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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 13 de noviembre de 2019

 Blog de Félix de Azúa

La noche de los vivos murientes

Hoy hablaré como un político de la región: El sábado pasado Cataluña se sintió privilegiada. Salió de Barcelona por la mañana para atascarse en esos dos queridos pueblos, Celra y Bordils, donde unos semáforos preciosos fuerzan a los viajeros a cantar maravillas de la población. Luego Cataluña quedó atascada en el puente que cruza el Ter hacia l'Estartit, donde decenas de miles de turistas se pasman de nuestro talento viario. Por fortuna, Cataluña llegó a tiempo para el concierto de Boris Berezovsky en el Festival Internacional de Torroella. Aquí se acaba el hablar como político.

    Bajo las nervaduras góticas de la iglesia de Sant Genis se levanta una gran pantalla acústica más bella aún que los negros sillares. Recortado contra el blanco radiante, un Steinway rotundo. Entra Berezovsky. Primera sorpresa: parece un boxeador irlandés y de pronto el piano se transforma en una mesa de billar. Es un espejismo. En cuanto ataca los Preludios de Rachmaninof, el público se queda sin aliento. He aquí los poemas de aquel ruso neurasténico cantados con voz hiperbórea. Vemos cómo el suicida hinchado de vodka se asoma al Neva, pero una luna gélida abre su boca de plata sobre las aguas heladas y le ciega con la luz de los muertos. El suicida cae de rodillas y le reza al starets Zosima. Un concierto de alivio. En los Estudios de Chopin iba tan lanzado que las teclas parecían quietas. Al pegar a más de 25 veces por segundo, la vista no pillaba el golpe. Y en Mussorgsky observé que una réplica de la Moreneta lloraba semillas de centeno como las vírgenes ucranianas. A la salida, Lluis Trullén, pianista notable y todo un caballero, vagaba sin tino. Me miró con ojos como tizones apagados. "Apenas rozaba el pedal. Le abriré el cráneo y comeré sus sesos". Se perdió en la noche.

     (Vuelvo): Cataluña se siente ufana con su Festival de Torroella, pero la crisis le ha dado un mordisco. Cataluña pide, humildemente, que la otra Caixa muestre su esplendor y abra las arcas a la cultura verdadera. Cataluña le estará muy agradecida.

Artículo publicado el sábado 15 de agosto de 2009.

[Publicado el 27/8/2009 a las 09:00]

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Comentarios (32)

  • jaja (muy bueno, Vic)

    Comentado por: de armas tomar el 31/8/2009 a las 22:18

  • sr. 'donde las dan', ahora, no sólo parece que adorna su sofisma anterior, sino que abre el camino a otros nuevos

    saludos

    Comentado por: vic el 31/8/2009 a las 21:04

  • El acusado, buen conocedor de algunas de las últimas teorías deterministas, se defiende: ¡No es culpa mía!¡No hay libertad en esa máquina que es el cerebro! ¡Fué él, el cerebro, el que me obligó a hacerlo!
    Pero, piensa el juez: ¿No es acaso suyo ese cerebro? ¿No es acaso él ese cerebro? ¿Es, por tanto su defensa, el decir: yo me obligué a hacerlo?
    Y de nuevo, lo condena.

    Comentado por: donde las dan el 31/8/2009 a las 20:33

  • querida mme., para el caso da igual, repito, igual, que sea acusado o condenado. Lo importante para el argumento es que 'ya' ha hecho algo. Algo por lo que será acusado, o imputado, y posteriormente condenado o no.
    Mi crítica era que de su formulación (de lo que escribió 'donde las dan...'), a saber, del supuesto de la no existencia del libre arbitrio para,-en el caso que interesa-, el que ha realizado los hechos, y al que se le imputan los mismos, y se conoce como 'imputado', o si quiere 'acusado'; digo, que de ello no se deduce la existencia de 'motivos' (aquí trato el término motivo, terminus technicus, como la causa que actúa 'propiamente' sobre seres racionales, i.e., sobre el hombre; para mayor claridad véase el texto de Schopenhauer 'Sobre la cuadruple raíz del principio de razón suficiente'), motivos específicos que hagan que alguien (antes llamado juez, y digo antes porque al no admitir la responsabilidad, no se puede admitir que exista un juez que actúe considerando la responsabilidad de quien juzga[realmente, parece que no se puede, como digo más adelante, o parece que 'donde las dan...' así lo consideraba]), condene, absuelva, encierre, conozca de los hechos competentemente, que otra persona (la antes llamada criminal) cometió.
    Y ello, porque de un lado se supone que se ha realizado algo, y por esto se pretende deducir causas, que son los motivos, que se deberán dar necesariamente para que un 'juez' actúe, para que comience el proceso judicial que dios sabe como terminará!, encerrando/acusando/imputando al criminal.
    Lo único que sería lícito sería decir: alguin hizo algo, aplicando el principio de la no existencia no se puede considerar a esa persona responsable; el juz está bajo ese principio, luego sus acciones (realizadas necesariamente por motivos de los que no sé nada a priori) no le son imputables, no es responsable de lo que haga; pero no deducir la existencia los 'concretos' motivos de las necesarias acciones del juez. simplemente diremos: esa persona actúa necesariamente por motivos, como la otra.

    Por otro lado entiendo que la responsabilidad, que toca al ser mismo, es fundamento de la responsabilidad civil/penal. Dígame (pues le juro que no sé a cuáles se refiere) las diferencias manifiestas, y si una, la civil/penal, no procede de la otra. Ud., al hacer hablar al preso, parece (me parece) que no distingue entre la responsabilidad, y el 'sentimiento de responsabilidad'. Al decir, 'soy inocente' se expresa el sentimiento. Pero la responsabilidad existe en cuanto que él es, y no en cuanto haya cometido o no los hechos por los que está encerrado. Pero para encerrarlo, correctamente o no, probadamente o no, se ha de suponer de principio que el Hombre es responsable, porque es.
    Y como le dije, recalco que los 'motivos' son causas que inciden en el hombre, por ser racional. Es un concepto más amplio que el judicial, en el sentido que todo lo que hacemos es porque nos inciden motivos, pero no todos los motivos devienen en acciones criminales. Aunque si no considera la existencia de la responsabilidad, que no lo sé, no podría hablar de acciones criminales. Y si no la considera de buena fe, siendo un hecho que existen los tribunales y los jueces y la ley, o es una actitud cínica la que se tiene al respecto de la justicia, o la justica es política en el sentido de que la mayoría tiene los 'motivos' de justicia como móviles de su voluntad y la impone a la fuerza, aunque no exista, como deducimos, realmente la justicia

    saludos

    Comentado por: vic el 31/8/2009 a las 18:12

  • A ver, quiero contestar a varias cosas:

    la primera es a una, que me escribió mme. Knudsen a propósito de algo que escribió un sr/sra que firma como 'donde las dan...'. No es cierto que supuesta la no existencia del libre arbitrio, por la misma razón que el criminal actúa y no es responsable, el juez actuará a su vez, metiéndolo en el talego, o condenándolo (además habla de causas físicas, y creo que entiendo lo que quiere decir, pero quiero decir yo que existen causas del actuar según el principio de razón suficiente que son las sensaciones y los motivos). Ya se sabe que, supuesto que no existe el libre arbitrio, éste no existe ni para el juez, ni para el criminal. Y, siguiendo este principio lo que podemos decir de uno y de otro es que actúan movidos por motivos que son 'causas necesarias' para el actuar de los dos. Pero no es eso exactamente lo que se discute; además, el encerrarle, sería 'equivalente' a la acción de no-encerrarle, y por tanto, no se podría salvar a la Justicia,-si es lo que se pretendiera, por mor de la salvación de la sociedad, y en todo lo que significa aquélla-, de acuerdo con actuaciones que presuponen, a priori, que un juez necesariamente encerrará al criminal. Es como si se dijera: “¡Tranquilos ciudadanos!, porque puede que no exista el libre arbitrio y que por consiguiente se pueda deducir la no responsabilidad de lo que llamábamos, comúnmente, y malamente, bajo este supuesto, 'un criminal', pero, al mismo tiempo, estamos salvos por este mismo principio, pues por su misma no existencia, el juez 'necesariamente' lo encerrará”. Absurdo, y algo cínico. Porque lo que no se puede es suponer la no responsabilidad, luego suponer que no existe el criminal, y a continuación suponer que existe un juez, pues el concepto de 'juez', aunque obre de acuerdo con el principio de la no existencia del libre arbitrio (¡bajo cuál si no!), supone la existencia del concepto 'criminal', que se ha negado anteriormente. ¿De dónde se deduce, por tanto, que el juez no podrá hacer otra cosa más que encerrar al criminal?. ¿De la no existencia del libre arbitrio?. ¿Pero no quedamos en que no existe el criminal, porque no hay responsabilidad?. ¿Cuáles son los motivos 'específicos' que da la no existencia del libre arbitrio para que encierre a esa persona, el juez,-y deben ser específicos porque se supone a un 'juez', que es alguien que encierra (obra) por motivos, motivos que suelen sostenerse en la noción de justicia?. Pero aun se podrá decir: “no, no es eso...lo que ocurre es que hay uno que cree que existe la responsabilidad, y por tanto el criminal y por tanto el juez, y actúa como tal”. Perfecto. Pero de esto no se deduce, en principio, que sea la no existencia del libre arbitrio lo que determine que el sedicente juez lo encierre. ¿De dónde proviene esto?. Lo único que dice el principio de la no existencia es que una persona, o dos personas, actuarán necesariamente de un modo particular, y de ningún otro posible si se dan los motivos, pero, a) no se dice qué clase de motivos son los que hacen actuar de una manera concreta, y b) la responsabilidad se niega porque el agente está, digamos, obligado a actuar si se dan los motivos (pero no se dice la clase de éstos, se habla de motivos en general; y se niega a adjetivar cualquier tipo de hecho como hecho delictivo o criminal), pero de ello no se sigue que el juez encierre/no-encierre al criminal, porque aquí sí que se está suponiendo la existencia de unos motivos concretos, -falsos o no, como puede ser que el juez 'crea' en la existencia de la responsabilidad-, que obligarán a actuar de esa manera, pero esta existencia se mete de rondón, es gratuita. Porque, lo que decimos realmente al decir eso, es que: de la no existencia del libre arbitrio, deducimos la no existencia de las responsabilidad en los hechos, que son a posterori, i.e., después de los motivos, y luego la imposibilidad ante el patente absurdo, de calificarlos como 'hechos delictivos', y de ahí, saltamos, a que por lo anterior, existirán unos motivos concretos, que son a priori, aparecen antes del hacer, que necesariamente 'incidirán' en una persona (el anteriormente llamado juez) y encierrará/condenará a otra persona (ya no la llamo criminal).
    El problema de la responsabilidad surge ante la cuestión del libre arbitrio, como problema ontológico. Es el problema de si el hombre es responsable de sus acciones, de si se le pueden imputar como autor, consciente de que las ha realizado. La 'resolución', viene de la mano de los conceptos kantianos del carácter inteligible y empírico. El hombre es responsable de sus acciones no en base al principio de la no existencia del libre arbitrio, que opera en lo fenoménico y en virtud del cual las causas del actuar son necesarias, y el hombre no pudo 'querer' otra cosa más que lo que hizo, sino en virtud de lo que es, de su carácter inteligible, que es su ser; él es responsable de lo que hace por lo que es. No se imputan responsabilidad en acciones sino responsabilidad por lo que se es, la responsabilidad está ligada a su ser. Se le dice: ud. es responsable de sus acciones, porque ud. es así, y como las acciones que ud. hizo las hizo necesariamente, i.e., que en virtud de motivos dados debido a su carácter, a lo que es, estos motivos necesariamente incidieron, y le movieron en ese hacer necesariamente. Como una llave (los motivos) que una vez en la cerradura (su ser) correcta, si se gira necesariamente se ha de abrir la puerta.
    Ahora bien, una vez establecida la existencia de la responsabilidad,-que se ve confirmada por el sentimiento de responsabilidad que tenemos cuando hacemos algo-, y de la no existencia del libre arbitrio, digamos algo de la justicia. La justicia trata sobre hechos, trata sobre lo que acontece, sobre el fenómeno, y se fundamenta en la existencia de la responsabilidad, pero, ¡ojo!, no trata sobre el 'sentimiento de la responsabilidad' que se tiene, esto no es suficiente, sino que trata sobre la Responsabilidad, que existe porque somos, y del que el 'sentimiento de responsabilidad' es su aparecer fenoménico. Pues la imputabilidad no versa sobre el sentimiento de responsabilidad que cada uno, en su fuero interno tiene, sino sobre que un ser es responsable de lo que ha hecho,-en la medida que se pueda probar,- porque es un 'ser que actúa'. Pero la justicia, que tiene este presupuesto metafísico como su fundamento, a la hora de ejercer, trata sobre hechos del mundo. Se intentará probar que una persona es la 'verdadera' persona que hizo algo, y aquí aparecerán pros y contras que tienen que ver con las leyes físicas y con el tiempo y el espacio; v.gr., cuando se dice que Menganito no pudo ser el asesino porque no estaba allí a esa hora, y se supone la imposibilidad física de la bilocación. Además, se juzga de acuerdo, no a motivos subjetivos que queden recluidos en el fuero interno, sino a lo producido, al hecho; por ejemplo, si uno quería matar con todas sus ganas a otro pero era un pésimo tirador, y erró el tiro y sólo lo hirió, no se le podrá juzgar, evidentemente, por asesinato, u homicidio, sino por intento de homicidio si se prueba, y a lo mejor, incluso, por, simplemente, lesiones. Pero para ello, además de considerar la responsabilidad como presupuesto, se debe hacer abstracción del hombre en su vida, realmente, hacerlo 'causa primera' o 'causa más importante'. Por ejemplo, supongamos que un hombre conoce en el aeropuerto a una hermosa mujer por un problema de la salida de su vuelo; se casan, pronto se llevan mal,-ella le pone los cuernos con su mejor amigo-, y él la mata por ello. No sería serio, no se concibe, que como 'la causa' de que se conocieran fue un problema de la compañía aérea con la que volaba el asesino, y si la compañía hubiera cumplido con su horario la mujer no hubiera sido asesinada, y en base al principio de la no existencia del libre arbitrio (del principio de razón suficiente, en general) todo lo demás se seguía inexorablemente, el hombre no puede ser juzgado por esos hechos.
    Es decir, que como la justicia juzga hechos, juzga lo que ocurrió, juzga el hecho del asesinato, su fundamento en lo fenoménico debe ser el de hacer un corte en la linea espacio/temporal para poder considerar 'causa primera/directa', o relevante, del hecho, estableciendo una prelación y una ponderación dependiendo de factores como, p.ej., lo psicológico, o la distancia espacio-temporal al hecho y al agente abstraído (al supuesto asesino, se diría), y no retrotraerse ad infinitum. Luego, los fundamentos son, en el ámbito del ser la responsabilidad, y en el del fenómeno el corte de la línea espacio temporal, y, por ello, la asignación de prioridades o relevancias, a una causa, que podríamos denominar, impropiamente, 'causa primera/directa/fundamental'.

    La segunda cosa que quería comentar es que la sra. DPA dice que existe el libre arbitrio, y da como ejemplo un actuar que al parecer sopesa su razón, y debido a ella dice que decide, dice que existe el libre arbitrio. Tiene la ilusión de que en ese momento podría haber actuado de cualquiera de las dos posibles formas. Pero es falso. Ella, cuando 'quiso' actuar de una forma tuvo que hacerlo necesariamente, y este querer es algo a lo que estamos 'obligados'. Creía que era libre de hacer una cosa o la otra. Creía que la Razón dominaba el querer, su voluntad. Las opciones se daban en su intelecto, la pregunta (¿qué hago?), la duda (¿es mejor hacer eso o eso otro?), pero no era libre de querer lo que quiso. No podía querer al mismo tiempo las dos cosas. Actuó de una manera, porque quiso una sola cosa, porque las causas, los motivos que se dieron y la hicieron 'querer' fueron unos más fuertes que otros. Y este querer de su voluntad derivó en el hacer, en el hacer una cosa de las dos posibles. La ilusión de la libertad de la voluntad surge de que la razón interviene, de forma más lejana de como la percibimos (la Razón es lugar de una clase de motivos, no instancia de la voluntad), porque no se percibe que el querer es como un dispositivo automático y último, que antecede al hacer, está muy pegado a él, en contacto directo, y que este dispositivo en el momento en que se 'llena' no puede más que golpear necesariamente al hacer. Los motivos llenan el querer y este llenado no se puede parar, para digamos, querer la cosa opuesta, o la otra, que la razón sopesaba. Porque si se dan los motivos, necesariamente se da el hacer.


    saludos

    Comentado por: vic el 31/8/2009 a las 11:52

  • Unos 700 fans bailan a ritmo de "Thriller" en Barcelona. La iniciativa, organizada por el grupo de baile Pocket's, tenia como objetivo batir el récord Guiness coincidiendo con el que hubiera sido el 51 aniversario de Michael Jackson.

    Comentado por: Carlos el 31/8/2009 a las 10:33

  • Eso ¿por qué no? Al menos para los que lo deseen y libremente lo acuerden. Porque para otros, como los que manifiestan ese talante que ud. tiene, sr. oyente, no creo que sea posible retener tan sólo a uno.

    Comentado por: Elena Franca el 31/8/2009 a las 09:31

  • ¿Y porqué no un trío? Ya sabe, donde caben 2 caben 3

    Comentado por: aló mula francis el 30/8/2009 a las 21:39

  • A lo largo de mi trayectoria como consultora sentimental, he conocido mujeres en la situación contraria: emparejadas con "el hombre de su vida", ponen en peligro esta relación por una pasión fugaz. En este caso sí es una cuestión de placer.

    Comentado por: Elena Franca el 30/8/2009 a las 20:53

  • DPA: Creo que planteas mal el dilema de esa mujer , porque si el otro es el hombre de su vida, entonces es más que una cuestión de negarse o darse placer.
    Y no hay que subestimar la capacidad de los demás para ser felices por su cuenta.

    Comentado por: Elena Franca el 30/8/2009 a las 20:48

  • “No es muy dificil atacar las opiniones ajenas, pero sí el sustentar las propias: porque la razón humana es tan débil para edificar, como formidable ariete para destruir.” Jaime Balmes

    “El infierno no está en el remordimiento, está en el corazón vacío.” Khalil Gibran

    “Cuando llegues al final de lo que debes saber, estarás al principio de lo que debes sentir.” Khalil Gibran

    Comentado por: “Nadie me dijo que habría días como estos, días extraños sin duda.” John Lennon el 30/8/2009 a las 14:21

  • “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia.” Sócrates
    “Era el que más sabía. . . Pero el que menos entendía.” Domingo Faustino Sarmiento

    “Escucha más a tu intuición que a tu razón. Las palabras forjan la realidad pero no la son.” Alejandro Jodorowsky

    Comentado por: “Nadie me dijo que habría días como estos, días extraños sin duda.” John Lennon el 30/8/2009 a las 14:20

  • La vida es como el sexo oral. Te vas un poco de la lengua y acabas de lleno en la mierda.

    Comentado por: forrest gurb el 30/8/2009 a las 14:02

  • ¡Hombre, que bien! Sería estupendo dejar de creer lo que creemos y volver al trueque. Más graves son otras consecuencias

    Comentado por: papel moneda, papel mojado el 30/8/2009 a las 11:21

  • Creo que no podemos saber si somos libres o no, pero creerlo o no creerlo tiene consecuencias. Si creemos que no somos libres, que estamos determinados, somos irresponsables moralmente. Las dos ideologías más criminales del siglo XX se basaban en la creencia de que no somos libres: el nazismo en el determinismo biológico y el comunismo en el determinismo histórico.

    PD: spinoza y una mierda?

    Comentado por: pc el 30/8/2009 a las 01:15

  • spinoza?, y una mierda. hace un calor de cojones aquí en el sur. Nos vamos a derretir en sudores. El libre arbitrio existe, y depende de la razón. Ejemplo: una mujer casada encuentra a su hombre ideal, de repente, en su lugar de trabajo. A ella le quedan dos razones: decidir que si accede a su placer destruye su familia, y enfrenta a su marido y sus hijos a una situación difícil.Decidir negar la evidencia de su amor y sacrificarse por su familia. ¿Soy muy antigua? ¿O yo habría decidido sacrificarme para no hacer sufrir nadie? Ahí es donde está el libre albedrío. Donde reconocemos a la razón. Lo demás es una sinrazón, y como tal, debe existir un juez para juzgarnos.

    Comentado por: DPA el 30/8/2009 a las 00:49

  • "Vemos, pues, que todas las nociones por las cuales suele el vulgo explicar la naturaleza son sólo modos de imaginar, y no indican la naturaleza de cosa alguna, sino sólo la contextura de la imaginación; y, pues tienen nombres como los que tendrían entidades existentes fuera de la imaginación, no las llamo entes de razón, sino de imaginación, y así, todos los argumentos que contra nosotros se han obtenido de tales nociones, pueden rechazarse fácilmente. En efecto, muchos suelen argumentar así: si todas las cosas se han seguido en virtud de la necesidad de la perfectísima naturaleza de Dios, ¿de dónde han surgido entonces tantas imperfecciones en la naturaleza, a saber: la corrupción de las cosas hasta el hedor, la fealdad que provoca náuseas, la confusión, el mal, el pecado, etc.? Pero, como acabo de decir, esto se refuta fácilmente. Pues la perfección de las cosas debe estimarse por su sola naturaleza y potencia, y no son mas o menos perfectas porque deleiten u ofendan los sentidos de los hombres, ni porque convengan o repugnen a la naturaleza humana. Y a quienes preguntan: ¿por qué Dios no ha creado a todos los hombres de manera que se gobiernen por la sola guía de la razón? respondo sencillamente: porque no le ha faltado materia para crearlo todo, desde el más alto al más bajo grado de perfección; o, hablando con más propiedad, porque las leyes de su naturaleza han sido lo bastante amplias como para producir todo lo que puede ser concebido por un entendimiento infinito, según he demostrado en la Proposición 16."

    Spinoza: Ética.

    Comentado por: pc el 29/8/2009 a las 23:51

  • Ah, Vic, y sí, Dios ya ha sido condenado en muchísimas ocasiones en las que, además, todos testificaríamos con gusto en su contra (seguro que habrá habido instantes en nuestra vida en que lo hayamos pensado). Ahora falta resolver nuestra ira, impotencia y frustración desatinando contra el big bang.

    Comentado por: Olvido el 29/8/2009 a las 22:07

  • Otra vez el bien y el mal, señal de insolubilidad. Si nos ponemos del todo objetivos y permitimos además de los hechos, el sentimiento y la valoración, no hecho neutro puesto que los hechos neutros, que nos dejan indiferentes, no interesan a nadie. Neutro en el sentido de posible, vale. Relativo, bueno para el que disfruta y malo para el que padece. Lo bueno-bueno sería cuando disfrutan los dos. Otra cosa es la justicia, la que hemos concretado u otra superior. Los grupos necesitan cohesión. No soy sofisticada pero creo que el consentimiento cuenta, precisamente por la dificultad de ser Dios.
    Inquisidores, temidos pero respetados, en los lugares de poder. No creo que se viesen a sí mismos como crueles, ni siquiera raros, ni que los demás los viesen así. Buenos cristianos. Qué consideramos ahora normal que no lo será, no en otros, en nosotros mismos.
    Palabras, qué harías si vieses morir a tu hijo descuartizado. Hay quien perdona, minoría. Y casi me dan ganas de decir gracias a dios. ¿Remedio? si no funcionan las terapias ¿habrá que cambiarlas?
    Vic, tal vez el sufrimiento del remordimiento no sea un castigo injusto de la sociedad, sino una justa venganza por el sufrimiento que aún no percibido, con nuestra mayor o menor sensibilidad, hayamos causado en otros; ya sean los otros simples sueños pues la vida es sueño o personas de carne y hueso. Y eso, independientemente de que el daño causado sea consecuencia de unas ideas preconcebidas que nos dicen que hay que sufrir de esto o de lo otro o algo que nos duele porque pertenece a nuestra esencia el hecho de que ciertas cosas causen dolor. En el primer caso, si el dolor es ficticio pues también lo será el del remordimiento, así que no habría que preocuparse por eso.

    Comentado por: Olvido el 29/8/2009 a las 21:51

  • quizá mi frase: "eso del libre arbitrio" haya suscitado el error en algunos, mea culpa, de que yo cito como defensores de la existencia de libre arbitrio a los autores citados, cuando, a lo que "eso" se refiere es a que ellos piensan en que no existe, en absoluto, eso que se llama libre arbitrio.
    Lo que digo es que, si bien parece estar, para mí, suficientemente 'demostrado' la no existencia de ese libre arbitrio de la voluntad que no puede querer más que una única cosa que se le presenta en un mismo tiempo, porque esa presentación se hace de forma sucesiva, y no a la par con otras. Lo que digo es que también existe la ilusión de libertad, considerada como libre arbitrio, y que viene sostenida a posteriori, y empíricamente, por el hecho de que se da el remordimiento, sentimiento que supone la responsabilidad, y que causa sufrimiento en nosotros. Por cierto, que según mi experiencia, el remordimiento no tiene que ver con lo que los otros nos influyan, o las 'expectativas' que tengan, sino con nosotros para con ellos.
    Por eso me preguntaba que si a pesar de que nosotros estemos convencidos de la no existencia del libre arbitrio, y de que no podríamos actuar de otra forma según las leyes que rigen el mundo, cómo es que no afecta el remordimiento incluso cuando éste venga derivado de una positivización accidental de algún código deontológico. Debe ser que el remordimeinto es parte de lo que realmente somos, que forme parte de la cosa-en-sí que somos, por más que no lo veamos, pues que no vemos hacia adentro, sino sólo se manifieste, y lo captemos, por el sentimiento, por el sufrimiento y por el remordimiento mismo. De ello se deriva la trivialidad de que el saber o el conocimiento de algo, aunque sea verdadero no influye determinantemente en el ser. Esto es algo que en oriente se sabe de antiguo, pues, uno puede estar convencido de que la existencia del yo es una ilusión, puede razonarlo, demostrarlo...pero sin la práctica de la liberación, no se producirá la liberación. Su yo seguirá atado a la ruedad del karma, aunque su intelecto conozca, y razone que no 'es' así, que 'nadie' sufre realmente.

    saludos

    Comentado por: vic el 29/8/2009 a las 18:31

  • donde las dan lo explica perfectamente, Mr. Vic; creo que no se puede decir mejor.

    Verá, la culpa de las madres (y por madre entiendo progenitores)yo la veo en el hecho de que al dar la vida dan también la muerte (esto es algo que no se debe decir delante de los entusiastas mamás y papás porque les sienta -con razón- como un tiro)de manera que esa alma libre que flota sin ataduras (y sin "ser" propiamente dicho, todo hay que decirlo)al encarnarse se ve forzada a tomar parte en el juego de la vida y de la muerte. Acerca de su libre arbitrio hay veinticinco siglos de reflexión por parte de las cabezas pensantes de todo el planeta y, hasta la fecha, no hay consenso. Pero, partiendo de la convención de que, una vez engendrados, sí disponemos de cierta libertad de movimientos (excepto, claro, del que nos libre de morir), la elección personal sobre cómo encarar los valores abstractos esenciales (lo bello, lo bueno, lo justo) que en buena parte se nos da en las primeras papillas, llega un momento en la vida en que se hace obligatoriamente individual. Y ese es el libre arbitrio del que sí podemos hablar (y no sólo especular).
    Si, p ej., se ha acuñado la palabra sadismo para definir el trato cruel que produce placer a quien lo causa, creo que es porque a pesar de que para algunos es un valor positivo, para la gran mayoría no lo es. Otro tanto ocurre con conductas como la pederastia, el masoquismo, el terrorismo o la trata de blancas. Desde un punto de vista fríamente objetivo, todos y cada uno de esos comportamientos son neutros, puesto que existen; de hecho la psiquiatría actual tiene que andar con pies de plomo cuando emplea adjetivos como desviado, pervertido o aberrante (es en el lenguaje donde se está librando la batalla contemporánea de la filosofía política). Pero para la gran mayoría esas conductas son simplemente malas y, para los más sofisticados también, aunque generalmente maticen con atenuantes del tipo "si hay consentimiento de las partes" siempre que estos tengan cabida. De hecho, cada bomba terrorista que estalla en un lugar tiene un "razonamiento" que la justifica en otro. Pero para la inmensa mayoría de la gente una bomba es simplemente un artefacto que hiere y mata y nadie en su sano juicio quiere estar cerca de donde estalle una.
    Saludos.
    P.S. Y que conste que al hablar de plena forma me refería a la suya. Aunque, ¿qué es eso de que no hay que hacer deporte? Por ahí no nos vamos a entender, don Vic.

    Comentado por: knudsen el 29/8/2009 a las 17:08

  • Mme., es cierto, evidentemente no porque lo diga yo, como muy bien dice ud., eso de las filosofías orientales, y haciendo una especie de 'historia' o cronología, o suponiendo un fundamento, que no está, como suele suceder en los casos en los que intervienen los hombres, suficientemente demostrado, o al menos, exhaustivamente; aunque, sólo lo indicial en estos casos, o la confrontación y el cuidado escrutinio de textos sea más que suficiente para establecer orígenes y causas, que, también en las filosofías del occidente, vamos, las europeas!, se ha venido sosteniendo por algunos egregios pensadores eso del libre arbitrio; véase a Leibniz, por ejemplo, o a Schopenhauer, o a muchos otros: Hobbes, Spinoza, Hume, Priestley, Lutero, Séneca, Clemente de Alejandría. Pero a lo que me refería y seguro que, pensando en su buena forma post-vacacional a ud. no se la ha pasado por alto, es que yo me refería a la culpabilidad de la madre, o más precisamente a su responsabilidad penal, a su imputabilidad como un agente, digamos, más responsable o verdaderamente responsable (extensible, por otro lado, y en honor de la paridad políticamente correcta, que cual fantasma, en estos tiempos, recorre Europa, y la piel de toro por tanto, al padre de la criatura rea del delito) de aquello que hizo su hijo; y esto por dos cosas, la primera, a saber: que si el libre arbitrio no existiera, la determinación de las acciones de los hombres sería absoluta, y ellas efectos de causas necesarias, y a su vez causas de efectos necesarios, aquello de 'causa causae effectus causa est', como lo es, asimismo, el caer de la manzana newtoniana; y por otro lado, aunque que debido a ello en parte, propiamente hablando, aunque biológico sea, los progenitores, son responsables, como 'creadores' del ser mismo de su hijo, entre otras cosas, y no menores, porque él no 'eligió' su estar en este mundo. Luego, el juez siguiendo estos pareceres quizá debiera pensar que el hijo es una víctima, directa (biológico-metafísica) de sus padres e indirecta del principio de causalidad que gobierna lo fenoménico, y que más justo sería no imputarle delito alguno, pues el pobrecillo es un miserable diente en las ruedas incesantes del mecanismo de relojería con 'tourbillon' que es el universo. Y colegir de esto, por ejemplo, que el etarra no es culpable del asesinato con kilos de amonal, que más bien deberíamos juzgar a la madre, y, siguiendo en dirección ascendente, sería, incluso si me apuran, más justo, juzgar a sus abuelos, y mejor todavía a sus bisabuelos, a sus tatarabuelos, átavos o trítavos...y, que digo!, poniéndonos en verdad justos al pitecanthropos que se atrevió a dar sus primeros pasos erguido cuando dejó las copas de los árboles africanos. Resulta sencillo, adónde llegaríamos por este procedimiento, juzgaríamos a los neutrinos, a los gluones, al Big Bang mismo lo sentaríamos en el banquillo de los acusados, acusados metafísicos del teatro mundo...el problema,-interesante-, sería buscar el tribunal adecuado que conociera de estos asuntos, ¿no cree?

    saludos

    Comentado por: vic el 29/8/2009 a las 12:57

  • Muy bueno, Corta/Pega; gracias por traerlo a colación. El señor de Azúa borda con preciosismo, parfois...

    Comentado por: lavingen el 29/8/2009 a las 00:18

  • Cuando causamos un mal a otro, ya sea consciente o inconscientemente, sufrimos. Una compañera me comentó hace tiempo la historia de un hombre de su pueblo. Durante la guerra civil hizo sufrir a mucha gente. Pasados los años, en los sesenta, cuando ya era mayor, dejaba siempre cien pesetas en el cepillo del cura los domingos. mi compañera decía que lo hacía porque tenía mucho que hacerse perdonar. Quien, después de hacer mal no sufre puede calificarse de cruel. pero tanto la crueldad como la comiseración, son notas esenciales del hombre. Otra cosa es mirarse en los demás y descubrirnos deformes, porque no hemos sido entendidos.Sufrir por los otros. En eso estoy con Knudsen. "El infierno son los otros"

    Comentado por: DPA el 28/8/2009 a las 19:54

  • ¡En plena forma como siempre, Mr. Vic! (Gracias, sí, he pasado un verano fantástico; espero que Vd. también)

    Empiezo por el final:
    -"se debería culpar a la madre del reo"
    En mi opinión, sí, siempre (aunque a la trena, si así se dictamina, quien debe ir es el hijo).
    -"no existiría el libre arbitrio"
    En buena parte de la filosofía y metafísica no occidentales, el libre arbitrio, en efecto, no se considera posible. En dichas sociedades, sin embargo, se acepta la convención para que el código personal y, el civil estén en armonía en lo que se refiere al concepto de responsabilidad individual. (Los juicios penales en la India, por ej., siempre están dando vueltas alrededor de esta cuestión. Aunque reencarnado y por lo tanto sujeto a una forma no elegida, la responsabilidad última de estar ahí recae sobre el interfecto).
    -"El remordimiento..algo que no pertenecería propiamente a nuestra esencia"
    Igual de convencional que la propia idea del libre arbitrio.
    Más allá del daño puramente físico (ver sangrar, arder o despeñarse a alguien son cosas que sí podemos considerar esenciales: basta con hacerse un pequeño corte en un dedo o meter la mano en la chimenea para empatizar)el remordimiento siempre nos es sugerido por el otro. (Sé que a tal persona -cuya buena opinión sobre mí me es importante- le decepcionaría que yo hiciera tal o tal cosa).

    Creo que pensar sobre nuestro ser lo hacemos generalmente a una edad demasiado tardía. El que seamos físicamente dependientes de la madre tantos años (por eso decía que ella es en grandísima medida la "culpable") hace que para cuando llega el momento de la introspección estemos ya maleados.
    Pero hay matices. "Las edades del hombre". Cada adulto consciente o inconscientemente elige una edad anímica en la que establecerse y su concepción de los valores abstractos depende en buena medida de dicha edad.
    En fin, que el tema es bien interesante y da para mucho.
    Saludos.

    Comentado por: knudsen el 28/8/2009 a las 19:44

  • hola mme.! espero que haya tenido vacaciones...o descanso

    yendo al asunto, yo me refería a que no somos lo que aprendemos, esencialmente esto es accidental, sino que somos, valga la obviedad, exclusivamente lo que somos. Por lo visto, Aristóteles cita a
    Sócrates en unos de sus textos éticos diciendo que 'no está en nuestro poder el ser buenos o malos', en el sentido de que somo ya lo que somos. Platón explica en uno de sus diálogos esto, más o menos, de la forma siguiente, creo recordar que dice que antes de que el alma se 'encarne' es libre, pero que una vez elegido dónde se va a encarnar, está sujeta, y ya no lo es; por tanto, no elige el bien o el mal sino que, es, dependiendo de en lo que se ha encarnado 'esclava'. Por eso no existiría el libre arbitrio. Luego, la formación o el aprendizaje no nos hce lo que ya somos, sino que lo que permite es 'desarrollar' lo que somos de manera inteligente, podríamos decir. Por ejemplo, el que sea egoísta, tendrá móviles egoístas, pero, la instrucción no ayudará a que estos móviles le dejen de influir, sino, más bien, a cómo le sigan influyendo.
    Digamos que la sociedad, sensu largo, no nos hace lo que somos, sino que ayuda a ver-nos, cómo somos, nos desvela parte de lo que somos pues origina en nosostros acciones, o actitudes que de otra manera no, digamos, aflorarían. Pero lo que seamos es algo dado y constante. Por ello, yo diría, que no es seamos otros, sino que, y esto puede sonar a obviedad, es que parecemos, aparecemos, mejor dicho, otros.
    Luego, la cuestión es si el remordimiento es algo propio de nuestro ser, que surge de nosotros por lo que somos, o, si no lo es de dónde procede. Porque si es una cualidad de la Razón que nos haga representarnos que podríamos haber obrado de otra manera, al modo que se cree, comúnmente, que somo libres en el obrar el bien o el mal, debemos considerar la causa de esto, y cómo algo que no pertenecería propiamente a nuestra esencia (en el sentido de que "damos" un estatuto 'metafísico', pero que no lo tiene realmente) sino que sería una representación fantasmática, ficticia, y creada, pues nos situaría en el pasado haciendo otra cosa, o proyectados en el futuro haciendo propósito de enmienda, y obrando de distinta manera, cómo esa facultad imaginativa, nos produce sufrimiento, aun sabiendo que ese sentimiento lo tiene el que 'sabe' que 'no podría haber actuado de distinta forma a como lo hizo'. ¿Es esa ilusión de libertad parte tan determinante de lo que somos?. ¿por qué nos ha de afectar algo como la 'positivización' de los deberes, que, en definitiva, es algo accidental, circunstancial?
    La custión de la justicia, en la que también existen agravantes, tal y como la veo, es una forma de actuar con el hombre que hace un corte, que lo abstrae de su vida, para poder juzgarle de acuerdo a una 'causa primera' pues sino hiciera esto, y supusiera que el hombre no es libre en su voluntad, al ser un actor que actúa por motivos, o causas se diría en los seres inanimados, pero en cualquier caso donde si se dan ciertas causas el hombre no puede más que actuar como lo hizo no podría castigarlo, pero, esto es así por el 'principio de causalidad' que supone, para que sea lógico que no existe causa primera, luego la justicia abstrae y supone una causa primera, un 'corte' en la vida del sujeto que se juzga, por aquello de que sino, se debería culpar a la madre del reo.

    saludos

    Comentado por: vic el 28/8/2009 a las 18:44

  • Tiene usted razón, Vic; nos somos un misterio.
    ¿Quiénes seríamos por nosotros mismos, sin influencias, sin aprendizaje? Otro, sin duda.
    Quizás sólo los niños perdidos en la selva podrían dar una respuesta verdadera. Pero incluso a Mowgli siempre le acaban rescatando (¿fastidiando?) y además el hombre en perfecto aislamiento termina por embelesarse con su ombligo y por lo general aborreciendo a sus congéneres y por lo tanto un es un alien con su pureza.
    En sociedad somos un misterio para nosotros mismos y somos a la vez la contaminación de los otros. Así es la cosa. Y por ello tal vez el acuerdo en los atenuantes que se alegan ante cualquier delito. Hasta la fría Justicia sabe que ha sido impuesta, de ahí que deje resquicios.
    Una novela interesante sobre la posibilidad de ser otro:
    "La vida nueva" de Orhan Pamuk
    Saludos.

    Comentado por: knudsen el 28/8/2009 a las 14:51

  • si es cierto aquello que se dijo que la libertad era un misterio, más, si cabe donde quepa, es cierto eso de que uno se es un misterio. Cosa que, por otro lado, no se opone a la primera.
    La cuestión del remordimiento sobre las cosas que hicimos, que parece que habita en ese 'réservoire', que podríamos llamar la conciencia moral, o como llamaría el del cuento, ese Pepito Grillo que nos reconviene cuando no le hicimos suficiente caso antes, es algo que tiene que ver con lo que aprendimos. La 'positivización' de los deberes morales es algo que se aprende, y que ayuda a clasificar las acciones. Puede ser cierto que de forma innata tengamos, llevemos con nosotros, una 'ética', pero si los móviles de las acciones del hombre son, básicamente, el egoísmo, la maldad o la compasión; la clara enunciación de los deberes morales ayuda a distinguir las acciones, de acuerdo con las virtudes morales fundamentales la justicia y la caridad.
    Luego, suponiendo aquella máxima de que 'operari sequitur esse', o sea, el obrar sigue al ser, a lo que uno es, la cuestión es que nos reprochamos no lo que hacemos, sino lo que somos; el reproche va contra 'nosotros mismos', pero, si el ser es algo dado, algo presupuesto y constante, algo que no se puede cambiar en su esencia, y por consiguiente, algo que objetivamente no se puede ni 'mejorar', ni 'empeorar' propiamente hablando. O se debe considerar a la 'conciencia moral' dentro de lo que somos- emergencia como fenómeno de nuestro ser verdadero, de la cosa-en-sí kantiana que somos, o, a lo mejor, como epifenómeno de la Razón-, como parte integrante de ese ser que desconocemos de forma inmediata, y sólo llegamos a saber algo de él de forma mediata, mediante las acciones que realizamos en el 'mundo empírico', digo, pues, que o esta conciencia moral que reprocha a parte post, es algo nuestro, como el remordimiento que se produce por este reproche ante la acción no-moral realizada anteriormente, y la clasificación de los caracteres de los hombres es una tarea imposible, si con ello se pretende discriminar lo que el hombre sea: un hombre bueno, malvado, egoista; y es que definitivamente si se acepta que es algo nuestro no sabremos, ni en toda la eternidad, decirnos qué somos, pero ello precisamente por la naturaleza del mundo, que es fenómeno, apariencia y por nuestra pertenencia a él y nuestra forma de conocerlo por lo que realmente somo. Es decir, que somos seres invisibles hacia nosotros mismos, y sólo vemos dirigida la mirada al exterior, como dedujo ese otro Regiomontano. O, si no es algo nuestro, si es algo fenoménico que depende de lo que aprendimos, o es una facultad de la razón, pero en definitiva 'kata symbebekós', accidental, ya que podríamos muy bien, en otras circunstancias no tenerla, la cuestión a dilucidar es cómo afecta al que la tiene de manera tal que provoque sufrimiento, pues este sufrimiento que llega hasta lo más profundo de lo que somos es, o sería, un sufrimiento gratuito, una condena injusta que se permite la sociedad para con nosotros pues que nos 'impuso' esa conciencia moral, que podríamos no tenr, no haber tenido

    saludos

    Comentado por: vic el 28/8/2009 a las 13:18

  • Conocí a un niño músico, su padre era músico, su madre era músico y seguramente también música; los amigos de los padres eran músicos y tocaban juntos en conciertos, modus vivendi. El niño me contó que de pequeño, como dicen ellos, creía que todo el mundo tocaba algún instrumento, igual que todo el mundo habla porque todas las personas que había conocido lo hacían y de ahí había generalizado y formado su imagen del mundo.

    Comentado por: Bisiesta el 27/8/2009 a las 20:12

  • Para iuchuu:

    El genio es usted.

    Comentado por: DPA el 27/8/2009 a las 14:46

  • ¡Lo sabía!! No podía faltar la automática aportación del genio que encuentra TODO en youtube (¡qué reflejos!¿lo hará en horas de oficina?). ¡Félix, ¿para qué cojones se molesta catalunya en despegar el culo de la silla si lo tiene todo en su puta casa?! ¿no dispone Catalunia (y el mundo en general)de güifi y adesele hasta en los más infames barracones, y que donde no lo tengan es que no existen o no merecen ser calatanes, ni españoles, ni humanos, ni nada?!! Modesta propuesta: que el Estado ponga servidores y genios DPA de la busca y captura cada dos metros y ya no volveremos a lamentar el estado de las infraestructuras (nos sobrará con la superestructura)!!

    Comentado por: iuchuu el 27/8/2009 a las 12:15

  • Provechosos movimientos veraniegos

    Por Félix de Azúa
    EL PERIÓDICO, 26/08/09

    De las proximidades de Torroella, pueblo del Empordà notorio por su festival internacional de música, a la aduana francesa hay poco menos de una hora, y la primera población con un cierto empaque es Perpinyà. Conviene atravesar la frontera de cuando en cuando para hacer comparaciones, que son odiosas, sí, pero no por ello menos instructivas.
    En la agitada historia de Francia, tan vapuleada como España por la guerra incivil (aunque, eso sí, lo olvidan mejor), las zonas del sur siempre anduvieron un tanto despendoladas. Luis XIV les puso la brida a los feudales y la estatua ecuestre que adorna el candoroso parque de Montpellier es prueba de que, en algún momento, se les ordenó que formaran parte de un país más grande y quizás menos reaccionario que su minúscula región. Se plegaron.

    Así nació el primer Estado moderno y así se pudo ver a Francia como la nación más poderosa del mundo en el siglo XVIII. El Estado moderno obligaba a suprimir las madrigueras feudales y la guerra de la Fronda puso en claro con qué ferocidad los poderes regionales iban a defender sus privilegios con el apoyo (¡siempre lo mismo!) de la Iglesia católica. Una historia que, como es lógico, en Catalunya se cuenta al revés. Todavía hoy el sur de Francia es una región de escasa vida industrial, con servicios menos vigorosos que los del norte y una población que tiende a votar a Le Pen. De ahí que su recurso sea el turismo, en el que trabaja con toda su energía, que es considerable.
    Muchos de estos rasgos nos son familiares a quienes vivimos en Catalunya Sur, capital Barcelona. Lo tremendo es que, a pesar del tan alabado crecimiento económico español, de la admirable transición política, de la cantidad de jabón que se dan nuestros gobernantes, lo cierto es que una ciudad como Perpinyà, que viene a ser la Algeciras de Francia, le da mil vueltas a ciudades mucho mayores y más blasonadas de Catalunya (sur). Y no doy nombres porque luego los gañanes del lugar te buscan para romperte una bandera en el cráneo.

    Esto es desconsolador. ¡Con la cantidad de dinero que les estamos dando a esta gente de Perpinyà y alrededores! Por si no lo saben, les pagamos colegios, cátedras, universidades, radios, y un corresponsal de TV-3 que ofrece fascinantes noticias sobre Ceret. Todo para recordarles a los de Catalunya Norte que son catalanes, un asunto que en general olvidan casi todos los catalanes hasta que llega el Gobierno de Montilla para recordárselo. Es muy desesperante porque en dos días de moverme por la ciudad no pillé a nadie, pero es que nadie, que hablara catalán o que tuviera un porte que no fuera rotundamente gabacho. Quizá en el campo haya más entusiasmo.
    Veamos. El dinero que pagamos se ve por las calles, eso sí. Está todo lleno de banderas catalanas, los letreros de la oficialidad vienen en francés y catalán, por el centro hay oficinas de la Generalitat del sur, la emisora nacional nuestra está justo delante del río y parece que alguien la oye, quiere decirse que la vida administrativa refleja un buen fluido de dinero (¿cuánto?, nadie lo sabe) que les cae a estos franceses como agua de mayo.

    Ahí se acaba el asunto. Circulan unos autobuses que ya los querríamos en Barcelona, hay zonas peatonales con bares y restaurantes al aire libre, servidos por auténticos profesionales, dos librerías que no encontrarás en ninguna capital catalana (del sur) excepto, claro, en Barcelona. Todo está limpio, no hay estruendo ni jarana, los comerciantes son educados, los grandes almacenes no venden saldos, hay varios locales recomendados por guías gastronómicas, en fin, que aquello es indudablemente Francia.
    Me preguntaba yo, mientras caminaba por la modesta y sin embargo confortable ciudad francesa, cuántos de aquellos nacionalistas (del norte) que negocian con nuestros Montillas y Carods y tratan de despertar un patriotismo que a los franceses les importa una higa, se cambiarían, no ya por catalanes (del sur), sino por españoles. Yo creo que ni uno.
    Ni siquiera los dirigentes del partido nacionalista catalán que se presenta a las elecciones en Perpinyà. Una cosa es pillar dinero como se pueda y otra cambiar el sistema de transportes, correos, la sanidad, la policía, los diarios y televisiones o la educación francesas por sus correspondientes entes catalanes (del sur) o españoles.

    Entre lo más agradable de este salto me atrapó una exposición de Hyacinthe Rigaud, pintor al que no se le presta atención cuando se pasea por el Louvre, aunque fue el mejor retratista de la época de Luis XIV y Luis XV. La exposición era soberbia. Rigaud retrataba como un cretino a quien lo era (hay un diputado tocando la gaita que es pura actualidad), pero rozaba a Rembrandt cuando retrataba a quienes tenía respeto, como los jansenistas de Port Royal, gente sobria.
    Había un detalle, sin embargo, que me desoló. La exposición celebraba la anexión de la Catalu-
    nya Norte a la corona de Francia en 1659, año de nacimiento de Rigaud. ¿Cómo lo ha permitido Montilla? ¡Una exposición que celebra en Perpinyà su anexión a Francia! ¡Con nuestro dinero! Esto es tristísimo. También yo lo lamenté profundamente. Sobre todo porque, por el mismo Tratado de los Pirineos, la corona francesa renunció a Barcelona. Y eso sí que es algo que no le perdonaré nunca.

    Comentado por: copia/pega el 27/8/2009 a las 11:38

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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