El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 20 de agosto de 2008
Abandona toda esperanza si zapeas
Hace poco escribí sobre la imposibilidad de escapar al mercado mediático y añadí que incluso los terroristas se ven obligados a proyectar sus atentados teniendo en cuenta los informativos de la televisión. Eso significaba, decía, que también los atentados terroristas juegan en un sector de bienes de consumo. Varias personas protestaron.
En realidad el fenómeno no es nuevo sino que nació con los regímenes totalitarios del siglo XX, como señaló con lucidez Walter Benjamin. Los primeros en utilizar cine, prensa y radio para la formación de masas fueron Mussolini (el más "progre" de su tiempo) y luego Hitler. El uso que se hacía de los medios en EEUU desde mucho antes era distinto porque las empresas no eran estatales, aunque fueron ellos quienes comprendieron su enorme energía masificadora.
Creo que fue durante la Segunda Guerra cuando el espectáculo de la destrucción, la muerte y el dolor masivos, eso que ahora llamamos terrorismo, pasó a formar parte del mercado mediático. Con limitaciones. Por ejemplo, no se emitieron las espantosas imágenes de los campos de exterminio hasta casi quince años después de terminada la guerra. Nadie les podía sacar beneficios. Cuando los aliados tomaron Roma, el general Mark Clark, jefe del Quinto ejército, se quejaba amargamente de que lo habían hecho coincidir con el desembarco de Normandía: "Fíjese. Ni siquiera nos han dejado los titulares de primera", manifestó indignado. En su estado mayor había cincuenta personas dedicadas a las relaciones públicas. Al Qaeda comprendió muy pronto que no podía ganar ninguna batalla si no disponía de ejército mediático propio y para entender la guerra de Irak se requiere una buena formación en economía mediática.
El monopolio de la violencia es del estado, pero su mercantilización no. Ningún estado, o mejor dicho, ningún gobierno puede dejar de intervenir en el mercado mediático, sea legal o ilegalmente. Las guerras entre naciones suelen animar guerras entre consorcios mediáticos. Muchos clientes son meras víctimas colaterales. También algunos soldados. Y algún oficial.
Artículo publicado en: El Periódico, 31 de mayo de 2008.
[Publicado el 02/6/2008 a las 10:45]
POESÍA Y CULTURA APOLÍTICA [1]
Ali Ahmad Said (Adonis) [2]
En el origen de la palabra “difícil” y en los fenómenos a los cuales hace referencia en la poesía árabe preislámica, hay ciertas imágenes que arrojan luz sobre la relación entre la poesía y sus oyentes. Subimos una escarpada montaña; un camello rebelde rechaza que lo domen y lo monten; la fruta que ansiamos es inaccesible; una nube está cargada de truenos y relámpagos...estas imágenes son todo lo contrario a la tranquilidad y la facilidad. Cuando los oyentes árabes escuchaban una poesía “difícil”, éstas eran las imágenes que acudían a sus mentes. Su inclinación natural los condujo hacia una poesía que evocaba todo lo contrario a estas imágenes, una poesía que pudiera ser asimilada sin esfuerzos ni dificultades, como una nubecilla, un camino recto y sin desniveles, una fruta al alcance de la mano o un dócil camello. El árabe demandaba una poesía fácil que le permitiera dominarla intelectualmente, tomar posesión de ella con los instrumentos cognitivos a su disposición. Cualquier poema que no respondiera a esta exigencia era rechazado y calificado como “difícil”, una palabra generalmente peyorativa. Se decía que un poeta “difícil” tallaba una piedra, mientras que uno “fácil” se sumergía en el mar.
Esta fue la relación que prevaleció entre el poema y sus oyentes durante el periodo preislámico de poesía oral [3] . La misma relación continuó dándose durante el periodo islámico, cuando, con la llegada de la escritura, adquirió una nueva dimensión que podríamos describir como ideológica. Cualquier debate sobre poesía árabe debe tener en cuenta muy especialmente la actitud del musulmán hacia su lengua. El árabe, lengua pagana antes del Islam, se convirtió en lengua sagrada por medio de la revelación coránica, pero no cambió en ningún otro aspecto. De este modo, el árabe es la matriz o la madre de la Palabra de Dios y también de la poesía preislámica, aunque ésta fuera pagana. Cuando esta Revelación divina vino a ocupar el lugar de la inspiración poética, reclamó ser la única fuente de conocimiento, y la poesía y los poetas fueron desterrados de su reino. La poesía dejó de ser la palabra de la verdad, tal y como proclamaban los poetas preislámicos. Sin embargo –y esto merecería un estudio aparte– el Islam no suprimió la poesía como una forma y un modo de expresión. Mas bien, anuló el papel de la poesía y su misión cognitiva, dotándola de una nueva función: celebrar y predicar la verdad introducida por la revelación coránica. El Islam privó así a la poesía de sus características del pasado –la intuición y el poder de la revelación– y la convirtió en un instrumento de comunicación.
Como religión revelada, el Islam une la palabra y la acción. De ahí su tendencia política, manifestada en su literatura por los estrechos lazos entre la poesía y las otras formas de escritura que sirven al mensaje islámico, y también por el ostracismo (marginación, exclusión o prohibición) de todo lo que no esté al servicio de ese mensaje. Quizás podamos descubrir aquí las primeras semillas del uso ideológico del arte. Debe hacerse notar que es la religión, y no la ciencia o la filosofía, la que rivalizó y aún rivaliza con la poesía en la sociedad árabe. En su sentido preislámico original, poesía es inspiración –es decir, profecía– pero sin mandamientos, instituciones o normas. Sin embargo, con el comienzo del Islam –y esto también merecería un estudio aparte–, la poesía languideció y se marchitó en la sociedad árabe, en la medida en que se puso precisamente al servicio de la religión, del proselitismo y de los compromisos políticos e ideológicos. El crítico del siglo octavo al-Asma'i hace referencia a esto con una lúcida afirmación: “La poesía es una desgracia que comienza con el Mal; en cuanto interfiere con el Bien, fracasa.”Así que podemos imaginar el tipo de aventura que ha vivido –y todavía vive– la poesía dentro de una lengua “divina”, en una sociedad cuyas estructuras sociales, culturales y políticas han sido fundadas todas ellas sobre una Revelación expresada en esa misma lengua.
Dado que la Revelación se plasmó en instituciones que veían la poesía únicamente como una herramienta a su servicio, se establecieron en la vida diaria nuevas relaciones entre la poesía y sus oyentes. También surgieron nuevos modos de apreciar la poesía, con nuevos valores y criterios. El estamento político-religioso ejerció su poder como un guardián fiel de la Revelación coránica. Tenía la certeza absoluta de que la Revelación habló y escribió de forma clara al hombre y al universo, de un modo concluyente y sin error o imperfección. En consecuencia, esta certeza exigía que el individuo musulmán se formara en torno a la fe en un texto definitivo, que no permitía ninguna pregunta que pudiera dar lugar a ninguna duda en absoluto.
En tales condiciones, la alienación es inevitable. La persona escéptica ya no tiene el derecho a ser miembro de la sociedad. Dado que el Islam –el último mensaje enviado por Dios a la humanidad– puso el sello definitivo a la Palabra de Dios, las palabras posteriores no pueden aportar nada nuevo al género humano. Un nuevo mensaje supondría que el mensaje del Islam no es completo, que es imperfecto. Por lo tanto, a un nivel emocional, la palabra humana debe elogiar y celebrar continuamente ese mensaje. A un nivel intelectual, forzosamente la palabra humana sólo puede servir para explicarlo.
La forma más elevada de expresión, la poesía, será valorada en adelante únicamente por su obviedad. Como herramienta educativa, la poesía ha de buscar la simplicidad que mejor le permita difundir su mensaje. Y esa simplicidad, en última instancia, transforma a la poesía en un objeto de consumo. Apelando a la memoria poética, la poesía da la falsa impresión de unir el presente con el pasado y de responder a las necesidades reales de la gente. Pero a lo largo de este proceso, la poesía no libera, sino que anestesia; como si enseñara a sus fieles a fabricar sus prisiones y sus cadenas con sus propios deseos y necesidades. Esta simplicidad dirige al hombre hacia el pasado, no es una energía que lo impulse hacia el futuro.
Esto explica en parte la tendencia de la mentalidad árabe a vivir en el pasado, lo que en el contexto de esta reflexión significa el rechazo y el temor hacia lo inusual. Cuando esta mentalidad se enfrenta con una poesía que no procede de lo que ya conoce, en primer lugar trata de comprenderla comparándola con la herencia religiosa y lingüística que ya conocía. Contra más diferente sea la producción poética, más extraña y peligrosa será considerada; una amenaza para el patrimonio sagrado. Lo importante es identificar una línea clara y directa que una el presente con el pasado.
Así, el objetivo final de la poesía es transmitir su mensaje, más que descubrir la esencia del poeta y su visión individual de la existencia humana y del mundo. El valor del poema reside en su eficacia y en el grado de satisfacción que pueda proporcionar. Siendo así, la poesía viene a parecerse a todas las demás tradiciones: es el matrimonio frente al amor, la seguridad frente a la aventura, el objeto frente al sujeto. La poesía se convierte en promotora de los valores heredados y en salvaguarda de su continuidad. La producción lingüística es vista como una especie de producción manual, y el lenguaje poético como un tipo de trabajo. Y dado que el producto de la actividad laboral es susceptible de intercambio, el poema realizado por la labor del trabajador lingüístico también será parte de una mercancía que puede ser intercambiada...por lo tanto, el valor del poema reside en su capacidad de agradar y de atraer.
De paso, debemos hacer notar que los modernos medios de comunicación contribuyen a una superficialidad y una banalidad del mundo cada vez mayores. Reducen todas las formas de escritura, poesía incluida, a simple información en medio de otras informaciones. Así, ellos niegan igualmente la escritura y la lectura, e instauran una cultura visual y auditiva, que no es más que una forma de analfabetismo. La producción ocupa el lugar de la creatividad y el productor sustituye al creador.
Dentro de la sociedad árabe, esta situación se traduce en un movimiento hacia el tradicionalismo. Particularmente en lo que respecta a los escritos poéticos, este tradicionalismo se cristaliza en la voluntad social de acabar con el creador. La labor poética sirve para reflexionar sobre el Texto Revelado que ha sido transmitido por Dios, respecto al cual el Profeta sólo sirve como intermediario. Ya que la poesía proviene de la religión y de la comunidad de creyentes, también el poeta es sólo un intermediario.
Este fenómeno está arraigado en la memoria poética e histórica. Los árabes preislámicos recitaban una poesía que comenzaba con una situación concreta, o más bien con una palabra que describía un acontecimiento. La palabra estaba unida esencialmente con la vida, el movimiento y el trabajo. En su origen era algo carnal, y el poema era una especie de alimento, juzgado por su sabor. La gente esperaba que la poesía le permitiera afrontar su situación personal, dirigiera su vida diaria y la devolviera a su realidad. La razón principal de la poesía era su fidelidad a lo cotidiano. La relación de la poesía con lo que agradaba o desagradaba a la gente era mayor que su relación con los conceptos de belleza y de fealdad. La relación entre la palabra y el objeto era la expresión primaria de una situación, y por lo tanto era una relación ética, y no estética.
Esto podría explicar la importancia de las convenciones en la poesía árabe, la cual esta formada principalmente por reglas y por principios.
La idea de la belleza surgió únicamente cuando los árabes se alejaron de lo cotidiano y concedieron un papel creativo a la imaginación. Y, bajo los efectos de la modernidad y la tecnología, el lenguaje también se alejó de lo corporal y de la vida. La lengua se ha convertido en una materia prima que puede ser transformada. El poeta se ha convertido en un fabricante que transforma las palabras en un producto: el poema.
En la unión entre este original pasado y este tecnicismo moderno todo tiende a reafirmar la utilidad y las prisas, y a consolidar el aspecto proselitista e ideológico de la poesía árabe, es decir, su simplicidad. La cultura árabe renunció a hacerse cualquier tipo de pregunta. Basada como está en las respuestas, instituyó una poesía que solo podría hablar de lo conocido, una poesía de lo explícito. De este modo, la primera dificultad contra la cual se enfrenta la poesía árabe reside, paradójicamente, en la cultura de la simplicidad. El discurso de la “poesía fácil” será el primer obstáculo a la creación. Esta poesía que se dedica a los panegíricos refuerza las represiones y las prohibiciones de la institución político-religiosa sobre la cual se basa la sociedad. Esto hace más profunda la brecha entre el hombre y su ser, entre el hombre y sus aspiraciones. En comparación, cualquier otra poesía siempre parecerá ardua y laboriosa. Para semejante poesía habrá que comenzar por llevar el mismo lenguaje hasta el límite, como si hubiera que librar una batalla contra lo desconocido; como si se tratase de una experiencia ilimitada e infinita. Este tipo de poesía ha existido en varias épocas del Islam, y continúa existiendo, pero es marginada y despreciada. Su lectura no supone una actitud consumista, sino una actitud creadora. Por lo tanto, tras el problema de la simplicidad viene la dificultad provocada por la investigación poética. La luz que tal investigación puede ofrecer no hace sino ampliar las dimensiones de lo desconocido, anunciando su profundidad y su infinitud, como si la luz se transformara en noche. Y si esta luz abre el horizonte a la noche del mundo, los límites que hace traspasar a la poesía abren a ésta a lo ilimitado. Como si la oscuridad se ampliara por el propio movimiento de la luz, como si la poesía sólo conociera sus propios límites. El oscuro mundo que es iluminado, es precisamente el que conduce a la poesía hacia un mundo aún más oscuro.
Lo desconocido no es algo que pueda ser comprendido definitivamente. No es algo fijo, sino dotado de movimiento. Cambiando el sentido de las palabras de uno a otro horizonte, la escritura crea un nuevo espacio para el significado, un tipo diferente de placer cognitivo. Alterando la oposición entre lo explícito y lo implícito, entre lo real y lo desconocido, se destruye la relación inmutable entre el significante y el significado, poniendo el acento en otras relaciones que tienen que ver con los misterios de la existencia. De este modo, el interés de esta escritura se centra en lo oculto-implícito y en lo probable-imaginario, frente a la certeza racional. El lector, moviéndose en la esfera de lo imaginario y de lo probable, evoluciona en el interior de una escritura atípica y despojada de referencias. Ya no se adentra en el poema como lo haría en un jardín cuyas frutas estuvieran al alcance de su mano, sino más bien como en un abismo o en una epopeya. Cualquier cosa que pueda deducir del poema requerirá un gran esfuerzo; lo cual no conseguirá únicamente con su mente o su corazón, sino con todo su ser. Esta escritura toma senderos no transitados para dirigirse hacia ese otro lugar que no puede alcanzarse, pues siempre está en movimiento y nos conduce hacia un lugar todavía más alejado. La lengua, que aquí abandona los modos y las categorías de la escritura, se adhiere por completo a la dinámica de esta experiencia e incluso a sus errores.
Esta escritura poética ha abierto importantes brechas en el entramado religioso y cultural dominante. Reflejando lo insólito y sugiriendo sin decir, ha enturbiado las imagen de la certidumbre. Abriendo las puertas de lo inefable, insiste en la ausencia de cualquier equivalencia entre las palabras y las cosas, lo cual supone cuestionarse la verdad de cualquier discurso, sea éste humano o divino. Presenta un texto abierto e inacabado, todo lo contrario al texto eterno y cerrado de la religión. Esto provoca lo que yo denomino “dificultad de interpretación” o “dificultad límite”. El lenguaje empleado en estos escritos es el de las fronteras que unen lo visible y lo invisible, un lenguaje al límite que delinea los contornos de esas fronteras. Es un lenguaje lejano y peligroso: un lenguaje de extremos que desgarra las palabras para así explicar el mundo.
Existe otro tipo de dificultad, vinculada al concepto de identidad, la cual está esencialmente conectada en la sociedad árabe con la lengua y la religión. Tal y como es vivida, la identidad engendra una visión del mundo basada en la nostalgia de una unidad original: la unidad de la nación, la lengua, la patria y el poder. Esta visión ideológica percibe el texto poético como un campo de batalla entre ideas y tendencias al uso, lo que convierte a la poesía en un texto político. Cuando es incapaz de adaptarlo a sus objetivos, esta visión califica al texto poético como “difícil”, y a veces llega a negar su condición de poesía. Dado que une el lenguaje con la identidad y la verdad con la fuerza, esta visión del mundo termina por confundir el conocimiento con el poder. Su idea subyacente de identidad es unívoca desde un punto de vista teológico, e idealista desde un punto de vista filosófico. El componente esencial de esta visión del mundo es una separación con respecto a los demás, una autosuficiencia que da la ilusión de continuidad y, en consecuencia, la ilusión de cohesión y de singularidad respecto a otras identidades. En la sociedad árabe, la poesía es el primer criterio para medir el grado de integración de un poeta y su pertenencia a la sociedad. De este modo, podemos entender el desafío afrontado por una poesía que establece otro concepto de identidad, el cual es pluralista, abierto, agnóstico y secular.
En esta poesía, la identidad no sólo es lo consciente, sino también lo inconsciente. No sólo es lo permitido, sino también lo reprimido y lo inefable; no sólo es lo que ya se ha hecho, sino, sobre todo, lo que es posible hacer. Es continuidad y discontinuidad, es lo implícito y lo explícito.
Existe una fisura en el corazón mismo de esta identidad unívoca y fantasmal. La unidad de “nuestro yo” es sólo aparente, ya que este “yo” es básicamente contradictorio. Y “el otro” vive en los más profundo de nosotros mismos. No hay ningún yo sin “el otro”. La identidad está viva cuando existe dentro de la fértil y sutil tensión entre nuestro yo y los demás. Sin esta tensión, la identidad sería con los objetos, y no con las personas.
La identidad no sólo procede del interior: es una interacción vivida continuamente entre el interior y el exterior. De este modo, se puede decir que la identidad se halla no tanto en lo inmutable y en lo implícito como en lo que es variable y todavía no se hecho explícito. En otras palabras, la identidad es un significado que habita una imagen siempre en movimiento, lo cual se muestra más como un proceso de orientación que como un resultado final. Es apertura y no ensimismamiento; interactuando y no retrayéndose.
El asunto de la identidad ocupa un lugar destacado dentro de la poesía. Es la eterna cuestión dentro del lenguaje poético. En la experiencia creativa, el hombre es únicamente en la medida en que va más allá de sí mismo. Su identidad es un proceso dialéctico entre lo que él es y lo que puede llegar a ser; no es algo superado sino algo que está más allá, pues el hombre es esencialmente una voluntad creadora y de cambio. Por decirlo de otro modo, la identidad no es tanto una herencia como una creación. A diferencia de otras criaturas, el hombre construye su identidad creando su vida y su pensamiento.
De modo que, dentro de la cultura árabe dominante, lo que llaman “dificultad de la poesía” no surge del texto en sí mismo ni podemos encontrarla en él. En cambio, esta “dificultad” se deriva del nivel y calidad de la cultura, y tiene que ver con la actitud del lector para entender el poema, es decir, con su forma de leer.
¿No será que la poesía no es tal a menos que se libere de la simplicidad y de la obviedad que le exigimos? Por tanto, ¿no será que no existe la poesía difícil?
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NOTAS.-
[1] Extraído de la página web www.arabworld.nitle.org y traducido del inglés del libro Adonis, Pages of Day and Night, Northwestern University Press, 2000. (Nota de la Redacción).
[2] Alí Ahmad Said Esber, Adonis (Qasabin, Siria, 1930) es poeta, crítico y antólogo de la poesía árabe tradicional. Entre sus obras se encuentran algunas de las más significativas de la poesía árabe contemporánea, como Canciones de Mihyar el de Damasco , El Libro de las huidas y mudanzas por los climas del día y la noche , Poesía y poética árabes o Epitafio para Nueva York. (Nota de la Redacción).
[3] Véase F. Corriente / J.P. Montferrer, Las diez mu'allaqât. Poesía y panorama de Arabia en vísperas del Islam , Hiperión, Madrid, 2005; Redacción Alif Nûn, “ Literatura árabe preislámica ”, en revista Alif Nûn nº 29, julio de 2005; Abdelatif Oufkir, “Sociedad y cultura de la Arabia preislámica”, en Alif Nûn nº 36 (Marzo 2006). (Nota de la Redacción).
Comentado por: copia/pega el 08/6/2008 a las 20:22
Comentado por: L.A.F. el 08/6/2008 a las 18:23
Aquí cada cual sigue en sus trece, amparado en un anonimato deshumanizante que da muchísima pena por la calidad de algunos comentaristas (¿o deberíamos llamarlos "copistas"?).
Por mi parte, aprovecho a contar que inauguré mi blog en El país.com y se llama Enfundá la mandolina.
Está invitado el dueño de casa (aunque su tiempo se dedique a leer a Walter Benjamin tendrá un par de minutos disponibles, supongo) y a los lectores a quienes hace tiempo que no visito pero que me conocen suficientemente.
Lu
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 08/6/2008 a las 18:21
El fútbol: un deporte de élite que trascendió la lucha de clases
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Felipe Fernández-Armesto. EL MUNDO, (07/06/08)
No sé si existe una Eurocopa de harrijasoketa. De la lucha canaria o de la vela latina tampoco. De ciento en viento -un par de veces en los últimos 40 años- se celebra un concurso que reúne a aizkolaris de diversos países, donde aparecen australianos de enorme potencia, y algún mexicano o estadounidense, descendiente de vascos, pero siempre ganan los vascos auténticos. De jai-alai hay pruebas internacionales, donde todos los concursantes son de procedencia española o representan a países de gran tradición vasca. El toreo -acto cultural que en el extranjero suele calificarse de deporte- se practica en varios países, sin lograr ser objeto de competencia internacional. Un campeonato europeo de cualquiera de los deportes de origen español sería casi impensable.
Los deportes de más raigambre en España son, incluso, de origen extranjero. El golf es escocés, documentado por primera vez en Edimburgo en 1465. El caso del tenis se discute entre Inglaterra y Francia. El primer partido que la Historia reconoce fue el que mató al rey francés Luis X por su exceso de entusiasmo en 1316, pero la versión moderna se inventó por un inglés, Walter Wingfield, en 1873. El baloncesto empezó en Canadá hacia finales del siglo XIX. El primer concurso de ciclismo se celebró en París en 1868. Las huellas del atletismo se remontan a un pasado irreconociblemente antiguo pero solemos trazarlas en la Grecia preclásica. Y del fútbol no hay que advertir que, lo que más choca del actual campeonato europeo, es la ausencia de los ingleses, quienes dieron ese deporte al mundo.
Se levantan problemas intelectuales profundos e irresistibles: cómo y por qué los deportes se difunden por el mundo; y por qué los deportes españoles no han alcanzado el nivel de esos otros.
¿Y cómo se explica la fecundidad del mundo deportivo inglés? La historia de la difusión del fútbol es apabullante. Con una rapidez abrumadora, conquistó el mundo y superó las enemistades recíprocas de las clases sociales de la época de la revolución industrial. A base de las normas seguidas en algunos de los colegios más prestigiosos de Inglaterra, así como en las universidades de Oxford y Cambridge, se codificaron las leyes del fútbol en Londres en 1863. La clase obrera se entusiasmó por el juego. En apenas un par de décadas se fundaron más de 300 clubes en Inglaterra. Se autorizó el juego profesional en 1885. La influencia mundial del futbolismo inglés sigue manifestándose en los nombres de los clubes fundados o inspirados por jugadores ingleses en el resto del mundo. Brasil tiene sus Corinthians. En Argentina existe el Juniors y el Old Boys. Uruguay cuenta con los Wanderers, Chile tiene su Everton y sus Rangers. Los grandes clubes de Milán, dicen Milan en inglés en lugar del italiano Milano. El Bayern de Munich no es de München sino de Munich. Se habla del Athletic de Bilbao, del Racing de Santander y del Sporting de Gijón. Los vestigios de la tradición inglesa son imborrables.
Varios aspectos de la cultura popular suelen transmitirse por el comercio. y los ingleses eran los grandes comerciantes del mundo del siglo XIX. Pero es difícil que un deporte se comunique así, aunque puede haber influido en los casos del tenis y del golf, que exigen una inversión bastante fuerte en artículos de importación -raquetas, redes, palos, etcétera- para lanzarse en un lugar nuevo. La evangelización es, por regla general, una gran emisora de prácticas y valores, y es cierto que algunos deportes tienen sus misioneros y predicadores; pero aún los más devotos de éstos no llegan a rivalizar con la vocación de los religiosos. Las migraciones trasplantan la cultura de los migrantes, y es a través de las deambulaciones y el bamboleo de los vascos por el mundo hispano que sus deportes tradicionales han llegado a ser importantes en América Latina. Hoy en día se ve jugar al cricket en parques norteamericanos, debido a la llegada de nuevas ondas migratorias de la India y del Caribe. Pero lo curioso de los deportes verdaderamente mundiales -el atletismo, el fútbol, el golf, el tenis- es que han echado raíces donde no existen comunidades procedentes de sus países de origen.
Viajeros sueltos pueden enseñar a jugar a sus anfitriones o fundar clubes dedicados a tal y cual deporte, y es cierto que los fundadores de las asociaciones futbolísticas de varios países en el siglo XIX fueron empresarios o diplomáticos británicos; pero para conseguir tener éxito tales individuos necesitaban un ambiente cultural dispuesto a responder al fútbol. A veces, estudiantes educados en el extranjero vuelven a casa entusiasmados por los juegos que han aprendido de sus compañeros de clase. Es así como el rugby llegó a España, llevado desde Inglaterra a la Universidad Complutense. Pero los deportes transmitidos por contactos estudiantiles suelen ser cosas de élites. Hoy en día los telespectadores pueden interesarse por cualquier deporte, sea cual sea la zona del mundo en que se haya desarrollado. Por eso tienen lugar fenómenos racionalmente inexplicables en forma de deportes que aparecen fuera de sus moradas culturales y ambientales. Como reza la canción, hasta «en Jamaica tenemos el tobogán». Pero los grandes intercambios históricos, por supuesto, no se explican así.
Todo lo cual nos lleva al imperialismo como ámbito de aculturaciones. Llama la atención el hecho de que Gran Bretaña, la nación más deportista del mundo, ha sido también la más imperialista. «Un inglés», según los cálculos de George Santayana, resulta ser «un idiota. Dos ingleses, un deporte. Tres ingleses, un imperio».
Pero lo curioso es que, aunque existen deportes imperiales, el fútbol no es uno de ellos. El rugby y el cricket sí se juegan más que nada en países que pertenecieron alguna vez al Imperio Británico. Los mundiales de estos deportes se disputan entre equipos que ni se oyen nombrar en otros grandes concursos internacionales, tales como Nueva Zelanda, Sri Lanka, Namibia y Tonga, pero que se han convertido en grandes centros del rugby o del cricket por el apoyo oficial de la antigua clase dirigente del Imperio. En una diócesis de Africa del Sur, sigue jugándose una versión decimonónica del fútbol, propio del famoso colegio de Winchester, por el hecho de haberse educado allí uno de los primeros obispos del lugar durante la época colonial. Pero el alcance del fútbol propiamente dicho -el soccer, el fútbol de la asociación- ha trascendido todos los límites.
Claro que este fútbol tiene algo de especial. Es el deporte que nos descubre las posibilidades mágicas de nuestros pies -órganos que por lo demás quedan menospreciados, útiles para nada más que andar y correr-, mientras que los brazos y las manos sirven para expresar nuestras emociones más íntimas. En uno de los cuentos de José Luis Sampedro, un explorador que llega a la Tierra desde un planeta lejano para asistir a un partido del Real Madrid cree que va a presenciar un culto telúrico, en el cual el balón, símbolo del globo divino del mundo, sólo puede ser tocado por los miembros sagrados, mientras que las manos profanas, por emplearse en tareas rutinarias, lo contaminarían.
Pero tal vez el fracaso de los deportes españoles en el foro mundial puede proporcionarnos el secreto de la popularidad del fútbol. Casi todos provienen de zonas marginales del país como Euskadi y Canarias: el aizkolari y el harrijasoketa son prácticas campesinas. La lucha canaria era una costumbre desdeñable de gente indígena. La vela latina nació entre pescadores. Hoy en día confieren prestigio y atraen a gente de muy diversa índole, pero siempre cuesta tiempo y trabajo ascender por la sociedad. El fútbol, en cambio, bajaba en sentido contrario, por derogación, empezando por las élites y continuando hacia abajo. Tuvo el valor de surgir entre artistócratas y sabios en los grandes colegios y antiguas universidades, comunicarse a los demás y trascender la lucha de clases. He aquí su universalismo. No es que sea inglés: lo que lo hace llamativo es su trayectoria histórica.
Comentado por: copia/pega el 08/6/2008 a las 12:03
Hola. Te invitamos a visitar nuestra publicación sobre literatura y cine. Un saludo.
http://shangrilatextosaparte.blogspot.com/
Comentado por: Shangri-La el 08/6/2008 a las 09:46
Oh when the saints go marching in
Oh when the saints go marching in
Oh Lord I want to be in that number
when the saints go marching in
Comentado por: Oh when the saints go marching in el 06/6/2008 a las 19:18
Comentado por: Anónima Veneciana el 06/6/2008 a las 18:47
al sr. juliano,
Ud. hace una 'interpretación' de mis palabras desde unas coordenadas respecto a una interpretación de Maquiavelo muy superficial, si me lo permite.
Para evitar que esto siga siendo así, básicamente por mi bien, le recomiendo la lectura o relectura, que a veces hay que volver a las viejas lecturas con ojos nuevos porque resulta que cuando las hicimos pudiera ser que no las asimilásemos suficientemente bien y provechosamente, por ello, digo, que le recomiendo 'el principe' (libro que creo ha leído media humanidad), 'los discorsi' y lo más importante la 'Meditación sobre maquiavelo' de Strauss, publicado por el Instituto de Estudios políticos, 1964, donde se hace cuidadísima interpretación, explicación, estudio de los dos últimos básicamente... en fin y no se deje llevar por el espíritu y la moralina del joven gran Federico
saludos
Comentado por: vic el 06/6/2008 a las 10:53
La única dificultad que puede haber para que se escriba sobre la guerra como conviene es la falta de personas aptas o el riesgo de indiscreción. Ambas razones han impedido que se deje esta misión en manos de los corresponsales de Prensa, pero no ha sido para ponerlo en otras. Es el Ejército mismo el que debería ocuparse de ello.
jm
Comentado por: el corresponsal el 06/6/2008 a las 10:19
Me encanta lo que dice sin plomo (es 95 o 98?)
"... Filosofía, en lugar de desaparecer debería ser una disciplina que se aprendiera a lo largo de todo el proceso formativo, incluyendo en ella las religiones y las normas necesarias para la convivencia"
genial, de veras.
De verdad, ya sé que medio borracho entre atigas y gil, pero me suenan maravillosas esas palabras.
Hoy he visto dos chavales de 13 añitos, ella le masturbaba a él en medio de la calle, era la una, calle medianamente transitada... sí, los tiempos cambian.
Me pregunta ¿Me puede explicar para qué sirve la cantidad de nombres y teorías filosóficas que hay que engullir sin entender ni pío y sin que para alumbrar haga pío el profesor?"
Creo que no hay nada mejor que conecer a gente interesante...Imagínese, usted puede conocer a los tipos más inteligentes y capacess y sólo le piden atención...Me refiero a Platón, Aristoteles y compañía...
"¿Es imprescindible expresar de una forma tan compleja el pensamiento? "
En serio, no son tan complejas. Déjeme soltar estas palabras que no son mías:
"¿para qué poetas en tiempos aciagos?
Pero son, dices tú, como los sacerdotes sagrados del Dios del vino,
que erraban de tierra en tierra, en la noche sagrada...
Noche aciaga, ¿Dóde estáis?
estoy fatal, mañan espero decir algo más sensato, sin que me cueste tanto hacer ver que no soy un trol...buenas noches y perdone, voy a continuar con mi enamoramiento web...ella se llama ninna persson.. buf.. qué mal estoy..
2,3,4,5,6...triviales.
Comentado por: un numero mu alto el 05/6/2008 a las 22:56
@ vic:
Me alegro de que haya quien redescubra el pensamiento de Maquiavelo a estas alturas. "El hombre político ha de ser un hombre de acción ponderado, un hombre de su tiempo que sepa evaluar el momento que vive y lo que se puede sacar de éste respecto a lo que postula...y que sepa renunciar a su ideología hasta donde los hechos la refuten." Bueno, también vale Weber, que afirmaba que el político profesional no puede andarse con leches, partiendo del hecho de que es generalmente una persona acomodada que desde jovencito tenía claro en qué gremio quería medrar, y qué tenía que estudiar y a quiénes arrejuntarse para ello. (¿Alguien se imagina a Aznar, Soraya Sáenz, ZP creyéndose que habían llegado al puesto porque sí, con los únicos méritos de la ilusión, el amor al pueblo, etc?) Me suena a mí que esos padres del pragmatismo son los hijos de Peero Grullo. Mejorsiga leyendo a Ferlosio. sinceramente, me parece que tiene los pies mejor puestos sobre la tierra que esa gente tan "realista."
Comentado por: julianolapostata el 05/6/2008 a las 22:47
filosofía.
(Del lat. philosophĭa, y este del gr. φιλοσοφία).
1. f. Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.
2. f. Doctrina filosófica. La filosofía de Kant.
3. f. Conjunto de doctrinas que con este nombre se aprenden en los institutos, colegios y seminarios.
4. f. Facultad dedicada en las universidades a la ampliación de estos conocimientos.
5. f. Fortaleza o serenidad de ánimo para soportar las vicisitudes de la vida.
6. f. Manera de pensar o de ver las cosas. Su filosofía era aquella de vivir y dejar vivir.
Comentado por: Sin plomo el 05/6/2008 a las 22:00
Sr. Cuadragésimo séptimo
No puedo comparar y no comparo, ni conozco los efectos que tendrá la asignatura “educación para la ciudadanía” (es que no me gusta el nombre) en los alumnos. Pero me puso a rumiar qué consecuencias puede tener
¿No cree que hay materias en las que los programas no deberían ser demasiado extensos para poder desmenuzarla intentando hacer pensar a los alumnos, masticando el proceso del pensamiento si es preciso hasta que los medianamente dispuestos aprendan a ejercitarlo? ¿Me puede explicar para qué sirve la cantidad de nombres y teorías filosóficas que hay que engullir sin entender ni pío y sin que para alumbrar haga pío el profesor? A lo mejor ellos tampoco las entienden, pensaba uno ¿Es imprescindible expresar de una forma tan compleja el pensamiento? ¿Se consigue lo que se persigue haciéndolo así?
Desde mi punto de vista la asignatura de Filosofía, en lugar de desaparecer debería ser una disciplina que se aprendiera a lo largo de todo el proceso formativo, incluyendo en ella las religiones y las normas necesarias para la convivencia, pero con un enfoque distinto al que yo conocí. El mundo ha cambiado y la formación que se recibe para vivir en él también debe hacerlo. Pero el mundo se hace más complejo, no se simplifica, y por eso hay que desmenuzar para empezar a entender
Comentado por: Sin plomo el 05/6/2008 a las 21:58
Leo un libro de E.Wilson en que trata entre otras cosas de, digamos, los primeros socialistas y me doy cuenta de que no es suficiente la idelogía supuestamente justa (convengamos), verdadera y buena para llevar a cabo un programa político; no es suficiente la probidad moral o intelectual del apóstol de turno, claro, ni de su credo...hay que contar con los demás, hay que contar con la Historia, en definitiva, hay que ser un 'hombre de talento' esto es lo fundamental...todo lo cual se sortea cuando se habla de política, se confrontan ideas, y se proponen actuaciones en los más diversos ámbitos; no es suficiente con tener 'elevados' ideales, sino que el hombre político ha de ser un hombre de acción ponderado, un hombre de su tiempo que sepa evaluar el momento que vive y lo que se puede sacar de éste respecto a lo que postula...y que sepa renunciar a su ideología hasta donde los hechos la refuten, y que se dé cuenta en definitiva de que el cambio se produce, la mejora sobreviene cuando se dan condiciones para ella y que no vale capitalizar éstas en beneficio de la posición ideológica propia y que incluso a veces el 'triunfo' de una ideología no es más que el 'triunfo de las circunstancias' que en otras o pasadas aquéllas no tiene sentido siquiera lo que se sostiene. De por qué triunfa el socialismo y el movimiento obrero en usa..hasta la llegada de la 'Homestead Act'
saludos
Comentado por: vic el 05/6/2008 a las 15:47
Dado que se cita a Benjamin en la columna, les dejo un enlace a un blog que creo será del interés de muchos. Su autor es José Luis Pardo, filósofo de altura; y el post en cuestión un homenaje al mismo Walter Benjamin:
http://loscontenidos.ech.es/a_day_in_the_life/a.pl
Comentado por: Uno. el 05/6/2008 a las 11:09
A sin plomo,
por supuesto que algo hacen, pero pido no comparar filosofía con ciudadania, que los pobres filósofos ya tienen suficiente con lo suyo.
Es otra de las paradojas a la que nos llevan los legisladores, quitar Filosofía y endosar una asignatura para entender y respetar nuestro entorno (¿O no va de eso la nueva invención de Educación?).
Comentado por: cuadragésimo séptimo el 05/6/2008 a las 09:20
signo de interrogación: es un signo de puntuación que indica que la oración que le sigue o precede es una pregunta.
pregunta.
(De preguntar).
1. f. Interrogación que se hace para que alguien responda lo que sabe de un negocio u otra cosa.
susurro.
(Del lat. susurrus).
1. m. Ruido suave y remiso que resulta de hablar quedo.
refutar.
(Del lat. refutāre).
1. tr. Contradecir, rebatir, impugnar con argumentos o razones lo que otros dicen.
2. tr. ant. Rechazar, rehusar.
Comentado por: ...... shhhh el 04/6/2008 a las 23:02
Tal vez sepan ustedes de donde viene este comentario entrecomillado del blog de Pío Moa, que no pone el origen:
"El doctor Adler se echó atrás en el sillón con expresión cansada, cruzó las manos sobre el regazo y, sin levantar la mirada de la copa de coñac que había dejado sobre la mesilla, replicó:
– Hijo, tú eres ya bastante mayor, tienes edad de votar y no pretendo ejercer autoridad sobre ti. Lo que hagas con tu cuerpo es cosa tuya. No obstante me acusas de retrógrado porque no creo que la homosexualidad pueda equipararse a la sexualidad normal. Atiende, convertir el canal de los excrementos en órgano del amor, o esas mujeres que, lógicamente, no pueden penetrarse y han de recurrir a artefactos repulsivos, ese reparto grotesco de papeles haciendo uno de hombre y otro de mujer, tan frecuente entre ellos, esa parodia de la relación normal...todo eso es muy viejo y no me parecen avances ni me creo atrasado por indicártelos, sino razonable. Me gustaría que resistieras a esos impulsos, pero si no te es posible, preferiría que los considerases con realismo. El amor entre personas del mismo sexo es estéril, pocas veces es estable, por su propia naturaleza suele producir inestabilidad emocional, también en esos medios circula la droga con mayor facilidad, la prostitución masculina es la mayor parte de las veces homosexual, y fácilmente se contraen enfermedades... No, no quiero decir que todos los homosexuales sean así, y si ese señor con quien te has... con quien has entrado en relaciones, está al margen de esas cosas, bien, me alegraré, y si encuentras a alguien con quien puedas entenderte largo tiempo y mantener un lazo lo más parecido posible a la normalidad, eso es lo que te deseo, ya que no parece que puedas o quieras cambiar... Solo quiero advertirte contra falsas ilusiones.
Dijo las últimas palabras levantando los ojos y mirando a su interlocutor fijamente, con una especie de desilusión todavía esperanzada. El muchacho, salido no hacía mucho de la adolescencia, palideció. Aguantó un momento la mirada de su padre, y enseguida desvió la suya.
– ¿Vas a decirme que tu relación con mi madre, ¿eh? Que tu famosa sexualidad normal, ha sido perfecta? ¿Que ha sido un gran éxito, un modelo de estabilidad?
– No confundas las cosas. Que algo bueno falle no justifica algo malo de entrada...
El joven se levantó.
– Me voy de casa –anunció con el rostro contraído de furia–. Para mí, ya no tengo padre".
Comentado por: Estilicón el 04/6/2008 a las 22:59
Dar religión (y especialmente la Católica) desde un punto de vista cultural es absolutamente imprescindible para que los jóvenes entiendan la historia de su mundo... Nada menos que la de los últimos dos mil años. Y antes de esos dos milenios, también hay que hablar de religión (o, al menos, de Dios): uno de los grandes inventos del pensamiento griego es nada menos que la teología. Decir lo contrario es ignorancia, ocultarlo maldad.
Comentado por: a ver el 04/6/2008 a las 22:42
Sr. trigésimo octavo
Ahora que lo dice…Si dicho rumbo no lo ha cambiado ni la ética, ni la filosofía en tantos años... pues tampoco debe ser fácil, pero algo hacen ¿No? Hay mundos mucho peores que el que tenemos.
Comentado por: Sin plomo el 04/6/2008 a las 21:34
El sr. delfín se da por aludido y se siente agredido por mi comentario anterior. La verdad, no sé de dónde sacala idea de que me dirigía a usted. Me dirigía, como queda claro por mis palabras, a aquel que me mandó callar mostrándome una legislación que, aunque supuestamente refutaba mis palabras, no hacía más que mostrar qué huérfana de conocimientos nace una asignatura cuyos contenidos no son más que una reunión de banalidades y lugares comunes. Esa legislación, además, poco tiene que ver con el desarrollo posterior del currículo y su actualización en los incontables proyectos editoriales.
No sé por qué se reconoce usted como destinatario de mis palabras, la verdad. Cuando me referí a usted le nombré. Lo demás se lo inventa, porque de mí no parte. Espero que la próxima vez lea en mis palabras lo que digo, así como que me permita abandonar la inquina contra usted que me asigna sin yo querer.
Lo de llamar "fascista" a quien no me cae bien es completamente inexacto: se lo llamé a quien me mandó callar. Seamos rigurosos. Por último, también le ruego que no me incluya en alguno de esos "algunos" en los que parece incluirme. No soy parte de ellos.
Comentado por: Borgia el 04/6/2008 a las 21:04
http://www.eurydice.org/portal/page/portal/Eurydice/PubContents?pubid=054EN&country=ES
http://www.mepsyd.es/cide/espanol/investigacion/eurydice/publicaciones/eury2006eccee/eury2006ecceepc.pdf
Comentado por: ...... shhhh el 04/6/2008 a las 20:42
Veo que el Sr. Borgia es hombre de poca paciencia, y como se puede comprobar quien teme por su acorazado discurso es él. Ha perdido los nervios y...no solo ha esperado mi respuesta con impaciencia sino que encima, me confunde, me confunde con el apodo que se a puesto quien quiera que sea, al que saludo ahora, ese que le dice Shhh! a nuestro refutador de discursitos. No espere usted entendimiento ninguno conmigo después de llamarme Fascista. Incluso si se rectifica y va dirigido a ese anónimo tan respetable que como tú o yo, ha dado la opinión que sea. Ya me ha pasado un par de veces esto, que me confundan con otro en esta página, y la verdad, me trae sin cuidado. Y más con gente con tan mala baba como la que me salpica hoy. Así, con esas, no pretenda usted discutir conmigo. Ni de aquí a Lima. De hecho ya es irremediable, porque discutir no me gusta ni cuando en un principio se va por las buenas. Pero usted ya ha demostrado su falta de interés en ciudadanía o como se ha llamado desde los tiempos más antiguos: educación. Se ha retratado usted esta tarde de lo lindo,señor Borgia. Prefiero adornarme con "ropajes falsos" y aun con "retórica vana" que presentarme con lo de "sin ánimo de ofender a nadie",que en su respetable primer comentario nos presentaba .A mí ni me ofendía antes y ahora mucho menos. Da prueba usted de lo duro que tiene que ser mover esa inquina que tienen algunos en este país en sus adentros. ¿Y me pide y da encima una dirección (donde se dice "adornada de todo tipo de razones" la asignatura pendiente) para que nadie vaya a discutir lo que es mi asignatura preferida? ¿Usted, que me parece que ha dicho que educa a niños, pretende debatir lo que es la educación con eso de llamar Fascista a quien no le cae bien?
Pero, ay, me atrevería a decir que su enconamiento y su mala saña conmigo no viene de mi comentario actual, tal vez sea otro cualquiera que haya depositado aquí algún día, el que le haya molestado. Bien lo sé, gachón. Con eso de que enseño "apagógicamente" (que ya es buscar cosa ininteligible) me lo dice todo. Pero no quiero distenderme más, porque ni merece la pena ni tampoco me apetece. Con gente tan estupenda como esta no me extraña que la asignatura sea tan dura de roer. A la vista está.
Comentado por: Delfín el 04/6/2008 a las 20:15
Resulta curioso como ciertas gentes de izquierda no estan preocupadas en eso de 'meter mano' a la religión (me centraré en la católica y en España para este asunto) por parte de los poderes públicos, como ya antaño hicieran monarcas europeos aunque con otros fines; lo digo porque hay a algunos que se les llena la boca con el 'Estado laico', 'la Religión es cosa privada', 'la ciudadanía, el ciudadano...la... religión civil romana'...que por cierto era un pueblo religiosísimo y demás eslóganes, qué sé yo; y en esto que yo me pregunto..pero, ¿quieren estos enemigos del obispado en pleno dejar en manos de los obispos la educación religiosa de los nenes fuera de la escuela pública?, ¿con lo peligrosos que dicen que son?, ¿quieren que se imparta soterráneamente desde el punto de vista de la sociedad civil, claro?, ¿ dejarían a unos cuantos venidos de las arenas del desierto saudí enseñar el islam, en mezquitas-garaje?...ajá! , parece ser que eso ya no les gusta tanto porque suponen dos cosas: la primera es que el antiguo camellero wahabbita, hoy potentado 'oleícola' representa un peligro casi evidente, incluso para las mentes izquierdiles; y la segunda es que no creen que el catolicismo vaya a terminar por aquellos cerros, no los de Úbeda, pero quizá sí próximos a la famosa montaña del Profeta. Eso creen ellos haciendo un acto de fe, diría yo, digno del Credo romano...pero, ¿tan seguros están?; en fin, parece que sí, pero lo que creo seguro es que ya se 'solventará' el asunto éste por algún lado y ese lado puede ser el de cierta 'radicalización católica' ( ¡oh, no!) a ojos de los progres...bueno pues a esperar, yo mientras veré esos toros desde la barrera.
Por cierto que se ha colgado un texto que se supone da cuenta del programa de la 'asignatura' que se titula...ya saben...aunque me refería a la que mienta Savater tanto da, pues supongo e interpreto creo que bien que se refería a aquélla como referente concreto -porque, señores, ya está en Real Decreto y eso imprime carácter, hay que decirlo-, de lo que pensaba y escribió... pero bueno, eso, lo colgado, es un 'programa' o pretende serlo, yo preguntaba si era 'algo'...por lo que veo no se responde a esta crucial pregunta ni siquiera 'via mostrata' (cosa harto difícil si se saca de un Real Decreto todo sea dicho, es decir, que no esperaba que el texto me aclarase nada, no soy tan bisoño)...en fin, esperaremos a que nos iluminen no ya desde el cielo, sino desde las instancias ministeriles, empíreo más alto y celeste, no cabe duda... sea pues.
saludos
Comentado por: vic el 04/6/2008 a las 19:12
¿De verdad que hay alguien que crea que esta asignatura puede cambiar el rumbo de la mala educación y suplir la falta de virtudes publicas que actualmente sufrimos?
No sé, pero hay que ser muy inocente (está bien serlo siempre y cuando uno no se ponga a regir un país).
Recuerdo que Arturo Pérez-Reverte hablaba de las guerras como acontecimientos necesarios o como catarsis...¿Nos hará falta una guerra? Jo, me ha salido una disyuntiva algo salvaje, o Ciudadania o guerra...
Supongo que estamos bien en este mediocre término medio ¿No?
Comentado por: el trigésimo octavo el 04/6/2008 a las 18:22
La constitución,las normas, los derechos y deberes legales tienen una razón de ser, no son arbitrarias. Eso hay que intentar que comprendan los niños antes de aprenderse la constitución, que también está bien. Y después que cada uno viva como quiera.
Comentado por: Sin plomo el 04/6/2008 a las 17:01
Supongo que lo de Shhh! será para que me calle.... bonito diálogo, sí señor. Un compedio inmejorable de la actitud que anima su asignatura preferida. Con esto, nada más tengo que decir, sólo que estoy hasta las narices de los fascistas como usted. Fascistas e ignorantes, aunque se adornen con los ropajes falsos de "LA Ciudadanía". Cuando usted tenga capacidad de entendimiento y diálogo - cosa que dudo se pueda adquirir ya a ciertas edades- podremos hablar del asunto. Mientras tanto, quédese con su educación para la ciudadanía y siga enseñándonos apagógicamente -es decir, por contradicción- lo que realmente es un ciudadano.
Comentado por: Borgia el 04/6/2008 a las 14:16
Quizás la educación cívica sea una "asignatura" que no deban darla "porfesores" sino "maestros". Es una forma de vivir que hay que sistematizar, claro, para transmitirla pero no es algo a aprender sino a aprehender
Comentado por: Sin plomo el 04/6/2008 a las 14:04
Déjenme poner mi granito de arena en la polémica savateriana:
Su artículo de ayer me gustó tanto (sin estar en casi nada de acuerdo con él, que es lo que más me entretiene) que lo hice leer a los demás bostezantes compañeros de la sesión de evaluación. ¡Maravilloso panorama! Estábamos quejándonos de que los niños no leen, no opinan, no se comprometen, y resulta que los camaradas se hacían los locos para que nadie los viera con prensa polanquera en la mano y encima leyendo a ese subversivo...
¿Y vamos nosotros hablarles de ética, responsabilidad, isonomía?: ¿para vacunarles definitivamente? Ninguna asignatura sobre esos temas podrá superar lo que aprenden los alumnos observando durante unos minutos las relaciones entre los profesores, la gestión del centro y la actitud de padres y demás. Las matemáticas tienen la ventaja de que son lo mismo si te las enseña un cínico que un gran hombre. Todos esos contenidos humanistas y cívicos los debería enseñar la convivencia en los centros, donde supuestamente hay consejos escolares, elecciones de delegados, excursiones, discusión con los profesores, intervención de los padsres, actividades culturales...
Que con los patios llenos de gente de todos los países, tallas y colores, jugando al futbol o metiéndose mano alegremente tal como les sale de las narices, vengamos a dar lecciones teóricas de convivencia me parece que dice mucho... de los adultos. Algo así como la educación sexual: parece muy liberal pero, pasado cierto punto (información sobre embarazo, aborto, anticoncepción y enfermedades de transmisión sexual, que se debería facilitar en clase de ciencias) refleja más que nada unas preocupantes ansias de colonización e intervencionismo -sin duda teñidas de envidia- por parte de los adultos.
Por otro lado, no sé ni me interesa si habrá asignaturas análogas o no en otros países. Esto me recuerda la polémica sobre la enseñanza en lenguas autonómicas: una cortina de humo... y distraernos de las cosas serias: ¡Abajo con la educación concertada, fuera Vaticano de las instituciones de enseñanza!, ¡que todas las religiones sean cosas extracurriculares y privadas (lo que no quiere decir que secretas y familiares)! ¿Cómo acabará esto? Que al final haremos un trato con los obispos y los fachas y nos dejarán dar esa asignatura innecesaria a cambio de una revisión aún más provechosa (para ellos) del concordato. Y encima tendremos que estar contentos. Al menos durante los años en que tardemos en darnos cuenta de que lo tenían preparado. Siempre nos hacen igual: nos encandilan con sus supuestas batallas metafísicas, cuando la verdadera y única discusión era sobre el tamaño de sus respectivos pedazos de pastel.
Un beso.
Comentado por: julianolapostata el 04/6/2008 a las 13:57
perdón me equivoque.... que rabia, la pregunta es ¿Ese no lo conocen?.... me lo cargué
Acabáramos, a su disposición
Comentado por: A falta de un hervor o dos y a fuego lento el 04/6/2008 a las 13:28
Acabáramos... resulta que escriben para ustedes mismos... ¡Haberlo dicho antes hombre o mujer!
¿Sabe el chiste de los rusos?... se lo cuento
Imagine una reunión, 3 rusos y un … da igual un belga profesor de ruso
-Vasili cuenta un chiste: El 12
Todos los rusos tirados de risa
-Ahora tú, Klimov : El 26
Los rusos se revuelcan de la risa
-Ahora Paulov: El 6
Y los rusos ni se inmutan
El belga pregunta: ¿Qué pasa, ese no es bueno?
-No, es que es muy malo.
Dada la altura y los kilos no creo que tenga usted fácil cambiar de dirección con agilidad, pero no le vendría mal grabarse en el ipod lo que le queda por recordar o aprender. Supongo que, dadas sus formas, no será profesor de educación cívica y espero que tampoco dirija la elaboración del programa de la asignatura.
Un saludo
Comentado por: Normal sin plomo el 04/6/2008 a las 13:22
¿¿¿¿
-enseñan "valores" vaporosos que no refieren a realidad alguna, sino sólo a las fantasías y deseos que algunos albergan-
-ningún contenido especulativo cabe encontrar en una materia hecha de "sentimientos", ningún conocimiento de lo real, sino sólo de confusos proyectos utópicos sin correlato alguno en la realidad positiva-
-donde se ha olvidado la exigencia liberadora del conocimiento" es en un proyecto que suplanta la función del conocimiento poniendo en su lugar sentimientos y afectos-
-por "enseñar a los niños a que reconozcan cuándo están enamorados", o convenciéndoles de que tienen que probar a tener relaciones sexuales de modo indiscriminado, porque la heterosexualidad es una limitación imperdonable!-
????
Comentado por: ...... shhhh el 04/6/2008 a las 13:18
CONTENIDOS DE LA ASIGNATURA
“EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS”
LOS CONTENIDOS EN EDUCACIÓN PRIMARIA SE ORGANIZAN EN 3 BLOQUES:
(EXTRACCIÓN LITERAL DEL REAL DECRETO 1513/2006, DE 7 DE DICIEMBRE)
Bloque 1:
INDIVIDUOS Y RELACIONES INTERPERSONALES Y SOCIALES
􏰀 Propone un modelo de relaciones basado en el reconocimiento de la dignidad de todas las personas,
del respeto al otro aunque mantenga opiniones y creencias distintas a las propias, de la diversidad y
los derechos de las personas.
􏰀 A partir de situaciones cotidianas, se aborda la igualdad de hombres y mujeres en la familia y en el
mundo laboral.
􏰀 Un aspecto prioritario, relacionado con la autonomía personal, es siempre la asunción de las propias
responsabilidades.
Bloque 2:
LA VIDA EN COMUNIDAD
􏰀 Trata de la convivencia en las relaciones con el entorno, de los valores cívicos en que se
fundamenta la sociedad democrática: respeto, tolerancia, solidaridad, justicia, igualdad, ayuda
mutua, cooperación y cultura de la paz.
􏰀 Trata de la forma de abordar la convivencia y el conflicto en los grupos de pertenencia (familia,
centro escolar, amigos, localidad) y del ejercicio de los derechos y deberes que corresponden a
cada persona en el seno de esos grupos, identificando la diversidad, rechazando la discriminación y
valorando la participación y sus cauces.
􏰀 Asimismo, desde el reconocimiento de la diversidad cultural y religiosa presente en el entorno
inmediato y asumiendo la igualdad de todas las mujeres y hombres en cuanto a derechos y deberes,
se puede trabajar el respeto crítico por las costumbres y modos de vida distintos al propio y permite
proporcionar elementos para identificar y rechazar situaciones de marginación, discriminación e
injusticia social.
Bloque 3:
VIVIR EN SOCIEDAD
􏰀 Propone un planteamiento social más amplio: la necesidad y el conocimiento de las normas y
principios de convivencia establecidos por la Constitución.
􏰀 El conocimiento y la valoración de los servicios públicos y de los bienes comunes.
o Las obligaciones de las administraciones públicas y de los ciudadanos en su mantenimiento.
o Algunos de los servicios públicos y de los bienes comunes reciben un tratamiento específico
adecuado a la edad de este alumnado, es el caso de la protección civil, la seguridad, la
defensa al servicio de la paz y la educación vial.
LOS CONTENIDOS EN EDUCACIÓN SECUNDARIA SE ORGANIZAN EN 5 BLOQUES :
En Educación Secundaria se desarrollan y amplían, atendiendo a la mayor edad de los alumnos,
todos los contenidos de la asignatura en Educación Primaria, añadiendo algunos otros, como los
siguientes:
Bloque 1:
APROXIMACIÓN RESPETUOSA A LA DIVERSIDAD
􏰀 Entrenamiento en el diálogo, el debate y la aproximación respetuosa a la diversidad personal y
cultural.
Bloque 2:
RELACIONES INTERPERSONALES Y PARTICIPACIÓN
􏰀 Trata aspectos relativos a las relaciones humanas, desde el respeto a la dignidad personal y la
igualdad de derechos individuales, el reconocimiento de las diferencias, el rechazo a las
discriminaciones y el fomento de la solidaridad.
􏰀 Se aborda la participación y representación en el Centro escolar
Bloque 3:
DEBERES Y DERECHOS CIUDADANOS
􏰀 Conocimiento de los principios recogidos en los textos internacionales.
􏰀 Identificación de situaciones de violación de los derechos humanos.
􏰀 Actuación que corresponde a los tribunales ordinarios y a los Tribunales Internacionales, cuando se
producen situaciones de violación de derechos humanos.
Bloque 4:
LAS SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS DEL SIGLO XXI
􏰀 Funcionamiento de los Estados democráticos, centrándose particularmente en el modelo político
español.
Se analiza el papel de los distintos servicios públicos
Bloque 5:
CIUDADANÍA EN UN MUNDO GLOBAL
􏰀 Aborda alguna de las características de la sociedad actual: la desigualdad en sus diversas
manifestaciones, el proceso de globalización e interdependencia, los principales conflictos del
mundo actual, así como el papel de los organismos internacionales en su prevención y
resolución.
(más información en el Real Decreto 1631/2006, de 29 de diciembre)
Comentado por: ...... shhhh el 04/6/2008 a las 13:16
Leo, en uno u otro comentario, diversas loas recitadas a mayor gloria de la dichosa "Educación para la ciudadanía". SIn querer ofender a nadie, lo que se deja ver, una vez más, es que el velo ideológico se ha esparcido sobre la cosa misma, de manera que cuesta entender de qué se está hablando. Es necesario, entre un batiburrillo tal de prejuicios e ideología, remitirse a los contenidos positivos reunidos en el currículo y sus actualizaciones impresas en libros de texto.
Nos encontramos ante una nueva moral oficial, y no porque a algunos les parezca la moral definitiva y verdadera deja de ser así. EL engreimiento intelectual que destila el asunto es desmedido: como "nosotros" -los burócratas, los filósofos arrepentidos, los pedagogos y los tiranos didácticos- hemos hallado la verdad definitiva, es el momento de obligar a todos a adoptarla dogmáticamente: por su bien. El estado, como afirmaba Rousseau, ha de obligarnos a "ser libres".
Comparar esta asignatura con la que se imparte en otros países mueve a la risa: en el caso español no se trata de considerar los principios de derecho que organizan un sistema constitucional-liberal, sino de imponer una visión de mundo, educar -es decir, prescribir- ciertos afectos frente a otros, controlar burocráticamente las pasiones. No se estudia la constitución, sino que se dinamitan sus principios (dado que "no es suficiente" y hay que tender a "superarla" para alcanzar una soiciedad definitivamente "justa"). En E.E.U.U. estudian cosas como la primera enmienda, y en otros principios jurídicos positivos sobre los que se erige todo un sistema político (yo qué sé: el habeas corpus, la división de poderes, el concepto de seguridad jurídica y las garantías procesales...); aquí, por el contrario, se enseñan "valores" vaporosos que no refieren a realidad alguna, sino sólo a las fantasías y deseos que algunos albergan. Si comparamos, que sea seriamente.
Además, nos encontramos ante la nada del conocimiento. Ningún contenido especulativo cabe encontrar en una materia hecha de "sentimientos", ningún conocimiento de lo real, sino sólo de confusos proyectos utópicos sin correlato alguno en la realidad positiva. Y esto, que es el dogma más vulgar, se lo "cargan" a los profesores de filosofía: ¡me veo yo intentando convencerme todas las mañanas ante el espejo de que la práctica filosófica y crítica pasa por "enseñar a los niños a que reconozcan cuándo están enamorados", o convenciéndoles de que tienen que probar a tener relaciones sexuales de modo indiscriminado, porque la heterosexualidad es una limitación imperdonable! Esto y una filosofía crítica se parecen como un huevo y una castaña. ¿No será, quizás, filosofía cítrica?
Repetir los discursillos ideológizados al uso, como hace el sr. Delfín, es emp`lear una retórica vana que no resiste la mínima confrontación con los hechos: "donde se ha olvidado la exigencia liberadora del conocimiento" es en un proyecto que suplanta la función del conocimiento poniendo en su lugar sentimientos y afectos; un proyecto en el que no se admiten alternativas ni dilemas morales, sino una aceptación acrítica de la verdad administrada por el estado; un proyecto afilosófico que sirve de comunión en una nueva religión por la que el estado termina de urbanizar el espacio privado de los afectos para legislar sobre qué debemos y qué no debemos sentir. Ideología de los más rancio y ramplón, aunque adornada del barniz del "progresismo".
El sr. Delfín, no obstante, parece estar acorazado contra toda refutación. La ideología, parece, le protege del error, ya que, como se comprueba al final de su comentario, ya adelanta que todo aquel que se aventure a oponerse a la asignatura -más allá de razones y análisis sobre el contenido efectivo de ésta- lo hace en base a una fabulosa "lógica clerical" de la que debería ofrecer más detalles. Pues bueno. Está claro que con tales razones vamos a formar una ciudadanía de puta madre. Y los que expongamos alguna objeción ya se sabe que lo hacemos porque somos obispos.
(A quien le interese: el mes pasado tuvimos una discusión sobre el asunto, adornada de todo tipo de razones, en las páginas del "Diario de Feacia": http://feacios.blogspot.com/2008/05/educ.html)
www.feacios.es.vg
Comentado por: Borgia el 04/6/2008 a las 10:17
El problema no es la educación cívica que tiene Savater en la cabeza sino la que desean que se predique Zapatero y Cía. Y el problemón es que Savater cree que Zapatero y Cía tienen en la cabeza lo mismo que él.
Desde que Zapatero le miró a Savater a los ojitos hace ya cuatro años y le fichó para "arreglar" la televisión nuestro filósofo zascandil se nos volvió más zascandil que filósofo.
El deshipnotizador que le deshipnotice buen deshipnotizador será.
Comentado por: santa pola de lestonac el 04/6/2008 a las 08:58
Ser normal no es la solución. Y menos aquí. Lo normal es que casi te metan en prisión por no tener papeles. No fastidie.
Aquí hay que tener el coeficiente intelectual bien alto, ni cafetitos, ni desayunos ni embarazos psicológicos ni leches, éste es el blog de Azúa, que no tiene 300 millones de euros.
No uno ni dos, trescientos. Estoy de acuerdo con él cuando escribe delericto en otra parte. También estoy de acuerdo con la otra parte. Pero normal lo será la santa con yupiestrés, la DDT o la DDR, si les parece. O el junio del 68, puestos a apaciguar.
Comentado por: acabáramos... el 04/6/2008 a las 02:06
Comentado por: Parvulitos el 04/6/2008 a las 00:18
Delfin, me temo que más de uno tendrá que volver a la escuela. Su tono no parece el más adecuado para que a uno le apetezca dejar de pertenecer a ese grupo de ignorantes,a veces vejados y con una ignorancia muchas veces potenciada por sabios que solo se miman y se consienten a si mismos. Creo que en educación cívica además de no consentir ni mimar la ignorancia deberían enseñar a repetir con paciencia y hasta la saciedad para que la mayoría entienda. Todos no tenemos el mismo coeficiente intelectual
Puedo repetir si no lo entiende
Buenas noches
Comentado por: Normal el 03/6/2008 a las 23:48
Hay quienes no saben o no quieren saber qué es la educación cívica, y que se moleste alguien en explicársela es como el que habla para la pared, y sin embargo Savater ha dado(más de una vez), pensando en personas resistentes de toda laya,una aproximada definición de ciudadanía ; hoy con la que se debería enseñar cuando uno juega en el patio escolar, y aun así sobran sordos : "la que mantiene el maestro contra la ignorancia consentida y mimada de los alumnos en una sociedad en la que cada cual es rey y todos esclavos, o sea donde se ha olvidado la exigencia liberadora del conocimiento." Esa es la propuesta del profesor en materia ciudadana. Hágase hincapié en el detalle, que no se tenga que repetir demasiadas veces: la que no admite ni contempla "la ignorancia consentida y mimada", esa es la costumbre que trata de erradicar la educación cívica, la materia en ciernes que no admiten quienes, familiarizados en “lógica clerical”, hacen oídos sordos y hoy confunden con la que ellos es posible que recibieran.
¿Hay que repetirlo? Lo mismo hay que volver a la escuela.
Comentado por: Delfín el 03/6/2008 a las 21:28
pasión gitana sangre española cuando estás conmigo a solas... cantaba
pasión reproductora en el ipod-eres
Comentado por: virgen maría del Congreso Eucarístico el 03/6/2008 a las 21:03
África e India ¿folclóricas? Espero que le ladren a usted los ciclistas, y por muchos años, señora mía.
Comentado por: Lauren Postigo y compañía desde el más allá el 03/6/2008 a las 20:32
a la sta.,
no, de veras, dígamelo usted...que, citándola a ud., 'vivo sin vivir en mí'
saludos
p.s.: tampoco me entero de lo que dice usted sobre Savater, la CE y demás sea buena ya que está en el paraíso y atienda a mi súplica...ud. que tiene a la eternidad y al Padre consigo
Comentado por: vic el 03/6/2008 a las 20:05
amalia, efectivamente, el párrafo transcrito del librillo (6´70 €, increíble, precio "Paseo de Gracia" pero editorial francesa) tiene que "ver" con el "copia/pega" de marc. Se trataba de un extracto de "La esencia del cristianismo" de Feuerbach, que el autor del librillo cita al inicio del primer capítulo.
undécimo, no tenía ni idea pero he hecho mis averiguaciones. Fantástico eso del Gocar, más que por verlo siento curiosidad por "oírlo". ¿No será usted de los que también disfruta del "helicópter turístic?.
En mis trayectos en la línea 5 sigo tapándome las orejas con esto:
http://es.youtube.com/watch?v=QcbfmAjzoGk
También repasando el librillo:
- Toute la vie des societés dans lesquelles règnent les conditions modernes de production s´annonce comme una immense accumulation de "spectacles". Tout ce qui était directement vécu s´est éloigné dans une representation. -
Hoy no traduzco, si les hace falta pueden usar babel fish, que hace unas traducciones de descojono. Avisen si saben de alguna alternativa.
http://es.babelfish.yahoo.com/translate_url?fr=avbbf-es
Francisco de Javier, gracias por su recomendación aunque yo prefiera las sugerencias, pero que quiere que le diga, yo soy como muy del primer mundo y eso de Africa o India me resulta un poco folclórico, ¿qué tal Perpignan?. Está aquí al lado y podría seguir usando el catalán, además, en otros tiempos también servía como válvula de escape y así seguiríamos con la tradición. De todas formas insisto en agradecerle su interés, se nota que sabe de lo que habla.
¿con espalda?, gracias igualmente, confesaré que el dulce es uno de mis sabores imprescindibles y no creo que desde China llegara ni una. A la vuelta, más que de color amarillo, color morado. ¿Conoce China, coincidió con Francisco de Javier en algún momento?.
vic, ¿no sabe lo qué es la "educación cívica"?, ¡joer macho, pos si vamos bien!. Lo que enuncia Savater es lo normal en cualquier país de la CE, vicios privados, virtudes públicas. No sé porque tenemos que insistir en ser tan, tan, diferentes. ¿Inercias?, ¿consignas?.
Comentado por: Teresilla d´Àvila el 03/6/2008 a las 19:16
"La humanidad, que antaño, en Homero, era un objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden. Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna."
W.Benjamin
Comentado por: el decimonoveno el 03/6/2008 a las 18:55
El ataque de Israel al sur de Líbano, arrasando hasta el centro, no habría ocurrido si no hubiera sido...... por la agresión del terrorismo de Hezbolá que atacó territorio Israelí, secuestrando a dos jovenes militares que aún hoy no han sido liberados.
Recordemos que Israel abandonó la zona sur del Líbano, tal como solicitaba Naciones Unidas, haciendo que la panda de terroristas que se alimentan de la máxima "el futuro de Israel es el Mediterraneo" vieran que se quedaban sin recursos para demostrar que su enemigo era el mismisimo diablo encorsetado con su kipá. La agresión buscaba mostrar como responde Israel a un par de raptos de nada de militares que estaban en su pais. Y efectivamente, aquí los bienpensantes se ponían las manos en la cabeza cuando Israel atacaba en Beirut azoteas de edificios utilizados como lanzaderas de misiles...qué horror, estos judíos que malos que son (grito que uno debe ladrar para ser aceptado en medios políticos y de reflexión en este continente que ya sólo vomita lo que fue).
Comentado por: Eldad y Ohad el 03/6/2008 a las 18:49
El ataque de Israel al sur de Líbano, arrasando hasta el centro, no habría ocurrido si no hubiera sido por el espectáculo del bombardeo de Bagdad por EE.UU. y la impunidad con que se aposentaron en Irak hace ahora...cuántos años? Todo televisado 24 horas al día por CNN.
Comentado por: me el 03/6/2008 a las 18:27
Leo en el periódico polanquil un artículo del sr. Savater en el que trata de lo mal que está la secundaria en España haciendo un comentario a un libro escrito por un profesor de bachillerato. En este artículo el sr. Savater escribe que cierta 'derecha clerical' (nuevo especimen, al parecer, en el Océano de la Derecha, evolucionado, vaya usted a saber a partir de qué tronco anterior con más solera y del que espero dé buena cuenta el filósofo, tanto de su genealogía como de su taxonomía prontamente)..."no es que apoye la privatización de la enseñanza sino que por lo visto quiere la privatización de los hijos. A su modo, claro: la religión, que es un asunto de creencias familiares, exigen que se curse en la escuela; y la educación cívica, que concierne a la comunidad, hay que darla en casa. Pura lógica episcopal".¡Ea!, ¡hala! , ¡ahí va!... el problema es que no se sabe muy bien qué diantres es eso de la 'educación cívica', de qué va eso, qué se pretende con hacer que se curse obligatoriamente...de hecho, ¿qué es 'educación cívica'?. Con la religión lo tenemos más fácil...¡niño, que te voy a eseñar el catecismo!...aaaah!...pues mira, ya sé lo que pone lo edite quien lo edite y en la comunidad que sea del estado gobiernen hunos u hotros...
Dice que la religión es cuestión familiar y que eso de la 'educación cívica' (ojo! que no se sabe lo que es ni de lo que va, o lo que es peor sobre lo que puede ir en un futuro próximo...,en fin, yo al menos no me he enterado, ni me lo han explicado con la facilidad adecuada a mi intelecto), bueno pues resulta que algo que no se sabe bien si es, valga la redundancia, 'algo' resulta que por tener un adjetivo especificativo, "concierne a la comunidad"...aaaah!, pues vale! si él lo dice.
Pero la religión evidentemente también concierne a la comunidad o es que si no fuera así los sociatas et alii querrían revisar el concordato, el IRPF, la jura o promisión de cargos públicos, la eutanasia...es evidente que el efecto de la educación religiosa escolar o familiar concierne a la comunidad, la afecta en muchísimos aspectos, sin más en la forma de concebir a la comunidad misma, si es cuestión de 'afectar' habría que pensar cual de las dos (si es que supiera qué es una de ellas más o menos) afecta más profundamente o debería hacerlo...en fin, con lo que estoy de acuerdo es con el diagnóstico sobre la secundaria...¡ahí las dao, filosófo, ahí las dao, macho!!
saludos
Comentado por: vic el 03/6/2008 a las 16:28
Comentado por: DC el 03/6/2008 a las 15:07
Le Dix-huit Brumaire de Napoléon Bonaparte
Retour sur un coup d’État
par Annie Jourdan La vie des idées
[28-05-2008]
Patrice Gueniffey propose une nouvelle histoire du Dix-huit Brumaire, coup d’État par lequel Napoléon Bonaparte prit le pouvoir le 9 novembre 1799. Il voit dans cet événement « une manière un peu tendue de résoudre les crises graves de l’État » et dresse un parallèle avec la journée du 13 mai 1958 qui mit fin à la IVe République. Annie Jourdan, spécialiste de l’Empire, discute ici les interprétations avancées par l’auteur sur les liens entre Napoléon et la Révolution française et sur la légitimité de ce coup d’État.
Recensé : Patrice Gueniffey, Le Dix-huit Brumaire. L’épilogue de la Révolution française, Collection « Les journées qui ont fait la France », Gallimard, 2008, 422 p., 24 Euros.
La tâche était ingrate, puisqu’il s’agissait ni plus ni moins de récrire un volume déjà paru dans les années 60 : celui d’Albert Ollivier, consacré à cette fameuse ‘journée’ du 18 Brumaire – journée où justement il ne s’est rien passé, puisque le coup d’État fomenté par Bonaparte n’a eu lieu que le lendemain, quand il a dispersé les députés de la République et mis fin au Directoire. Tâche ingrate aussi parce que cette collection vise à reconstituer ‘une’ journée de l’histoire de France, ce qui laisse peu de liberté à l’auteur qui en est chargé. Mona Ozouf a ainsi donné dernièrement une superbe version de la fuite de Louis XVI à Varennes, tandis que la journée du Sacre de Napoléon du 2 décembre 1804 par José Cabanis a été rééditée telle quelle – avec une postface de Patrice Gueniffey. Ce qui semble suggérer que certains volumes de la collection demandent à être réactualisés et d’autres non. Tâche ingrate enfin, parce que plusieurs centaines d’études anciennes ou récentes, que ce soit des monographies ou des chapitres de synthèses, ont abordé l’événement du Dix-huit Brumaire sous ses multiples facettes.
Ancien élève de François Furet, Patrice Gueniffey en est aujourd’hui l’héritier et était fort bien indiqué pour accomplir la tâche. Depuis plusieurs années, il travaille sur Napoléon et poursuit ce que Furet n’a pu hélas mener à terme : une réflexion sur l’époque du Consulat et de l’Empire. Gueniffey s’intéresse notamment au problème de la légitimité ; au fonctionnement des institutions ; au phénomène « coup d’État » ; à la relation entre pouvoir et autorité ; et à la nature du régime napoléonien. C’est dire que l’ouvrage privilégie l’histoire politique. Il ne s’appuie pas sur de nouveaux documents d’archives, ni du reste sur les recherches récentes entreprises par les historiens français et étrangers, mais se fonde principalement sur l’historiographie classique : celle qui part des mémoires laissés par les contemporains et aboutit à Jacques Bainville, Albert Vandal et Louis Madelin – en passant par Adolphe Thiers. C’est un parti pris curieux que ce silence sur les travaux novateurs entrepris depuis une vingtaine d’années [1].
Jusque-là, et si l’on excepte les historiens républicains du Second Empire, l’histoire de Napoléon avait souvent été l’apanage des admirateurs de l’Empereur ou des spécialistes de l’histoire militaire. Depuis peu seulement, les universitaires français et étrangers se sont emparés du sujet, pour analyser son impact en France et en Europe ; reconstituer son histoire culturelle et sociale ; rechercher l’ampleur des résistances et des collaborations ; ou mieux encore étudier le fonctionnement de l’Empire – en dehors de l’homme qui l’incarnait. Or, l’auteur en tient peu compte ou du moins ne s’y réfère pas explicitement, ce qui n’empêche pas que, sur plusieurs points, résonne un écho des discussions actuelles. Qu’il le veuille ou non, Gueniffey est bel et bien un historien du XXIe siècle.
Le Directoire, un régime condamné ?
Mais revenons au Dix-huit Brumaire ! Il y a deux façons de l’appréhender : la première consiste à y percevoir le retour à l’ordre et à l’autorité. Napoléon y figure tel celui qui sauve la France des maux que lui infligeait une révolution anarchique et violente (version conservatrice ou bonapartiste). La seconde, à l’inverse, insiste sur le fait que la journée met fin à la République. Napoléon y est là le fossoyeur de la Révolution (version républicaine). Ces interprétations opposées se retrouvent cependant dans leur verdict sur le Directoire (1795-1799). Car parler du Dix-huit Brumaire implique nécessairement un jugement de valeur sur le régime qui précède. Les uns l’accusant de tous les maux et abus ; les autres démontrant les disfonctionnements et les apories du régime. Rares demeurent (même parmi les républicains) ceux qui croyaient ou croient en la viabilité du Directoire.
Gueniffey n’échappe pas à cette contrainte : tout en rappelant les stéréotypes qui ont meublé bien des récits antérieurs sur ce régime tant décrié : corruption ; égoïsmes ; sordides intérêts ; misère populaire ; complots royalistes ; désordres endémiques, il en réévalue la véracité. Sur le prétendu disfonctionnement de la Constitution de l’an III, par exemple, l’auteur démontre que celle-ci n’était pas si mal conçue et donnait même à l’exécutif un pouvoir certain – un droit d’initiative « déguisé ». Qu’elle ait été violée à trois ou quatre reprises proviendrait des directoriaux eux-mêmes qui craignaient le résultat des élections et l’opposition jacobine ou royaliste. Il est vrai par ailleurs que n’ayant pas le droit de dissolution, il ne leur restait en cas de conflit qu’un instrument : la force, dont l’usage outré ébréchait à la longue la légitimité du régime. C’est là que le bât blesse : « la faillite des institutions thermidoriennes ne fut pas le produit de ces institutions, mais le résultat de l’incapacité ou de l’impossibilité où se trouvèrent les thermidoriens d’en observer les principes fondamentaux … » (p. 45) – dont évidemment la liberté des élections. Pourtant, les contemporains n’étaient pas si certains de la perfection du texte et plusieurs d’entre eux ont consacré bien du temps à élaborer de nouveaux projets, ainsi que le note par ailleurs Gueniffey. On pense à Benjamin Constant, mais madame de Staël ne demeurait pas en reste et s’inspirait des projets de Sieyès de 1795 afin de réaliser une refonte des institutions (p. 117). Sieyès lui-même continuait à réfléchir sur le texte idéal qui mettrait fin aux troubles révolutionnaires et consoliderait la République Une et Indivisible, tandis que Daunou faisait son apprentissage de « législateur constituant » dans les républiques sœurs. Tous deux seront appelés par Bonaparte pour réaliser la Constitution de l’an VIII.
Autre stéréotype : l’immoralité ou la médiocrité des acteurs, sur lesquelles l’auteur est sceptique. Raison de plus pour croquer d’eux un portrait tout en nuances : entre autres celui du directeur Gohier, qui est passé injustement à la postérité sous les traits d’une nullité. Et puis, il y a la fable bien connue des menaces que faisait peser le royalisme sur la Révolution. Là encore, Gueniffey tient à refaire le point et souligne que, dans le Conseil des Cinq Cents, en tout cas, les royalistes n’étaient qu’une poignée (p. 59). La question qui se pose est bien sûr de savoir si les révolutionnaires croyaient vraiment en cette menace ou s’ils l’ont invoquée afin de se débarrasser d’adversaires politiques. Sans doute les troubles étaient-ils légion dans les provinces et il était par trop facile de les imputer à des royalistes, alors qu’ils étaient pour une grande part l’initiative de brigands ou de mécontents. Car un autre stéréotype, et non des moindres, est celui des désordres endémiques que le gouvernement ne parvenait pas à endiguer. Or, et Gueniffey le reconnaît, après le coup d’État de Fructidor an V, le Directoire a amorcé une politique de répression impressionnante, remettant entre les mains de commissions ou de cours militaires les ennemis de la République : brigands ; prêtres réfractaires ; émigrés de retour ; royalistes vrais ou supposés. Mais ce que l’auteur ne dit pas, c’est que cette politique a eu un certain succès et, qu’à la veille du Dix-huit Brumaire, le brigandage était en régression dans les trois quarts des départements. Et c’est le coup d’État qui remit le feu aux poudres [2].
Si la guerre civile s’atténuait, l’année 1799 fut celle de tous les dangers du point de vue extérieur. Le Directoire perdit l’Italie et la Suisse ; la république batave était menacée et la flotte française détruite à Aboukir. Ces désastres ont plus que jamais persuadé les Français qu’il était temps qu’advienne la paix. L’appel à la pacification précède en effet le Dix-huit Brumaire. Bonaparte en était si bien conscient qu’il n’hésita pas à conclure les préliminaires de Leoben en avril 1797, en dépit de la désapprobation du gouvernement parisien. À l’issue de la paix de Campo Formio qui s’ensuit, le vainqueur d’Italie faisait figure dans l’opinion française de « pacificateur de l’Europe ».
Napoléon Bonaparte, fils ou fossoyeur de la Révolution ?
Parler du Dix-huit Brumaire, c’est aussi mettre en scène celui qui en est le principal acteur. Gueniffey brosse ainsi un portrait de Napoléon Bonaparte sous un jour original. On le croyait jacobin, l’auteur nous le dépeint tel un anti-révolutionnaire ; on le croyait quasiment Français [3], l’auteur nous le décrit tel un Corse, fier de l’être et désirant le rester. Il y a peut-être du vrai dans tout cela. N’empêche. À Sainte-Hélène, l’exilé dira encore son attachement à la Convention, qui lui a permis d’entrer dans la carrière et son admiration pour Maximilien Robespierre, dont il avait été proche du frère Augustin. À en croire l’historien britannique Michael Broers, la modération du jeune Bonaparte ou de l’empereur des Français serait moindre que ne le souligne l’auteur du présent livre [4]. Et d’évoquer un « jacobinisme » qui irait croissant dans les années 1810. Gueniffey tente de nous prouver le contraire à partir de lettres adressées à Talleyrand ou au journal officiel, le Moniteur. Mais ces missives hautement stratégiques ne démontrent-elles pas tout au plus que Bonaparte souhaitait une politique autre que celle menée par les législateurs parisiens et surtout qu’il voulait apparaître comme l’homme de la paix auprès d’une opinion lasse de la guerre ? Enfin, la création de républiques italiennes plutôt démocratiques, n’est-elle pas l’œuvre du jeune général ? Le Directoire ne les souhaitait pas vraiment et c’est Bonaparte qui les a imposées et en a réalisé les constitutions – aux côtés de législateurs italiens (p. 78-80). Gueniffey l’admet sans pour autant réviser son premier jugement. La politique de répression mise en place au lendemain du coup d’État ne suggère pas non plus une modération quelconque. Elle se maintiendra jusqu’en 1802 et ressuscitera après 1810. Howard Brown est clair à ce propos [5]. S’il est légitime de douter de la ‘modération’ de Bonaparte, il n’en demeure pas moins qu’il a souhaité réconcilier les Français et dépolitiser – à son seul profit – la sphère publique. Sur ce point, l’auteur est évidemment dans le vrai : entre 1799 et 1815, il n’y eut qu’un homme sur la scène politique de la France, Napoléon Bonaparte.
Après avoir brossé les traits du protagoniste principal, Gueniffey s’attache à retracer l’origine d’une popularité et le triomphe sur la grande scène parisienne d’un militaire, qui, en 1797, se voit nommé membre de l’Institut. Dès la campagne d’Italie, Bonaparte en effet a su séduire tous ceux qui l’approchaient : savants ; artistes ; hommes de lettres et tous ceux qui influent sur l’opinion. Mais la véritable reconnaissance nationale viendra après la campagne d’Égypte. Sur cette expédition et le retour « miraculeux » du héros, Gueniffey propose une hypothèse intéressante : les Anglais auraient expressément épargné Bonaparte. Sidney Smith, le commandant de l’escadre anglaise, l’aurait laissé rentrer en France, ce qui promettait un retrait à plus ou moins long terme des armées françaises d’Égypte. Précédé par la nouvelle de la victoire d’Aboukir, laquelle voile les échecs subis, le jeune général accoste à Fréjus le 9 octobre 1799 et entreprend une véritable tournée triomphale à travers la France, qui célèbre le Héros de retour. L´accueil enthousiaste qui lui est réservé démontre bien à quel point sa campagne de séduction de l’opinion a atteint l’effet recherché, mais aussi combien cette popularité transcendait les divisions politiques (p. 226). Surprenant demeure le fait que le Directoire n’entreprit aucune poursuite contre un militaire qui avait déserté son poste, d’autant plus que ce n’était pas la première fois que Bonaparte désobéissait ou agissait en dépit des ordres de ses supérieurs. En Italie, il allait déjà son bonhomme de chemin, comme le démontrent les préliminaires de Leoben. Ici se décèle une faiblesse ou pour le moins une indulgence impardonnable de la part des chefs de la République, lesquels pensaient sans doute ne pouvoir se passer de ce général peu ordinaire. Mais cette faiblesse ne motive pas le coup d’État du 18 Brumaire. Et Gueniffey est prudent à ce sujet. Il note à juste titre que, si les Français désiraient ardemment la paix, ils souhaitaient plus ardemment encore conserver les acquis de la Révolution et n’envisageaient ni un retour des Bourbons – la dernière missive du prétendant (Louis XVIII) était trop vengeresse pour que ce soit envisageable – ni un changement de régime, tout au plus quelques réformes constitutionnelles. Mais c’est pour conclure que la boucle étant bouclée – de la monarchie constitutionnelle à « l’expérience désastreuse du Directoire » –, l’idée se serait imposée qu’on en reviendrait un jour ou un autre « au pouvoir d’un seul ». On peut évidemment révoquer en doute cette assertion, qui n’est fondée sur aucun fait réel. Certes, la Révolution française a abouti à une « impersonnalité du pouvoir », qui brisait avec une longue tradition monarchique incarnée par la personne du roi (p. 241). Mais rien ne dit que les Français regrettaient l’une et l’autre. Ce qui est certain en revanche, c’est que le nom de Bonaparte était sur bien des lèvres. De là à le porter au timon de l’État ainsi que le suggère l’auteur, il y a un pas que n’ont sûrement pas franchi une majorité de Français – pas forcément convaincus du talent politique d’un si jeune militaire. C’est seulement durant le Consulat que Bonaparte fera ses preuves en la matière. Aussi le coup d’État ne serait-il en un sens légitime qu’a posteriori.
Suivent enfin le récit des préparatifs de la journée et de son issue ; celui des espoirs de Sieyès et de ses déconvenues, quand il s’avère que Bonaparte rejette la constitution patiemment préparée au cours des mois et des jours précédents. À la suite de Thierry Lentz [6], Gueniffey note que le coup d’État a donc été suivi d’un autre coup d’État, visant à donner la première place à Bonaparte, au détriment de l’abbé Sieyès. Le Dix-huit Brumaire concocté par l’abbé n’avait pas en effet pour objectif de renverser la République, mais d’en modifier la Constitution, de sorte à renforcer le régime et à mieux rééquilibrer les divers pouvoirs. Or, Bonaparte réussit non seulement à imposer le texte qu’il souhaitait, mais encore à s’emparer du pouvoir suprême, en tant que Premier consul, pourvu de prérogatives considérables. Ainsi fut terminée la Révolution française.
Un coup d’État légitime ?
Commence alors tout autre chose : un régime quasi dictatorial, personnifié par un homme, qui aura le talent de pacifier provisoirement les esprits et d’apaiser les dissensions partisanes nées sous la Révolution. Met-il réellement fin à la Révolution et à la République ? Sur ce point, Gueniffey est peu loquace. Et s’il admet volontiers la volonté de Napoléon de maintenir et de protéger les acquis de la Révolution, il fait silence sur le semblant de régime républicain – notamment le calendrier aboli seulement en décembre 1805, mais aussi l’idée de pacte social réciproque – qui se perpétue. Car l’Empire lui-même, et Gueniffey ne le note pas explicitement (il est vrai que ce n’est pas là son propos), est perçu par les législateurs de l’époque comme une république héréditaire ou une république monarchique, gouverné par le plus illustre de ses citoyens – et non par un maître. Ce que l’auteur souligne par contre, c’est que la République « n’était plus – ou pas encore – possible » et qu’une autre légitimité allait s’imposer : une légitimité charismatique qui remplacerait la domination légale d’un régime qui justement avait perdu toute légitimité (p. 233 et p. 387). Gueniffey choisit ici de suivre Max Weber et non Tocqueville, lequel considérait le régime plébiscitaire instauré par Napoléon justement comme « illégitime » [7]. Pour ce qui est de la république, tout dépend de ce qu’on entend par là. Est-ce un gouvernement des lois ? Est-ce un régime collégial et représentatif ? Les contemporains hésitaient à ce sujet. Mais les discussions sur l’établissement du Premier Empire dévoilent que la plupart la concevaient comme un gouvernement des lois [8]. Quoi qu’il en soit, le coup d’État ne nous permet pas de juger si une république était ou non possible ou si le Directoire était condamné à tomber. Le 19 Brumaire an VIII, par la force des armes, il fut mis fin au régime.
Il est sûr par ailleurs que la montée au pouvoir de Bonaparte n’a pas été mal accueillie. Nombre de personnalités éminentes l’ont soutenue et ont cru bien faire. L’opinion ne semble pas non plus avoir été mécontente, à quelques exceptions près, ce qui permet à l’auteur d’écrire que le coup d’État n’était ni plus ni moins qu’une élection anticipée. Une « pichenette », qui précipita une « mort annoncée » et épargna au Directoire « une agonie inutile » (p. 387). Et ici s’impose un parallèle avec le 13 mai 1958. Comme de Gaulle, Bonaparte aurait été nécessaire pour sortir la France de l’impasse où elle était condamnée ; comme de Gaulle encore, Bonaparte serait sorti de la légalité pour restaurer la loi et sauver la France. Lui aussi aurait été l’homme de la situation – et même s’il fut plus maladroit que ne le fut le général du 18 Juin. Mais là s’arrête le parallèle, car pour le reste, le régime de 1799-1815 dépendait entièrement d’un individu. Attaché à des qualités personnelles et à un génie qui est rarement héréditaire, il pouvait difficilement s’institutionnaliser (p. 361-362). Ajoutons à ces observations pertinentes que sa dimension démocratique était également limitée, puisque par définition, l’Empereur ne pouvait se retirer pacifiquement du pouvoir et céder la place à un successeur élu, contrairement à de Gaulle qui quitta la présidence après le scrutin négatif de 1969 et légua à la République sa cinquième Constitution et un gouvernement étonnamment stable.
Que le Dix-huit Brumaire n’ait pas été un coup d’État dans son sens moderne, Gueniffey en veut pour preuve le fait que les contemporains ne le lui ont pas reproché, ni sous le Premier Empire, ni sous la Restauration. Il n’aurait acquis ces dénomination et signification qu’après celui beaucoup plus sanglant du 2 décembre 1851. Pourtant, en son temps la journée ne fut guère remémorée. Dès 1803, Bonaparte a profité de son absence pour réduire les festivités de la fête du 18-Brumaire. Après la proclamation de l’Empire, c’est l’anniversaire du couronnement et de la bataille d’Austerlitz ou bien la Saint-Napoléon qui s’y substituent. Les manuels d’histoire y réfèrent de plus en plus rarement et, par un raccourci étonnant, éludent bien souvent l’origine du régime : « La France allait périr quand, tout à coup, des bords de l’Orient, reparaît un héros qui la sauve » (Sérieys). Bonaparte revient triomphant ; accède au pouvoir suprême et rend à la France sa gloire, son bonheur et sa prospérité. Comment il s’est emparé du pouvoir n’est pas mentionné [9].
C’est dire aussi qu’en dépit d’une volonté manifeste de dédramatiser et démythifier la période et de remettre chaque pièce du puzzle à sa juste place, Patrice Gueniffey avance des interprétations audacieuses, qui ne convaincront pas tous les lecteurs. On y ressent une sympathie indéniable à l’endroit du jeune Bonaparte – que partageait en un sens François Furet – mais une antipathie tout aussi indéniable pour les députés ou parlementaires (des « ectoplasmes ») – étrangère au mentor [10]. Quant à la dictature de Napoléon, elle serait moins due à un tempérament qu’à des circonstances exceptionnelles. Et le Dix-huit Brumaire serait tout simplement « une manière un peu tendue de résoudre les crises graves de l’État » – comme le fut le 13 mai 1958, à la différence près, conviendrait-il d’ajouter, que le coup d’État de Bonaparte ne résolut pas le problème constitutionnel et qu’il ne mena ni à une paix intérieure durable ni à une pacification générale. En réalité, au lieu de sauver la France, n’aurait-il pas au contraire retardé l’échéance ? [11] Et