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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 11 de octubre de 2008

Blog de Félix de Azúa

El hombre que quiso ser dios

La primera noticia la tuve en el colegio y entonces le llamábamos Alejandro El Maño, aunque nos gustaba más su caballo Bucéfalo, de nombre irresistible. Muchos años más tarde me percataría de que Alejandro de Macedonia era uno de los escasísimos humanos que han sido modelos de virtud durante veinte siglos. Junto con Julio César, Jesús de Nazaret y quizás Napoleón, millones de mortales vieron en ellos un espejo de conducta. El espejo se rompió a partir del Congreso de Viena y hoy es considerado incorrecto.

/upload/fotos/blogs_entradas/alejandro_magno_med.jpgLa desmesurada aventura de este joven nacido trescientos cincuenta y seis años antes que Jesucristo y muerto a los treinta y tres (hoy por fin asequible en la espléndida biografía de Robin Lane Fox que ha publicado Acantilado), es la colosal carrera de alguien que quiso ser Aquiles y acabó convertido en un dios viviente. La obsesión homérica estuvo presente desde su primera incursión militar, cuando Alejandro, tras desembarcar en Asia menor, abandonó a sus perplejos generales para acercarse a Troya, muchos kilómetros al sur de la ruta invasora, con la intención de competir con su novio Hefestion en una carrera alrededor de la tumba de Aquiles. Allí, en la antigua Ilion convertida en una aldea que Schliemann aún lograría desenterrar, se encontró con el primer signo celeste: los lugareños le entregaron el escudo y la armadura de Aquiles que habían ocultado durante siglos y de los que no se separaría ni siquiera durante la guerra de la India. Que Alejandro tomara a Aquiles como modelo, así como Julio César o Napoleón se miraran en Alejandro, establece una continuidad de la heroicidad épica que sólo sucumbirá con la aparición de la sociedad burguesa, incompatible con la figura del guerrero. El héroe, como un Fénix, renacía con cada renovación de la sociedad.

La identificación, sin embargo, chocaba con un problema. Aquiles era hijo de Tetis, una divinidad marina, y Alejandro era hijo de Olimpia, una tarasca macedonia. De modo que, tras la decisiva victoria de Isos, abandonó de nuevo a su ejército y se desvió en una peligrosa aventura a través de quinientos kilómetros de desierto para consultar el oráculo de Zeus Amón en el oasis de Siwa, último santuario de habla griega fronterizo con Libia. Como ya sospechaba, el augusto dios africano le confirmó que no era hijo de Filipo sino de Zeus en persona. Calmada su inquietud pudo entonces emprender el mas largo, doloroso y disparatado viaje que jamás se ha conocido. De Persépolis a Afganistán, del Mar Caspio al Ganges, del Indo al infierno de Makran, el nuevo Aquiles condujo el mayor ejército que se haya visto por rutas que incluían el ascenso a picos de cinco mil metros o la travesía de desiertos que los tecnificados ejércitos del Imperio Británico no pudieron superar en el siglo XIX. Sin duda, aquel muchacho alucinado deseaba alcanzar el lugar donde terminaba la Tierra, el llamado Mar Exterior, cinturón de agua que rodeaba al mundo. Llegó hasta divisar el Índico, pero tuvo que renunciar al abismo por la llorosa súplica de sus soldados, agotados tras años de guerra, enfermedad, hambre, calor, frío y soledad. Muy contrariado, regresó a la capital de su imperio asiático.

De los dos grandes contrincantes de Alejandro en esta epopeya, el rey Darío de Persia y el rey Poros de la India, el segundo es el más admirable ya que el pobre persa no hizo sino huir una y otra vez en lugar de morir decentemente hasta que le asesinaron sus propios (y escasos) cortesanos. Escena terrible cuando Alejandro encuentra la carreta donde yace el cadáver del último aqueménida atado con cadenas de oro y abandonado en un desolado barranco del actual Damghán. No así Poros, gigantesco y gallardo, que peleó sobre su elefante hasta que una lanza le atravesó el pecho. Derrotado, aún le quedó ánimo para instruir al joven guerrero, el cuál no sabía como debía tratarse al emperador de la India en semejante circunstancia./upload/fotos/blogs_entradas/ciudades_conquistadas_por_alejandro_magno_med.gif

Una vez conquistada la totalidad del mundo conocido (menos Arabia, su frustrado proyecto), Alejandro fue víctima de la terrible hybris, la locura que abate a todos los que osan traspasar la mesura humana y que ya había matado a Aquiles ante las murallas de Troya. Esta reputada enfermedad divina produce una euforia enloquecida durante unos meses de frenética actividad y luego fulmina al héroe. La muerte de Alejandro, tras las célebres orgías de Babilonia, fue tan inesperada que hasta el día de hoy se atribuye a una conspiración de sus generales, mentira que se repetirá con Napoleón. Lo más probable, sin embargo, es que muriera de malaria. Sólo hay un dato inquietante. Se había traído de la India al gimnosofista Cálamo que a todos gustaba mucho porque dormía y meditaba sobre una sola pierna y que le aconsejaba en los momentos decisivos. Cuando desde el Punjab llegaron a Persépolis, el gimnosofista pidió permiso para morir porque estaba cansado y deseaba cambiar de envoltura carnal. Impasible ante las protestas de su heroico discípulo, ardió en una pira entonando atinados cantos, no sin antes despedirse de Alejandro con este saludo: "Nos veremos en Babilonia". Tras varios meses de disimulo y aunque dio muchos rodeos, ofuscado por las burlas de su gente Alejandro no tuvo más remedio que entrar de nuevo en la ciudad de Babel.

Durante el último año recibió el tratamiento que sólo se le concede a los dioses, un ritual que heredarían los césares romanos, los papas de Roma y en forma atenuada los monarcas Franceses. Sin embargo, este dios que iba a morir ponía de manifiesto, no tanto que los humanos pudieran ser dioses (ya se habían dado casos), cuanto que los dioses pudieran ser mortales. Esa sería la tarea que culminaría con éxito otro sucesor de Alejandro, Jesús de Nazaret, no ya héroe de la guerra corporal, sino de la guerra espiritual, cuando matara en la cruz al último dios celeste e inaugurara la inmortalidad de los humanos.

Nuestros actuales jefes político mediáticos rechazan contundentemente a los héroes guerreros de la civilización occidental. La minúscula moral de la vida gregaria no puede soportar ni siquiera al último dios muerto, porque incluso una vez muerto sobresale demasiado desde la altura de la cruz. A pesar de ello, el populus indócil sigue amando a los héroes épicos aunque sea bajo una figuración degenerada: los gangsters de Coppola y de Los Soprano, los vengadores justicieros como Bruce Willis, Clint Eastwood o Mel Gibson. En sus formas más domesticadas, los arqueólogos luchadores (Indiana Jones), los espías eróticos (James Bond) o los hijos de Hércules maltratados por la oligarquía (Silvester Stallone o el replicante de Blade Runner) y tantos otros. Porque, es indudable, necesitamos héroes pigmeos para podernos sentir gigantes éticos.

Artículo publicado en El País, el 13 de enero de 2008.

[Publicado el 16/1/2008 a las 09:15]

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Comentarios (42)

  • Alejandro comparte con Trajano y con Bush la clarividencia de descubrir sus debilidades.
    Los tres fracasaron.A Trajano le sucedió un Adriano demócrata y pacifista que comprendía los limites de su imperio,¿le sucederá a Bush un Adriano demócrata?
    La respuesta es sí.Wall Street,cual oráculo de Delfos ya lo anuncia.
    Un saludo.

    Comentado por: JanoCunctator el 31/1/2008 a las 08:39

  • El Koala

    Gracias Hiper-intelectualizado, gran descubrimiento... Mejor que Pla!!

    Comentado por: chiqui el 21/1/2008 a las 01:01

  • ¡Hay que ver con la hybris ortográfica!

    "el cuál no sabía como debía tratarse al emperador de la India en semejante circunstancia."

    Comentado por: bradomín el 20/1/2008 a las 22:45

  • @ wilfred: me parece que su postura es resueltamente parcial e ideológicamente interesada. Toda ideología ha forjado sus mitos y héroes. Siempre. Actualmente los mitos proliferan también en eso que llamamos "izquierda" y son utilizados por políticos y caudillos para justificar acciones de toda índole. ¿O no es un mito operativo el de el guerrillero luchador por la justicia y la libertad del pueblo?. El Che guevara, por poner el ejemplo de alguien aún hoy tan celebrado. Otra cosa es que califiquemos de mito sólo aquello que nos disgusta y consideremos que nosotros nos encontramos libres de vinculación a algo "tan arcaico e irracional".
    @Julianoelapóstata: En este sentido, considero que no existe tan clara delimitación entre lo racional y lo irracional, lo científico y lo mítico. Veo con simpatía su postura, pero creo que exagera el valor de esa distinción. Me parece que un mito no tiene porqué ser considerado figura de la sinrazón, sino que también puede presentar contenidos plenamente racionales. No todo mito supone la exaltación de la sangre y la fuerza. La ciencia está plagada de mitos que sirvieron a su dedsarrollo, y en el seno de la misma filosofía Platón construyó genialmente la figura de Sócrates como mito fundacional. No creo, por referirme a Sócrates, que el carácter heróico del ateniense y su utilización por Platón sean muestras de la irracionalidad o la locura, y más bien fundan en el terreno del pensamiento la necesidad práctica de la razón Lo mítico se etremezcla con lo racional de manera compleja y variada. En este sentido apuntaba al decir de la necesidad pedagógica de elegir adecuadamente los mitos, porque pienso que es también un mito el de la razón abstracta deswligada de afectos y pasiones. Un kmito de indudable utilidad en muchos ámbitos, pero carente de operatividad en el campo de la formación y la educación por referirse ésta no sólo al campo de lo racional, sino también al de los afectos. Un discursito edificante no suele poseer poder alguno sobre los afectos que conforman nos desde niños, y eso es lo que quería decir al hablar de la necesidad de elegir adecuadamente los mitos: queramos o no van a seguir presentes.
    Los estudios de Mircea Eliade me parecen - a estos efectos- de gran interés al sugerir que las estructuras mentales humanas poseen como dimensión constitutiva referencia a mitos. Los mitos, según esto, son una realidad mental inextirpable e insustituible a efectos de aprendizaje de conductas y modos de desarrollar la acción. Si renunciamos a su utilización (en el marco del mito de una razón desencarnada) los servimos en bandeja a los que no tienen ningún problema en aprovecharse de cualquier cosa para hacer fructificar intereses ideológicos sanguinarios o estúpidos.
    www.feacios.es.vg

    Comentado por: Borgia el 20/1/2008 a las 22:08

  • http://www.youtube.com/watch?v=ZUoXtjXco2M

    Comentado por: http://www.youtube.com/watch?v=ZUoXtjXco2M el 20/1/2008 a las 16:36

  • http://www.youtube.com/watch?v=gkftr4fbmMc&feature=related

    Comentado por: http://www.youtube.com/watch?v=gkftr4fbmMc&feature=related el 20/1/2008 a las 16:24

  • Opá, ye vi acé un corrá
    con sus gallinas y sus gorrinillos
    opá, ye vi acé un corrá
    con sus cabritas y sus cabritillos
    (cordero de Dios...
    que quitas el pecado del mundo...
    ten piedad de nosotros...
    etcétera...
    kjlhgfdhlqñpghñ)

    Comentado por: el internauta ocasional hiper-intelectualizado el 20/1/2008 a las 16:11

  • Siempre recuerdo aquella frase de Popper: "...la historia del poder político no es sino la historia de la delincuencia internacional y del asesinato en masa... Esta historia se enseña en las escuelas y se exalta a la jerarquía de héroes a algunos de los mayores criminales del género humano." (La sociedad abierta y sus enemigos.) Afortunadamente, en la actualidad el culto al héroe ha quedado relegado a la extrema derecha.

    Comentado por: Wilfred el 19/1/2008 a las 23:58

  • Perdona, Borgia, que disienta absolutamente contigo. Sería bonito hablar del valor educativo del mito si hablamos de budas, antígonas, prometeos, sísifos. Pero la época en que su conocimiento formaba parte de la formación básica del ciudadano está muy lejana y actualmente no podemos hacernos ilusiones acerca de los objetivos que tenía (formación de ciudadanos piadosos, respetuosos y obedientes, con sentido de pertenencia al colectivo, que respetaran las ceremonias, etc.). Cosas muy respetables cuando se es apache, espartano o guayaquí, pero que a una persona del siglo XXI medianamente culta (europea o no) le dan mucho más miedo que la asignatura esa de Savater y hasta más temibles que el estalinismo, que al menos iba de racional. Lo de los nacionalismos es lo más parecido a lo que comento, y en absoluto un ejemplo de la necesidad de mitos. Se trata de lo único que podemos esperar de un uso formativo y utilitario de los mitos. Nosotros no podemos esperar que el mito nos explique el mundo ni valga para celebrarlo o conservarlo. Sólo nos servirá como propaganda. Ya se sabe: EL ORIGEN ES LA META. Reaccionarismo absoluto en nombre del retorno a los valores eternos, originales,esenciales de nuestro pueblo, fundamentalismo, cuando dios creó la tierra dispuso que la lengua propia nuestra fuera X y nuestras fronteras legítimas fueran Y,etc.
    No es raro que, como en una mala superproducción yanqui, todos los relatos se reduzcan al mitema de la conquista, la fundación y la lucha armada; no es casual que Félix no ejemplos más que de guerreros (que luchaban y asolaban en nombre de valores que no le pillan ni de lejos): los demás carecen de valor estético, no le interesan ni a el. Lo que nos pone es el Neo de Mátrix, Lara Croft, mi primo que quemó un cajero o mi vecino que se inmoló en Irak (o en una hamburguesería si no tenía contactos) para hacerse famoso e inmortal. En nuestro imaginario son igual de reales y de relevantes Ya se sabe que lo que cuenta son las intenciones.
    Esa gente que tomamos por idiota, por clasismo o porque no es tan leída como nosotros, es la que mejor nos ilustra sobre los valores, no lo olvidemos. Ellos saben más de la tarea del héroe y de mitos que nosotros: ellos los viven. Nos ayudan a recordar su verdadero significado en cada telediario.

    Comentado por: julianolapostata el 19/1/2008 a las 09:44

  • He leído con interés el artículo de Azúa, así como alguno de los comentarios (últimamente no frecuento mucho esta máquina). Señalar el componente pedagógico de los mitos no es nuevo, pero es necesario recordarlo. El núcleo de la figura del héroe es la construcción de un modelo o arquetipo ético que, a través del aprendizaje, sea capaz de conformar una serie de valores capaces de conducir la conducta de los miembros de una sociedad. Por eso -en contra de lo que afirma Julianoelapóstata -no creo que sea tan significativa la veracidad histórica; es más importante tomar las figuras heróicas como ficciones dirigidas a la encarnación de disposiciones morales concretas, y en cuanto tales juzgar su validez y efectividad. Lo que me parece ciertísimo es que abandonar el aprendizaje a través de modelos heroicos significa abandonar una de las herramientas pedagógicamente más efectivas; las consejas morales deltipo que hoy ordenan asignaturas como "Ética" o "Educación para la ciudadanía" -dejando aparte sus contenidos dudosos- son discursos totalmente inefectivos; nadie aprende lo bueno o la malo por oír palabras bienintencionadas; los alumnos aprenden, a lo sumo, a desarrollar una farsa parecida a la de los profesores que -por obligación o fe- profieren retahílas morales que no llevan al ámbito de la acción concreta.
    El mito, el héroe, son herramientas pedagógicas insustituibles; por eso la tarea no consiste en eliminarlos, sino en escoger aquellos que merecen la pena. La eliminación de la carga pedagógica que reside en los mitos lleva al resecamiento de la educación, convertida en mera retórica separada del comportamiento. Por eso, si hemos de buscar un ejemplo, comprobamos el poder que en España han adquirido los nacionalismos: su fuerza se basa en que se apegan a un conjunto de mitos que sí poseen poder para impregnar significativamente las disposiciones e ideas. Renunciar a los mitos-renunciar a mitos netamente superiores a la ideología de la raza y la lengua nacionalistas - es ofrecer la victoria de antemano a la más reaccionaria de las ideologías. Uno de estos mitos irrenunciables, por qué no decirlo, es Alejandro. En rigor: el héroe homérico.

    Comentado por: Borgia el 18/1/2008 a las 21:03

  • Leyendo un ensayito de Chesterton sobre la muerte (de nuevo con la muerte) del rey Eduardo Vii...si no lo recuerdo mal, el agudísimo escritor decía que era el pueblo inglés quien 'poseía' aunque fuera el rey quien 'gobernara' al pueblo...además en otro anterior sobre el mismo rey se decía que el ceremonia de la coronación el pueblo daba 'consentimiento' al nuevo rey...como el pueblo inglés no tiene constitución escrita (lo que significa que no tiene constitución 'positivada' en el sentido de comprendida en un texto)...se ha de suponer que el poder constituyente es el pueblo inglés; lo que me pregunto, es decir, se lo preguntaría a los teóricos de la teoría constitucional, pues, es si la situación es esa, ¿cómo se pasó de un poder constituyente real a otro cuyo titular fuera el pueblo?; la pregunta vale en el caso inglés, la que haría en el caso español sería, ¿cómo pasar,-pregunto a los que creen que es posible y lo piden-, a una constitución federal sin que se destruya la constitución vigente y su poder constituyente no cambie?

    saludos

    Comentado por: vic el 18/1/2008 a las 17:11

  • Félix, me desconciertas. A veces me parece que por ganas de incordiar caes en lo mismo que criticas.
    Se ha dicho mil veces pero no por ello deja de ser verdad: César, Alejandro, Napoleón y demás siguen formando parte de nuestro panteón, pero como todos nuestros dioses, tienen los pies de barro ensangrentado, hieden a peste, hambre y guerra. Tienen la boca llena de cadáveres, un collar de calaveras y mil brazos para administrar la muerte. Sus equivalentes son Bush, Aznar, Zapatero,Hiro Hito, Botella, etc.: funcionarios, idiotas, carniceros.
    Si los actuales semidioses nos parecen desprovistos de la gloria y el glamour la culpa no es suya ni de ellos, ni mucho menos "nuestra" (el vulgo vil gregario y filisteo, enanos morales). Hoy día no cuelan las ideas de sublimidad y rascendencia sobre estos temas, aunque quién sabe si el siglo, entre cruzadas y hecatombes nucleares y limpiezas étnicas inimaginables vuelven a estar de moda los semidioses guerreros. Tristemente, eso es más probable que la existencia de textos como "Los 7 pilares de la sabiduría" o "La Ilíada o el poema de la fuerza".
    Dices que "el populus indócil sigue amando a los héroes épicos", y es cierto, pero no "a pesar de", sino "como siempre". Y no "aunque sea bajo una figuración degenerada",no. Lo mismo le dan gangsters que papas, imanes que personajes de videojuego: es lógico, pues son lo mismo. ¿Y es que antaño sí se hacía diferencia entre ellos?
    Se me ocurre que tal vez erremos al pensar que los criajos pseudofascistas del artículo anterior sean simples descerebrados. A ver si ellos representan a una generación ansiosa de gigantes éticos, no tan necesitada de venerar héroes como de serlo. Y si no pueden ser Alejandro, bien sirven de modelo los latin kings o la kale borroka. Y sólo es cuestión de prejuicio cultural y esnobismo poner unos matarifes por encima de otros.

    Comentado por: julianolapostata el 18/1/2008 a las 17:03

  • Disculpen las repeticiones, no me acostumbro a este interfaz nuevo.
    No volverá a ocurrir.

    Comentado por: playboy el 17/1/2008 a las 21:39

  • ¿Marlene es pigmea?

    Comentado por: playboy el 17/1/2008 a las 21:36

  • ¿Marlene es pigmea?

    Comentado por: playboy el 17/1/2008 a las 21:35

  • ¿Marlene es pigmea?.

    Comentado por: playboy el 17/1/2008 a las 21:34

  • Pero Hermann, si has dicho lo mismo en Argullol!!!!

    Comentado por: chiqui el 17/1/2008 a las 20:31

  • A mí no me gustaría morirme nunca y menos ahora que vienen las erecciones generales.

    Comentado por: hermann el 17/1/2008 a las 19:46

  • Los animales creen ,si no como se entiende lo de los cementerios de elefante y no estoy hablando del Barça .

    Comentado por: el profesor de autoescuela de Starsky y Hutch el 17/1/2008 a las 17:27

  • Vic, no me propongo llevarle la contra, pero ¿ qué sabe usted si los animales creen o no? Puede citar de algún experimento serio que lo confirme o simplemente recuerda su vida anterior? No se me enfade...en la próxima vida, si la hay, quiero ser una gata en una familia sin niños!

    Comentado por: chiqui el 17/1/2008 a las 15:22

  • Donante con nombre de gato o de maniqueo

    Comentado por: M.M. el 17/1/2008 a las 15:06

  • imagen cultual de Alejandro. No falta el caballo como emblema de movimiento y de la idea de acmé. El beato de Liébana o donante de la obra, retratado de perfil (quizá también como Alejandro pueda estarlo, aunque en el dios profano se espera un tres-cuartos)

    Comentado por: M.M. el 17/1/2008 a las 15:03

  • a la sra. provoqueen,

    de forma sucinta,

    vd. hace la hipótesis sobre los animales desde su 'punto de vista humano' (donde sí existe el 'creer'), es decir ud. supone que creen que no van a morir...porque tiene la certeza humana de que 'lo vivo, muere' lo ve y experimenta (como ser humano repito); pero lo que hace es introyectar categorías humanas a los animales..pues ellos lo que no tienen es conciencia de 'muerte' no conciben este concepto, luego la creencia en que no morirán no es verdaderamente creencia pues falta, como he dicho, el 'objeto de la creencia', en nuestro caso la muerte; además el instinto es de por sí irreflexivo y no contiene, por ello, el concepto de verdad o de posibilidad fundamentales en los tipos del 'creer'

    saludos

    Comentado por: vic el 17/1/2008 a las 09:35

  • No se prolonga la vida después, sino durante. Entra en juego la intensidad y las distancias sincrónicas. La otra vida, Provoqueen, es "como la vida misma". Perdonen que insista pero estoy escuchando Pink Floyd.

    Comentado por: M.M. el 17/1/2008 a las 03:56

  • Como flower power, la mística o la metáfora adornan y a la vez contestan la condición humana, Provoqueen, que no sólo es mortal, sino nauseabunda. Nardos, nardos, por favor, y fluidos de yegua también (por la parte pagana de Medea).

    Comentado por: M.M. el 17/1/2008 a las 02:04

  • Una aclaración.
    En los mitos en general no "creemos". De la mayoría de los mitos sabemos que son creaciones de nuestra imaginación, ensoñaciones, modelos, invenciones, herramientas que utilizamos como metáforas o espejos. Sin embargo, siempre ha de haber alguno al que divinizamos. La divinización significa que a ese lo elegimos para sacarlo de juveniles y convertirlo en galáctico. Ese es, además de mito, dios. La diferencia cualitativa es sustancial: en ese creemos, en los demás no. Ese, que al principio era tan ensoñación y tan metáfora como todos los demás, hemos decidido elevarlo a rango de verdad.
    ¿Qué nos mueve a algo tan contradictorio? Pues ni más ni menos que nuestro instinto de conservación; el espanto que nos produce la certeza de que vamos a morir.
    (Y si el ser humano tiene alguna certeza, es ésta, y si algo nos distingue de los animales es precisamente esta certeza.)
    Que somos mortales es una idea tan cierta como espantosa, y ese espanto nos lleva a intentar desoírla por todos los medios imaginables. Esos medios son los dioses, y las religiones en general. Estos nos proporcionan una solución de compromiso a la paradoja que se produce entre el cierto fin de la vida y su deseada prolongación. Elegimos prolongarla. En otras palabras, tenemos religiones porque es más fuerte el instinto animal de conservación que el atributo 'sapientis' de asumir la verdad.

    Comentado por: provoqueen el 17/1/2008 a las 00:20

  • Se me ha volatilizado un comentario muy alambicado. Hola, Provoqueen???

    Comentado por: M.M. el 16/1/2008 a las 23:17

  • ... pero al fin, somos animales, por eso siempre terminamos creyendo en mitos. Mitos de todos tipos. Los hay pigmeos y los hay gloriosos, y también de nuestro tamaño. Cada uno es un espejo, cada uno nos enseña algo; cada uno, una parte de nuestra vida. Y todos ellos constituyen la cantera, el caldo de cultivo donde florecerán (o mejor dicho, cristalizarán) los dioses, mitos superiores.
    Llegados a esta cúspide del olimpo, la enseñanza de todos los dioses es siempre la misma: recordarnos que somos animales, devolvernos nuestro instinto de conservación, que es lo propio de los animales.

    Comentado por: provoqueen el 16/1/2008 a las 23:00

  • Vic, no estoy de acuerdo con que el creer sea un atributo humano. Los animales creen. Ya lo creo que creen. Creen que no se van a morir nunca, o al menos, que no tendrían por qué morir si corren lo suficiente o se ponen lo suficientemente bien al resguardo de sus depredadores. Incautos. Necesitan creerlo para que el instinto de supervivencia funcione, exactamente igual que nosotros.
    El verdadero atributo humano es NO creer.

    Comentado por: provoqueen el 16/1/2008 a las 22:44

  • Oye titis ... me alegro de ver esto animado. ¿Ha sido aquí donde he leído lo de la yegua de Alejandro Magno? Porque lo podríamos llevar al terreno de la pintura (de Apeles, pero sólo se conserva el mosaico que es copia) e intentar recordar de memoria visual quién iba montado en la yegua... Otro trasero de caballo monumental (que para eso están los monumentos) en pintura es el de Las Lanzas o la Rendición de Breda, pero eso es otro tema ¿verdad?

    Comentado por: M.M. el 16/1/2008 a las 22:30

  • zarandajas

    Comentado por: heroina el 16/1/2008 a las 22:21

  • Pues sí, ya había leído este artículo…me traía memorias. Ahí va una frivolidad: Alejandro el Grande, uno de mis primeros ‘amores imposibles…’ a los 15…le seguiría Bécquer. Todavía me entra un repeluzno cuando oigo ese nombre. ¡Qué buen profesor de Historia tuve ¡

    Comentado por: chiqui el 16/1/2008 a las 18:19

  • Vic, macho, te has pasao! Qué complejo leer toda esa lista de atributos. Cuáles te atribuyes tú? Saber sabes distinguirlos! No estoy de acuerdo en que la elegancia (física) este en el esqueleto; o será que la elegancia de espíritu puede traspasar de tal forma que anula a la otra.

    Comentado por: chiqui el 16/1/2008 a las 18:11

  • Vic
    ¿Puedes concretar ?

    Comentado por: El " negro" de Jessica Fletcher (Se ha escrito un crimen) el 16/1/2008 a las 17:43

  • El director de "El Periodico" no se cabrea al leer los articulos de "El Pais" .

    Comentado por: El peluquero de Kojak el 16/1/2008 a las 17:17

  • El creer y el garbo

    Que los conceptos 'fundamentales' son complejos...inagotables quién lo duda...el otro día en un café oía la conversación de una mujer que decía a otra con énfasis de fe, que el hombre no era como los animales, que si acaso los animales podían 'creer'; yo que lo medité un rato y llegué a la misma conclusión que la mujer...en verdad, sólo el hombre puede creer...pues sólo el hombre posee el concepto de 'verdad' y el sentimiento de confianza...hete aquí, que topamos con otro rasgo característico de lo humano
    Más humano si cabe y más complejo si entra, son los conceptos de clase, distinción, dignidad y garbo o elegancia...leyendo un librito sobre teatro No, en diálogos se preguntaba al maestro sobre estos en lo que se refería a la actuación del 'shite'...difícil de parar, de clarificarlos cual barbo escurridizo la reflexión sobre ellos se presenta muy amena.
    La clase puede ser natural, pero se podría adquirir con práctica...aunque habría de haber algo de agua en el pozo de lo propio e inherente; la distinción es la clase natural que no necesitaría de práctica para ser advertida; la dignidad es algo 'de conjunto' tiene que ver con el dominio (propio y ajeno)y la autoridad 'naturales' y con la percepción y la idea de aquéllas..la dignidad está para ser percibida principalmente; la elegancia...sin duda es cuestión puramente de esqueleto...no así la espiritual, obvio, aunque a mí no me es suficiente con ésta última
    únicamente; también están el garbo o la gracia que es una elegencia sutil a la par que alegre; luego está la finura o lo fino, esto tiene más que ver con la planta de la persona, su pose estática y con la nariz, sin duda alguna...y al fin la belleza que no tiene que ver directamente con ninguna de las anteriores sino con el 'equilibrio'.
    Y en esto al clasificar y poner a las personas en alguna de estas frívolas categorías se hace difícil el asunto y es más, que nunca he topado con especimen de genero común a todas ellas...mas al contrario que algunas se contradicen en un mismo ser...o solapan o substituyen o, como dije, se repelen y tornan el jucio si atendemos al macho o a la hembra. Unas se heredan, como advierte el poema de M.Machado, otras se 'aprenden', otras se copian...
    Un ejemplo: para mí el duque de Edimburgo tiene sobre todo distinción, nada de dignidad, no le hace falta la clase (pues que es aristócrata) refinamiento heredado, algo de elegancia...y absolutamente carece de garbo...mientras que su hijo lo supera en elegancia, lo iguala en dignidad y clase, tiene menos finura heredada...y absolutamente carece de garbo o gracilidad

    bueno pues, graciles saludos

    Comentado por: vic el 16/1/2008 a las 15:23

  • Este artículo fue publicado en El País, no en El Periódico.

    Comentado por: bgj el 16/1/2008 a las 13:50

  • Este artículo fue publicado en El País, no en El Periódico.

    Comentado por: bgj el 16/1/2008 a las 13:49

  • Este artículo fue publicado en El País, no en El Periódico.

    Comentado por: bgj el 16/1/2008 a las 13:48

  • "Alexander, who wished to live for ever because his kingdom was so great, prepared for the journey. He asked what he should ride and Khizr Elias bade him mount a virgin mare, for their eyes are made of light- "and in truth", said the Mizra, "I have noticed that a mare wich has never foaled sees better than any other"..."
    Freya Stark
    "Alexander's Path (From Caria to Cilicia)
    Arrow Books, 1991

    Comentado por: d.s. el 16/1/2008 a las 11:40

  • Modern Heroes
    BY ROBERT D. KAPLAN
    4/10/07 WSJ

    I'm weary of seeing news stories about wounded soldiers and assertions of "support" for the troops mixed with suggestions of the futility of our military efforts in Iraq. Why aren't there more accounts of what the troops actually do? How about narrations of individual battles and skirmishes, of their ever-evolving interactions with Iraqi troops and locals in Baghdad and Anbar province, and of increasingly resourceful "patterning" of terrorist networks that goes on daily in tactical operations centers?
    The sad and often unspoken truth of the matter is this: Americans have been conditioned less to understand Iraq's complex military reality than to feel sorry for those who are part of it.
    The media struggles in good faith to respect our troops, but too often it merely pities them. I am generalizing, of course. Indeed, there are regular, stellar exceptions, quite often in the most prominent liberal publications, from our best military correspondents. But exceptions don't quite cut it amidst the barrage of "news," which too often descends into therapy for those who are not fighting, rather than matter-of-fact stories related by those who are.
    As one battalion commander complained to me, in words repeated by other soldiers and marines: "Has anyone noticed that we now have a volunteer Army? I'm a warrior. It's my job to fight." Every journalist has a different network of military contacts. Mine come at me with the following theme: We want to be admired for our technical proficiency--for what we do, not for what we suffer. We are not victims. We are privileged.
    The cult of victimhood in American history first flourished in the aftermath of the 1960s youth rebellion, in which, as University of Chicago Prof. Peter Novick writes, women, blacks, Jews, Native Americans and others fortified their identities with public references to past oppressions. The process was tied to Vietnam, a war in which the photographs of civilian victims "displaced traditional images of heroism." It appears that our troops have been made into the latest victims.
    Heroes, according to the ancients, are those who do great deeds that have a lasting claim to our respect. To suffer is not necessarily to be heroic. Obviously, we have such heroes, who are too often ignored. Witness the low-key coverage accorded to winners of the Medal of Honor and of lesser decorations.
    The first Medal of Honor in the global war on terror was awarded posthumously to Army Sgt. First Class Paul Ray Smith of Tampa, Fla., who was killed under withering gunfire protecting his wounded comrades outside Baghdad airport in April 2003.
    According to LexisNexis, by June 2005, two months after his posthumous award, his stirring story had drawn only 90 media mentions, compared with 4,677 for the supposed Quran abuse at Guantanamo Bay, and 5,159 for the court-martialed Abu Ghraib guard Lynndie England. While the exposure of wrongdoing by American troops is of the highest importance, it can become a tyranny of its own when taken to an extreme.
    Media frenzies are ignited when American troops are either the perpetrators of acts resulting in victimhood, or are victims themselves. Meanwhile, individual soldiers daily performing complicated and heroic deeds barely fit within the strictures of news stories as they are presently defined. This is why the sporadic network and cable news features on heroic soldiers in Iraq and Afghanistan comes across as so hokey. After all, the last time such reports were considered "news" was during World War II and the Korean War.
    In particular, there is Fox News's occasional series on war heroes, whose apparent strangeness is a manifestation of the distance the media has traveled away from the nation-state in the intervening decades. Fox's war coverage is less right-wing than it is simply old-fashioned, antediluvian almost. Fox's commercial success may be less a factor of its ideological base than of something more primal: a yearning among a large segment of the public for a real national media once again--as opposed to an international one. Nationalism means patriotism, and patriotism requires heroes, not victims.
    Let's review some recent history. From Sept. 11, 2001, until the middle of 2003, when events in Afghanistan and Iraq appeared to be going well, the media portrayed the troops in an uncomplicated, positive light. Young reporters who embedded early on became acquainted with men and women in uniform, by whom they were frankly impressed. But their older editors, children of the '60s often, were skeptical. Once these wars started going badly, skepticism turned to a feeling of having been duped, a sentiment amplified by the Abu Ghraib prison scandal.
    That led to a different news cycle, this time with the troops as war criminals. But that cycle could not be sustained by the facts beyond the specific scandal. So by the end of 2004, yet another news cycle set in, the one that is still with us: the troops as victims of an incompetent and evil administration. The irony is that the daily actions of the troops now, living among Iraqis, applying the doctrines of counterinsurgency, and engaged regularly in close-quarters combat, are likely more heroic than in the period immediately following 9/11.
    Objectively speaking, the troops can be both victims and heroes--that is, if the current phase of the war does indeed turn out to be futile. My point is only to note how the media has embraced the former theme and downplayed the latter. The LexisNexis statistics reveal the extent to which the media is uncomfortable with traditional heroism, of the kind celebrated from Herodotus through World War II. If that's not the case, then why don't we read more accounts about the battlefield actions of Silver Star winners, Bronze Star winners and the like?
    Feeling comfortable with heroes requires a lack of cynicism toward the cause for which they fight. In the 1990s, when exporting democracy and militarily responding to ethnic and religious carnage were looked up upon, U.S. Army engineering units in Bosnia were lionized merely for laying bridges across rivers. Those soldiers did not need to risk their lives or win medals in order to be glorified by the media. Indeed, the media afforded them more stature than it does today's Medal of Honor winners. When a war becomes unpopular, the troops are in a sense deserted. In the eyes of professional warriors, pity can be a form of debasement.
    Rather than hated, like during Vietnam, now the troops are "loved." But the best units don't want love; they want respect. The dilemma is that the safer the administration keeps us at home, the more disconnected the citizenry is from its own military posted abroad. An army at war and a nation at the mall do not encounter each other except through the refractive medium of news and entertainment.
    That medium is refractive because while the U.S. still has a national military, it no longer has a national media to quite the same extent. The media is increasingly representative of an international society, whose loyalty to a particular territory is more and more diluted. That international society has ideas to defend--ideas of universal justice--but little actual ground. And without ground to defend, it has little need of heroes. Thus, future news cycles will also be dominated by victims.
    The media is but one example of the slow crumbling of the nation-state at the upper layers of the social crust--a process that because it is so gradual, is also deniable by those in the midst of it. It will take another event on the order of 9/11 or greater to change the direction we are headed. Contrary to popular belief, the events of 9/11--which are perceived as an isolated incident--did not fundamentally change our nation. They merely interrupted an ongoing trend toward the decay of nationalism and the devaluation of heroism.



    A Protector as a Child, Honored as a Hero
    22/10/07 NYT
    In June 2005, Lt. Michael P. Murphy and three fellow members of the Navy Seals were on a mission in the mountains of Afghanistan when they were pinned down by a swarm of enemy fighters. Trapped in a steep ravine, they were unable to get a radio signal to call for help.
    With the Americans suffering injuries, ammunition running low and roughly 100 Taliban fighters closing in, Lieutenant Murphy made a bold but fateful decision: He left the sheltering mountain rocks into an open area where he hoped to get a radio frequency.
    He managed to make contact with Bagram Air Base, calling in his unit’s location and the size of the enemy force, even as he came under direct fire, according to a declassified Navy account of the battle.
    He also was shot several times and died.
    Today, President Bush will award Lieutenant Murphy, a team leader from Patchogue, the Medal of Honor, the nation’s highest military award. Mr. Bush will present it to Lieutenant Murphy’s father and mother, Daniel and Maureen, in a ceremony scheduled to take place in the East Room.
    Mr. Murphy said his son’s action in battle was typical of the sort of selflessness he displayed even as a child, recalling an episode when he got into a scrap with three bullies in middle school who tried to shove a disabled student in a locker.
    “He just jumped in,” Mr. Murphy said, noting that it was the kind of action that led him and his former wife to refer to their oldest son as “the Protector” when he was a boy. “That was Michael’s way.”
    Lieutenant Murphy, who was 29 and engaged, is the first member of the military to receive the medal for service in the war in Afghanistan. The war in Iraq has produced two Medal of Honor recipients, most recently in January when Marine Cpl. Jason L. Dunham, a recruit from upstate New York, received the award posthumously.
    Early in his life, Lieutenant Murphy appeared to possess the qualities that would make him the kind of candidate sought by the Seals, an elite Navy unit known for daring, physical toughness and mental acuity.
    He was a member of the National Honor Society in Patchogue-Medford High School, a lifeguard and a solid athlete. He attended Pennsylvania State University, where he played hockey and graduated with two bachelor’s degrees, in political science and psychology.
    His options after graduating in 1998 were wide open, and he was accepted into several law schools. He chose to join the military and train to become a Navy commando. He attended the Navy’s Officer Candidate School in Pensacola, Fla., and then completed the Seals’ harsh training program and became a member of the Seals in April 2002.
    It was a significant achievement for Lieutenant Murphy, who was not quite 6 feet tall, slight compared with the physically imposing members of the Seals. Each year, 50 to 200 sailors graduate from the training program. The dropout rate is 74 percent, according to the Navy.
    His final mission was on June 28, 2005, when he led a four-man Seal unit searching for a Taliban leader behind enemy lines. The Americans were spotted about 24 hours after being dropped in a mountainous stretch of eastern Afghanistan’s Kunar Province, according to the Navy. A firefight erupted. The Americans, vastly outnumbered, took cover in the steep slopes as the batted raged for more than two hours.
    But then, according to Hospital Corpsman Marcus Luttrell, the unit’s only survivor that day, Lieutenant Murphy made his way toward the exposed ridge between the mountains, making him an easy target. “I was cursing at him from where I was,” he recalled in an interview. “I was saying, ‘What are you doing?’ Then I realized that he was making a call. But then he started getting hit. He finished the call, picked up his rifle and started fighting again. But he was overrun.”
    The call placed by Lieutenant Murphy led American commanders to dispatch a small rescue force that included an MH-47 Chinook helicopter with eight Seals members and eight Army special operations soldiers. But a rocket-propelled grenade struck the slow-moving helicopter as it approached, killing all 16 men aboard. Lieutenant Murphy and two others in his unit were killed in the firefight. Corpsman Luttrell escaped, and took refuge in a village until he was rescued several days later.
    Corpsman Luttrell and the other two men who were killed, Gunner’s Mate 2nd Class Danny P. Dietz and Sonar Technician 2nd Class Matthew G. Axelson, all received the Navy Cross.
    Mr. Bush approved Lieutenant Murphy’s nomination for the medal on Oct. 11, more than two years after his commanders recommended him for an award to recognize his actions in battle.
    Since the medal was created during the Civil War, it has been bestowed on more than 3,400 soldiers, sailors, airmen, marines and coast guardsmen, according to the Congressional Medal of Honor Society in Mount Pleasant, S.C.
    Lieutenant Murphy is the first member of the Navy to receive the medal since the Vietnam War, a Navy spokesman said.
    In an interview, Daniel Murphy said that he was not surprised to learn about his son’s actions. “What Maureen and I always worried about was that he would put himself in danger to help someone else, which turned out to be true,” he said.
    Correction: October 23, 2007
    An article yesterday about Michael P. Murphy, a Navy lieutenant killed in Afghanistan and the latest recipient of the Medal of Honor, gave an erroneous identification in some editions for the branch of service of Cpl. Jason L. Dunham, one of two Medal of Honor recipients from the war in Iraq. Corporal Dunham was with the Marine Corps, not the Army.

    Comentado por: copia/pega el 16/1/2008 a las 10:47

  • Yo fui Alejandro de Macedonia y perpetré la occisión del cerdo divino ante las atónitas tribus del Hindu Kush.

    La víspera de Gaugamelas la pasé durmiendo como un tronco. Me tuvieron que despertar a sacudidas.

    Me envenenaron en Babilonia. Pero en realidad morí de un ataque de risa, como el estoico Crisipo.

    Comentado por: lenz el 16/1/2008 a las 09:47

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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