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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 7 de julio de 2008

Blog de Félix de Azúa

Excitantes

"Ayer, con el voluminoso libro filosófico de Iris Murdoch (...) Mi aversión hacia ella ha crecido tanto, que tengo que decir algo aquí”. Este apunte de Elias Canetti en Fiesta bajo las bombas (Galaxia Gutenberg) da paso a uno de los más violentos y crueles retratos de los muchos que contiene el libro dedicado a su etapa inglesa. Canetti describe con la delicadeza propia de un cirujano de prisión turca la seducción, copulación y mutua frustración sexual que arrastró durante dos años con la suave novelista inglesa. No explica, sin embargo (eso lo sabemos por otros testimonios), que en ocasiones se acoplaban en la alcoba del piso superior, mientras la esposa de Canetti entretenía al turbado acompañante de Iris en el salón de la casa. Repugnantes escenas que según Canetti fueron provocadas por la estupidez de Iris. En el texto se despacha con una abyecta descripción del cuerpo de la pobre mujer, con especial delectación en sus pies planos y sus andares de osa. El odio es tan intenso que incluso el voyeur más impúdico siente un cierto rubor. Canetti necesitaba odiar para escribir. En un reciente artículo de Ritchie Robertson se cita a un personaje, Robert Neumann, que fue “objeto de odio perdurable” y también “ídolo de odio”, usado por Canetti como utensilio sádico para excitarse a escribir. Sólo si odiaba intensamente lograba que su pluma lubricase hasta manchar el papel, del mismo modo que otros escritores, como Yeats, concibieron sus mejores páginas movidos por un intenso deseo amoroso. Quedan aún muchas páginas de Canetti dictadas por el odio y guardadas en los archivos de la Biblioteca Municipal de Zurich. Cada año se editan unas cuantas, regularmente traducidas por la admirable Galaxia Gutenberg, pero muchas no se pueden publicar antes de 2004. Canetti era consciente de que sus notas eran cuchillas oxidadas que hurgaban en heridas abiertas y que a él le encantaba retorcer la punta. De modo que decidió ser bondadoso y ahorrar sufrimientos, una vez muerto. ¡Qué diferencia con el odio de Bernhard! También al austriaco le excitaba el odio, pero jamás se permitió un descenso a la abyecta prensa amarilla. Es la diferencia entre un gran artista y un malogrado, por más Premio Nobel que le cayera. No. Estoy exagerando. Muchos escritos de Canetti merecen el Premio Nobel. Por ejemplo, su estudio sobre las cartas de Kafka a Felice. Por ejemplo: “Hitler según Speer” (en La conciencia de las palabras). Aquí el odio está bien dirigido.

[Publicado el 05/12/2005 a las 10:12]

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Comentarios (8)

  • Me referiré a la tercera persona del plural porque es menos engorroso de abordar y también porque, claro está, así resulta más benigno y piadoso para conmigo. Como me dice siempre un amigo, lo que nunca debería fallarle a cada cual es uno mismo.

    Sí, el odio es el único viento que hincha las velas y mueve las naves de mucha gente. La legión de los que sólo se activan con la ira indignada resulta ciertamente inconmensurable; pero cuando su tarea es la escritura (y por muy espíritus hiper-críticos que sean y por mucha certeza que nos traiga su juicio desfavorable `per se´), la verdad que nos ofrecen sus páginas siempre se nos presenta manca. Unilateralmente inclinados a lo bronco y destemplado, permanecen ciegos ante el paisaje risueño de nuestra otra inclinación que, por contraste, es de natural afable y gusta centrarse en el cultivo del admirar generoso; de ahí que la inconfundible sensación última que nos deja la lectura de esos autores coléricos siempre es la de un resto de pura mezquindad. Al rechazar cualquier magnánima conmiseración, resultan auténticos navajeros anímicos especializados en hurgar las heridas del prójimo, lo que acrecienta su envilecimiento propio con el espectáculo de la repugnante fruición que sienten al retorcer el hierro oxidado en carne ajena. En el fondo dan un poco de amargura y de pena, pues nunca alcanzan a ganarse un verdadero lugar en el corazón de la muchedumbre y así les ocurre justo lo contrario que a nuestro Cervantes, que aun por irrecuperables que humanamente parezcan a primera vista sus personajes siempre acaba sacándolos a flote y eso, claro está, la gente se lo agradece mucho. Ya lo creo que se lo agradece.

    Por el contrario, estos irascibles resultan como náufragos fluviales llenos de ruido y cólera que nadan exhaustos por el cauce de los rápidos sin saber muy bien a dónde se dirigen, y sin llegar tampoco a alcanzar jamás, entre las turbulentas corrientes, el sosegado banco de arena desde el que poder al menos “vislumbrar el lado tercamente glorioso de los hombres, los cuales, incluso en justificación de sus acciones más viles, son capaces de edificar monumentos de perdón, comprensión y esperanza”.

    Comentado por: Onagro el 01/12/2006 a las 16:57

  • Estimado Félix, se me ha venido a la mente Spinoza cuando he leido lo del odio bien dirigido. ¿Cómo evitar que el odio se vuelva contra uno, o conseguir que tarde en volver?
    Bernhard, por lo demás, se odia también a sí mismo, lo que no parece el caso de Canetti.

    Comentado por: Manolo Ávila el 26/12/2005 a las 01:12

  • Esta entrada del blog me recuerda mucho a la manera de narrar de Andrés Trapiello en su Salón de Pasos Perdidos.
    De acuerdo totalmente. Iris era una escritora insoportable y Canetti es un autor ¿sobrevalorado?

    Comentado por: Theo Sarapo el 06/12/2005 a las 00:12

  • ¡Qué casualidad!
    en Azúa, Iris M. vs. E. Canetti
    y en Rioyo, al otro lado del espejo,
    Pardo Bazán vs. Pérez Galdós.
    Dobles (viejas) parejas.
    Aunque no hay color.

    Comentado por: Sr. Verle el 05/12/2005 a las 19:12

  • Hola ,esto del blog es nuevo no ? este sera divertido ,mi primera aportación seria recomendar la obra del escritor mallorquin Cristobal Serra . Espero opiniones ,gracias y felicidades

    Comentado por: albert el 05/12/2005 a las 19:12

  • Canetti alterna las ideas ocurrentes con aforismos incomprensibles, cuando no claramente erróneos. Y se toman esos aforismos como lo que muchas veces son, metáforas ocurrentes y llenas de ambigüedad literaria, ni siquiera están equivocados. Buen ejemplo de ello, Apuntes, 1973-1984.

    Eso tal vez sea consecuencia de lo que escribe don Félix: que sólo le "pnía" el odio.

    Comentado por: Fernando Peregrín el 05/12/2005 a las 14:12

  • Estimado Félix
    Permítame disentir en lo relacionado con el "odio" de Bernhard. Yo no creo que ese sentimiento exitase a TB -ni siquiera en "Plaza de los héroes" se trasluce el odio-; muchas otras cosas sí, el pesimismo, la misantropía, la avaricia, la indigencia intelectual, la hipocresía, la "maldad"; pero sobre todo la vulgaridad.
    Ton ami
    Pierre

    Comentado por: Pierre Angélique el 05/12/2005 a las 14:12

  • El odio de Bernhard me recuerda a las biliosas diatribas de sir Johnson contra los escoceses. Incluso a mí me conmueve ese odio necesario para pensar y escribir. Y para (bien) amar.

    Comentado por: James Boswell el 05/12/2005 a las 12:12

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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