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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 23 de febrero de 2020

 Blog de Félix de Azúa

De viaje por los ópalos fronterizos

Todas las ciudades con río tienen un aire de familia. Lado bueno, lado malo. Jolgorio y vicio del lado malo. Lado malo convertido en bueno y más caro que el bueno. Nieblas, brumas, humedades que muerden los huesos y adornan la ciudad con ancianos doblados por la mitad. Abundancia de sombreros. Suicidas flotando, náufragos fluviales.  

También las ciudades lacustres tienen un aire de familia. Es imposible escapar a las condiciones espirituales de semejante fenómeno. Al contrario del río, el lago no separa sino que une, aunque eso sólo se ve en el mapa. ¡Felices quienes viajan sin mapa! Llegan a estas riberas sin saber qué obstáculo los detiene. Nosotros lo sabemos, los lagos son finas curvas salpicadas de pueblos casi siempre deliciosos que permiten múltiples saltos de cabotaje. El viaje asciende a juego de la Oca. La esencia del lago es además inspiradora de clausura, quietud y monaquismo, porque el río nos lleva hacia la mar que es el morir, pero el lago nos convierte en figuritas de un pesebre con un espejo en el centro. El lago es una isla de agua habitada por navegantes, que es gente de fiar.

    Un juvenil Gimferrer dio con la metáfora exacta de la Confederación Helvética. La llamó: "rosetón de los ópalos lacustres". De nuevo es el mapa de Suiza lo que deja ver ese rosetón cuyos vidrios opalinos son los múltiples lagos que la iluminan, pero si uno va en horizontal no puede hacerse idea del tamaño, la forma, o la unidad de los lagos. Son cerca de veinte y los hay grandes como una provincia española o pequeños como nuestras lagunas. Verdes, perlados, azules, plomizos, plateados.

    Las ciudades lacustres de Suiza son refugio de serena ciudadanía y afilada dentadura bancaria. Ciudades en las que sólo se oye el crujir de huesos de los morosos y el brindis de los acaudalados. Después de Ginebra y Zúrich viene Lugano, uno de los espacios más curiosos de Europa. Su belleza natural etcétera no merece mención. Vaya usted a verlo. Lo portentoso es allí la presencia impúdica del privilegio. De una parte es usted suizo y por lo tanto puede llevar la vida más civilizada del planeta. Por otra parte es usted italiano y se puede divertir como un crío. Por esta razón, el monumento que pude contemplar con mayor encanto y pasmo fue la avenida que bordea el lago, pero no por su belleza natural etcétera, sino por sus automóviles.

    Sitúese en alguno de los cafetines que serpentean la avenida sombreada por los tilos y observe. Son, sin duda, las mejores marcas y las más caras, Mercedes suavísimos cuyos cristales ahumados ocultan celebridades agonizantes, Ferraris de turbia mirada narco, Lamborghinis conducidos por herederos insolventes, Bentleys de ancianos hippies americanos, Jaguars de piel de cocodrilo con jeques barbipinchos. Lo más soberbio, sin embargo, es la limpieza eucarística de las carrocerías. Vi a un tremendo Audi frenar en plena avenida, salir el conductor mirando furioso al cielo y limpiar con la manga de su chaqueta un excremento de gaviota caído sobre el guardabarros, bajo la mirada aprobadora de los automovilistas detenidos. Prodigioso. Este es el sueño: ser italiano y suizo al mismo tiempo. Mejor que ser hermafrodito, o blanquinegro, como el difunto Jackson.

    La constatación se encuentra a media hora de tren. Si Lugano es lugar suizo, pero italiano, la ciudad y el lago de Como es lugar italiano, pero de sangre suiza. Geográficamente apenas se distingue de su hermano. Aquí el lago, en lugar de serpentear, forma una Y invertida, uno de cuyos extremos toma café con el otro lago. Si en Lugano tiene un palacio de aquí te espero la baronesa Thyssen, en Como lo tiene George Clooney. A saber quién de los dos es más aristocrático. Para ser una ciudad italiana, Como parece suiza, del mismo modo que Lugano parece italiana. La mayor diferencia es que en Como los autos no van tan limpios y se ven incluso tristes Ford, Fiat, Lancia, Volkswagen y otras especies plebeyas. En cambio, tiene una catedral presidida por los dos Plinios, dos paganazos, que da gozo, sobre todo vista desde el café de enfrente con un Negroni bien servido.

    En ambas ciudades se vive la cualidad monacal, reservada, serena de las urbes lacustres. Y por ello es recomendable trasladarse a Milán para tomar el avión en Malpensa, que es un verdadero infierno de aeropuerto, y constatar la divergencia. La capital de la Lombardía era hace diez años uno de los centros más selectos e ilustrados de Europa. Produce escalofríos ver cómo ha decaído hasta mudarse en una ciudad mediterránea. La suciedad, el estruendo de las motos, la pavimentación paleozoica, el caos municipal y el amontonamiento humano la han convertido en un centro sólidamente cutre.

    Seguramente ha pasado el tiempo de las grandes ciudades y son ahora las pequeñas y medianas las que permiten llevar una vida no absolutamente degradada. Constaté que en Milán están todos los muros pintados por grafiteros que hace treinta años Ítalo Calvino ya calificaba de reaccionarios. Es verdad que sigue habiendo quien a eso le llama arte callejero. No entienden la trivialización que de modo irreparable se produce en el espacio público. Ni su indudable totalitarismo. Ruido visual de las ciudades sin cerebro. Y sin lago.

Artículo publicado el viernes 25 de septiembre de 2009.

[Publicado el 30/9/2009 a las 09:00]

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Comentarios (22)

  • Pesaditos con lo de Polanski. ¿Y si vamos a la práctico y empezamos a preocuparnos por la impunidad de los violadores del ensanche, que nos caen más cerca? ¿O quizás estos últimos no tienen suficiente "pedigrí intelectual" como para dedicarles tantas disquisiciones filosóficas de altos vuelos?

    Comentado por: Circe el 10/10/2009 a las 16:39

  • AL ABORDAJE|DAVID GISTAU
    Libertad creativa para Polanski
    • 04.10.2009
    IGNORO hasta qué punto una niña drogada y sodomizada puede encontrar alivio en la noticia de que el autor de su violación no es un tipo cualquiera en el vagón del Metro, sino nada menos que un campeón de la cultura popular del siglo XX. Pero resulta obvio que esa distinción sí la hacen quienes han protestado por la detención en Suiza de Roman Polanski alegando dos motivos. Que el hombre es un genio, y sus películas de los últimos treinta años importan más a la humanidad que el desgarro anal de una nena que mejor haría en agradecer que un Artista haya descendido hasta su prosaica dimensión terrenal para hacerle un regalo más valioso y personalizado que un autógrafo. Y que es europeo, cuando es sabido que cualquier aplicación americana de la ley universal sobre un europeo constituye por definición una injerencia imperialista. Ya se trate de un jefe de Estado genocida o de un violador. Si el europeo además hace cine, y encima lo hace desde París, entonces no hace falta nada más para concluir que los gringos son tan brutos que aún no se han enterado, como decía Wilde, de que al Artista lo rige un universo moral propio. Superior, por supuesto. Y que no hay mejor tributo al regalo que nos hace con su existencia que consentirle ciertas excentricidades de carácter que en realidad no hacen sino avalar el temperamento artístico. Esa «profesionalización de la tara psicológica», como lo definió Julio Camba. ¿Pues no salía Nerval a pasear una langosta con correa?, y, al verle pasar, decía la gente: «Ahí va un Artista». Lástima que Charles Manson no especificara que lo que le hizo a Sharon Tate era un montaje para ARCO: ya le habrían presentado en París como enfant terrible del arte, trivializando las vacas en formol de Damien Hirst.
    Ya que Almodóvar insiste, podemos aceptar que el Artista, por el hecho de serlo, debe existir por encima de la Ley. Pero entonces es necesaria una tabla de impunidades que pueda interpretarse como descripción de un prestigio. Es decir, ¿a cuántos delitos, como parte de la dotación del premio, tendría derecho un ganador del Oscar? ¿Lo dejamos en dos violaciones, un atraco a mano armada, y barra libre de hurtos en supermercado y tiendas de moda para todo el año? Asusta pensar en los privilegios ante la ley de los que entonces debería gozar todo un pedazo de Nobel de Literatura. Ése viviría como Tiberio en Capri, con un suministro repartido en camiones como el de la Coca-Cola de niños en flor como esos a los que el emperador llamaba «mis pececitos».

    Comentado por: S. Johnson el 05/10/2009 a las 06:39

  • AL ABORDAJE|DAVID GISTAU
    Libertad creativa para Polanski
    • 04.10.2009
    IGNORO hasta qué punto una niña drogada y sodomizada puede encontrar alivio en la noticia de que el autor de su violación no es un tipo cualquiera en el vagón del Metro, sino nada menos que un campeón de la cultura popular del siglo XX. Pero resulta obvio que esa distinción sí la hacen quienes han protestado por la detención en Suiza de Roman Polanski alegando dos motivos. Que el hombre es un genio, y sus películas de los últimos treinta años importan más a la humanidad que el desgarro anal de una nena que mejor haría en agradecer que un Artista haya descendido hasta su prosaica dimensión terrenal para hacerle un regalo más valioso y personalizado que un autógrafo. Y que es europeo, cuando es sabido que cualquier aplicación americana de la ley universal sobre un europeo constituye por definición una injerencia imperialista. Ya se trate de un jefe de Estado genocida o de un violador. Si el europeo además hace cine, y encima lo hace desde París, entonces no hace falta nada más para concluir que los gringos son tan brutos que aún no se han enterado, como decía Wilde, de que al Artista lo rige un universo moral propio. Superior, por supuesto. Y que no hay mejor tributo al regalo que nos hace con su existencia que consentirle ciertas excentricidades de carácter que en realidad no hacen sino avalar el temperamento artístico. Esa «profesionalización de la tara psicológica», como lo definió Julio Camba. ¿Pues no salía Nerval a pasear una langosta con correa?, y, al verle pasar, decía la gente: «Ahí va un Artista». Lástima que Charles Manson no especificara que lo que le hizo a Sharon Tate era un montaje para ARCO: ya le habrían presentado en París como enfant terrible del arte, trivializando las vacas en formol de Damien Hirst.
    Ya que Almodóvar insiste, podemos aceptar que el Artista, por el hecho de serlo, debe existir por encima de la Ley. Pero entonces es necesaria una tabla de impunidades que pueda interpretarse como descripción de un prestigio. Es decir, ¿a cuántos delitos, como parte de la dotación del premio, tendría derecho un ganador del Oscar? ¿Lo dejamos en dos violaciones, un atraco a mano armada, y barra libre de hurtos en supermercado y tiendas de moda para todo el año? Asusta pensar en los privilegios ante la ley de los que entonces debería gozar todo un pedazo de Nobel de Literatura. Ése viviría como Tiberio en Capri, con un suministro repartido en camiones como el de la Coca-Cola de niños en flor como esos a los que el emperador llamaba «mis pececitos».

    Comentado por: S. Johnson el 05/10/2009 a las 06:38

  • De un texto del libro de Poincaré 'Últimos pensamientos', que se titula, 'La matemática y la lógica', y que trata del problema que supone, realmente, que supuso, para estas dos disciplinas la teoria cantoriana del infinito actual y el descubrimiento de las paradojas tipo Russell o tipo Richard, que se conocen como paradojas semánticas, entresaco esto: “Observamos que los cantorianos hablan constantemente de epistemología, es decir, la ciencia de las ciencias. Entiéndase bien que esta epistemología es completamente independiente de la psicología, es decir, que nos debe enseñar qué serían las ciencias si no hubiera sabios. Sin duda, debemos estudiar las ciencias, no suponiendo que no existen sabios, sino sin suponer que los hay. De esta manera, no sólo es una realidad independiente del físico que podría sentir la tentación de estudiarla, sino que la misma física es también una realidad que subsistiría si no hubiera físicos. Esto es efectivamente realismo”.
    El gran Poincaré con la asombrosa inteligencia que se reflejaba siempre en sus textos, trata de un tema clásico, el de si es lícito considerar los objetos, los saberes de las ciencias como pre-existentes, y, por ello, considerarnos a nosotros meros descubridores, o, si por el contrario, lo que hacemos al hacer ciencia no es descubrimiento sino creación, bien, digámoslo de manera algo menos pretenciosa, construcción. El problema de cómo se consideraba al infinito tocaba de lleno el asunto, pues, dependiendo de si se era cantoriano, y se afirmaba, por consiguiente, la existencia del infinito actual, se estaba del lado del realismo, y con ello del lado del descubrimiento, y con ello del lado de Platón. O si se era, como los llama P., pragmatistas, más conocidos en la literatura posterior sobre el tema como intuicionistas, que no admitían más infinito que el potencial, y por ello, más del lado aristotélico. Resuelve la cuestión, ¡bueno!,¡ resuelve!, es cierta forma de llamar a lo que P. escribe acto seguido, pero él sabe, y nosotros sabemos, que el tema no está, ni mucho menos zanjado, y que, también a pesar de todo, esta disputa entre matemáticos y lógicos, sólo tiene alcances meramente 'filosóficos', pues, precisamente los matemáticos y los lógicos en su quehacer cotidiano no se parar en sutilezas de este cariz, y lo que hacen es, simple y llanamente, como siempre han hecho, esto es, tomar lo que más le conviene en la práctica, y si, como sucede, la matemática intuicionista es menos prolífica que la cantoriana, donde se dan solución, y donde se plantean cuestiones de más calado, no vacilan ni un segundo en darle una patada al infinito potencial, y a Aristóteles si hiciera falta, y manejar, sin muchos escrúpulos intelectuales, los conceptos que Cantor puso a su disposición. Pero volvamos con P. y observemos como responde, dice P.:”Siempre ha habido en filosofía tendencias opuestas y no parece que estén justamente a punto de conciliarse. Sin duda porque hay almas diferentes, a las que en nada podemos cambiar. No hay, pues, ninguna esperanza de que se establezca un acuerdo entre pragmatistas y cantorianos. Los hombres no se entienden porque no hablan la misma lengua y existen lenguas que no se aprenden”.
    El problema que hay es que habrá teoremas que no sean verificables, pues la colección de elementos al ser infinita, y al ser la verificación un 'procedimiento', un 'algoritmo', no se podrá determinar rigorosamente que los objetos de los que habla el teorema sean instancias que hacen la proposición verdadera, y esto es peliagudo. Luego, al no poder echar mano de la verificación, la única herramienta disponible será aferrarse por un lado a la no contradicción, que substituye en matemática y lógica a la 'existencia' en física, y probar que el adversario cae en contradicción, mediante la clásica 'reductio ad absurdum' .
    Pero, a lo mejor, lo que convendría sería distinguir entre concepto y objeto matemático. En el hacer matemático se trae consigo unos elementos y una práctica que desembocan en nuevas definiciones de conceptos que antes no existían, no es una verdadera creación ex nihilo, pues el matemático de turno ya llevaba en su morral elementos con los y sobre los que pensar, sobre todo problemas, pero se pudiera decir que se le acerca, en el sentido de que antes no estaba,- de alguna forma-, y ahora sí está.
    Esto sucede con el concepto, pero no con el objeto, el concepto es una herramienta, un útil que sirve para poder observar un campo nuevo, o desde una atalaya nueva, los objetos, que ya existían. El concepto es como un aparato que sirve a la vista, pero a la vista, a los ojos del espíritu, algo que se tiene que construir pero que sirve para ver cosas que antes no se veía pero que estaban. Sería absurdo, como dice, creo recordar el propio Aristóteles, o no sé si un sofista citado por el Estagirita, pensar que cuando cerramos los ojos lo que vemos desaparece y que se vuelve a aparecer, se vuelve a formar cuando los abrimos. Desde luego, explicar este echo de la visión, sería, cuanto menos, problemático.
    El problema de los pragmatistas es que consideran que el infinito es un concepto, pero no un objeto matemático, lo definen, pero no lo 'ven' como algo 'real' de la matemática, dicen que un género G infinito, o un conjunto, que viene a ser lo mismo, no se les presenta sino como una colección susceptible de crecer indefinidamente, a medida que se construyan nuevos elementos que posean los caracteres convenientes, que son los que definen al género. Esto lo hacen pero no observan, como ya lo hicieran los nominalistas altomedievales, la existencia como objeto del género G, es, por ello, éste simplemente un 'flatus uocis' al decir escolástico. Pero no hay ninguna razón intrínsecamente matemática para no hacerlo, y esto se puede ver en que el problema se da en otros ámbitos. Es un problema, diría yo, de percepción intelectual, de falta de finura en la distinción, en lo que al asunto del infinito se refiere.
    Sin embargo, existe una diferencia entre considerar el ser 'real' de 'la rojez' o 'la rojedad', por ejemplo, y considerar la existencia de los objetos matemáticos, y es que, si bien es cierto, que el proceso abstractivo que invocaban como suficiente para dotar de existencia a los universales carecía de fundamento si uno lo que pretendía era hacer filosofía natural, más claramente, que no existía en la naturaleza nada parecido a 'la rojedad', esto no ocurre con la matemática, pues su domino, digamos, ontológico, no son seres que existan con el mismo tipo de existencia que, verbigracia, un árbol; su domino es el de objetos abstractos, por tanto la cuestión que se discutía con respecto a 'la rojez', no tiene sentido, o el mismo sentido, que aplicada a los objetos matemáticos. De lo que se tratará será de establecer el tipo de 'prueba' de existencia en el dominio de los objetos matemáticos que permita decidir si algo existe,-con dicho tipo de existencia-, o no existe. Para la matemática algo existe si se prueba que la suposición de su existencia no lleva al absurdo o contradicción. Pero este encaje supone que existen reglas y que existen proposiciones o enunciados establecidos desde los que partir, esto es, y hay que advertir, además, que si uno se fija bien, algo bastante parecido, incluso más rigoroso, ocurre con esas hipótesis o suposiciones que el sentido común lleva consigo cuando el hombre se mueve por el mundo terreno. Lo único que hace especial a este procedimiento es la herramienta, que son las reglas de la lógica y la verdad lógica y los enunciados o proposiciones. Se podría decir, à la Hilbert, i.e., siguiendo a los formalistas, que la matemática es un conjunto de enunciados, eliminando así su sostén intuitivo, pero los enunciados que se presentan como matemática, son formas de referirse a los objetos matemáticos, esto se observa que es así en la faena matemática, ningún investigador matemático piensa de modo 'formalista', sino que usa de su intuición, más o menos pulidamente,-que al perecer, es esta una cualidad que se tiene y perfecciona. Esto supone una búsqueda y una referencia al sentido, al sentido profundo también, y a la representación que el investigador tiene del problema y de la matemática; seguir la senda del sentido es seguir la senda de la existencia del objeto, o de la posibilidad real que para él tiene el concepto de 'existencia de objetos matemáticos' en matemática, esto es, que el está pensando apoyado en una ontología que da por supuesta por el modo que tiene de pensar. Es cierto, por otro lado, que esto,-la forma de investigar en matemática-, no demuestra, de hecho, que existan los objetos matemáticos, pero creo posible asegurar que, aun en la hipótesis de que no existieran, concebida por un hombre de gran agudeza o recibida de boca de algún dios o diablo de inteligencia superior, sería imposible demostrar su no existencia, i.e., su no existencia por otro medio que no fuese el de las reglas de la lógica, la definición de los conceptos, y la 'verdad' lógica, así como el principio de no contradicción. Esto está en íntima relación con aquéllo del pensamiento filosófico. Pues la filosofía, no sería ni el concepto, ni el pensar, la equivalencia, o mejor, la analogía que podríamos establecer con los objetos matemático es la de 'objeto filosófico', pero, en puridad, no sean de la misma naturaleza.
    Aunque, tanto en filosofía como en matemática, si se puede,-creo, intuyo-, hablar de 'aquello (objetivo) de que se trata' cuando se estudian ambas materias; hay un 'algo', que es,-y perdón por la resonancia filosófica de la palabra-, la substancia, o lo que sostiene, y preocupa al que las estudia, o entiendo que así debería ser.

    saludos

    p.s.:

    al sr./sra. 'manda cojones',

    los juicios de intenciones sobre la interpretación necesaria o posible, que tuviera Berlanga en la escena del golpe, si Berlanga hubiese pretendido hacernos ver, y compartir con nosotros, la relación de milagros políticos en la España de la transición resumida como, no olvidemos, aquella célebre relación de milagros que hubiera realizado S. Antonio de Padua si hubiese desembarcado en...la Tacita de Plata...se la dejo a ud.
    Yo me limito a comentar lo que me suscitó la escena, a mí, y en clave de 'amismidad'

    Comentado por: vic el 04/10/2009 a las 18:19

  • o sea, que en vez de insinuar que la Iglesia española apenas se diferencia nada de los militares ultraderechistas en valores, talento y talante, lo que quería Berlanga era autorretratarse como emboscado que contempla olímpicamente el rifirrafe político. simplemente vomitivo.
    ¡Enternecedora y lúcida la interpretación de ambos dos! ¡Lo que se ha perdido el garci!

    Comentado por: manda<cojones el 04/10/2009 a las 15:01

  • Was ist ein "àcrata jüngeriano"?

    Comentado por: L.L. el 03/10/2009 a las 18:49

  • detrás de las ideologías, está la política

    recuerdo una peli, creo que era de Berlanga, en la cual se veía una escena con unos personajes que hablaban del hecho del fracaso del golpe de Estado de Tejero, y se decían, más o menos, creo recordar, las siguientes líneas de diálogo:

    -(un cura franquista). Los han dejado solos, a esos valientes...hay que ver!

    -tranquilo, padre, no se amohíne, dan uds. otro golpe de estado y ya está...

    lo que a mí me causó extrañeza al oir este diálogo, fue precisamente la respuesta, y el trato que se daba: 'Uds.'; parecía como si el hecho del golpe de estado no fuera con él, y que no se viera identificado el personaje, ni con unos, ni con otros. Algo cínica la postura, sin duda, pero, interpretable como una 'postura política', también. A mí me hizo pensar en que más allá de la organización del Estado en lo que se refiere a sus poderes, existe un substrato anterior, previo, donde quizá se situara este buen hombre, y por tanto, lugar en el que al no existir la ideología que conforma el modelo de los poderes, no se podía ver identificado en modo alguno, aunque, eso sí, sí, parte de un algo político, y primigenio, sobre el cual actuar de forma 'ideológica'. ¿Puede ser esto un verdadero vislumbrar, o un verdadero sentir, 'lo político'?

    saludos

    Comentado por: vic el 02/10/2009 a las 14:24

  • Yo voy a recordar otra: tanto ciencia como teología parten de, pretenden, que hay un todo y que éste puede ser explicado.

    Comentado por: industria permanente de armamento el 01/10/2009 a las 16:21

  • pues yo creo que conviene recordar un par de cosiyas:
    a) que hubo un tiempo en que religión, ciencias y filosofía eran lo mismo;
    b) que por tanto no siempre hubo estas especialidades y no siempre tendrá que haberlas.

    Comentado por: a déu el 01/10/2009 a las 15:10

  • pero es que las ciencias vienen a ser la deriva, el viaje inevitable, en que desemboca la filosofía.
    A mí me ha gustado el artículo, aunque discrepe por numerosas partes, no voy a enumerarlas todas ni en detalle. En general, no me parece que describa a los progres sino a las personas, todas son igualmente reacias a cambiar en su base más profunda y todas cambian finalmente de una u otra manera.
    En cuanto a la teoría de los cristales rotos, un nombre que incita a la poesía, y aquí sí me expando un poco, dependerá de un montón de cosas que puestas en evidencia le quitan el valor de ganzúa y clave milagrosa para la comprensión de algunos aspectos del comportamiento humano. Le quitan la épica, eso que tanto deseamos los humanos, y que como la ideología, tanto nos resistimos a desbaratar. Y para seguir con nuestro amuleto en el puño, nuestra lámpara de Aladino, simplificamos, protestamos y negaremos la evidencia con tal de elevar a los altares y - de esto es de lo que se trata - adorar algo que en realidad nos pesa sobre los hombros.
    En fin, que yendo con mi amiga por la calle nos asaltó una sombra y robó, de entre los dos posibles, su bolso. ¿Por? siempre he pensado que porque era mayor que el mío, que lo era, y probablemente porque ella iba más arregladita. No dudo de que en un lugar donde se perciba que uno puede hacer lo que le dé la gana porque no hay control social, la gente tienda a desinhibirse. Pero a la hora de robar un chalecillo no me voy a ir a una chabola. Y de verdad que se hacen estudios y se gastan dinero que se podría usar mejor aunque nadie es perfecto, gajes del oficio.
    Yo diría que poetas hay muchos, casi tantos como personas, que los escriban es otra cosa y que salgan a su muerte en los periódicos habrá que dejárselo a los señoritos, que son los que en ese ambiente se mueven. Muñoz Rojas no lo conocía, he visto la noticia y me he leído de él un poema, me ha gustado mucho.
    Y por fin, los toros, en fin: Sí hay alguien a quien se obliga a ir a los toros: al toro. (Y a los caballos). Creo que ésa es la diferencia fundamental entre taurinos y antitaurinos. Y sé que es paradójico, el idealismo y el realismo, aún así me parece que es buen tiempo de abolirlo. Y a mí no se me pasa por la cabeza comparar el patear un balón con patear a un ser vivo. En cuanto al riesgo me gustaría que me pasaran alguna estadística, para luego comparar con el riesgo de morir en accidente de coche, por ejemplo. También, si se ponen, pasen las estadísticas de que un toro toreado muera o no en el ruedo. Me parece que ser toreado es más arriesgado que ser torero.

    Comentado por: Bisiesta el 01/10/2009 a las 00:00

  • Pere Gimferrer

    "¡AQUELLAS MANOLETINAS DESPUÉS DE PINCHAR AL TORO!"



    Por Patricia Navarro
    La Razón




    Pere Gimferrer se declara aficionado desde que tiene uso de razón y encuentra en El Viti sus primeros recuerdos de la Fiesta. De la Feria de la Merced de Barcelona no se ha perdido ni un solo festejo.

    –¿Cómo se le queda el ánimo después de un fin de semana tan intenso?

    –El ánimo, el alma... José Tomás estuvo admirable, muy en su estilo, aquellas manoletinas después de pinchar al toro. Esos pases que sólo los da él, porque los da de otra manera. Y la faena de Morante...

    –El día anterior con Manzanares y El Juli.

    –Sí, en particular Manzanares... Hay mucha poesía y mucha plástica.

    –Y lo dice un poeta.

    –Lo han dicho muchos poetas. Lorca, Alberti, Miguel Hernández...

    –¿Qué opina usted acerca de que quieran prohibir la Fiesta en Cataluña?

    –Es un disparate. El argumento más evidente es que nadie está obligado a ir a los toros. Y luego habría que averiguar de qué estamos hablando.

    –¿Cuál es la cuestión de fondo?

    –No está muy claro si el problema es la defensa de los animales o que entienden que es algo ajeno a Cataluña. Lo segundo es indefendible. Antes he nombrado a Alberti, a Hernández o a Lorca, pero podría hablar de Picasso, de Miró, de Dalí, de Barceló; hablo de pintores por dar continuidad al tema. ¿Hay que prohibirlo también? ¿Todo esto es ajeno a Cataluña? Entonces, tengo en mente las fotos de Miró toreando en una plaza. Digo Miró porque es uno de los representantes de la vanguardia del catalanismo cultural.

    –¿Cree que hay una necesidad social de prohibir los toros?

    –¿Y entonces los que estábamos en la plaza? Y los que no estaban tampoco creo que estén afectados. Esto suponiendo que la argumentación sea sociocultural. Si lo que preocupa es el animal, entonces hay que prohibir también la cacería. A nadie se le obliga a ir a los toros y mucho menos a torear.

    –El desenlace será este invierno en el Parlamento catalán. ¿Qué pueden hacer los ciudadanos mientras tanto?

    –Manifestar su opinión en la medida de lo posible. A mí no me gusta el fútbol, por ejemplo, pero no por eso voy a pedir que lo prohiban. No se me pasa por la cabeza.

    –¿Qué valores fundamentales defiende en la sociedad catalana?

    –La idea de prohibir los toros contiene tres puntos que no puedo compartir: limita la libertad del que hace algo porque lo desea y no obliga a nadie a hacerlo; encierra manifiestamente el desprecio a valores culturales catalanes y no catalanes; y tiene una idea errónea tanto del pasado como del español y del sentimiento de pertenencia. ¿Qué hacemos en Madrid en la Transición con la imagen de Bergamín y Alberti en Las Ventas? Alberti llegó a defender la independencia de Cataluña.

    –El antitaurino no es una figura nueva.

    –Un antitaurino era Cernuda y era sevillano. No tiene que ver con Cataluña. Miró podía ser taurófilo y en cambio he encontrado gente contraria a la Fiesta en Córdoba. Los antitaurinos vienen de muy lejos, los podemos situar ya con Eugenio Noel, en la Generación del 98.

    –¿Cuándo le nace la afición a los toros?

    –Desde que me alcanza mi memoria. De niño escuchaba las crónicas por radio de Julio Gallego Alonso y luego leía las reseñas.

    –Y su obra recoge alusiones a la Fiesta.

    –Esta tarde me entretenía pensándolo y por lo menos he hecho ocho alusiones en castellano y catalán en épocas muy distintas. Metáforas taurinas.

    –¿Qué es lo que le atrae del toreo?

    –Lo primero la belleza, pero también el riesgo y la imprevisibilidad. Es como un poema visual en movimiento y con muchos factores. Comparado con el léxico de un poeta son pocos los pases que maneja de manera aislada, pero cuando empieza a actuar se multiplican hasta el infinito. Esto lo desarrolla muy bien Paco Brines.

    –¿Qué tiene en común el toreo con otras creaciones artísticas?

    –Con el ballet, su indudable gestualidad en el espacio, pero no es lo mismo. Con la poesía, son artes de instantes sucesivos que cada uno tiene valores absolutos. Y con la pintura tiene una semejanza evidente [...].

    Comentado por: a propósito... el 30/9/2009 a las 20:49

  • Siento ser tan bruto (un discurso sólo hilado por rencor y el resentimiento) y haberme apresurado: está claro que si en hay algún político conservador que no demuestre con sus acciones ser "liberal, conservador y de orden" y angélico creyente de las bondades del "capitalismo de mercado pletórico de bienes de las sociedades políticas democráticas occidentales" es porque es un pogre arrepentido de los que hablaba el impagable Pensador ese. Asín que tal vez sea un viaje inevitable, pero vistos los resultados, lo mejor para ¡España! sería que en vez de emprenderlo siguieran consagrados a perder el tiempo en congresos de IU y pedir firmas a favor del pronto restablecimiento de Fidel.

    Comentado por: zweimal wozu noch el 30/9/2009 a las 19:38

  • Eh, industria, estás en lo cierto: no sé a quién quitarán el sueño los pogres esos, y me importa un higo, mas si ese artículo deja algo claro es que los periódicos fachas toman a sus pobres lectores fachas por retrasados mentales. Claro, han de seguir pensando que Aguirre, Camps y Matas son unos idealistas...

    Comentado por: wozu noch el 30/9/2009 a las 19:31

  • El hombre es una pregunta en el mar sin orilla que es el tiempo.
    La respuesta a esa pregunta y las consecuencias que de esa respuesta se suceden es cosa que debe responderse cada hombre,Vic.
    Personalmente encuentro una bipolaridad entre filosofía y teología,no entre ciencia y religión como dice Russell. Al menos desde la muerte de Socrates que se renueva por la de Giordano Bruno.
    Dejemos a Dios en paz que de ser no sería Él quien tuviese las culpas de este mundo.

    Comentado por: Maleas el 30/9/2009 a las 18:35

  • Gracias a mi desinformación mórbida, hasta ahora no me he enterado de la ingrata noticia de la muerte de don José Antonio Muñoz Rojas. En el periódico El Mundo se puede leer: 'Fue de maneras exquisitas, un gentleman, un señorito andaluz sin la ordinariez ni el salvajismo de tantos otros'.
    Basta observar la venerable figura del poeta para darse cuenta de que era un señor, aunque lo más importante, lo mejor, lo más suyo, 'sea', no su apariencia, sino que 'es' poeta (y tengo gente que me dice que eso se aparece, ¡bien!, dejémoslo en tablas pues). Poeta antequerano, últímo espécimen de una raza de personas, de intelectuales también, pero más de personas, de hombres de un tiempo, vieja clase, viejas maneras, formas de actuar, ademanes, que ya no volverán gracias a la madre Naturaleza. A ella se lo debemos. Ella nos lo debe, y no podrá pagar jamás...dita sea!.
    El poeta Muñoz Rojas 'es' un poeta, como dicen los títulos de algunas de sus obras, y sus críticos y estudiosos, un poeta de vieja escuela, de escuela romana. Eso es así, creo en parte, por ser de donde es, de Antequera.
    Y esto me lleva considerar lo que se escribe en El Mundo. Muñoz Rojas es, era, un señorito por prosapia, era de una rama de los Rojas, familia ilustre y vieja de Antequera y alrededores, recuerdo, por ejemplo, Villanueva del Cauche, y cualquiera que conozca el libro donde trata de sus recuerdos, niñez y familia, se hará una idea de la posición privilegiada del poeta en esa Antequera de principios de siglo.
    Poetas señoritos, los ha habido, y muchos, en Andalucía, se me viene a la cabeza Villalón, o el mismísimo García Lorca, gran señorito, más en lo económico que muchos otros, como el propio Muñoz Rojas, porque, quién en esa época se iba a estudiar a la Residencia de Madrid o viajaba a Nueva York.
    En Andalucía eso del fenómeno del 'señorito' es algo muy característico. Es un fenómenos secular, que se da en la Andalucía rural, pues que en las capitales de provincia, Sevilla, Málaga, Granada, Jaén, &c., debido a la complejidad social, a la cantidad de población, y de población afluyente, las estructuras son mucho más permeables, o por lo menos, existen, digamos, asientos vacantes, en mayor número de los que existen en los pueblos, todo es más difuso y la 'beautiful people' es más amplia, y no se corresponde tanto con el senoriteo, aunque, evidentemente exista 'le gratin'; en Sevilla, por decir, existe, pero es que lo que no existe es 'le gratin' en los pueblos. Por ello, el más fetén señoritismo es aquél que es del modo y manera que sólo hay un único señorito, o familia señorita, o familias, pero emparentadas, y la demás población, el resto, no cuenta económicamente, ni socialmente, ni culturalmente. Es cierto por otro lado, que esto no se da en pueblos grandes, como, e.g., la 'supraescrita' Antequera, esto es, que no existe un, o una única familia que sea gran propietaria, y sea de la que salgan exclusivamente los señoritos, por tanto, se puede decir que lo que he llamado fetén, es más propio de pueblos pequeños, pero más aún, de lo que es auténticamente propio es de los cortijos, conocida evolución de la villa romana,-unidad económica autosuficiente y extensiva-, pasada por el 'feudalismo' de la Reconquista (y entrecomillo la palabra, porque en España, a no ser que sea en la Marca Hispana, no existió debidamente eso que en Francia, entre el Sena y el Loira, o en Centroeuropa, se conoce como feudalismo). El señorito andaluz es de muchos tipos, mas ya no existe, de hecho. Estaban los señoritos de toda la vida, los señoritos cortijeros o de campo, que eran, o parecían estar 'acatetados', con los zahones siempre puestos, y el sombrero de ala ancha, rudos andares y callosas manos, aunque algunos no lo fueran en lo más mínimo, v.gr., el mentado Villalón. Estaban los señoritos con negocio, del tipo de los bodegueros jerezanos, o del tipo gaditano, en general. Los señoritos rentistas. Los señoritos sin dinero, los sin dinero y con crédito, y, ¡claro!, los señoritos tiesos, de juerga y sablazo. Estaban los señoritos con estudios, de carrera y cultos, y los señoritos sin estudios, que se colocaban, o mejor, los colocaban, normalmente, de directores de sucursal bancaria, la misma donde su familia tenía la abultada cuenta de ahorros. Los señoritos absentistas, algunos de los cuales formaban parte de ese 'gratin' capitalino. Estaban los señoritos calaveras, los de casino, los del politiqueo, incluso los 'falsos señoritos', aquéllos que el pueblo no se dignaba ni en llamar, ni en tratar de tales, puesto que reconocía rápidamente su condición de 'parvenus', e incluso criticaban que se creyeran o que impusieran, por gracia de los dineros ganados de forma rápida y poco honrada, su señoriteo a ellos, que sabían muy requetebién tanto de su cuna como de la posición que ocuparon hasta anteayer.
    Hoy día, digo, que no queda nada de eso, a lo más, que es realmente lo menos, nuevos ricos que al socaire de la recalificación de fincas rústicas, se han convertido en millonarios y llevan a sus churumbeles a colegios privados no religiosos en todoterrenos fabricados para ciudad...en fin.
    Por cierto, lean,¡claro!, si pueden, al poeta.


    saludos

    Comentado por: vic el 30/9/2009 a las 18:02

  • De la enorme parrafada, extraigo esta magnífica perla:

    "Mayoritariamente se va de izquierda a derecha y casi nunca de derecha a izquierda. Esto nos indica de alguna manera que tal movimiento y en ese sentido precisamente indica el movimiento de la sensatez y del buen sentido. Se comienza siendo un ingenuo o ignorante idealista y sentimental y romántico y la ilustración determina el decantamiento por las opciones sensatas y razonables, realistas. Es un movimiento tan frecuente, que nos dice mucho a favor de ser liberal, conservador y de orden como alternativa política realista y adaptada al capitalismo de mercado pletórico de bienes de las sociedades políticas democráticas occidentales, ya sean éstas parlamentarias o presidencialistas."

    Quiere pasar por un razonamiento y quizás lo sea en el planeta Anglosajonia.

    Comentado por: industria permanente de armamento el 30/9/2009 a las 17:23

  • "Para ser una ciudad italiana, Como parece suiza, del mismo modo que Lugano parece italiana."

    Chiste de Gila.

    - Vaya gato más raro,parece un perro.
    - Es que es un perro.
    - Pues parece un gato.

    Comentado por: esto me recuerda aquél que dice... el 30/9/2009 a las 16:44

  • Otro punto de vista, también larguito. Es un artículo aparecido en El País el día 19/09/2009:


    Luz Gómez García
    EL DISCRETO ENCANTO DE LA ISLAMOFOBIA

    En la islamofobia, como en toda fobia, resulta difícil determinar el grado de aversión admisible, esto es, aquel en que las actitudes hostiles al islam dejan de ser expresión de la libertad de pensamiento o crítica legítima para convertirse en agresiones contra los musulmanes motivadas por estereotipos negativos: el islam es monolítico, impermeable al tiempo, la geografía o las culturas, inferior y antitético a Occidente, sexista, irracional y violento.

    Si bien la fobia al islam ha pautado la historia de Europa (ya decía Covarrubias de Mahoma: "Nunca hubiera nacido en el mundo"), y una islamofobia del buen amo caracterizó la Era del Imperio (Hobsbawm) cuyo imaginario destripó Edward Said, la nueva islamofobia no es el resultado de la actualización del viejo conflicto cosmológico entre el Occidente cristiano y el Oriente islámico, ni manifestación postmoderna de un endémico racismo popular, sino producto propio de la secularización del pensamiento occidental (Geisser).

    La islamofobia del siglo XXI es ante todo un fenómeno intelectual de tipo mediático, en el que escritores, sociólogos, profesores, periodistas o políticos reivindican el derecho a liderar un combate universal y mesiánico para erradicar todas las formas de oscurantismo del planeta, a cuya cabeza sitúan el islam. En España, además, halla un refuerzo en el mito de la Reconquista (el aznarista "nosotros ya les echamos hace siglos"), que ha servido para amputar el islam del pasado colectivo y de la identidad nacional. Este estado de cosas se manifiesta en una suerte de prontuario ideológico, por todas partes difundido y a todas horas utilizado, de nuevos ricos recién admitidos en el cogollo de la europeidad, que ajustan cuentas con un pasado no tan lejano de misa, orinal y emigración.

    La promoción de una islamofobia tenue, de buen tono, que por supuesto cuenta con no ser detectada y que en ocasiones es inconsciente, ha proliferado en expresiones intelectuales de diverso signo a raíz del 11-S y del 11-M. Según filiaciones y tendencias, cada cual explota unos u otros prejuicios arraigados en el inconsciente colectivo, los 'aggiorna' para uso de la moderna opinión pública y, dado el caso, los allega a instituciones y gestores políticos.

    1. Las derechas y las izquierdas. Entre los intelectuales propensos a discurrir sobre el islam, se produce con frecuencia un curioso encuentro de los valores liberales y los principios progresistas. El principal dislate que les une es la amalgama de cultura y religión, que a la postre niega al mundo musulmán la posibilidad de secularización característica de nuestro mundo, de Occidente.

    En la intelectualidad de izquierdas, es notorio su humanismo de salón, para el que el islam es un modelo inmutable y conflictivo que atenta contra lo políticamente correcto -el laicismo, la so

    cialdemocracia, los derechosde las minorías, la igualdad entre sexos-. Esta pulsión islamófoba se quiere combatiente del islam retrógrado e integrista en nombre de la libertad y los derechos humanos.

    Lo sintomático es que al pronunciarse sobre cuestiones de actualidad sociopolítica converge con el catálogo islamófobo de la derecha: las renuentes posibilidades de democracia en los países de tradición islámica; la confesionalidad de los enfrentamientos civiles en Irak o Líbano; la idiosincrasia chií del totalitarismo iraní; la repulsión ante el uso libre del hiyab en Europa. Por su parte, la izquierda que no cae en ello incurre en discriminación positiva, pero lo hace, por desgracia, de una manera naíf, en lugar de hacerlo programáticamente.

    En las cavernas de la islamofobia declarada, la extrema derecha no ha dudado, tras el 11-M, en vincular el islam a una gobernación de la conspiración, en un delirio en el que convergen el fantasma del moro y el del rojo (¿reminiscencias de la conspiración judeomasónica?).

    2. Los neonacionalistas. El neonacionalista español (sea de Madrid, Bilbao o Barcelona) asocia su miedo al islam a la aculturación y a la globalización misma, y busca un chivo expiatorio en el inmigrante magrebí, al que juzga un intruso indeseable. Conviven en su psique el peligro interno (el moro doméstico) y el externo (los moros). En su neoespañolismo, ve en el islam un nuevo caballo de Troya para la unidad de España, el surgimiento de otra identidad "periférica" más, la de los musulmanes españoles de segunda generación.

    3. Los amigos (torpes) del islam. Hay sectores del mundo de la educación y la comunicación que, ciertamente, no pretenden dar una imagen negativa del islam. Es más, empieza a ser frecuente que sus profesionales lo conozcan de primera mano, y que se lo hagan saber a sus interlocutores. Su trabajo se funda en la lógica del "yo estuve allí, yo hablé con ellos". Aun así, tienden a sobredimensionar la condición musulmana, dibujando un marco confesional nítido pero estrecho. En cierto modo, parece que instaran a los musulmanes a ser musulmanes de manual, a que, por fuerza, sepan pronunciarse sobre los desmanes de Bin Laden, o que no sea posible que incumplan el Ramadán. Eso cuando no se pinta directamente un islam tranquilo (cool, soft, in) opuesto a un islam terrorista.

    4. Los expertos securitarios. Un grupo que los medios de comunicación y las instituciones han promocionado de manera decidida es el de los expertos en seguridad. Suelen ser investigadores universitarios o periodísticos sin estudios islámicos. Su dedicación se centra en la "amenaza islámica", entendida como terrorismo internacional o como penetración del yihadismo en el cuerpo social. Para ello, reconstruyen un mundo singular, el de la vida de los terroristas yihadistas, ajeno al del resto de los musulmanes, cuyo estilo de vida se ve, directa o indirectamente, subsumido en éste.

    5. El musulmán esclarecido. Como rasgo de época que es, la islamofobia nos toma por vehículo. Es el caso de los musulmanes que, sin representatividad comunitaria, triunfan en los medios como interlocutores: su principal objetivo es la búsqueda de visibilidad. Si bien no crean nuevas formas de islamofobia, legitiman algunas de las existentes mediante su opinión autorizada de musulmanes esclarecidos. Su palabra tiende a presentarse como una fetua desacralizada sobre los temas más dispares, desde el islam y el sindicalismo al aniconismo. A ellos se suman, de tanto en tanto, promesas del mundo del arte cuyas "provocaciones" artísticas son recibidas con alborozo como fruto de la libertad que Occidente les ha brindado.

    6. Nuestra culpa. La descripción de los comportamientos intelectuales islamófobos admite, ha de reconocerse, matices y pausa. Pero si algo destaca en esta nueva islamofobia son las consecuencias de su gusto por la erudición islámica. La apoyatura en datos y autoridades se instrumentaliza para sustituir lo real por lo deseado. El nuevo islamófobo es alguien capaz de citar el Corán, aunque en realidad no sepa lo que cita. Y, al igual que la negrofilia o el indigenismo fueron denostados en su día por las fuerzas vivas, explicar y denunciar el perverso funcionamiento de la maquinaria islamófoba acarrea hoy la acusación de filoislamismo, o lo que viene a ser igual, de apología del terrorismo, el fundamentalismo y las infames dictaduras que atenazan al mundo islámico. Así, en apariencia, la islamofobia (siempre que no se la llame por su verdadero nombre) constituye un indicio de la "salud" de nuestra libertad de pensamiento y, llegado el caso, de nuestra misma modernidad.


    Luz Gómez García es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid y autora de Diccionario de islam e islamismo (Espasa, 2009).

    Comentado por: el ocelote el 30/9/2009 a las 14:02

  • A propósito de música... Sobre un libro sencillo e interesante -otro más de esos necesarios- (y esto sí que es largo):

    "Es aleccionador y esclarecedor para la comprensión de nuestra época el leer las memorias de individuos miembros de sociedades políticas en las que aparece y se manifiesta el tema de la conversión a una nueva ideología política después de haber profesado previamente otra opuesta o también el tema del desengaño o decepción política. Instalado que está uno en una doctrina política o concepción del mundo, el devenir de los acontecimientos vitales, personales, individuales o públicos y nacionales determina un progresivo deterioro de las coordenadas o parámetros valorativos desde los que se evalúa la realidad política, conduciendo, finalmente, al abandono de la posición política propia que se tenía inicialmente y a la adopción de otra nueva ideología política o concepción del mundo. Es la conversión. Se abandona la ideología que se profesaba por sus insuficiencias y contradicciones internas y se adopta una nueva.

    En el siglo XX, siglo ideológico por excelencia, los cambios ideológicos de los individuos han sido frecuentes en Occidente. Normalmente los cambios son desde el socialismo, comunismo, anarquismo hacia el fascismo, conservadurismo o liberalismo. El camino opuesto es difícil y se da poco estadísticamente hablando. Mayoritariamente se va de izquierda a derecha y casi nunca de derecha a izquierda. Esto nos indica de alguna manera que tal movimiento y en ese sentido precisamente indica el movimiento de la sensatez y del buen sentido. Se comienza siendo un ingenuo o ignorante idealista y sentimental y romántico y la ilustración determina el decantamiento por las opciones sensatas y razonables, realistas. Es un movimiento tan frecuente, que nos dice mucho a favor de ser liberal, conservador y de orden como alternativa política realista y adaptada al capitalismo de mercado pletórico de bienes de las sociedades políticas democráticas occidentales, ya sean éstas parlamentarias o presidencialistas. Como decía Willy Brandt, «Quien de joven no es comunista, es que no tiene corazón. Quien de viejo es comunista, es que no tiene cabeza.»

    En El desencanto de Andrew Anthony, un ex progresista británico nos cuenta su proceso de cambio ideológico en dirección al liberalismo conservador y de orden a raíz de un acontecimiento decisivo: los ataques aéreos suicidas musulmanes contra las Torres Gemelas de Nueva York el día 11 de septiembre de 2001. Andrew Anthony descubre aquí el verdadero rostro humano de los progresistas o revolucionarios: Son antinorteamericanos y proislámicos. El odio irracional hacia los EE.UU. por parte de los progresistas y de los reaccionarios de todo tipo suscita la curiosidad. Cuando tienen lugar los ataques del 11 de septiembre de 2001, la prensa izquierdista-progresista, socialdemócrata sostiene que los EE.UU. son los culpables de lo que les ha pasado. La gran mayoría de las opiniones publicadas son antinorteamericanas. Andrew Anthony contempló cómo se le derrumbaban sus ídolos uno tras otro: el antiamericanismo, el odio a Israel, el relativismo moral y cultural y los tópicos ideológicos progresistas que desembocan en un lenguaje políticamente correcto. «Yo no podía cuestionar estas verdades adquiridas sin poner en cuestión mi propia identidad. Y me sentía demasiado cómodo viéndome a mí mismo como un hombre de bien, alguien que piensa lo que hay que pensar, como para arriesgarme a desbaratar esa imagen» (pág. 33). Estos cambios algunas veces pueden resultar traumáticos desde el punto de vista de la psicología y de la psiquiatría. Es incómodo reconocer que se ha metido la pata, que se ha equivocado uno radicalmente, que se ha vivido engañado, en el error. «En cierto sentido, el 11 de septiembre fue el último asalto, una afirmación mortífera de una nueva realidad, o más bien una realidad que ya existía pero que preferíamos no ver. Durante muchos años yo había absorbido una noción del progresismo que era pasiva, derrotista, impregnada de culpa. Los sentimientos de culpa dominaban mi visión del mundo: culpa por el pasado colonial, culpa por ser blanco, culpa por ser de clase media, culpa por ser británico» (pág. 33).

    Cuando se es progresista, uno se ve obligado a reinterpretar la realidad desde la Weltanschauung progresista y si los hechos no se ajustan a tales interpretaciones, pues peor para los hechos. Cuando los hechos desmienten las valoraciones progresistas, se vive en un estado de autorrepresión permanente, autocensura para evitarse uno a sí mismo el mirar a la verdad cara a cara y sin máscaras. Es una situación neurótica o paranoica desde un punto de vista psicológico la que vive el individuo poseído por el progresismo. Se vive en una negación consciente o inconsciente de los hechos. El progresista vive intentando imponer a la realidad su concepción del mundo y autoengañándose al respecto y diciéndose a sí mismo que todo está bien y es correcto. Finalmente, el progre se calla y guarda silencio para evitar la contradicción. Se forma una capa coriácea, una coraza para aislarse de evidencias desagradables. La ideología constituye la subjetividad del individuo. «Para muchos de los que gustan de considerarse amplios de miras, la visión progresista de izquierdas se ha convertido casi en una segunda naturaleza. Más reflexiva que reflectante, es una actitud que ha logrado sofocar el debate entre la gente de izquierdas. Y es más, como esa actitud es nebulosa, ya que para la mayoría no va ligada a ninguna doctrina concreta, es elástica y adaptable. Precisamente porque tiene ese pequeño margen de maniobra, el pensamiento liberal de izquierdas ha sobrevivido a los estragos del comunismo, al hundimiento del comunismo y al triunfo de la economía de mercado sin tener que revisar seriamente sus presupuestos» (pág. 35). Andrew Anthony sin embargo se autodescribe como un liberal de izquierdas, a pesar de que ya ha cruzado el rubicón de una posición antiprogresista. Andrew Anthony se siente culpable de izquierdas. Los izquierdistas se sienten culpables. Tienen que sentirse culpables. «Es tan esencial para la sensibilidad progresista occidental que, en nuestros países, ser de izquierdas y no sentirse culpable es un oxímoron, como ser filántropo y no tener dinero o ejercer de puta y ser casta» (pág. 36). En el fondo, ser de izquierdas es sentirse culpable o, como diría Nietzsche, ser un resentido.

    Un varón blanco, británico, debe sentirse culpable por ser un privilegiado explotador y gozar de ventajas inmerecidas. Sin embargo, Andrew Anthony era un blanco británico de origen humilde, así que no gozaba de tales ventajas que hacían que se sintiera culpable como todo buen progre.

    Empezó a estudiar en el Instituto en 1973. Es la época de la moda consistente en adoctrinar a la gente en la enseñanza, época, no se olvide, en la que aún vivimos. No se trata de corregir la ortografía, sino las injusticias sociales. De ahí viene la estúpida expresión «Enseñanza compensatoria» consistente en que se consuela al alumno respecto de su situación social con la enseñanza. No te podemos hacer rico, pero mira, te vamos a compensar con un cursillo adecuado. Esta moda progre sigue existiendo en España dominando la enseñanza. Como bien dice Andrew Anthony, la enseñanza secundaria, era una especie de enseñanza rebajada para las clases subalternas. Esto se puede predicar exactamente también de la enseñanza secundaria realmente existente en la España de hoy. En el instituto no se cultivaba la excelencia ni la competitividad. Lo único que se podía hacer en el instituto era pegarse. Violencia entre los alumnos y violencia contra los profesores. Es la enseñanza progresista avanzada. «Se podría describir a la mayoría de los profesores como progres bienintencionados, aunque no particularmente trabajadores y manifiestamente poco dotados para la docencia» (pág. 48). Por lo demás, no se apreciaban en su ambiente social de clase obrera las palabras eruditas ni la elocuencia.

    «A los quince años el orientador escolar me aconsejó que me hiciera carrocero en un taller local de reparación de coches. Esto no me facilitaba el acceso a una clase económica distinta» (pág. 53). Estaba clara la cosa para este hombre entonces. Era una disyuntiva clara: «Así pues, la bifurcación ante la cual me encontré a los quince o dieciséis años fue más una cuestión de perspectiva social que de movilidad social. La decisión era si mantenerme fiel a mi ambiente, encerrado en mí mismo, bibliofóbico, saturado de televisión, vagamente racista, sin ambiciones intelectuales, centrado en el pub y pasivamente resentido, o adoptar formas de relacionarme con el mundo más acordes con las de mis nuevos amigos pijos, que eran permisivos, abiertos, amantes de los libros, de las nuevas experiencias, fumadores de hierba, inquisitivos y antirracistas» (pág. 53).

    Este hombre desdichado se hizo progresista. En su barrio nadie tenía la sensación de que debía pedir disculpas por ser blanco y británico. Ser negro era lo mejor. Ser blanco era ser frío, aburrido y seguro. Empezó pues, a ver a los negros como a víctimas. Comenzó a tener amigos burgueses blancos que admiraban a los negros como portadores de todos los valores positivos. Tuvo que empezar a trabajar en los almacenes Harrods y posteriormente, a los veinte años volvió a la escuela. Allí la prioridad era la ideología y lo último el trabajo. Vamos que ya estaba introducido en la política izquierdista, revolucionaria, progresista, sí, vamos todo ese mundillo de la extrema izquierda. Hacia finales de los años ochenta, Andrew Anthony advierte que las izquierdas, sobre todo la socialdemócrata, representada por el Partido Laborista, han perdido ya la fe en la clase obrera, que no existe, por lo demás y que admiten que la sociedad está fragmentada en grupos de intereses distintos y contradictorios entre sí.

    A mediados de los años ochenta, Andrew Anthony se licencia en Historia y Ciencias Políticas y se marcha a Nicaragua a hacer turismo revolucionario. Todo se reducía a la consigna política nicaragüense «patria o muerte». Eso simplificaba las cosas. Así que decidió ir para luchar contra el imperialismo occidental y contra la injusticia.. En la brigada de trabajo británica había de todo tipo de individuos desde el punto de vista ideológico. «Uno de los principales blancos de nuestras críticas eran los miembros de la brigada que se habían erigido en «policía cultural del imperialismo». Era la gente que constantemente advertía contra la influencia corruptora que el comportamiento de la brigada podía ejercer sobre la población local» (pág. 93). O bien se creía a los sandinistas o bien no se les creía. Se buscaba creer a los sandinistas por razones ideológicas y de partido. «En Recuerdos de la guerra civil Orwell escribió: «Pero lo que me impresionó y me ha impresionado siempre desde entonces, es que uno sólo se cree o duda de las atrocidades basándose en sus preferencias políticas. Todo el mundo se cree las atrocidades del enemigo y se niega a creer las del propio bando, sin molestarse siquiera en examinar las pruebas» (pág. 97).

    Tras retornar a Gran Bretaña, Andrew Anthony llega a ser periodista. Es con los atentados del 11 de septiembre de 2001 cuando sus convicciones ideológicas progresistas se van derrumbando paulatinamente. Es éste un proceso largo, de conversión o de desprogramación. «El proceso de cambiar la propia mentalidad pocas veces es una conversión tan rápida como la de Damasco. Normalmente, hay demasiado orgullo intelectual y demasiada inversión social o profesional como para echar al cubo de la basura unas ideas que uno ha mantenido durante mucho tiempo. Incluso cuando ya no podemos persuadirnos a nosotros mismos de la validez de un argumento, muchas veces nos resistimos a abandonar una posición desacreditada porque hacerlo llevaría consigo desertar de nuestra tribu ideológica. Parece desleal, parece una traición a unas ideas compartidas» (pág. 152). Uno de estos tópicos ideológicos de los progresistas era la tesis del multiculturalismo. El multiculturalismo sostiene que en la sociedad multicultural no hay una cultura dominante, sino una multiplicidad de culturas yuxtapuestas y cerradas entre sí como esencias megáricas con sus propias costumbres, moral, y leyes incluso. «La idea de que en el toma y daca del intercambio cultural los recién llegados estaban obligados a tener en cuenta las costumbres y valores locales se tachaba casi de racismo soez» (pág. 155). El caso de Salman Rushdie es un caso terrible que indica en qué consiste el Islam y sus consecuencias prácticas. «Sí. Un ciudadano británico estaba amenazado de muerte en su país, obligado a vivir las veinticuatro horas del día bajo protección policial, porque un líder religioso iraní –un hombre que había escrito sobre temas de tanta enjundia como en qué condiciones estaba permitido practicar el sexo con una cabra– había declarado que el novelista tenía que morir por haber descrito en su novela una determinada secuencia de un sueño ficticio» (pág. 160).

    Otro tópico del progresismo es el asunto del racismo. «La raza es el fantasma de la máquina social. Todo el mundo sabe que está ahí, pero nadie, a pesar de los denodados esfuerzos es capaz de atraparlo, y menos aún de «tratar» con él» (págs. 177-178). Los progresistas creen que la raza es un invento ideológico. Los progresistas no reconocen diferencias objetivas entre los diversos individuos humanos. En las escuelas ha habido iniciativas antirracistas y difusión y propaganda de la conciencia de la diversidad. Sin embargo, «pese a la aparente disminución del racismo, los chicos afrocaribeños obtienen resultados notablemente peores, sobre todo si se les ante la leycompara con el rendimiento académico de los chicos de otros grupos étnicos, como los indios y los chinos» (pág. 181).

    Según los progresistas, la explicación es muy sencilla: el racismo no ha disminuido. Existe y es más sutil e igualmente a nivel institucional es igual de pernicioso que el racismo explícito que existía antes. Apelar al racismo para explicar estas diferencias es simplón y zafio. Los antirracistas siguen insistiendo y actualizan la definición de racismo. Ya no se trata de la discriminación, puesto que ya es inexistente. Ahora el racismo es tratar a todo el mundo igual. Lo racista es no discriminar. Se introduce así la discriminación positiva, como si la discriminación fuese alguna vez positiva.

    El tema de la delincuencia y de la violencia ha contribuido también a despertar de su sueño dogmático a Andrew Anthony. Los progresistas dicen que el delincuente es bueno, es un buen salvaje. La causa de su actitud delincuencial es social, económica, política. El delincuente no es la causa de la delincuencia. Es inocente. Los hechos sin embargo contribuyen más bien a derrumbar su tesis. «Desde principios de los ochenta había habido un debate acalorado entre los criminólogos sobre la eficacia de la teoría llamada del «cristal roto». George Kelling y James Wilson, dos criminólogos americanos, fueron quienes popularizaron la idea. Aducían que los barrios que parecen descuidados o abandonados son más fácilmente objetos de delitos. Según Kelling, los delincuentes «se envalentonan por la falta de control social. Por eso se aconseja a la policía que actúe contra las conductas antisociales –grafitis, coches abandonados, los famosos cristales rotos– en un esfuerzo por prevenir la escalada hacia delitos mayores» (pág. 219). Este enfoque se consideraba conservador pero su adopción por varias ciudades de los EE.UU. tuvo un gran éxito. Esto a escandalizado mucho a los criminólogos progresistas. El problema es que los progresistas en el tema de la delincuencia están más con el delincuente y el delito que con la víctima del delito. No tienen nada que ofrecernos a los individuos de clase media frente al delito. La mayoría de las víctimas de los delincuentes por lo demás, son pobres. El progresista se cruzará de brazos y aceptará la fatalidad del delito. No será partidario jamás de tomar medidas duras, ni de la tolerancia cero frente al delito y los actos antisociales.

    El Islam es la única religión de la Tierra que preconiza el Yihad o guerra santa, esto es, la conquista del mundo para conseguir que todos los hombres se hagan musulmanes. En Gran Bretaña, la tolerancia religiosa hacia el Islam se ha convertido en fomento del Islam. El Estado británico subvenciona escuelas islámicas. Como Gran Bretaña tiene más de cinco millones de musulmanes, conviene observar lo que ha pasado y pasa allí para ver si podemos aprender algo de ellos. Se denomina islamofobia por parte de los islamistas a todo aquello que no es favorable al Islam. Cuando no se siguen las consignas proislámicas, entonces se es islamófobo, igual que cuando en España no se siguen las consignas de los movimientos progresistas homosexuales, se es tildado de homófobo. Las izquierdas han caído en la estupidez del relativismo moral, político y cultural. Las derechas ahora resulta que defienden lo que antes defendían las izquierdas. «Hoy en día, por ejemplo, las ideas de la Ilustración sobre el sufragio universal y la igualdad ante la ley son vistas cada vez más por los progresistas como una forma de absolutismo secular. Al mismo tiempo, la izquierda y la derecha parecen haberse intercambiado los papeles. Defender los derechos de los homosexuales, la libertad de expresión y la igualdad de géneros parece ahora una posición de derechas, mientras que la izquierda defiende a los fanáticos religiosos, la censura y el separatismo cultural» (págs. 260-261).

    Esta islamofilia del progresismo o socialfascismo desemboca en antisemitismo o judeofobia. «Cuando se trata de los asuntos de Oriente Próximo, lo típico es que solamente un terrible abuso cometido por el ejército israelí provoque la condena organizada de la progresía occidental» (págs. 262-263).

    Los progres de la generación de 1968 han sido una catástrofe política y filosófica para Occidente. Nihilistas, pesimistas, irracionalistas, vitalistas. Antes, la Escuela de Francfort ya ejercitaba estos delirios ideológicos. En el caso de Michel Foucault, un nietzscheano, irracionalista y vitalista....Saludó la revolución teocrática islámica iraní de 1979 como una espiritualidad política. «Foucault no fue el primer intelectual, ni será el último, en adornar con sus colores una utopía antiliberal» (pág. 274). Siempre ha habido tontos útiles o compañeros de viaje de la barbarie y de la irracionalidad. En el caso de Europa Occidental, los terroristas islamistas tienen como aliados objetivos a los progresistas y a los revolucionarios izquierdistas.

    Ya que estos intelectuales progresistas aman tanto al Islam por eso de que aborrecen el capitalismo, Occidente y el cristianismo, convendría que supieran que «En el mundo árabe, el número de libros traducidos al árabe desde la segunda guerra mundial hasta 2002 es menor que los traducidos al español en un solo año» (pág. 286). Con los bárbaros «No hay apaciguamiento que pueda modificar sus creencias, y sus creencias son las que determinan sus acciones» (pág. 303).

    Andrew Anthony decidió escribir el libro cuya recensión tiene el lector ante sí cuando los fanáticos musulmanes montaron en cólera cuando se publicaron las caricaturas de Mahoma en una revista danesa. Era la vuelta de la censura. Los progres se habían hecho reaccionarios. Preferían la censura islámica a la libertad de prensa. Preferían la Charia antes que las leyes liberales. La religión goza de más protección frente a los insultos que los grupos políticos laicos como comunistas, liberales, socialistas, fascistas... Nos olvidamos sin embargo del antisemitismo judeofóbico musulmán y árabe. Las viñetas antisemitas en el mundo árabe y en la prensa española son más zafias y de peor gusto que las viñetas de Mahoma y son viñetas dignas de la prensa nazi o de Julius Streicher. En fin, todos estos temas o tópicos progresistas y algunos más así como las vivencias personales del autor, terminaron por inclinarle a convertirse en un hombre cabal en política, esto es, en un liberal, conservador y de orden. Un nuevo testimonio autobiográfico en contra de la estupidez progresista."
    F. Giménez Pérez

    Comentado por: apaga la vela el 30/9/2009 a las 13:42

  • ¿Y cuál es el problema?
    De verdad, Vic, que no consigo ver qué tiene el asunto de tan poderoso como para entretenerse tanto en él.
    Me quedo con el símil del hilo y la malla. Me ha gustado mucho. Pero si hacemos un jersey o una manta es para que alguien se abrigue con ellos. Y está genial disponer de lana, rueca y telar, y poder y saber hilar y tejer. Estupendo, hasta ahí.
    Pero quedarse contemplando el hilo, bajo la observación de que "hilar no es lo mismo que tejer"... vale, es buena observación, pero ya.
    De verdad que no entiendo a qué invertir horas y horas en dar vueltas a esa observación.

    Comentado por: existo, a secas el 30/9/2009 a las 12:58

  • Vic he leido hasta la primera frase del segundo párrafo y me ha dejado agotado.

    Comentado por: Karlos marquis el 30/9/2009 a las 12:33

  • sobre el problema de la filosofía me gustaría decir algo más.
    Se ha dicho mucho sobre lo que sea la filosofía. El problema fundamental de ella, no es lo que se le plantea para que resuelva, y tampoco es su motivo, su finalidad. El problema de la filosofía es el problema del pensamiento filosófico. ¿Qué ese movimiento del espíritu que se llama,-que nombran-, como pensamiento filosófico?. Alguien podría pensar que el pensamiento filosófico es más propiamente un problema de la psicología, de la antropología, de la antropología psicológica, de la biología, de la psicosociología, o de la histología a lo mejor. Pero preguntar si el pensamiento filosófico es un problema de la filosofía parece ser algo, cuanto menos, paradójico. ¿Cómo va a ser un problema de una disciplina lo que es la 'materia' de ella misma?. Si hacemos la pregunta meramente parando en lo que significan los términos, sin pensar, por ello, al formularla, en nada más que en eso, se podría uno decir: pero, ¿cómo va a existir un problema en una disciplina que se conforma con la materia del pensamiento, que se llama, filosófico, además?; ¿la materia no sería mero título?; ¿no estaría vacía de contenido, si se pregunta por el problema que supone esto del pensamiento filosófico para la filosofía, pues la filosofía no es, entendida como disciplina, más que pensamiento filosófico (esto es, que no es, entendida como disciplina, 'el pensar filosófico' como actividad )?. Luego no habría problema alguno, pues que lo que no habría sería contenido alguno. Esto podría ser así, desde algún punto de vista, pero el problema del pensamiento filosófico, es un problema (o algo parecido) para la filosofía, y con ello no se dice que 'la filosofía sea un problema para la filosofía', aunque, eso sí, se trata a toda la filosofía, ya que el pensamiento filosófico teje a la filosofía.
    El pensamiento filosófico es el hilo, la filosofía la malla. Además, cada concepto filosófico hilado con este hilo, tiene una forma peculiar, y forma parte de la malla toda, que podríamos decir, como hemos dicho, es la filosofía.
    Pero el problema del pensamiento filosófico no se debe ver como un problema de génesis, del origen de 'este' pensamiento, como un problema que trata en última instancia del hombre. Se debe mirar el asunto abstrayendo todo esto, pues, está claro que quien filosofa, quien tiene pensamientos filosóficos es el hombre. Pero esto no resuelve el enfoque que se debe dar al asunto. Se debe considerar por sí mismo al pensamiento filosófico, dado que una respuesta de tipo genético, de tipo psicológico o biológico no respondería a por qué es un problema el pensamiento filosófico, y por qué lo es para la filosofía (aunque, de hecho, tampoco se responde a esto, porque no se 'puede' responder si se sigue el asunto, pero sirve, al menos, para dejar claro que es algo en sí mismo, que está conectado exclusivamente con la filosofía y que no tiene que ver, en principio, con ninguna otra disciplina, o se puede considerar, en principio, como algo singular)
    Tiene que ver con la filosofía en tanto que los conceptos surgen, o son, lo que se hila con estos pensamientos. Sólo nos queda la opción, la posibilidad de, considerando lo que la filosofía pregunta y considerando el objeto que tiene, 'decir' algo del pensamiento filosófico, lo que sería algo así como decir algo en base a un reflejo, que es sobre lo que podemos pensar meramente, i.e., sobre la forma que queda en la tela, más claramente, sobre el concepto.
    Si la filosofía es una pregunta 'absoluta', en el sentido de que no trata más que de lo general, scilicet, trata de 'todo' desde el 'principio'. Debemos preguntar qué supone esto para el pensamiento filosófico, qué tiene que ver esto con el pensamiento filosófico. Qué hace que la filosofía sea aquella disciplina que se preocupa por todo. Pues este contenido, el contenido de la filosofía, está constituido por algo, y es este algo a lo que se puede llamar pensamiento filosófico. Lo que hace que el tejido sea como es, es, como es el hilo. ¿La filosofía puede decir algo sobre el hilo?. No. Pero puede intuir, por medio de sí misma, cómo es éste. Realmente, el más básico problema de la filosofía no es de qué trata, a qué pretende responder, por qué lo pretende, sino lo que subyace a todo ello, esto es, el pensamiento, del cual las anteriores preguntas son un reflejo. Finalmente, la filosofía con sus preguntas, sus respuestas, sus conceptos no son más que la malla, la forma de ésta, las figuras que se dibujan en ella, y las posibilidades que se nos brindan al tejerla. Es una referencia constante al pensamiento filosófico. El pensamiento filosófico, cabe decir, no es ni el pensar filosófico, ni el concepto filosófico; no es el filósofo pensando, por ejemplo, sobre el ser, ni el concepto de ser. Además no es, no tendrá como resultado, un conocernos mejor a nosotros mismos; es decir, que aunque el pensamiento filosófico no provenga más que de nosotros, entreverlo no es entrevernos a nosotros, o no exclusivamente. Para mí, más importante que este decir, o aclarar más, lo que somos,-que en definitiva compete a la filosofía, porque es parte de la trama, de la urdimbre este 'lo que somos'-, digo, que lo más importante es intuir el misterio, pues en definitiva es esto lo que es el pensamiento filosófico, un misterio. Por tanto, es el 'problema básico' de la filosofía, en tanto que se puede decir que está en su base, es su base, su cimiento. El misterio que es el pensamiento filosófico es, asimismo, la fons et origo, o el motor, incluso, de la filosofía. Al tejer la malla, con los límites que nos impone el pensamiento filosófico, con las figuras que nos son posibles, lo que hacemos es darnos cuenta, mediante este reflejo, del hilo que la atraviesa toda, pero como buen misterio su resolución no es posible, porque no deja formularse en una pregunta, ni se deja interpelar, pues, eso mismo, es el propio hilo del telar. Es como si se quisiera coser sin hilo, o hacer un hilo cosiendo. Es absurdo...por ello es un misterio.

    Comentado por: vic el 30/9/2009 a las 11:56

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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