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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blog de Félix de Azúa

El solitario que somos todos

http://www.elperiodico.com/EDICION/ED071129/CAS/FOTOS/EPP_ND/CARP01/f012bh01.jpgCien años después de descubierto el continente americano, el mundo comenzó a temblar sacudido por un terremoto. Una violencia huracanada se apoderó de Europa, pero la más destructiva era interior y afectaba al espíritu de los humanos. Habían vivido miles de años confiados en que los Inmortales (fueran los dioses clásicos o el Dios cristiano) intervenían en los asuntos terrestres, pero ahora se estaban despidiendo. Los habitantes del planeta iban a comenzar una experiencia agobiante: la de su soledad cósmica. Soledad tanto más insoportable cuanto que el cosmos crecía de forma desmesurada. Cuanto mayor era el universo astronómico, más cruda nuestra soledad.

Uno de los mejores presagios de que debíamos apañarnos sin ayuda externa fueron los Ensayos de Michel de Montaigne, el diario de alguien que, recluido en la soledad de un castillo, escribe sobre sus temores y temblores persuadido de que todo fluye hacia la nada. Mucho antes de que Marx lo dijera, todo lo sólido parecía diluirse en el aire. La consternación de que no pudiéramos conocer nada estable, permanente o duradero, así como la inconstancia de la verdad, se convertía en asunto de estudio.

Montaigne era experto en asuntos humanos: había sido parlamentario y luego alcalde de Burdeos, ciudad donde las matanzas entre católicos y protestantes, así como la peste negra, habían sido feroces y causado espantosa zozobra. La locura abundaba más que la razón; la crueldad más que la caridad; la ira, la vesania reinaban por doquier. Montaigne decidió retirarse a su castillo para tratar de poner por escrito algunos juicios seguros, algo que pudiera mantenerse a flote en el oleaje de aquella tormenta mundial. Sus Ensayos son, hoy más que nunca, una isla de sensatez a la que acudir cuando el crimen, la imbecilidad y el cinismo se nos hacen insoportables.

Sin embargo, todo está en constante fluir y desvanecerse, así que tampoco los Ensayos se libraron de verse sumidos en un torrente de lava. Desde sus primeras publicaciones, entre 1580 y 1595, lo que había nacido con deseo de permanencia se convirtió en otro fluido cambiante e inseguro. Tras la muerte del autor se editó el texto de su hija adoptiva, Marie de Gournay, pero en 1906 los eruditos prefirieron el llamado "manuscrito de Burdeos" con abundante anotación de Montaigne. Las diferencias eran considerables. Y hace diez años los mismos eruditos, con nombres nuevos, decidieron regresar al texto de Marie de Gournay, convencidos de que el viejo Montaigne había intervenido en aquel último y definitivo escrito. Ahora por fin aparece en El Acantilado la edición española del texto completo.

Como muy bien dice su prologuista, Antoine Compagnon, la paradoja es que será más fácil de leer y entender en español que en francés. La lengua de Montaigne, como él mismo había reconocido, estaba en un momento tan fluyente y convulso como la entera sociedad, de modo que los jóvenes franceses sudan tinta para leerlo. La traducción, en cambio, pone a Montaigne en el siglo XXI. Puede parecer una traición, pero también Borges recomendaba a los jóvenes leer Don Quijote en inglés y luego, ya adultos, si habían logrado hacerse con una cultura lin- güística suficiente, podían acudir al original. La traducción de Jordi Bayod Brau es una delicia y, si queda algo de vida en el cadáver de la cultura oficial, deberían otorgarle el Premio Nacional de Traducción por una tarea gigantesca que ocupa casi 1.800 páginas.

Cuando Mitterrand se sometió al fotógrafo para fijar el retrato oficial del presidente, tomó en sus manos el volumen de Montaigne. Uno se pregunta qué autor clásico podrían sostener en sus manos nuestros representantes. Da miedo pensarlo. Es cierto que Cervantes podría cumplir una función similar, pero eso se debe a la edulcoración de una novela que en realidad es la denuncia más salvaje que se haya hecho sobre la locura de los poderosos y el gregarismo de los súbditos. La narración más corrosiva que se conoce ha sido convertida en un cuento infantil para uso de funcionarios. Y, además, Montaigne no es Cervantes. El primero era todavía un humanista que trataba de salvar algo, aunque fuera mediante aquel escepticismo radical que tanto influyó en Josep Pla, su mejor discípulo moderno. El segundo, un profundo nihilista, persuadido de que la insensatez del mundo no tiene remedio. Por eso, en una de las escenas más conmovedoras de toda la literatura, Don Quijote muere en la cama admitiendo su locura como algo inexorable. En cerrado contraste, los Ensayos concluyen con el espléndido tratado sobre la Experiencia, que comienza así: "Ningún deseo es más natural que el deseo de conocimiento", y se cierra con la inscripción que dedicaron los atenienses a Pompeyo: "Eres dios en la medida en que te reconoces humano".

Nuestra naturaleza (el programa genético, dirían los clérigos) nos obliga a conocer porque nos angustia la ignorancia. No obstante, es esa misma naturaleza la que nos convierte en petulantes endiosados que se ponen por encima de los demás en cuanto creen saber alguna cosa. Contra la jactancia solo hay un remedio: aceptar que somos insignificantes, efímeros, fugaces. Razón por la que es imperioso leer los Ensayos.

Artículo publicado en: El Periódico, 29 de noviembre de 2007

[Publicado el 30/11/2007 a las 14:00]

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Comentarios (21)

  • Qué poco acostumbrados estamos a una crítica radical más o menos irónica pero indudablemente sangrienta. Estábamos tan contentos, éramos tan felices...somos los buenos y teníamos razón siempre, hiciéramos lo que fuera.Si todavía creemos que lo de Stalin son inventos fascistas...y ahora Azúa se permite hablarnos de Marx y los trileros rojos y encima nos pide que si somos Nerón por lo menos no cantemos. Qué escándalo, a donde estamos llegando.

    Comentado por: Bagels el 02/12/2007 a las 20:37

  • @Carmen: Me parece que no has pillado por dónde iba. No me extraña, de todos modos. Como tenía una mano jodida, el mensaje me quedó de pena.
    Pásate por aquí mañana y contempla lo que regurgitó Félix ayer para la sección de Opinión de El Periódico y verás a qué me refería.
    De momento te paso aquí una cosilla de un profesor que pese a vivir en BCN y coincidir con Félix en muchas cosas no se siente obligado a insultar la inteligencia de sus lectores relacionándolo todo con las idioteces de su gobierno autonómico, como si fueran las más originales del universo (aunque tan sólo por su sordidez).
    Nuestro hombre en La Meca
    RAFAEL ARGULLOL 02/12/2007
    A principios de mayo de 1806 tuvo lugar en Alejandría un encuentro memorable y en más de un sentido cómico: al escritor francés F. de Chateaubriand, que estaba en la ciudad egipcia camino de Jerusalén, última etapa de su Itinéraire, se reunió con un príncipe abasí que, ante su gran sorpresa, demostró conocer muy bien su obra. Chateaubriand se mostró encantado de que su celebridad, tras cruzar Europa, hubiera alcanzado Oriente, y así lo apuntó en sus notas de viaje: "En Alejandría tuve uno de esos pequeños gozos de amor propio que tanto halagan a los escritores. Un rico turco, viajero y astrónomo, llamado Alí Bey el Abasí había oído mi nombre y pretendía conocer mis obras. Le fui a hacer una visita con el cónsul. Cuando me vio, gritó: ¡Ah, mi querido Atala y mi querida René! En aquel momento, Alí Bey me pareció descender del gran Saladito. Pensé que era el turco más sabio y educado que existía en el mundo".
    A Badía le importaba muy poco ser cristiano o musulmán, español o francés
    Únicamente tras su regreso a Francia, Chateaubriand supo que su vanidad le había ayudado a confundirse. El hombre que con tanta familiaridad había tratado a sus personajes literarios no era en absoluto el que simulaba ser. El magnánimo e ilustrado príncipe abasí no tenía nada de príncipe abasí. Tampoco era rico, turco o astrónomo, aunque viajero sí era, y extraordinario. El príncipe abasí era en realidad Domingo Badía y Leblich, un hombre nacido en Barcelona en 1767 y que, pese a sus denodados esfuerzos, nunca alcanzó una posición económica desahogada.
    Sin embargo, la suculenta confusión que sufrió Chateaubriand nos informa muy bien sobre las dotes para el camuflaje de nuestro Domingo Badía, o Alí Bey, uno de los mayores aventureros de esta magnífica época de aventureros que es la transición entre la Ilustración y el Romanticismo, tiempo tutelado, no lo olvidemos, por el tragicómico genio aventuresco de Napoleón Bonaparte, a quien, por cierto, Badía conoció personalmente. Quien quiera sumergirse en la proteica personalidad de éste, así como en el mundo que le rodeaba, debe leer el estudio definitivo recientemente publicado por Patricia Almarcegui, Alí Bey y los viajeros europeos a Oriente, un libro ejemplar para reconocer los nexos entre descubrimiento y cultura.
    Lo más fascinante de la biografía de Alí Bey es la multitud de vidas que puede abarcar un hombre a lo largo de su existencia. Badía, en buena parte autodidacta y siempre rozando la pobreza, es alguien que parece necesitar una continua metamorfosis para sobrevivir en un escenario cuyos márgenes le resultan permanentemente estrechos. Quiere ser político, diplomático, espía, geómetra, conspirador, cartógrafo de las estrellas y una docena de profesiones más, sin ver en absoluto la menor contradicción entre sus distintos oficios. Expresa una ambición que no acaba de conformarse con ninguna de las ambiciones particulares que acostumbran a guiar las energías de los seres humanos, y así su destino es ir de aquí para allá, nunca cristalizando en ningún lugar, nunca aceptado definitivamente por ningún medio.

    Badía se mueve entre militares, sin tener para nada espíritu militar; malvive entre burócratas mientras odia el sedentarismo; se ve obligado a tareas diplomáticas con poca comprensión del verdadero objetivo de la diplomacia; está ávido de conocimientos, pero sin apoyos sólidos en los círculos académicos; tiene que mantener una familia a la que contempla desde las sucesivas lejanías; sueña con grandes proyectos, en los que incluso consigue inmiscuir a hombres de enorme poder, como el ministro Godoy o el rey José Bonaparte, sin llevar a la práctica ninguno de ellos, forma parte de una clase social y aparentemente también de la contraria.

    No hay duda de que a Badía le iba muy bien llamarse a sí mismo Alí Bey, y a Alí Bey recordar de tanto en tanto a Badía. Impresiona su capacidad de ósmosis. El europeo puede hacerse africano y asiático antes de volver a ser europeo. Lo que es posible realizar con los continentes y las civilizaciones, también lo es con patrias e identidades: a Badía parece importarle muy poco ser cristiano o musulmán, español, afrancesado o directamente francés. Aquello que para algunos es motivo de experiencia, puesto que el hombre salta naturalmente de una vida a otra.

    En consecuencia, Domingo Badía tenía la madera necesaria para ser el viajero excepcional que fue, la única de sus facetas que adivinó Chateaubriand en el encuentro memorable de Alejandría. La parte más emocionante de la biografía de Badía, minuciosamente reconstruida por Patricia Almarcegui en su libro, se refiere siempre a los viajes: a las descomunales ensoñaciones de un gran fantasioso y, con justicia, a las audaces realizaciones de algunos de los sueños.

    Badía, ya Alí Bey, nunca llegará a las profundidades del interior de África, como había previsto, pero conocerá con envidiable detalle la vida de Marruecos y de otros lugares del norte africano. Desplazado hacia Oriente, culminará su peligrosa aventura en La Meca, uno de los primeros europeos en entrar en la vedada ciudad santa musulmana. En este punto es donde Badía alcanza su camuflaje máximo: un barcelonés transformado en príncipe abasí, un cristiano metamorfoseado en creyente musulmán, alguien que, por fin, llegaba al otro extremo de sí mismo.

    De vuelta a Europa, primero a España y luego a Francia, en medio de turbulencias sin fin, Domingo Badía consigue llevar a término el mayor proyecto de su vida que es, en definitiva, la publicación de su obra. En julio de 1814 aparece, en francés e impreso en París, su Viajes de Alí Bey el Abbassi por África y Asia durante los años 1803, 1804, 1805, 1806 y 1807, una obra en tres volúmenes acompañada de un cuarto, el Atlas, que reproducía las láminas y mapas compuestos durante la travesía. Alí Bey, alias Badía, o viceversa, había escrito una obra maestra de la literatura de viajes.

    Desde el olvido actual, resulta elocuente el éxito de esta obra, que fue inmediatamente traducida a las principales lenguas europeas, si bien Badía no vio en vida una versión de su libro en español. Gracias a este éxito, Alí Bey gozó de cierto crédito en los ambientes científicos y en las sociedades geográficas, lo cual no eliminó sus permanentes estrecheces económicas. Siguió malviviendo en París, siempre atento a proyectos poco asumibles y a conexiones políticas de dudosa eficacia. En cualquier caso, el viajero, pese a la magnitud de la obra escrita, sentía que algo permanecía incompleto.

    Faltaba el episodio más conmovedor, al final de su biografía: el segundo viaje a Oriente. Badía era demasiado viejo, llegaba demasiado tarde y llevaba sobre sus espaldas demasiados fracasos. La muerte en Jordania, de ser cierta la crónica que la relata, parece la adecuada al hombre. "La caravana partió el 31 de agosto de 1818 hacia Galát al Balg. A medianoche anunció que se estaba muriendo y, quitándose el anillo del dedo, se lo dio a sus criados. Badía les dio su último adiós y mandó que le cerraran la litera sobre la que yacía. Dos horas antes del amanecer abrieron sus cortinas y lo encontraron muerto".

    Rafael Argullol es filósofo y escritor.

    Pues eso, que aunque el lector habitual de El Periódico muy posiblemente haya votado al PSOE o al PSC y no diré que no se merezca por ello los más horribles castigos, no por ello renunciar a que los castiguen otros.

    Comentado por: julianolapostata el 02/12/2007 a las 18:32

  • El primo Basilio nos torea.
    Claves con mayúsculas que debes intoducir con minúsculas. Qué spam...to! Y las cookies, en fin un coñazo.

    Comentado por: Tipo Material el 02/12/2007 a las 13:20

  • Qué difícil conectar ahora al blog!
    El nuevo sistema me retrae.

    Comentado por: Tipo material el 02/12/2007 a las 13:14

  • Bueno y qué me dicen de la 'Apología de Raimundo Sabunde' creo que editada por Rialp, tapa dura y color ocre...donde latinajo tras latinajo se desbroza el camino hacia la tesis...

    y por que no recordar a nuestro más ilustre escéptico, el del 'Quod nihil scitur', don Francisco Sánchez, el Escéptico, coetáneo del propio Montaigne, de cuyo libro se dice que fue inspiración para el propio Descartes...

    saludos

    Comentado por: vic el 01/12/2007 a las 20:52

  • @ Juliano la posdata:

    Por favor, "get a grip", reportese, no sea infantil. Crees que mientras en Europa se morian de hambre los campesinos nadie escribia o leia? Lo que escribo lo sabe un pequeñin de primer curso: Si esperamos a que pasen las hambrunas y las estupideces, la nausea, nadie haria nada.
    Gracias don Felix por el articulo.

    Comentado por: Carmen el 01/12/2007 a las 20:26

  • @ francis black,

    gracias por la información, me pondré en contacto con LA CENTRAL ahora mismo.
    Ya que has sido tan amable voy a comentar tu mensaje ¿pregunta? anterior. A mí Magris no me gusta, El Danubio me pareció una buena idea de partida pero seca en la mayor parte de su desarrollo, tengo entre manos, Lejos de donde, ya veremos. Sí que me emocionó por su sensibilidad y sencillez un libro de su mujer, Marisa Madieri:"Verde agua", me parece que en Minúscula.
    En cuanto a si hay aquí alguien de la altura de Sebald o Coetzee...,sin esa faceta radicalmente humana pero con verdadera calidad literaria yo sólo me he tropezado con Vilá- Matas.Pero es sólo una opinión de lector compulsivo.

    Comentado por: tenedor el 01/12/2007 a las 12:43

  • Suele ponerse en paralelo a Cervantes y a Shakespeare, y raramente se añade a su contemporáneo Montaigne. Con eso se pierde mucho pues si Cervantes inventó la novela Montaigne inventó el ensayo, que no es cosa baladí. En muy pocos de los papeles dedicados a Cervantes en ocasión del centenario del Quijote se le pone en paralelo con el francés, aunque eran escritores que tenía mucho en común, más desde luego que con Shakespeare, que no inventó nada. Tal vez porque tanto Cervantes como Montaigne eran modernos, se adelantaron a Stendahl para hacer de su arte un espejo en el camino de la vida. Shapeskeare uso su arte como un espejo pero ante la naturaleza, ante la naturaleza humana, y ahí hay poco que inventar.

    Comentado por: RdC el 01/12/2007 a las 12:38

  • Tenedor

    En la Web de LA CENTRAL hay uno disponible (en dos o tres días)

    http://www.lacentral.com/wlc.html?wlc=20&seleccion=84-233-1144-9

    Comentado por: francis black el 01/12/2007 a las 10:38

  • Hablando de ediciones. Este año se cumple algún aniversario de CONRAD, pero yo estoy buscando para regalar "Freya, la de las siete islas", que contiene tres bellísimos relatos y no puedo encontrarla. Mi ejemplar es de Destinolibro del año 81. Si está agotada merece la pena reeditarla. ¿Alguien sabe algo sobre el tema?. Agradecería cualquier información.

    Comentado por: tenedor de postre el 01/12/2007 a las 10:18

  • En la actualidad hay algún escritor español al nivel de Magris, Sebald, Coetzee... Alguien que tenga un nivel y una visión un poco por encima de la tertulia de radio .

    Comentado por: francis black el 01/12/2007 a las 08:36

  • Alegría, Félix. Éste me ha llegado. Me lo quedo.

    "Contra la jactancia solo hay un remedio: aceptar que somos insignificantes, efímeros, fugaces."

    :)

    Tarea de cada día, pero grata. Porque tiene efectos secundarios cojonudos:

    el sentido del humor galopante (ni qué remedio ni qué hostias, es un placer!)

    Qué gusto poder firmar y afirmar ahora y aquí así:

    Anónimos y solitarios somos todos (libere al anómino que lleva dentro y cuéntelo)

    *************

    Montaigne pues (y gustosos Acantilados)

    Comentado por: Anónimos y solitarios somos todos el 30/11/2007 a las 23:56

  • Hay que ver,un ntexto que no se mete con los catalanes (a menos que se dé alguno por aludido, aunque esos insultos son aplicables al 90% de la población mundial que enestos momentos nosehalla demasiado ocupada muriéndose de hambre). Qué pena que La Rueda exija que mañana Félix vuelva a publicar en el Periódico una columna de cilicio autocaricaturesco como ha devenido costumbre (¿constará así en el contrato?)

    Comentado por: julianolapostata el 30/11/2007 a las 23:22

  • "Es duro de leer los Ensayos: hay que saber latín"

    ¡Fíjate qué mal!, ¿no? No tendrías más remedio que irte a tu casa con la cabeza gacha y quedarte sin "Los Ensayos" por mucho que te apetecieran....o buscar algún cura que te diera clases particulares de latín y, si trabajas, entonces cursillos nocturnos, seguramente. ¡Qué difícil que se pone la faena! Y después dicen que si la gente no lee, pero es que con tantas exigencias no hay manera. Menos mal que entre pedazo y pedazo de latín hay algún trocito legible, que si no...

    Comentado por: Javierus el 30/11/2007 a las 21:55

  • Es duro de leer los Ensayos: hay que saber latín. Conozco algún laureado literato, al filo del Cervantes, en quien he creido ver que abría Ensayos por cualquier página y extraía una pieza exquisitamente erudita para adornar su conocimiento superficial sobre cualquier tema.Para el consumo sentimental de sus incondicionales y para su tranquilidad ecónomica da buen resultado.

    Comentado por: el amigo de Miguel Torga el 30/11/2007 a las 20:49

  • El artículo...estupendo, como siempre, Don Félix.

    Puede que Vallcorba sea un héroe,como dice alguno, pero sin duda reconocido y aclamado. Los libros de El Acantilado son un maravilla de interés, edición traducción... Ahorraré los 60€ ? correspondientes que suele ser el precio, no el valor, de las joyas de la casa , como los libros de Boswell y Chateaubrian.

    Comentado por: tenedor de postre el 30/11/2007 a las 20:25

  • Gracias por el aviso, don Félix. Ahora mismo les encargo a los Magos de Oriente que me la reserven.
    Yo tenía aquella de Azcoaga en Edaf (que tampoco estaba tan mal); después vino la de unas señoras algo pretenciosas en Cátedra, pero que te dejaban chafado si las comparabas con el original, con su castellano traductorés peor que el de Azcoaga. Creo que también hubo un amago en Gredos que no sobrepasó un tercio del texto... y este anuncio prometedor.
    A ver qué tal.
    Saludos

    Comentado por: Javierus el 30/11/2007 a las 19:50

  • Coño, menudo articulo.

    Comentado por: Paulita de Robot el 30/11/2007 a las 19:38

  • Basilio, la verdad no sé que decir sobre su propuesta, honestamente, casi la temo.
    Por ejemplo, el interfaz anterior avisaba del cambio de sábana. El diseño actual no.

    El texto de Azúa es de antología, y oportuno. Magnífico.

    Comentado por: playboy el 30/11/2007 a las 19:07

  • Vallcorba es un heroe , lo que esta haciendo con El Acantilado es muy importante y creo que de una fe en el lector español dificil de entender .

    Comentado por: francis black el 30/11/2007 a las 18:08

  • ¿Funciona?

    Comentado por: prueba para anónima el 30/11/2007 a las 17:16

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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