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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 5 de agosto de 2020

 Félix de Azúa

Un empleado ejemplar

El Museo Cantonal de Bellas Artes de Lausana está en el Palais de Rumine, un espanto historicista, imitación del Palacio Pitti, con dos columnas gigantescas en la entrada tan grandes como las de los dogos venecianos, pero con esfinges en lugar de leones.  El interior es inenarrable. Allí penetro fieramente, dispuesto a todo.

El encargado del museo me atiende a la entrada. Está desolado.  Es un hombre de unos sesenta años, alto, con un hermoso bigote Bismark, bien trajeado y toda la pinta de ser un excelente pescador de caña.

Pregunto por la colección y en especial por un paisaje de Marquet que me ha traído hasta aquí. El funcionario se desuela, como dice Carlos Albisu; es decir, abate los brazos, alza los hombros, mira al suelo y luego al techo, pone los ojos en blanco, en fin, hace el número completo de María Magdalena. Y me entrega un cataloguillo. Es una retrospectiva de Tom Burr titulada «Extrospective» para evitar términos vulgares.

“!Se lo han llevado todo, caballero! !Todo, incluido el precioso género de Marquet! ¡Todo empaquetado, todo a los almacenes! En su lugar han puesto ESTO”.

Señala algunas piezas de la primera sala. Son las cosas habituales de Burr, cadenas, cueros, gomas, hierros… El encargado compone un gesto de emperador romano indicando las ruinas de Palmira.

“No se preocupe (le digo para consolarle), no importa. También hay que mostrar las producciones actuales. Y veo que proyectan una película de Kenneth Anger. Es interesante”.

“¿Interesante? ¿En verdad? Como desee el caballero. Yo diría, yo diría… En fin, yo diría muchas cosas, pero no me está permitido. Tengo mi responsabilidad, ¿sabe usted? En la república confederal todos somos soldados. Pero imagine mi posición. Soy yo quien recibe a los visitantes, ¿comprende? Y quien da las explicaciones, ¿verdad? ¿De dónde viene usted, si no es indiscreción?”.

“De Ouchy”.

“Espléndido lugar. Magnífico panorama”.

Hablamos un rato sobre los hoteles favoritos de los zares de Rusia. Tiempos aquellos. Me despido y voy saliendo, cuando me llama discretamente y se acerca con cierto nerviosismo.

“No ha perdido el tiempo, caballero. He tenido una gran idea. Cruce la plaza y entre en la Brasserie Le Vaudois. Hoy tienen caquelon de vigneron. Que pase usted muy buen día”.

Le obedezco.

Solo después de comer un tremendo servicio de caquelon de vigneron descubro que he devorado un caballo. Me siento como un caníbal. A Kenneth Anger le habría entusiasmado.

[Publicado el 02/6/2006 a las 07:30]

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Comentarios (19)

  • ...en fin, “el mundo”, porque el mundo no es otra cosa que un marco teórico.

    ...desigualdad a nivel global... la pobreza en la mayor parte del mundo... la muerte prematura de millones de personas... los nuevos colonialismos economicos... la existencia de esclavos y esclavas (sexuales) en los tres mundos... las guerras imperialistas... las represiónes estatales, guerras civiles o terrorismo provocados por la industria del armamento...

    ...hay mundos prácticos que se salen de los marcos teóricos...
    Cada vez que paso por este blog tropezón y grito, nada mas, ya lo dije en su dia...solo soy un bocazas...un beso, ankapalo...

    Comentado por: ankapalo el 18/6/2006 a las 09:02

  • Los dos sueños son seguidos. Y parece como si el segundo fuera continuación del primero. Lo que lo hace un todo un poco más desagradable.
    En el primer sueño acabo estirado en la cama. Este segundo empieza cuando me despierto sobresaltado dentro del propio sueño.


    Pesadilla 2

    Me despierto sobresaltado gracias a una alarma silenciosa que hay en la habitación. Miro la alarma -es como un pequeño plasma-, me indica que el peligro en casa está al máximo nivel -para indicar el nivel de alerta el artilugio tecnológico hace referencia a una forma de gobierno. En la pantalla leo teocracia!!???-.

    Sigo en la cama despierto, y a lo lejos creo oir el ruido de una discusión entre un hombre y una chica joven, pero la discusión es muy apagada, casi inaudible si no fuera por los agudos de la chica. Fijo la mirada otra vez en la pantalla, no hay duda el peligro está en este piso. Asustado, intento levantarme y agarrar la espada que reposa en una de las paredes de la habitación. Es una espada de los toraja de indonesia, con una vaina muy particular hecha de madera y recubierta de pelo animal, del final de la vaina pende un cordón de cuero que liga una suerte de colmillos no humanos. Debido a este cascabel improvisado, la espada produce un gran estruendo al más leve movimiento. Decido deslizar la espada suavemente separándola de la vaina. Lo consigo. El filo está oxidado y no parece estar demasiado aguzado, aún así pienso que una diestra estocada puede dejar a los intrusos lo suficientemente heridos para procurarme una salida airosa.
    Los gritos agudos de la chica acallan, y oigo unos pasos acercándose a la habitación. De repente...zas! De nuevo me encuentro en la cama pero sin la espada. Sigo oyendo los pasos acercándose. Me las arregló para levantarme presto y agarrar la espada que saco lisamente, sin ruido. Voy hacia la puerta de la habitación donde oigo más claramente unos pasos y una respiración desasosegada. La respiración me produce un temor inexplicable y empiezo a intentar gritar pero lo único que sale de mis cuerdas vocales es un susurro grave y ahogado, insuficiente para ahuyentar al intruso que está al otro lado. De repente zas! Vuelvo a estar en la cama, ahora paralizado, no puedo moverme ni alcanzar la espada, ni gritar ni nada. El corazón empieza a bombear fuerte.

    Me despierto ( al fin!!!) de verdad. Abro la luz.

    Comentado por: Tipo de incognito el 05/6/2006 a las 04:04

  • Procedo ahora a relatar las dos pesadillas que justifican mi presencia ahora aquí,a estas infames horas de la madrugada, con la esperanza de que al escribirlas adquieran el tono de ficción suficiente que me permita dejar de pensar en ellas.

    Pesadilla 1

    Me voy a la cama, muy dormido. Las dos persianas de los ventanales de la habitación, que está a oscuras, están abiertas e intento cerrarlas con los ojos cerrados. Empiezo el proceso que, a pesar de tener los ojos cerrados, tengo bastante controlado gracias al ruido de las láminas al chocar contra el suelo y gracias a la disminución de la tensión de la correa al irla soltando. Creo haber terminado y abro los ojos para una comprobación final que me asegure el éxito del proceso. Una está abierta y la otra cerrada. Decido volver a empezar todo el proceso, los ojos se vuelven a cerrar. Termino, abro los ojos...todo sigue igual: una persiana está abierta y la otra cerrada. El mismo suceso se repite un par de veces más en dos intentos fracasados. Estoy desolado. Decido abrir el ventanal y salir afuera, a la terraza. Busco una maceta grande y empiezo a mear dentro. El tiesto da vida a una planta muy grande pero la tierra no es tierra es gravilla rocosa la cúal facilita el drenaje de mi pis que se escurre hasta el final de la maceta y se desagua, desparramándose, por todo el suelo de baldosas.
    Me percato del percal que estoy montando pero decido no parar hasta tener la vejiga vacía.
    Al terminar vuelvo a entrar en la habitación. Cierro las persianas con asombrosa facilidad y me echo a la cama.

    Durante el sueño tengo el convencimiento de que soy Luís Racionero!!!??? Pero más viejo y débil.


    Comentado por: Tipo de incognito el 05/6/2006 a las 03:26

  • ¡Tengo tanta hambre que me comería un caballo! La expresión popular desvela la hipérbole del "canibalismo" y lo reduce a su dimensión de gula, un pecado, aunque capital, sin el lustre transgresor del otro.
    ¡Me montaría una yegua! Esta expresión, no popular, que susurró mi amigo Aquiles de Virginia al paso, más bien trote, de una concha funesta para su deseo, retrata otro pecado capital, una lujuria, al contrario que la de Félix, insatisfecha (remito al muy poco conocido texto azuano "Retrato de la artista como yegua joven" que he tenido el placer de vertir como "Portrait of the artist as a young Mare"). Ahí sí que se percibe la avidez del caníbal.

    Comentado por: Hyeronimus Cock, grabador a fuego lento el 04/6/2006 a las 21:26

  • [Perdónenme si generalizo]

    Será que una es merodeadora y esto requiere inmersión previa, pero ¡qué apreciación topográfico-catastral de los textos la suya! y qué afán lanza-en-ristre por proteger los baluartes de tantos.

    Pero cada cual es libre de divertirse como le plazca, y ustedes parecen tan felices, que más que criticarles les aplaudo.

    Comentado por: Lux el 03/6/2006 a las 18:29

  • Cito textualmente de Los caballeros del punto fijo:
    "Su problema, y el de muchos escritores de la escuela de barcelona, no fue sino que la vida, su posición social, su dinero, incluso su diletantismo, les puso en una terraza con un gin-tonic en la mano"
    Y sigue: "...tuvieron la desgracia de ser comunistas sin poder dejar de ser señoritos."
    Y más: "Eran, como buenos intelectuales burgeses, mitómanos, creían e todas esas cosas, la literatura, el whisky, Eliot, Baudelaire, Fitzgerald. Todo en el mismo plato el whisky y el alejandrino"
    Luego a propósito de G.de Biedma: "si uno pisa la sombra de G. de B., incluso con respeto o descuido, descargarán sobre él y al unísono todos los colt 45 del saloon."

    No se le puede quitar la razón a Trapiello. Además con el ritmo inocente -casi de incosciencia- que imprime al relato, es muy difícil llevarle la contraria, porque parece que si lo haces -contradecirle- se descompondrá en agüita salada.
    A mi me gusta mucho Trapiello, también me gusta Gil de biedma, también me gusta Baudelaire, también me gusta Juan Ramón Jimenez, también me gusta Azúa...Son todos ellos claros y oscuros que retratan un cuadro literario precioso.

    Comentado por: Tipo de incognito el 03/6/2006 a las 14:11

  • No entiendo, por ejemplo, como J.M se atreve a calificar al de Manzaneda de Torío como "el más inepto de España". Y tampoco entiendo el escupitajo que éste último le propina a Gil de Biedma. No sé, me parece todo muy confuso.

    Comentado por: Tipo de incognito el 03/6/2006 a las 13:48

  • Los defensores contraproducentes

    De la misma manera que hay elogios envenenados y amigos que nos perjudican, hay cosas a las que con frecuencia les salen defensores contraproducentes, y entre las que más los padecen están el libro y la lectura, cuya muy esforzada fiesta se celebra hoy, más o menos. Soy lector voraz desde la infancia, y si algo lamento de escribir yo libros, es que hacerlo me quite tantísimo tiempo para leer los de otros: por cada página a mí debida (que tantos agradecerían que me ahorrase), dejo de disfrutar unas cincuenta ajenas, y quizá es un cálculo optimista. Con los elogios dañinos lo tiene uno claro: a mí me preocuparía mucho y me llevaría un gran disgusto si un día los recibiera, cómo decir, de Sánchez Dragó o Trapiello o Jiménez Losantos (por suerte no hay peligro), y anduve muy feliz y “corroborado” cada vez que Campmany, el columnista franquista, me dedicaba algún insulto, significaba que estaba en la buena senda. Con los amigos perjudiciales el asunto es más confuso, porque al fin y al cabo son eso, amigos, y uno no puede por menos de ver la excelente intención que los anima cuando nos ponen sin querer en un brete o no nos dejan respirar con sus solicitaciones. Con los defensores que hunden, la cuestión es aún más ardua, porque no va uno a abandonar, por su culpa, lo que le parece magnífico y le proporciona placeres y saberes sin cuento, pero tampoco puede hacer caso omiso de los tiznones que sobre ello arrojan esos paladines con sus obviedades, sus lugares comunes, sus cursilerías y su actitud mendicante, por no decir casi ceniza.

    Si alguna vez me veo tentado de moderar mis lecturas y espaciar los libros –renunciar a ellos no es posible–, es precisamente por estas fechas, cuando arrecian los plantos sobre su destino amargo. Se organizan congresos quejumbrosos, escribimos despechados artículos, se dedican tristes suplementos para lamentar la situación, y los argumentos no varían y son siempre absurdos: se lee tan poco en España, donde se publica tanto, por la desleal y horrible competencia de la televisión, de Internet, del cine, del botellón, de los vídeojuegos y de las playstations, si es que estas últimas dos cosas no son la misma, que lo ignoro y ustedes perdonen; la sociedad se analfabetiza progresivamente, cada vez más jóvenes son incapaces de entender y digerir un texto por sencillo que sea, cada vez más adultos andan embrutecidos por la plaga del fútbol o por la del chismorreo sobre desconocidos que ni les van ni les vienen, la red de bibliotecas es una porquería, los medios de comunicación de masas apenas se ocupan de la literatura o la ponen en manos, durante lustros, de lectores tan garrulos y gárrulos como el susodicho Dragó y así no hay quien atraiga sino quien ahuyente…

    Yo no veo apenas diferencias respecto a tiempos pasados, o si las veo son a favor de los libros. La gente olvida o ignora que autores que hoy nos parecen indiscutibles (Baroja, Valle-Inclán, Unamuno, por no hablar de los poetas) solían vender mil o dos mil ejemplares de sus obras a lo largo de varios años, o que Faulkner tuvo que empezar Santuario con una escabrosa violación con mazorca de maíz –y seguir luego en plan parecido– para ver si los lectores le hacían maldito el caso. Quienes hoy se apalancan ante la televisión y demás, ayer se habrían ido al casino, a los espectáculos de variedades, al circo, a tomar chatos y jugar dominó o a pasear por las explanadas (hoy no hay sitio por el que pasear alguno, en Madrid al menos, y eso debería fomentar la lectura). Antaño no había campañas institucionales que instaran a leer a la gente, lo cual, dado como suelen ser de deprimentes, probablemente era una ventaja. Y lo que desde luego no había es esa continua y fastidiosa queja que resulta contraproducente, ya digo. Un producto cuyos artífices lloriquean no resulta nada atractivo; un gremio que mendiga compradores, sin ningún orgullo, da la impresión de estar derrotado; vulgaridades como las que he leído estos días (“lo que hace la literatura es acercarnos a otros modos de amar, de vivir, de sentir”, según un conocido crítico que se rompió la frente) no invitan a abrir volúmenes, sino que disuaden; lamentar que no se lea y a la vez deplorar que se lea, si lo leído son bodrios como El código Da Vinci y demás enigmas idiotizantes, es un ejercicio de hipocresía que no favorece a los defensores de las letras, quienes parecen estar pidiendo que se los lea a ellos o a sus recomendados y no que se adquiera el hábito; propugnar la obligatoriedad de la lectura a los más jóvenes resulta de por sí antipático y equivale a reconocer una impotencia, un fracaso. Mejor sería persuadirlos.

    Los defensores del libro deberían ser más arrogantes, exhibir más seguridad, presentarlo como algo envidiable que no está al alcance de cualquiera (sí económica, pero no intelectualmente), y hasta atreverse a compadecer a quienes no lo frecuentan, pobres y disminuidos diablos. Nada atrae tanto como lo que se muestra indiferente y aun desdeñoso, se hace de rogar, se pone difícil. No sé, tal vez esto tampoco sirva, pero, vistos los efectos de la actitud contraria, de la pedigüeña, tristona, resentida y sórdida, es al menos una idea. Aunque sea antigua.

    JAVIER MARÍAS

    El País Semanal, 23 de abril de 2006

    Comentado por: Javier Marías el 03/6/2006 a las 13:37

  • A raiz del conflicto abierto entre escritores de alcúrnia benetiana y los detractores de ésta, se questiona uno el porqué de la necesidad de adquirir un sentimiento de pertenencia a un u otro estilo. ¿Acaso no pueden ser dos estilos -en apariencia incompatibles- objeto de deleite del lector globalizado? No es ese el correcto sentimiento apátrido que debería tener el escritor?
    No entiendo esta necesidad de poscionarse, esta necesidad de pertencia a un núcleo duro ,irrompible e incorruptible, al que el escritor parece obligado a adscribirse. ¿Tan fantasioso resulta que te gusten a la par los vinos de burdeos y los de borgoña?
    Me parece a mi muy bien que la persona te caiga en desgracia si esta es un poco imbécil, pero criticar a unos o a otros sólo por divergencias nacionalistas, es un tanto hipócrita dada la supuesta naturaleza ácrata del escritor. Hay que practicar el comunismo literario. ¡Seamos todos compañeros!

    Comentado por: Tipo de incognito el 03/6/2006 a las 13:33

  • El escritor catalán Pere Gimferrer ha sido nombrado Duke of Arder, en clara referencia a su poemario Arde el mar.
    Fue el primero en España en hablar del escritor y primer rey de Redonda M P Shiel en su libro Los raros, y uno de los primeros en publicarlo.

    Comentado por: Tipo de incognito el 03/6/2006 a las 13:15

  • Un buen anudador es Pozo y Numa. Ligando cabos sueltos, desliando lios y aclarando dudas a vuelatecla. Yo confieso que siempre llego al blog media horita después de su apertura, es una actitud forzada que me permite tomarme el té con mayor tranquilidad, porqué sé que si se me ha pasado algo el primer comentario de pozo lo aclarará. Gracias Pozo por su maestría.

    Comentado por: Tipo de incognito el 02/6/2006 a las 16:31

  • "Un hermoso bigote bismark"

    Majestuosa frase, me encanta. Debería constar en el catálogo de cualquier maestro de nudos corbateros, seguro que encajaba. Hagamos la prueba:

    MANUAL DEL BUEN ANUDADOR (Básicos)

    1.Ascot de seda
    2.Nudo Windor
    3.Doble bigote Bismarck
    4.Cruzado clásico
    ...

    Encaja, no hay duda.

    Comentado por: Tipo de incognito el 02/6/2006 a las 16:17

  • Salud, Sr. Emprendedor. Se le añoraba. (A la Vizcondesa también). Aunque el Sr. Azúa nos ha tratado bien.
    La quema de museos, otra pedagogía. Buen fin de semana.

    Comentado por: Tipo Material el 02/6/2006 a las 16:01

  • Esto hoy está muy agradable. Parece no echarse a nadie en falta... pero también parece que cualquiera es bienvenido. Da gusto.

    Comentado por: EduardoMora el 02/6/2006 a las 13:58

  • Marquet, el delicado Hokusai de los fauves (en realidad un anti-fauve), destila casi siempre una líquida melancolía de absenta. Su mundo flotante de puentes, riveras y puertos en la distancia de su miopía y de su talentazo tonal es perfecto para ser disfrutado a primera hora de la mañana, cuando no hay nadie en el museo, poco antes de desayunar ostras y champán en una terraza ajardinada.)
    Que le cambien a uno eso por los cacharros de Burr y los tediosos cortos de Anger es un crimen. Pábulo de la Mierda y el Tedio (con maýúsculas). Pábulo del Arte (con mayúsculas). Aquel "colapso heroico" del arte se ha convertido en ceremonia manierista insoportable. Museos de "nuestro tiempo".
    No sólo hay que quemar coches, hay que quemar esos museos que expolian... y no ir con los tiempos.
    (*Hacía ¡meses! que no me dejaba caer por aquí. Saludos al patrono y a los resistentes.)


    Comentado por: (em)prendedor de coches el 02/6/2006 a las 12:39

  • Sr. Grifo:
    Gracias,más pedagogía. A costa del gerundio francés, que nos encanta, o encantándonos que es gerundio, como le genou de Claire.

    Comentado por: Tipo Material el 02/6/2006 a las 10:25

  • *Es un hombre de unos sesenta años, alto, con un hermoso bigote Bismark, bien trajeado y toda la pinta de ser un excelente pescador de caña.*

    Que sea, además, un excelente pescador de caña vuelve creíble al retratado. El encargado es el único personaje 'natural' del relato; y cómplice tácito del narrador (pero preferiría: ...'y (con) toda la pinta...etc).

    *El encargado compone un gesto de emperador romano indicando las ruinas de Palmira.*

    Buen detalle humorístico; y bien situado. No obstante, la redacción es poco clara. ¿Quién indica las ruinas de Palmira?
    Si fuese el emperador romano, necesitaríamos, para evitar la confusión con el encargado, una construcción sin gerundio (que sólo se puede referir al verbo anterior: 'compone'): ...'un gesto de emperador romano que indicase las ruinas'... etc.
    Si se refiriese al encargado, el gerundio debería ir precedido por una coma:
    'El encargado compone un gesto de emperador romano, indicando las ruinas de Palmira.'

    Ya lo sabe el autor (¡y mejor que yo!). Pero sucede que el gerundio francés tiene un encanto de muchacha en zapatillas que uno no sabe (perdón: 'puede') resistir. La costumbre.
    Pues eso.

    Grifo






    Comentado por: Grifo el 02/6/2006 a las 09:59

  • Sr. Pozo:
    Suya es la pedagogía, "el blog de hoy tiene un aire de ‘déja vu’ inefable". Pero no dejaría de ser el post de Azúa unas '52 líneas' recopilables.

    Comentado por: Tipo Material el 02/6/2006 a las 08:54

  • La recurrencia, en el pensamiento de don Félix, del declive de las producciones artísticas contemporáneas, no es cosa nueva ni cosa reciente. Es ya de sobra conocida, por parte de todos sus seguidores y lectores. Es cosa, por otra parte, del llamado Nihilismo Técnico. Por eso el blog de hoy tiene un aire de ‘déja vu’ inefable. Cuesta repetirse, pero es el precio de la pedagogía. Aunque a veces, el camino más recto no sea el más pedagógico, ni el más sensible. Para manejar su descrédito y su impopularidad, no precisa el ‘alter ego’ de un cortés y bigotudo vigilante del Museo Cantonal de Lausana; bastaría su testimonio del concepto que le merece ya Tom Burr, ya cualquier instalación de Mertz, ya cualquier vajilla triturada de Schnabel, ya cualquier alegoría de Beyus, ya cualquier pretensión del arte poshistórico, como dice Danto. Incluso centrar, al descentrado Duchamp.
    Incluso la equivalencia de la gastronomía fuerte, ‘strong, very strong’, de carne de caballo apelmazada, para dar una idea del estómago alterado. Frente a las dulzuras de antaño –equilibradas y ajustadas-, hogaño sólo queda la posibilidad de masticar un ‘caquelon de vigneron’. Como quien mastica pólvora y aguarda el estallido que produce el bolo explosivo en el bajo vientre. No sólo volaran los sesos de Shelley –como ayer-, sino que veremos un esófago estampado contra la pared, como si ya fuera un viejo bodegón que decora las ingestas y las digestiones complacidas.

    Comentado por: El Pozo y El Numa el 02/6/2006 a las 08:20

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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