El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Félix de Azúa

Fantasmas sin tumba

En otra de sus reveladoras intuiciones, Walter Benjamin afirmó que las fotografías, como los humanos, tenían inconsciente. No porque en ellas se colara disimuladamente el conflicto inabordable de un alma enferma, como aquel buitre inverosímil que Freud dibujó en una pintura de Leonardo, sino porque la máquina fotográfica captaba con sus ojos, más desnudos que los ojos humanos, aspectos del mundo que eran invisibles a los habitantes de aquel tiempo. Al mirar viejos retratos, Benjamin descubría detalles que habían pasado inadvertidos a quienes estaban presentes cuando se dispararon las fotografías. El inconsciente visual de una temporalidad histórica sólo se manifestaba muchos años más tarde a quienes ya no podían intervenir en la escena.

En un artículo de Michael Kimmelman (The New York Times/El País, 14 septiembre) sobre una exposición dedicada al gran Walker Evans, aparecen de nuevo fantasmas (distintos a los de Benjamin) que han permanecido petrificados en la luz apagada del pasado, durante décadas, como momias vivientes. Los actuales sistemas de revelado digital pueden hacer visibles muchos detalles que los viejos negativos han mantenido ocultos durante más de medio siglo. “El proceso digital permite descubrir detalles incrustados en los negativos”, escribe Kimmelman. El uso de “incrustados” invita a pensar en esos insectos atrapados en gotas de resina desde hace millones de años. Seres desaparecidos pero presentes, que esperan una mirada del futuro.

Kimmelman cita varios ejemplos del inconsciente fotográfico de Evans (¡del inconsciente de su máquina!) que pueden verse ahora en la exposición, y me han llamado la atención dos de ellos. El primero dice que es: “Una chica en sombras, en la puerta de un tenderete, junto a la carretera de Birmingham, Alabama”. Y el segundo, no menos inquietante: “Fotos de carné en la ventana de un estudio de fotografía de Savannah, Georgia”.

Aquella muchacha de Alabama que en 1936 no pudo ver Evans, pero sí su máquina, regresa ahora, setenta años más tarde, para que la pueda conocer su nieta, si hubo descendencia, o quizás para recoger una mirada atenta que nunca tuvo porque murió joven. Si aumentamos el tamaño de las fotos de carné de Savannah quizás averigüemos quién vivía entonces en aquella pequeña ciudad y qué actividad le obligó a hacerse un documento de identidad. De ese modo es posible que descubramos ahora por qué esa identidad ha tardado tanto en volver al mundo.

Como en aquella película de Antonioni en la que gracias a las sucesivas ampliaciones de una fotografía, el fotógrafo descubre un asesinato que le ha pasado inadvertido a pesar de haberlo fotografiado, así también están regresando ahora vidas invisibles que habían permanecido a la vista de todo el mundo, aunque perfectamente ocultas.

Hay un abismal pasado esperando a ser rescatado de los negativos fotográficos. Y junto a estos fantasmas sin tumba aparece también un futuro: el de los psicoanalistas de fotos. Porque también las fotografías que estamos haciendo en este preciso instante ocultan imágenes borrosas, muchachas en sombras, diminutas identidades disimuladas en el claroscuro de la fotografía, que nosotros jamás podremos ver y que en el futuro declararán sombríamente sobre sus ciegos fotógrafos.

[Publicado el 19/9/2006 a las 10:30]

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Comentarios (26)

  • El "Tren de sombras" de José Luís Guerín, y todas sus explicaciones alrededor de esta película incidían en el tema de este día del blog. Una acotación que hacía por aquel entonces me ha perseguido: casi todas las películas -o fotos- antiguas pueden verse siempre, más allá de lo que intentan representar, como las imágenes salvadas de gente que ya no está con nosotros, que han muerto.

    Comentado por: Popaul el 23/9/2006 a las 20:36

  • Lo de fantasmas sin tumba me ha traido la memoria,nada que ver con lo que trata hoy Azúa,o eso creo,el caso de una amiga que en determinados lugares,por ejemplo,en las ruinas de la ciudad iberica que el otro dia referia,siente sensaciones acerca de los seres que habitaron esos lugares,según dice ella,muy vivas.No se que pensar,quizás alguien conozca experiencias similares.No es mi caso.

    Comentado por: maleas el 19/9/2006 a las 22:38

  • ya que se ha hablado de la película de Antonioni no está de más observar que los dos amigos blogeros que han hecho referencia a quién es el cantante del grupo los Yarbirds, los dos muy atentos recuerdan muy bien la escena, pero no mencionan el uso que el director hace de ella, recordemos que P. Hemmings se hace con un trozo de guitarra peleando duramente por ella con un grupo de fans y, que una vez conseguido el trofeo, y ya fuera del lugar del concierto, comprueba que no es más que un trozo de guitarra que no vale para nada y decide tirarlo sin mayor contemplación. Lo que era codiciado un momento antes se desecha inmediatamente. Los amigos blogeros mitifican la secuencia por el recuerdo en imagen y sonido del cantante pero olvidan el "mensaje" de la secuencia. Estoy plenamente de acuerdo con el titular en que no se debería hacer sicoanálisis de muchas imágenes que no nos son tan lejanas en el tiempo como parecen.

    Comentado por: fueradecacho el 19/9/2006 a las 22:07

  • Yo también quiero ser un cuentista como Mariano Estrada. Ahí va mi intento:

    El calcetín

    Llegados a cierto punto quizás -yo así lo pienso- es justo para con uno mismo justificarse ante la vida. Así, a “vista previa”, seguir dando cuerda al reloj sería la cuestión principal a tratar.
    Imaginemos a un hombre desarraigado, sin familia, sin amores, sin posesiones, sin trabajo. Es decir, un hombre sin nada ni nadie a su alrededor más que su consciencia y una fantástica capacidad que le permite eludir los procesos fisiológicos que en toda persona son normales, estos son, la ingestión y la eyección. Imaginemos también que este personaje en cuestión carece de lívido y para mas inri es incapaz de fantasear más allá de su realidad. Póngase al individuo en un espacio cerrado con luz durante un año. Al cabo de un mes denle un arma y diez segundos. Tendrán un cadáver.
    Supongamos que tenemos varios sujetos con las mismas características. Cojamos a un segundo y encerrémosle en iguales condiciones pero con una pelotita. Al cabo de un mes démosle un arma y diez segundos. Otro cadáver.
    Está claro pues, aunque esto ya se sabía de antemano, que una pelotita no parece motivo suficiente para vivir. Para aclararlo: No hay argumento suficiente en la pelota para la espera.
    Turno para el tercer individuo. A éste, seamos generosos, démosle infinitos argumentos materiales: pelotitas, libros, cuadros y todo el etcétera que ustedes puedan definir siempre y cuando no haya en ellos ningún elemento que permita al sujeto la comunicación con los demás seres ni de A a B ni de B a A ni de A con B (siendo A el sujeto y B los demás). ¿Deducen ustedes lo que va a suceder al cabo de un mes y diez segundos?
    Tras tres asesinatos no es poco lo que se consigue. Nos damos cuenta que el humano no puede beneficiarse de su existencia si no hay ningún motivo para ello e incluso provisto de pelotitas no es capaz de afrontar la certeza de que NUNCA MÁS podrá volver a comunicarse.
    Se entiende, luego, que la comunicación, el transvase de experiencias, es acaso la única causa del empecinamiento que los hombres tenemos por la vida. Y dado que la sublimación de la comunicación es el amor entre dos seres, sólo cabe una verdad como motivo al absurdo de esta vida:

    Amarse los unos con los otros.*



    * Dicha conclusión ha sido obtenida después del cuarto experimento. En éste último encerramos a un individuo y a una individua con millares de objetos. Al mes les dimos el arma y nada sucedió. Como premio les devolvimos su arrebatada lívido. Según me cuentan los colegas con los que he realizado los experimentos; los sujetos, que parecían felices, tuvieron descendencia al cabo de un año. Les liberaríamos, pero alguien perdió la llave y ahora no hay forma de sacarles.
    C’est la vie.

    Tipo de incognito, Martes 19 de septiembre 2006

    Comentado por: Tipo de incognito el 19/9/2006 a las 20:17

  • ¿Os habeís fijado ? en la foto que ha mandado Miguel los soldados fascistas más que doblar la esquina parecen salir de un pórtico con voladizo en el que se puede leer PARAISO , seguramente un cine. Parece la escenificación de una pesadilla de Kafka, por lo de las multitudes , el cine y eso .No sé igual es una chorrada pero a mí me ha parecido curioso.

    Comentado por: tomas el 19/9/2006 a las 19:57

  • “La niebla que envuelve los principios de la fotografía no es ni mucho menos tan espesa como la que cubre el comienzo de la imprenta”. Estas son las palabras iniciales de Benjamín en su trabajo ‘Pequeña historia de la fotografía’. También cita y habla de la ‘larga inmovilidad de los modelos’, del ‘todo dispuesto para durar en esta fotografía tempranas’ o de ‘la transparencia imperfecta de nuestra atmósfera’. Y cómo no, todas esas cosas ‘estaban rodeados de un aura, de un modelo que confería plenitud y seguridad a su mirada, al ser capaz de atravesarlo…También aquí se confirma además la ley de que los nuevos logros están prefigurados en las técnicas antiguas’. Pero ¿qué es un aura, nos pregunta Benjamín? ‘Una trama muy especial de de espacio y tiempo: la irrepetible aparición de una lejanía, por cerca que pueda encontrarse’
    Resulta complicado aceptar, por muy benjaminiana que sea la categoría, eso del ‘inconsciente visual’ de la fotografía. Sería tanto cómo predicar la autonomía expresiva de la sola óptica: ya lentes, ya objetivos, ya diafragmas, ya sales de bromo o gelatinas de plata. Luz que impresiona un soporte químico y que tatúa en él los perfiles de siluetas y visages. Igual que resulta poco apropiado, por más uso que se haya hecho de ello, lo de los ‘ojos mecánicos’. La cámara capta, guste más o menos, lo que los ojos del fotógrafo han seleccionado y quiere retener en la placa. Hilos de luz y costuras de sombra para tejer esa niebla fundacional que va ganando espesura y perdiendo visibilidad. Pero ¿Qué retiene ese artefacto sin memoria?
    Pero lo pavoroso en ese proceso de congelación de imágenes, no es la mirada autónoma del artefacto técnico; sino el discurso que entablan las imágenes con una temporalidad otra y ya diferida. De esa temporalidad que llevaba a Barthes a hablar del expediente tanatólogíco de la fotografía. ¿Una forma de vida o una forma de muerte?
    ‘El valor cultural de la imagen tiene su último refugio en el culto al recuerdo de los seres queridos, lejanos o desaparecidos’. O dicho de otra forma benjaminana ‘a medida que las distintas prácticas artísticas se van emancipando del regazo del ritual, aumentan las ocasiones para exhibir sus productos’
    Hoy ya no, o ya no tan sólo. Hoy ya ‘en la fotografía el valor de exhibición empieza a hacer retroceder al máximo valor de culto’. Hoy ya sólo imágenes planas sin memoria y sin pasado. Todo exhibición, sin contenido.

    Comentado por: El Pozo y El Numa el 19/9/2006 a las 19:35

  • La imagen

    No es raro el hecho de que uno, un buen día, no pueda recordar una cara por más que lo intente. Ya lo es más si el hecho en cuestión se refiere a una cara que vemos todos los días. Sin embargo, eso es justamente lo que a mí me ocurrió, como voy a tratar de exponer.

    La cara pertenecía a una mujer con la que yo salí un cierto tiempo. Al principio no le di importancia ninguna, creyendo, precisamente, que el tiempo acabaría poniendo las cosas en su sitio. Pero no fue así, lo cual empezó a preocuparme. De modo que una noche, tras haberla mirado con embeleso, se lo dije, pero ella no se extrañó en absoluto. Con toda naturalidad, y también de una forma muy breve, dijo que su cara era de aprehensión bastante difícil no sólo para mí, sino para todos aquellos que la conocían. Esta explicación, al mismo tiempo sencilla y enigmática, casi me llegó a molestar, ya que destruía todos mis cálculos sentimentales. Yo presuponía en mis vanidosos adentros que la negación obstinada de su imagen era de mi única incumbencia, y no de la incumbencia común, a cuyo ámbito me relegaba. Es decir, de alguna forma, y no sé por qué enrevesados artilugios, yo vinculaba el “misterio” de su cara con la inmensidad del amor, nuestro amor. Porque, eso sí, yo amaba a aquella mujer hasta más allá del delirio.

    Cegado, pues, por el amor, la cosa quedó en ese punto, de momento. Y ahí hubiera quedado definitivamente de no haber existido en el mundo la fotografía.

    - ¿Una fotografía? –vociferó- ¿Para qué quieres una fotografía?
    - ¿Para qué va a ser, mujer, sino para recordarte cuando no estamos juntos?

    Se mostró renuente a mi petición, por otra parte lógica, y, ante mi inquebrantable insistencia, fue demudando la cara hasta ponerla tan grave como yo nunca había visto.

    - ¿Qué te pasa? –le pregunté
    - ¿Qué me pasa? ¡Vamos! ¿No tenías bastante con el original que has querido hacer una copia? Pues bien, acabas de destruir el amor ¿Cómo puedo darte una fotografía, si no soy más que la proyección de tus anhelos? ¿Qué cámara ha captado jamás el rostro de los sueños?

    Dicho lo cual, desapareció de mi vista de la forma en que se apaga la luz: mágica y vertiginosamente. No he vuelto a verla jamás y, si no he enloquecido de dolor, ha sido porque el alma no tiene vergüenza. Aún la lloro, no obstante, y, a pesar de los años transcurridos, mis ojos aún escrutan las multitudes con ansiedad, casi con vértigo. El que ha existido realmente lo demuestran los datos que, sobre su persona, figuran en una ficha de la oficina en la que prestó sus servicios: Mª Ángeles Alpuente y Onaer, 24 años, licenciada en Biología por la Universidad de Valencia. Evidentemente su domicilio era apócrifo, como pudo comprobar mi corazón más de cien veces.

    Éste es un hecho que sin duda se puede calificar de increíble. Yo mismo lo tendría por un sueño de no ser por este leve detalle: ahora recuerdo perfectamente su cara.

    Mariano Estrada, 1986



    Comentado por: Mariano Estrada el 19/9/2006 a las 19:06

  • Me inquieta pensar que, más adelante, el imparable progreso tecnológico, quizá, llegue a revelar a los futuros videntes “el conflicto inabordable de cada una de las almas enfermas” ahora fotografiadas. Y entonces… ¿qué?, ¿dónde se hallarán lágrimas justas para poder redimir tanta soledad desperdiciada?
    ¡Vaya responsabilidad! ¡Menuda tarea les dejamos!: me juego los atributos a que, ojeando esas imágenes de almas, más de uno se muere de nostalgia.

    Comentado por: Onagro el 19/9/2006 a las 18:32

  • Al sr. vic:

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    1º. Le diré cómo se refiere a Locke: "no hay que olvidar cuán pertinazmente Leibniz se niega a aludir a Locke por su nombre: siempre utilizará expresiones, del tipo 'nuestro eminente autor', 'el autor del ensayo'[ esta vez lo he escrito bien, sin '-s'), etc."; pág 21 de la introducción.

    ---

    Gracias por la información. Lamento que le disgustase la minúscula corrección sobre el "Ensayo...", pero me inclinó a hacer lo que no suelo la presunción, como ya le dije, de que disfrutaba usted con la meticulosidad erudita.

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    2º. Dice usted, o me habla usted de que ' sólo son volitivas las apeticiones de las mónadas racionales' pero...

    A) " la acción del principio interno que realiza el cambio o el paso de una percep´ción a ottra puede llamarse Apetición"; párr. 15.

    B) " si queremos llamar Almas a todo lo que tiene 'percepciones' y 'apetitos' en sentido general que acabo de explicar, todas las substancias simples o Mónadas creadas podrían ser llamadas almas; pero comoel sentimiento es algo más que una simple percepción, concedo que el nombre general de Mónadas o Entelequias basta para las substancias simples que no tengan 'sino eso' (subrayado mío); y que se llama Almas solamente a aquellas cuya percepción es más distinta y está acompañada de memoria"; párr.19.

    C) "En dios hay Potencia, que es el origen de todo, después Conocimiento, que contiene el detalle de las ideas, y, por último, la Voluntad, que realiza los cambios o producciones segúnel principio de lo mejor. Y esto es lo que corresponde a lo que en las Mónadas creadas realizael sujeto o Base, la Facultad Perceptiva y la Facultad Apetitiva[...], y en las Mónadas creadas o en las Entelequias no son sino sus imitaciones según la perfección que tienen"; párr.48.
    Todos los párrafos anteriores son de 'Monadología'.

    Pero vamos, lo que me extrañó fue el uso del adjetivo 'energético' (?).

    ---

    Como poco, soy tan terco como usted. Yo me niego a hablar de que "sólo son..." cuando quiero decir que "son...". Como mucho admitiré, no sacándomelo de la manga sino de la calle, que 'hablar de que + subjuntivo' se parece a 'mostrarse partidario de que', 'ver con simpatía', 'sugerir la posibilidad de que'. En este caso, seguramente no admitido aún por la RAE, cosa que importa poco, admito, y con ello me matizo a mí mismo, son sinónimos 'decir que' y 'hablar de que' ('Y tú osas hablar de que votemos a los Ciudadanos!' = 'Y tú osas decir que votemos a los Ciudadanos'). Ahora bien 'hablar de que + indicativo' es incorrecto. Pero tien usted razón: nimiedades; así que ya voy al grano.

    El apetito que se da en las mónadas inferiores y en las almas, es volición en las almas racionales, o espíritus. Con 'energético', que no es un término leibniziano, quise llamar la atención sobre la naturaleza prepsíquica de la apetición. El apetito monádico no tiene por qué ser, y no lo es en la mayoría de los casos, consciente; es ante todo una tendencia, una potencia, una fuerza. Quizá hubiera sido mejor usar 'dinámico', pero me pareció menos expresivo, aunque, eso sí, más leibniziano.

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    3º. Yo me refería, evidentemente, a la frase que "usted escribió" y no a las innumerables construcciones del español en donde aparece la expresión 'creencia en'.

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    Y le vuelvo a dar la razón: en ese contexto es una redundancia.

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    4º. Cuando me refiero a que no era, el señor Leibniz muy original, lo hago, haciendo notar su desequilibrio en esta materia si la contrapone a sus originalísimas aportaciones, tan originales que se puede hablar de 'creación', en lo que respecta al 'Análisis', madre de la matemática moderna.

    ---

    En este terreno, al menos, su mérito ya no es discutido por nadie, como lo fue durante mucho tiempo por los newtonianos.

    ---------

    5º. Hombre, señor, usted utiliza la palabra latina 'indefinitum', en ese sentido no hay objeción y le comprendo perfectamente; pero ahora, en español, el sentido se ha separado y existe un vocablo para cada concepto: indefinido e infinito.
    El infinito actual ya aparece en Leibniz, como sabrá, pero se refiere al cardinal de los números naturales o racionales; para ver que la cardinalidad de la recta real era muchísimo mayor que aquéllas se hubo de esperar a Cantor.

    Creo que pudiera haber una conexión en el concepto de espacio leibniziano y einsteniano en el sentido de que 'el objeto' es el que lleva de por sí esta doble dimensión (espacio-temporal) y que él mismo afecta al "espacio", vease el experimento Eddington.
    Están tan imbricados ambos espacios, en el sentido de la matemática que se utiliza para definirlos que el gran hallazgo de Einstein en su famosa ecuación tensorial fue poner a un lado un tensor métrico, que pertenecía al ámbito exclusivamente geométrico y al otro lado una función de masa, igualando milagrosamente la física y la geometría (pura).

    ---


    Creo recordar que Leibniz apunta con muchos titubeos la idea de que el número de mónadas es infinito. Prueba de su vacilación, aparte de los propios escritos, es que los continuadores no se pusieron de acuerdo sobre ello. Y ya no me queda sino agradecerle sus observaciones sobre la idea actual de espacio.

    El final de su comentario me ha recordado haber leído en un libro de Milic Capek -"El impacto filosófico de la física contemporánea"- que, a diferencia de la física clásica, para la que materia y espacio eran cosas distintas, para la física actual la materia es una determinada ¿curvatura? del espacio.

    Espero que no se haya aburrido con esta charla, que a mí me ha servido para ir precisando conceptos algo olvidados y para aprender alguna cosa más. Gracias.

    Comentado por: Gengis Kant el 19/9/2006 a las 15:51

  • ¡Que poco rodadas estan ustedas en Internet!


    http://www.elpais.es/articulo/opinion/Todas/lecturas/lectura/elpporopi/20060913elpepiopi_6/Tes/

    Comentado por: Cornelia Wanderbilt NYC el 19/9/2006 a las 15:33

  • A veces lo verdaderamente misterioso del asunto no son los fantasmas ajenos sino los propios: ¿quién diablos podrá ser ese impuber de gafas inverosímiles y belfo caído que me mira con gesto de acrisolada estupidez desde el portal de una casa que no creo haber habitado nunca?, ¿y ese otro joven radiante y broncíneo, de esplendente agudeza en la mirada, que sonríe al destino abrazando un talle tan leve como la brisa y tan preciso como el junco pero cuyo tacto, ay, ya no me es dado recordar? Y es que, para qué vamos a engañarnos, en el fondo todos somos un poco fantasmas.

    Comentado por: pelayo el 19/9/2006 a las 14:48

  • Sr. Vic:
    En su propio domicilio = Publicado por: Paulita 13/09/2006 7:59:06
    (Espero que el webmaster no nos pida letritas para mandarle esta respuesta)

    Comentado por: Tipo Material el 19/9/2006 a las 14:13

  • La fotografía mantiene intactos dos rasgos que el ojo humano cambia, incluso cuando se hace la foto: tiempo y expresión. Cambia la impresión que produce. En el instante en que se hace, la foto ha paralizado el tiempo, que es móvil para el fotógrafo y quienes la ven. Con el paso del tiempo, sucede una nueva mirada a la vieja fotografía, una nueva percepción y consecuente interpretación por parte de los deudos de los retratados. La impresión que tienen coetáneos de la foto y sus sucesores es también distinta. El foco de una fotografía no es ella misma sino el punto de vista, móvil a lo largo del tiempo, de quienes la ven. Esa sucesión heterogénea de miradas –una integral de impresiones- es el inconsciente visual, que empieza a formarse en el instante en que es tomada y mostrada.

    Comentado por: Bartleby el 19/9/2006 a las 14:11



  • Al sr. Tipo Material:

    puede decirme dónde encontrar esa conferencia (si es que se puede y anda por ahí, virtualmente).

    Comentado por: vic el 19/9/2006 a las 13:51

  • Sr. Ortega, por favor, que don Rafael está ya un poco mayor para ciertas provocaciones.
    Aunque, a pesar de su edad, ¡cuídese usted de su bastón!

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 19/9/2006 a las 13:20

  • A propósito de imágenes.

    Una exposición tan francesa que es posible que hasta RSF puede disfrutarla (ver la selección de imágenes)

    http://www.rmn.fr/disney/index.html

    Comentado por: ortega el 19/9/2006 a las 12:49

  • En efecto, señor Ozon, va a tener usted razón:

    http://nyt.hs.fi/kuvat/iso_webkuva/1135218514790.jpeg

    Comentado por: gabriel feraud el 19/9/2006 a las 12:28

  • Me permito una acotación a Gabriel Feraud:

    En la película de Antonioni citada, "Blow up", aparecían los Yardbirs y entre ellos Jimmy Page, futuro fundador de Led Zeppelin. Pero si mal no recuerdo era a Jeff Beck, extraordinario solista, a quien se veía en primer término y quien hacía añicos su guitarra para delirio de los circunstantes.

    Comentado por: Ozón el 19/9/2006 a las 12:16

  • Ven a esos personajes tan toscos que portan fusiles al hombro en el centro de la fotografia?

    Pues bien, alguno de ellos formaba el peloton que fusilaria a sus vecinos de Villafruela y que fueron sepultados en la fosa comun de La Andaya, cerca de Lerma.
    http://img291.imageshack.us/img291/1107/arriiz6.jpg

    Comentado por: miguel el 19/9/2006 a las 12:02

  • Al sr. G.Kant,

    esto se puede hacer eterno pero vamos allá.

    1º. Le diré cómo se refiere a Locke: "no hay que olvidar cuán pertinazmente Leibniz se niega a aludir a Locke por su nombre: siempre utilizará expresiones, del tipo 'nuestro eminente autor', 'el autor del ensayo'[ esta vez lo he escrito bien, sin '-s'), etc."; pág 21 de la introducción.

    2º. Dice usted, o me habla usted de que ' sólo son volitivas las apeticiones de las mónadas racionales' pero...

    A) " la acción del principio interno que realiza el cambio o el paso de una percep´ción a ottra puede llamarse Apetición"; párr. 15.

    B) " si queremos llamar Almas a todo lo que tiene 'percepciones' y 'apetitos' en sentido general que acabo de explicar, todas las substancias simples o Mónadas creadas podrían ser llamadas almas; pero comoel sentimiento es algo más que una simple percepción, concedo que el nombre general de Mónadas o Entelequias basta para las substancias simples que no tengan 'sino eso' (subrayado mío); y que se llama Almas solamente a aquellas cuya percepción es más distinta y está acompañada de memoria"; párr.19.

    C) "En dios hay Potencia, que es el origen de todo, después Conocimiento, que contiene el detalle de las ideas, y, por último, la Voluntad, que realiza los cambios o producciones segúnel principio de lo mejor. Y esto es lo que corresponde a lo que en las Mónadas creadas realizael sujeto o Base, la Facultad Perceptiva y la Facultad Apetitiva[...], y en las Mónadas creadas o en las Entelequias no son sino sus imitaciones según la perfección que tienen"; párr.48.
    Todos los párrafos anteriores son de 'Monadología'.

    Pero vamos, lo que me extrañó fue el uso del adjetivo 'energético' (?).

    3º. Yo me refería, evidentemente, a la frase que "usted escribió" y no a las innumerables construcciones del español en donde aparece la expresión 'creencia en'.

    4º. Cuando me refiero a que no era, el señor Leibniz muy original, lo hago, haciendo notar su desequilibrio en esta materia si la contrapone a sus originalísimas aportaciones, tan originales que se puede hablar de 'creación', en lo que respecta al 'Análisis', madre de la matemática moderna.

    5º. Hombre, señor, usted utiliza la palabra latina 'indefinitum', en ese sentido no hay objeción y le comprendo perfectamente; pero ahora, en español, el sentido se ha separado y existe un vocablo para cada concepto: indefinido e infinito.
    El infinito actual ya aparece en Leibniz, como sabrá, pero se refiere al cardinal de los números naturales o racionales; para ver que la cardinalidad de la recta real era muchísimo mayor que aquéllas se hubo de esperar a Cantor.

    Creo que pudiera haber una conexión en el concepto de espacio leibniziano y einsteniano en el sentido de que 'el objeto' es el que lleva de por sí esta doble dimensión (espacio-temporal) y que él mismo afecta al "espacio", vease el experimento Eddington.
    Están tan imbricados ambos espacios, en el sentido de la matemática que se utiliza para definirlos que el gran hallazgo de Einstein en su famosa ecuación tensorial fue poner a un lado un tensor métrico, que pertenecía al ámbito exclusivamente geométrico y al otro lado una función de masa, igualando milagrosamente la física y la geometría (pura).

    Comentado por: vic el 19/9/2006 a las 11:53

  • apreciado (em)prendedor, hay una niña que debe darme una respuesta urgente sobre ciertas cuitas zamoranas. A la espera estoy

    Comentado por: gabriel feraud el 19/9/2006 a las 11:07

  • Hurgar demasiado en fotos puede llevar a sorpresas tremebundas: recuerden la última secuencia de El Resplandor de Kubrick, cuando, después de toda la peripecia, la cámara se va acercando lentamente a una fotografía antigua. Fantasmas sin tumba.

    Comentado por: (em)prendedor de coches el 19/9/2006 a las 10:52

  • Como consecuencia de la reestructuración de la vida doméstica y de los nuevos hábitos, igual que en la lectura, nuevos elementos constructivos se incorporan a los edificios.
    El tema bastante bien pergeñado por Robin Evans en ‘Figuras, puertas y pasillos’ no deja de tener un interés, más que proxémico. La definición moderna de la privacidad, a consecuencia de una nueva visión del mundo, pasa por la facilitación de la comunicación y por la reducción del contacto humano. Un acceso secuencial y la solución al problema de los sirvientes mediante la estratificación de los espacios se incorpora al programa residencial desde la segunda mitad del siglo XVII. Así, las habitaciones dejan de tener varias puertas, desaparecen las habitaciones de paso y aparecen los pasillos. La búsqueda de la privacidad, además del confort y de la independencia, pasa desde entonces por la proyectación de espacios de circulación no ocupables y espacios habitados autónomos entre sí. Y ese modelo continúa en la ciudad burguesa postmoderna.

    Comentado por: Tipo Material el 19/9/2006 a las 10:28

  • Er... creo recordar que estaba basada en un cuento de Cortázar, Las babas del diablo. Fantásticos los vaqueros blancos de David Hemmings, que decía una amiga mía. A mí, en cambio, me llamó más la atención la aparición de los Yardbirds, Jimmy Page con la guitarra en ristre, hacia el final del metraje.

    Comentado por: gabriel feraud el 19/9/2006 a las 10:27

  • Como consecuencia de la reestructuración de la vida doméstica y de los nuevos hábitos, igual que en la lectura, nuevos elementos constructivos se incorporan a los edificios.
    El tema bastante bien pergeñado por Robin Evans en ‘Figuras, puertas y pasillos’ no deja de tener un interés, más que proxémico. La definición moderna de la privacidad, a consecuencia de una nueva visión del mundo, pasa por la facilitación de la comunicación y por la reducción del contacto humano. Un acceso secuencial y la solución al problema de los sirvientes mediante la estratificación de los espacios se incorpora al programa residencial desde la segunda mitad del siglo XVII. Así, las habitaciones dejan de tener varias puertas, desaparecen las habitaciones de paso y aparecen los pasillos. La búsqueda de la privacidad, además del confort y de la independencia, pasa desde entonces por la proyectación de espacios de circulación no ocupables y espacios habitados autónomos entre sí. Y ese modelo continúa en la ciudad burguesa postmoderna.

    Comentado por: Tipo Material el 19/9/2006 a las 10:26

  • Con los artículos añejos hay que hacer como con las fotografías antiguas. Leída la conferencia en Jaca del Sr. Azúa sobre la lectura y como ese jardín de los senderos que se bifurcan, dos de sus ideas tangenciales mueven a la reflexión. Una ya tratada en el blog, la dicotomía vista-oído, el sentido de la vista no analítico frente al del oído que sí lo es, a lo que añadiría, porque se relaciona con lo que seguirá, que se tiene a la vista como el más adecuado de todos los sentidos para lo que se encuentra en el límite de la percepción, de la experiencia, mientras los demás sentidos gobiernan en los recintos más inmediatos a nuestro cuerpo, de ahí su distinta implicación con la percepción de las diferentes artes. La otra cuestión es “el invento de la intimidad, del mundo emocional y sentimental privado” en los comienzos del desarrollo de la sociedad burguesa allá en el siglo XVIII. (sigue)

    Comentado por: Tipo Material el 19/9/2006 a las 10:26

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.

 

 

 

 

 

Ensayo

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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