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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 11 de diciembre de 2017

 Blog de Félix de Azúa

La vida es música

Todos los que sentimos alguna afición por la música compartimos una profunda simpatía hacia Nietzsche. No sólo nos interesan sus escritos o su pensamiento, sino que nos emociona el personaje y la profunda pasión musical que le acompañó hasta la muerte. Incluso durante los once años de encierro en el nosocomio, también entonces Nietzsche se pasaba horas y más horas improvisando al piano. Así había sido toda su vida, desde aquella primera versión a cuatro voces de la coral que había sonado en el funeral de su padre, cuando Nietzsche tenía cinco años. La escribiría cinco años más tarde. Nunca la olvidaría.

Nadie ha tenido en más alto concepto a la música en tanto que voz del pensamiento. Creía sin reservas en la capacidad de la misma para alcanzar significados que ningún otro lenguaje puede alcanzar. Su filosofía es tan arrebatada justamente porque quiere ser musical en un sentido profundo: "Querría fundirme en las tinieblas de un huracán y en mis últimos momentos ser hombre y relámpago simultáneamente", escribió en la época dionisíaca de su Zaratustra. Y así fue, en verdad. Acabó fulminado por el rayo de la locura y abrazado a un caballo al que su dueño azotaba.

Cuando Nietzsche escribía, leía en voz alta cada párrafo buscando la eufonía y los corregía una y otra vez hasta que sonaban en verdad con la música buscada. Es el mismo procedimiento al que sometía su prosa Flaubert, un método típico de los escritores de versos, pero raro entre los prosistas y seguramente único entre los filósofos. Y sin embargo hay muchos otros casos en los que el escritor busca musicalizar su escritura. El más conocido es, seguramente, Thomas Bernhard, quien no sólo buscaba la eufonía de su prosa, sino que también aplicaba una estructura musical a la obra entera. Tiene novelas-sonata, novelas-variación, novelas-poema sinfónico, y así sucesivamente. Un sistema que alcanza el modo perfecto en sus dramas, auténticos cantos sin música.

Podríamos buscar símiles musicales entre escritores que, siendo inevitablemente un juego, no dejaran de decir algo quizás metafórico sobre su obra. Así, por ejemplo, yo diría que la prosa de Juan Benet tiene la desmesura y el carácter rapsódico de Richard Strauss. O que la de Sánchez Ferlosio se eleva con la espiral salomónica de los adagios de Bruckner. El distanciamiento irónico de Nabokov y su elegancia un punto rebuscada me ha recordado siempre a Stravinsky. Aunque sea demasiado obvio, la escalofriante violencia, la desolación de Vasili Grossman le asimila a la familia de Shostakovich. Y entre mis coetáneos más celebrados, si Mendoza tiene la ligereza, la gracia y las dotes humorísticas de Offenbach, Javier Marías, cuya trágica intimidad nunca es estridente, bien podría ser un discípulo del Fauré camerístico. ¿Y no suena Ligeti en los poemas y prosas de mi admirado Francisco Ferrer Lerín?

Con todo lo anterior sólo deseo anunciarles que se ha editado nuevamente la obra para piano de Nietzsche, que me ha parecido tan interesante como ya suponíamos, y que encontrarán una breve crónica en las páginas de esta misma revista.

[Publicado el 05/10/2017 a las 09:00]

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Comentarios (9)

  • Las analogías, de haberlas, que uno no las ve (sin duda porque allende la palabra se abre una región alpina donde sólo el genio agreste y raro de Zatustra, la penetración académica y docta de Azúa o el bocinazo antediluviano de Vd. -sentimental, hiperestésico, pura presciencia poética- alcanzan a encontrar guías, ventisqueros, barrancas y canchales que señalen el camino), se me escapan.

    Uno admite que su alma musical cabe en la caja resonante a muerto de un organistrum o en las voces titilantes y altas del Chiome d'oro de Monteverdi, y que en poco sitio más admite acomodo. Las querellas entre Bruckner, Ferlosio, el anfitrión Azúa y Vd. misma las resolvería uno con escasa finura y a golpe de zanfona por su natural rústico y acometido. Y si fuera menester, témalo, recurriría al boinazo, sede de la única justicia en verdad ecuménica que uno acierta a ver apropiada para estos tiempos cabestriles.

    Siempre me quedará la salida fácil y ochentera de nombrar a Mahler in extremis, cosa que a finales de los años 80 y por virtud presidencial daba mucho crédito intelectuoso. Al menos entre la progresía de aquel tiempo, que a base de leer el Babelia los domingos por la mañana (en alguna terraza soleada y con aspecto de tremebunda resaca apenas disimulada por unas gafas oscuras, un cuello alzado y un segundo café con leche con Fortuna) adquirió intelectualidad en la misma proporción en que el resto la perdíamos.

    Suyo affmo.
    José Antonio Martínez Climent
    En Alicante.

    Comentado por: José Antonio Martínez Climent el 25/10/2017 a las 14:04

  • No es el exceso de adjetivos lo que me preocupa (`mediocre, contingent et mortel´), sino el horroroso name-dropping que una encuesta sobre escritores y músicos puede conllevar. De hecho, conlleva. Quizá podría encontrar un motivo de altercado con Azúa a cuenta del emparejamiento que hace de Ferlosio y Bruckner. Ferlosio es un escritor arrabiato que, no sé, ¿le gustaría una danza de las furias? Bruckner se me apareció en la escena clave de `Lo que se de los vampiros´, donde después de peregrinar entre buscavidas y destrozos el protagonista se encuentra una mañana revolucionaria en Versalles y se serena por un instante antes de que algún sans culotte le devuelva al eterno incordiar. Más un largo maestoso que un adagio. Quizá pudiera llamarse `alborada´ y servir para alguna disquisición académica sobre la elasticidad del tiempo

    Comentado por: zum Heitmitttel und zur Abwehr el 23/10/2017 a las 20:05

  • Eso de ponerse venecianos remite al asunto de la precisión del adjetivo; es acierto del anfitrión haberlo dicho y acierto suyo traerlo a cuenta. No sé si mi boina constitucional, que se diría habita mi cabeza antes de que hubiera cráneo, me permite el preciosismo veneciano o está demasiado sujeta a la severa norma de la rusticidad ibérica. Fumar ya no fumo, así que no puedo hacer como Josep Pla, dar bocanada tras bocanada a una picadura de contrabando esperando que la ruda narcosis convoque al adjetivo justo. Me veo reducido a la condición de ese peón caminero que en alguna carretera secundaria de alguna meseta castellana picaba el alquitrán y quemaba rastrojo de cuneta con la deshabitada convicción de que picar y quemar eran el único modo de pasar la vida en España. Así va extrayendo uno adjetivos, de una mena ruda, ferrugínea o calcárea, radicalmente antimusical y severa en su antivedutismo veneciano. O quizá fuera lo contrario, que el adjetivo así excavado no pueda ser más que ornato gris y pompa de la ceniza. No lo sé; ni tampoco el pico, tan gastado ya, me permite cavar más hondo.

    Y de aquí parte otra rama: nombrar a Pla en estos tiempos es como mentara la bicha. No tanto por su localismo cosmopolita (inmejorable disolvente de la necedad nacionalista), sino porque de su emboinada y bajita presencia esperaría uno un par de adjetivos como escorias blancas dirigidos a quienes hoy más emputecen el adjetivo, volviéndolo infantil, deshuesado, civil, blandamente menstrual, inane, municipal, cursi, lelo, servicial a ideología. No ha andado escaso nuestro anfitrión de adjetivos justos dedicados a la más rigurosa descripción de la horda boba (aunque horda eficaz), y quizá Vd., sin necesidad de ponerse veneciana, también nos regalaría con un pequeño y coqueto catálogo de adjetivos dispuestos a igual fin. Los Pla, los Benet, los Wiedergeburt o los Azúa escasean, la veta adjetival se agota sin que apenas nadie venga a reponerla en su antiguo estatuto, y esa es una pérdida que ninguna lengua puede permitirse sin ver cómo se agosta su madre y se pudre su vigor.

    En suma; no hay preciosismo que desmerezca más que el que está mal hecho, y el estilo lo es todo si en él habita la muerte. Despliegue Vd., Wiedergeburt, sus velas negras, que yo lo apreciaré por lo que vale.

    Lo firma,
    José Antonio Martínez Climent
    En Alicante.

    Comentado por: José Antonio Martínez Climent el 23/10/2017 a las 09:09

  • No crea, esto de rebanar cuellos desde detrás de un teclado es muy adictivo; tan sólo algo que no sé si será sindéresis le avisa a uno desde dentro que se corte. Ya. Visto desde otro mirador, también le diré que las matanzas rituales parecen diseñadas para colmatar el/los terrenos con sedimentos de muy poquito valor. Y bueno, siguiendo (y acabando, no porque no se pueda seguir, sino porque me da que nos estamos poniendo preciosistas o, según dirían a nuestro anfitrión cuando era jóven, venecianos) con las parejas lo propio es recordar que Joyce parece haber construido su duermevela de Molly sobre el dueto final del Ritorno d'Ulisse in patria

    Comentado por: Wiedergeburt des deutschen Mythus el 22/10/2017 a las 12:08

  • Estimado Weltspiegel, espejo de bello marco, subsuelo, matriz y referencia:

    No tema Vd. responder o hacer escolios a mis inútiles escolios. El arte de la correspondencia lo requiere, y no es poco el placer que se obtiene de él. Otra cosa es que uno se atenga a la moda secular hoy tan de moda de ir rajando cuellos por La Red por el gusto de indignarse o por dárselas de listo, así sea en forma de inane escolio, en lugar de anotar por el gusto de discutir, por el placer de argumentar; en suma, por satisfacer el vicio de escribir. Una tercera puerta nos llevaría a ese campo tan olvidado hoy de las querellas literarias, que mueve a los contendientes a desplegar ingenio como las fulanas venecianas desplegaban escotes.

    Siendo de natural contemplativo, me quedo con lo del gusto de escribirse una líneas con desconocidos, así quizá Vd., a cuenta de, no se olvide, lo escrito por D. Félix, esas agudas analogías literario-musicales que uno toma por escolios a los libros y otro por escolios a los discos. No me crea por ello inerme, pero no veo a santo de qué en esta mañana santa y pía de Noviembre, bajo un sol africano e impropio, habría de enfebrecerme hasta soltar cortantes agudezas por ver quien gana el asalto.

    Al Sr. Benet sólo le vi una vez, y no siendo uno fetichista ni fanático (aunque me rinda ante su altura inalcanzable en punto a letras) así estuvo bien; otros más cercanos, o quienes vivieran bajo su techo, sabrán si como Vd. apunta recibió alguna de las bendiciones de la vida burguesa, que pocas no son si se saben aprovechar. En este punto reléase a Fukuyama y celébrese que la Historia no puede acabarse ni siquiera por efecto de la isostasia burguesa, tan precaria si bien se mira: fíjese que basta el empellón de una peluda cohorte de universitarios marxistas (con perdón) para que retiemble como una virgen prerrafaelita.

    Llegado aquí me reafirmo en lo antedicho: la música de fondo la ve uno como mero aderezo sentimental, como baratija del espíritu, como rebajamiento prêt-à-porter de la potencia musical: así como el silencio (la extinción del mundo) es condición para la lectura, escuchar a Isolda dar gritos tudescos, a Calas gorgoritos de perlas o burbujas de yate y Costa Azul, o a Emanuela Galli desmenuzando trinos de Monteverdi en doradas semicorcheas mientras friega la cocina o desroña azulejos le parece a un servidor un soberano desperdicio de melos, un terrible derroche de eros, una enorme fuga de sustancia por el portalón (¡aquí va!) burgués que da entrada y salida a nuestra vida socialdemócrata y mesocrática.

    Más no tema. Si algo aborrecemos es la pureza ideológica. Poco importa que esta sea hoy la moneda más valiosa, sin duda porque es la más barata y la peor mezclada. Y así le digo que ayer sin ir más lejos preparé un bacalao con acelgas y ajos mientras sonaba por detrás un madrigal italiano espigado y luminoso; que anteayer limpié el polvo de mi mesa al son de una pavana, y que el mes pasado, pecado nefando, barrí la terracita de mi aburguesado piso alquilado sin que me diera tiempo a quitar el Agnus Dei de Samuel Barber.

    Lo firma este suyo affmo,
    José A. Martínez Climent

    Comentado por: José Antonio Martínez Climent el 21/10/2017 a las 11:42

  • Iba a dejarlo correr, Climent, porque lo de contestar a una contestación a un comentario ya me parecía el colmo del escolasticismo, que no es que esté mal, pero que se aviene poco a mis gustos y capacidades. No obstante, su mala visión de lo `burgués' me ha producido un afán correctivo que es tan obvio...¿Qué es un burgués sino alguien que tiene casa en la sierra, suponemos que aparte de la de uso normal? ¿Qué se entiende que es un profesional liberal bien remunerado como espero que Benet lo fuera? Su afición confesa a lo decimonónico en música bien podría tender a eso que llama 'sentimental', pero hay cosas -me parece- perfectamente intelectuales en la música de cámara que tienen poco que ver con la música de anuncio de seguros de vida que cualquiera tiende a recibir con impaciencia cuando se cruza en nuestro camino. En su última novela, por lo demás, el protagonista es un músico que llega a luchar por el lado republicano de la guerra del 36 (¿Y es un traidor, como se le antoja a un compañero de armas? Yo, siento confesarlo, soy demasiado obtuso para decidir) y al final, en algo que puede parecer un excurso o puede parecer una mirada en el corazón de las cosas, arregla lenta y decididamente una espineta . No sé si la descripción que hace del músico da a entender un personaje afín a Viñals, que se quedó traspuesto oyendo en el piso de al lado a algien intentando sacar una branle. Si sigue usted usando la palabra burgués sin ton ni son le propondría dejar el whisky (¡puaj!) y leer o releer los tres tomos de Miró en la Castro. A palo seco.

    Comentado por: Untergrund und Voraussetzung des Volksliedes el 20/10/2017 a las 18:40

  • Dice bien el (o la) Weltspiegel suprafirmante: la música tenga su sitio y no sirva de aderezo para otra cosa que no sea lo que ella transporte. Escuchar música de fondo se antoja cosa burguesa y sentimental, como si la teodicea sónica de Bach fuera miscible con el puré de patatas que cocinamos mientras suena de fondo el Magnificat. No, no caigamos en el pecado mortífero, portador de muerte, de la yuxtaposición: a cada cosa su lugar, con la soledad que le da dignidad y presencia.

    Más, ay, he de reconocer que para las tardes de invierno en la sierra, para acendrar en nuestro ánimo toda la soledad y el frío del monte, para certificar ante la copa de escocés que nos acompaña que de no ser por ella casi casi nos podríamos volar el alma de los sesos con la carabina oxidada que cuelga junto a un trofeo apolillado en la pared, el melancólico Vals K bien podría sonar de música de fondo. Si Juan Benet se resistió a sus decadentes encantos y salió vivo de escucharlo (más seguramente herido en el fondo por las nostálgicas corcheas), séanos dado a nosotros resistir a su agrisada seducción.

    José Antonio Martínez Climent
    En Alicante.

    Comentado por: José Antonio Martínez Climent el 17/10/2017 a las 14:23

  • "Todos los que sentimos alguna afición por la música compartimos una profunda simpatía hacia Nietzsche". Si, claro, porque Azúa lo diga. Yo creo sentir "alguna afición por la música" y no siento "una profunda simpatía hacia Nietzsche". Vamos… ni "profunda" ni somera. Así es que ese "todos" a lo mejor se refiere a él y unos cuantos que conoce. ¡Qué rigor en el razonamiento el de este intelektual!

    Comentado por: Dionisio García el 12/10/2017 a las 12:34

  • Por ser pedestre, que es la forma de ir a todos los sitios, uno podría empezar por las declaraciones de los propios implicados: Proust parece que al final de su vida tenía alguna paleograbación de la pavana para una infanta difunta que uno ve perfectamente en el sepulcral último reencuentro de todos sus personajes en la matinée de Guermantes. Te raspas un labio con el apresto de la servilleta y es como si te volvieras a medias y encontrases a Jupien, Oriane, la Verdurin...quien sabe, en estas ceremonias de sociedad. Quienes no gusten particularmente de las mismas pueden recordar al narrador cuando se queda quietoparado delante de un seto de majuelo, y aquí si que es obvia la marcha de los peregrinos de Tanhauser. Benet incluye/ía al final de Viaje de Invierno la partitura del Vals K, como un rondó o si se quiere como un rodamiento cuyo acompañamiento musical hipotónico y cansino previene que todo está previsto y al final...,bueno, todos debiéramos de saber lo que hay al final pero ahí lo dejó. Y jamás escuchar música mientras se hace otra cosa, prego.

    Comentado por: musikalicher Weltspiegel el 06/10/2017 a las 16:04

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) es su último libro.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 




 

Ensayo

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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