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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 22 de agosto de 2008

Blog de Félix de Azúa

La mejor novela jamás escrita

Han pasado veinte años. El héroe se ha perdido mil veces por el laberinto de los mares. Ha conocido el canto que muda a los humanos en peleles sin alma ni cerebro, pero ha logrado huir de las Sirenas. Ha compartido lecho con la gentil Calipso, la más bella reina de todas las islas. Antes de clavar una estaca en su único ojo, ha visto cómo un cíclope devoraba a sus compañeros. Ha sido cautivado por Circe, poderosa hechicera. Le han acosado las potencias celestes guiadas por Zeus y por el arcaico Poseidón cubierto de algas, conchas y corales. Secretamente le ayudaba Atenea a urdir trampas y armar máquinas, pero ahora la diosa de espíritu ígneo debe asistirle una última vez porque Ulises va a matar a los cien pretendientes que acosan a su esposa.

Llega a Ítaca con el cabello cano, disfrazado de mendigo, envuelto en harapos. Hiede a senectud y miseria. Así pasa inadvertido y puede tramar con esmero su venganza. Los cien pretendientes son crueles guerreros y él está solo. Tiene la complicidad de su hijo Telémaco, pero es un muchacho. Nadie más sabe que el amo está en palacio. Nadie le reconoce, ni siquiera su mujer, Penélope. Y entonces tiene lugar una de las escenas más sublimes de la literatura universal.

Durante esos veinte años, el perro de Ulises, un mastín llamado Argos, ha ido envejeciendo. Incluso para una bestia fuerte y membruda veinte años son muchos, pero además ha sido torturado por los pretendientes, le han apaleado, le han impedido comer y beber, le han atado con sogas, le han echado de la ciudad. /upload/fotos/blogs_entradas/ulises_1_med.jpgAhora agoniza sobre un montón de estiércol a las puertas de Ítaca. Cuando el mendigo va a cruzar el umbral, Argos menea la cola y con un supremo esfuerzo alza la cabeza para saludar a su amo: sólo él le reconoce. Luego muere. La cólera de Ulises entra en Ítaca.

Esta es una historia inmortal. Nos la sabemos de memoria, pero amamos oírla de nuevo. Me la ha vuelto a contar Pietro Citati en su deslumbrante Ulises y la Odisea (G Gutenberg) y me ha conmovido como si no la hubiera oído nunca. Lo inmortal nace todos los días.

Artículo publicado en: El Periódico, 12 de julio de 2008.

[Publicado el 14/7/2008 a las 10:13]

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Comentarios (47)

  • qué tonta eres hija, Vivinq

    Comentado por: felisa el 20/7/2008 a las 20:43

  • Buenos días,

    Que maravillosa obra, había olvidado algunos detatalles además de lo importante que fue para mi cuando la leí; fue hace mucho tiempo, cuando era una adelecente y la verdad que me transporto a una época mágica, de amores eternos, Dioses buenos y malos, sirenas que embrujan con su canto y la lucha del bien sobre el mal.

    Gracias por recordarlo, lo volveré a leer.
    Un saludo,

    Comentado por: Viviana el 19/7/2008 a las 14:51

  • "Querido hijo, me pides un justificante que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificante, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás. No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuando tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, no lo serían sin un estudio serio de la religión.

    Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?

    Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender historia y la civilización de los griegos de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización? En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha
    inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen? En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones? Si se trata de derecho, de filosofía o de
    moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal? -éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau-.

    Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampere era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas.

    ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos
    tus estudios? Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

    Ya que hablo de educación: ¿para ser un joven bien educado es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia? Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple "savoir vivre", hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas,
    debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

    Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión; pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad

    Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad, exige la facultad de poder obrar en sentido contrario. Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún
    compromiso podría excusarme de esa obligación».

    Jean Jaurés
    L'Humanité 1905

    Comentado por: copia/pega el 19/7/2008 a las 13:52

  • Man of a Thousand Faces
    A review of Homer’s The Iliad and The Odyssey: A Biography, by Alberto Manguel

    Joseph Tartakovsky
    Summer 2008
    Claremont Review of Books.

    It is said that the young Alcibiades, visiting a grammar school around 430 B.C., asked the teacher for a volume of Homer and, hearing there was none, struck the hapless teacher and left. Ancient geographers like Strabo thought to learn their art from the blind bard; Stoics studied what they considered Homer's didactic allegories. Military commanders pored over his lays so as to avoid Agamemnon's errors and mimic Odysseus's guile. Socrates called Homer the "best and most divine" of poets, and Plato's dialogues, for all their censure, refer to him, by one estimate, 331 times. Plutarch claims that Aristotle himself prepared an edition of the Iliad for his pupil Alexander, who kept the book "with his dagger under his pillow, declaring that he esteemed it a perfect portable treasure of all military virtue and knowledge." A 2nd-century B.C. marble relief depicts Homer as Father of Humankind, crowned by Time and Space themselves.

    Alberto Manguel's slim "biography" is a literary history of Homer's epics, half criticism, half Britannica entry. In each of 22 short chapters, averaging ten pages apiece, he examines an angle of the Homeric phenomenon: the question of his existence; his reception by Greek philosophers; his heirs Virgil and Dante; the agonies of St. Jerome and Augustine of Hippo in reconciling him with Scripture; the excavation of Troy; his role in French debates between anciens and modernes; and his lessons on war and peace. Manguel flits about in time, but the progression is roughly chronological, from Homer's heroic age to our insistently anti-heroic one. The epics, thought to have been composed in the 8th century, have had few rivals in the inspiration of pedantry: an ancient scholar named Demetrius of Scepsis amplified 62 lines from the Iliad's Catalogue of Ships into 30 volumes. But Manguel, a critic, novelist, and translator born in Argentina and now living in France, writes with intelligence and curiosity. For a man of letters who has edited 23 anthologies and is reputed to possess a library of 30,000 volumes, he mostly avoids ostentation.

    Manguel's intent is to show that, for over 2,500 years, countless members of the species have found "in these stories of war in time and travel in space...the experience of every human struggle and every human displacement." The Iliad and Odyssey, which can be thought to represent the two great metaphors of life, a battle and a journey, are the "books which, more than any others, have fed the imagination of the Western world." In the 8th century A.D., Byzantine schoolchildren were still expected to have much of the Iliad by heart. Six hundred years later, during the Renaissance, Homer remained the cornerstone of every ambitious library. A friend sent Petrarch a Greek manuscript of Homer, which the father of humanism treasured despite ignorance of the language. "Your Homer lies mute by my side," Petrarch wrote his friend, "while I am deaf by his, and often I have kissed him saying: ‘Great man, how I wish I could hear your words!'" In 1580, Montaigne declared Homer one of the three "most excellent of men," alongside Alexander and the Theban general Epaminondas. Dr. Johnson observed in 1765 that "nation after nation, and century after century, has been able to do little more than transpose his incidents, new-name his characters, and paraphrase his sentiments." Even today, it is possible that Homer the poet is better known than Homer the cartoon character.

    Votaries of the "man of a thousand faces," in Manguel's play on Christopher Marlowe's phrase, constitute a gallery of literature's great and lesser figures, from Herodotus to Racine to Tennyson to Derek Walcott. Manguel discusses works that but for Homer wouldn't exist, from the plays of Aeschylus (who claimed his labors were mere "slices from the great banquets of Homer") to the Arabic Sinbad tales, from Milton's Paradise Lost to Joyce's Ulysses; he assigns equal space to obscurities like Jean Giraudoux's La Guerre de Troie n'aura pas lieu (1935) and Timothy Findley's Famous Last Words (1981). But even immortal Homer has critics. Diderot's Encyclopédie sniffed at him as a relic of barbaric antiquity. Speaking for roughly 75 generations of schoolchildren, Churchill observed in My Early Life (1930), "Mr. Gladstone read Homer for fun, which I thought served him right."

    * * *

    Homer is Greek to me, as to most, which can make the selection of a translation nearly as important as the decision to read him in the first place. Manguel nominates two English versions for acclaim: Alexander Pope's (Iliad, 1715-1720; Odyssey, 1725-26) and the late Robert Fagles's (Iliad, 1990; Odyssey, 1996), using the latter for his citations. As Manguel says, Fagles is rightly "praised for his accuracy and modern ring"; others (like me) prefer Pope's music and nobility. Fagles himself served as associate editor in preparing the definitive Twickenham Edition of Pope's Homer, masterpieces he declared "impossible to equal." Compare the rough-hewn Fagles, then the stately Pope, rendering the passage in Iliad, Book XVI, that depicts Achilles and his tribesmen, whose withdrawal from the fighting had been disastrous to the Greeks, girding themselves at long last to rejoin the war:

    Prince Achilles, ranging his ranks of Myrmidons,
    arrayed them along the shelters, all in armor.
    Hungry as wolves that rend and bolt raw flesh,
    hearts filled with battle-frenzy that never dies—
    off of the cliffs, ripping apart some big antlered stag
    they gorge on the kill till all their jaws drip red with blood,
    then down in a pack they lope to a pooling, dark spring,
    their lean sharp tongues lapping the water's surface,
    belching bloody meat, but the fury, never shaken,
    builds inside their chests though their glutted bellies burst—
    so wild the Myrmidon captains, Myrmidon field commanders
    swarming round Achilles' dauntless friend-in-arms

    ♣
    Achilles speeds from tent to tent, and warms
    His hardy Myrmidons to blood and arms.
    All breathing death, around their chief they stand,
    A grim, terrific, formidable band:
    Grim as voracious wolves that seek the springs
    When scalding thirst their burning bowels wrings
    (When some tall stag, fresh-slaughtered in the wood,
    Has drenched their wide, insatiate throats with blood)
    To the black fount they rush, a hideous throng,
    With paunch distended, and with lolling tongue,
    Fire fills their eye, their black jaws belch the gore,
    And gorged with slaughter, still they thirst for more.
    Like furious rushed the Myrmidonian crew,
    Such their dread strength, and such their deathful view.



    * * *

    In recounting disputes over Homer's existence, the nature of his instruction, or his compatibility with monotheism, Manguel maintains an amused neutrality. But on occasion he asserts himself. When Émile Zola calls Homer's heroes "nothing but gang bosses," for example, Manguel labors to show the complexity of Homer's portrait of humanity and the sorrows of war. Homer can bathe his warriors in gore and fury, but they also appear in the most touching domestic poses. Here from Iliad, Book VI, is the scene in which Hector bids farewell to his infant son, as his wife Andromache looks on, before he returns to the great fray outside Troy's walls (again, Fagles, then Pope). In all poetry, writes Pope, there "never was a finer piece of painting than this":

    In the same breath, shining Hector reached down
    for his son—but the boy recoiled,
    cringing against his nurse's full breast,
    screaming out at the sight of his own father,
    terrified by the flashing bronze, the horsehair crest,
    the great ridge of the helmet nodding, bristling terror—
    so it struck his eyes. And his loving father laughed,
    his mother laughed as well, and glorious Hector,
    quickly lifting the helmet from his head,
    set it down on the ground, fiery in the sunlight,
    and raising his son he kissed him, tossed him in his arms,
    lifting a prayer to Zeus and the other deathless gods:
    "Zeus, all you immortals! Grant this boy, my son,
    may be like me, first in glory among the Trojans,
    strong and brave like me, and rule all Troy in power
    and one day let them say, ‘He is a better man than his father!'—
    ...So Hector prayed
    and placed his son in the arms of his loving wife.
    Andromache pressed the child to her scented breast,
    smiling through her tears.

    ♣
    Thus having spoke, th' illustrious chief of Troy
    Stretched his fond arms to clasp the lovely boy.
    The babe clung crying to his nurse's breast,
    Scared at the dazzling helm, the nodding crest.
    With secret pleasure each fond parent smiled,
    And Hector hasted to relieve his child,
    The glitt'ring terrors from his brow unbound,
    And placed the beaming helmet on the ground.
    Then kissed the child, and lifting high in air,
    Thus to the Gods preferred a father's prayer.
    "O thou! whose glory fills th' etherial throne,
    And all ye deathless pow'rs! protect my son!
    Grant him, like me, to purchase just renown,
    To guard the Trojans, to defend the crown,
    Against his country's foes the war to wage,
    And rise the Hector of the future age!
    So when triumphant from successful toils,
    Of heroes slain he bears the reeking spoils,
    While host may hail him with deserved acclaim,
    And say, ‘This chief transcends his father's fame':
    ...He spoke, and fondly gazing on her charms,
    Restored the pleasing burden to her arms
    Soft on her fragrant breast the babe she laid,
    Hushed to repose, and with a smile surveyed.
    The trouble pleasure soon chastised by Fear,
    She mingled with the smile a tender tear.


    Homer famously suffered the occasional nod, but Manguel, apparently wide awake, threatens in some chapters to put his readers fast asleep. When his march through literature arrives at Goethe, Schiller, and the German Romantics, things begin to get heady. Then Nietzsche swaggers onstage, mind-boggling as ever. He is followed by Freud, who psychoanalyzes Achilles' subconscious and deciphers Homeric symbolism. Enter Carl Jung to obscure things further by clarifying Freud. By this point Manguel is producing sentences like the following:

    For Jung, this meant that Homer unconsciously identified with Nature, creating by analogy an association between the subject poet and his thematic object, lending it his creative power and representing it in a certain way because that is the way it shapes itself with him.



    The reader yearns for the clarity of the non-Teutonic chapters and recalls, with improved understanding, the epigraph gracing one of them, from Swift: "As learned commentators view / In Homer more than Homer knew." But taken all in all, the book shows why Homer will continue to mesmerize. By the end, the reader understands Manguel's awe:


    How astonishing that, in a language we no longer know precisely how to pronounce, a poet or various poets whose faces and characters we cannot conceive, who lived in a society of whose customs and beliefs we have but a very vague idea, described for us our own lives today, with every secret happiness and every hidden sin.
    About the Authors

    Joseph Tartakovsky is an associate editor of the Claremont Review of Books.

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    Comentado por: copia/pega el 18/7/2008 a las 17:03

  • Quizás, fuera de lugar y a destiempo. Copio y pego.


    Vientre de estrellas, la cueva de Platón.
    ¿Qué querrá decir “nosotros, prisioneros,
    altos, bajos, (yo, gitano)”.
    Somos el centro y la medida;
    ¿prisionera y alta?, ¿más bien baja?,
    ¿será medida el infinito?
    (tengo un dios y siempre alcanza)

    Una nube cruza el cielo
    (¡cuánto echaba en falta una ventana!)
    y cada lumbre… (¿había vida
    antes del teatro?) …enciende sombras
    del teatro que me nombra.

    ¿Qué querrá decir “la cueva de Platón”?
    (Vientre de estrellas y nosotros
    enterrados en tanto en cuanto
    no viaja el pensamiento,
    desterrado). ¿Dónde una sombra?



    ………………………………………………………..
    Y, ya puestos, copio y pego.
    ………………………………………………………..
    ¿Era con gusto o contragusto
    que la vida se volvía
    a ritmo lento, más,
    mucho más lento,
    instantanea, una escultura?

    En el último momento, un chispazo
    (¿fue por suerte la desgracia,
    lucidez el martillazo?)
    y ya por siempre
    (seguir vivo es alejarse)
    cojeando.

    Comentado por: Yanisé el 18/7/2008 a las 16:44

  • No sé como es la versión que da el Citati este, pero hay algo que me suena a mí a la sempiterna propensión a recontar las viejas historias como "deberían ser", realizar resúmenes o paráfrasis que en realidad expresan deseos privados o colectivos. En el caso de la Odisea, el novelón de los novelones, tenemos un comienzo in media res, o más bien en penultima res: si el argumento tuviera 10 partes, comenzaríamos en la 9ª, y a base de flashbacks nos contarían las 8 anteriores. Y para colmo la 10ª es casi tan extensa como las demás juntas, las de los vagabundeos y aventuras que todos conocemos. Me gustaría saber hasta que punto Citati refleja esto. Es obligado pensar que nuestros modelos siempre lo son de perfección, equilibrio y clasicismo, y así creer que las artes pogresan y ganan en libertad y atrevimiento. Como creer que las esculturas áticas eran blancas e inmaculadas, ya se sabe. Cosa de fuuncionarios de la Cultura, esos que siempre acaban engañándose a sí mismos. Claro que estas correcciones también tienen un aspecto menos venal. Pienso en el comentario de Ferlosio, sobre "Destino y carácter": en el personaje de carácter lo que cuenta es la experiencia que siempre vuelve (una expresión que coge de Benjamin pero que es de Nietzsche, by the way): Pinocho siempre será un niño de madera, y Ulises aquél que siempre está volviendo, no el que vuelve.

    Comentado por: ifigenia morales el 18/7/2008 a las 09:53

  • Gracias

    Comentado por: albert el 17/7/2008 a las 19:33

  • Para Albert, por si le interesa.

    http://goncalomtavares.blogspot.com/

    Comentado por: gato p. el 17/7/2008 a las 19:16

  • Esto venía por lo de "sería mejor no esperar de la política una respuesta a la pregunta por el sentido del ser", y por lo de "me da la impresión de que la filosofía tiende al centro democrático".
    Así es, a veces sin demasiada lógica salvo la del regateo, la negociación, la componenda, la diplomacia...
    Y sin embargo la política, como se ha dicho de la filosofía, también nos atañe a todos.

    Comentado por: provoqueen el 17/7/2008 a las 09:55

  • Efectivamente, Juliano, muchas cosas que ocurren en democracia no pueden pensarse en términos filosóficos, ni de justicia, y si me apuran ni siquiera de mucha lógica, sino que son simple resultado de la aritmética, o de la negociación. Por ejemplo, a veces se ven cosas raras en los convenios colectivos, y uno se pregunta de dónde demonios habrá salido tan extraña cláusula. Pero la cosa recobra sentido si uno reproduce la situación anterior a la firma: la explicación suele estar en que era la única manera de acercar posturas, lo único "firmable" por dos partes contrapuestas, el resultado de un regateo.

    Comentado por: provoqueen el 17/7/2008 a las 09:02

  • "...incluso es bueno que lo tengamos a fin de aprender de sus errores que sería mejor no esperar de la política una respuesta a la pregunta por el sentido del ser." Eso sí que está bien. Porque me dsa la impresión de que, si "la filosofía tiende al centro democrático", es porque se toma tal posición política como punto de partida, y luego se crea una filosofía/ideología a medida. Que es justo lo que podemos echarles en cara a nuestros pensadores locales: desengañados del comunismo, el anarquismo, el franquismo, el situacionismo, readaptan su visión del mundo a su actual situación en el mercado. No es raro que los otrora más radicales carezcan ahora de escrúpulos a la hora de pedir reformas constitucionales a la carta y de sumarse a campañas demagógicas varias, vengan de quien vengan. No, no puede acabar bien quien busca en la política la respuesta a las preguntas trascendentes.

    Comentado por: julianolapostata el 17/7/2008 a las 08:45

  • ...megalómanos patéticos embriagándose con sus propios pedos

    Comentado por: ...tan equivocado todo, con lo fácil que resultaría simplemente pegarle al charlatán con un palo en la cabeza el 16/7/2008 a las 18:19

  • En defensa de Heidegger se ha esgrimido el argumento de que, quien piensa a lo grande, comete grandes errores. Veo en ello una improcedente manera de hablar que encubre el problema. Nos acercaremos mejor a él con una metáfora: antes en una cámara fotográfica había que conformarse con tres enfoques, con tres «objetivos». Uno de larga distancia, otro para lo cercano, y un tercero de distancia media, es decir, para lo usual. La filosofía de Heidegger proporciona grandiosas imágenes relativas al lejano horizonte de la historia del ser, así como impresionantes captaciones de cerca en relación con situaciones existenciales de la angustia, de la preocupación y del aburrimiento. Por tanto, la filosofía de Heidegger es muy buena para lo totalmente cercano y lo totalmente lejano. Pero él carece del objetivo correspondiente para la distancia media, para aquel lugar donde podemos sospechar que está la razón provisoria de lo político. En este ámbito no podemos esperar de él imágenes utilizables.

    Ahora bien, esta carencia no habría de preocuparnos en exceso, pues entre tanto tenemos una superoferta de filosofía más correcta, aunque también más aburrida. Salta a la vista que también en filosofía todo tiende al centro democrático. Y en una situación así, es muy de apreciar que tengamos a un Heidegger con la osadía de llegar hasta los límites. E incluso es bueno que lo tengamos a fin de aprender de sus errores que sería mejor no esperar de la política una respuesta a la pregunta por el sentido del ser.

    Rüdiger Safranski.
    La politica metafísica de Heidegger.

    Comentado por: Esselte Petrus 226 el 16/7/2008 a las 14:22

  • Descubriendo un poquillo a Heidegger:

    "(...) De hecho, el dasein, en tanto que ser arrojado al mundo (¿creado ex nihilo por Dios quizás?), dotado de facticidad (algo también señalado por Feuerbach o el existencialismo), sería para Heidegger el elemento originario de reflexión filosófica, de una Filosofía puramente autorreferencial, limitada al comentario y etimología de textos pasados. Pero en tanto que ese ser se torna inauténtico por la técnica, hay que volver a lo inmodificado por el hombre, la ciencia en el sentido aristotélico (Metafísica), que sería el objeto de las reflexiones de Heidegger. Ahora bien, si es el lenguaje alemán lo que demuestra el verdadero pensar, será porque tal lengua caracteriza al pueblo de Dios, al pueblo alemán, que ha sido agraciado por el Altísimo. Así, el logos germánico, propio del pueblo que «realmente piensa» (ya Hegel decía que los alemanes pensaban lo que otros llevaban a la práctica) realizaría funciones similares a las del Mito de la Gracia santificante, convertido ahora en Mito de la Cultura. Más que una Filosofía, el planteamiento de Heidegger sería incluso de corte teológico, una suerte de secularización de dogmas luteranos.

    Por último, el añadido de la Hermenéutica a la Fenomenología del «ser ahí» implica que la Filosofía debe limitarse a analizar textos de otros filósofos (algo en lo que el discípulo de Heidegger, Juan Jorge Gadamer, se especializó con el famoso diálogo con la tradición contrapuesto a la filosofía positivista). Esto es lo que conduce a la reducción de la Filosofía al «pensar». Y al reducir el pensamiento al alemán, en consecuencia se está tomando partido por el pueblo elegido, tocado por la Gracia divina, frente a quienes serían en realidad satanizados por no ser alemanes (arios) de pura cepa: judíos, gitanos, hispanos, &c. Y aquí la crítica de Heidegger a Dilthey (...)"

    Fragmento de un artículo de J.M. Rodríguez Pardo

    Comentado por: Baldung el 16/7/2008 a las 13:08

  • @julianolapostata

    El fragmento de Deleuze sobre Heidegger y la patafísica:

    http://www.heideggeriana.com.ar/comentarios/deleuze.htm

    Comentado por: Esselte Petrus 226 el 16/7/2008 a las 12:09

  • No sé qué le pagarán al Félix, pero podría haber comentado por alguna parte por qué ostias leerse este remake con lo fácil que es leerse una traducción decente del original.

    Comentado por: ifigenia morales el 16/7/2008 a las 11:21

  • Una cosa muy graciosa queleí en un libro de Delueze:
    Habría que tomar a Heidegger como a un discípulo de Alfred Jarry y Raymond Roussel. Como una especie de Ducasse de la metalingüística: así resulta ser incluso ameno, aparte de lo que a veces tiene de interesante. Sí, hay que olvidarse de los Félix Duques, Escohotados y demás, pasar de ese culto pestilente y sumiso y considerar sus fantasiosas etimologías como surrealismo de la selva negra.

    Comentado por: julianolapostata el 16/7/2008 a las 10:41

  • Heidegger speaks:

    http://es.youtube.com/watch?v=9_vYz4nQUcs



    .

    Comentado por: Die Zigarette danach el 16/7/2008 a las 10:41

  • Emilio Lledó hacía esta reflexión sobre una posible aproximación a Heidegger:

    ¿Qué lenguaje tendremos que utilizar para acercarnos a explicar su obra, como él explicaba la de Kant? ¿Con qué brújula orientarse por la selva heideggeriana?, ¿Qué fronteras la cercan? ¿Hacia dónde llevan sus senderos? ... ¿será su filosofía un fugaz pasatiempo erudito para la arqueología del saber?


    ¿Para qúé poetas, en tiempos menesterosos, comentaba Heidegger sobre los versos de Hölderlin? ¿Para qué filósofos, qué clase de filósofos, qué caminos de la filosofía, en tiempos de libertad?

    Heidegger fue el último.

    Comentado por: der Held el 16/7/2008 a las 09:52

  • Pececito, no tengo colita. Para colmo me acabo de cortar el pelo!

    Comentado por: me el 16/7/2008 a las 00:40

  • ¡Jo!, Me. ¿Por qué ìde perdón? ¿vulgaridad? ¿acaso usted no mueve la colita? Yo sí, y mucho, por cierto.

    Comentado por: pececito el 15/7/2008 a las 23:03

  • Es precisamente el "terror" de la Revolución Francesa el primer anuncio de la peste totalitaria que va a dominar casi todo el s. XX.

    Comentado por: Madame Camamille el 15/7/2008 a las 21:10

  • Lo peor de Heidegger es Heidegger

    Comentado por: mundet el 15/7/2008 a las 21:07

  • Jo, perdónenme, acabo de escuchar toda la canción y creo que me he pasao. Ya no vuelvo por aquí hasta que se olviden de esto.

    Comentado por: me el 15/7/2008 a las 18:57

  • perdonen esta vulgaridad...pero tiene ritmo!

    http://www.youtube.com/watch?v=rB5VHZrAs3I

    Comentado por: me el 15/7/2008 a las 18:51

  • Don Félix, magistral su invitación a este libro. Habrá que leerlo. Pero tengo una pregunta:
    “Argos menea la cola” ¿menea…? ¿Inocente o culpable? Yo no suelo ser mal pensada…me ha hecho gracia! Saludos.

    Comentado por: chiqui el 15/7/2008 a las 18:48

  • Lo peor de Heidegger es que en alemán ha de quedar muy bien, me da la impresión, pero traducido (al castellano al menos, dicen algunos que en francés tiene gracia) sólo se ve pasteleo.

    Comentado por: deswegen, deshalb & trotzdem el 15/7/2008 a las 18:44

  • "La ciencia y la técnica son necesarias si la humanidad desea sobrevivir y satisfacer las necesidades de las crecientes masas; pero, ¿han logrado dar un sentido a la vida del hombre, conformar esta vida de manera tal que pueda ser tomada como plena de sentido?
    "
    Creo que la ciencia y la tecnica son utiles para llevar una vida mas comoda , darle un sentido a la vida ya es mas dificil . Quiza el sentido sea estar comodo y el resto una busqueda inutil ,pero claro si el ritmo es marcado por la ciencia y la industria es imposible estar a la altura y a la velocidad , asi que sigues incomodo y sin que la cosa tenga un sentido y no puedes bajar el ritmo porque quedas al margen . Puedes buscar algun escondite temporal , pero poco más .¿ Que da sentido a la vida ? nada . Posiblemte no valga la pena pero nos demos cuenta diez minutos antes de pringar, mientras seguimos intentando que la cosa sea lo menos ridicula posible y con cierta ilusion de darle un minimo de sentido .

    Comentado por: albert el 15/7/2008 a las 18:16

  • Alguien hablo de Heidegger, de Hölderlin...cuelgo este artículo disculpándome anticipadamente a Pufff, dragón o marciano:

    Cuando uno llega hoy a Tübingen, la ciudad se le ofrece en una armonía triple: el palacio en lo alto, en el centro la iglesia, el seminario y el viejo edificio de la Universidad, las casas en las márgenes del Néckar con la Torre de Hölderlin. El palacio hace tiempo que ha dejado de cumplir las funciones para las que fuera construido, ya que las estructuras de la vieja Europa pertenecen al pasado; la Universidad, con sus importantes institutos, ha emigrado a las afueras de la ciudad: en ella, los estudiantes no estudian teología y filosofía especulativa sino ciencia y técnica; se ha vuelto planetaria. La ciencia y la técnica son necesarias si la humanidad desea sobrevivir y satisfacer las necesidades de las crecientes masas; pero, ¿han logrado dar un sentido a la vida del hombre, conformar esta vida de manera tal que pueda ser tomada como plena de sentido?

    Con esta pregunta nuestro tiempo dirige la mirada a la Torre de Hölderlin, abajo, a orillas del Néckar. Friedrich Hölderlin, el poeta entre los tres amigos, fracasó en su breve vida consciente; ya demente, siguió viviendo decenios en esta Torre, cuidado por un amable carpintero y su familia. Según una versión teatral de Peter Weiss, los visitantes adecuados en la Torre de Hölderlin no eran ni Hegel ni Schelling sino el joven Marx. Y efectivamente: cuando Marx, Ruge, Bakunin, Feuerbach en los "Anuarios franco-alemanes” publicaron un intercambio epistolar introductorio, Ruge colocó como “lema” de su “talante” frases de Hyperion en donde Hölderlin dice que los alemanes son artesanos y poetas, señores y siervos, jóvenes y gentes ya establecida, pero no personas; este pueblo sería como un campo de batalla “en donde manos y brazos y todos los miembros yacen destrozados los unos sobre los otros, en donde la sangre vital derramada se insume en la arena”. Y así, histórica y concretamente, una frase de Hölderlin preside el camino del joven Marx, quien en sus Manuscritos de París analizaba la enajenación del hombre y reflexionaba acerca de las posibilidades de su superación. Naturalmente, en la actualidad, las ideas del joven Marx son aplicadas a una situación diferente. En el cuento Despedida de los padres, al referirse al encuentro con El lobo estepario de Hermann Hesse (que en el último decenio colmaba las librerías de Nueva York), Peter Weiss dice: “Aquí estaba caracterizada mi situación, la situación del ciudadano que quisiera transformarse en revolucionario.” El ciudadano, que a través de El lobo estepario de Hesse es sacado de todo lo burgués, quisiera ser revolucionario; pero ve ante sí el destino de Hölderlin, quien fracasara con su visión de un tiempo diferente, de manera tal que sólo encontró refugio en la locura, en la Torre a orillas del Neckar. Así como los escultores de épocas anteriores presentaban al Niño Jesús con el globo del mundo y con una cruz para la cual este Niño estaba destinado, que debía convertirse en un signo de un mundo nuevo, así se refiere Weiss en rimas con una ortografía anticuada a la Torre del Néckar, que ya estaba situada allí y esperaba como “cárcel”, cuando Hölderlin llegó a la ciudad y al seminario, y que hasta ahora ha quedado allí como signo. ¿Son este drama y estos versos (en los cuales han sido traducidas ideas de Pierre Bertaux, el investigador de Hölderlin) arte o “Kitsch”, esperanza o utopía regresiva de un pensamiento que se ha enfriado con el frío de lo moderno? También un poeta totalmente distinto, Paul Celan, dice en una poesía sobre Tubinga y la Torre de Hölderlin: si hoy llegara un hombre con la barba iluminada de un patriarca (Isaías o Sófocles o Juan) podría entonces tan sólo balbucear “Pallaksch. Pallaksch”. “Pallaksch” era una de las palabras sin sentido que Hölderlin decía en su locura; sólo esta palabra queda pues para aquellos que buscan un sentido en una época que, desde la Revolución Francesa, exige libertad e igualdad y como ninguna otra ha estado caracterizada por dictaduras y sus campos de trabajo y de aniquilación, que a través de la ciencia y la técnica abre a los hombres inmensas nuevas posibilidades y que, al mismo tiempo, construye un potencial de destrucción insospechado, no sólo de la destrucción en la guerra sino también ya en el “desarrollo” pacífico.

    Otto Pöggeler

    Comentado por: der Held el 15/7/2008 a las 17:14

  • El gato estaba en el sillón, durmiendo, con la cabeza para abajo como siempre, en esa posición que me hace pensar que sabe lo que es una anteflexión y que apoya su cabeza contra el suelo para estirar su columna

    Comentado por: palbo el 15/7/2008 a las 16:36

  • http://es.youtube.com/watch?v=iunyhNd2WLU

    Comentado por: Otro Puff el 15/7/2008 a las 14:20

  • http://es.youtube.com/watch?v=SAjt5q_UI6c&feature=related

    Comentado por: sing us a song el 15/7/2008 a las 12:59

  • Muchas gracias por el mejor resumen del mundo, hará más fácil leer a los que aún no lo han hecho. Eso es ayudar a la literatura.

    Besos

    Comentado por: Agradecida... como Lina Morgan el 15/7/2008 a las 11:25

  • Para pufff o paffff, que descansen:

    http://es.youtube.com/watch?v=HIFmNRDuM3Y


    http://es.youtube.com/watch?v=ZDOXGM8WAm8

    Comentado por: Tokyo Joe el 15/7/2008 a las 10:37

  • pufff, jolines qué peña ( suerte del descanso de knudsen y provo)

    Comentado por: no soy el pufff autentico el 14/7/2008 a las 22:57

  • El poeta como médium.
    Por eso Asurancetourix es tan fastidioso en el poblado: cualquier día podría ocurrírsele anunciar que el cielo se viene encima.

    Comentado por: provoqueen el 14/7/2008 a las 22:34

  • cuenta una leyenda nórdica que cuando dios creó el mundo puso a todos los animales de un lado de una grieta y al hombre del otro. La grieta empezó a ensancharse y se convirtió en un barranco sin fondo. Mientras se abría, el perro fue saltando de un márgen al otro, indeciso de dónde quedarse. Cuando el ancho del precipicio estaba a punto de ser más grande que el salto del perro, dios le gritó, "¡venga, decídete!". El perro saltó por última vez y se quedó al lado del hombre.

    Comentado por: knudsen el 14/7/2008 a las 22:09

  • Poetry, therefore, we will call musical thought. The poet is he who thinks in that manner. At bottom, it tourns still on power of intellect; it is a man´s sincerity and depth of vision that makes him a Poet. See deep enough and you see musically; the heart of Nature being everywhere music, if you can only reach it.

    Carlyle

    Comentado por: las casas del canal el 14/7/2008 a las 21:58

  • La poesia ? bueno aqui creo que puedo colgar un texto sobre la poesia de Martin Heidegger

    Hablar sobre el poema querría decir: desde lo alto, y por tanto desde fuera, averiguar qué es el poema.

    ¿Con qué derecho, con qué conocimiento podría ocurrir eso? Faltan ambas cosas. Por tanto, sería arrogancia querer hablar sobre el poema. Pero ¿qué hacer si no?

    Más bien así: que nos dejemos decir por el poema en qué consiste su peculiaridad, en qué descansa.

    Para percibirlo de un modo suficiente, debemos estar familiarizados con el poema. Pero verdaderamente familiarizado con el poema y el poetizar sólo lo está el poeta. El modo apropiado al poema de hablar de él sólo puede ser el decir poético. En él, el poeta no habla ni sobre el poema ni del poema. Poetiza lo peculiar del poema. Pero eso sólo lo logra cuando poetiza a partir de la disposición de su poema y poetiza únicamente esa misma.

    Un poeta extraño, si es que no misterioso. Existe: se llama Hölderlin.

    Sólo que él -así parece- nunca está tan cerca de nosotros que nos alcance su palabra, que nos haya alcanzado, que .seamos nosotros los alcanzados - y lo sigamos siendo.

    En la poesía de Hölderlin experimentamos poéticamente el poema. «El poema» - esa palabra revela ahora su ambigüedad. «El poema» puede significar: el poema en general, el concepto de poema, válido para toda la literatura universal. Pero «el poema» puede significar también: el poema excepcional, marcado por el hecho de que él solo nos afecta por destino, porque él nos poetiza a nosotros mismos el destino en que estamos, lo sepamos o no, tanto si estamos dispuestos a aceptar un destino en él como si no.

    Que Hölderlin poetiza al poeta y .su determinación, y por tanto lo peculiar del poema, lo suyo propio, lo muestran títulos de poemas como Vocación de poeta, Ánimo de poeta, y estos poemas mismos en sus diversas versiones.

    Además, el pensar poético de Hölderlin trata también de la poesía en forma de artículos y esbozos: Sobre el modo de proceder del espíritu poético, Sobre la diferencia de los modos de poetizar, Sobre las partes del poema (StA IV, p. 241 SS.); y más ampliamente aún por la comprensión poética, en sus traducciones de las Tragedias de Sófocles, en las Observaciones sobre el Edipo, en las Observaciones sobre Antígona (StA V, p. 193 ss., 263 ss.).

    Sólo que esos Artículos sobre... y Observaciones sobre... reposan en la experiencia poética de su poema y su determinación que constantemente se pone a prueba.

    Que Hölderlin, por razón de su manera de ser, fácilmente destructible y a menudo replegada en sí, sabe con toda claridad la índole propia de su poema, lo dice en la tercera estrofa de la elegía Pan y vino, que dedica a su amigo poeta Heinze, al que apela (StA II, p. 91, v. 41 ss.):



    ¡Ven pues! para que miremos a lo Abierto.
    para que busquemos algo propio, por distante que esté.



    ... a cada cual también se le asigna algo propio,
    ahí va y viene cada cual hacia donde puede.



    Lo propio de .su poema no lo ha inventado el poeta. Le ha sido asignado. Se acomoda a su determinación y sigue la vocación. Hölderlin la nombra en una variante del mismo canto.

    En la obra poética de Hölderlin y su transmisión en manuscritos hay una situación especial con las variantes. Las palabras y giros que no se aceptan en el poema terminado, contienen a veces bruscas y profundas miradas penetrantes en lo peculiar de su poema. El modo de leer de los versos 45/46 de Pan y vino dice (StA II, p. 597):



    Antes del tiempo! es vocación de los cantores sagrados y así
    también sirven y transforman adelantándose a un gran destino.



    «¡Antes del tiempo!» ¿Antes de qué tiempo dicen su palabra los poetas vocados a ello? ¿Qué es ese gran destino? Hölderlin habla del tiempo en referencia al cual el poeta habla antes de tiempo, en el cántico Mnemosyne (StA II, p. 193, v. 16 ss.):



    Largo es / el tiempo.



    Qué largo entonces, preguntamos. Tan largo, que llega incluso más allá de nuestra presente época sin dioses. Correspondiendo a ese largo tiempo, debe también estar mucho antes -aguardando hacia mucho más allá- la palabra antes de tiempo del poeta. Debe poetizar la venida de los dioses presentes.

    Pero ¿debe entonces advertir todavía lo que está «presente»? «Advenimiento» no quiere decir aquí: haber llegado ya, sino el acontecer del advenimiento temprano. Los que así advienen se muestran en un peculiar acercamiento. En ese venir están a su manera en presencia del poeta: los que advienen son dioses presentes, en presencia. Los dioses presentes que lo son porque advienen así, claro que no son los dioses huidos que regresan, los dioses de la antigua Grecia, aunque también éstos permanecen presentes a su manera para Hölderlin, en cuanto que son los huidos, y afectan al poeta. El comienzo de la segunda estrofa del himno Germanía dice así (StA II, p. 149):



    Dioses huidos! también vosotros, oh presentes, entonces
    más verdaderos, vosotros tuvisteis vuestro tiempo!



    Los presentes antaño más verdaderos no han pasado, no se han extinguido, sino que sólo se han apartado. El advenimiento de los dioses presentes no significa por tanto de ningún modo el regreso de los antiguos dioses. Del advenimiento que Hölderlin percibe poéticamente, habla más claramente otra variante de la elegía Pan y vino (StA II, p. 603, 19 ss.):



    Larga y difícil es la palabra de ese advenimiento pero
    blanco es (esto es, luminoso) el instante. Servidores de los celestiales son
    pero, sabedores de la tierra, su paso es contra el abismo
    de los hombres.



    Si pudiéramos interpretar bien este texto, nos ofrecería una ayuda para percibir lo peculiar del poema que Hölderlin se aprestó a poetizar. Pero este texto ofrece para la meditación a que ahora nos atrevemos dificultades demasiado grandes; por tanto elegimos otra palabra del poeta.

    Inmediatamente nos sale esa palabra, con toda la densidad poética de su articulación, al encuentro de nuestra pregunta por el poema de Hölderlin. Las palabras del poeta a continuación comentadas son también una variante, y precisamente de su gran cántico El archipiélago v. 261-268 (StA II, p. 111).

    Son siete versos. Los publicó por primera vez Friedrich Beissner en 1951 en la segunda mitad del segundo tomo de la edición hölderliniana de Stuttgart (p. 646). El texto dice así:



    Pero porque están tan cerca los dioses presentes
    debo estar yo como si estuvieran lejos, y oscuro en las nubes
    debe estarme su nombre; sólo que, antes que la mañana
    se me ilumine, antes que la vida arda al mediodía,
    me los nombro yo en silencio, para que el poeta tenga
    su haber, pero cuando desciende la luz celeste
    me gusta pensar en la del pasado, y digo: ¡florece sin embargo!



    Tan pronto como Hölderlin tiene «lo suyo» está firmemente en la determinación que le corresponde, es el poeta de su poema. Preguntamos por la peculiaridad de éste. Ha ,de percibirse cuando nos metamos en las siguientes preguntas:

    ¿Qué es «lo suyo» para el poeta? ¿Qué es lo propio que le ha correspondido? ¿Hacia dónde le obliga a ir su necesidad? ¿De dónde viene esa necesidad? ¿De qué modo obliga?



    Pero porque están tan cerca los dioses presentes
    debo estar yo como si estuvieran lejos, y oscuro en las nubes
    debe estarme su nombre ...



    Oímos dos veces «deber». Una, al comienzo del segundo verso, otra al comienzo del tercero. «Debo» se refiere a la relación del poeta con la presencia de los dioses presentes. El otro «debe» se refiere al modo de los nombres con los que el poeta nombra a los dioses presentes. En qué medida el uno y el otro «deber» se corresponden mutuamente y afectan a lo mismo, esto es, el poetizar, se echará de ver en cuanto se haga más claro a qué modo de poetizar debe ajustarse el poeta.

    Pero antes preguntamos: ¿De dónde viene esa obligación? ¿Por qué ese mandato de dos vertientes?

    El primero de los siete versos da la respuesta, que abarca todo lo sucesivo:

    «Porque están tan cerca los dioses presentes».

    Es extraño, se pensaría, si los dioses presentes están tan cerca del poeta, entonces el nombrar sus nombres surgiría por sí mismo y no requeriría de ninguna apelación especial al poeta. Sin embargo el «tan cerca» no significa «suficientemente cerca» sino «demasiado cerca». El himno Patmos empieza:

    «Cerca está y difícil de captar el dios.» El «y» significa «y por eso». El dios está demasiado cerca para que sea fácil de captar. La misma palabra que «cerca» [nahe] se manifiesta en «exacto» [genau]. El antiguo genau significa: aproximándose. En el mismo himno Patmos leemos en el v. 78 ss. (StA II, p. 167) estos versos difíciles de entender:



    Amaba el portador de tempestades la sencillez
    del discípulo y veía al hombre atento
    el rostro del dios exactamente [genau] ...



    Demasiado cerca, acercándose demasiado, están los dioses que advienen en la dirección hacia el poeta, en presencia de él. Patentemente, ese venir dura mucho tiempo, por eso es aún más opresivo y por tanto más difícil de decir que la presencia completa. Pues también ésta no la puede percibir el hombre inmediatamente recibiendo así el bien otorgado. Por eso se dice al final de la quinta estrofa de Pan y vino (StA II, p. 92/93 v. 87 ss.):



    Así es el hombre, si está ahí el bien, y le provee de dones
    un dios mismo para él, él no lo conoce ni ve.
    Llevarlo debe por adelantado; pero entonces nombra a su más querido,
    entonces, entonces deben surgir para ello palabras, como flores.



    Hasta que se ha encontrado la palabra y ha florecido, es preciso sustentar lo difícil y pesado. Este difícil lleva el decir poético a la necesidad. Obliga. Viene de la «esfera del dios». El elemento de lo divino es lo sagrado. Por eso dice Hölderlin en el cántico A la fuente del Danubio (StA II, p. 128, v. 89 ss.):



    Te nombramos, movidos por sagrada necesidad, te nombramos
    oh Naturaleza!, y nuevo, como del baño surge
    de ti lo divinamente nacido.



    «Movidos por sagrada necesidad» - esas palabras sólo las oímos una vez en este lugar dentro de toda la obra poética de Hölderlin. Expresa la exigencia dominante por todas partes en ella sin expresarse y bajo la cual está su poetizar. Esas palabras significan para nosotros el «debe» que obliga al poeta «para que tenga su / haber».

    ¿Hacia dónde se encuentra el poeta obligado?



    Pero porque están tan cerca los dioses presentes
    debo estar yo como si estuvieran lejos, y oscuro en las nubes
    debe estarme su nombre; sólo ...
    ...
    me los nombro yo en silencio ...



    El poeta se ve «obligado» a un decir que «solamente» es un nombrar en silencio.

    El nombre en que habla ese nombrar debe ser oscuro.

    El lugar desde el que debe nombrar el poeta a los dioses, debe ser de tal modo que los que han de .ser nombrados en la presencia de su venida le estén lejanos, y así precisamente sigan siendo los que vienen. Para que esa lejanía se abra como lejanía, debe el poeta retrotraerse de la cercanía de los dioses que le apremia y «nombrarles sólo en silencio».

    ¿De qué índole es tal nombrar? ¿Qué significa en general «nombrar»? ¿Consiste el «nombrar» en que algo sea dotado de un nombre? ¿Y cómo llega eso a tener un nombre?

    El nombre dice cómo se llama algo, cómo suele llamarse algo. El nombrar está remitido a un nombre. Y el nombre resulta del nombrar. Con esa explicación damos vueltas en un círculo.

    El verbo «nombrar» deriva el sustantivo «nombre», nomen önma. En él se esconde la raíz «gno», gnÇsiw, esto es, conocimiento. El nombre da a conocer. Quien tiene un nombre, es conocido de lejos. Nombrar es un decir, esto es, mostrar que abre como qué y cómo ha de percibirse algo y mantenerse en su presencia. El nombrar desvela, patentiza. Nombrar es el indicar que deja percibir. Pero si esto ha de ocurrir de tal modo que se aleje de la cercanía de lo que se ha de nombrar, entonces tal decir de lo lejano se convierte en decir en la lejanía para llamar. Pero si lo que hay que llamar está demasiado cerca, su nombre debe ser «oscuro» para que lo llamado permanezca preservado en su lejanía. El nombre debe velar. El nombrar es al mismo tiempo un ocultar en cuanto llamada desveladora.

    La palabra «Naturaleza» que acabamos de oír es el nombre verdaderamente oscuro, velador y desvelador, en la poesía de Hölderlin. Si precisamente el nombrar está «divinamente obligado», entonces los nombres en que ella llama, deben ser nombres sagrados.

    En la estrofa conclusiva de la elegía Retorno a la patria, que surgió poco después del regreso de Hölderlin desde Suiza -el poeta había residido allí sólo unos pocos meses como preceptor doméstico en Hauptwil, cercana aquí a nosotros- se dice (StA II, p. 99, v. 101):



    Callar debemos a menudo: faltan nombres sagrados ...



    Callar; ¿significa esto solamente no decir, permanecer mudos? ¿O sólo puede verdaderamente callar quien tiene algo que decir? En este caso callaría en suprema medida quien fuera capaz de dejar aparecer lo no dicho en su decir y precisamente únicamente mediante éste, y precisamente en cuanto tal.

    Hölderlin confiesa:



    ... sólo que, antes que la mañana
    se me ilumine, antes que la vida arda al mediodía
    me los nombro yo en silencio ...



    ¿Va a significar esto que el poeta se guarde meramente para sí lo que hay que nombrar y no deje resonar nada de eso ante los demás hombres? Si así ocurriera, entonces se habría hecho infiel a su vocación poética.

    El poeta se nombra «en silencio» «los dioses presentes». «En silencio» significa: acallado, llegado al reposo, a ese reposo en que reposa el ajustarse a lo asignado, en cuanto que corresponde a la sagrada obligación y con ello se contenta. En el cántico de Hölderlin Fiesta de la paz vuelve a hablar una vez y otra la palabra «en silencio».

    El nombrar silencioso ocurre «antes que la mañana / se me ilumine, antes que la vida arda al mediodía».

    «Antes» es una determinación temporal, y precisamente del tiempo que se temporaliza sólo por advenimiento y cercanía, por huida y elusión de los dioses.

    El nombrar por sagrada obligación debe acontecer antes que empiece el verdadero advenimiento en la mañana del día de los dioses y llegue a su plenitud en el mediodía, cuando arde el fuego en el cielo. En ese tiempo aparece «El dios envuelto en acero». Así dice Hölderlin en la estrofa final del Himno al Rhin (StA II, p. 148, v. 210 ss.). En el esbozo para una poesía posterior (StA II, p. 249, v. 6 ss.) habla del «acero de fuego del hogar con calor de vida». (El acero produce chispas y queda así referido al fuego.) «El dios envuelto en acero» significa: el dios envuelto en el fuego del cielo, o en nubes. El fuego celeste que ciega los ojos no es menos velador que la oscuridad de las nubes.

    La determinación temporal «antes» significa ese «antes del tiempo» al que los poetas están lanzados por delante con su decir nombrador. «sólo ... / me los nombro yo en silencio» -el «me» podría referirse al Yo de la persona de Hölderlin, si no siguieran, excluyéndolo directamente, estas palabras en el mismo verso:



    ... para que el poeta tenga / su haber ...



    «Me», es decir, al poeta le están asignados los dioses presentes, los que se acercan desde lejos, como los que hay que nombrar en la llamada. Su presencia demasiado cercana le obliga a retrotraer su decir nombrador al lugar ya citado de la lejanía.

    ¿Qué le aguarda allí? Hölderlin lo dice en el comienzo de su último gran himno Mnemosyne, que surgió el año 1800 (StA II, p. 197, v. 5 ss.):



    Y mucho
    como en los hombros
    una carga de leños
    ha de mantenerse.



    La lejanía del dios que se acerca relega a los poetas en la dirección hacia ese lugar de su existencia donde se le hunde y desaparece a ésta el suelo, el fundamento sustentador. La ausencia de ese fundamento es lo que Hölderlin llama el «abismo». En la citada variante de la elegía Pan y vino que empieza «Larga y difícil es la palabra de ese advenimiento» dice Hölderlin de los «servidores de los celestiales», esto es, de los poetas:



    Su paso va contra el abismo / de los hombres.



    «Contra» significa: en dirección hacia el abismo.

    Al poeta le está asignado durar tenazmente en el decir de la palabra del advenimiento: «para que tenga su / haber». El acento no está puesto sólo en la palabra «lo suyo», «su haber», sino igual y aún más en el «haber», palabra que está destacada en el comienzo de la siguiente línea. Se trata de llevar a plenitud el auténtico haber de lo propio. Se trata de «mantener la carga». Se trata de prevalecer y durar en la necesidad del decir nombrador del advenimiento. Se trata de llevar «en .silencio» ese nombrar.

    Pero lo suyo no le pertenece tampoco al poeta como una posesión que se haya ganado él mismo. Lo suyo consiste más bien en que el poeta pertenezca a aquello para lo que se le necesita. Pues el decir del poeta está tomado, indicando, velando al desvelar, en su uso de dejar aparecer el advenimiento de los dioses, que necesitan la palabra del poeta para su aparición, para que empiecen a ser ellos mismos en su aparecer.

    En la octava estrofa del himno El Rhin se dice (StA II, p. 145, v. 109 ss.):



    Pues como
    los más bienaventurados nada sienten por sí mismos,
    es preciso, si está permitido decir
    tal cosa, en los nombres de los dioses
    tomando parte, que sienta Otro,
    el que necesitan ellos...



    Y en el canto surgido un año antes (en torno a 1800) El archipiélago dice Hölderlin (StA II, p. 104, v. 60 ss.):



    Siempre necesitan, como los héroes la corona, los consagrados
    elementos, para gloria, el corazón de los hombres que sienten.



    Gloria y glorificación han de pensarse aquí en el sentido pindárico y griego, como «dejar aparecer». El que siente por delante del corazón de los hombres que sienten, es el poeta. Es el Otro, el necesitado y usado por los dioses.

    Con esa palabra arriesgada tímidamente sobre la necesidad de los dioses y el correspondiente ser necesitado del poeta, Hölderlin reposa en la experiencia básica de su condición poética. Para pensar esa experiencia conforme a la realidad, para preguntar por el dominio en que se desarrolla, todavía no se ha puesto a la altura debida el pensamiento hasta ahora.

    El poema, el poema de Hölderlin reúne el poetizar como el nombrar, por sagrada obligación, necesitado por los celestiales, de los dioses presentes en ese decir articulado que, desde que lo ha dicho Hölderlin, habla en nuestra lengua, tanto si se lo oye como si no.

    La oda titulada Animación, acabada por el poeta a comienzos del año 1801, empieza con una llamada: « ¡Eco del cielo!» Ese eco es el poema de Hölderlin.



    Pero porque están tan cerca los dioses presentes
    debo estar yo como si estuvieran lejos, y oscuro en las nubes
    debe estarme su nombre, sólo que, antes que la mañana
    se me ilumine, antes que la vida arda al mediodía
    me los nombro yo en silencio, para que el poeta tenga
    su haber, pero cuando desciende la luz celeste
    me gusta pensar en la del pasado y digo: ¡florece sin embargo!



    Martin Heidegger


    Sitio creado y actualizado por Horacio Potel

    Comentado por: albert el 14/7/2008 a las 21:52

  • La poesía tiene la propiedad de desocultar la verdad, ocultándola; de desvelar la verdad, disfrazándola.
    Por eso es el medio ideal para hablar de asuntos importantes (desasosegantes), esos asuntos de los que, lo que en realidad nos urge hacer con ellos, es apaciguarlos más que desvelarlos.
    Entonces es cuando a la poesía la llamamos mitología.

    Comentado por: provoqueen el 14/7/2008 a las 21:42

  • ¿Qué me importaría que lo que no puedo decir ni siquiera pudiera escribirlo siempre que me lo publicaran?

    Comentado por: kant kant el 14/7/2008 a las 21:37

  • pufff...

    Comentado por: jolines qué peña el 14/7/2008 a las 17:34

  • Wie ganz anders, anders war es da!

    Entonces "el velo encantado de la poesía aún envolvía graciosamente a la verdad", mientras que hoy la primera se encuentra separada de la segunda.
    Entonces todo en la Naturaleza era "la huella de un dios", mientras que hoy ésta no obedece más que a la ley del pensador.
    En aquellos tiempos, la virtud no estaba acompañada ni de gravedad, ni de renuncia, porque "nada era sagrado excepto la Belleza", y la virtud aseguraba su resplandor.


    "Todas aquellas flores han caído
    ante el terrible azote del norte,
    para enriquecer a uno entre todos
    tuvo que perecer ese mundo de los dioses"

    Dice Schiller, y copio.


    ...und der Sekt davor.

    Comentado por: der Held el 14/7/2008 a las 15:59

  • ¿Lo que debe vivir eternamente en el canto tiene que desaparecer de la vida?.
    Pregunto, Herr Héroe.

    Comentado por: Die Zigarette danach el 14/7/2008 a las 12:55

  • 'Hay cosas que no pueden decirse, y es cierto. Pero esto que no puede decirse es lo que se tiene que escribir."
    María Zambrano, Hacia un saber sobre el alma. Madrid, Alianza 2001.


    "De lo que no se puede hablar, no basta con callarse. Hay que escribirlo."

    Jacques Derrida, La tarjeta postal. México, Siglo XXI, 1986.

    Comentado por: pupe el 14/7/2008 a las 12:23

  • Yo también me he emocionado leyéndole a usted ahora. Gracias una vez más.

    Comentado por: un lector el 14/7/2008 a las 12:15

  • Was unsterblich im Gesang soll leben
    muss im leben untergehen

    Comentado por: der Held el 14/7/2008 a las 10:39

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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