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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 17 de octubre de 2017

 Blog de Félix de Azúa

La vida es música

Todos los que sentimos alguna afición por la música compartimos una profunda simpatía hacia Nietzsche. No sólo nos interesan sus escritos o su pensamiento, sino que nos emociona el personaje y la profunda pasión musical que le acompañó hasta la muerte. Incluso durante los once años de encierro en el nosocomio, también entonces Nietzsche se pasaba horas y más horas improvisando al piano. Así había sido toda su vida, desde aquella primera versión a cuatro voces de la coral que había sonado en el funeral de su padre, cuando Nietzsche tenía cinco años. La escribiría cinco años más tarde. Nunca la olvidaría.

Nadie ha tenido en más alto concepto a la música en tanto que voz del pensamiento. Creía sin reservas en la capacidad de la misma para alcanzar significados que ningún otro lenguaje puede alcanzar. Su filosofía es tan arrebatada justamente porque quiere ser musical en un sentido profundo: "Querría fundirme en las tinieblas de un huracán y en mis últimos momentos ser hombre y relámpago simultáneamente", escribió en la época dionisíaca de su Zaratustra. Y así fue, en verdad. Acabó fulminado por el rayo de la locura y abrazado a un caballo al que su dueño azotaba.

Cuando Nietzsche escribía, leía en voz alta cada párrafo buscando la eufonía y los corregía una y otra vez hasta que sonaban en verdad con la música buscada. Es el mismo procedimiento al que sometía su prosa Flaubert, un método típico de los escritores de versos, pero raro entre los prosistas y seguramente único entre los filósofos. Y sin embargo hay muchos otros casos en los que el escritor busca musicalizar su escritura. El más conocido es, seguramente, Thomas Bernhard, quien no sólo buscaba la eufonía de su prosa, sino que también aplicaba una estructura musical a la obra entera. Tiene novelas-sonata, novelas-variación, novelas-poema sinfónico, y así sucesivamente. Un sistema que alcanza el modo perfecto en sus dramas, auténticos cantos sin música.

Podríamos buscar símiles musicales entre escritores que, siendo inevitablemente un juego, no dejaran de decir algo quizás metafórico sobre su obra. Así, por ejemplo, yo diría que la prosa de Juan Benet tiene la desmesura y el carácter rapsódico de Richard Strauss. O que la de Sánchez Ferlosio se eleva con la espiral salomónica de los adagios de Bruckner. El distanciamiento irónico de Nabokov y su elegancia un punto rebuscada me ha recordado siempre a Stravinsky. Aunque sea demasiado obvio, la escalofriante violencia, la desolación de Vasili Grossman le asimila a la familia de Shostakovich. Y entre mis coetáneos más celebrados, si Mendoza tiene la ligereza, la gracia y las dotes humorísticas de Offenbach, Javier Marías, cuya trágica intimidad nunca es estridente, bien podría ser un discípulo del Fauré camerístico. ¿Y no suena Ligeti en los poemas y prosas de mi admirado Francisco Ferrer Lerín?

Con todo lo anterior sólo deseo anunciarles que se ha editado nuevamente la obra para piano de Nietzsche, que me ha parecido tan interesante como ya suponíamos, y que encontrarán una breve crónica en las páginas de esta misma revista.

[Publicado el 05/10/2017 a las 09:00]

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Comentarios (3)

  • Dice bien el (o la) Weltspiegel suprafirmante: la música tenga su sitio y no sirva de aderezo para otra cosa que no sea lo que ella transporte. Escuchar música de fondo se antoja cosa burguesa y sentimental, como si la teodicea sónica de Bach fuera miscible con el puré de patatas que cocinamos mientras suena de fondo el Magnificat. No, no caigamos en el pecado mortífero, portador de muerte, de la yuxtaposición: a cada cosa su lugar, con la soledad que le da dignidad y presencia.

    Más, ay, he de reconocer que para las tardes de invierno en la sierra, para acendrar en nuestro ánimo toda la soledad y el frío del monte, para certificar ante la copa de escocés que nos acompaña que de no ser por ella casi casi nos podríamos volar el alma de los sesos con la carabina oxidada que cuelga junto a un trofeo apolillado en la pared, el melancólico Vals K bien podría sonar de música de fondo. Si Juan Benet se resistió a sus decadentes encantos y salió vivo de escucharlo (más seguramente herido en el fondo por las nostálgicas corcheas), séanos dado a nosotros resistir a su agrisada seducción.

    José Antonio Martínez Climent
    En Alicante.

    Comentado por: José Antonio Martínez Climent el 17/10/2017 a las 14:23

  • "Todos los que sentimos alguna afición por la música compartimos una profunda simpatía hacia Nietzsche". Si, claro, porque Azúa lo diga. Yo creo sentir "alguna afición por la música" y no siento "una profunda simpatía hacia Nietzsche". Vamos… ni "profunda" ni somera. Así es que ese "todos" a lo mejor se refiere a él y unos cuantos que conoce. ¡Qué rigor en el razonamiento el de este intelektual!

    Comentado por: Dionisio García el 12/10/2017 a las 12:34

  • Por ser pedestre, que es la forma de ir a todos los sitios, uno podría empezar por las declaraciones de los propios implicados: Proust parece que al final de su vida tenía alguna paleograbación de la pavana para una infanta difunta que uno ve perfectamente en el sepulcral último reencuentro de todos sus personajes en la matinée de Guermantes. Te raspas un labio con el apresto de la servilleta y es como si te volvieras a medias y encontrases a Jupien, Oriane, la Verdurin...quien sabe, en estas ceremonias de sociedad. Quienes no gusten particularmente de las mismas pueden recordar al narrador cuando se queda quietoparado delante de un seto de majuelo, y aquí si que es obvia la marcha de los peregrinos de Tanhauser. Benet incluye/ía al final de Viaje de Invierno la partitura del Vals K, como un rondó o si se quiere como un rodamiento cuyo acompañamiento musical hipotónico y cansino previene que todo está previsto y al final...,bueno, todos debiéramos de saber lo que hay al final pero ahí lo dejó. Y jamás escuchar música mientras se hace otra cosa, prego.

    Comentado por: musikalicher Weltspiegel el 06/10/2017 a las 16:04

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) es su último libro.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 




 

Ensayo

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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