PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 5 de agosto de 2020

 Félix de Azúa

Adiós a la confederación

Estaba yo haciendo la cola del supermercado de mi barrio ginebrino cuando la persona que me precedía se giró lentamente y me miró a los ojos. Era un colosal derelicto de los que aquí llaman "sin domicilio fijo". No medía menos de dos metros y su envergadura superaba a la de un lanzador de martillo. Con la cara cruzada de cicatrices y heridas recientes en nariz y labios, sostenía una lata de cerveza con mano tan temblorosa que al abrirla debió de explotar un geiser. Entonces me susurró con voz rasposa: "Perdone, caballero, voy a cambiar de fila porque creo que han abierto la caja contigua". Así lo hizo, alzando los brazos como una bailarina y encogiendo la barriga para no rozarme.

La buena educación, el respeto al prójimo, es el rasgo identitario más acusado de los suizos, nativos o inmigrantes. Aquí es impensable que alguien te grite o te empuje, ni siquiera en los tranvías cuando van repletos. Negros, blancos y verdes, rapados, pinchados, en cueros y con látigo, todos practican un baile minimalista para dejar pasar, subir, bajar, colocar el cochecito, los esquís, las bolsas, los patines o el perro. Cada minúsculo movimiento va acompañado de un canto gregoriano: "Pardon monsieur", "S'il vous plaît madame", "Je suis desolé", "Excusez moi". Los que así se expresan son a veces tipos tremendos, conspicuos miembros de un gang albano kosovar, pero han aprendido que aquí es peligroso hacerse el chulo. Puedes asesinar, y de hecho lo hacen, pero no abusar del vecino en la vida corriente y a la vista del público.

He vivido durante tres meses en el barrio de las putas de Ginebra, un lugar mucho más agradable, limpio y silencioso que los barrios burgueses de Barcelona o Madrid. Por la noche, a las ebúrneas etíopes y brasileñas se les unen los camellos, negros pequeñajos en el estadio terminal de la delincuencia. Nunca hay peleas o barullo. Sólo los domingos por la mañana he visto a veces grupos que disputan a voces y se amenazan bestialmente, pero son africanos ricos, con gordos automóviles y esposas aún más gordas cubiertas de joyas y amuebladas de Dolce&Gabbana. Estos sí son peligrosos. Se hospedan en los lujosos hoteles del lago, compran o venden armas, y los sábados organizan saraos en el barrio caliente que siempre acaban mal. Los ricos son cada día más peligrosos, aquí y en el mundo entero.

En una crónica anterior comenté que lo único que une a los suizos alemanes, franceses, italianos y romanches, todos ellos rotundamente educados e independientes, era la poderosa máquina bancaria. Amigos del lugar me afearon el tópico. Los grandes complejos financieros, decían, son tan criminales en Nueva York o Londres como aquí. Bueno, añadían, en Londres más que en ningún otro lugar. Tienen razón. En la crónica mencionada me faltaba añadir un detalle. Los directores de los mayores bancos y multinacionales suizas, sobre todo químicas y farmacéuticas, son altos mandos del ejército.

/upload/fotos/blogs_entradas/la_place_de_la_concorde_suisse_med.jpgEn su imprescindible "La Place de la Concorde Suisse" (creo que sólo hay edición inglesa), John McPhee escribió unas crónicas para el "New Yorker" que a pesar del tiempo transcurrido siguen siendo lo mejor que puede leerse sobre un asunto rigurosamente secreto. El periodista americano logró entrevistar a un puñado de altos mandos (aunque los nombres de la oficialidad no son del dominio público) y seguir a un batallón en sus ejercicios anuales. Por su cuenta, logró informaciones que quizás no fueran muy del agrado de los militares, como la fina permeabilidad entre grandes negocios y altas jerarquías castrenses. En realidad, como ya dije, la Confederación está controlada por un puñado de familias, en su mayoría alemánicas. La red financiera e industrial cuenta con la tutela de uno de los mejores ejércitos del mundo. La confederación es inquebrantable.

Cuenta McPhee que en el interior de pintorescas granjas, en paisajes bucólicos, en la espesura de los bosques, hay tanques, depósitos de dinamita, artillería pesada e incluso hangares para reactores. No he vuelto a ver a las vacas con los mismos ojos tras leerle. Aunque todo es alto secreto, al parecer la confederación puede poner en posición de ataque un contingente de 650.000 hombres en treinta horas. Como es bien sabido, el servicio militar dura aquí toda la vida, de modo que los soldados están listos para el combate y armados hasta los dientes mientras ven la tele con los niños. A nadie ha de extrañar que el ejército de Israel sea una copia del suizo: lo han imitado hasta el último detalle.

Todo lo cual puede parecer uno de aquellos artículos izquierdoides de Paul M. Sweezy(hoy Chomsky) sobre la conspiración militar-industrial. Nada de eso. La criminalidad se encuentra tan extendida que ya nadie está a salvo. En la España de Zapatero, pánfila, pacifista, solidaria, tuvo que penetrar el otro día un comando de Greenpeace en una fábrica de bombas-racimo para que nos enteráramos de que exportamos uno de los artículos más mortíferos y repugnantes del armamento actual. Así que, dado que nos van a matar de todos modos, el ciudadano sólo puede exigir que por lo menos los criminales sean educados y gentiles. Razón por la cual si yo pudiera viviría en Suiza. Me faltan unos trescientos millones de euros, lo que me obliga a dejar este país. Y estoy desolado.

Artículo publicado en: El Periódico, 29 de mayo de 2008.

[Publicado el 29/5/2008 a las 12:30]

Compartir:

Comentarios (18)

  • Suiza denuevo: ayer empezó el campeonato europeo de fútbol.
    Llego a la conclusión de que "fútbol suizo" es un oximoron.

    Comentado por: amalia el 08/6/2008 a las 06:28

  • Cómo puede llegar a emocionar un canto a la Patria aún cuando la patria no se vea, aún cuando sea el suelo que se pisa y la gente que a uno le rodea, le penetra, le conmueve, aún cuando esa gente no se vea.

    Comentado por: Cuando calla el cantor, calla la vida el 02/6/2008 a las 08:10

  • (sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios)

    (Emma Zunz)

    Comentado por: edgardo el 01/6/2008 a las 16:39

  • Oigo, patria, tu aflicción,
    y escucho el triste concierto
    que forman,tocando a muerto,
    la campana y el cañón.
    Sobre tu invicto pendón
    miro flotantes crespones,
    y oigo alzarse a otras regiones
    en estrofas funerarias,
    de la iglesia a las plegarias,
    y del Arte las canciones.


    Ay, ahora que queda tan poco bien, en los círculos intelectuales progres o medio pensionistas, eso de las patrias y el patrioterismo burdo (futbol, toros y bota de vino peleón)... y aunque esos directores, esos guías de opinión y pensamiento, esos psicagogos pagados por grandes grupos mediáticos hagan feos al asunto, pues yo me apunto ( que no me pagan aquéllos)...y se la zurra bastante,
    y está tan solita ella, que ya casi me planteo interponer la querella, en el juzgado de primera instancia de turno, por violencia de género contra la pobrecita...y aprovechando que ahora los sociatas tienen a bien que a 'lo femenino', incluso hasta a 'das ewig-weibliche', se lo proteja especialmente..., yo me sumo a esa ingente, cantidad de desazones, que nacen en corazones más humanos y agradables, simpar, que tienen a bien, luchar por un mejor mundo y por y a resultas d'esas...gracias sra. Teresa!

    saludos

    Comentado por: vic el 01/6/2008 a las 15:59

  • Reivindico mi última acción: me acabo de zampar medio pollo asado.

    Comentado por: comando kikirikí el 01/6/2008 a las 11:51

  • Don Félix qué pena no haber coincidido con usted en alguna calle de Ginebra. Es bonita en verano, ¿verdad? La hecho un poco de menos.

    Sin embargo, discrepo levemente en cuanto a la limpieza. ¿Qué le parece Plain Palais los fines de semana?

    Este julio, en la Rue du marché. una profesora de la Sorbona que se había trasladado a Ginebra me decía: <<Aquí hay otra clase de crímenes>>.

    Comentado por: javier el 01/6/2008 a las 00:52

  • Me permito aportar mi experiencia personal en el caso de los punkies.
    Da la caasualidad de que vivo en una zona de viviendas unifamiliares, algunas de las cuales se encuentran ocupadas por tales señores.
    Por si tal acto de altruismo fuera poco (he de señalar que no exigen ningún pago por su benemérita acción, más allá del modesto pecunio que obtienen de la reventa de cables eléctricos y tuberías que proceden a arrancar) tienen el detalle de utilizar sus excrementos para abonar los huertos y jardines de los vecinos, incluso aún cuando éstos, sin duda por simple timidez, no se atreven a solicitarlo.
    De todos modos, no hay que generalizar. Es posible que haya punkies que no cedan el asiento a los mayores en el metro y algún abogado que no le sacuda a su madre (la del abogado, quiero decir).

    Comentado por: me van a decir a mí el 31/5/2008 a las 10:27

  • @los nombres como son: al acusarme de apuntarme a todos los dogmas modernos no caí en que debías tomarme por un altermundista o algo así. Pues me has calado, majo. Con esa capacidad de análiss, uno sacará la conclusión de que el Félix se ha afiliado a amnistía y Los Verdes mientras hacía turismo cultural. Lee, lee, que es de hoy:
    31/5/2008 LA RUEDA // FÉLIX DE AZÚA
    Abandona toda esperanza si zapeas

    Hace poco escribí sobre la imposibilidad de escapar al mercado mediático y añadí que incluso los terroristas se ven obligados a proyectar sus atentados teniendo en cuenta los informativos de la televisión. Eso significaba, decía, que también los atentados terroristas juegan en un sector de bienes de consumo. Varias personas protestaron.
    En realidad el fenómeno no es nuevo, sino que nació con los re- gímenes totalitarios del siglo XX, como señaló con lucidez Walter Benjamin. Los primeros en utilizar cine, prensa y radio para la formación de masas fueron Mussolini (el más progre de su tiempo) y luego Hitler. El uso que se hacía de los medios en EEUU desde mucho antes era distinto porque las empresas no eran estatales, aunque fueron ellos quienes comprendieron su enorme energía masificadora.
    Creo que fue durante la segunda guerra cuando el espectáculo de la destrucción, la muerte y el dolor masivos, eso que ahora llamamos terrorismo, pasó a formar parte del mercado mediático. Con limitaciones. Por ejemplo, no se emitieron las espantosas imágenes de los campos de exterminio hasta casi 15 años después de terminada la guerra. Nadie les podía sacar beneficios. Cuando los aliados tomaron Roma, el general Mark Clark, jefe del Quinto Ejército, se quejaba amargamente de que lo habían hecho coincidir con el desembarco de Normandía: "Fíjese. Ni siquiera nos han dejado los titulares de primera", manifestó indignado. En su Estado Mayor había 50 personas dedicadas a las relaciones públicas. Al Qaeda comprendió muy pronto que no podía ganar ninguna batalla si no disponía de ejército mediático propio, y para entender la guerra de Irak se requiere una buena formación en economía mediática. El monopolio de la violencia es del Estado, pero su mercantilización, no.
    Ningún Estado o, mejor dicho, ningún Gobierno puede dejar de intervenir en el mercado mediático, sea legal o ilegalmente. Las guerras entre naciones suelen animar guerras entre consorcios mediáticos. Muchos clientes son meras víctimas colaterales. También algunos soldados. Y algún oficial.

    Comentado por: julianosiguesiendoapostata el 31/5/2008 a las 08:36

  • Bueno, play, es que de un abogado del Eixample (o de cualquier otro sitio)no es precisamente civilidad lo que uno espera. Por favor, no se metan con los punkis.

    Comentado por: julianolapostata el 31/5/2008 a las 08:25

  • Pues si, si uno se mueve relajadamente y sin prejuicios, es fácil de comprobar. Lo comenté hace tiempo cuando también venía a cuento, un punk berlinés con cresta tiene más conocimiento de lo que es la civilidad que un abogado de despacho de L´Eixample barcelonés. Supongo que es una cuestión de tradiciones culturales.

    Bon jour gaieté!

    Comentado por: playboy el 31/5/2008 a las 06:53

  • Muy difícil es ser ateo...pero hay que intentarlo, de apostasía en apostasía. Mejor eso que, por pura pose, practicar la apología.

    Comentado por: julianolapostata el 30/5/2008 a las 05:38

  • Curioso apodo el de apóstata para alguien que comulga fielmente con todos los dogmas de las religiones modernas.

    Comentado por: los nombres como son el 29/5/2008 a las 21:33

  • No siempre lo pasado, lo que ha pasado –y que, como es notorio, no lo puede borrar ni Dios–, cae en saco roto. A mí, a veces, se me vuelve a representar `in toto´ aquel tiempo de risa, polvorones y sabiduría que pasamos juntos en el blog. Entonces recuerdo de nuevo a todos y cada uno de aquella heterogénea cuadrilla, pero muy especialmente siento la vívida huella de Grifo que, allá donde esté, ¡bendito sea! Y que decir de Félix, Félix es el tío más salao del mundo y menos mal que existe porque si no habría que inventarlo.

    Comentado por: Onagro el 29/5/2008 a las 21:29

  • Sin ánimo de ofender... ¿hay algo más repugnante que "las cosas como son"? Por si alguien lo dudaba, aquí llega un voluntario y lo confirma:"las bombas racimo sólo causan bajas entre los civiles cuando funcionan mal" Ah, ¿es que funcionan bien alguna vez? ¿Y crees que si el fin fueran las bajas exclusivamente militares se las fabricaría y compraría? (Pienso que el razonamiento de un fabricante de armas es: "las bombas racimo sólo funcionan mal cuando matan más rápido de lo que conviene a mi ritmo de producción, o cuando las lanzan sobre el burdel en que trabaja mi madre".)
    Mejor todavía es: "el número de víctimas causadas en todo el año pasado a nivel mundial no llegó a 400. Basta hacer cualquier cálculo para ver su importancia marginal comparada, por ejemplo, con los machetes". Te cagas. Y más inofensivas todavía resultan si se las compara con los penes, dado que las violaciones masivas son lo más habitual en las guerras modernas. O con los pares de cojones, si hablamos de violencia doméstica à la española. Mejor no ofuscarse y sólo hablar de cosas serias, cosas reales, como por ejemplo el pib, el tae y porcentajes varios, que son muy estéticos y limpios todos ellos.

    Comentado por: julianolapostata el 29/5/2008 a las 21:22

  • “2 de Febrero – Tras enviarle a usted una carta que recibirá en dos o tres días (el cuatro, el cinco de Febrero) una carta que usted recibirá –con total seguridad- estando yo ¡ya muerto! acometo con toda firmeza la tarea de MATARME.
    Procedimiento para ello – somníferos potentes que ingeriré en suficiente cantidad como para provocar mi muerte.
    Causas. Por qués – Las causas de este “acto total” resumidamente hay que atribuirlas al hecho de haber perdido yo por entero mi condición animal. Antes de acometer mi nihilación ni un sentimiento animal habita en mí, ni una emoción animal habita en mí, lo cual, tras una reflexión fría, me hace valorar la “opción muerte” como la más sensata y exacta de las opciones para un ser de mi idiosincrasia, esto es “un ser estricto, disciplinado y bien estructurado”. Por lo cual fríamente me decido a abrirle la puerta a la muerte para que la muerte “pase hacia aquí” y me envuelva o para que yo “pase hacia allá”, hacia el otro lado, hacia el ámbito de la muerte que es también el ámbito de la perfección de la existencia, el ámbito de la potencia total de la poesía de la naturaleza.
    Reflexiones al respecto – Naturalmente los animales no se suicidan por lo cual para suicidarme “perfectamente” planeo este acto como un acto en el que yo no he de tener conciencia del más mínimo dolor –lo cual podría dotarme de reminiscencias corporales “animales”. Así pues en este acto no ha de interferir a ningún nivel ninguna “presencia animal desagradable”, ni el más mínimo atisbo de “dolor corporal animal”, y ha de ser un acto que una vez iniciado no ha de permitir ninguna posible marcha atrás, ningún posible retroceso hacia la “animalidad”, en plan: “Dado que al estar cortándome las venas a tajos me duele el brazo detendré todas las hemorragias, me vendaré todos los cortes y dejaré estar mi suicidio...” No. No ha de poder haber ningún posible desdecimiento. Esto ha de estar totalmente bien controlado y bien supervisado por mi cerebro y de manera definitiva y no ha de haber ningún posible espacio para el dolor en este acto. Y así mi muerte totalmente lógica es (¡y va a ser!) un “hecho exacto” e “insensible”, esto es, una muerte “cerebral” (y la muerte de un cerebral) al estar planeada totalmente desde el cerebro, una muerte perfectamente planeada desde el cerebro ¡como “solución” para mi cuerpo!, solución exacta y perfecta planeada y planteada desde mi intelecto dictador, esto es, desde mi cerebro “antinatural” y “anticorporal”, como ¡solución total a todo!, esto es, solución y respuesta al universo, por lo cual cualquier observador inteligente que quiera profundizar en “los por qués” de mi suicidio ha de abandonar por entero todas las hipótesis que remitan mi nihilación al descontrol o la solución al dolor corporal, ya que no se trata de eso en absoluto sino que sencillamente matarme es para mí solucionar mi vida y así descubrir el verdadero nombre de la incógnita despejada de la vida (que es la muerte), incógnita que, por otro lado, una vez que uno se sumerge en ella es una superación de “todo lo posible”. Para mí así como en un sistema complejo el todo es siempre algo superior a la suma de sus partes así también para mí “lo más sencillo” puede ser la solución a todas las complejidades; “lo más sencillo” (el suicidio) en tanto que solución total y general a todo. Por lo cual me mato y punto. Y no es una tragedia. Es sólo un hecho ponderado en su espiritualidad que deseo diseccionar ante ojos inteligentes una vez que está consumado. Pudiera haberme grabado también en una cámara de video y decir más o menos esto que digo en este dossier ante la cámara oralmente, esto es, que me mato y que estoy muerto y así dejar plasmado en imágenes mi testimonio y mi testamento humano así como también el propio suicidio, el propio hecho de morir durmiendo, ¡la propia muerte! etcétera, pero prefiero hacerlo por escrito. ¡Las palabras son para sabios! ¡Las imágenes no son nada más que para buitres carroñeros! ¡para seres sin “imaginación”!, así que yo explico mi suicidio y dejo constancia de mi suicidio ¡por escrito! ¡porque aún creo en el poder de la palabra! ¡creo en el poder de la palabra en un mundo que sólo balbucea! Es cierto. En un mundo en el que ya está todo “masticado” yo creo aún en el poder de la inteligencia. Creo en los esfuerzos lógicos, creo en las frases con sujeto y predicado, creo en las operaciones matemáticas con principio y fin, creo en esto que escribo y así creo también ¡en mi suicidio! que explico mediante estas palabras. No obstante “para redondear” la explicación de mi suicidio es cierto que usted puede asimismo ver también el cuerpo cadáver que escribió todas estas palabras...”

    Es cierto. Miro el cadáver de Carlos mientras voy leyendo el dossier. Por un momento tengo la sensación de que ante mí se interpreta la sinfonía de la muerte y de que el dossier que tengo entre manos no es más que “el programa de mano” de “la sinfonía de la muerte”. Sigo leyendo.

    “...el cuerpo cadáver que escribió todas estas palabras, el cadáver como prueba material, como imagen suficientemente sugerente para acompañar estas palabras, y así usted puede verlo y sentirlo “todo” ¿entiende usted?, usted puede verme, usted puede ver mi cadáver y mi cadáver es una conclusión y es una simplificación y es a la vez ¡una alegría! ¡una alegría en la superación de todos los pensamientos! por lo cual que yo esté muerto no ha de extrañar a nadie y menos a usted. Ya que usted y yo, sé, tenemos contemplada siempre la muerte como “posibilidad de perfección” ¿verdad? Y es así que “intelectualmente” siempre está ahí ... ¡la muerte! ¡La muerte! Sea como sea éste es un suicidio “realmente adulto”, un suicidio ejemplar, aleccionador, un suicidio en el que se contempla todo lo que significa ser adulto. Y ser adulto significa por un lado aceptar ¡la posibilidad del suicidio! Por otro lado ser adulto significa reconocer ¡la posibilidad del amor! Por otro lado ser adulto implica “saber lo que es” ¡el pesimismo y el optimismo! comprende, y así optar por el pesimismo o por el optimismo ¿sabe usted? ¡El pesimismo o el optimismo! Esa es la cosa. Pero qué es el pesimismo y el optimismo para alguien (artístico, intelectual) como nosotros ¿no? Qué es. Bien, señor, ahora se lo aclaro a usted –porque quiero así que usted “lo vea como yo”- y usted (¡al menos usted!) me entenderá:
    PESIMISMO: El arte y la ciencia están al servicio del poder económico de los hombres, nada más (son malignos instrumentos serviles al servicio del poder (¡político!) en un mundo de capitalistas arribistas por entero hipócrita y malvado y manipulador).
    OPTIMISMO: El arte y la ciencia están sólo al servicio ¡de ellos mismos! esto es ¡están “sólo” al servicio del espíritu! (¡del ser!) prescindiendo de la “política”, y son ellos –el arte y la ciencia y el “espíritu”- los que mandan ¡fatalmente! en el mundo.
    Bien pues, mi apreciado señor músico, al respecto de esto le diré que yo opté y he optado siempre ¡por el optimismo! ¿sabe? ¡por el optimismo! ¡por la fe! ¿sabe? Pero creer en el “espíritu” en el mundo (¡en la “inteligencia” en el mundo!) ¡es algo difícil! ya que el espíritu (del “arte”, ¡del ser!) en el mundo es demoledor y devora a sus hijos y a veces parece que es idiota o ciego ya que arremete ¡como una fatalidad! contra quienes quieren “realizarlo”, y naturalmente ahora no estoy hablando ni de Beethoven ni de Hitler ni de Novalis (aunque también)... ahora estoy hablando siempre de otra cosa. Siempre estoy hablando de otra cosa diferente a la que se piensa, otra cosa siempre intangible, y así nunca nadie sabe encontrarme donde ha de encontrarme. En fin. Era bonito cuando el mundo era al menos un teatro ¿verdad? Pero ahora ya sólo es ¡una carnicería! ¡el mercado de la carne sin alma! ¿sabe? eso es lo que es el mundo. Una carnicería totalmente idiota para animales y regida por animales. Un apelmazamiento de toneladas de carne sin sentido. Una “simplificación fetal” es el mundo. Al menos en otros tiempos los individuos creían en el arte y se lo tomaban “en serio” y así ¡se entusiasmaban! ¡se esforzaban! ¡creían en el destino! ¡en la fuerza! ¡en la inteligencia! ¡en la belleza! etcétera. Pero ahora ya la gente sólo lucha para perpetuar sus roles de “instalación en el latrocinio” ¿sabe? “pesimistamente” (“políticamente”), y así se sumergen en el útero de la banalidad ¿sabe usted? El mundo como el útero de la banalidad. Y los habitantes del mundo como partículas de un feto banal en el útero de la banalidad. Un feto que nunca verá la luz. Y el “hombre” como algo ¡que nunca nacerá! ¡algo que nunca se realizará! Sabe usted, el mundo y “la vida humana” es algo que todavía no ha nacido, ya que el mundo aún permanece en la muerte y así el mundo no es más que una posibilidad abortada de la vida. No es más que una “posibilidad abortada” de la vida al ser ¡la quintaesencia de la muerte! por lo cual ¡sólo desde la muerte puede uno creer en la perfección del mundo! ¡sólo desde la muerte puede uno creer en la exactitud del mundo! ¡sólo desde la muerte puede uno entender el mundo! Y así yo me suicido, tiene usted que saber, y me suicido “adultamente” para estar en sintonía con lo más perfecto y lo más exacto y lo más absolutamente sincero y verdadero que hay en la tierra y bajo la luna (que es la muerte). Mi suicidio es la realización de una humanidad “a-histórica” que se balancea en el trapecio de la muerte. En fin. Sea como sea yo desde hace ya bastantes años “sigo pensando” donde todos ya se han agotado; allí donde todo el mundo ya se ha agotado, allí donde todo el mundo ya se calla yo todavía conservo unas pocas palabras, unos pocos pensamientos para explicar ¡lo que pasa! ¡lo que hay! ¡lo que sucede en ese lugar al que nadie se atreve a llegar! ¿sabe? Pero lo que hay allí, lo que hay allí donde todo el mundo ya es cobarde e innoble y ya ha sido vencido no es más que la soledad y el frío, es decir ¡la humanidad! ¡el hombre! Allá donde toda la masa vulgar no llega y no sabe, allá donde toda la masa vulgar no puede más o ya se ha muerto, allá es donde habita el hombre y allá es donde estoy yo ¡absolutamente solo! y pregunto a la masa humana que puebla el mundo, pregunto a todos los que están detrás de mí ¿por qué me abandonáis? ¿por qué me dejáis solo? y no responden, y nadie sabe de lo que hablo, y todo el mundo tiene miedo y todo el mundo es absolutamente débil y estúpido y es por eso que me mato, sabe usted, porque no soporto ya esta soledad terrible en la que yo soy el único hombre. Y así quiero identificarme con la muerte y es por eso que me he matado y que ahora ya estoy muerto y le explico esto póstumamente. Sabe usted, hace ya más de veinte años que me afiancé en mi integridad, esto es, “mi ser exacto”, “mi ser adulto”, mi “hiperconciencia”, mi “soledad”. Desde hace veinte años todo es claro para mí siempre y así siempre veo las cosas tal y como son y nadie me puede engañar en ningún ámbito, en ningún aspecto, a ningún nivel; claro que “este tipo de perfección” que yo tengo implica renunciar al contacto con los hombres, implica renunciar al trato humano, sabe usted. Así pues desde hace veinte años vivo en un universo “perfecto” ¡creado por mi inteligencia! en el que no obstante “¡también!” –y mayormente debido a la soledad- se ha de contemplar ¡el miedo! ¡el suicidio! ¡la muerte! ¡la angustia! y ¡la psicopatía! como factores posibles allí, como “tropezones” en la gran sopa de la “inteligencia pura”, “la pura razón” ¿sabe? ¡el miedo! ¡el suicidio! ¡la muerte! ¡la angustia! y ¡la psicopatía! como invitados “ocasionales” al banquete real de la “inteligencia humana” etcétera (¡venidos desde un mundo imbécil!) ¿sabe usted? Y así, sabe, la verdad (de uno mismo en tanto que inteligencia) no es la angustia, pero en el ámbito de la verdad se puede dar la angustia. La verdad no es el miedo, pero en el ámbito de la verdad se puede dar el miedo. La verdad no es la muerte, pero en el ámbito de la verdad se habla de la muerte, se habla forzosamente de la muerte, es más ¡se ha de poder hablar una y otra vez de la muerte! Verá, en un mundo elevado cohabita la tragedia y existe la posibilidad de la tragedia. En un mundo elevado existe la posibilidad de la tragedia pero existe también la posibilidad de lo elevado. Lo elevado en lo que usted y yo (¡seres elevados!, no lo olvide, señor barítono) creemos. Pero nosotros, usted y yo, en la sociedad en la que vivimos no vivimos en un mundo elevado en absoluto sino que vivimos en la basura, por lo cual no existe la posibilidad de la tragedia ni del “suicidio trágico” en nuestro mundo-basura, sólo la posibilidad de la ridiculez y el “suicidio ridículo”, y así “aquí” todos somos potencialmente o de facto nada más que “suicidas ridículos” y así aquí nuestros suicidas no son más que payasos que tras toda una vida de “inmersión en la mediocridad y en la tontería en tanto que sociedad” se suicidan –si se suicidan- haciendo un ridículo espantoso, como en un mal número de circo ¿entiende? (¡ya que tendrían que matar y destruir a toda su sociedad!) Sabe usted, tendríamos que arriesgarnos a la posibilidad de la tragedia para salvaguardar ¡la nobleza! de nuestro mundo pero no nos “arriesgamos” a la tragedia en nuestro mundo y así vivimos en un universo mediocre e innoble en el que el dolor no existe y en el que la realidad no existe y en el que todo no es más que ¡una comedia atroz! ¡una comedia inhumana! ¿sabe?, un universo mediocre en tanto que sociedad ridícula en el que no se representan más que “pantomimas nepóticas simiescas” y en el que todo lo elevado desemboca una y otra vez en su “imposibilidad flagelada”. Vivimos en una sociedad cómico-ridícula en tanto que sociedad que niega el dolor y miente una y otra vez. Pero el dolor “realmente” existe y así el dolor ¡ha de poder ser expresado! Y así ha de poder existir ¡la belleza de la tragedia! ¡el arte elevado! ¡los grandes pensamientos! Ha de poder existir “algo más elevado que la muerte” en la vida. Pero es sólo muerte lo que hay en la vida. Por lo cual, sabe usted, tras veinte años de curiosidad resuelta, curiosidad que –desde que me hice adulto- me ha hecho moverme de aquí para allá, viajar, leer libros, escuchar sinfonías, ir a la ópera, ver obras de teatro, mirar películas, etcétera, y una vez que mi curiosidad se ha agotado y me ha hecho –finalmente- desembocar en la decepción, en ¡una decepción incontenible! ¡una decepción infinita! ¡una decepción inagotable! ¡una decepción que se desparrama por todos lados y desborda todas mis expectativas! digo que basta. ¡Basta! ¿sabe? ¡Basta! Es sencillo. He podido ir diciendo cosas más o menos locuazmente o lacónicamente en la vida y he podido ir viendo cosas sorprendentes o previsibles en la vida, y ahora que ya no quiero decir nada más ni ver nada más lo único que quiero hacer y lo único que quiero “saber hacer” es construir un “punto y final”. Un “punto y final” definitivo ¿sabe? Un punto y final digno en tanto que suicidio digno. Un suicidio digno, un suicidio frío, un suicidio sin ni un ápice de “sentimentalidad” ni de ridículo. Así pues llevo ya meses pensando en ¡materializar mi desaparición! ¿entiende? Como suicida digno. Aunque yo siempre he sido –de una manera u otra- un suicida digno, sabe usted. Un elucidador en el ámbito de lo humano extremado. Un “visitante regular” de lo obvio alienado. Alguien que “interpreta” su muerte (“su propia muerte”) ¡perfectamente! en la gran sinfonía del universo. Desde que soy “adulto” ¿entiende? me muevo en el ámbito de lo ineluctable y lo sólido, y así desde hace veinte años yo “sé” que me puedo matar ¡cuando quiera! Puedo decir adiós a una sociedad que no está preparada para ningún tipo de cosa elevada, una sociedad que no es apta para la belleza ni para la vida ni para la muerte ni para nada. Puedo matarme. Puedo poner fin a la farsa que es el mundo y que es a la vez “mi farsa” y “mi inadecuación” cuando quiera. Y ahora ha llegado el momento, sabe usted, en el que el curso de la naturaleza desemboca en su imposibilidad y en su disolución en el vacío, cerrando el ciclo ¿comprende? En fin. Desde que soy adulto soy un perfecto suicida. Soy un perfecto suicida en tanto que “hombre en esta sociedad”, igual que soy un perfecto anarquista en tanto que “racionalidad pura y sin concesiones”, un perfecto anarquista en tanto que “perfecto político de la matemática humana” así como también en tanto que “suicida”. Realmente cuando miro todos los hechos de mi pasado no puedo más que navegar una rabia retrospectiva y así instalarme en conclusiones apocalípticas que son terminaciones nerviosas de lo más terrible de las mitologías, lo más terrible de todas las cosmovisiones, sabe usted. Si me instalo en el odio y miro mi pasado y mis causas y las causas de todo desde los ojos del odio puedo caer fácilmente en “el laberinto de las crispaciones justificadas”. Puedo enfadarme cuando recreo una “hiperconciencia de mi pasado” igual que puedo enfadarme al ver “la asfixia” general y totalizadora en la que se basa “el mundo de mi pasado” cuando miro mi pasado. Reflexionando sobre mi pasado llego a los derroteros más salvajes de un intelecto totalitario, “totalizador”, que ve que todo lo que le rodea es feo y malo y tendría que ser ¡necesariamente! “transformado” o “destruido”, tanto en el pasado como en el presente, ¿sabe usted? No obstante no quiero incidir en el mundo. No quiero incidir en el mundo “ya”. No quiero incidir, no quiero probar a manipular a nadie desde la falsedad, ni para bien ni para mal. Ni a masas ni a individuos. Ni a colectivos ni a carácteres. Sabe usted, se podría manipular y tratar y maltratar “a cualquiera” desde la falsedad pero nosotros optamos por la opción difícil, por la opción elegante, por la opción superior que es “el amor total (¡a la humanidad!) en la exactitud” y que es un tipo de amor que supone ¡no aceptar intermediarios! entre nosotros y “todo lo demás”, comprende. Y así no hay intermediarios en nuestro amor. Sólo estamos nosotros y “todo lo demás”. Y así por un lado estamos nosotros, esto es, por un lado está el individuo, y por el otro lado está el mundo como “inteligencia”, sabe usted. Pero el mundo “como inteligencia” nunca está a la altura de uno. El mundo sólo está “a la altura” de uno en tanto que enemigo y como quintaesencia del mal ¡no como inteligencia! ¿sabe? Como inteligencia jamás. Realmente ¿sabe? desde una perspectiva matemática “la verdad” ocupa el mismo espacio que una “teoría conspiratoria”, exactamente el mismo sitio ¿entiende? (¡es “lo mismo”! ¡lo mismo! ¿entiende?) y así la verdad es “una dificultad” que supera los límites de la vida. En fin, sabe usted, yo ya he navegado como un barco ebrio todos los derroteros del lenguaje. Tanto mi lenguaje como el lenguaje del mundo. Pero el lenguaje en sí no es ningún valor ni tiene ya ningún valor en el mundo. Y el mundo no tiene ya ningún sentido. Hoy en día lo que manda en el mundo es el “diletantismo humano”, que no es otra cosa que “lo artificial demente”, lo cual es algo que nadie se atreve ni siquiera a empezar a pensar ni probar a explicar de ninguna de las maneras. Hoy lo que manda en el mundo no es otra cosa que “las enfermedades lingüísticas”, el mundo no es más que una enfermedad del lenguaje. Así pues el mundo no es más que una amputación de la lengua del mundo y el mundo no sabe nombrarse y el mundo no sabe lo que le pasa, por lo cual el único futuro posible para el mundo es la muerte, la muerte como sistema político cumbre en el que todo desemboca en el mundo. La muerte, el silencio. Llevo ya dos meses pensando en serio en suicidarme ¿sabe usted? (y “en serio” significa “cómo”, esto es: ¿salto desde un ático? ¿me tiro al tren? ¿me ahorco? ¿me tomo “ya” los somníferos?) pero antes he querido probarme a mí mismo desde “la frivolidad” , comprende, de tal manera que antes de matarme he realizado cosas extraordinarias probablemente, y lo que para mí son disparates probablemente, para probarme, sabe usted. Para comprobar y corroborar que nada ni nadie pueden desdecirme de mi determinante decisión de matarme, mi decisión de “poner fin”, ¡poner fin!, sabe usted.

    Comentado por: Suicidio el 29/5/2008 a las 17:21

  • “2 de Febrero – Tras enviarle a usted una carta que recibirá en dos o tres días (el cuatro, el cinco de Febrero) una carta que usted recibirá –con total seguridad- estando yo ¡ya muerto! acometo con toda firmeza la tarea de MATARME.
    Procedimiento para ello – somníferos potentes que ingeriré en suficiente cantidad como para provocar mi muerte.
    Causas. Por qués – Las causas de este “acto total” resumidamente hay que atribuirlas al hecho de haber perdido yo por entero mi condición animal. Antes de acometer mi nihilación ni un sentimiento animal habita en mí, ni una emoción animal habita en mí, lo cual, tras una reflexión fría, me hace valorar la “opción muerte” como la más sensata y exacta de las opciones para un ser de mi idiosincrasia, esto es “un ser estricto, disciplinado y bien estructurado”. Por lo cual fríamente me decido a abrirle la puerta a la muerte para que la muerte “pase hacia aquí” y me envuelva o para que yo “pase hacia allá”, hacia el otro lado, hacia el ámbito de la muerte que es también el ámbito de la perfección de la existencia, el ámbito de la potencia total de la poesía de la naturaleza.
    Reflexiones al respecto – Naturalmente los animales no se suicidan por lo cual para suicidarme “perfectamente” planeo este acto como un acto en el que yo no he de tener conciencia del más mínimo dolor –lo cual podría dotarme de reminiscencias corporales “animales”. Así pues en este acto no ha de interferir a ningún nivel ninguna “presencia animal desagradable”, ni el más mínimo atisbo de “dolor corporal animal”, y ha de ser un acto que una vez iniciado no ha de permitir ninguna posible marcha atrás, ningún posible retroceso hacia la “animalidad”, en plan: “Dado que al estar cortándome las venas a tajos me duele el brazo detendré todas las hemorragias, me vendaré todos los cortes y dejaré estar mi suicidio...” No. No ha de poder haber ningún posible desdecimiento. Esto ha de estar totalmente bien controlado y bien supervisado por mi cerebro y de manera definitiva y no ha de haber ningún posible espacio para el dolor en este acto. Y así mi muerte totalmente lógica es (¡y va a ser!) un “hecho exacto” e “insensible”, esto es, una muerte “cerebral” (y la muerte de un cerebral) al estar planeada totalmente desde el cerebro, una muerte perfectamente planeada desde el cerebro ¡como “solución” para mi cuerpo!, solución exacta y perfecta planeada y planteada desde mi intelecto dictador, esto es, desde mi cerebro “antinatural” y “anticorporal”, como ¡solución total a todo!, esto es, solución y respuesta al universo, por lo cual cualquier observador inteligente que quiera profundizar en “los por qués” de mi suicidio ha de abandonar por entero todas las hipótesis que remitan mi nihilación al descontrol o la solución al dolor corporal, ya que no se trata de eso en absoluto sino que sencillamente matarme es para mí solucionar mi vida y así descubrir el verdadero nombre de la incógnita despejada de la vida (que es la muerte), incógnita que, por otro lado, una vez que uno se sumerge en ella es una superación de “todo lo posible”. Para mí así como en un sistema complejo el todo es siempre algo superior a la suma de sus partes así también para mí “lo más sencillo” puede ser la solución a todas las complejidades; “lo más sencillo” (el suicidio) en tanto que solución total y general a todo. Por lo cual me mato y punto. Y no es una tragedia. Es sólo un hecho ponderado en su espiritualidad que deseo diseccionar ante ojos inteligentes una vez que está consumado. Pudiera haberme grabado también en una cámara de video y decir más o menos esto que digo en este dossier ante la cámara oralmente, esto es, que me mato y que estoy muerto y así dejar plasmado en imágenes mi testimonio y mi testamento humano así como también el propio suicidio, el propio hecho de morir durmiendo, ¡la propia muerte! etcétera, pero prefiero hacerlo por escrito. ¡Las palabras son para sabios! ¡Las imágenes no son nada más que para buitres carroñeros! ¡para seres sin “imaginación”!, así que yo explico mi suicidio y dejo constancia de mi suicidio ¡por escrito! ¡porque aún creo en el poder de la palabra! ¡creo en el poder de la palabra en un mundo que sólo balbucea! Es cierto. En un mundo en el que ya está todo “masticado” yo creo aún en el poder de la inteligencia. Creo en los esfuerzos lógicos, creo en las frases con sujeto y predicado, creo en las operaciones matemáticas con principio y fin, creo en esto que escribo y así creo también ¡en mi suicidio! que explico mediante estas palabras. No obstante “para redondear” la explicación de mi suicidio es cierto que usted puede asimismo ver también el cuerpo cadáver que escribió todas estas palabras...”

    Es cierto. Miro el cadáver de Carlos mientras voy leyendo el dossier. Por un momento tengo la sensación de que ante mí se interpreta la sinfonía de la muerte y de que el dossier que tengo entre manos no es más que “el programa de mano” de “la sinfonía de la muerte”. Sigo leyendo.

    “...el cuerpo cadáver que escribió todas estas palabras, el cadáver como prueba material, como imagen suficientemente sugerente para acompañar estas palabras, y así usted puede verlo y sentirlo “todo” ¿entiende usted?, usted puede verme, usted puede ver mi cadáver y mi cadáver es una conclusión y es una simplificación y es a la vez ¡una alegría! ¡una alegría en la superación de todos los pensamientos! por lo cual que yo esté muerto no ha de extrañar a nadie y menos a usted. Ya que usted y yo, sé, tenemos contemplada siempre la muerte como “posibilidad de perfección” ¿verdad? Y es así que “intelectualmente” siempre está ahí ... ¡la muerte! ¡La muerte! Sea como sea éste es un suicidio “realmente adulto”, un suicidio ejemplar, aleccionador, un suicidio en el que se contempla todo lo que significa ser adulto. Y ser adulto significa por un lado aceptar ¡la posibilidad del suicidio! Por otro lado ser adulto significa reconocer ¡la posibilidad del amor! Por otro lado ser adulto implica “saber lo que es” ¡el pesimismo y el optimismo! comprende, y así optar por el pesimismo o por el optimismo ¿sabe usted? ¡El pesimismo o el optimismo! Esa es la cosa. Pero qué es el pesimismo y el optimismo para alguien (artístico, intelectual) como nosotros ¿no? Qué es. Bien, señor, ahora se lo aclaro a usted –porque quiero así que usted “lo vea como yo”- y usted (¡al menos usted!) me entenderá:
    PESIMISMO: El arte y la ciencia están al servicio del poder económico de los hombres, nada más (son malignos instrumentos serviles al servicio del poder (¡político!) en un mundo de capitalistas arribistas por entero hipócrita y malvado y manipulador).
    OPTIMISMO: El arte y la ciencia están sólo al servicio ¡de ellos mismos! esto es ¡están “sólo” al servicio del espíritu! (¡del ser!) prescindiendo de la “política”, y son ellos –el arte y la ciencia y el “espíritu”- los que mandan ¡fatalmente! en el mundo.
    Bien pues, mi apreciado señor músico, al respecto de esto le diré que yo opté y he optado siempre ¡por el optimismo! ¿sabe? ¡por el optimismo! ¡por la fe! ¿sabe? Pero creer en el “espíritu” en el mundo (¡en la “inteligencia” en el mundo!) ¡es algo difícil! ya que el espíritu (del “arte”, ¡del ser!) en el mundo es demoledor y devora a sus hijos y a veces parece que es idiota o ciego ya que arremete ¡como una fatalidad! contra quienes quieren “realizarlo”, y naturalmente ahora no estoy hablando ni de Beethoven ni de Hitler ni de Novalis (aunque también)... ahora estoy hablando siempre de otra cosa. Siempre estoy hablando de otra cosa diferente a la que se piensa, otra cosa siempre intangible, y así nunca nadie sabe encontrarme donde ha de encontrarme. En fin. Era bonito cuando el mundo era al menos un teatro ¿verdad? Pero ahora ya sólo es ¡una carnicería! ¡el mercado de la carne sin alma! ¿sabe? eso es lo que es el mundo. Una carnicería totalmente idiota para animales y regida por animales. Un apelmazamiento de toneladas de carne sin sentido. Una “simplificación fetal” es el mundo. Al menos en otros tiempos los individuos creían en el arte y se lo tomaban “en serio” y así ¡se entusiasmaban! ¡se esforzaban! ¡creían en el destino! ¡en la fuerza! ¡en la inteligencia! ¡en la belleza! etcétera. Pero ahora ya la gente sólo lucha para perpetuar sus roles de “instalación en el latrocinio” ¿sabe? “pesimistamente” (“políticamente”), y así se sumergen en el útero de la banalidad ¿sabe usted? El mundo como el útero de la banalidad. Y los habitantes del mundo como partículas de un feto banal en el útero de la banalidad. Un feto que nunca verá la luz. Y el “hombre” como algo ¡que nunca nacerá! ¡algo que nunca se realizará! Sabe usted, el mundo y “la vida humana” es algo que todavía no ha nacido, ya que el mundo aún permanece en la muerte y así el mundo no es más que una posibilidad abortada de la vida. No es más que una “posibilidad abortada” de la vida al ser ¡la quintaesencia de la muerte! por lo cual ¡sólo desde la muerte puede uno creer en la perfección del mundo! ¡sólo desde la muerte puede uno creer en la exactitud del mundo! ¡sólo desde la muerte puede uno entender el mundo! Y así yo me suicido, tiene usted que saber, y me suicido “adultamente” para estar en sintonía con lo más perfecto y lo más exacto y lo más absolutamente sincero y verdadero que hay en la tierra y bajo la luna (que es la muerte). Mi suicidio es la realización de una humanidad “a-histórica” que se balancea en el trapecio de la muerte. En fin. Sea como sea yo desde hace ya bastantes años “sigo pensando” donde todos ya se han agotado; allí donde todo el mundo ya se ha agotado, allí donde todo el mundo ya se calla yo todavía conservo unas pocas palabras, unos pocos pensamientos para explicar ¡lo que pasa! ¡lo que hay! ¡lo que sucede en ese lugar al que nadie se atreve a llegar! ¿sabe? Pero lo que hay allí, lo que hay allí donde todo el mundo ya es cobarde e innoble y ya ha sido vencido no es más que la soledad y el frío, es decir ¡la humanidad! ¡el hombre! Allá donde toda la masa vulgar no llega y no sabe, allá donde toda la masa vulgar no puede más o ya se ha muerto, allá es donde habita el hombre y allá es donde estoy yo ¡absolutamente solo! y pregunto a la masa humana que puebla el mundo, pregunto a todos los que están detrás de mí ¿por qué me abandonáis? ¿por qué me dejáis solo? y no responden, y nadie sabe de lo que hablo, y todo el mundo tiene miedo y todo el mundo es absolutamente débil y estúpido y es por eso que me mato, sabe usted, porque no soporto ya esta soledad terrible en la que yo soy el único hombre. Y así quiero identificarme con la muerte y es por eso que me he matado y que ahora ya estoy muerto y le explico esto póstumamente. Sabe usted, hace ya más de veinte años que me afiancé en mi integridad, esto es, “mi ser exacto”, “mi ser adulto”, mi “hiperconciencia”, mi “soledad”. Desde hace veinte años todo es claro para mí siempre y así siempre veo las cosas tal y como son y nadie me puede engañar en ningún ámbito, en ningún aspecto, a ningún nivel; claro que “este tipo de perfección” que yo tengo implica renunciar al contacto con los hombres, implica renunciar al trato humano, sabe usted. Así pues desde hace veinte años vivo en un universo “perfecto” ¡creado por mi inteligencia! en el que no obstante “¡también!” –y mayormente debido a la soledad- se ha de contemplar ¡el miedo! ¡el suicidio! ¡la muerte! ¡la angustia! y ¡la psicopatía! como factores posibles allí, como “tropezones” en la gran sopa de la “inteligencia pura”, “la pura razón” ¿sabe? ¡el miedo! ¡el suicidio! ¡la muerte! ¡la angustia! y ¡la psicopatía! como invitados “ocasionales” al banquete real de la “inteligencia humana” etcétera (¡venidos desde un mundo imbécil!) ¿sabe usted? Y así, sabe, la verdad (de uno mismo en tanto que inteligencia) no es la angustia, pero en el ámbito de la verdad se puede dar la angustia. La verdad no es el miedo, pero en el ámbito de la verdad se puede dar el miedo. La verdad no es la muerte, pero en el ámbito de la verdad se habla de la muerte, se habla forzosamente de la muerte, es más ¡se ha de poder hablar una y otra vez de la muerte! Verá, en un mundo elevado cohabita la tragedia y existe la posibilidad de la tragedia. En un mundo elevado existe la posibilidad de la tragedia pero existe también la posibilidad de lo elevado. Lo elevado en lo que usted y yo (¡seres elevados!, no lo olvide, señor barítono) creemos. Pero nosotros, usted y yo, en la sociedad en la que vivimos no vivimos en un mundo elevado en absoluto sino que vivimos en la basura, por lo cual no existe la posibilidad de la tragedia ni del “suicidio trágico” en nuestro mundo-basura, sólo la posibilidad de la ridiculez y el “suicidio ridículo”, y así “aquí” todos somos potencialmente o de facto nada más que “suicidas ridículos” y así aquí nuestros suicidas no son más que payasos que tras toda una vida de “inmersión en la mediocridad y en la tontería en tanto que sociedad” se suicidan –si se suicidan- haciendo un ridículo espantoso, como en un mal número de circo ¿entiende? (¡ya que tendrían que matar y destruir a toda su sociedad!) Sabe usted, tendríamos que arriesgarnos a la posibilidad de la tragedia para salvaguardar ¡la nobleza! de nuestro mundo pero no nos “arriesgamos” a la tragedia en nuestro mundo y así vivimos en un universo mediocre e innoble en el que el dolor no existe y en el que la realidad no existe y en el que todo no es más que ¡una comedia atroz! ¡una comedia inhumana! ¿sabe?, un universo mediocre en tanto que sociedad ridícula en el que no se representan más que “pantomimas nepóticas simiescas” y en el que todo lo elevado desemboca una y otra vez en su “imposibilidad flagelada”. Vivimos en una sociedad cómico-ridícula en tanto que sociedad que niega el dolor y miente una y otra vez. Pero el dolor “realmente” existe y así el dolor ¡ha de poder ser expresado! Y así ha de poder existir ¡la belleza de la tragedia! ¡el arte elevado! ¡los grandes pensamientos! Ha de poder existir “algo más elevado que la muerte” en la vida. Pero es sólo muerte lo que hay en la vida. Por lo cual, sabe usted, tras veinte años de curiosidad resuelta, curiosidad que –desde que me hice adulto- me ha hecho moverme de aquí para allá, viajar, leer libros, escuchar sinfonías, ir a la ópera, ver obras de teatro, mirar películas, etcétera, y una vez que mi curiosidad se ha agotado y me ha hecho –finalmente- desembocar en la decepción, en ¡una decepción incontenible! ¡una decepción infinita! ¡una decepción inagotable! ¡una decepción que se desparrama por todos lados y desborda todas mis expectativas! digo que basta. ¡Basta! ¿sabe? ¡Basta! Es sencillo. He podido ir diciendo cosas más o menos locuazmente o lacónicamente en la vida y he podido ir viendo cosas sorprendentes o previsibles en la vida, y ahora que ya no quiero decir nada más ni ver nada más lo único que quiero hacer y lo único que quiero “saber hacer” es construir un “punto y final”. Un “punto y final” definitivo ¿sabe? Un punto y final digno en tanto que suicidio digno. Un suicidio digno, un suicidio frío, un suicidio sin ni un ápice de “sentimentalidad” ni de ridículo. Así pues llevo ya meses pensando en ¡materializar mi desaparición! ¿entiende? Como suicida digno. Aunque yo siempre he sido –de una manera u otra- un suicida digno, sabe usted. Un elucidador en el ámbito de lo humano extremado. Un “visitante regular” de lo obvio alienado. Alguien que “interpreta” su muerte (“su propia muerte”) ¡perfectamente! en la gran sinfonía del universo. Desde que soy “adulto” ¿entiende? me muevo en el ámbito de lo ineluctable y lo sólido, y así desde hace veinte años yo “sé” que me puedo matar ¡cuando quiera! Puedo decir adiós a una sociedad que no está preparada para ningún tipo de cosa elevada, una sociedad que no es apta para la belleza ni para la vida ni para la muerte ni para nada. Puedo matarme. Puedo poner fin a la farsa que es el mundo y que es a la vez “mi farsa” y “mi inadecuación” cuando quiera. Y ahora ha llegado el momento, sabe usted, en el que el curso de la naturaleza desemboca en su imposibilidad y en su disolución en el vacío, cerrando el ciclo ¿comprende? En fin. Desde que soy adulto soy un perfecto suicida. Soy un perfecto suicida en tanto que “hombre en esta sociedad”, igual que soy un perfecto anarquista en tanto que “racionalidad pura y sin concesiones”, un perfecto anarquista en tanto que “perfecto político de la matemática humana” así como también en tanto que “suicida”. Realmente cuando miro todos los hechos de mi pasado no puedo más que navegar una rabia retrospectiva y así instalarme en conclusiones apocalípticas que son terminaciones nerviosas de lo más terrible de las mitologías, lo más terrible de todas las cosmovisiones, sabe usted. Si me instalo en el odio y miro mi pasado y mis causas y las causas de todo desde los ojos del odio puedo caer fácilmente en “el laberinto de las crispaciones justificadas”. Puedo enfadarme cuando recreo una “hiperconciencia de mi pasado” igual que puedo enfadarme al ver “la asfixia” general y totalizadora en la que se basa “el mundo de mi pasado” cuando miro mi pasado. Reflexionando sobre mi pasado llego a los derroteros más salvajes de un intelecto totalitario, “totalizador”, que ve que todo lo que le rodea es feo y malo y tendría que ser ¡necesariamente! “transformado” o “destruido”, tanto en el pasado como en el presente, ¿sabe usted? No obstante no quiero incidir en el mundo. No quiero incidir en el mundo “ya”. No quiero incidir, no quiero probar a manipular a nadie desde la falsedad, ni para bien ni para mal. Ni a masas ni a individuos. Ni a colectivos ni a carácteres. Sabe usted, se podría manipular y tratar y maltratar “a cualquiera” desde la falsedad pero nosotros optamos por la opción difícil, por la opción elegante, por la opción superior que es “el amor total (¡a la humanidad!) en la exactitud” y que es un tipo de amor que supone ¡no aceptar intermediarios! entre nosotros y “todo lo demás”, comprende. Y así no hay intermediarios en nuestro amor. Sólo estamos nosotros y “todo lo demás”. Y así por un lado estamos nosotros, esto es, por un lado está el individuo, y por el otro lado está el mundo como “inteligencia”, sabe usted. Pero el mundo “como inteligencia” nunca está a la altura de uno. El mundo sólo está “a la altura” de uno en tanto que enemigo y como quintaesencia del mal ¡no como inteligencia! ¿sabe? Como inteligencia jamás. Realmente ¿sabe? desde una perspectiva matemática “la verdad” ocupa el mismo espacio que una “teoría conspiratoria”, exactamente el mismo sitio ¿entiende? (¡es “lo mismo”! ¡lo mismo! ¿entiende?) y así la verdad es “una dificultad” que supera los límites de la vida. En fin, sabe usted, yo ya he navegado como un barco ebrio todos los derroteros del lenguaje. Tanto mi lenguaje como el lenguaje del mundo. Pero el lenguaje en sí no es ningún valor ni tiene ya ningún valor en el mundo. Y el mundo no tiene ya ningún sentido. Hoy en día lo que manda en el mundo es el “diletantismo humano”, que no es otra cosa que “lo artificial demente”, lo cual es algo que nadie se atreve ni siquiera a empezar a pensar ni probar a explicar de ninguna de las maneras. Hoy lo que manda en el mundo no es otra cosa que “las enfermedades lingüísticas”, el mundo no es más que una enfermedad del lenguaje. Así pues el mundo no es más que una amputación de la lengua del mundo y el mundo no sabe nombrarse y el mundo no sabe lo que le pasa, por lo cual el único futuro posible para el mundo es la muerte, la muerte como sistema político cumbre en el que todo desemboca en el mundo. La muerte, el silencio. Llevo ya dos meses pensando en serio en suicidarme ¿sabe usted? (y “en serio” significa “cómo”, esto es: ¿salto desde un ático? ¿me tiro al tren? ¿me ahorco? ¿me tomo “ya” los somníferos?) pero antes he querido probarme a mí mismo desde “la frivolidad” , comprende, de tal manera que antes de matarme he realizado cosas extraordinarias probablemente, y lo que para mí son disparates probablemente, para probarme, sabe usted. Para comprobar y corroborar que nada ni nadie pueden desdecirme de mi determinante decisión de matarme, mi decisión de “poner fin”, ¡poner fin!, sabe usted. ¿Qué tipo de fuerza puede ejercer en alguien como yo el disparate? me he preguntado. ¿Y si por encima de todos los valores elevados no hubiese más que “el ridículo metafísico”, “el ridículo cósmico”? me he preguntado, días antes de matarme. Y así, navegando este tipo de “hipótesis a comprobar” me he ido a un burdel elegante unos pocos días antes de escribir esto antes de matarme. Llego a tal sitio, me presento elegantemente ante la dueña y le digo:


    ...

    Comentado por: Suicidio el 29/5/2008 a las 17:01

  • "bombas-racimo (...)uno de los artículos más mortíferos y repugnantes del armamento actual"

    No seré yo quien le discuta a un catedrático de estética el uso del adjetivo repugnante, aunque no estará de más informar que las bombas racimo sólo causan bajas entre los civiles cuando funcionan mal.
    En cuanto hace a lo de "más mortíferas", el número de vítimas causadas en todo el año pasado a nivel mundial no llegó a 400. Basta hacer cualquier cálculo para ver su importancia marginal comparada, por ejemplo, con los machetes (ello no quita que cada caso sea una tragedia personal).
    Bien está que el Sr. Azúa publique en El Periódico, pero quizás debería leerlo menos y, sobre todo, no creérselo.

    Comentado por: las cosas como son el 29/5/2008 a las 16:50

  • ¡Qué bonito comentario nos engarza D. Félix!
    Un primor de forma, estructura y contenido, ¡con qué placer se le lee!
    No cabe duda de que fue, y a veces es, uno de los mejores articulistas patrios.
    Convendría rescatar joyas suyas de los años ochenta cuando su presencia en los monográficos de El País no tenía precio...¿o sí?

    Comentado por: Tipo Material el 29/5/2008 a las 15:50

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres