El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 5 de julio de 2008
Origen de nuestros ojos
Vivir sin admiración, sin que algún objeto nos inspire un culto de dulía, es como vivir en blanco y negro. Los que admiran son retribuidos por su admiración y suele ser gente de corazón ligero. Hacía treinta años que no volvía sobre Victor Hugo, uno de los más olvidados novelistas del siglo XIX. Me empujó al regreso el admirable ensayo de Mario Vargas Llosa sobre Los Miserables recientemente traducido al inglés. No obstante, quise regresar por el principio y abrí con frío escepticismo la novela "mala" de Hugo, Notre-Dame de París. ¡Cielo santo, qué vuelo estratosférico! En el teatro del romanticismo, Dickens y Balzac ocupan el palco real. Esquinado en el gallinero proletario, a Victor Hugo se le pide silencio y que no moleste. Sin embargo, es demasiado grande: como un gigante torpe, en cuanto se mueve descalabra tres estatuas de escayola narrativa y hace añicos dos arañas de cristal de poesía lírica. Hugo, hélas!
El argumento de la novela es un disparate que se reparten un monstruo jorobado, un cura alquimista, una gitana casi impúber y un caballero más puro que Parsifal. Una majadería, pero ¿a quién le importa? Con esos mimbres ridículos Hugo construye un edificio literario cuya ambición no es otra que la de competir nada menos que con el célebre templo del que toma su nombre. En un capítulo de delirante especulación, Hugo expone una teoría que sin él saberlo estaba trabajando por aquellas fechas el iluminado Friedrich Hegel. En ese fragmento sobrenatural el novelista pone ante los ojos del lector la totalidad del saber humano esculpido en piedra, desde los menhires hasta las catedrales góticas, y muestra cómo a partir del siglo XV esa catástrofe llamada "la imprenta" iba a destruir la arquitectura. Los conocimientos humanos ya no se atesorarían en la piedra, sino en los libros, que son más duraderos y baratos.
Lo de menos en ese capítulo es la exactitud histórica. Lo grandioso es la visión, el ímpetu poético, la descomunal ambición de competir con los constructores de Notre-Dame. Con una fuerza hercúlea que hoy no podemos ni soñar, Hugo se enfrenta a lo más grandioso que conoce para ofrecer su alternativa sobre papel.
Comenzó a escribir la novela en julio de 1830, pero hubo de interrumpirla por un par de sucesos molestos. Primero la Revolución, luego el nacimiento de su hija Adèle. Hugo se metió de cabeza en el caos revolucionario, anduvo arriba y abajo por un París cubierto de cadáveres y colaboró con los rebeldes mientras ayudaba a su mujer en el posparto y también al mefítico amante de su mujer, Sainte-Beuve, muy afectado. Aún le quedaba tiempo para navegar por los remolinos del estreno, unos meses atrás, de Hernani y el escándalo universal que había montado. De paso, aprovechó para cambiar de domicilio porque con la nueva hija ya no cabían en casa. Bueno, pues para enero había terminado la novela. ¡Ochocientas páginas! En la actualidad, sólo el cambio de domicilio ya habría paralizado al más dotado de nuestros escritores.
Cuando abres tu corazón y admiras, te invade cordialmente el objeto admirado. Entonces ya no es el entero cuerpo lo que te deslumbra, sino cada detalle. Así por ejemplo, ese capítulo III que luce título en español macarrónico, "Besos para golpes", y que presenta a la gitana Esmeralda. Estamos en invierno, es de noche, arden las hogueras en la Place de Grève donde se han reunido los más feroces malhechores parisinos. Se les ve desde arriba, formando un círculo de hogueras en cuyo centro baila la gitanilla de pies diminutos, "totalmente andaluces" según afirma Hugo con aplomo. La vemos bailar, por así decirlo, desde la grúa, pero la cámara desciende cuando en uno de sus pases se le suelta el prendedor y la cabellera se expande con vuelo de mantón. La cámara entonces recorre los rostros boquiabiertos de los patibularios, pero se detiene en un personaje atravesado al que se acerca en un close up. Rostro inquietante cuya ambigua sonrisa hiela la sangre y nos augura que ese personaje va a jugar un papel decisivo en el destino de la niña.
Volvemos al plano general para ver a Esmeralda exhibiendo las dotes circenses de su cabra adivina, pero de nuevo nos arrastra una panorámica circular del público, como las de M el vampiro de Fritz Lang, seguida por un primer plano del siniestro individuo que ahora grita: "¡Sacrilegio! ¡Profanación!". La cámara regresa a una Esmeralda paralizada de terror, con los ojos desorbitados y una mano alzada como para protegerse de un golpe, puro Lillian Gish. Parece calcado de Eisenstein o de Griffith, pero faltaban cien años para que se inventaran ambos modelos de montaje.
Es en verdad misterioso que el romanticismo avanzara por escrito la esencia de la técnica visual cinematográfica. En otro capítulo deslumbrante de la tercera parte, "París a vuelo de pájaro", Hugo nos ofrece una panorámica aérea de París, como si nos hubiéramos subido al globo en el que Daumier dibujó a Nadar. Con una diferencia notable: las primeras fotos aéreas de París no se verían hasta treinta años más tarde. La ciudad, que sólo había interesado a Balzac (un poco más tarde a Dickens) en su horizontalidad, tomaba de pronto una tercera dimensión que no se realizaría plenamente hasta la invención de la fotografía y los primeros bombardeos aéreos.
Estas intuiciones imaginativas son puro zeitgeist y surgen en los talentos más despiertos de cada tiempo. Por aquellas mismas fechas, en 1834, vivía exiliado en París el duque de Rivas y entretenía su forzado ocio redactando un enorme poema, El moro expósito, tanto más bello cuanto más desatendido por los actuales lectores. Si alguien se detiene en esas páginas soberbias encontrará también allí secuencias a la Eisenstein. Véase esta estampa del malvado Rui-Velázquez, germen de Iván el Terrible con música de Prokofiev: "Éste, delgado y alto (...) enjuto y macilento, demostraba / temores, dudas e inquietudes grandes; / y cruzados los brazos sobre el pecho, y embozado en su manto, a desiguales / pasos la sala toda recorría / formando en suelo y muro una gigante / sombra que era mayor o más pequeña / al venir a la luz o al retirarse". Esa sombra animada, esa sombra que crece y mengua, como el baile de Esmeralda, es ya puro cine.
Sería agradecido averiguar lo que podríamos llamar el componente atómico de la imagen popular, el alfabeto del arte de masas que se encuentra ínsito en las novelas y los poemas del romanticismo, pero también en las óperas de Wagner y Puccini, en las sinfonías de Mahler y de Strauss, en la pintura de Goya y Delacroix. Un repertorio que se diría inventado por los fotógrafos y cineastas de principios del siglo XX cuando en realidad pertenece a un fondo mucho más ignoto del que todavía siguen brotando por mil fuentes imágenes lingüísticas, musicales y visuales que encantan la imaginación popular. Una enigmática sima de figuras radicalmente distintas del depósito clásico, anterior al barroco, cuando el soporte del saber era la piedra y los humanos grabábamos nuestros conocimientos en monumentos más frágiles que el papel.
Artículo publicado en: El País, 10 de febrero de 2008.
[Publicado el 11/2/2008 a las 10:02]
Comentado por: luis el 21/2/2008 a las 20:08
Bueno, es posible que admirar signifique reconocer la capacidad del ser humano de mejorar y superarse, tanto a nivel individual como colectivo, como sociedad.
Que las personas somos capaces de grandes logros en todos los sentidos es indudable, y creo que es positivo tenerlo en mente!
Aunque es habitual perderse en el nihilismo de nuestra sociedad, sobre todo al estar inmersos en ella... es un error que es importante evitar en la medida de lo posible.
Al menos tal y como yo lo veo, desde luego!
No he leído el libro de Victor Hugo pero tiene una pinta genial. Y fantástico el artículo, por cierto!
Un saludo.
Comentado por: luz el 18/2/2008 a las 17:55
vic, no puedo creerlo, ¿realmente usted piensa que la derecha si tiene unos referentes morales?.
Lo dicho: increíble.
Comentado por: playboy el 13/2/2008 a las 16:23
Oye, he publicado en París unas novelas ilustradas y numeradas. Lo de Vic no es para tanto. Provoqueen solita es ya capaz de ponerlo en su sitio, no hace falta tanto cachondeo. Pero es más divertido así, hay que reconocerlo.
Comentado por: Manuel Montero el 13/2/2008 a las 00:11
Vic, ¿con cual de ellos escribes? , con el cristal no (lo tuyo no es normal) y con el naranja menos. ¿Hay un vic Marrón? sin signos de puntuación!!!
Comentado por: El peluquero de Kojak el 12/2/2008 a las 22:50
Provoqueen, tienes más razón que doscientas santas. Sr. vic, el (erróneo)título de "la famosa democracia más antigua del mundo" no confiere ninguna autoridad ni ejemplaridad ni demuestra nada (no vale ni entrar en matices históricos a aplicar sobre este caso, sobre esclavos, voto restringido, segregaciones varias ni añadir que sí hubo partidos comunistas y de todos los colores en EE.UU. -y fortísimos sindicatos anarquistas, y puede decirse que España y EE.UU fuero na principios del XX los países donde más caló el anarquismo, incluso entre el campo, lo que Europa muy pocas veces ha visto (por ejemplo, en Ucrania)- hasta que fueron exterminados sistemáticamente y el ascenso del nacionalismo a religión obligatoria tras las guerras mundiales cambió del todo el panorama). Hay cosas que no se heredan ni transmiten ni nada, y mejor que sea así.
El artículo pegado por del pozo y numa me ha hecho pensar que cabría yuxtaponer el texto actual y el de la sagrada familia y sacar conclusiones. Que félix no lo haga y se quede con el rollo del tripartito y la identidad nacional pone en evidencia qué poco se puede profundizar cuando uno se propone educar a sus lectores. Por ejemplo, podría decir que el edificio de gaudí es un perfecto ejemplo de vivienda de papel... de papel de boe, de tríptico municipal, de propaganda. Como tal, se puede escribir en él lo que se quiera. Como no pesa nada, se puede hacer que pase por debajo un portaaviones, e incluso que lo atraviese por el centro, y encargar a Moneo, Gehry o la Santísima Trinidad que nos dibuje otro.
Que no existe, podría también decir, desde hace decenios es un holograma que les sale a los barceloneses por un cojón de mico. Desatan polémicas enlatadas como esta de vez en cuando para que la gente no espabile, no sea que utilice de veras los ojos.
Comentado por: julianolapostata el 12/2/2008 a las 20:43
@ Playboy
Qué agradable verte por aquí. Aunque tienes razón, hay que hacer un gran esfuerzo porque a veces esto es de pesadilla.
@Vic
No sé a qué llama usted "irme bien". Si se refiere a estar contenta con una moral que considero justa (sin alharacas, que aquí no hay héroes ni villanos, sólo personas), desde luego. Si se refiere a mi condición de mil-y-poco-eurista ... no sé, usted debe vivir en una cueva si considera que mis 60m2 y 600€ para todo lo que no sea hipoteca, es irle "bien" a uno.
Por supuesto que existen muchas formas de democracia. Hace cien años la mitad femenina de la población no podía votar, y ya ve, lo llamaban ¡"sufragio universal"!
Victimismo... usted dice que la izquierda debería situarse fuera del sistema, y a mí, por quejarme, me califica de victimista. Le pongo un ejemplo más claro (por exagerado): usted me pega una zurra y si yo protesto usted me califica de victimista. Y si quejándome consigo que deje de pegarme, entonces me dice "que me ha ido muy bien con el victimismo".
Si no fuera porque lo que escribe hace daño a los ojos, diría que es usted un cachondo mental.
Comentado por: provoqueen el 12/2/2008 a las 19:49
a la sra. Provoqeen,
no se confunda usted, aunque a la izquierda le vaya muy bien y haya sacado partido del 'victimismo', primero, que haya democracia no se contradice con que no haya partidos de izquierda, de hecho algunos anti-yankees dicen, cuentan que de facto en Usa no existen tales partidos y es la democracia más antigua de entre las naciones-estado; es decir, democracia tiene que ver con la forma de participar en política más menos, y no con los partidos que existan...se podrían elegir 'en listas abiertas' sin partidos por ejemplo, y hay muchos que opinan que esta es la verdadera democracia. Tampoco me propongo laminar a la izquierda, pierda cuidado...salga a la calle.
Tampoco me refería a las 'leyes', sólo decía que la derecha ha tenido tradicionalmente en cuestiones de moral un ámbito al que acudir digamos 'personalizado' como lo era la religión, estabas tú y Dios, tú pecabas y Él te castigaba, perdonaba, o lo que le viniera en gana; se tenía a Dios como juez supremo 'fuera del mundo' (aunque los cristianos digan que bajó a la Tierra), evidentemente es esto exclusivamente lo que es, no juzgo si es una actitud lógica, cómica, trágica , vedadera...la izquierda hace lo que expliqué ayer en lo que se refiere a estas, digamos, cuestiones morales o éticas, desde mi particular apreciación...pero que
de haldas o de mangas lo hace.
Ay, y es que la izquierda es tan buena remendadora... y la derecha tan mala malísima, que no sé como no enviamos a que expíe sus pecados esa derechona a Siberia mismamente... ay, y lo que se pierde la Iglesia y el culto de santos si los progres fueran cristianos...otra vez será, no perdamos la esperanza, pues dicen que... 'Ywh natan wa-Ywh laqah' (Yavé no lo da y Yavé nos lo quita)
saludos
Comentado por: vic el 12/2/2008 a las 17:50
Hay quien fija, tal vez ingenuamente, la crisis conceptual de la arquitectura histórica en la afirmación de Etienne-Louis Boullé, suscrita en su antivutrubiano trabajo “Architecture: Essays sur l´art”. “¿Qué es la arquitectura”, se preguntaba el arquitecto francés.“ Debería acaso, definirla con Vitrubio, como el arte de construir? No. Esa definición conlleva un error terrible. Confunde el efecto con la causa. Hay que concebir para poder obrar. Nuestros primeros padres no construyeron sus cabañas sino después de haber concebido su imagen”. Esto es tanto como desplazar las viejas concepciones vitrubianas de “la arquitectura como el arte de construir”, a otros territorios donde la ideación es el primer requisito o la condición sine-quae-non. Hay por ello un desplazamiento de lo físico y matérico a lo intelectivo e inmaterial; de la materialidad a cierta espiritualidad. Y esa inmaterialidad y esa espiritualidad, estarán en la base de las reflexiones de Víctor Hugo y años más en el trabajo de Scheerbart La arquitectura de cristal. La revisión de los conceptos esgrimidos por ambos autores, abre una vía de interpretación alternativa de lo que, ellos mismos, llamaban desmaterialización de lo construido. En un caso como pérdida de una espiritualidad secular; en otro como búsqueda de un camino expresivo que se aviniera a los tiempos nuevos de la máquina, la electricidad y la luz. Ahora tal vez, y noventa años después del Glasarchitektur, asistamos a una definitiva desmaterialización de todo lo pensado antes. Recorridos como estamos por espectros de cristal, pero no del cristal deseado por los Expresionistas alemanes.
Lo más sorprendente de ese desplazamiento disciplinar de la arquitectura abierto por Boullée, es que se verifica dentro del gran desplazamiento conceptual y cultural que se gesta en torno a 1750 con la aparición de la Enciclopedia diderotiana y desemboca con la Revolución de 1789; esto es con la aparición de “Un libro” llamado a hundir el Ancien Régime y a poblar el futuro de expectativas de progreso. Y este misterio del libro que mata, se repetirá años más tarde, cuando Hugo indague las razones de algunas desapariciones. Y esa coincidencia –casi de raíz bíblica– al vincular el conocimiento a la extinción, no deja de prolongarse y repetirse, como un maleficio o, como una justa condena a los intrépidos deseos de saber lo que no puede ser conocido. En ese sesgo boulleano hay quien quiere ver un primer fundamento de la Moderna Arquitectura, menos material y magmática que la histórica; pero más intelectual y abstracta al mismo tiempo, como estableciera la estética de la Objetividad y la inmaterialidad vítrea del credo Expresionista. Sesgo, por otra parte, que viene a coincidir con toda la fundamentación del mundo moderno que deriva de ese proceso conjunto Ilustración /Revolución; como si la naciente arquitectura moderna tuviera sus raices en la implacable e imparable mutación abierta por D`Alambert y Diderot y en ese par conceptual del conocimiento y de la destrucción.
En tan sólo veinticinco palabras, (“El libro de piedra, tan sólido y tan duradero, iba a dar lugar al libro de papel, todavía más solido...La imprenta matará la arquitectura”) Víctor Hugo, realiza un cometido complejo y escasamente desvelado, en ese uso de libros de piedra y de edificios de papel. Libros de piedra, sólo sabemos que existan en el mundo de Pedro Picapiedra, de igual forma que habíamos oido cantar a la argentina Elder Barber aquello de la Casita de papel para expresar un amor apasionado, dispuesto a todo, incluso a vivir en un refugio construido con un material tan poco ajustado a la firmitas vitrubiana. Las pretensiones comparativas de la arquitectura y lo arquitectónico con otras ramas de la cultura, son a veces difícilmente defendibles. Tanto en esta visión confundida de la arquitectura como un libro; como en las algo anteriores y muy difundidas en el Romanticismo del que emerge Hugo. Así en el Scheling de 1802 y su visión de “la arquitectura como música congelada” o “erstarrte Musik”; las de Schlegel de la arquitectura como “eine musikalische plastik” o de Goethe de la “arquitectura como música muda”. ¿No revela todo ello, cierta obsesión musical del romanticismo?, y todo y a todo lo quiere entender bajo el prisma de la musicalidad; desde el entendimiento de la música como esencia exacta del alma de los pueblos. Esas son las pretensiones de Novalis y de Schiller Pero bajo esa pretensión uniformadora de la música como alma de los pueblos, ¿qué sería ella misma?: ¿Un libro que habla?, ¿un edificio rítmico?, ¿un cuadro sinfónico? Pero ¿no era la música, para Kant un diálogo de sensaciones más que de conceptos y por ello no deja materia para reflexionar? Y es que, en general, las comparaciones no es que sean odiosas, sino que son incapaces de iluminar lo que se pretende. Más bien lo oscurecen, desde ese propósito iluminador. Músicas calladas, músicas mudas, libros de piedra, escultura visitable por dentro, biblia de piedra, son algunos de esos propósitos desproporcionados para tratar de descifrar la arquitectura en la época del romanticismo.
Más o menos hace ciento setenta años, el libro de piedra que eso era un edificio iba a ser sustituido por el más convencional y manejable del libro de papel, en palabras del escritor francés. Y no es que este instrumento acabara de aparecer, que ya llevaba dando vueltas cuatrocientos años, sino que se barruntaba una fuerte expansión de la alfabetización de las masas y por ende de los libros. Hasta ahora, hasta las puertas de la revolución industrial, las masas eran mayormente iletradas. Su capacidad de lectura, se decía, era una capacidad icónica; esto es, estaban más capacitados los individuos iletrados para la lectura de signos e imágenes que para la lectura de letras –que pese a todo– seguían siendo signos específicos. Según esta versión harto discutible, esos individuos inhábiles para la lectura de las letras, suplían esa carencia con los ejercicios verificados en los libros de piedra o en otros libros materiales: ya pictóricos, ya escultóricos, ya arquitectónicos. Y de ser ello cierto, ¿porqué estos individuos que leían mármoles y lienzos, archivoltas y dinteles, con la difusión masiva del libro iban a dejar esas lecturas habituales por la venideras de papel y tinta? Esto es lo que no explica Hugo y da por supuesto. Salvo la razón de su durabilidad y de su coste: “ El pensamiento humano descubre un medio de perpetuarse, no solo más duradero y más resistente que la arquitectura sino también más sencillo y más fácil ”, en relación a la durabilidad. Y en relación a su coste: “Que nadie se equivoque, la arquitectura ha muerto, está muerta definitivamente, matada por el libro impreso, muerta porque dura menos, muerta porque cuesta más. Toda catedral representa mil millones. Imagínese ahora qué inversión de fondos sería necesaria para volver a escribir el libro arquitectónico...¡Se hace tan pronto un libro, cuesta tan poco y puede ir tan lejos! ”. Como si quisiera con ello descubrir una escala conceptual que viaja de menos a más: de la tosca lectura de piedra a la sutil y arrebolada de los libros de papel . O ¿ es que el progreso condena y desplaza la arquitectura?
Si el libro de piedra, puede ser conceptuado como “sólido y duradero”, ¿cuales son las razones que dictan su desaparición, más que su mutación? Y digo desaparición, porque queda bien clara la intención de Hugo: “ La imprenta matará a la arquitectura “, así dicho en tiempo futuro. Pero si la imprenta había aparecido en 1457, ¿cómo explicar esa coexistencia de imprenta y arquitectura durante casi trescientos años, desde los que Hugo escribe? Si la imprenta mata; podía haber matado ya y antes, pero no lo habia hecho todavía. Quizá esta falta de ajuste requiera ubicar el relato hugiano en su contexto histórico: esto es la Edad Media muy avanzada y más aún en 1482 . Momento histórico en el que la imprenta –estamos en el siglo XV– lleva apenas veintisiete años y la pretensión de Hugo hay que entenderla desde ese horizonte temporal. La aparición constatada de la imprenta, dictará la extinción de la Catedral Gótica, como piedra emblemática y como edificio simbólico. Bien sabía Hugo en el momento de su escritura que ello no había sido así y que tras la Catedral Gótica surgieron otros elementos edificados ejemplares: el Palacio renacentista, la Iglesia Barroca o el Museo neoclásico. La extinción de la Catedral Gótica no fue dictada por Gutemberg y sus efectos impresos; fue verificada por la revisión del Humanismo Clasicista que desplazó ojivas y arbotantes en otra secuencia de formas e ideas. Pero ¿porqué Hugo, opta por la codificación gótica frente al orden mensurable del Renacimiento? ¿No será el rechazo de cierta racionalidad y de cierto control de la forma, frente al misticismo precedente que avala la teología medieval? y ¿no será, igualmente, el rechazo a la capacidad analítica de la palabra y del pensamiento, frente a la dimensión sintética, intuitiva y sensible de la piedra labrada? Como si la reacción de los desencantados de la Ilustración y su proyecto, buscaran su superviviencia en territorios presididos por cierto antihumanismo y aureolados por atisbos de irracionalismo. Porque todas las edificaciones posteriores a la Catedral Gótica y sus codificaciones estilísticas, no parecen interesar a Hugo; o ,al menos, no parecen interesar sus estilos y los procesos constructivos llevados a cabo. Procesos constructivos, los ensalzados por Hugo, regidos por cierta autoría anónima: El tiempo es el arquitecto, el pueblo el albañil. Idea esta que casa mal con la concepción romántica del genio individual. ¿Cómo aceptar que un escritor romántico, defensor de ese génie individuelle, abogue por una arquitectura erigida por el tiempo?, ¿de verdad creía Hugo en esas creaciones colectivas?, ¿o sólo era una reacción conflictiva contra el maquinismo igualitario del naciente industrialismo?
Sorprende por todo ello, que el referente estilístico de Scheerbart, de la mano de Worringer, ochenta años más tarde de las proclamas hugianas, sea otra vez la arquitectura gótica. Dice Scheerbart “que toda la arquitectura de cristal parte de la idea de la catedral gótica, sin la cual la arquitectura de crisial sería inimaginable; la catedral gótica es pues su preludio”. Aunque ya Panofsky, había vinculado la arquitectura gótica con el principo de transparencia; de tal suerte que si “la alta escolástica estuvo gobernada por el principio de la manifestatio, la arquitectura estuvo domianda por el principio de la transparencia”. Forzando, por tanto, esa unidad misteriosa del gótico con el cristal, del que había sido su precedente. Aunque lo que interese ahora más, sea la idea de desmaterialización arquitectónica de los constructores góticos, que las claves intemporales del misticismo medieval. En palabras de Worringer “todo aquello que la arquitectura gótica consigue en términos expresivos, lo consigue pese a la piedra”. Circunstancias que posibilitan que Scheerbart establezca el vinculo histórico para la Arquitectura de Cristal, justamente, en el gótico. El mismo establece: “sin el gótico la arquitectura de cristal sería impensable. En su tiempo cuando aparecieron las catedrales y los castillos góticos, tambien se deseó una arquitectura de cristal. Sin embargo, esta no puedo realizarse de forma completa porque no se disponía del hierro apropiado para la construcción”. La desmaterialización de la arquitectura denunciada por Hugo y abierta por la imprenta, es inversamente la reivindicación de los apóstoles del expresionismo. Lo que para Hugo es razón de muerte de la arquitectura, para los expresionistas alemanes es el fundamento de la nueva vida expresiva que abre un nuevo material. Si para Hugo la esencialidad de la construcción gótica es, justamente, la materialidad de la piedra; para Worringer y Scheerbart, el modelo de la inmaterialidad constructiva gótica es el precedente de la formulación de la Glasarchitektur. Con enorme sagacidad esta disyuntiva, es vista por Antonio Pizza no “como una poética de la transparencia, sino como ejercicios de una prolífica experiencia del umbral...y que en la lectura de Benjamin serán interpretados como una densa frontera epistemológica entre el viejo y el nuevo mundo”. Pero en esta frontera del viejo y el nuevo mundo, el destino histórico –prosige Pizza– de las casas de cristal no ha sido el del imaginario alemán de los años diez; sino que han devenido en emblema de la modernidad metropolitana, bajo las formas de los Grandes Almacenes. Grandes Almacenes, que como nuevas Catedrales del consumo, han desvirtuado la luz anhelada por Scheerbart; que es ahora una luz reificada, refractaria y cegadora. Por que –en palabras, nuevamente, de Pizza–: “Ya hemos entrado en el tiempo en que una luz definitiva y totalmente reificada, se transmuta, sin mediaciones, en letrero publicitario”. Es decir que en ese proceso de desmaterialización de una fábrica pétrea, denunciado por Hugo y deseado por Scheerbart, llegamos a una desmaterialización reificada de unas letras –que eso es un letrero luminoso–. Si la luz desparramada por las Catedrales del Consumo, han asumido la estrategia del misterio, la centralidad del mensaje icónico de la arquitectura gótica, ha sido capturada por otra caja luminosa y reificada como es la televisión, que retoma la transparencia y el carácter de umbral de la Glasarchitektur. Hoy, quizá además, las afirmaciones de Hugo tuvieran cabida desde un doble concepto. El medio que verifica una autoría anónima –igual que lo fuera ayer la Catedral– es hoy la televisión, recorrida por mensajes pero no por autores. Y esta ventana de cristal verifica toda esa capacidad de lectura icónica de aquellos que no leen libros. Como ocurriera con la Catedral. Hoy esa Catedral colectiva y mediática es la invisibilidad matérica de la televisión; que más allá del plató de rodaje y del hogar de recepción está constituida por la invisibilidad de las ondas. En una nueva metáfora de la sorprendente Glassarchitektur.
Comentado por: El Pozo y el Numa el 12/2/2008 a las 14:06
Venice is the only city on earth going backwards
Stephen Bayley
Wednesday, 6th February 2008
The Spectator
The peril in Venice is the people trying to save it. But save exactly what for precisely whom? Venice is a corpse. It died in 1797 with the last, preposterous old Doge eased out by the French. Napoleon then insulted the Venetians by calling the Piazza San Marco Europe’s finest drawing-room. Now the drawing-room has become an undisciplined, overpriced, fatigued international playpen. In 1494 an itinerant Milanese canon, Pietro Casola, said there was nothing new to say about Venice. I’m not so sure. They say Venice defeats cynicism. Let’s see.
Those cute street signs in the vernacular? I daresay there are study groups in South Kensington which practise the old language over an ombra or two of Waitrose prosecco, but Venetians themselves are quite happy with modern Italian. Since most ‘Venetians’ live on the mainland, they have to. The signs were only put there very recently by a local authority with an eye to tourism’s lust for folklorico. It is rather like Llangollen Council struggling to express ‘internet cafe’ in the language of The Mabinogion. Which is to say, utterly absurd.
Venice is stuck in reverse, the only city on earth going backwards. Clinging tenaciously to its past, contemporary Venice resists almost every intrusion of modernity — except, that is, tourism: the one that damages it the most. Tourists have been fed images of a Virtual Venice for 300 years. As Henry James observed, ‘Of all the cities in the world it is the easiest to visit without going there.’ That does not seem to stop them. Preserving the fiction has become destructive of the very spirit that made Venice a miracle.
Virtual Venice is so powerful, it is not always easy to see it afresh. Before the booming cadences of Henry James and Ruskin before him, there were nay-sayers, including Edward Gibbon, who visited Venice while he was preparing to write his Decline and Fall. He writes:
Stinking ditches dignified with the pompous denomination of canals, a fine bridge spoilt by two rows of houses upon it and a large square decorated with the worst architecture I ever yet saw.’
But Ruskin’s influence came to dominate. He was the last Hebrew prophet. Or some would say the first Jeremy Clarkson. He deplored factories, but did not disdain the modern daguerrotype when it suited him.
It was Ruskin who indexed Venice for almost all subsequent visitors. Applying a nihilistic and absurd rejection of wealth-producing modernity to the Pearl of the Adriatic, Ruskin fiercely opposed the creation of the vaporetto service to the Lido. When he was in Venice to finish Portrait of a Lady in 1881, James was also cross about democratic water transit systems, raging about the ‘accursed whistling of the dirty steam engine of the omnibus’.
This same vaporetto, reviled by Ruskin and James as intrusive modernism, is the one we enjoy so much today. James also found poverty useful for his art and conducive to his pleasure, a disagreeable example of the retardataire snobbismo that has frozen Venice in the past. In 1872 James was complaining that the Lido was being ‘improved’ and the deserted beaches and dunes were turned into a mere ‘site of delights’ for visitors less worthy than The Master. These improvements, of course, eventually comprised the splendid Hotel Des Bains and the Hotel Excelsior.
Ruskin and James wanted Venice kept in a state of picturesque poverty. James resented modern plumbing because it would deny him the sight of washerwomen struggling with huge ewers and pitchers. He resisted the industrialisation of glass-making because it would reduce the number of bead-stringers whose back-breaking labour he enjoyed contemplating. Never mind that vaporetti and factories might help Venetians prosper — filthy old conditions were better for art. ‘The misery of Venice,’ James said, ‘is part of the spectacle ...it was part of the pleasure.’ To James, Venetian beggar girls were at their very best when starved and wearing thin, exhausted, limp clothing: ‘it would certainly make an immense difference if they were better fed.’
The dubious morality here has its equivalent in our own uncertain responses to conservation. Native Venetians, maintained in a state of grinding poverty and denied every modern convenience, might be a terrific artistic stimulus for American and British writers cocooned in the Danieli or the Gritti, but did little to help Venice itself prosper in a meaningful way. Something similar is happening now.
Nineteenth-century writers and artists were the prototypes for generations of later English and Americans visitors who wanted a delicious dalliance with a Venice preserved with the fastidious accuracy of Canaletto. Italian nationalists differed. The slightly potty futurist F.T. Marinetti thought Venice a ‘jewelled hip bath for cosmopolitan courtesans ...a great sewer of traditionalism’. On the evening of 8 July 1910 Marinetti ambushed travellers arriving home from the Lido, shouting ‘We want electric lamps brutally to cut and strip away ...your mysterious, sickening, alluring shadows! Your Grand Canal, widened and dredged, must become a great commercial port. Trains and trams, launched on wide roads built over canals that have finally been filled-in will bring you mountains of goods and a shrewd, wealthy, busy crown of industrialists and businessmen.’
Well, that never happened. Even the mildest modernist has a hard time getting a hearing in Venice. And, to be frank, the cause of modern architecture is not well served by what already exists there. New buildings have a patchy record in Venice. The Strada Nuova, cut to connect the railway station with San Marco is hideous. Le Corbusier had an unrealised design for a new hospital at San Giobbe. The Biennale brought some decent architecture: Josef Hoffmann in 1934, Gerrit Rietveld in 1954 and Alvar Aalto in 1956, lately Zaha Hadid et al., but it is a passing show. The best modern architecture in Venice, Carlo Scarpa’s 1970s additions to the Querini-Stampalia looks tired and dated.
And you may breathe a sigh of relief and say thank goodness Venice is left as it was. But wait a minute. If you read Hugh Honour’s Companion Guide to Venice it has little — in fact, I think, nothing — to say of architecture after La Fenice. (The current theatre is a copy of the 1837 original.) If you look at an authoritative book on 20th-century culture — Peter Conrad’s mighty Modern Times is an example — you find no reference to Venice. But, then, corpses tend to be inert.
As Ruskin realised and feared, since Venice is an over-built island with unnegotiable geographical containment, you cannot build anything new without destroying something old. The opposite camp, of course, wishes to see Venice live at least partly in the future and not wholly in the past, no matter how glorious. People argue about the numbers, but in 50 years the population of Venice has dropped by perhaps 80 per cent. If present trends continue, Venice will become wholly depopulated. Although tourists will still visit.
Venice embraced the wrong sort of modernism. It rejected new architecture and organic growth, preferring the far more corrupting forces of mass-tourism. Meanwhile, Virtual Venice enslaves the dwindling local population who tend to go home to Mestre, to drive and visit supermarkets.
Here we have the reduction to absurdity wrought by policies of Total Preservation. Venice’s past is no longer in danger. But its present is difficult and the future precarious. Or preposterous. Venice became rich and beautiful through adventure and risk. Just to recite the names of gallant old Doges is to approach poetry: Giovanni Partecipazio, Ottone Orseolo, Marino Zorzi, Alvise Mocenigo, Pasquale Cicogna. They are gone and we are left with www.hellovenezia.com.
Comentado por: copia/pega el 12/2/2008 a las 12:12
Contra la humanidad, a propósito de los que escriben el el blog de Félix:
La humanidad se clasifica en:
1) pelotas-pedantes que quieren demostrar que han entendido el artículo
2)pelotas-pedantes que escriben de cosas que no vienen a cuento
3)pelotas-pedantes que quieren demostrar que ya habian pensado lo mismo
4) peloto-pedantes que escriben comentarios de 100 líneas
5) peloto-pedantes que escriben comentarios de 10 líneas
6) peloto-pedantes que escriben comentarios de cualquier otra cantidad de líneas
7) peloto-pedantes que se consideran demasiado listos para escribir comentarios, sea cual sea su extensión.
Creo que, dados los avances de la técnica y de la globalización, no se escapan de la quema ni los menores de 10 años.
Comentado por: el oyente de juan de mairena el 12/2/2008 a las 11:40
Vic, usted sigue empeñado en que la izquierda no tiene derecho a vivir. ¿Así cómo va a haber democracia, hombre?
La diferencia entre la izquierda y la derecha no está en dónde sitúe cada uno la fuente de las leyes, puesto que nadie ya la sitúa en la Providencia sino aquí en la tierra, afortunadamente. La diferencia está en cómo trata cada una las brechas sociales, unos agrandándolas (involuntariamente o no, en todo caso importándoles un pito si hay brecha o no); otros, recosiéndolas.
Comentado por: provoqueen el 11/2/2008 a las 21:20
Ay, vic, ¿por qué no te montas un blog para tus reflexiones ideosincráticas, o intentas que te las publiquen en El inmundo, Libertad sunormal, La cagajón o algo asín (naturalmente, hasta ellos exigen un mínimo cuidado al puntuar)? Claro que no sé qué pensarían de párrafos como "Las izquierdaS de hoy 'dejaN' que de los actos resultantes del comportamiento ético del ciudadano, de la persona singular, sea el pepito grillo propio el último pagador...es decir laissez faire...y sobre todo laissez passer; el ámbito ético es una terra incognita sin dios ni dioses, ni patria, ni rey, ni ley; bueno, se dirá, pero es que esto ya era así desDe que el mundo es mundo; no obstante, la diferencia axial es que para la izquierda se debe eliminar cualQuier 'autoridad' que pudiera influir sobre este fuero. Cosa ésta que la distancia de la derecha que siempre tuvo a la religión (clásicamente) como amonestadora principal en estos asuntos, pues el pecador o el que violaba una ley moral o ética debía responder 'él sólo y ante el peligro' de la Trascendencia." Me parece que lo del laissez faire y lassez passer es más bien cosa del Sr. Aznar y Cía., para quienes hay que dejar a la masa y al mercado a sus anchas, pues al final sus valores son los de siempre. Si crees que ZP en particulary los partidos socialistas en general piensan que "el ámbito ético es una terra incognita sin dios ni dioses, ni patria, ni rey, ni ley" es que te crees todo lo que oyes en la Cope. ¡Ya nos gustaría que los socialistas fueran de ese palo! No majo, nada hay más cargado de moral, ética y cristianismo que su retórica. Claro que en algo tienes razón: este mundo se divide entre lso que se creen el rollo de los curas y los curas, que sin creer una sola palabra de lo que dicen, queman, violan y trafican a gusto, en nombre del Absoluto. No sé a qué te dedicas en tu identidad secreta... más vale que no sea a enseñar ética, filosofía, religión ni ortografía. Hay cosas que ni nuestros adolescentes se merecen.
Salut.
Comentado por: josemari arrebuznar el 11/2/2008 a las 20:23
Comentado por: playboy el 11/2/2008 a las 19:17
Cuando Feliz de Azua habla de arte o literatura leo los artículos con verdadero interés. Cuando habla de política, como a todos, se le ve el plumero y como mi plumero no es el mismo ya no me gusta tanto.
Ahora vendrá el coro de pelotas-pedantes a demostrar que:
1/Han entendido el artículo
2/Ellos tambien habian pensado en eso
3/Lo realmente importante es ese enfoque particularísimo que ellos le dan al asunto
4/Para que escribir 100 lineas si se pueden escribir 1.000
5/Que bien se siente uno después de haber demostrado lo bien que escribe y lo mucho que sabe
Habrá algunos que se apasionen con los comentarios que aquí se dejan pero en mi opinión son de lo más pedante de la red
Comentado por: jordi el 11/2/2008 a las 17:49
La ceja mefistofélica
la peculiar forma de la distribución capilar en la ceja presidencial sirve a la izquierda de tic propagandístico, la izquierda progre que clama siquiera por tocar la fímbria del manto de la diosa Subvención...este gesto y sus gestadores me llevan a pensar en lo que le queda hoy día a la izquierda, a la de este siglo...
Lejos quedan ya los tiempos en los que ser de izquierdas era incompatible incluso trágicamente incompatible, que se lo digan al Morosov que se suicidó, con ser rico...hoy día la izquierda se ha uncido al yugo del carro del capitalismo con desigual acierto pero con la misma complaciencia aunque doblada cerviz...sea!.
Por tanto, hemos resuelto que hoy puede ser de izquierdas o estar próximo a la izquierda desde un magnate de la comunicación como lo fue Polanco, pasando por un ganador de muchos discos de oro y oro mismo como Sabina, desde una madurita secretaría judicial, vestida por Purificación García a la sazón vicepresidenta, hasta un panadero o un minero...sea!.
Pero si tan amplias son hoy día las tragaderas de la izquierda...en qué se diferencia de la derecha, me pregunto. Y me respondo,
en la acotación de los ámbitos de los valores y la ética. Las izquierda de hoy 'deja' que de los actos resultantes del comportamiento ético del ciudadano, de la persona singular, sea el pepito grillo propio el último pagador...es decir laissez faire...y sobre todo laissez passer; el ámbito ético es una terra incognita sin dios ni dioses, ni patria, ni rey, ni ley; bueno, se dirá, pero es que esto ya era así dese que el mundo es mundo; no obstante, la diferencia axial es que para la izquierda se debe eliminar cualuier 'autoridad' que puediera influir sobre este fuero. Cosa ésta que la distancia de la derecha que siempre tuvo a la religión ( clásicamente) como amonestadora principal en estos asuntos, pues el pecador o el que violaba una ley moral o ética debía responder 'él sólo y ante el peligro' de la Trascendencia.
Adónde nos lleva esta deriva izquierdil, pues a que el ciudadano lo que sí tiene que hacer es responder moral y éticamente ante los valores de grupos específicos: sean los homosexuales, sea las mujeres, sean los inmigrantes...etc; por tanto, la respuesta moralmente aceptable no se mide por lo que haga el sujeto frente a leyes consideradas 'universalmente válidas' que le afectan como individuo y que son 'dictadas' por una instancia trascendente, la única que al estar, digamos, fuera del mundo puede medir 'objetivamente' y no de forma parcial o relativa las acciones en el nuestro, sino que se mide el actuar ético por las leyes del grupo en cuestión; por ejemplo, es moralmente reprobable à la progre el no casar o no considerar matrimonio el homosexual..y algún alcalde que no actúe de casamentero cuando se lo requiera, es acusado por su actitud hostil hacia los homosexuales según las directrices que imperan en el mundo moral entre homos y heteros...no se las tiene que ver el regidor de marras con las leyes 'inmutables' de la ética sino con las del grupo homosexual que decreta lo que es o no es bueno o malo de acuerdo con las relaciones que tengan los homosexuales con el resto de los ciudadanos; esto se puede extrapolar a los demás grupos con idéntica conclusión. Luego, hoy día ser de izquierda es tener una serie de recetario moral al punto ante grupos muy específicos...dejando el caudal propio y el índice de Gini a un lado de la paleo izquierda y... ¡ay! agarrados a un pecio de 'La Medusa ideológica', pero con chalé, plasma y antología de García Lorca en el confortable pecio asido.
Si la revolución francesa y las revoluciuones liberales en mayor o menor medida deslindaron la ética de la persona, como ser cristiano y ser ciudadano de la actuación en sociedad y su posible amonestación (llevada a cabo por jueces, o por salones de damas influyentes), si el comunismo del 17 estableció que la moral privada y la publica, la del Partido, era única e indivisible, si subsumió aquélla a ésta, la izquierda de hoy deja y quiere suprimir la influencia de cualquier estamento en el círculo privado pero establece directrices sobre cómo comportarse frente a grupos ( casi de poder) determinados como nichos de pingües beneficios electorales, divide por tanto a la sociedad internamente, proponiendo una especie de comunitarismo interno moral...un disloque, vaya...ya lo dijo otro mefistofélico personaje 'diuide et impera'.
saludos
Comentado por: vic el 11/2/2008 a las 13:59
Comentado por: ya está bien el 11/2/2008 a las 11:51
Comentado por: Esperanza el 11/2/2008 a las 11:03
Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
Ensayo
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
04/7/2008 23:21
Publicado por: Xavier Agenjo
04/7/2008 23:20
Publicado por: Xavier Agenjo
03/7/2008 14:51
Publicado por: tenedordepostre
03/7/2008 13:12
Publicado por: Xavier Palau
03/7/2008 12:22
Publicado por: curriqui de barrio
03/7/2008 11:24
Publicado por: señora francis
03/7/2008 10:02
Publicado por: Espiritu de clase alta
03/7/2008 10:01
Publicado por: Oir a Mario
03/7/2008 09:16
Publicado por: Oid al Eladio
03/7/2008 00:30
Gracias a esa desdichada columna...
Publicado por: Espíritu de clase
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