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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

domingo, 6 de julio de 2008

Blog de Félix de Azúa

Arte religioso

Cuanto más se aleja en el tiempo, más interesante va apareciendo la figura de Arnold Schoenberg, hasta hacerse intemporal, o sea, clásico. En coincidencia, su música se aleja sin remedio en el espacio y saluda desde la lejanía. En algún momento Bartok, Stravinsky y no digamos Shostakovich y Britten, sufrieron la persecución de la cofradía de Discípulos y Viudas Fieles. Bartok, Stravinsky, Shostakovich, Britten no eran puros. El ascetismo, el puritanismo, el gusto de la represión, la frialdad técnica, el totalitarismo de los Fieles Cofrades rechazaban como imanes (magnéticos e islámicos) a sus enemigos los sensuales, pecadores, impuros, orgiastas, populacheros compositores antes mencionados. ¡Gente que componía para dar placer al vulgo! ¡Prostitutas de Babilonia!

No hay que acusar de ello a Schoenberg, en absoluto. Siempre son los epígonos y los comentaristas quienes se convierten en celotes. No obstante, algo había en el maestro que invitaba a quemar en la hoguera a los infieles, a los artesanos, a los vendidos a las piscinas. En una interesante entrevista de Lluis Amiguet (“La Vanguardia”, martes 26), la hija del compositor, Nuria, viuda de Nono, hablaba sobre su padre.

Desde la primera intervención, acierta en describir al personaje con toda exactitud: “La herencia de mi padre, reflejada también en su música, es ética”. Así es, en efecto. La ética ha tenido un peso aplastante en la herencia de Schoenberg, como en la herencia de Brecht. El músico y el dramaturgo tenían demasiado talento como para que la ética les aplastara, pero los discípulos fenecieron como medusas bajo una losa de cemento.

Tras lo cual, Nuria cuenta una historia escalofriante. La pobre mujer tenía que matricularse en la facultad de medicina de la Universidad de California, pero una cola interminable le impedía terminar a tiempo para acudir al homenaje a su padre por su 70º aniversario, de modo que recurrió a un jefe de negociado, dijo quién era, y la colaron. Luego ella se lo contó a su padre con alegre regocijo, pero entonces Schoenberg montó en cólera y de sus ojos salieron chispas airadas. Estuvo a punto de exigir a la pobre niña que pidiera perdón…¡ante todos los alumnos de la facultad! La frase de su padre es soberbia: “¡Has usado mi nombre para obtener una ventaja ilícita sobre los demás!”. Retumba en estas palabras la voz implacable del Dios de los Ejércitos tronando en el Sinaí contra los que usan su nombre en vano. Terrible escena de “Moses und Aaron” en un chaletito pequeño burgués de Los Angeles.

Nuria repite también esa información tan conocida, aunque increíble, según la cual Schoenberg fue un autodidacta, pero de un tipo especial: aprendió música siguiendo los capítulos de una enciclopedia y al parecer (según le dijo a su hija) no había podido componer una sonata hasta llegar a la letra “S”.

Casi con toda certeza, se trata de un mito repetido por los biógrafos, pero es un mito familiar, es decir, un mito del padre sostenido ante la hija como en un escenario cósmico y diabólico, el escenario del “Doctor Faustus”. Un mito que hacía de la figura paterna un personaje grandioso y humilde, omnipotente y modesto, un gigante benévolo ante el que era imposible no inclinarse para implorar caricias. Una verdadera aparición de los desiertos bíblicos. Un dios que goza con nuestra insignificancia.

Este carácter extremadamente ético de los últimos románticos alemanes (y Schoenberg lo era en grado sumo), la certeza de que su actividad no era “artística” sino metafísica, es lo que concedió su carácter persecutorio, paranoico y fascistoide a tantos grupos vanguardistas del siglo XX, herederos de la satánica soberbia de los Artistas Germanos. Y de su ideología mesiánica, naturalmente.

Ahora que, como los veleros de Friedrich, poco a poco se alejan por el océano del olvido camino de su aniquilación, es tiempo de pensarlos con ternura y amarlos desde su interior, desde su inconsciente lirismo, y no como máquinas de poder alucinado.

Nuria Schoenberg recomienda a los profanos comenzar por “El superviviente de Varsovia” y la “Oda a Napoleón”. La primera es una pieza demasiado particular, aunque la entrada del coro de condenados a muerte gritando “¡Shema Yisroel!”, con la convicción de que su Dios no va a abandonarles, es de una potencia salvaje. La “Oda”, en cambio, me parece muy menor. Luego Nuria añade: “Un joven director me dijo que, de todo el repertorio, el “Schoenberg Trio” era el más emocionante para el público”.

Bajo tan peculiar denominación seguramente Nuria se refería al Trío Op.45, una de las composiciones testamentales, figuración sonora de la muerte tras sufrir un ataque cardiaco y haber permanecido en coma durante horas. En efecto, es una de sus mejores piezas de cámara, pero… ¿emocionante? No sé si Schoenberg lo habría permitido. Y de haber visto a alguien emocionarse con esta pieza en un concierto, seguramente habría montado en cólera, como si hubiera visto a una chica en topless acercándose a comulgar.

[Publicado el 27/9/2006 a las 09:58]

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Comentarios (24)

  • ¡Coco, no sea usted imprudente!

    Comentado por: Rypli el 28/9/2006 a las 18:08

  • Para "El monstruo de la ultima pantalla": No tengo ni idea de qué o quién es Von Grappa. ¿Es por la bebida? ¿Porque he puesto NIOS en vez de DIOS?. Lo siento, no sé de qué va.
    Y, para el supuesto COCO que te ha contestado: ¿Para eso te da la meninge, para suplantar un mote y escribir una palabra de cuatro letras? Vuelve a la Playstation, ahí sólo necesitas los pulgares. (¿No serás Albert Pla?)

    Comentado por: Coco el 28/9/2006 a las 16:28

  • Bien.

    Comentado por: Coco el 28/9/2006 a las 15:40

  • Coco, como va lo de Von Grappa?

    Comentado por: El monstruo de la ultima pantalla el 28/9/2006 a las 14:25

  • Si una religión no simplifica, tiene poco que hacer; está obligada a convencer a la mayoría, a la que le saca perra a perra sus tesoros transitorios. A los dodecafonistas no los conoce ni nios fuera del círculo de iluminados, profesan una fe incomprensible de verdad por compleja, por lo que nunca podrán extenderla. Si se quiere hablar de arte religioso más vale ir a lo seguro. A Bisbal, Nat King Cole o a Albert Plá; quien, por cierto, parece el más divino de todos pues se ve en todo lo que mira. ¿Qué canción suya recordará al contemplar lo que deja en la taza del vater?

    Comentado por: Coco el 28/9/2006 a las 10:34

  • Que poco respeto se le tiene a Stravinsky, este sujeto que ha hecho con el piano;

    http://www.youtube.com/watch?v=k-rqOJDo0-8&mode=related&search=

    No me estraña que Schoenberg pillara esos cabreos.

    Comentado por: Paulita el 28/9/2006 a las 07:47

  • Arte religioso en Fernando Pessoa
    "(...)De manera que a mi sensibilidad, cada vez más profunda, y a mi conciencia, cada vez mayor, de la terrible y religiosa misión que todo hombre de genio recibe de Dios con su genio, todo cuanto es futilidad literaria, mero arte, va gradualmente sonándoles cada vez más a hueco y repugnante. Poco a poco, pero seguramente en el divino cumplimiento íntimo de una evolución cuyos fines me son ocultos, he alzado mis propósitos y mis ambiciones cada vez a más altura de las cualidades que recibí. (...) Y así, hacer arte me parece cada vez una cosa más importante, una misión más terrible, un deber que cumplir arduamente, monásticamente, sin desviar los ojos del fin creador-de-civilización de toda obra artística.
    (...) He perdido la ambición grosera de brillar por brillar y esa otra, groserísima, y de un plebeyerismo artísitco insoportable, de querer 'épater'(...)

    Carta a Armando Côrtes-Rodrigues en¨Sobre literatura y arte

    Comentado por: Everyman el 28/9/2006 a las 01:56

  • Creo que si,Nuria es un homenaje a Barcelona donde Schönberg paso nueve meses,en 1932.Supongo que algo se conservara de su paso por alli, como para poder hacer un paseo schönberiano en ella.
    Creo que viene a cuento el comentario de Alma Mahler,cuando pisandole los pies la Gestapo y llevando consigo al exilio americano su mayor tesoro,el manuscrito de La tierra enferma,escribió:"Debió ser una hermosa ciudad antes de la guerra",la de aqui,se entiende.

    Comentado por: maleas el 27/9/2006 a las 23:37

  • No obstante, algo había en el maestro que invitaba a quemar en la hoguera a los infieles, a los artesanos, a los vendidos a las piscinas.

    Estimado Pozo, el sr. Azúa no ha querido decir "a los vendidos a las piscinas" sino "a los vendidos a sus vecinas", alusión harto diferente, como se podrá figurar..

    Publicado por: Javier | 27/09/2006 21:15:28

    A mi me ha gustado el comentario de hoy de Azua. Tan solo una critica, este es un comentario de sabado y domingo....hoy con partido y todo.
    Piscinas o vecinas.....claro este tema es interesante, lo mismo que todos los compositores que se citan.

    Comentado por: Pepin el 27/9/2006 a las 22:41

  • Le agradezco a Gil Bera que nos haya copiado ese largo fragmento de Soma Morgenstern. Me ha gustado e interesado mucho. ¡Todo un detalle!
    (Les leo con interés hace tiempo.)

    Comentado por: Labtec el 27/9/2006 a las 22:02

  • 26/09/06: Bueno, yo nací cuando nadie me esperaba, a mi madre la habían considerado estéril, pero ella insistió en visitar a médicos y a curanderos incluso que le pasaron por el vientre una plancha de hierro y unas hojas de laurel y le recetaron una píldoras muy pequeñas que había que tomar con gaseosa La Pitusa, nueve meses después nací yo, nací. Mi padre dijo: este niño no tendría que estar aquí. Casi cuarenta años después mi padre dice lo mismo: este niño no tendría que estar aquí. Siempre fui manso y obediente, y siempre fui, sobre todo, discreto, si no hubiera nacido hubiese dado igual, soy una persona que apenas hace ruido, jamás, que yo sepa, he molestado a nadie. Creo que mi padre tenía razón: nunca he estado aquí. Haría cualquier cosa por darle la razón a mi padre, en realidad haría cualquier cosa por darle la razón a cualquiera, antes de que alguien empiece a hablar ya le estoy dando de hecho la razón y asintiendo con la cabeza, así, como ahora.

    Comentado por: nosoyruso,señor el 27/9/2006 a las 21:37

  • Estimado Pozo, el sr. Azúa no ha querido decir "a los vendidos a las piscinas" sino "a los vendidos a sus vecinas", alusión harto diferente, como se podrá figurar..

    Comentado por: Javier el 27/9/2006 a las 21:15

  • Intentando dar otro punto de vista sobre el 'Arte religioso', al ya dado por el sr. El Pozo más arriba; no recuerdo bien dónde leí, posiblemente a Tatarkiewicz en su libro clásico, "Historia de seis ideas...", que se produjo una 'translatio' del concepto de Arte ( aunque esto debe ser tomado desde el punto de vista del estudioso, naturalmente, puesto que es muy probable, o mejor, es muy seguro que en aquel tiempo tan pretérito no había gentes que se dieran cuenta de esto, entre otras cosas porque no "existía" el 'Arte' como concepto de la Estética) cuando se despega de lo que había sido su función de expresión de 'adoración' a lo Trascendente, quizá en aquel tiempo todavía representado por la Naturaleza o por la inminente deificación-personalización ( horroroso palabro) de sus fenómenos. El hombre es un artista porque es 'imitador' de lo que no puede por limitaciones obvias, crear; idea esta, la de 'imitador', que se hace dominante en el mundo griego (Apeles y sus uvas). Luego si se entiende por 'Arte religioso': la Obra como ancilar al Espíritu, sacada de su contexto puramente cultual creo que se puede hablar mejor de 'Arte litúrgico' ( sensu stricto, esto es, como servicio público 'de culto' en nuestro caso, y por tanto servicio privado en cierto modo también, aunque parezca una contradicción); término aquél, que por otro lado, ha de ser tomado 'cum grano salis', por la razón anteriormente esgrimida.
    Ahora, yo me pregunto, tiene esto algún grado de validez, una vez leídos los textos de Schiller, 'Sobre lo Sublime' y 'De lo Sublime', y también me hago la pregunta de si no es el 'Arte religioso' una parte, entiéndaseme la expresión, del 'Arte Político'. En su libro 'Nueva ciencia de la Política' Voegelin trata el tema de cómo 'Las suplicantes' (donde aparece la 'diké', concepto religioso, "la 'diké' de Zeus") de Esquilo representaba ( y el concepto de 'Representación' es axial en esta obra) la verdad del alma de los atenienses en un tiempo histórico concreto, y como ya en las 'Tróadas' de Eurípides se produjo, una 'translatio' ( de nuevo), del Demos hacia Socrátes; sería curioso ver cómo afectó esto al 'Arte', digamos, 'Puro', toda vez que se considera a estos autores clásicos 'Artistas' ( con mayúsculas)

    Saludos.

    P.s.: Le agradecería, al sr. El Pozo, que me facilitara la referencia sobre Azúa, el arte, la religión y la melancolía.

    Comentado por: vic el 27/9/2006 a las 20:03

  • Personalmente, prefiero las reflexiones sobre la relación entre el arte y la maestría técnica (o, como segunda opción, entre el arte y las diversas formas de poder y dinero) que las de arte y religión, el artista-asceta etc. Los ascetas me parecen todos un poco mentirosotes: seguro alguna vez desearon algo de este mundo. Pero, en fin, mezclando todas estas cosas (técnica, poder, dinero y santurronería) debería destilarse la estética (en el alambique de la cultura, para ponernos estupendos).

    Comentado por: catón el 27/9/2006 a las 19:28

  • Comentado por: Pepin el 27/9/2006 a las 18:57

  • ¡Me encanta cómo se proyecta Azúa en sus textos!
    Nadie mejor que él, por otro lado, para ocuparse de la satánica soberbia de ciertos artistas, sean o no germánicos.
    Gracias por tanta información. Aunque la verdad es que también empieza a cansar.

    Comentado por: Javier Andrade el 27/9/2006 a las 16:11

  • "No hay que acusar de ello a Schoenberg, en absoluto. Siempre son los epígonos y los comentaristas quienes se convierten en celotes. No obstante, algo había en el maestro..."
    Si lo entiendo bien, el paso del maestro a los alumnos es el paso de la intransigencia ética a la intransigencia del apóstata. Porque eso fueron los seguidores del compositor, apóstatas de la tonalidad, los más intransigentes con otros compositores. Al fin y al cabo el apóstata no vive para su nueva fé sino para atacar la que deja atrás. Pero ¿es posible que esté la semilla de la intransigencia ya en el origen? ¿No será otro caso de culpar a los alumnos para absolver al maestro? Creo que Azúa no lo deja claro."Este carácter extremadamente ético de los últimos románticos alemanes (y Schoenberg lo era en grado sumo)... es lo que concedió su carácter persecutorio, paranoico y fascistoide a tantos grupos vanguardistas del siglo XX". Schoenberg, ¿dentro o fuera? ¿Absuelto por la obra?
    Nosotros podemos tomarnos la música con más calma (que no con menos pasión). Nuestra condición nos ha liberado del peso de la herencia, que los músicos de principios del siglo XX vivieron como axfisiante. Y podemos ver un modernismo de varias caras, con Schoenberg al lado de, pongamos, Janaçek. Y podemos, como dice tan bellamente Azúa, amar los veleros desde su interior.

    Para el que quiera Schoenberg romántico, la version de la ópera Moisés y Aarón dirigida por Solti. Yo conservo como oro en paño la integral de la obra de cámara dirigida por Atterton (vinilo, claro). Para el amante de las opiniones contundentes, la obra de piano por Gould.

    Para acabar: ¿no nació en Barcelona la tal Nuria?

    Comentado por: ortega el 27/9/2006 a las 14:36

  • Schoenberg en el recuerdo de Soma Mogenstern.
    En 1935, Alban Berg cumplió 50 años. Con ese motivo, recibió, cómo no, una felicitación de su maestro y amigo Arnold Schoenberg. El saludo llegó de los Estados Unidos. La forma era, en aquella época, inusual. Tanto que Alban me telefoneó, con gran excitación, diciendo que acudiera enseguida. Por supuesto, tuve gran curiosidad por la carta de Arnold Schoenberg que provocaba semejante agitación en Alban. Me apresuré cuanto pude. Alban me abrió. Tenía en la mano un disco de gramófono. Primero me enseñó qué bonito era el disco, luego lo puso. Y, entonces, llegó: “¡Heil a ti, Alban Berg!” Desde la costa Oeste, a través de los Estados Unidos, por encima de todo el Océano Atlántico, llegó la aclamación de héroe a héroe. ¡El vítor wagneriano! Entonces lo entendí. (La escuela de Schoenberg estaba completamente imbuida del culto a Wagner. Con una sola excepción: Edward Steuermann.)
    Alban hizo sonar hasta tres veces el disco. No podía hartarse de oír su regalo de cumpleaños. ¡La voz de Schoenberg! Con entusiasmo pueril, seguía cada inflexión de la voz, cada palabra dirigida a él de un modo tan natural y directo.16 Cuando quiso poner el disco por cuarta vez, Helene dijo: “Ya basta. Soma no está tan chifladamente enamorado de Schönberg como tú”. Chifladamente enamorado, eso era lo que estaba entonces, y, además, totalmente rejuvenecido en su entusiasmo. Pero, ¿qué es entusiasmo? Diríamos: sumo respeto más amor. No me hubiera costado ningún esfuerzo escuchar por cuarta vez el disco, si no fuera por el Heil wagneriano de boca de Arnold Schoenberg.

    Alban me preguntó en una ocasión: “¿Cuándo comenzaste de veras a interesarme por nuestra música?” — “Una vez leí o tuve noticia de una aseveración de Schönberg. Sostenía haber establecido la prosa en la música. A mí eso me interesaba por motivos literarios. En el siglo XIX, sucedió que una gran forma de la literatura, a saber, la épica heroica en verso se extinguió y la novela en prosa heredó ese espacio. Pensé: puede ser que suceda algo parecido en la música. Así que empecé a asistir a conciertos que tenían vuestra música en el programa”. — “Tuviste que espantarte un poco”. — “Mucho peor: no entendí nada. Mi amiga Renée, una entendida en música, me consoló con la confesión de que a ella le pasaba igual. Pero eso no me asustó. Prontó comprobé que, tras la repetida audición de un fragmento, se me quedaba en la cabeza, por decirlo así. Si puede aprenderse un nuevo idioma, ¿por qué no un nuevo lenguaje musical?

    Nuestras conversaciones sobre Schoenberg solían ser armónicas. Cuando hablábamos del músico, yo tenia que callar y aprender. Cuando hablábamos del hombre, muchas veces me asombraba de la magnitud del amor con el que Alban se refería a él. Helene, que muchas veces estaba presente, exclamó una ocasión: “¡Nunca creerás lo chiflados que están todos por Schoenberg! Cuando han discutido y Schoenberg se levanta y camina por la habitación, siempre corre uno detrás con un cenicero”. — “¿Alban también?” pregunté. “¿Él? ¡Él, el primero!”
    En Viena, como digo, vi muy pocas veces a Schoenberg y sólo una con Alban. Pero es cierto que todos ellos estaban, como dijo Helene, “chiflados” por Schoenberg. Incluso Hanns Eiler, tan lleno de humor y agudeza. Cuando Schoenberg tuvo que dejar Berlín, el normalmente tan prudente Hanns Eisler se descolgó con la ingenuidad de proponer a Moscú que había que invitarlo a Rusia y ofrecerle una cátedra. Allá se admitió la propuesta. Pero la policía secreta investigó el caso, como allá es habitual, y resultó que Schoenberg, en efecto, era un hombre sumamente conservador, incluso monárquico a temporadas.

    Schoenberg y sus discípulos eran un clan, un grupo perseguido, y, como todos los perseguidos, eran suspicaces y quejosos. Schoenberg no era sólo el maestro, el adoctrinador, sino el genio ignorado. Ahora, después de que todos se han ido, todos muy celebrados, escuchados y honrados con frecuencia, muchas veces pienso que Arnold Schoenberg quizá fue combatido e incluso perseguido, pero no ciertamente ignorado. Por casualidad, aquí, en Nueva York, en casa de un emigrante vienés que salvó el mobiliario de su vivienda, he dado con una vieja revista ilustrada alemana. Una de las ilustradas corrientes, en gran formato, no precisamente pensada para el lector intelectual. Esa revista tuvo, en diciembre de 1899, la buena idea, que hoy me da una impresión americana, de incorporar toda una página llena de fotografías, bajo el título “Rostros del próximo siglo XX”. Entre esos rostros, encontré, para mi feliz sorpresa, el de Arnold Schoenberg. Una foto del entonces veinticincoañero, con una cabeza llena de pelo.
    La última vez que vi a Schoenberg fue el año 1943, en Hollywood, en casa de Alma Mahler. Por entonces, él andaba cerca de los setenta años. Se le veía delgado, bronceado de jugar al tenis y muy ágil. Estaba de muy buen humor, poco menos que risueño y, cuando Alma se extrañó de su jovialidad, él le explicó la razón de su buen humor: “Hoy he terminado de componer el ballet de la ópera Moisés y Aarón. Estoy muy satisfecho con él, aunque sé que nunca se podrá escenificar”. Dijo ‘aunque’, pero con una expresión, con una cara de orgullo como si hubiera querido decir: ‘Estoy satisfecho, porque sé que no podrá escenificarse’. Toda la noche, si tal cosa es posible, estuve pensando en qué sentido tiene componer un ballet que no puede escenificarse. Sólo me atreví a preguntar: “¿Por qué cree usted que no se podrá escenificar? ¿Porque harían falta demasiados ensayos?” — “No, no por eso”, dijo, aún más radiante. “No se podrá interpretar. Es demasiado difícil”. Lástima, grandísima lástima que no pudiera comprobar cuán equivocado estaba. No he asistido, desgraciadamente, a ninguna puesta en escena de su ópera, pero he escuchado reiteradamente el disco, y pienso escucharlo más veces aún, y, lo que es más, por el ballet. Es sencillamente sublime, cosa que no puede sostenerse tan fácilmente de toda la obra. Y ello consiste, únicamente, en que se espera una ópera. La obra es más que una ópera. Es una obra de una índole completamente especial. No es una ópera, aunque el texto esté concebido por el propio compositor como ópera. Es un extraordinario oratorio. O, mejor dicho, una obra sui generis. Alban Berg le profetizó una longevidad de quinientos años. Schoenberg no leyó esa profecía. ¿Quién soy yo para no darle la razón a Alban?

    En mi siguiente visita, unos días después, Helene me habló de una carta que había recibido del señor Adorno, con un nuevo plan para terminar Lulú, la ópera de Alban Berg. Leí la carta y tuve el asombro de constatar que el señor Adorno no aconsejaba a Helene, sino que ya prometía, o poco menos, hacer terminar la ópera por medio del compositor francés Pierre Boulez. Confieso que entonces fue la primera vez que oía su nombre. El señor Adorno sostenía que ese compositor era el único que estaría a la altura de esa tarea. Eso tenía ser enseguida porque si se extinguiera esa generación, ya no podría hallarse en todo el futuro ningún otro compositor que pudiera mantener el estilo. Disuadí a Helene decididamente. Y no me costó excesivo esfuerzo persuadirla, porque a lo largo de los años todos los amigos de Alban la disuadieron de todos esos planes. Cuando volví a ver, en el año 1957, al cabo de catorce años, al señor Adorno, en Frankfurt, y le expresé mi asombro sobre la carta Boulez, no quiso decir nada, no sin mostrar signos de confusión. No pretendo saber qué es lo que, entretanto, cambió de tal manera en la opinión de Adorno sobre Boulez. Seguramente no hay que buscar la razón en que, un día, Pierre Boulez se descolgó con la declaración histórico-musical: ‘ Schoenberg est mort!’

    Soma Morgenstern en “Alban Berg y sus ídolos”

    Comentado por: Eduardo Gil Bera el 27/9/2006 a las 12:59

  • Por sus escritos y cartas parece evidente el implacable concepto misionero que tenía Shoenberg de su arte y el desprecio que mostraba por los que no lo acababan de reconocer en redondo. Pero también se observan algunos resquicios, algunas contradicciones, ciertas sinceridades más allá de su propia referencia. Así, por ejemplo, más de una vez había hablado del "analfabetismo" de los compositores soviéticos, pero en una carta de mediados de los -40 dice que Shostakovitch es un gran talento. También reconoció, aunque fuera casi en privado, el genio de Richard Strauss, a quien odió durante mucho tiempo por haber dicho entre otras lindezas que "al pobre Shoenberg sólo podría ayudarle un loquero".
    Lo raro es que apreciara a tostones como Reger o Mahler y se permitiera despreciar (o casi, según el momento) a exquisitos como Busoni, Scriabin y Bartok.
    Sea como fuere, en una de sus últimas cartas acertó con casi sarcástica clarividencia sobre la suerte de su música en el s. XX: "la segunda mitad de este siglo hará malo por sobreestimación lo que la primera mitad ha dejado en blanco por infraestimación". Nada se atrevió a pronosticar sobre el siglo XXI.

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 27/9/2006 a las 12:26

  • Comentado por: albert pla el 27/9/2006 a las 12:23

  • ¿Arte religioso? ¿No es una tautología? ¿No fue usted, don Félix, el que formulara aquella visión del Arte, como consecuencia de la Religión y de la Melancolía? No hay Arte religioso, específicamente; o bien toda Religión ya es una forma de Arte. La Melanconlía será la extrañeza por la pérdida del Paraíso.

    “No obstante, algo había en el maestro que invitaba a quemar en la hoguera a los infieles, a los artesanos, a los vendidos a las piscinas”. ¿A quien se alude con esa forma tan directa y acuática, de “vendidos a las piscinas? Conocemos, o intuimos, a los infieles y a los artesanos, pero los ‘vendidos a las piscinas’ se nos escapan por los sumideros del alma. Ello en una época de extremada sequía, resulta muy explícito. La piscina como un imaginario visual del éxito y del triunfo, como en las piezas de Hockney. También como una rememoración de la humedad uterina. Las aguas quietas, balsámicas y azules, ahora que crece el turismo hidrotermal y proliferan jacuzzis y SPA. Cultura desagua versus cultura de la sequía. Más aún cuando el dispendio de las aguas en California, meca de las aguas estadizas contrasta con el secarral donde crecen los fundamentalismos, que siempre provienen de los desiertos

    La otra nota lúgubre, a propósito del alma de escarabajo que esconden las Vanguardias. ¡Ay las Vanguardias! “Este carácter extremadamente ético de los últimos románticos alemanes, la certeza de que su actividad no era “artística” sino metafísica, es lo que concedió su carácter persecutorio, paranoico y fascistoide a tantos grupos vanguardistas del siglo XX”.

    Comentado por: El Pozo y El Numa el 27/9/2006 a las 11:44

  • como si hubiera visto a una chica en topless acercándose a comulgar.

    esto me recuerda a una bonita cancion mia :

    Al verme
    se aparto de sus amigas
    y rodeando mi cuello
    con sus brazos
    les dijo alegremente
    quiero a este hombre
    si, niñas
    quiero a este hombre
    #
    Mis amigos me miraron con envidia
    era tan linda de verdad
    y entró en mi cuarto

    LLegé tarde al trabajo al otro dia
    LLegé tarde al trabajo al otro dia

    Despues no se movio ya de mi casa
    y fuí tan feliz con ella
    y me gusto algún tiempo

    pero pronto descubrí
    que hay más estrellas en el cielo
    y ahora su amor me oprime como un peso
    no puedo ya salir con mis amigos
    no puedo ni sonreir a las muchachas
    no puedo ya beber ni un solo trago
    es mala esa mujer
    de verdad es mala
    tan mala como linda
    y yo estoy loco

    si la dejo me matará lo se de veras
    no lograre escaparme de su encanto
    mis amigos se rien
    y yo estoy triste
    pues no logro apartarla de mi lado
    es mala esa mujer
    de verdad es mala
    ojala no me amara

    Comentado por: albert pla el 27/9/2006 a las 11:11

  • En el círculo familiar de Schönberg estaba el pintor Richard Gerstl. Inquietante presencia.

    Poco antes de su suicidio pintó un autorretrato riendo que es estremecedor.

    La mujer de Schönberg (hermana de Alexander Zemlinski)y este pintor trágico fueron amantes.

    Se habla de Schiele y Kokoschka y Klimt pero se suele olvidar a Gerstl. Un gran pintor.

    Fabulosa anécdota de Schönberg, señor Azúa.

    Comentado por: lopatov el 27/9/2006 a las 10:37

  • Sr. Azúa: Con comentarios así de estupendos en forma y fondo, (no parece destinado a un blog), nos acercaremos todos los días los neófitos a comulgar, aunque sea con ruedas de molino (bueno, si el molino está arrimado a nuestras aguas). Felicitaciones.

    Comentado por: Tipo Material el 27/9/2006 a las 10:08

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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