no puede continuar así.

    P. Parece que nadie se ha tomado la molestia de leer lo que usted había escrito sobre el conflicto yugoslavo.

    R. Todo eso está bien. Mejor que no se remueva más el tema. Tengo la sensación de que no ha hecho más que daño a mucha gente en Serbia, Croacia y Eslovenia, que sufre porque Yugoslavia ya no existe. Ellos están doloridos: yo no cuento.

    P. Usted siempre ha argumentado con datos concretos. En su ensayo, Las tablas de Daimiel, refiere la negativa del Estado alemán de pagar la indemnización solicitada por los parientes de 10 civiles serbios, matados en un ataque aéreo en el puente de Varvarin.

    R. Se inicia una guerra para deshacerse de un supuesto dictador, se asesina a más de mil personas y se dice que son daños colaterales. Lo más abyecto es que se decía que una de las metas de la guerra era desmoralizar a la gente, no destruir, no vencer, sino desmoralizar al pueblo. Lo consiguieron, desde luego. Pero no hablemos de política, que no interesa a nadie.


    BIBLIOGRAFIA DE PETER HANDKE [ en castellano ]
    ( Entre paréntesis, año de la edición original )

    Los avispones Ed. Versal, Barcelona,1984 ( 1966 ).
    Apéndice de verano a un viaje de invierno Ed. Alianza, Madrid, 1997 ( 1996 )
    Carta breve para un largo adiós Ed. Alianza, Madrid,1976 ( 1972).
    Cuando desear todavía era útil Ed. Tusquets, Barcelona , 1983 (1974).
    El chino del dolor Ed. Alfaguara, Madrid,1988 ( 1983 ).
    Desgracia impeorable Ed. Alianza, Madrid, 1989 ( 1972 ) .
    La doctrina del Sainte-Victoire Ed. Alianza, Madrid, 1985 ( 1980 ).
    Ensayo sobre el cansancio Ed. Alianza, Madrid,1990 ( 1989 ).
    Ensayo sobre el día logrado Ed. Alianza, Madrid, 1994 ( 1991 ).
    Ensayo sobre el jukebox Ed. Alianza, Madrid,1992 ( 1990 ).
    Gaspar. Insultos al público. El pupilo quiere ser tutor. ( teatro ) Ed. Alianza , Madrid, 1982 ( 1968 ).
    Historia del lápiz. Materiales sobre el presente ( dietario ) Ed. Península, Barcelona, 1991 ( 1982 )
    Historia de niños Ed. Alianza, Madrid, 1986 ( 1981 ).
    El juego de las preguntas Ed. Alfaguara, Madrid, 1992 ( 1989 ).
    La ausencia Ed. Alianza, Madrid,1993 ( 1987 ).
    Lento regreso Ed. Alianza, Madrid, 1985 ( 1979 ).
    El miedo del portero al penalty Ed. Alfaguara, Madrid, 1979 ( 1970 ).
    El momento de la sensación verdadera Ed. Alfaguara, Madrid, 1981 ( 1975 ).
    La mujer zurda Ed. Alianza, Madrid,1986 ( 1976 ).
    Poema a la duración Ed. Lumen, Barcelona, 1991 ( 1986 ).
    El peso del mundo ( dietario ) Ed. Laia, Barcelona,1984 ( 1979 ).
    Por los pueblos Ed. Alianza, Madrid, 1986 ( 1981 ).
    Pero yo vivo solamente de los intersticios. Diálogo con Herbert Gamper Ed. Gedisa, Barcelona, 1990 ( 1987 ).
    La repetición Ed. Alianza, Madrid, 1991 ( 1986 )
    La tarde de un escritor Ed. Alfaguara, Madrid,1990 ( 1987 ).
    Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Moravia y Drina o Justicia para Serbia Ed. Alianza, Madrid, 1996 ( 1996 ).

    ( Publicado en Bitarte- Revista cuatrimestral de humanidades , Año 6, Abril, 1998, pp. 121- 126.)
    vhuici@bergara.uned.es

    Comentado por: trudno el 26/10/2009 a las 20:29

  • Herta Müller: «La Utopía es propensa a los Totalitarismos»
    Por Carlos A. Aguilera.

    Con una boquilla color nácar, un abrigo de piel de conejo y una línea negra gruesa alrededor de los ojos aparece Herta Müller (Rumanía, 1953) en la puerta de la Literaturhaus de Berlín. Sus gestos, su ironía, su acento, delatan a esa persona que confiesa sentirse sobre todo rumana, «rumana antes que alemana», aunque su idioma literario y materno sea el alemán, y que ha ganado algunos de los premios literarios más importantes que se conceden ahora mismo en Europa (incluyendo el Nobel).

    Frau Müller -como invariablemente la llamo- estudió Filología Germánica y Románica en la Universidad de Timisoara y, por su actividad política contra Ceaucescu en los años ochenta, fue elegida representante de la minoría suaba en Rumanía, razón por la que tuvo que abandonar el país. De esto y de sus libros, de política y literatura -le digo- es de lo que me gustaría preguntarle. Hace un gesto afirmativo con la cabeza y me sugiere que pidamos primero. Empiezo a contar las mesas, a mirar hacia la ventana, a pensar en las nubes, la arquitectura, la gente. Llega el camarero. «¿Café?» Frau Müller levanta uno de sus dedos largos y blancos. «Café», responde. «Café», respondo, e incrusto la grabadora entre nosotros. Sonrío.

    En libros suyos como «La piel del zorro», «El hombre es un gran faisán en el mundo» y «La bestia del corazón» hay una gran tensión entre escritura, política y vida cotidiana (esa vida cotidiana casi ridícula que se establece bajo los regímenes totalitarios). ¿Es usted consciente de esta tensión? ¿Cómo llegan estos tres temas a su obra?

    Teóricamente no puedo explicarlo. Me parece que no puede ser de otra manera, esas tres cosas están siempre interconectadas. La literatura es un espejo de la cotidianidad y, por ende, de la política. La política entra en la vida cotidiana y aunque no se convierta precisamente en ésta, ella misma es ficción. Sólo se puede escribir literatura a partir de lo vivido, de la experiencia. Por ejemplo, nunca he escrito sobre un interrogatorio de la policía secreta, pero después de haber pasado por cincuenta de éstos, sé de qué hablaría si lo hiciese. Por desgracia, las personas que han vivido bajo dictaduras han tenido que aprender de forma muy concreta que la literatura tiene que ver con la realidad y que tal vez, también, cumple una tarea, aunque no lo pretenda. Describe realidades, realidades inventadas, y con ello interviene en la vida de los que leen esos libros. Así lo he sentido siempre.

    He aprendido mucho de los libros. He leído a determinada edad un determinado libro que, de repente -y eso seguro que lo han vivido muchas personas-, se volvió muy importante y me abrió los ojos. No era en absoluto necesario que el libro tuviese relación directa con el país donde vivía o con mi situación de vida. Eso es lo incomprensible y lo fascinante de la literatura. Establece semejanzas entre campos totalmente distintos. No hay que ser un autor del propio país para escribir un libro sobre ese país. Por ejemplo, Thomas Bernhard describió para mí de manera más concreta el Banat rumano y su minoría alemana que cualquier otro escritor de cualquier otro lugar. O García Márquez, con su Cien años de soledad. Macondo era para mí Nitzkydorf, porque era un pueblucho similar con mucha soledad dentro. O aquel páramo en El otoño del patriarca. No en balde algunos países suramericanos estaban también marcados por dictaduras. Biografías parecidas llevan a cosas parecidas que luego te asaltan y dejan fascinada.

    El mundo dictatorial es ante todo un mundo de fronteras. En sus libros, los personajes muchas veces dan la impresión de que se encuentran asfixiados precisamente por el peso de esta frontera, que no sólo es geográfica o política, sino civil, lingüística, mental...

    En las dictaduras todo está muy desnudo, uno ve todo lo que no debe ver o aquello que en otras sociedades no está a la vista con tanta nitidez. Y uno ve también cómo repercute esto en la literatura. Sobre todo, en negativo: apenas has escrito algo y ya viene la policía secreta. Es el miedo de los aparatos represivos frente a la literatura, frente a la urgencia con que se leen los libros. Y es que, bajo las dictaduras, las fronteras de las personas son trazadas intencionalmente y vigiladas por los aparatos represivos. Tienen una finalidad. Ésta consiste en prohibir la libertad, impedir que surja la idea de libertad. La función de esas fronteras es dañar a las personas, destruirlas psíquicamente, hacerlas dependientes del miedo, domarlas. Funciona en cada dictadura, precisamente porque éstas trabajan el día entero en esa dirección, perfeccionan cada vez más su método hasta reducirlo al absurdo, hasta que se viene abajo por sí mismo.

    Pero las dictaduras euroorientales colapsaron, implosionaron, no explotaron. Creo que en parte reventaron a causa de su delirio perfeccionista, el delirio de afinar tanto la represión que había un sector creciente de la sociedad que no era productivo, que sólo se dedicaba a la vigilancia, que generaba persecución y temor. La única labor productiva que merecía la pena era la fabricación del miedo y, al final, sólo se tenía un montón de miedo. La industria era un depósito de chatarra; la agricultura estaba destruida. Así les había ido también a los soviéticos. Al fin y al cabo, los soviéticos no disolvieron su imperio por altruismo o bondad, sino porque sencillamente ya no había modo de solventarlo. La ocupación de Europa Oriental les resultaba demasiado cara.

    En la Rumanía de entonces yo no notaba más que fronteras; no había lugar donde no existiese una. Todo era frontera, ¡hasta las fronteras reales del país con el exterior! Junto a esas fronteras nacionales se mató a mucha gente. (De hecho, más que fronteras, son cementerios.) Las fronteras eran el Danubio y los confines verdes con Serbia y Hungría. Allí murieron millares de personas que huían sencillamente por hastío y les daba igual perecer o no. Cada semana escuchaba uno decir: «Fulano o Mengano fueron fusilados». Sin embargo, eso no disuadió a nadie, porque la gente estaba harta y ya no soportaban la vida cotidiana. La frontera era un imán, y todo el mundo ansiaba estar fuera, fuera, fuera. Vivir en Rumanía desde por la mañana hasta por la noche sólo se soportaba con la idea de que no era para siempre, sino algo provisional, de lo que alguna vez saldríamos.

    Bajo las dictaduras de Europa Oriental la pobreza era un instrumento al servicio de la opresión, como la policía secreta, el ejército o el partido. Creo que asimismo es en los estados teocráticos. A la pobreza se le añade el analfabetismo. A decir verdad, el analfabetismo en Rumanía no era tan alto; la mayoría de las personas sabían leer y escribir. Pero de qué sirve eso si la mayoría no entendían absolutamente nada. Conocían las letras, pero cuando has sido educado para no pensar, eres analfabeto de otra manera. De ahí que los personajes literarios sean como las personas reales.

    Trabajé tres años en una fábrica de maquinarias. Allí todo estaba cementado, la vida estaba cementada y he visto cómo viven las personas en un mundo así, casi congeladas, a merced del viento, junto a una jodida cinta transportadora, dentro de una nave sin calefacción donde las ventanas no tenían vidrio. Empezaban a beber alcohol por la mañana para desentumecerse los dedos. Y había que deslomarse. Muchos llevaban ya treinta o cuarenta años trabajando en ese lugar; aldeanos que debían levantarse a las dos de la madrugada, caminar hasta alguna estación de trenes y viajar cuatro o cinco horas hasta alcanzar la fábrica. Una vez allí, trabajaban hasta las cinco de la tarde y luego regresaban en tren hasta la estación. Llegaban a sus casas a las diez de la noche, muertos de cansancio.

    ¿Qué vida es ésa? Sin contar que se trabajaba también sábado y domingo, pues no existía la semana de cuatro o cinco jornadas. Nunca cumplíamos el plan. Y cada vez que se incumplía, había que trabajar el fin de semana. No se producía nada, no había nada, nadie llegaba a viejo. Cuando los obreros alcanzaban la edad de retiro ya estaban enfermos y, un poquito después, muertos. Por entonces esa situación me aterraba sobremanera y me hacía sentir respeto por aquella gente. Me parecía inconcebible. Al cabo de sólo dos años, yo pensaba que no daba más de mí, que aquello era insoportable, y cuando extrapolaba el asunto a los treinta o cuarenta años que muchos llevaban ya en aquella fábrica, sentía espanto.

    Muchas veces tuve la sensación de que lo más importante era que uno estuviera siempre presente. Había que estar «allí», y eso era vigilancia. La fábrica no era más que un lugar a donde se debía acudir cada día y permanecer allí el mayor tiempo posible para que el Estado viese lo que hacía uno. Todo era un centro de vigilancia. En invierno la oscuridad era total y no circulaba ningún medio de transporte. A las cinco de la mañana yo salía de mi casa para llegar a pie a la fábrica, pues a menudo no pasaba el tranvía ni el autobús. Pero cuando pasaba alguno, eran tantos los pasajeros que no había modo de entrar. Con frecuencia, uno había perdido el tiempo esperando en vano a que pasara el tranvía. Entonces tenías que ir a pie, con el resultado de no llegar puntual y ganarte una amonestación.

    Yo tenía muchos problemas y no quería darles a aquellos tipejos ningún pretexto para ultrajarme. Por eso quería ser correcta y puntual. Luego llegabas a la fábrica y ya te esperaban con una música de marcha, con los coros obreros. ¡Terrible! Yo trataba de cambiar el paso, porque no me gustaba la idea de dejarme llevar por aquella música, pero no había manera; caminaras como caminaras, era imposible. También durante la pausa del mediodía, a la hora del almuerzo, volvías a oír esos coros, transmitidos por los altavoces hacia el patio. Un empleado se encargaba exclusivamente de este asunto. Un viejo comunista aquejado de cálculos renales. La música sólo cesaba cuando sus dolores eran demasiado intensos. Un verdadero cerdo. La hija de aquel viejo comunista se había casado por lo civil y de nuevo, a escondidas, por la iglesia. Lo hacían siempre así, por partida doble, para cubrirse las espaldas. No fuera a ser que realmente existiese Dios y luego tuviesen problemas al subir al cielo. Qué clase de personajes son éstos que piensan en todas direcciones: en la tierra, en el partido, en el cielo, en Dios. Había que buscar la manera de arreglarse con ambos. Así era la gente. Y esas personas las hay también en mis libros. De qué otra manera iba a ser, ¿no?

    En «La bestia del corazón» usted traza una diferencia muy clara entre «lengua materna», «lengua estatal» y «lengua infantil».

    Mi lengua materna es el alemán, porque provengo de la minoría alemana en Rumanía. Así que el alemán es mi primer idioma. Luego está la lengua de la infancia. Pero, a decir verdad, con ella afronto el mayor problema: ignoro por completo si realmente es la lengua de mi infancia. Y es que durante mi niñez se conversaba demasiado poco para que existiese una lengua de la infancia.

    Hay una lengua nacional y una lengua estatal. Lo que habla el Estado es esa jerga ideológica, distorsionada, rota, que se escucha por doquier en la opinión pública bajo la dictadura. En contraste, la lengua nacional es la personal, uno la usa para hablar con alguien, o sea, el idioma de los rumanos que se sentaban a comer conmigo al mediodía. Ése es, claro, un idioma distinto del lenguaje estatal. Si bien, en el curso de las décadas, el lenguaje estatal ha ido infiltrándose en el idioma nacional, hasta el extremo de que muchas personas ya no meditan cuándo usan la lengua estatal y cuándo la nacional. Con el paso del tiempo se va produciendo esa confusión. Sabemos que es así en todas las dictaduras, que las dictaduras también monopolizan el idioma. Pero no se puede matar del todo una lengua nacional; eso también lo sabemos.

    Yo pude mantener con el idioma rumano una distancia bastante clara; en parte porque el rumano no es mi lengua materna, en parte porque lo aprendí con quince años y fue entonces cuando escuché lo hermoso que sonaba, lo sensual que era, con todas sus metáforas y figuras del lenguaje, muchas de ellas mezcladas con la superstición. El idioma rumano posee muchos niveles inexistentes en las lenguas germánicas. No todo en él se vuelve enseguida vulgar. Puede ser frívolo pero no vulgar, lo cual es absolutamente imposible en mi lengua materna. Cuando traduzco algo del rumano al alemán, todo se vuelve ordinario, obsceno. No se corresponde en absoluto con lo traducido, simplemente porque ese plano lingüístico no existe en alemán. Y eso es lo que me fascina del idioma rumano. Igual que sus contradicciones.

    He escrito un libro titulado El hombre es un gran faisán en el mundo. Ése es un giro rumano. En rumano es muy frecuente decir: «He vuelto a ser un faisán», que significa: «He vuelto a fracasar», «No lo he logrado». O sea, en rumano, el faisán es un perdedor, mientras en alemán es un arrogante fanfarrón. Como se sabe, el faisán es un ave incapaz de volar, vive en el suelo. Cuando empiezas a cazar y todavía no sabes hacerlo bien, cazas faisanes. La presa más fácil, puesto que el faisán no puede escapar. Los rumanos han incorporado ese rasgo a su metáfora. ¿Y cuál han tomado los alemanes para la suya? Las plumas, el plumaje, lo cual es muy superficial. La vida del animal no interesa a la metáfora alemana; a los rumanos les interesa la existencia del ave, y eso me fascina. El faisán rumano ha estado siempre más cerca de mí que el faisán alemán.

    Lo mismo me pasa con otras cosas. A menudo me da la sensación de ser, atendiendo a mi estructura, realmente una rumana. Hablo muy mal el rumano pero, estructuralmente, por mi tesitura interna y por lo que realmente me convence, también en poesía y sensualidad, soy rumana. Por ejemplo, en cuanto a los nombres de plantas, en cuanto a muchas cosas que me hacían pensar: «Mira lo que ven ahí ellos y lo que ven los alemanes». De ello deriva también la convicción de que en mi caso el rumano siempre coparticipa en la escritura. No es que tenga que escribir ninguna palabra en rumano, pero es natural que el rumano coparticipe en mis textos, porque ha crecido en mi mirada. Está en mi cabeza igual que el alemán. Tengo varias imágenes de una misma cosa debido a que el idioma rumano las ve de otra manera, y con esa imagen trabajo. Y puesto que quizás la imagen rumana esté más cerca de mí, trabajo más con la imagen rumana en mi cabeza, aunque escriba en alemán. Por tanto, lo uno no excluye lo otro. De modo que tampoco puedo decir qué es rumano y qué alemán. Y que así sea es una suerte para un escritor, lo mejor que puede pasarle. Por supuesto, sólo me refiero a la lengua nacional; no al lenguaje estatal, que es estéril, estúpido, repelente, nauseabundo en toda la extensión de la palabra. Algo que sólo puedes odiar, que se te pega como un chicle; insoportable. Algo que odias hasta el extremo de no poder oírlo sin enfurecerte.

    Lenguaje de reunión, lenguaje de periódico, lenguaje de televisión, de discursos. Eso lo conocen ustedes también en Cuba. Castro habla más tiempo que Ceaucescu. Ceaucescu pronunciaba un discurso cada dos días, y sus decretos aparecían constantemente en la prensa. Yo siempre los leía, pues quería saber qué había vuelto a hacer. Siempre era algo que iba contra la vida y uno debía leerlo para enterarse. Muchos amigos me confesaban que ya no podían. Yo les respondía: «Sí, sí, pero por eso ignoráis lo que acaba de hacer esta vez». Ese lenguaje era insoportable, repulsivo. Y así eran también los funcionarios que hablaban esa jerga en la fábrica. Las constantes reuniones eran horribles, casi inaguantables. En cambio, el idioma nacional era la lengua que llevabas dentro, intrínseca, aquella poesía, toda aquella superstición. He hecho ya el intento de separar ambas cosas, pero no siempre es posible. Naturalmente, el lenguaje estatal infecta el idioma, y cuanto más dura una dictadura, tanto más lo infecta. Sin embargo, no logra hacerlo del todo. Siempre queda una parte incólume. Y eso nunca ha dejado de interesarme.

    De la misma manera que usted ha criticado el mundo totalitario, ha realizado también una gran crítica de «lo suabo», la comunidad rumana de habla alemana de la que usted procede.

    Provincianismo o etnocentrismo, nacionalismo o fascismo son fenómenos que no se encuentran sólo en ese ambiente. Numerosísimas personas pertenecientes a la minoría alemana, ciudadanos rumanos al fin y al cabo, ingresaron voluntariamente en las SS de Hitler o en la Wehrmacht en calidad de alemanes étnicos. Más tarde aparecieron los estalinistas en el seno de esa misma minoría. Cada vez que se iniciaba una nueva época, encontraba oportunistas dispuestos a secundarla. Hay suficiente personal para cada dictadura. A fin de cuentas, ninguna dictadura fracasa por ausencia de personal. Éste abunda siempre, tanto el que compran como el que se ofrece gratis o por convicción. Ora a cambio de privilegios, ora por idiotez o azar. Así sucedió también con la minoría suaba. Y naturalmente, hay también cualidades típicamente suabas que, creía yo, afectaban sólo a esa minoría, porque vivía muy aislada, como en la pequeña aldea de donde provengo. Las estructuras de la gran familia eran muy sólidas, o sea, tres generaciones conviviendo bajo un mismo techo. En los trescientos años de asentamiento suabo en Rumanía apenas se habían registrado cambios.

    Tras abandonar la aldea y mudarme a la ciudad, solía preguntarme de dónde era realmente. A los ojos de los moradores de mi aldea, todos los demás eran malos. Los húngaros eran irascibles; los rumanos, cochambrosos. Uno sabía siempre cómo eran los otros: todos chabacanos. Sólo nosotros éramos buenos, pulcros, hacendosos, ordenados. Al dejar atrás la aldea y hacerme adulta, todo aquello se me antojaba como un tiempo detenido, y en efecto, lo era. De ahí surgió también el odio a la ciudad. Cuando estaba en ella, te estabas echando a perder. En la aldea se hablaba en dialecto y en la ciudad, alto [castizo] alemán. En la aldea el alto alemán se llamaba «señorial», y señorial implica que eres un señor. Lo cual era malo. Se debía hablar sólo en dialecto. Creo que fenómenos similares se observan también en otros lugares, otros países, quizás también en entornos rurales. Dondequiera que habiten grupos aislados se dan siempre los mismos fenómenos. El provincianismo es siempre similar, y Thomas Bernhard ha descrito mejor que nadie el fenómeno entre los suabos. Siempre es malo el provincianismo, pero creo que el peor de todos es aquél que le choca a uno mismo, en el que está atrapado y debe permanecer prisionero.

    Mi madre siempre ha contado con que yo siga siendo tal como ella me educó. Para ella fue una catástrofe que yo me marchase a la ciudad y después, a mi regreso, fuese diferente. Olía distinto, había dejado de ser en casa su pequeña niña, su hija aldeana; hablaba de otra forma. Eso la horrorizaba. Hasta que se percató de que ya era demasiado tarde, que ya no había vuelta atrás. Entonces dejó que las cosas siguieran su curso... Los rumanos tenían también su provincianismo, pero éste no era agresivo conmigo, ya que nosotros no teníamos nada que ver con las otras aldeas del país. Ahora, cuando leo sobre un pueblecito en Anatolia o en el sur de España, constato que se trata más o menos de lo mismo, aunque los lugares sean diferentes.

    Usted se ha referido a la «rutina destructiva de la ideología». ¿Qué significa exactamente la palabra «rutina» en un mundo dominado y/o asfixiado por lo ideológico?

    La ideología es sólo rutina. No puede permitir nada espontáneo, porque entonces surge algo incalculable. Y pudiéramos decir que la rutina de la ideología es el cliché único; hay solamente lo prefabricado y siempre aquello que se ajusta a lo otro; un adjetivo fijo para cada sustantivo, los demás están estrictamente prohibidos. En el fondo, la frase debe sonar siempre hueca, no decir nada. Habiéndolo observado durante décadas, notas también qué palabras han sido retiradas de la circulación, y la manera en que se añaden otras. Las correcciones son mínimas y siempre relacionadas con la ideología. Los cambios de material léxico han de pasar inadvertidos. En realidad, todo es rutina, puesto que la vida entera es rutina. En la vida cotidiana tampoco te permiten hacer nada que no esté previsto, programado. No en balde el plan es el cartel de la dictadura. ¿Y qué otra cosa significa la palabra plan, sino rutina, conducta prevista, programada, fuera de la cual nada debe suceder?

    Eso se llama rutina, y es letal para el raciocinio. Borrar, suprimir el pensamiento es lo que se quiere. He ahí la intención de fondo. Para cada cosa hay de antemano algo ya establecido. No hace falta que tú formules, que comprendas. Todo está ahí, disponible. Debes usarlo, se controla que tú te limites a aplicarlo. Por el amor de Dios, no se te ocurra pensar por tu cuenta. Ésa es la peor falta. Todo lo que has de hacer es tomar lo que ya ha sido previamente hecho y aplicarlo al pie de la letra. Luego echan un vistazo a ver si te has portado bien, y listo. Eso se llama rutina, idiotización.

    Peter Handke asegura que, más allá de los errores que se cometieron, un político como Milosevic merece el respeto mundial por haber intentado, al igual que Tito, rehacer «la Gran Serbia», uno de los imperios más antiguos del Este europeo. A usted, que viene de una zona con conflictos similares y vivió treinta años bajo la presión de «los delirios del comunismo», ¿qué opinión le merece Handke?

    A Handke lo considero políticamente incompetente. Un ególatra. En Hand-
    ke el egoísmo va tan lejos que casi tendría que existir una Gran Serbia para que él no tuviera que meditar más acerca de su biografía. Habría que garantizárselo, lo cual es realmente abstruso. Por cierto, es catastrófico que se exprese tanto. Fue afortunado al no tener que conocer «la política» por haber vivido siempre en una democracia. Aun así, debería entender también que no es lo mismo y que él navegó con suerte. Pero no le interesa hacerlo, y de ahí que no le preocupe en absoluto el hecho de que Yugoslavia no haya sido tan grandiosa para todos, de que muchos se sentían maltratados por Yugoslavia y, por eso, querían salir de ella. Con la Unión Soviética tampoco era diferente. ¿Por qué se desintegraron esos constructos artificiales? Porque la gente quería salir de ellos lo más rápido posible, puesto que se sentían coartados. Y eso Handke no lo comprende. Y naturalmente, persiste en esa actitud. Cuando uno se ha equivocado una vez, pero es terco como él, nunca admitirá haberse comportado mal. Y para no tener que admitirlo, piensa que si se equivoca diez veces, tal vez acabe teniendo la razón. Por eso, es cada vez vez más insistente. Y por esa misma razón su insistencia es cada vez más inmoral. Pues una cosa es afirmar que Yugoslavia es para él un país mental y le habría gustado conservarlo; y otra, visitar a Milosevic en la prisión, mostrar su apoyo a un genocida. Eso es algo más que mal gusto. Es realmente trágico que un intelectual termine así y se le reduzcan tanto las entendederas. Se ha hecho totalmente insoportable, y esa etiqueta se le quedará pegada. Cada vez que se digan cuatro o cinco cosas sobre Handke, no faltará ese detalle, porque es incomprensible que alguien piense tan erróneamente.

    ¿Representa la literatura para usted, al igual que para Bertolt Brecht, una de las formas privadas de la utopía?

    La literatura no es una utopía. La utopía es algo que uno se imagina y aún no existe, no ha sucedido. Uno quiere que pase: un deseo, un sueño. Menos aún me gusta el concepto de utopía feliz. La mayoría de las veces, cuando las utopías se tornan reales, son horribles. Stalin, Hitler, Ceaucescu, todos ellos perseguían utopías; Castro aún persigue la suya. Cuando alguno empieza a soñar y luego traslada su sueño del papel a la realidad, siempre destruye a seres humanos. Yo no quiero tener nadaque ver con utopías.

    Lo dicho: creo que la literatura no es ninguna utopía, sino parte integrante de la sociedad, obra de las personas. Hasta se la puede tomar con las manos, es un producto. Un producto también puede ser algo malo, pero es preferible que la literatura sea un producto, un producto de la fantasía, y no una utopía. La fantasía es algo muy distinto a la utopía. La fantasía está contra la utopía, pues la utopía es muy propensa a los totalitarismos. Tan pronto pretende hacerse realidad, se vuelve rígida. Por fuerza debe restringirse a una sola variante. Y a partir de ahí aplicarle a la realidad aquello que tal vez sobre el papel aún no ha podido ser del todo explicado o resultaba ambivalente. No creo que haya nada peor ni más temerario que la realidad transformada en utopía. ¡Terrible! De ahí las dictaduras.

    Comentado por: copia/pega el 26/10/2009 a las 10:25

  • "la perversidad más detestable", ¿esta ud seguro de eso?

    Comentado por: ya sera menos el 25/10/2009 a las 22:54

  • Me parece indignante el artículo de Azúa, además de pecar de ignorancia roza la perversidad más detestable. Usted sí que es peligroso.

    Comentado por: no me lo puedo creer el 25/10/2009 a las 20:09

  • Gata,

    Usted sí que es fascista y reaccionaria. Baste el ver que ha escogido el nombre de un imperialista granjaponés en versión felina y afeminada.
    Con gente como usted no puede haber diálogo democrático, sino el peso de la ley dictada por las fuerzas populares. Sólo entre el pueblo cabe hablar de diálogo y de democracia verdadera. Lo demás son formalidades académicas tras la que se escuda el gran capital.
    ¡Vuelva a su escondrijo! ¡Estos ratones son demasiado grandes para usted!

    Comentado por: espartaco el 25/10/2009 a las 14:17

  • Especie de "reaccionario profesional", usted es un reventador profesional, y aparece, haciendo amalgama, para crear confusión cada vez que Manuel Montero dice algo inteligente. Usted es un mercenario verdadero de la clase intelectual dominante, y se disfraza de "reaccionario" o de "anarquista" (hace no tanto) para apagar con el ruido de sus petardos el diálogo democrático. Usted no tiene discurso, usted está haciendo ruido para callarnos a los que realmente decimos algo. Me recuerda usted las técnicas mafiosas de los articulistas de Babelia, demagogos y sin escrúpulos.

    Comentado por: La gata Mishima el 25/10/2009 a las 13:44

  • Los siquiatras son una mierda pogresista, moña, zapaterista y totalitaria... excepto si se dedican a hablar mal de la siquiatría. Entonces tienen razón por cojones y lo que digan se convierte en dogma. ¡Las servidumbres de ser políticamente incorrecto! Que en el otro mundo les pasen a estos "intelectuales", QUE SON LOS VERDADEROS PERIODISTAS todas y cada una de sus páginas por las narices!!

    Comentado por: REACCIONARIO PROFESIONAL el 25/10/2009 a las 11:17

  • Le voy a copiar eso de "mi neurólogo favorito", Félix, oiga... ya encontraré alguno, es una cuestión de oferta y de demanda.

    Comentado por: Manuel Montero el 25/10/2009 a las 06:42

  • ...

    Curiosa invención de la democracia, que no contradice la existencia de una clase dominante, en su concepción moderna. Los ejecutores de la clase dominante votan a la izquierda, para moderarse en su celo, y los pocos del pueblo que votan, votan a la derecha, supuesta fruidora de la clase dominante.

    Fumo en la ventana, no tanto por las inflexiones de no dejar olor en la casa, cuanto porque ello modera mi consumo de tabaco.

    En los periodos rococó e insustanciales de la cultura, se encuentran fulgurancias de conciencia trágica como Gracián, Diego Torres (hombre privado a la vista del público) o en arte contemporáneo un Jonathan Meese.

    Si fuese mi propia pintura lo que les interesa, yo les diría, por poner una nota de humor, que va bien, que no se preocupen, que tengo todas las garantías de éxito para dentro de un siglo.

    Lo que me fascina de Meese es que un siglo no parece suficiente distancia para apreciarlo, salvo que pudiésemos contarlo marcha atrás.

    La bomba atómica es un prodigio de la ciencia puesto al servicio de la pulsión de muerte, la filosofía de Ignacio Gómez de Liaño es también un prodigio casi científico, pero al servicio del principio hermano gemelo de ésta, Eros.

    Vayamos con la novela última de Ignacio Gómez de Liaño, Extravíos, y veamos lo que tiene dentro. La madera nudosa de un filósofo con sólida formación analítica y clásica, pero también otra cosa muy llamativa : Un mundo de poeta, torpe como el albatros cuando se encuentra en el suelo, de acuerdo. Pero, ¿cuantos novelistas españoles tienen hoy día ese mundo de poeta? De los conocidos, ninguno. En la novela de Ignacio, al margen de su preciso conocimiento de la teoría daliniana y de la vanguardia beatnik, tratadas personalmente, ambos juntos, dos mundos poéticos que dan mucho de sí, si son bien explorados, al margen, digo de estas actualidades, existe un diálogo formal con una época en que poesía y novela eran una, y alta cultura para mucho tiempo. Pienso en Tasso y Ariosto, que Ignacio se sabe de memoria, puesto que inmediatamente identifica los episodios en los cuadros de época, e igualmente en La reina de las hadas, de Spenser. Hemos abierto la novela al azar y hemos visto ese mundo de poeta, esa rara ave hecha para volar, pero es que siguiendo el ejemplo de los mayores creadores, Ignacio hace por su pericia novelística volar durante todo el libro el torpe albatros. Resortes de teatro que los novelistas no saben ya crear, bombardeo rítmico de la información sobre el mundo, que nos hace atesorar cada minuto de lectura, distancia y puesta en abismo del suspense, que no es molesto ni machacón, como en el cine, ni brilla por su ausencia, como en cierta narrativa, sino que conduce al sabio como una barandilla en la escalera del palacio de su memoria. Personajes de una discreción total, que no obstante hacen sonreir. La novela está conseguida, como lo estaban secretamente las anteriores. Tómense unos siglos y léanlas.

    ...

    Manuel Montero

    Comentado por: migas el 25/10/2009 a las 01:44

  • He leído "En el café de la juventud perdida", me gusto mucho.

    (Típico comentario que no aporta una mierda, lo se)

    Comentado por: albert el 24/10/2009 a las 13:30

  • MODIANO Y NOSOTROS

    JOSÉ CARLOS LLOP
    ABC Sábado, 24-10-09

    Recuerdo la tarde en que compré la primera edición en español de Villa Triste, la novela de Modiano que acaba de publicar ahora Anagrama. Fue en el invierno de 1976 y uno de los neones de la librería donde lo hice, parpadeaba con luz grisácea. Yo tenía veinte años y quizá eso contribuyera -el protagonista de Villa Triste tenía, más o menos, la misma edad- a que aquella novela llegara a ser una de las principales novelas de mi juventud. Como Patrick Modiano llegaría a ser uno mis autores contemporáneos favoritos. Las novelas de juventud son como los amores de juventud: atraviesan el tiempo, pero es mejor no tocarlos: pensemos en El cuarteto de Alejandría. Pero en el caso de Modiano, eso no ha ocurrido: se puede regresar a él sin haberse ido nunca, que es algo que jamás sabrán los que acaban de llegar a su narrativa con la juventud ya perdida. O sea que me vuelvo a 1976.
    Aquella edición de Villa Triste era de un bonito color amarillo, con las letras del título en tipos art-déco. La había publicado Monte Ávila Editores, el sello venezolano, y la traducción dejaba mucho que desear y no sólo por los americanismos. Eso fue lo que le dije a Jorge Herralde pronto hará dos años, en la fiesta-aniversario de la Agencia Literaria MB, cuando me comentó -a raiz de un artículo mío sobre Modiano en la revista Turia- que, después del éxito de Un pedigrí, pensaba reeditar Villa Triste y Rue de boutiques obscures, ya que nunca habían sido publicadas en España y en cambio estaban traducidas. «Sí, pero ambas traducciones son un fracaso», le contesté, desaconsejándole que hiciera uso de las viejas ediciones venezolanas y las encargara ex-novo.
    Cuando apareció en Anagrama La calle de las tiendas oscuras vi que pese a que nuestra conversación tuvo lugar de madrugada y abandonando el bar Salambó, el editor barcelonés no había perdido ripio. Lo mismo que con la recién aparecida Villa Triste, recuperada por Mª Teresa Gallego Urrutia, que es la traductora de Modiano -y del gran Pierre Michon- en Anagrama, como Carlos R. de Dampierre lo fue en Alfaguara cuando estaba dirigida por Jaime Salinas. Porque de la misma manera que recuerdo la tarde en que compré Villa Triste, recuerdo también las horas de lectura sonámbula y enfebrecida de Los bulevares periféricos y La ronda de noche, que fueron las primeras novelas de Modiano publicadas en España por Salinas, uno de nuestros mejores editores del siglo XX. Eso fue en 1977 y 1979, respectivamente. Después vendrían El libro de familia, Una juventud y Tan buenos chicos, todas ellas en la colección azul de Alfaguara, de tan bonito diseño, y todas ellas saldadas luego a precios ínfimos, debido a su escasez de compradores y, por tanto, de lectores.
    Recuerdo la imagen, que parecía salida de un pasaje del mismo Modiano: esas novelas en cajas de cartón en el suelo con un papel escrito a rotulador: 75 ptas. Modiano había sido bien recibido a finales de los 70, pero en los 80 las cosas empezaron a cambiar y los críticos a hablar de repetición, de que sus novelas eran siempre la misma novela, de atmósferas cerradas y finales abiertos, de ausencia de argumento..., en fin. A los potenciales lectores les debió de ocurrir algo parecido y aunque Alfaguara -en manos de Manuel Rodríguez Rivero y Luís Suñén- fue publicando modianos de vez en cuando, sólo los primeros fieles saludábamos esos libros nuevos con alegría cómplice. ¿Quiénes éramos esos fieles? La mayoría poetas y escritores. Pienso en Juan Manuel Bonet, en Justo Navarro, en Miguel Sánchez-Ostiz, en J.P. Quiñonero desde París, en Marcos Ordóñez... Los que después celebramos su pista española en Calpe, Alcor y Debate hasta que Dora Bruder apareció en Seix Barral y años después -en 2007- Un pedigrí en Anagrama. Y ahí surgió el entusiasmo converso de los que nos explican a Modiano como si fuera un nuevo descubrimiento personal. Debe de ser la edad, pero los viejos lectores de Modiano estamos sorprendidos y no porque su obra no se lo merezca, precisamente; el entusiasmo, quiero decir. Pero lo ocurrido es raro.
    Un pedigrí -el primero de los publicados por Anagrama- fue festejado como un libro fundacional, cuando es un libro ejemplar para los conocedores de su obra, pero resulta sorprendente que guste tanto a esos lectores que se incorporaron a Modiano a partir de Dora Bruder o del mismo Un pedigrí. ¿Por qué? Pues porque Un pedigrí reúne las claves biográficas de lo que hay detrás de las ficciones de Patrick Modiano. De las ficciones aparecidas con anterioridad a Un pedigrí. El envés del tapiz, que decía James. Es pues, un libro para fieles, no para recién llegados, que desvela la autobiografía en la ficción y no al revés, como hasta entonces. Ha de haber, para disfrutarlo de verdad y comprender su intención, un conocimiento previo y extenso de la obra de Modiano. Ésta al menos es mi impresión.
    Pero Un pedigrí abrió la puerta para que esos entusiasmos repentinos se convirtieran casi en furor territorializador, al publicarse En el café de la juventud perdida, una novela muy bella que entronca con el Modiano de Tan buenos chicos y Domingos de agosto. Eso tiene la ventaja de incorporar al público modianesco -como empezó a ocurrir con Dora Bruder- a unos lectores que no lo eran ni podían serlo, por su edad, con anterioridad. Pero también incorpora la duda de si esa fascinación es real o si es lo que toca hoy y ya veremos mañana. Sin olvidar la sensación de que los mismos a los que no interesó en los 70/80 quieren hacérselo suyo ahora. Es decir, de si Modiano es ahora moda posmoderna -que todo lo engulle-, cuando en España siempre ha sido un autor de culto, alejado de todo fenómeno mediático.
    Patrick Modiano es un escritor que escribe. Esto, que parece una perogrullada, no lo es. Modiano es un escritor que nunca ha ido por ahí ejerciendo de escritor, esa obligación para mantener en la memoria colectiva la existencia si no de unos libros, sí de su posibilidad. O de uno mismo como metáfora un tanto ridícula de la propia obra. Ha concedido entrevistas y se le han hecho reportajes varios, ha ganado premios -de los que se otorgan, no de los que se presenta uno- y ha ido publicando sus libros, breves, con puntualidad cíclica. Pero no asiste a festivales ni suele dar conferencias, ni se postula apenas en nada que no tenga relación con su mundo: desde los dibujos de su amigo Pierre Le-Tan, por ejemplo, al caso reciente de su prólogo a los Diarios de Hél_ne Berr.
    Un cambio de editor es a veces esencial para un autor, aquí y en todas partes. En el caso de Herralde -que acaba de cumplir su XL aniversario en la profesión- ha ocurrido con la última novela de Siri Hustvedt, presentada en Anagrama como la mujer del novelista norteamericano Paul Auster y recibida como si fuera su primera gran novela aparecida en nuestro país. Y ha funcionado. Cuando, previamente, la editorial Circe había publicado otras novelas de Hustvedt, sin acudir al reclamo de si era o no la mujer de Auster y no funcionó. La tontería de la publicidad, supongo. Quizá la cara más visible del nuevo desembarco de Modiano, tenga también que ver con eso. Porque sus libros continúan tan impecables -y fascinantes- como los primeros. Serán cosas de España: ha cambiado de editor y ahora también tiene fans. ¿O son caprichosas groupies?

    Comentado por: copia/pega el 24/10/2009 a las 10:46

  • Totalmente de acuerdo, Félix! También Oliver Sacks es mi neurólogo favorito!

    Comentado por: laundida el 23/10/2009 a las 14:17

  • "Una vieja leyenda cuenta que durante mucho tiempo el rey Midas había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dioniso, sin poder atraparlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué es lo mejor y más preferible para el hombre. Rígido e inmóvil calla el demón; hasta que forzado por el rey, acaba prorrumpiendo en estas palabras, en medio de una risa estridente: “Estirpe miserable de un día, hijos del azar y de la fatiga, ¡por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti -morir pronto.”"

    Comentado por: así habló FN el 23/10/2009 a las 11:17

  • Albert , totalmente de acuerdo , sólo añadiría que fuera de una institución , esa vida normal de la que hablas incluye el importantísimo aspecto del CONSUMO . A los locos nos mola IKEA , CONDUCIR , conducir , jugar a la lotería , comer palomitas en un cine ... ¿ generar riqueza ? , para otros . Los manicomios languidecen , como los monasterios. Decía P. K. Dick que la crueldad por ser sutil no es menos crueldad.

    Comentado por: Tomas el 23/10/2009 a las 10:36

  • gl/gui

    Gracias por el enlace. Buena manaera de empezar el día (porque sé lo que me espera).

    Comentado por: oído agradecido el 23/10/2009 a las 08:09

  • Este Agnus Dei bien vale un tembleque, con permiso del patrón y compañía

    Comentado por: Gui el 23/10/2009 a las 01:22

  • Uy, perdón por el tembleque...

    Comentado por: gui el 23/10/2009 a las 01:15

  • http://www.youtube.com/watch?v=i63mqlx5gkg&feature=PlayList&p=3F79D7D71CA6AA97&index=12

    Comentado por: gl el 23/10/2009 a las 01:14

  • http://www.youtube.com/watch?v=i63mqlx5gkg&feature=PlayList&p=3F79D7D71CA6AA97&index=12

    Comentado por: gl el 23/10/2009 a las 01:12

  • http://www.youtube.com/watch?v=i63mqlx5gkg&feature=PlayList&p=3F79D7D71CA6AA97&index=12

    Comentado por: GL el 23/10/2009 a las 01:12

  • Je reprochais à mon père l'étouffement de la forme et lui me reprochait la dispersion.

    Comentado por: Manuel Montero (bilingue) el 22/10/2009 a las 12:27

  • al sr. mmm,

    sí, parece que lo que vendría a decir H., según ud. parece que copió y según la traducción española, es que el ser es 'joristón', lo que se da o subsiste o sostiene en el ente que es

    saludos

    Comentado por: vic el 22/10/2009 a las 12:07

  • Y en qué periodico ha publicado esta joya ?

    Seguramente los italianos no han leido bastante a Azua.

    Comentado por: Manuel Montero el 22/10/2009 a las 12:02

  • El insigne marítimista (Ruiz Soroa) se ha erigido en guardián moral del País Vasco. El otro día llamaba a Aranzadi "famoso desertor moral" o algo así. Cuánto más aprovechables me parecen las reflexiones de Aranzadi.

    Le facilito a Ruiz Soroa una nueva viñeta para su esquema:

    1) No se puede combatir al poder con las armas del poder (sin convertirse en poder)

    2)Miremos a las víctimas de este mortífero poder.

    3) Sólo tiene sentido estar contra poderes más bien pequeñitos a modo de ejemplo del asunto.

    etc.

    (Si uno se dedica largo tiempo a combatir a "Aralar", acaba convirtiéndose en un "anti-Aralar")

    Comentado por: industria etc. el 22/10/2009 a las 11:05

  • Breviario para decir que no sin que se note mucho

    J. M. Ruiz Soroa
    EL CORREO DIGITAL, 21/10/09

    Pongamos que es usted un ciudadano vasco moderadamente nacionalista y progresista, pacifista a ultranza y partidario de la democracia verdadera y completa, no de esta tan defectuosa que padecemos. Por ejemplo, simpatiza usted con Aralar. Y pongamos que se encuentra usted en la tesitura de tener que pronunciarse sobre un asunto peliagudo, sobre eso de la ‘deslegitimación de la violencia de ETA’, esa especie de reflexión y toma de conciencia cultural, social y política que impulsa el actual Gobierno. Usted está contra ETA, faltaba más. Usted es partidario de que acabe, por descontado. Pero no de cualquier forma. No tiene nada claro que deslegitimando a ETA no se acabe deslegitimando un poco (o un bastante, vaya uno a saber) su propio proyecto político. ¿Cómo salir del paso? ¿Cómo decir que no a lo que impulsa el Gobierno sin que parezca por ello que uno está contra la deslegitimación del terrorismo?

    Las siguientes líneas le ofrecen, amigo lector, un sucinto pero suficiente breviario de ideas con las que podrá usted construir un sólido discurso para no decir nada pero embrollarlo todo; un brillante argumentario para no avanzar un paso en el proceso de deslegitimación pero dando la imagen, eso sí, de que es usted precisamente el ciudadano vasco más preocupado e interesado en que el terrorismo termine de una vez y para siempre y que la sociedad vasca pase esta página.

    1) Exija usted una definición del asunto: empiece por señalar que eso de la deslegitimación del terrorismo es una idea muy vaga y ambigua, que no se sabe exactamente en qué consiste y que puede utilizarse de muchas formas -algunas tendenciosas- si no se precisa mejor. Esa definición que usted reclama, conviene que lo subraye insistentemente, debe ser consensuada, intersubjetiva y transversal. Mientras no se consiga esa definición en la correspondiente ‘mesa’ que habría que formar para ello, usted proclama su honda preocupación y reservas éticas por el asunto. No diga ‘no’, diga ‘bai, baina ez’.

    2) Manifieste usted su íntima y dolorida impresión de que el terrorismo de ETA supone un fracaso colectivo de la sociedad y de la política vasca. La responsabilidad por lo sucedido nos atañe a todos, todos somos en algún grado culpables; éste es un argumento de seguro éxito en cualquier audiencia sensible de buen corazón.

    3) A renglón seguido, insista usted en la necesidad de un proceso de reconciliación, un concepto muy trabajado por la teoría religiosa y que es también de seguro impacto. Hay que reconciliar a la sociedad vasca consigo misma, y para ello son ingredientes necesarios el perdón y el olvido (mencione también a la ley en este punto, de lo contrario puede haber gestos de duda en el auditorio). ¿Quién va a osar afirmar que él no quiere reconciliarse, o que se opone al perdón?

    4) Algo fundamental, generalice las condenas, recurra siempre al máximo común denominador. El lema es: hay que condenar todas las violencias, de todos los tiempos y lugares, de toda clase y condición. Una vez bien sentado en esa cátedra ética, podrá usted señalar como sospechosa cualquier condena particular que se plantee, o por lo menos desviar el asunto hasta un nivel planetario: por ejemplo, es muy sospechoso que quienes no condenan la guerra de Irak sí condenen la violencia de ETA.

    5) Apele al sufrimiento humano como rasero de igualación de resultado seguro: no sólo sufren unas víctimas, también sufren otras, y los padres y los amigos y los parientes. El sufrimiento humano es lo más igualitario que existe, y el discurso del patetismo impide cualquier raciocinio objetivo. Nadie puede discutir razonablemente contra un sufrimiento.

    6) No cometa el error de enfrentarse directamente a los principios básicos de la democracia, o a una apelación a los derechos humanos. Lo inteligente es sortearlos señalando que están insuficientemente realizados en nuestras sociedades. Libertad, sí, cómo no, pero hay muchas personas sin libertad y unos son más libres que otros, así que cuidado con eso de la libertad. Relativice los principios.

    7) Fundamental, plantee usted la duda metódica de todo buen izquierdista: ¿Qui prodest? ¿A quién beneficia? Niéguese a ser ingenuo o cándido, y muestre que las medidas políticas o judiciales benefician a determinados partidos o sectores. Insinúe que todo eso de la deslegitimación, en el fondo, va contra los nacionalistas porque impone una versión sesgada y parcial de la realidad y de la historia. Atención, sin embargo, no se deje atrapar en el argumento, y si alguien le pregunta qué intereses le mueven a usted, proclame de inmediato que hay que ser más sinceros y dialogantes y menos suspicaces.
    Manifiéstese como la persona más preocupada de todas por poner fin al sufrimiento y denuncie, desde esa posición segura, que determinadas estrategias de ‘derrotar a ETA’ pueden provocar un final muy prolongado y confuso en el que todavía habría más víctimas. Para evitarlo lo mejor es un ‘final ordenado’, el cual requiere, cómo no, mucha política y mucho más diálogo.

    9) Aproveche y explote a conciencia el triste espectáculo que dan muchos jueces de Madrid con su aplicación de la ley según el momento histórico que ellos interpretan; critique que los jueces metan ahora en la cárcel a quienes ayer consideraban ‘gente de paz’ y laméntese de tanta arbitrariedad. Usted, cómo no, es precisamente un partidario de lo contrario, de una ley objetiva y medida que sea aplicada con rigor.

    Puedo garantizarle que, dosificados adecuadamente, todos estos argumentos le harán salir del paso con bien y le permitirán abstenerse de aprobar cualquier medida concreta de deslegitimación de ETA desde una posición de inatacable superioridad moral. Para muchos, será usted incluso un ejemplo viviente de ética aplicada. Y es que, no se olvide, usted vive en Euskadi.

    Comentado por: yo no he sido el 22/10/2009 a las 09:11

  • Bueno, con ocasión de este pequeño debate he releído un poco a Heidegger. Heidegger consideraba que toda la filosofía occidental se había olvidado de la cuestión del ser desde Platón. Al igual que para Pascal, para Heidegger el ser no "es". El ser "se da":

    Del ente decimos: es. En lo que respecta a la cosa o cuestión «ser» y en lo que respecta a la cosa o cuestión «tiempo» nos mantenemos ojo avizor. No decimos: el ser es, el tiempo es, sino: se da el ser y se da el tiempo. Con este giro no hemos hecho por de pronto más que cambiar el uso lingüístico. En vez de «es» decimos «se da». (Tiempo y Ser)

    En el modesto “es” se oculta todo lo que del ser es digno de ser pensado. Sin embargo, lo más digno de ser pensado sigue siendo el
    hecho de que meditemos si el “ser”, si el mismo “es”, puede ser o si el ser nunca “es”, y el hecho de que, no obstante, sigue siendo verdad: Se da (el) ser.
    ¿Pero de dónde procede y, hacia quién va el don en el “se da”, y en qué modo del dar?
    El ser no puede ser. Si fuera, no seguiría siendo ya Ser, sino que sería un ente. (La tesis de Kant sobre el ser)

    Comentado por: mmm el 22/10/2009 a las 00:09

  • No sólo vergonzantes sino que se confunde el estar con el ser (con el ser de Vic o con el que cada cual arrime a su conciencia) y con la permanencia. Un enfermo de Sida siempre sigue siendo una persona que ha enfermado, aunque se la pueda tratar mal y discriminar igual que a un enfermo mental pero el concepto de uno y otro enfermo es distinto. Creo que se tiende a concebir la locura más como una esencia.

    Comentado por: Delte el 21/10/2009 a las 23:14

  • Hay que poner límites a la paradoja o la muy bruta se lo zampa todo. De fijo.

    Comentado por: pepitol el 21/10/2009 a las 22:51

  • Ya lo sé, hombre, ya lo sé. Pero eso fué la noche anterior. Yo preguntaba por las novedades de la última.

    Comentado por: cotilla el 21/10/2009 a las 20:23

  • sr. cotilla, si ya lo dije, a helado de vainilla...menudo pareado!

    saludos

    Comentado por: vic el 21/10/2009 a las 18:40

  • Imágenes del Zoo.

    http://www.youtube.com/watch?v=2fl4NM2LLMw

    Comentado por: mundo animal el 21/10/2009 a las 16:51

  • 14 años tiene mi amor.

    http://www.youtube.com/watch?v=Y-yqSRM-JZk

    Comentado por: dinámico sin dúo el 21/10/2009 a las 16:04

  • vic,

    vamos hombre ¿a qué le supo la rubia curvácea de la noche pasada?
    Tanto hablar y nos deja sin lo mejor de usted: los mensajitos pubescentes.

    Comentado por: cotilla el 21/10/2009 a las 15:50

  • al sr./sra. mmm,

    sí, conozco el concepto de 'definiens', el de 'definiendum', y el de función morfosintáctica de las palabras en español. Claro que ser es un verbo, y además atributivo,y claro que al definir lo que es la palabra 'ser', diciendo que es un verbo y además atributivo se hace, o se da una definición, la clásica 'per genus proximum et differentiam specificam', y que la connotación (en filosofía por ejemplo) y la denotación es distinta para la misma palabra dependiendo de si está en una frase o en otra, bien, entiéndase, todo esto sensu largissimo; esto es, que en la definición la palabra, 'ser', funciona como sustantivo, y no como verbo, y se refiere a algo propio de la lengua española. Otra cosa es si le gusta más o menos, o si la definición vale algo o no vale, es decir, que una cosa es definir y otra es una buena definición, las deficiones buenas son clasificaciones (al menos las clásicas), como Poincaré, las llamaba, y ud. limitaciones, pero creo que quiere recoger la misma idea que el gran hombre, pero existen muchos tipos de clasificaciones, y, por ejemplo, una 'partición' es una clasificación de los elementos de un conjunto que se 'colocan' en subconjuntos gracias a una relación de equivalencia, que su unión es el total, y que además su intersección (dos a dos) es vacía, v.gr., lo que comúnmente se entiende por las fracciones. Por cierto, si como dice no es válido mi ejemplo, ¿cómo sabe que es un verbo o un sustantivo en los diferentes casos?.
    Y tampoco pretendía ser una buena definición del ser lo que escribí, (en todo caso sería una mala definición por ser sólo per genus), por eso le dije que no "entienda", o no "acepte". Pero si ud. ha entendido la frase, ¡y vive Dios que lo ha hecho!, pues incluso la ha caracterizado diciendo que no es un definicón, entonces tiene una idea,-probablemente, confusa, como es el ser-, de lo que es el ser cuando se trata en estos contextos, y si la tiene esta idea, puede referirse a él, al menos diciéndolo, o aun si lo propone y quiere, definiendo el ser, por ejemplo: "el ser es una idea confusa, y es la que se diferencia de las demás ideas confusas porque además es difusa".
    Otra cosa será pensar sobre la definición, y determinar si es buena o no, y en todo caso mejorarla. Yo pienso que bastante mala. Pero lo importante es notar que el definiens no contiene al definiendum, como ocurría en el caso que se dijese: 'el ser es el ser'; o 'una casa es un inmueble donde habitan las personas...'

    saludos

    Comentado por: vic el 21/10/2009 a las 14:51

  • Leyendo el artículo, parece inevitable llegar a la conclusión de que hasta el siglo XVIII inclusive los locos fueron tratados con una comprensión y humanidad que el XIX, y en particular el XX, olvidaron o combatieron hasta convertir la vida del enfermo síquico en un infierno. Atrocidades como la "extracción de la piedra de la locura", bien conocida, o la confusión de siglos entre la locura y la posesión diabólica, y el trato subsiguiente, parecen ser desconocidas o carecer de importancia para el Sr. Azúa. Desconozco si lo suyo es desinformación -que, en ese caso, podría remediar fácilmente, sólo con que tuviera alguna voluntad de hacerlo- o bien optimismo ciego; ninguna de las dos posibilidades, me temo, dice mucho en su favor.

    Comentado por: marinero el 21/10/2009 a las 14:08

  • A mí lo que me hace gracia es la supuesta conclusión (como si estar contra la corrección política fuese en si mismo un razonamiento):

    "A veces el narcisismo de la bondad puede ser más peligroso que el terrorismo."

    ¡Como si los llamados terroristas se tuviesen por malos!

    Comentado por: industria etc. el 21/10/2009 a las 13:58

  • Al contrario: la bondad no es narcisista, es el narcicismo lo intrínsecamente malo, el narcisismo que corrompe todo aquello con que se adorna.

    Comentado por: alvin el 21/10/2009 a las 12:08

  • Castilla del Pino era comunista. ¿Que podría esperarse?

    Comentado por: ag el 21/10/2009 a las 10:55

  • Muchos enfermos mentales pueden hace una vida totalmente normal con la medicación adecuada y los controles pertinentes,si los internas y les das la medicación adecuada y los controles pertinentes los estas torturando allí encerrados , cuando pueden tener una vida familiar y laboral normal.



    Si te la saltas esta claro que hay peligro, si te saltas un semáforo también. También creo que en España las enfermedades mentales siguen siendo vergonzantes y eso impide que se traten adecuadamente, falta un poco pedagogía en este sentido.



    Las noticias moda crean alarma social , hace mucho que ningún perro muerde a nadie , hace tres años eso sucedía cada día

    Comentado por: albert el 21/10/2009 a las 10:40

  • Castilla del Pino , un gran hombre sin duda, prescribía sesiones de electroshock para simples depresiones en los años 50. Los neurolépticos, lobotomizadores químicos marca el antes y el después del tratamiento psiquiatrico, ya no es necesario el internamiento prolongado del enfermo.Un estado psicótico en gente sana se puede inducir simplemente con el consumo de un porro: penetras en el mundo de la extrema lucidez.
    El Catedrático cordobés decía:Si quieres saber de Psiquiatría, cómprate un manual pero si quieres conocer al hombre lee a Dostoyesky ( Por cierto, Azúa tiene publicado un brillantísimo artículo sobre el escritor ruso).Por último, una entrevista en el Pais Semanal, vino a revelar que su peor momento no fue la muerte de su hijo cómo dió por supuesto la periodista que le entrevistaba, lo peor fué cuando no ganó la Cátedra la primera vez que opositaba.

    Comentado por: Jacinto Martínez el 21/10/2009 a las 10:20

  • 'He was the mildest-mannered man. That ever scuttled ship or cut a throat.'

    (Don Juan, Byron)

    Comentado por: resumiendo el 21/10/2009 a las 09:54

  • Acerca de pasado, presente y futuro.

    Culpa »(1), «mala conciencia» y similares

    Criar un ANIMAL AL QUE LE SEA LÍCITO HACER PROMESAS –– ¿no es precisamente esta misma paradójica tarea la
    que la naturaleza se ha propuesto con respecto al hombre? ¿No es éste el auténtico problema del hombre?...
    El hecho de que tal problema se halle resuelto en gran parte tiene que parecer tanto más sorprendente a
    quien sepa apreciar del todo la fuerza que actúa en contra suya, la fuerza de la capacidad de olvido. Esta no
    es una mera vis inertiae [fuerza inercial], como creen los superficiales, sino, más bien, una activa, positiva
    en el sentido más riguroso del término, facultad de inhibición, a la cual hay que atribuir el que lo únicamente
    vivido, experimentado por nosotros, lo asumido en nosotros, penetre en nuestra conciencia, en el estado
    de digestión (se lo podría llamar «asimilación anímica»), tan poco como penetra en ella todo el multiforme
    proceso con el que se desarrolla nuestra nutrición del cuerpo, la denominada «asimilación corporal». Cerrar
    de vez en cuando las puertas y ventanas de la conciencia; no ser molestados por el ruido y la lucha con que
    nuestro mundo subterráneo de órganos serviciales desarrolla su colaboración y oposición; un poco de silencio,
    un poco de tabula rasa [tabla rasa] de la conciencia, a fin de que de nuevo haya sitio para lo nuevo, y
    sobre todo para las funciones y funcionarios más nobles, para el gobernar, el prever, el predeterminar (pues
    nuestro organismo está estructurado de manera oligárquica) ..éste es el beneficio de la activa, como hemos
    dicho, capacidad de olvido, una guardiana de la puerta, por así decirlo, una mantenedora del orden anímico,
    de la tranquilidad, de la etiqueta: con lo cual resulta visible en seguida que sin capacidad de olvido no puede
    haber ninguna felicidad, ninguna jovialidad, ninguna esperanza, ningún orgullo, ningún presente. El
    hombre en el que ese aparato de inhibición se halla deteriorado y deja de funcionar es comparable a un
    dispéptico (y no sólo comparable .. ), ese hombre no «digiere» íntegramente nada... Precisamente este
    animal olvidadizo por necesidad, en el que el olvidar representa una fuerza, una forma de la salud vigorosa,
    ha criado en sí una facultad opuesta a aquélla, una memoria con cuya ayuda la capacidad de olvido queda
    en suspenso en algunos casos, ..a saber, en los casos en que hay que hacer promesas; por tanto, no es, en
    modo alguno, tan sólo un pasivo no..poder..volver..a..liberarse de la impresión grabada una vez, no es
    tan sólo la indigestión de una palabra empeñada una vez, de la que uno no se desembaraza, sino que es un
    activo no..querervolver..a..liberarse, un seguir y seguir queriendo lo querido una vez, una auténtica
    MEMORIA DE LA VOLUNTAD, de tal modo que entre el originario «yo quiero», «yo haré» y la auténtica descarga
    de la voluntad, su acto, resulta lícito interponer tranquilamente un mundo de cosas, circunstancias e incluso
    actos de voluntad nuevos y extraños, sin que esa larga cadena de la voluntad salte. Mas ¡cuántas cosas
    presupone todo esto! Para DISPONER ASÍ ANTICIPADAMENTE DEL FUTURO, ¡cuánto debe haber aprendido antes el
    hombre a separar el acontecimiento necesario del casual, a pensar causalmente, a ver y a anticipar lo lejano
    como presente, a saber establecer con seguridad lo que es fin y lo que es medio para el fin, a saber en general
    contar, calcular, .. cuánto debe el hombre mismo, para lograr esto, haberse vuelto antes calculable, regular,
    necesario, poder responderse a sí mismo de su propia representación, para finalmente PODER RESPONDER
    DE SÍ MISMO COMO FUTURO a la manera como lo hace quien promete!

    (1) Culpa = Schuld. En alemán la palabra Schuld significa indistintamente «culpa» y «deuda». El texto del Padrenuestro decía: «Perdó-
    nanos nuestras deudas (culpas) ». Este doble sentido es la clave de un gran sector de este segundo tratado.

    (La genealogía de la moral, Federico Nietzsche)

    Comentado por: federico hay más que uno el 21/10/2009 a las 09:51

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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