El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Félix de Azúa

Palinuro

“Tengo una sola ambición: escribir un libro que se mantenga vigente durante diez años”. El audaz propósito de Cyril Connolly, escrito en 1938, se ha cumplido con creces. Setenta años más tarde sigue siendo reeditado. Su mérito es mayúsculo porque no es un novelista, sino un crítico literario. ¿Caso único? ¿Qué comentarista de las letras de los años treinta podemos leer en la actualidad? No ha aguantado ni siquiera Edmund Wilson. En realidad, con aquella frase Connolly señalaba hacia un agujero negro que no ha hecho sino crecer. “Digo diez años porque ése es el tiempo que llevo escribiendo sobre libros y porque puedo afirmar (...) que dentro de poco escribir libros que duren una década, especialmente los de ficción, será un arte extinto”. De Connolly a Juan Marsé ese temor no ha desaparecido sino que se ha intensificado. Hay matices. En tiempos de Connolly el problema afectaba a la rapidez con la que pasaban de moda los autores, a causa del estilo. En consecuencia dice: “Es preciso buscar una calidad que mejore con el tiempo”. Connolly creía que una radicalización del arte literario produciría libros más longevos. Sus modelos para la duración son irreprochables: Eliot, Yeats, Forster.. bueno, y Maugham, el único patinazo de época. Nosotros no podemos contar con ese remedio. Un libro aguanta en librería lo que tarda en venderse. Si no vende, desaparece. Ha de vender mucho el primer mes si quiere durar un año. Y muchísimo el primer año si quiere durar dos. Cuanto mayor sea la exigencia artística del texto, menos posibilidades tiene de durar. Para durar, en todo caso, ha de aplicar la fórmula opuesta y rebajar todo lo posible la calidad artística. Es cierto que algunos libros indudablemente artísticos han alcanzado grandes ventas y se han mantenido años en librerías, como ciertas novelas de Marías, pero hay una variante fundamental. Connolly citaba dos poetas y dos novelistas. Nosotros ya no podemos, honradamente, incluir a los poetas. Ha caído la reina. El rey es más vulnerable que nunca. También intuyó este proceso implacable de acabamiento de la poesía: “Poetas que discuten sobre poesía moderna. Chacales que gruñen en torno a un manantial seco”. Esto escribe en su más famoso libro, La tumba inquieta. Y por esas cosas raras de la vida, como dice la canción, ahora se publica en España una edición de Connolly como no la hay en ningún idioma europeo, incluido el inglés. Admirable trabajo de Miguel Aguilar, Mauricio Bach y Jordi Fibla para la editorial Lumen. Figuran dos artículos que no incluye la edición británica: “Los diplomáticos desaparecidos” (1951) y “Barcelona” (1945). * Un tertuliano preguntaba por la historia de Piaget. Está en: Douwe Draaisma, Why life speeds up as you get older. How memory shapes our past, Cambridge UP.

[Publicado el 08/12/2005 a las 14:12]

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Comentarios (28)

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    Comentado por: mythic el 08/10/2011 a las 14:02

  • Si se mira bien, y a pesar de la intrínseca dificultad de la cosa, la ambición de escribir un libro de crítica literaria que permanezca vigente durante diez años resulta una pretensión bastante humilde y lo que verdaderamente choca es que nadie se pueda dar personalmente por satisfecho con una cosa tan nimia. La ambición –y la vanidad que siempre la alimenta– es algo que, en materia exclusiva de decisión, el materialista vulgar que todos llevamos dentro resuelve más o menos sin problema, pues su reino de los fines se limita al de los objetivos naturales inmediatos a su alcance más o menos real. Si se reconocen fines espirituales es cuando la cosa empieza a complicarse, pues muchas veces vemos como el propio ideal que elegimos como superior se nos convierte él mismo en dolor y en acusación de nuestra propia realidad sensible. No resulta pues nada fácil ubicar con honesta competencia en cada vida terrenal los círculos paralelos de nuestro `ordo amoris´, sin que con ello crujan las cuadernas de la estructura anímica. Y, puesto a ambicionar, lo que me hubiese gustado a mí ahora es que en el orden circular de mis amores me hubiese ocurrido lo que cuenta este párrafo:

    “La parada del 17 en la avenida del Tibidabo cae dentro de una zona salpicada de hospitales, residencias de ancianos y asilos para menesterosos. Mientras espero la llegada del autobús se me encara una anciana redonda como una pelota de lana. Lleva luto riguroso: las sayas, las medias, las alpargatas, son negras; el mantón con cenefa estampada. Un pañuelo sin flecos cubre su cabeza, y lleva un garrote de nudos en su mano izquierda. Me mira con ojos de ciega, tan azules que son ya casi blancos. De pronto estalla en una sonrisa, se alza de puntillas, bate los brazos y exclama, sin dejar de mirarme: «¡Bendita sea mi señora!»”

    ¿Que qué hubiera hecho? Como no soy tan ruin como para gozar yo sólo de un tesoro así, tras comerme a besos a la bolita de lana hubiera llamado a mi amigo C.C. a su casa del Paseo de San Juan y nos hubiéramos ido los tres a merendar chocolate con churros. De verdad, una cosa así me hubiera entusiasmado y llenaría la mayor parte de mis expectativas de ahora. Aunque, seamos serios, lo que también me hubiera gustado muchísimo es saber escribirlo de ese modo; porque o mucho me equivoco o éste no es un párrafo para poder olvidarse trascurridos los diez años, sino un párrafo para la memoria, para ser siempre recordado.

    Comentado por: Onagro el 04/12/2006 a las 15:39

  • Señor blogmaster: intente recuperar un comentario que, al parecer, se ha perdido en los vacíos del ciberespacio.

    ¡Con lo que me había costado escribirlo! Y con lo bien que me había quedado...

    Lo siento, don X. Berard: pero mi respuesta a su simpático comentario (nº 24) habrá que pedírsela al maestro armero del blog.

    Comentado por: Fernando Peregrín el 09/12/2005 a las 10:12

  • Le agradezco su consejo, amigo X. Berard. Aunque es altamente improbable que me lleve un chasco, pues la gran mayoría de mis lectores--a los que respeto enormemente y agradezco que lean lo que publico (que tiene su mérito,no lo dude) y que hasta me escriban o repliquen en público -- no conocen demasiado bien ni el Levítico ni el Hamlet. Y en mi caso, le aseguro que fueron muy curiosas las circunstancias -- nada que ver con decisiones conscientes e intelectualmente responsables (es un decir) de esas que, al parecer, obligan a uno a conocer el canon literario occidental -- que me llevaron a leer y estudiar a fondo la Biblia y a disfrutar con el teatro de Shakespeare. Supongo que en otras circunstancias, mis conocimientos sobre Hamlet o el Levítico serían epidérmicas, lo cual no creo que fuese terriblemente importante.

    Esto que le escribo tiene, para mí, cierta relación con el artículo de don Félix de Azúa que publica hoy El País y que recomiendo que lean todos ustedes. Es un buen ejemplo de que ciertos filósofos y ciertos sistemas de filosofía son hoy poco más que edificios en ruinas. Tras unos cuantos--muchos -- siglos de idealismo y de ontologías esencialista e inmutables, del "de suyo" y del "en sí mismo", es grato recibir la fresca brisa del pragmatismo y de la analiticidad, propios del pensamiento crítico.

    Comentado por: Fernando Peregrín el 09/12/2005 a las 09:12

  • Tenga cuidado, amigo Peregrín, y contraste las citas del Levítico y del Hamlet. Al menos, en los artículos científicos. No se vaya a llevar un chasco.

    Comentado por: X. Berard el 09/12/2005 a las 08:12

  • Amigo don Juan José:

    No sé por qué, pero desde que existe "Google" me encuentro mucho mejor informado, instruido y sabio. No le digo que más inteligente, porque soy un vanidoso intelectual, pero casi, casi.

    No obstante, cincuetón también como usted y enamorado de los libros, los sigo leyendo y consultando.

    No demonicemos a Internet como continente o herramienta, sino, en todo caso, la gran mayoría de sus contenidos. A pesar de esa condena casi general a sus contenidos, le aseguro que cualquier estudiante avanzado de un doctorado en prácticamente cualquier disciplina -- sobre todo de ciencias -- se hubiese asombrado y sentido muy feliz si hubiese podido disponer de los recursos que proporciona ya hoy día Internet (prácticamente todas las revistas científicas de primer rango, reseñas de calidad y prestigio de casi todo lo que se publica, enciclopedias de filosofía que son indispensables para pensar el mundo y a nosotros mismos, los seres humanos, con rigor, provecho y posibilidades de encontrar explicaciones y no andar en círculos como tantas y tantas escuelas de filosofía literaria e hisroricista...). Y estos contenidos de calidad y de enorme utilidad crecen exponencialmente de año en año.

    La cultura humanística y literaria. Creo que es compatible con Internet. Y si no, malo para la cultura literaria. Creo que es cuestión de acostumbrarse (el hombre es un animal que se acostumbra a todo; de ahí mi convencimiento de que gloria e infierno no tienen sentido alguno. Puede que se tarde mucho, una enormidad, a acostumbrarse a los goces celestiales o a soportar las penas infernales. Pero el hombre se acostumbra a todo. Y luego, queda toda una eternidad para hartarse de la costumbre).

    Tal vez para usted y para mí sea tarea imposible acostumbrarnos a vivir sin libros. Un libro en la mano, ojearlo, leerlo... No creo que pueda renunciar a ello.

    Una última cuestión. No vea cómo cito ahora a los clásicos y a los grandes escritores. Y de la Biblia, ni le cuento. Todo es cuestión de activar lo de Edición y luego poner en marcha lo de "buscar...". No falla. Vamos, que hasta en mis artículos científicos meto ahora citas del Levítico y del Hamlet...

    Comentado por: Fernando Peregrín el 08/12/2005 a las 22:12

  • "Las palabras son monumentos más duraderos que el bronce", decía Unamuno. Y las suyas aún se leen casi con tanto agrado como las de su émulo moderno, Savater, aunque ignoramos, como es lógico, si Savater correrá la misma suerte que el cascarrabias angustiado. Goytisolo, el maldito oficial, decía que sólo dura lo que admite la relectura, aunque el requisito sólo valía para la élite, por supuesto. Yo no sé si Tristram Shandy de Sterne seguirá viva dentro de cien años, pero inauguraré con su relectura, mi primer día de jubilado, por serle fiel a la etimología. Habré de volver a fumar en pipa, en la intimidad, claro, y, acabado el libro, volveré a dejar de fumar, ¡por tercera vez! Pero habrá valido el gozo.
    No creo que ningún escritor piense seriamente en la perdurabilidad de su obra. Estoy convencido de que es algo que dan por sentado. La sorpresa proviene justo de lo contrario, y la depresión. Ningún autor está preparado para la preterición de su obra. Todos lo están para abrazar la gloria y la fama, aunque sea en la forma esquiva de quienes escogen la soledad: su campana de cristal o su torre de marfil está construida con el tejido elástico de su ego.

    Comentado por: jpoz el 08/12/2005 a las 22:12

  • No se preocupe amigo Peregrín, me ha hecho firmar datos, no opiniones. Respecto a que el mantenimiento en el tiempo del valor de la buena literatura dependa de la continuidad de una minoría de lectores "gourmets", soy escéptico. Los nuevos lectores no dejan el ordenador. Y los cincuentones como yo, tampoco. Antes leía más de 30 libros al año. Éste sólo dos, y en verano, porque no tuve a mano internet. Es una cuestión de tiempo en nuestro caso, pero en el de los jóvenes ni eso.
    Han llegado a la adaptación "física": observe la simbiosis con el movil de los jóvenes, obsérvela con el ordenador; no saben coger un libro, no encuentran la postura. Es algo mucho más fuerte, se han adaptado al medio, han mutado, se acabó la educación literaria, como se acabó la esgrima. Creo que, como los cines, los libros tendrán una supervivencia testimonial.Serán objetos de coleccionista. La literatura no, obviamente, pero se adaptará. La evasión, el descubrimiento de nuevos mundos y personajes, el díálogo con otras mentes, la información, la imaginación, las historias, en suma, el alimento que en gran parte se buscaba en la literatura hoy lo encontramos todo junto en Internet. Además, el libro está muy caro, la buena literatura, gratis, en Cervantes Virtual o en el proyecto Gutenberg.

    Comentado por: juan jose diez el 08/12/2005 a las 21:12

  • No sé si dentro de cien años se seguirá leyendo a Conolly, a lo mejor lo leen 5 personas que se doctoren en literatura inglesa del siglo XX; lo que sí es seguro que habrá doscientas personas que nos sustituyan a los doscientos poetas actuales, y que seguirán leyendo a Eliot y Yeats, y leyéndose entre sí, si a ustedes no les molesta. Y así hasta el infinito.

    Comentado por: vicente luis mora el 08/12/2005 a las 20:12

  • Me parece que en el comentario número 18, el robot de este blog me ha hecho usurpar el nombre de otro amigo de esta corrala. Así que, don Juan José Diez, le pido disculpas aunque la trastada la he hecho el robot, no yo.

    Para bien o para mal, el comentario número 18 ha salido de mi teclado.

    Comentado por: Fernando Peregrín el 08/12/2005 a las 19:12

  • ¿Y por qué habría de parecerle noticia a Borges una dictadura? No veo que la dictadura le pasase "por encima". Como mucho, le pasó de lado. Tampoco que el mutis denote falta de "agudeza" ni de "ingenio", sino atención supina a lo sustantivo. Eso, o una alta forma de la pereza. Recordemos, en el negociado opuesto, a K. Kraus, otro no precisamente exento de ingenio: "Sobre Hitler nada se me ocurre".

    El inolvidable es Cartaphilus, librero de Smirna. Videla (¿era Videla?) ya se difumina por los bordes.

    Comentado por: JollyRoger el 08/12/2005 a las 19:12

  • Esta novela histórica, la primera auténtica webnovela, se tarda en leer y navegar casi tanto como Guerra y Paz. Durará mientras haya electricidad, nadie la relegará a un almacén, no se la comerá el polvo: www.webnovela.org

    Comentado por: juan jose diez el 08/12/2005 a las 19:12

  • Al hilo de la crítica literaria a la que se refiere el señor de Azúa, creo de interés comentar que tanto la New York Review ob Books, como la sección de libros del New York Times y, en menor medida, The Times Literary Supplement, dedican cada vez menos atención y espacio a la literatura que a lo que los anglohablantes llaman "non fiction", esto es, ensayística, biografías y autobiografías, historia, ciencia, etc.

    No se si recordará, amigo don Félix, una nota a pie de página de Marcel Proust en Le temps retrouvé. En ella, el autor hace la confidencia al lector acerca de su creencia de que ni las obras maestran tienen asegurados 100 años de vida o vigencia. Usted lo reduce, en estos tiempos posmodernos (¿mejor decir posh-modernos?) y setenta y cinco años después de la profecía proustiana, a una décima parte. Decrecimiento exponencial se llama eso.

    La vigencia de los libros. Buen asunto para meditar y analizar. Más que poner como vara de medida la presencia de esos libros en las estanterías de las librerías (dentro de unas dácadas, una gran parte del patrimonio literario universal estará disponible en Internet), quizá hubiese que pensar en otro tipo de condiciones para poder asignar vigencias en el tiempo a los libros. Una, tal vez, que siga habiendo lectores que sepan leer y que sigan encontrando valioso ese lbro al cabo de un período dado de tiempo. A fin de cuentas, la vigencia del Don Giovanni, verbigracia, la atestiguan unos pocos melómanos (¿el 3%-5% de la población occidental y bastantes más japoneses, curiosamente?) con la necesaria y adecuada formación de su gusto musical como para mantener viva esta joya de la gran música culta de la cultura occidental.

    Comentado por: Fernando Peregrín el 08/12/2005 a las 19:12

  • Como pequeña prueba d lo que dejé escrito en mi anterior comentario.

    Lista de los 100 libros más destacados del año 2005 del NYT:

    39 son de "Fiction/Poetry"

    61 son de "Nonfiction"

    Comentado por: juan jose diez el 08/12/2005 a las 19:12

  • Pere, esconderse en un nombre es facil,pero mas lo es esconder un libro . Borges sale citado en varios comentarios, yo no pienso citar a otro que no sea el Sr. vives . lo cito para mañana a las 8

    Comentado por: albert el 08/12/2005 a las 15:12

  • Dice Félix de Azúa que ya no podemos contar con los poetas a la hora de pensar en la durabilidad o la permanencia más allá de lo inmediato en la literatura. Ni en la durabilidad, ni en la mera existencia real, podemos añadir. Real, entendiendo por ello influyente, creadora de opinión (sea ésta cual fuere). De poesía sólo tratan los poetas, es cierto, y los políticos cuando quieren utilizar un verso sobado para dar lustre a su discurso inconexo (se ve que la poesía está bien dotada para tapar los agujeros de la dislexia y el anacoluto). Cito del mismo Félix de Azúa lo que dijo en una conferencia de 1988 (publicado en su libro “El aprendizaje de la decepción”, 1989): “[...] leen poesía doscientos poetas que cada año escriben doscientos libros para doscientas editoriales que sólo conocen doscientos poetas. A pesar de ello todos los Estados adulan a los poetas y los utilizan con fines publicitarios; los ministros se fotografían continuamente junto a decrépitos ancianos de los que casi nadie ha leído una línea; se les premia abrumadoramente, a los poetas; se les estudia en el bachillerato y en la universidad; aparecen un buen día en los parques públicos en forma de busto...Pregunten a un señor ministro cuál es la utilidad de tan pomposa hipocresía; comprobarán que su respuesta se asemeja mucho a uno de esos poemas que nadie lee pero todos consideran de la máxima importancia”.

    Comentado por: X. Berard el 08/12/2005 a las 10:12

  • Lo de la vigencia es cosa rara. Diez años no pintan nada, ni cien tampoco. El siglo XX ha ignorado obras que fueron grandes éxitos en el XIX. Y tampoco en eso ha acertado siempre. Es el caso de Frédéric Soulié y Les mémoires du diable.
    Todo empezó cuando Emile Girardin inventó el periódico diario barato. Aquel primer artefacto productor de energía mediática se llamaba La Presse y nació el 1 de julio de 1836. Costaba la mitad y comenzó a arrasar en ventas, lo que produjo enorme alegría a la competencia.
    Tres semanas después, como final espectacular a una refriega de artículos y réplicas, Emile Girardin, fundador y redactor de La Presse, mató en duelo a Armand Carrel, fundador y redactor de Le National.
    El titular “Girardin mató a Carrel”, de logrado sabor bíblico, inauguraba la era mediática.
    Según padrinos, tras la faena, Girardin juró: “En lo sucesivo, trabajaré los titulares sólo con la pluma”. Podía pensarse que era un arrebato de comprensible flojera, porque tenía el muslo atravesado, mientras el colega Carrel se desanimaba por la ingle. Pero lo decía de veras. Ese día, Girardin se volvió partidario de agredir sólo con la ley del mercado.
    Mientras los editores de periódicos pensaban que, para vender más, el único camino era quitarle suscriptores a la competencia, Girardin puso los ojos en los incontables lectores con poco o nada que leer. Los alfabetizados se multiplicaban y formaban una gigantesca demanda durmiente.
    La oferta raquítica se limitaba a los cabinets de lecture donde se podían alquilar libros por precio módico. La novela era entonces un género secundario y poco distinguido -quienes iban a escribir las mejores aún no tenían claro si había cambiado el lugar de la notoriedad literaria: Balzac no empezó con una novela, sino con una tragedia en tres actos, un Cronwell que le costó meses poner en verso–. Se consideraba, en fin, un género “para criadas”. Y era cierto, porque ellas leían novelas y sostenían la industria. Aunque no sólo ellas. En 1836 gran parte de la plebe urbana sabía leer, pero seguía sin acceder al periódico, que no era atractivo y encima no podía dejar de ser caro por la escasez de las tiradas.
    Girardin se fijó en la parte de la página que llamaban rez-de-chaussée o planta baja, que es donde estarían la puerta y el escaparate, si la portada del periódico fuera la fachada de un edificio. Por entonces, como hoy, ese faldón se usaba de trastero, para anuncios, noticias caídas y otros menesteres subalternos.
    Hizo luego a Balzac un encargo sin precedentes. Se conocían de diez años atrás. Les unía una amistad de ambición. A los dos les fascinaba lo mucho que podían dar y quitar los periódicos.
    El proyecto de Girardin era algo nunca visto. Una novela a la medida de ese espacio, fabricada con una estrategia de escritura que tuviera en cuenta la exigencia del corte diario y la fórmula “à suivre”.
    Parece mentira, pero nadie lo había pensado. Para publicarse en prensa, las novelas se troceaban por los puntos y aparte; y eso era todo. La operación no tenía ningún efecto en la escritura. Ahora lo iba a tener, porque el folletín diario se parecía al verso en que imponía un cálculo, una forma de calibrar y administrar el espesor novelesco.
    El 23 de octubre de 1836 se publicó la primera entrega de La Vieille Fille, de Balzac. La sección aún no se llamaba “Feuilleton”, sino “Varietés”. Duró doce días. Y fue tan revolucionario y temible el crecimiento de tirada, que hubo una furiosa campaña de prensa contra aquella novela inmoral.
    Pero el invento estaba lanzado. Y ahora sí: en 1837 se inició la publicación de Las memorias del diablo, de Frédéric Soulié. La primera gran novela ideada para la prensa diaria. Un trabajo apasionante y cautivador que trajo a París de cabeza. Los lectores pobres, famélica legión, hacían suscripciones colectivas para recibir el periódico. Y pasaba lo mismo en talleres y casas de vecinos. La gente aguardaba la continuación del relato que venía con guarnición de noticias y anuncios.
    Funcionó tan bien que los periódicos contrarios al invento de Girardin perdieron la cabeza y comenzaron a hacerle propaganda. Cuando a una mujer acusada de liquidar con arsénico al marido y la suegra le encontraron en su casa un ejemplar de Las memorias del diablo, la prensa buena exclamó: “No es extraño que quien lee Las memorias del diablo, literatura peligrosa, envenene a la familia”. ¡Peligrosa! Todo el mundo quiso verlo y las tiradas aumentaron.
    En menos de un año, el éxito de la novela de Soulié había producido un fenómeno de arrastre irresistible. Los diarios, no sólo los de París, introdujeron el invento de Girardin. El folletín democratizó la prensa y centuplicó los lectores, pronto hubo actualidad y opinión pública en cantidades masivas. Además, siguió funcionando hasta la Primera Guerra Mundial, como apoyo imprescindible de la mayor parte de la prensa diaria, para mantener ventas y efecto de reclamo.
    Ahora, un folletín sobre el diablo, o sea, un escrito populachero que sigue una tradición tan rancia como para proceder de Vélez de Guevara y las pastorales medievales, ¿puede aspirar hoy a alguna vigencia?
    El argumento de Las memorias del diablo es muy bueno, no hay que engañarse. El joven Armand de Luizzi, joven romántico a más no poder, recibe en su castillo de Ronquerolles una visita misteriosa, justo cuando le apetecía suicidarse un poco. Es el diablo dicharachero que trae una oferta irresistible. Le concede todos sus deseos y no se llevará su alma, si dentro de diez años le prueba que ha conseguido la felicidad. Y entretanto le cuenta sus memorias, porque el diablo es memorioso. Y le da permiso para publicarlo todo en la prensa. Es una sátira de Francia, un hito del humor negro. Hay aventuras, líos, crímenes y violaciones de derechos humanos de todas las tallas y colores.
    El siglo XX ignoró esta obra. No sabemos lo que hará éste. Pero está ahí y alguna vez se traducirá y leerá –lo pronostico desde este Pasquino- como un clásico de los que da gusto, más entretenido que la Odisea o Las mil y una noches.
    Soulié, por cierto, después de inventar la novela negra, gótica y corrosiva, fabricó un prototipo de la policíaca en 1840: Eulalie Pontois, equipada con asesinato en local cerrado, pesquisa, sospechosos, revelación final y demás elementos. Luego se dedicó a los artículos y la crítica. Y se murió enseguida.

    Comentado por: Eduardo Gil Bera el 08/12/2005 a las 08:12

  • Precisamente el propósito que confiesa Connolly en el prólogo de "Enemigos de la promesa" es un título tuyo de hace unos días: "decir la verdad". Más adelante añade: "En el amor a la verdad que conduce a su conocimiento radica no sólo la esperanza de la humanidad sino también su seguridad. (...) El escritor debe ser un detector de mentiras que exponga las falacias en las palabras y los ideales antes de que maten a medio mundo."

    Comentado por: Atleta Sexual el 08/12/2005 a las 02:12

  • Albert, tus promociones quizá den resultado, ahora bien, no te me quejes depues diciendo "que se me'ls acaben!" como Pujols.

    Comentado por: Pere Comamala el 08/12/2005 a las 01:12

  • "Para modelar un libro de oro, para tejer un traje que dure cien años, es necesario sentir, pensar y escribir. Hay que coordinar estas tres actividades. "Bien écrire c'est à la fois bien sentir, bien penser et bien dire" (Buffon)."

    Qué grande el gruñón y perezoso Connolly desde el dibujo Mondadori.
    Y ya puestos en los parámetros de nick Palinuro, vaya la cita de los "Diarios de Kierkegaard que abre la SEgunda Parte de "La sepultura sin sosiego":

    "De haber seguido los dictados del placer y haber elegido ser aquello para lo que lisa y llanamente creí tener talento, espía policial, a buen seguro habría sido mucho más feliz de lo que he sido después".
    ---

    Se habló de la verdad en días pasados, pero no de la verdad de la ficción y su necesario individualismo y su irremediable subjetivismo (aunque pienso que la gran verdad proclamada por la novela es que la ficción nada tiene que ver con la realidad):

    "Las novelas filosóficas suelen demostrar, a su manera, con sus recursos propios, una verdad determinada frente a otras verdades posibles".
    De "El aprendizaje de la decepción".

    Comentado por: James Boswell el 08/12/2005 a las 01:12

  • Señor Lázaro: a mí también me gusta que Don Félix tenga abierta esta casa suya. Y me gusta leer esas citas tan repolludas. Y me gusta hablar sobre mis muchas dudas.

    Comentado por: El perro que fuma el 08/12/2005 a las 00:12

  • Soñó Borges con que algún día los hombres merecerán que no haya gobiernos y los políticos se tendrán que buscar oficios honestos… Y le acusaron de defender una dictadura.
    Intenta uno expresar la buena impresión que le produce un blog determinado… Y le acusan de querer censurar que en los blogs escriban los perros o los gatos.
    ¿Cómo era aquello de la música de Schonberg?
    "Entre - lo que pienso - lo que quiero decir - lo que creo decir - lo que digo - lo que deseas oír - lo que crees oír - lo que oyes - lo que deseas comprender - lo que crees comprender - lo que comprendes... Existen diez posibilidades de que tengamos dificultad para comunicarnos... A pesar de todo, probemos...”

    Comentado por: José Lázaro el 08/12/2005 a las 00:12

  • Señor Lázaro: a fuer de ser sinceros no parece que Borges sea un ejemplo de agudeza ni de perspicacia. Le pasó una Dicatdura por encima y no le pareció noticia.
    Un gran escritor de salón.
    Schopenhauer es otra cosa.
    La revolución blogger posibilita una equidad en el acceso a la publicación a personas a las que les hubiese estado vedado de otra manera. es como si un salón privado se transformase por arte de birlibirloque en la calle, en una calle llena de gente y ruido...
    Y sí, es cierto...una cosa son los libros y otra los periódicos.
    Aplíquelo a los blogs.
    Y no se preocupe, en esta maratón quedarán al final los mejores.
    Pero podemos partìcipar más. ¿No le importa, verdad?

    Comentado por: El perro que fuma el 07/12/2005 a las 23:12

  • Y léase a Connolly, ¡coño¡

    Comentado por: El perro que fuma el 07/12/2005 a las 23:12

  • Tampoco los post duran mucho.El del día 7 de Diciembre no duró ni medio día en el blog. Desde las 19 horas en este blog ya estamos a 8 de Diciembre. Loco calendario?

    Comentado por: zen el 07/12/2005 a las 22:12

  • Connolly ambicionaba escribir un libro que se mantuviese vigente durante diez años. Schopenhauer decía que «para leer lo bueno es necesario no leer lo malo, porque la vida es corta y el tiempo y las fuerzas, limitadas». Para seguir su propio consejo, Schopenhauer distinguía la «literatura permanente» (la que merece ocupar un lugar en la memoria de los buenos lectores) y la «literatura pasajera», (la que “aguanta en librería lo que tarda en venderse”).
    Cuando se preguntó por los criterios que permiten distinguir los libros permanentes, Schopenhauer pensó que el primer requisito era el que hubiesen logrado sobrevivir al menos cincuenta años desde su publicación. Inexplicablemente, parece ser que cuando su editor le comunicaba que las ventas de sus primeras obras eran ridículas, Schopenhauer se indignaba por la indiferencia que le manifestaban sus contemporáneos, en lugar de alegrarse por la lucidez y la sabiduría del público, que estaría seguramente leyendo los Diálogos de Platón en lugar de arriesgarse con las últimas ocurrencias del desconocido filósofo Arturo Schopenhauer.
    Decía Borges que la prensa sólo existe gracias a la extraña superstición de que todos los días ocurre algo fundamental que es imprescindible conocer, pues los diarios se escriben para el olvido mientras que los libros (a veces) se escriben para la memoria.
    Muchos son los blogs en los que cada día se dan vueltas y y más vueltas a las “novedades” que publica la prensa diaria. Mucho son los blogs en que cada día se escriben muchas páginas para el olvido. ¿Es realmente posible un blog en el que se intente escribir para la memoria?

    Comentado por: José Lázaro el 07/12/2005 a las 21:12

  • Don Félix, se nota que se va de puente.
    Connolly me ha hecho llorar. La manera en la que describe su temor hacia el "carácter irlandés" que se manifiesta en la escritura por tendencia a la melnacolía y abuso de palabras.
    Durará cien años.

    Comentado por: El perro que fuma el 07/12/2005 a las 20:12

  • No duran los escritores en las librerias ,pero si uno va a la libreria Central de Barcelona ,en la calle mallorca ,puede encontrar los libros de Cristobal Serra,un escritor que dura mas de diez años. vale la pena.

    Comentado por: albert el 07/12/2005 a las 19:12

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.

 

 

 

 

 

Ensayo

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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