PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 21 de agosto de 2017

 Blog de Félix de Azúa

Inicuo paso primitivo

Przewalski

Son cuatro cabezas equinas fáciles de reconocer ya que todavía hoy se pasean por la estepa mongol unos pocos caballos de Prezewalski, que no son sino sus descendientes. Se trata de animales paticortos, cabezones, de vientre prominente, pero insensibles al hielo y de inagotable fortaleza. Sin embargo, lo que sorprende en estas cuatro cabezas no es tan sólo la exactitud del trazo, la seguridad y elegancia de la curva que define la quijada, la perfecta proporción de orejas y ollares, sino, por encima de todo, los ojos. La mancha ocular es apenas una leve almendra negra protegida por el hueso de la órbita, pero tiene la expresión tan viva como los ojazos forrados de pestañas y reflejos cristalinos de los caballos de Rubens. No obstante, no es la misma mirada. En Rubens, en Velázquez, el ojo del caballo montado por un rey o un condotiero, es un ojo abrumado por la gloria del jinete y se abre desmesuradamente, como espantado por la responsabilidad. Muy al contrario, en estos cuatro caballos los ojos tienen la mirada a medio párpado, tierna, dócil, turbadora, que hace del caballo una bestia inseparable del humano.

El segundo aspecto remarcable del dibujo es la crin, corta, de cerda gruesa, alineada en paralelo al robusto cuello, similar a las crestas de algunos soldados afroamericanos, un cepillo tan duro al tacto como la roca sobre la que están pintados en la cueva de Chauvet. El dibujo se encuentra en la llamada Galería del Megaloceros junto a esquemas que parecen corresponder a los antecesores del rinoceronte y el alce. En estas paredes de roca es posible que los aprendices probaran el uso del carbón de pino y ensayaran sus primeras representaciones bajo la dirección de un maestro. Lo asombroso es que estas imágenes, las primeras que conocemos atribuibles a humanos de hace treinta y dos mil años, son ya perfectas. Las cuatro cabezas equinas de Chauvet no tienen nada que envidiar a la soberbia cuadriga helena que corona la basílica de los Dux venecianos y son muy superiores a los caballos de Meissonier o de Gericault./upload/fotos/blogs_entradas/jeanlouisernest_meissonier_caballos_med.jpg

Prueba concluyente de nuestra frivolidad es que sin saber apenas nada sobre tan inquietantes imágenes, las hemos aceptado con toda normalidad. ¿Normal, la aparición de las imágenes en la vida del universo? ¿Y su perfección súbita, como si hubieran estado esperando detrás de un velo? ¿Su inescrutable función en una sociedad con poca necesidad de adorno y en el límite de la supervivencia? Todas las hipótesis sobre el arte rupestre han ido fracasando una detrás de otra. No son imágenes "religiosas" porque no es posible separar un ámbito específico para lo religioso en aquellas hordas de cazadores nómadas. O bien todo era religioso o bien nada lo era. Posiblemente nuestros abuelos, como nosotros, ni eran religiosos ni creían en dioses, aunque temían a las fuerzas inaprensibles que podían causar daño y les ponían nombre, como hoy se lo damos al cáncer o al cambio climático. Tampoco podemos decir que formaran parte de un ritual venatorio, porque si bien hay representaciones de escenas de caza no por eso se las puede relacionar con ningún ritual, del mismo modo que una pintura ecuestre de Velázquez solo tiene una remota relación con el protocolo de las monarquías absolutas.

Lo que es indudable es que en algún momento los humanos necesitaron (¿necesitamos? ¿seguimos siendo humanos como ellos o hemos dejado ya atrás esa tan particularmente frágil condición?) y por lo tanto produjeron, imágenes. ¿Por qué, con qué finalidad? Ninguna hipótesis hasta ahora resiste el análisis. Sólo podemos aventurar que las imágenes nacieron (y nacieron perfectas) cuando los humanos sintieron la irresistible necesidad de ver hacia fuera, de manera que se convirtieron en "el punto de vista", el lugar orográfico desde donde "se ve". La aparición de las primeras imágenes inventa la visión (en absoluto lo contrario) como un instrumento ya propiamente técnico para ampliar nuestro cuerpo. La máquina de construir mundos posibles se había puesto en movimiento y gracias a ella el mundo obligatorio, aquel al que habíamos sido condenados (lo que más tarde llamarán El Edén) se convertía en un dominio controlado.

¿Qué sucedió hace treinta y dos mil años para que una necesidad tan insensata se hiciera inevitable? Insisto: ¿qué necesidad era esta que separaba con un hachazo inicuo (y para siempre) el ámbito que poco más tarde se llamará "Madre Tierra" o "Naturaleza" y los humanos capaces de representarla con imágenes desde fuera? ¿Y sucedió sin lucha? ¿Nadie se vio sacudido por el terror de lo que aquella separación ponía en marcha? ¿No hubo entonces humanos sensatos que se negaran a abandonar la tierra común? Nunca lo sabremos, pero podemos sospechar que la perfección de las imágenes rupestres esconden quizás cientos o miles de años de enfrentamiento e iconoclastia./upload/fotos/blogs_entradas/pinturas_rupestres_de_la_cueva_de_chauvet_med.jpg

Representar caballos, bisontes, mamuts o cérvidos era rebajarlos de rango, reducirlos a unidades abstractas e intercambiables. Ya nunca más podríamos hablar de éste caballo o aquel otro, entes tan perspicuos como tú y como yo. A partir de la primera imagen quedaba dominada la totalidad de los caballos y podía llegar Platón (veintinueve mil quinientos años más tarde) para darles la definitiva patada que los elevaría al mundo de las Ideas, allí en donde se puede amar sin dolor.

Los humanos somos aquello que de nosotros dicen nuestras imágenes. La constelación de imágenes que determina nuestra inserción en el mundo es lo que marca inflexiblemente aquello que podemos ver y lo que para siempre será invisible. Tal es el rigor de la pérdida que habremos de concebir un empleo específico, con nombres diversos hasta llegar al de "artista", para que alguien atisbe (o fantasee) más allá de lo que es imposible ver. Entre el niño que pudo ver bisontes y caballos en los muros de su hogar y aquel que nunca los vio, hay una separación inicua.

Para quien nunca conoció imágenes, los caballos y bisontes reales eran esplendores que se cruzaban algún día en su camino, sea galopando o ya muertos y con las entrañas humeantes, arrimados por los cazadores al poblado. Estos caballos y bisontes individuales eran escasos en la vida de cualquier niño y tan cercanos a la muerte como los humanos mismos que les daban caza. Hubo de haber un respeto profundo entre los mortales cazadores y aquellos otros mortales cuya carne les alargaba la vida. Por el contrario, para el niño que ya creció viendo bisontes y caballos en los muros de su hogar, los ejemplares vivos o muertos que se cruzaron en su camino eran sólo copias (o casos) de los verdaderamente únicos y reales caballos y bisontes que presidían el hogar. Las imágenes eran lo permanente. Sus copias vivas en el mundo, tan sólo formas efímeras que como sombras se cruzaban un instante con la luz solar para desaparecer de inmediato.

Una vez traspasada esa frontera, una vez admitida la impiedad original (obsérvese que esa impiedad no tiene lugar en el choque de un torero con la bestia singular que le ha tocado en suerte, la cual siempre tendrá la misma individuación y nombre propio que su matador, a diferencia de la res de matadero), una vez dado el paso fatal de dominar el mundo mediante representaciones y signos, ¿no era lo obligado, o por lo menos lo esperable, proceder a la siguiente ambición de dominio mediante el invento de los dioses, los cuales aparecieron (y se ocultaron) en el acto mismo de ser representados en imagen? Quienes convivieron desde la infancia con imágenes de los dioses, ¿cómo iban a creer en ellos y reconocerlos si alguna vez se cruzaban con una figura asombrosa y espléndida?

Para los niños educados ya entre imágenes de dioses, el mundo sólo estaba poblado por humanos y fantasmas. Nosotros, que ya sólo tenemos imágenes, ¿con quién compartimos el mundo? 

Artículo publicado en: El País, 13 de septiembre de 2008.

[Publicado el 15/9/2008 a las 10:25]

Compartir:

Comentarios (15)

  • vuestras opiniones son una hecatombe...
    Que sociedad mas inculta.

    Comentado por: Felix de Azua el 12/2/2010 a las 12:46

  • es mui buena la pagina y yo no lo creia que soi tonta yo

    Comentado por: enifer el 17/8/2009 a las 22:01

  • ole voleta

    Comentado por: juan el 17/4/2009 a las 03:22

  • muy biennnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn

    Comentado por: SIRIDAN el 01/3/2009 a las 05:05

  • aburido aburrido aburrido

    Comentado por: reimon el 30/10/2008 a las 22:15

  • El cuadro que representa a Napoleón y que acompaña al texto es una maravilla. Ignoro su autor pero éste comete un error al representar a un caballo al paso: la mayoría de los cuadrúpedos, excepto los camélidos y algunos otros, no andan de esa manera. Cuando su pata delantera derecha está adelantada, su trasera derecha está atrasada, su delantera izquierda atrasada y su trasera izquierda adelantada. Este error se da en el caballo de Napoleón como en el del jinete que le sigue.

    Dirán ustedes que me fijo en estupideces. Y llevan razón.

    Comentado por: Rafa el 13/10/2008 a las 09:08

  • Es que, mein Herr, algo-parecido-al-arte comienza imitando aquello que se admira y sin embargo nos es huidizo. Y lo verdaderamente revolucionario (lo que da el definitivo paso del paleolítico al neolítico) es precisamente el hecho de que el arte no sirve para nada... para nada más que, como dice la amiga "de la comparsa", dejar constancia de que vivimos.

    Comentado por: provoqueen el 19/9/2008 a las 21:34

  • Lo más deprimente de este blog son los comentarios. Leyéndolos uno acaba pensando que la humanidad se divide entre aquellos a los que les gustaría ser Herr Félix de Azúa y aquellos que, gracias a alguna de sus lecturas, se creen por encima de Herr Félix de Azúa.

    Comentado por: Meine Damen und Herren el 17/9/2008 a las 21:35

  • Yo creo que en el nunca suficientemente ponderado "Diccionario de las Artes", Félix de Azúa tal vez diría que lo que pretendían esos primeros artistas era "completar el mundo y humanizarse, distanciándose de la Naturaleza y aprehendiéndola al mismo tiempo". Pero lo mejor sería que lo dijera, fuera esa o no la imcompleta respuesta. Que continuara esa imprescindible obra donde se echan en falta muchas entradas.Yo lo espero...todavía.

    Comentado por: tenedor de postre el 16/9/2008 a las 10:21

  • Un tio dibuja un caballo , el primer tio que dibuja un caballo , lo dibuja , entonces llega otro y le dice , eso es una mierda no se parece a un caballo , el pintor dice , vale y sigue intentando hasta que le sale . Unos miles de años despues un tio pinta un caballo , llega otro tio previo pago de entrada y dice , eso es una mierda no se parece a un caballo , el que pinto ya no directemente sino mediante publicación se defiende o quiza ataca : Bueno mi arte tiene que ser comprendido , no soy facil .

    Comentado por: albert el 15/9/2008 a las 22:34

  • ¿Por qué pintaban? Seguramente por el mismo motivo por el que ahora mismo estamos aquí todos nosotros: La existencia.
    Pintaban como escribimos, para permanecer, por ser conscientes de la existencia, para repetirse que podían ver y oír, tocar y ser tocados, comer y escapar aunque, alguien, una vez, me dijera que aquellas personas pintaban en las cuevas, ya fueran animales solitarios o en manada, para atrapar sus “almas”, para asegurarse de antemano las presas, dejando constancia de sus formas, las de los animales y las de los cazadores.
    Vivir y permanecer. Trazos que marcan la respiración, huellas, pasos, escribir, pintar, existir. Voilà!

    Comentado por: De la comparsa el 15/9/2008 a las 22:28

  • Recientemente Demetrio Pin abordó en su pagina de al lado la cuestión de la condición diferencial del ser humano que según él seria la de el ser de palabra y la mas acotada de Azúa,la del homo artístico.
    A si,el inicuo paso primitivo no es otra cosa que la perdida de la inmanéncia,la expulsión del Paraíso.
    ¿ Por qué empezaron a pintar ?. Ante todo por que tenían la suficiente habilidad para ello pero el por qué lo hicieron lo encuentro evidente: lo hicieron pura y simplemente por placer. Placer que al contemplar esas obras,no siempre ha sido a si,sentimos actualmente algunos individuos.

    Otra vuelta de tuerca,treinta mil años después, ¿ por que tantos ?,aparece el retrato,el hombre se representa a si mismo. Es un nuevo estado de conciencia,¿ el nacimiento de la conciencia acaso ?.

    Veremos si Azúa,y Pin vuelven sobre ello.

    Los recientes trabajos de Quesada y Quirált de la UB sobre el Arte Levantino,con rigor y claridad,dan una información valiosa sobre el tema.

    Comentado por: maleas el 15/9/2008 a las 20:58

  • Inicuo, inocuo, perspicuo... la rima interna de D. Félix.
    Recién leída su cuarta página, en la 'librería' que surte de periódicos al ámbito rural, entre el maremagnum de textos escolares prêt-à-acheter, me aparece en forma de libro de bolsillo la recopilación de sus primeros posts, aquí, y una lista final de comparsas, donde la visión de todos los heterónimos con los que has tenido que ver te llena de nostalgia de entonces. Saludos.
    Ah!, a lo mejor no sabe D. Félix lo dificilísimo que es dibujar caballos al natural, aunque sean Equus caballus przewalskii.

    Comentado por: Tipo Material el 15/9/2008 a las 18:05

  • Para el que sepa y no sea un primitivo cultivado en imágenes como yo, le debe resultar más esclarecedor el esotérico escrito de Félix. Yo, cultivado en imágenes de televisión, no doy pies con bolo : dice De Azúa que "Todas las hipótesis sobre el arte rupestre han ido fracasando una detrás de otra." Que si no son imágenes "religiosas", que si no forman parte de un ritual venatorio, etc, etc, todas, en definitiva vienen a resultar un fracaso. Sin embargo, son hipótesis igual de aventureras que la "de ver hacia fuera" , con el posible añadido de que, igual que hay el lugar 'desde donde "se ve"', haya también, y se cuente con ello, con un lugar desde donde se nos ve ( la mujer cuenta con este último lugar más que el hombre, por poner ejemplo). Machado: el ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas / es ojo porque te ve. Así, el cazador primitivo --no se puede negar que eran cazadores-- contara con que lo viera la presa, y el bisonte o caballo o liebre, contara con ser un probable cazado, y en fin, el hombre primitivo lo objetivara en horas de caza y lo recreara o lo enmarcara, representara, en horas de descanso a la luz de la lumbre. Que es una de las reducidas cosas que el hombre primitivo podía hacer en la cueva. Lo que al hombre primitivo le falta es el marco. Aún no domina el espacio.

    Demuestra De Azúa alguna conmiseración por los bichos al decir que, representados, quedan rebajados y a merced del ser humano, y en imagen platónica (¿humana?) con un amor sin dolor, que se queda el caballo sin parecer alguno de caballo, un caballo que no es caballo, y del que podemos decir igual de uno que fuera dibujado en papel,que no es caballo, y a raíz del dibujo, conjeturar que es un caballo capado que ha perdido el brillo del pelo aparte de la pilila. Recuerdo que Fernando Savater ( o del ejercicio de la libertad), aficionado como es a los caballos, que decía del equino que en video o cine pierde, venía a decir, la esencia. Que es imposible representar o capturar lo que vemos cuando lo vemos galopar en la realidad. ¿Es esto lo que quiere dar a entender De Azúa pero en pintura?

    Comentado por: Delfín el 15/9/2008 a las 13:55

  • Pero el ‘punto de vista’, ¿es inicuo(contrario a la equidad, e incluso malvado e injusto)?, o ¿es inocuo ( que no hace daño)? Las imágenes externas y ya elaboradas, ¿dónde ubicarlas desde esa extrañeza?
    De todas formas, don Félix, ‘chapeau’ por esas reflexiones sabatinas, capaces de arrastrar las esquirlas ocultas de los mejores pensamientos. Aunque a veces, produzcan escalofríos. Aunque a veces, provoquen desasosiego.

    Comentado por: El Pozo y el Numa el 15/9/2008 a las 11:08

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) es su último libro.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 




 

Ensayo

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres