El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 6 de julio de 2008
Visita
“Hola mamá, buenos días”
“Mira, acabo de ver pasar a tu padre sin el tridente, ha vuelto a dejarse el tridente en el océano”
“¿Estás bien? ¿Tienes frío?”
“No sé qué va a hacer ahora sin el tridente. No debería salir sin el tridente, parece un don nadie. Y todo mojado...”
“No te asustes, sólo te estoy desenredando el pelo. Estate quieta”
“Hace una semana, cuando la boda, también se presentó sin el tridente. Fue muy comentado, claro, tu padre sin tridente es de una vulgaridad...”
“Ya lo sé, mamá. Me lo dijiste el mes pasado. Te ha dado fuerte con lo de Neptuno”
“¿Has llamado a la puerta? Tienes que llamar a la puerta. No debes entrar sin llamar. Aquí todo el mundo entra sin llamar, como si yo no existiera”
“He llamado”
“Pues para algo habrás venido. ¿Ya has tomado una decisión?”
“Pues claro que sí”
“Entonces, ¿te vas a casar conmigo, sí o no? Me gustaría conocer tus intenciones”
“No puedo casarme contigo, mamá, soy tu hija”
“Además, siempre sales sin el tridente y haces el ridículo, ¿me oyes? El-ri-dí-cu-lo”
Las conversaciones con pacientes de Alzheimer, oídas de improviso en un parque, en un hospital, en el metro (ésta la pillé en unos almacenes), son tan conmovedoras como nuestras obras de arte.
La nuestra es una civilización enferma de Alzheimer.
[Publicado el 07/4/2006 a las 09:30]
O antes uno sabía lo q sabia y ahora solo sabe de lo precindible.
Extraña sociedad de refugiados en el Alzheimer. Hartos de escuchar sobre perdidos valores, incapaces ya de contestar los rancios pilares sobre los que reconstruir el imprescindible discurso boreal.
Comentado por: Simon Fisherman el 11/4/2006 a las 17:54
¿Por qué no usa los guiones para los diálogos en vez de las bárbaras comillas? Que lo haga un bloguero que apenas sabe su lengua materna, pase. Pero que lo haga usted, ínclito escritor me da a los demonios.
Comentado por: paqué te lo digo el 10/4/2006 a las 23:42
nunca había entrado al blog de Félix y estoy fascinado por tanta participación!
voy a ver si los interlocutores son los mismos, si si... ¿se identifican entre ustedes?, ¿acaso esto una comunidad virtual?
me huele a que sí, creo que el boomeran enstá comprobando que no es una utopía.
Comentado por: Rodolfo el 10/4/2006 a las 22:49
22:58
Pero entonces tendría que decir "aliento tigruno" y eso es muy raro.
Considera que un gato es como un tigre en pequeñito; ¿quién fue el que dijo que los humanos habíamos domesticado a los gatos para tener la posibilidad de acariciar a un tigre?....o algo así.
Comentado por: cat-woman el 09/4/2006 a las 23:26
Comentado por: francesca el 09/4/2006 a las 22:58
Comentado por: Basho Real el 09/4/2006 a las 22:30
¡Cuánta gente nueva!, ¿han venido a pasar las vacaciones?.. qué bueno, porque yo vacaciones-vacaciones sólo las tendré la próxima semana. Jo tía, menos mal que sacas un tema un poco ligero, es verdad que aquí somos demasiado profundos, oscuros y, bueno, osea......algo pesaditos, yo la primera, osea....lo reconozco. Pero es que no puedo desarrollar mi lado frívolo, fíjate que estoy puestísima en Sienna Miller, el último icono de la moda y que va a sustituir a Kate Moss en la campaña de Burberrys, osea.....que controlo mogollón la cosa fashion. Pero en el fondo a mí quien me tira muchísimo es Marlen Haushofer, han vuelto a hablar de ella en Babelia, tienes que leer algo suyo si no lo has hecho ya, te digo, fíjate en mí, compatibilizo a Sienna Miller con la Haushofer y tan ricamente, no hay como ser multidisciplinaria y holística, ¡heloooooou!.
Comentado por: cat-woman el 09/4/2006 a las 15:53
Jo tía. ¡Qué palo!
He descubierto que mi estilo no es tan trendy como yo pensaba. Y es que de madera de alcornoque no se puede sacar un buen lápiz.
Comentado por: Pedro gimferrer el 09/4/2006 a las 13:12
Jo tía. ¡Qué pasada!
Mi Evicción: Cambiar los gestos de pobre escritor de naturaleza vaga
y hundirme en las huellas de la repetición abestiada.
Comentado por: Pedro gimferrer el 09/4/2006 a las 13:06
Jo tía. Soy un puntazo del mil.
Me montaré un garito de chispa y agudez
citando a estopa en vez de lorca
y metiendo frases de impía naturaleza vil
Comentado por: Pedro gimferrer el 09/4/2006 a las 13:01
Jo tía. Qué guay.
Con mi cool fashion style way me marco un pasodoble de literato
y huyo de la pagana alegoría.
Comentado por: Pedro gimferrer el 09/4/2006 a las 12:56
Jo tía. Francesca eres superbuena persona. No puedo hablar contigo mucho tiempo porque ahora mismo el hilo del tanga se me mete en el culo y me hace superdaño. Además a las once quedé con mis amigos para una fiesta de perros, y a las doce tengo que pedir para el cáncer, Jo tía. Llevo dos horas arreglándome y no encuentro el collar de perlas; y sin collar de perlas no te dejan entrar en ningún sitio. Me aburre un poco todo eso; a veces creo que la gente es supersuperficial, ¿ sabes?, jo tía. Hice lo que me dijiste: me puse frente al espejo pero el espejo no responde. No me importó, porque estoy superbuena y, en vez de pensar, me hice un dedo. Canté una canción nupcial con mi propia mano. Jo tía.
Comentado por: jo tía el 09/4/2006 a las 11:47
Jo tía, no te quejes, que gente divertida como tú y con supermundointerior no te será difícil encontrar. No te desanimes, busca, busca.
Si, por cosas del azar, te sientes sola, (algo bastante improbable), ponte frente al espejo y dialoga; dile lo que ves, y espera a que responda con algún pensamientito-epitafio sobre tan espléndida persona.
Mañana será otro día, tranquila.
Comentado por: francesca el 09/4/2006 a las 02:23
Jo tía. Es que no entiendo nada.Este blog parece un cementerio, y los mensajes son como lápidas, o lapidas, o como se diga, jo tía. No hay ningún estilazo, ni se habla de Prada, ni de Vivien Westwood, ni de Miyake, ni de la madre que los parió, jo tía. Todo es bum bum, bum bum, bum bum, que si esto que si lo otro, que si el alzheimer, que si mira que libre y que listo soy, jo tía, que si méteme la puntita nada más. A ver si el señor de ahí arriba deja de hacer alegorías; porque eso es lo que hace siempre: alegorías, y escribe un poco más claro y distinto. No es que no lo entienda; que lo entiendo, y mucho; y más de lo que quisiera. Claro que yo tengo supermundointerior, ¿ sabes?, jo tía, que es algo que no se puede decir de mucha gente de aquí. A ver. Qué cojones pasa con el alzheimer y con la civilización. Yo soy superpartidaria del alzheimer. Si es que me paso el día recordando cosas que no tienen ninguna importancia, jo tía. Y esas cosas pesan, ¿ sabes?, y las llevas contigo sin poder quitártelas de la cabeza. Y poco a poco te conviertes en esa basura. Y la basura es lo que más engorda. Y engordar, nunca. Nunca jamás. Stop a las retenciones, jo tía. Menos mal que ya estoy aquí, en medio de toda esta gente que parece medio muerta. Escribiendo en sus lápidas pensamientitos. Esto está hecho un asco; así que en el frontal de cada nicho voy a poner unas flores, jo tía. Unos nomeolvides, por ejemplo. Aunque qué me importa a mí toda esta gente superpaleta que no sabe ni quién es Sienna Miller, jo tía, de verdad. Pero lo hago porque sí, jo tía. Unos nomeolvides voy a poner.
Comentado por: jo tía el 08/4/2006 a las 21:51
La conversación que transcribe Félix señala la poca distancia que hay entre la disolución alzheimeriana de los circuitos neuronales del lenguaje y el dadaísmo literario. Más lejos quedan la escritura automática surrealista y los diálogos de besugos.
Comentado por: Altzara el 08/4/2006 a las 21:11
Por dos veces se pregunta Catanedo en Babelia: ¿Dónde se haya el mal?
¿Dónde va a ser, hombre? Ayá, ayá.
Comentado por: Malaya el 08/4/2006 a las 21:04
Creo que la vida no soporta el peso ni la verdad del recuerdo y se autorregula para evitar toda esa cantidad de memoria incontrolable que los ancianos preservan. El alzheimer es el medio del que se vale la naturaleza para borrar la memoria y la evidencia de lo que un día se consideró humano. Así, el sistema, para sobrevivirnos, evoluciona hacia la atrofia cerebral. Nadie quiere recordar, nadie quiere escuchar ni prestar atención. Cada acto se disuelve inmediatamente en la nada. Las huellas desaparecen en las orillas de los mapas vacíos. Yo te diré como será el pasado: ¡ quieres saberlo! ¿ quieres saberlo? Quieres saberlo. ¿Recuerdas a aquel hombre que jugaba con la miga del pan? Se sentaba siempre a la misma mesa, contemplando aquel cuadro pavoroso colgado en la pared blanca. El cuadro mostraba a unos perros persiguiendo a un ciervo en un bosque profundo. Entonces el hombre, sin dejar de mirar el cuadro, acercaba aquella mano muerta al pan y extraía la miga. Durante unos minutos la aplastaba y la moldeaba hasta formar pequeñas figuras de animales que dejaba a su lado, en la mesa, cuando le servían la comida. Nos reíamos de él hasta que un día nos esculpió a nosotros. Eso será el pasado.
Comentado por: mirafiori el 08/4/2006 a las 20:56
Hola, amigos:
Hemos recibido una reflexión, escrita a máquina de escribir. Se ve que es de hace bastante tiempo, pero de un gran interés para quienes gusten de la literatura y deseen reflexionar sobre el arte de escribir.
. Se titula: “Reflexiones de un escritor al que no le publican nada”
Si lo deseas indícanos tu dirección postal y te lo enviamos gratuitamente.
Un cordial saludo. clubcosmopolitadelaescritura@hotmail.com
Juan A. González Pardo
Comentado por: Juan A. González Pardo el 08/4/2006 a las 19:35
Comentado por: Pedro gimferrer el 08/4/2006 a las 02:28
Comentado por: Pedro gimferrer el 08/4/2006 a las 02:19
Comentado por: Pedro gimferrer el 08/4/2006 a las 02:02
Comentado por: Basho Real el 08/4/2006 a las 01:22
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 23:22
Antes pongo otro que también me gustó, es que acabo de descubrir a esa poeta, (en realidad se trata de una estrofa de un poema más largo):
Animal-Hilde Domin
Ósos e pedras
non lanzar
pedras
pedras non non lanzalas.
Construir muros con pedras.
Non construir
muros.
Deixar caer
os brazos
Erguer os brazos
abrazarse
chorando.
Instruccións
para brazos.
Comentado por: cat-woman el 07/4/2006 a las 22:38
21:55
Gracias por la traducción y disculpas Adan por no mandártela, tuve que salir corriendo. Dudaba en la palabra "enfíaste", pero creo que "te enhilas" en le sentido de "te enmarañas" está bien. Tengo que volver a salir corriendo, este desfase horario entre ambas orillas me tiene descontrolada, por cierto Adan ¿tú cómo te las apañas?.
Comentado por: cat-woman el 07/4/2006 a las 22:33
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 22:01
El poema que transcribe cat-woman, 15:44, podría traducirse así: Exilio imperdible/ lo llevas contigo/ te enhilas en él / laberinto plegado / desierto portátil. En realidad parece uno de esos balbuceos y rasgaduras del Paul Celan de Cristal de aliento.Especialmente el de la edición de H. G. Gadamer.
Comentado por: mirafiori el 07/4/2006 a las 21:55
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 21:55
Vivimos en Alzheimer, al principio de una lenta inexorable extinción. La naturaleza está iniciando una mutación pavorosa que borrará todo el pasado humano de la faz de la tierra. Entonces empezára El Mundo Nuevo. Los hombres perderán todos sus recuerdos y no lograrán reconocer a quien pueda dar origen a una descendencia fértil. Ya no serán capaces de identificar a los de su especie, ni sabrán lo que son la audacia ni la alegría. En realidad ya se ha producido una Era Alzheimer: cuando los dioses y hombres decidieron olvidarse mutuamente o cuando ya no nos fue posible descifrar el sentido de la tierra. En algún momento ese secreto se perdió. La amnesia contamina las células vivas en las que puede vivir y reproducirse. Su transformación es continúa de modo que es casi imposible afrontarla. La Nada que se anuncia antes del Mundo Nuevo provoca en el hombre el miedo al espectro del vegetal: la aversión a volverse repugnante, inmóvil, manipulable. Hay una expresión muy bonita llamada: el sueño de la las plantas. Se refiere a la posición que adoptan las hojas, pétalos, etc., en relación con las alternativas de día y noche, o con luz y calor muy intensos. Avanzamos hacia este sueño primordial. Pero llegará un momento en que el azar humano volverá otra vez a la piel del mundo y recorrerá paisajes que al principio apenas alterará ni modificará; los atravesará como un fantasma, deslumbrado esta vez por esa luz que no es la suya. Poco a poco, irá sintiendo ese deslumbramiento como una herida que le producirá resentimiento y aprensión. No se sabrá mejor que las bestias que lo rodean. Aquí sufrirá el temor al espectro del animal. Luego, todo adquiere una velocidad insoportable y, después de los primeros poetas, la tierra empezará a llenarse de fábulas y de eternidad, se propondrá un destino, y muchos, en vez de contentarse con la felicidad de los abandonados, reclamarán para sí el destino de los elegidos. Y el mundo volverá a empezar otra vez, pues todo parece fluir como una lenta e insalvable recurrencia. La Historia dejará una inmensa cantidad de cadáveres. No podemos retroceder hacia esos rostros porque el viento, como escribió uno de esos poetas, nos arrastra hacia el futuro. Y llegaremos a donde estamos ahora: perturbados por el espectro de lo humano. Todo el olvido que nos permitimos atrae hacia la nada toda la luz y la fuerza que nos protegen. Y ¿ qué va a ser de nosotros sin la energía del recuerdo?.
Comentado por: mirafiori el 07/4/2006 a las 21:36
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 21:33
Necesito decirlo. "Funes el memorioso" es el cuento que más me ha impresionado de todos los que he leído hasta ahora.
¡Buen fin de semana!
Comentado por: alejandra el 07/4/2006 a las 21:03
Viernes por la tarde. Los viernes por la tarde uno se siente bien...
Me voy al cine o... ya veremos.
Pásenlo bien.
Comentado por: mari@sanchis el 07/4/2006 a las 21:03
Comentado por: mari@sanchis el 07/4/2006 a las 20:54
Además se come bien y se pueden dar bonitos paseos, dicen. Buen lugar para juntar las manos a la espalda y charlar sin prisas por los senderos,o subir al monte y ver desde allí el mar, digo yo...
Comentado por: mari@sanchis el 07/4/2006 a las 20:26
Cerca de Elizondo y del puerto de Velate, existe un caserío convertido en hotel que merce la pena visitar. Creo que fue de un hombre que marchó a buscar El Dorado. El caserío se llama Señorío de Ursúa. Excelente lugar. Bosques da hayas, caballos salvajes...
Ah, está en Navarra, cerca de la frontera.
No me pagan por la publicidad, pero es que mi familia acaba de enviarme fotos y he alucinado en colores... Mola mazo.
Comentado por: mari@sanchis el 07/4/2006 a las 20:19
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 19:34
Desde que leí la referencia del libro "La mente de un mnemonista" de Luria en el DICCIONARIO DE LAS ARTES, busco, sin éxito, encontrarlo en alguna librería. ¿Alguién sabe dónde conseguirlo?
Un texto que les puede interesar:
LA MENTE DE UN MEMORIOSO
Reforma, 29 de junio de 1995 A la memoria del mnemonista
El personaje principal de "Funes el memorioso", cuento escrito por Borges en 1942, es un hombre que no podía olvidar: "[...] no sólo recordaba cada hoja de cada árbol, de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado." No sé si Borges llegó a conocer a alguien con esa característica, pero su historia no es tan fantasiosa como podría parecer. Entre 1920 y 1950, el gran psicólogo ruso A. R. Luria (uno de tantos científicos "descubiertos" por Occidente después de la era de Stalin) tuvo la oportunidad de conocer y estudiar un curioso personaje que bien pudo ser un modelo para el Funes de Borges. Su experiencia está narrada en un libro intitulado La mente de un mnemonista.
El mnemonista de Luria, después de fracasar en diversos empleos, se ganaba la vida dando exhibiciones. Podía recordar larguísimas series de números, letras o palabras, que retenía en su mente indefinidamente, durante años, sin que se borraran. Luria comprobó que su memoria no tenía límite medible; el problema del mnemonista consistía más bien en poder olvidar, para lo cual tenía que recurrir a diversos trucos mentales que le costaban un gran esfuerzo.
El "secreto" del mnemonista consistía en una capacidad hipertrofiada para transformar cada idea, palabra o número en una imagen tan vívida que llegaba a confundirla con la realidad. Sin embargo, esa misma capacidad extraordinaria le impedía pensar en forma abstracta y comprender cabalmente lo que escuchaba o leía; en palabras de Luria: "cada detalle en el texto producía nuevas imágenes que lo llevaban lejos; más detalles producían aún más detalles, hasta que su mente se volvía un caos virtual."
Así, por ejemplo, el hombre de la memoria prodigiosa reconocía con dificultad el rostro de las personas. Esto se comprende por el hecho de que las diferencias entre los rostros son mínimas, y si reconocemos a alguien es por algunos ligeros detalles distintivos que aislamos inconscientemente (el caricaturista justamente sabe reconocer esos detalles para magnificarlos). Para el mnemonista, en cambio, las caras eran sólo "conjuntos de luz y sombra".
Otro ejemplo significativo: en cierta ocasión recordó todos los números de una larguísima serie que empezaba 1234 2345 3456 4567 ..., sin darse cuenta de la regularidad escondida, que le hubiera permitido a cualquier persona normal recordar fácilmente esa misma serie. Tal como el memorioso de Borges: "era incapaz de ideas generales, platónicas... le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara, tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversas formas."
Supongo que el mnemonista de Luria y el memorioso de Borges son dos casos que representan lo más que puede una mente humana parecerse a una computadora. Pero pensar implica mucho más que acumular información y transformarla en imágenes o corrientes eléctricas. El memorioso de Borges "no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos". Más que acumular, se requiere descartar una buena parte de la información percibida y seleccionar sólo lo importante.
El estudio organizado de la naturaleza tiene semejanzas con el acto individual de percepción. Para lograr el conocimiento científico es necesario reconocer y seleccionar los detalles significativos, y descubrir un orden en el "abarrotado mundo" en el que vivimos. Reunir y organizar la información son los dos aspectos fundamentales e inseparables de la comprensión; así como la elucubración sin bases firmes lleva al delirio, la acumulación de datos experimentales o resultados teóricos sin un principio ordenador sólo conduce al conocimiento irrelevante (si acaso, sirve a algunos científicos para llenar sus curriculum y promoverse).
Comentado por: Tipo de incognito el 07/4/2006 a las 19:16
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 18:57
Jorge Luis Borges
Funes El Memorioso
(Artificios, 1944;
Ficciones, 1944)
Lo recuerdo (yo no tengo derecho a pronunciar ese verbo sagrado, sólo un hombre en la tierra tuvo derecho y ese hombre ha muerto) con una oscura pasionaria en la mano, viéndola como nadie la ha visto, aunque la mirara desde el crepúsculo del día hasta el de la noche, toda una vida entera. Lo recuerdo, la cara taciturna y aindiada y singularmente remota, detrás del cigarrillo. Recuerdo (creo) sus manos afiladas de trenzador. Recuerdo cerca de esas manos un mate, con las armas de la Banda Oriental; recuerdo en la ventana de la casa una estera amarilla, con un vago paisaje lacustre. Recuerdo claramente su voz; la voz pausada, resentida y nasal del orillero antiguo, sin los silbidos italianos de ahora. Más de tres veces no lo vi; la última, en 1887... Me parece muy feliz el proyecto de que todos aquellos que lo trataron escriban sobre él; mi testimonio será acaso el más breve y sin duda el más pobre, pero no el menos imparcial del volumen que editarán ustedes. Mi deplorable condición de argentino me impedirá incurrir en el ditirambo —género obligatorio en el Uruguay, cuando el tema es un uruguayo. Literato, cajetilla, porteño: Funes no dijo esas injuriosas palabras, pero de un modo suficiente me consta que yo representaba para él esas desventuras. Pedro Leandro Ipuche ha escrito que Funes era un precursor de los superhombres; “Un Zarathustra cimarrón y vernáculo”; no lo discuto, pero no hay que olvidar que era también un compadrito de Fray Bentos, con ciertas incurables limitaciones.
Mi primer recuerdo de Funes es muy perspicuo. Lo veo en un atardecer de marzo o febrero del año ochenta y cuatro. Mi padre, ese año, me había llevado a veranear a Fray Bentos. Yo volvía con mi primo Bernardo Haedo de la estancia de San Francisco. Volvíamos cantando, a caballo, y ésa no era la única circunstancia de mi felicidad. Después de un día bochornoso, una enorme tormenta color pizarra había escondido el cielo. La alentaba el viento del Sur, ya se enloquecían los árboles; yo tenía el temor (la esperanza) de que nos sorprendiera en un descampado el agua elemental. Corrimos una especie de carrera con la tormenta. Entramos en un callejón que se ahondaba entre dos veredas altísimas de ladrillo. Había oscurecido de golpe; oí rápidos y casi secretos pasos en lo alto; alcé los ojos y .vi un muchacho que corría por la estrecha y rota vereda como por una estrecha y rota pared. Recuerdo la bombacha, las alpargatas, recuerdo el cigarrillo en el duro rostro, contra el nubarrón ya sin límites. Bernardo le gritó imprevisiblemente: ¿Qué horas son, Ireneo? Sin consultar el cielo, sin detenerse, el otro respondió: Faltan cuatro mínutos para las ocho, joven Bernardo Juan Francisco. La voz era aguda, burlona.
Yo soy tan distraído que el diálogo que acabo de referir no me hubiera llamado la atención si no lo hubiera recalcado mi primo, a quien estimulaban (creo) cierto orgullo local, y el deseo de mostrarse indiferente a la réplica tripartita del otro.
Me dijo que el muchacho del callejón era un tal Ireneo Funes, mentado por algunas rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj. Agregó que era hijo de una planchadora del pueblo, María Clementina Funes, y que algunos decían que su padre era un médico del saladero, un inglés O'Connor, y otros un domador o rastreador del departamento del Salto. Vivía con su madre, a la vuelta de la quinta de los Laureles.
Los años ochenta y cinco y ochenta y seis veraneamos en la ciudad de Montevideo. El ochenta y siete volví a Fray Bentos. Pregunté, como es natural, por todos los conocidos y, finalmente, por el “cronométrico Funes”. Me contestaron que lo había volteado un redomón en la estancia de San Francisco, y que había quedado tullido, sin esperanza. Recuerdo la impresión de incómoda magia que la noticia me produjo: la única vez que yo lo vi, veníamos a caballo de San Francisco y él andaba en un lugar alto; el hecho, en boca de mi primo Bernardo, tenía mucho de sueño elaborado con elementos anteriores. Me dijeron que no se movía del catre, puestos los ojos en.la higuera del fondo o en una telaraña. En los atardeceres, permitía que lo sacaran a la ventana. Llevaba la soberbia hasta el punto de simular que era benéfico el golpe que lo había fulminado... Dos veces lo vi atrás de la reja, que burdamente recalcaba su condición de eterno prisionero: una, inmóvil, con los ojos cerrados; otra, inmóvil también, absorto en la contemplación de un oloroso gajo de santonina.
No sin alguna vanagloria yo había iniciado en aquel tiempo el estudio metódico del latin. Mi valija incluía el De viris illustribus de Lhomond, el Thesaurus de Quicherat, los comentarios de Julio César y un volumen impar de la Naturalis historia de Plinio, que excedía (y sigue excediendo) mis módicas virtudes de latinista. Todo se propala en un pueblo chico; Ireneo, en su rancho de las orillas, no tardó en enterarse del arribo de esos libros anómalos. Me dirigió una carta florida y ceremoniosa, en la que recordaba nuestro encuentro, desdichadamente fugaz, “del día siete de febrero del año ochenta y cuatro”, ponderaba los gloriosos servicios que don Gregorio Haedo, mi tío, finado ese mismo año, “había prestado a las dos patrias en la valerosa jornada de Ituzaingó”, y me solicitaba el préstamo de cualquiera de los volúmenes, acompañado de un diccionario “para la buena inteligencia del texto original, porque todavía ignoro el latín”. Prometía devolverlos en buen estado, casi inmediatamente. La letra era perfecta, muy perfilada; la ortografía, del tipo que Andrés Bello preconizó: i por y, j por g. Al principio, temí naturalmente una broma. Mis primos me aseguraron que no, que eran cosas de Ireneo. No supe si atribuir a descaro, a ignorancia o a estupidez la idea de que el arduo latín no requería más instrumento que un diccionario; para desengañarlo con plenitud le mandé el Gradus ad Parnassum de Quicherat. y la obra de Plinio:
El catorce de febrero me telegrafiaron de Buenos Aires que volviera inmediatamente, porque mi padre no estaba “nada bien”. Dios me perdone; el prestigio de ser el destinatario de un telegrama urgente, el deseo de comunicar a todo Fray Bentos la contradicción entre la forma negativa de la noticia y el perentorio adverbio, la tentación de dramatizar mi dolor, fingiendo un viril estoicismo, tal vez me distrajeron de toda posibilidad de dolor. Al hacer la valija, noté que me faltaban el Gradus y el primer tomo de la Naturalis historia. El “Saturno” zarpaba al día siguiente, por la mañana; esa noche, después de cenar, me encaminé a casa de Funes. Me asombró que la noche fuera no menos pesada que el día.
En el decente rancho, la madre de Funes me recibió. Me dijo que Ireneo estaba en la pieza del fondo y que no me extrañara encontrarla a oscuras, porque Ireneo sabía pasarse las horas muertas sin encender la vela. Atravesé el patio de baldosa, el corredorcito; llegué al segundo patio. Había una parra; la oscuridad pudo parecerme total. Oí de pronto la alta y burlona voz de Ireneo. Esa voz hablaba en latín; esa voz (que venía de la tiniebla) articulaba con moroso deleite un discurso o plegaria o incantación. Resonaron las sílabas romanas en el patio de tierra; mi temor las creía indescifrables, interminables; después, en el enorme diálogo de esa noche, supe que formaban el primer párrafo del vigésimocuarto capítulo del libro séptimo de la Naturalis historia. La materia de ese capítulo es la memoria; las palabras últimas fueron ut nihil non usdem verbis redderetur auditum.
Sin el menor cambio de voz, Ireneo me dijo que pasara. Estaba en el catre, fumando. Me parece que no le vi la cara hasta el alba; creo rememorar el ascua momentánea del cigarrillo. La pieza olía vagamente a humedad. Me senté; repetí la historia del telegrama y de la enfermedad de mi padre. Arribo, ahora, al más dificil punto de mi relato. Este (bueno es que ya lo sepa el lector) no tiene otro argumento que ese diálogo de hace ya medio siglo. No trataré de reproducir sus palabras, irrecuperables ahora. Prefiero resumir con veracidad las muchas cosas que me dijo Ireneo. El estilo indirecto es remoto y débil; yo sé que sacrifico la eficacia de mi relato; que mis lectores se imaginen los entrecortados períodos que me abrumaron esa noche.
Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los 22 idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez. Con evidente buena fe se maravilló de que tales casos maravillaran. Me dijo que antes de esa tarde lluviosa en que lo volteó el azulejo, él había sido lo que son todos los cristianos: un ciego, un sordo, un abombado, un desmemoriado. (Traté de recordarle su percepción exacta del tiempo, su memoria de nombres propios; no me hizo caso.) Diecinueve años había vivido como quien sueña: miraba sin ver, oía sin oír, se olvidaba de todo, de casi todo. Al caer, perdió el conocimiento; cuando lo recobró, el presente era casi intolerable de tan rico y tan nítido, y también las memorias más antiguas y más triviales. Poco después averiguó que estaba tullido. El hecho apenas le interesó. Razonó (sintió) que la inmovilidad era un precio mínimo. Ahora su percepción y su memoria eran infalibles.
Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero. Me dijo: Más recuerdos tengo yo solo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Y también: Mis sueños son como 1a vigilia de ustedes. Y también, hacia el alba: Mi memoría, señor, es como vacíadero de basuras. Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.
Esas cosas me dijo; ni entonces ni después las he puesto en duda. En aquel tiempo no había cinematógrafos ni fonógrafos; es, sin embargo, inverosímil y hasta increíble que nadie hiciera un experimento con Funes. Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos in—mortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo.
La voz de Funes, desde la oscuridad, seguía hablando..
Me dijo que hacia 1886 había discurrido un sistema original de numeración y que en muy pocos días había rebasado el veinticuatro mil. No lo había escrito, porque lo pensado una sola vez ya no podía borrársele. Su primer estímulo, creo, fue el desagrado de que los treinta y tres orientales requirieran dos signos y tres palabras, en lugar de una sola palabra y un solo signo. Aplicó luego ese disparatado principio a los otros números. En lugar de siete mil trece, decía (por ejemplo) Máximo Pérez; en lugar de siete mil catorce, El Ferrocarril; otros números eran Luis Melián Lafinur, Olimar, azufre, los bastos, la ballena, gas, 1a caldera, Napoleón, Agustín vedia. En lugar de quinientos, decía nueve. Cada palabra tenía un signo particular, una especie marca; las últimas muy complicadas... Yo traté explicarle que esa rapsodia de voces inconexas era precisamente lo contrario sistema numeración. Le dije decir 365 tres centenas, seis decenas, cinco unidades; análisis no existe en los “números” El Negro Timoteo o manta de carne. Funes no me entendió o no quiso entenderme.
Locke, siglo XVII, postuló (y reprobó) idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez.
Los dos proyectos que he indicado (un vocabulario infinito para serie natural de los números, un inútil catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo) son insensatos, pero revelan cierta balbuciente grandeza. Nos dejan vislumbrar o inferir el vertiginoso mundo de Funes. Éste, no lo olvidemos, era casi incapaz de ideas generales, platónicas. No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico perro abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente). Su propia cara en el espejo, sus propias manos, lo sorprendían cada vez. Refiere Swift que el emperador de Lilliput discernía el movimiento del minutero; Funes discernía continuamente los tranquilos avances de la corrupción, de las caries, de la fatiga. Notaba los progresos de la muerte, de la humedad. Era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso. Babilonia, Londres y Nueva York han abrumado con feroz esplendor la imaginación de los hombres; nadie, en sus torres populosas o en sus avenidas urgentes, ha sentido el calor y la presión de una realidad tan infatigable como la que día y noche convergía sobre el infeliz Ireneo, en su pobre arrabal sudamericano. Le era muy difícil dormir. Dormir es distraerse del mundo; Funes, de espaldas en el catre, en la sombra, se figuraba cada grieta y cada moldura de las casas precisas que lo rodeaban. (Repito que el menos importante de sus recuerdos era más minucios y más vivo que nuestra percepción de un goce físico o de un tormento físico.) Hacia el Este, en un trecho no amanzanado, había casas nuevas, desconocidas. Funes las imaginaba negras, compactas, hechas de tiniebla homogénea; en esa dirección volvía la cara para dormir. También solía imaginarse en el fondo del río, mecido y anulado por la corriente.
Había aprendido sin esfuerzo el inglés, el francés, el portugués, el latín. Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.
La recelosa claridad de la madrugada entró por el patio de tierra.
Entonces vi la cara de la voz que toda la noche había hablado. Ireneo tenía diecinueve años; había nacido en 1868; me pareció monumental como el bronce, más antiguo que Egipto, anterior a las profecías y a las pirámides. Pensé que cada una de mis palabras (que cada uno de mis gestos) perduraría en su implacable memoria; me entorpeció el temor de multiplicar ademanes inútiles.
Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.
Comentado por: Tipo de incognito el 07/4/2006 a las 18:43
Ahí está la infelicidad: En la memoria. Bienaventurados los olvidadizos pues ellos conquistarán la felicidad.
Comentado por: Tipo de incognito el 07/4/2006 a las 18:40
"La nuestra es una civilización enferma de Alzheimer."
Nadie lo diría teniendo en cuenta la constante repetición, a modo de constatación y ratificación, de los hechos presentes. Yo me atrevería a afirmar que, al contrario de lo que propone Azúa, la nuestra es un sociedad mnemonista.
Comentado por: Tipo de incognito el 07/4/2006 a las 18:31
A cuento de la memoria y del alzheimer recuerdo un día en que José Angel y yo tratábamos de hilar una conversación en un bar de Villoslada mientras que en la televisión colgada de la pared emitían una de las habituales series de anuncios. Dividido entre ambas situaciones José Angel no pudo más y me dijo: mientras trataba de explicarte ya no sé qué, he visto a un tipo bajando con esquís, una playa del caribe, un coche brillante, dos tetas preciosas, un yogurt rosa, una familia cenando feliz ante la televisión, una vaca limpísima pastando en un prado verdísimo….y yo qué se cuantas cosas más: ¿cómo voy a poder contarte así nada?
A cuento del arte moderno y la fragmentación me viene también a la memoria una entrevista que le hicieron a Luis Buñuel en la que le preguntaban qué le había parecido la emisión por televisión de una película suya. Está bien, está muy bien, -respondió- pero he observado que por entremedio han introducido dos o tres veces unas cuantas escenas -muy bonitas, por cierto- que no eran mías.
Todo lo cual nos devuelve al tema de la filosofía de colores que se proponía el otro día pues el periodismo no es disciplina que tenga que ver con la narración del acontecer en el mundo sino arte muy moderno que lo fragmenta, reduce, expone, y vende. Y vende. Y vende.
Comentado por: Juan Diez del Corral el 07/4/2006 a las 17:21
como no, se me olvidó algo, y no puedo dejar de decirlo.
Peridodistas por la Paz Io sone coglione! Bravo!!!!!!!!!
Jorge Aguirre. Bravo
Enea
Comentado por: Enea el 07/4/2006 a las 16:45
Navona, si alguna vez van a Roma ... pues hay un restaurante ( hay varios en la Plaza, y están muy bien) pero uno sólo uno merece la pena.
Io
Io sono un conglione, aunque no tenga cojones! vamos Italia, centro isquierda y Derechos Humanos.
Buenas Vacaciones.
Io ... conglione....
buena Italia muy buena visiten la página... esto es.... esto!!!!!!!!!!
Vacaciones ( felices Pascuas para los creyentes, felices dias sin música, ni placeres terrenales para los fundamentalistas...felices sin incordiar.. )
Enea
Comentado por: Enea el 07/4/2006 a las 16:28
Comentado por: Ponto García el 07/4/2006 a las 16:03
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 15:58
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 15:48
Este poema de Hilde Domin -traducido al gallego- que leí hace unos días, se me asocia con el Alzheimer (¿algo así como el exilio de uno mismo?).
Silence and Exile
Exilio imperdible
lévalo contigo
enfíaste nel
labirinto pregado
deserto portátil.
Comentado por: cat-woman el 07/4/2006 a las 15:44
Comentado por: Adan Balcazar el 07/4/2006 a las 15:02
¿ Recuerdas aquellos mapas antiguos que se interrumpían de pronto ante un enorme vacío? A veces los ilustradores, para hacer más soportable esa intemperie, escribían una frase que parecía un río fluyendo por la nada: sólo hay dragones, decía. ¿ Has olvidado eso también? ¿ Lo has olvidado? O es que a lo mejor no has nacido aún.
Comentado por: mirafiori el 07/4/2006 a las 14:43
Comentado por: mirafiori el 07/4/2006 a las 14:26
Comentado por: Tipo material el 07/4/2006 a las 14:08
(Más para Tipo). Acepto gustoso, el envite para el tiempo venidero de Pentecostés. Para los asuntos que propone, o para los vinateros que pueda orientarnos Protactínío. Al cual ya había avizorado, por sus fotos y por su lema calizo. Ya hablamos.
Plan Pascual que le sugiero: Visitar la exposición 'Saint Gobain: une entreprise devant l´Histoire', en el Orsay hasta el 4 de junio.Para poder seguir hablando de cristales y vidrios.
Comentado por: El Pozo y El Numa el 07/4/2006 a las 14:02
Comentado por: Ttipo material el 07/4/2006 a las 14:01
Comentado por: Pentesilea el 07/4/2006 a las 13:51
A la vuelta de pascua, me interesaría contactar, profesionalmente, con Ud. Si ello es posible.
(Otro dilecto holmesiano es mi querido amigo Protactínio, que tan cerca mora, de Ud.)
Comentado por: Tipo material el 07/4/2006 a las 13:50
Tipo(13,30) No hay solidaridad en el blog. Bien cierto.
Pero al margen de ello, ¡que agudeza de mirada en el jardín! Usted bien merece un diploma,o una licenciatura exitosa por el 'Serlock Holmes Institute for Researching'.
Comentado por: El Pozo y el Numa el 07/4/2006 a las 13:42
Pozo: tiene razón. En el blog ¿Solidaridad?
¿De qué?
(No hay aquí sentido de la mirada, pero tampoco acaba resultando esto un jardín abandonado)
Comentado por: Tipo material el 07/4/2006 a las 13:30
Me parece cierto sin concesiones que el Alzheimer imite al arte y no a la inversa.
En realidad, en esa conversación, está más cuerda la madre que la hija. No es verdad que la hija no se pueda casar con su madre por ser su hija (bastaría consultar a un abogado). Lo que ocurre es que no quiere. La que sí tiene razón es la madre: Neptuno sin tridente es como Apolo sin su lira.
Grifo
(Nota: No soy de origen andaluz ni tampoco tengo mucho que ver con el Mar. Yo prefiero las rocas a las olas. Pero sí es cierto que busque a mi 'hermano mayor', de quien llevo separado muchos años. Y sólo una persona puede poner término a mi inquietud. Si le gustan las historias como aquélla del taxista cubano, pues adelante. Viva el Alzheimer).
Comentado por: Grifo el 07/4/2006 a las 12:42
Me gusta mucho el post de hoy, y los comentarios.
¡Ah, los dioses! Y el proceso neptuniano como la extensividad fuera de uno mismo... Interesante asunto, relacionado con los arcanos del inconsciente colectivo.
A veces me cuestiono si la desmemoria u olvido tendrá que ver con algún factor orgánico y no sólo con la alienación que provoca el medio donde vivimos. No sé, siempre dudas y dudas.
Mi gusto personal me lleva a preferir a los hermanos Atenea y Apolo, porque considero que, muy a pesar de sus contrarios, siguen evolucionando, y de manera constante. Y es, sobre todo, la enigmática Atenea, quien refleja la evolución de la conciencia humana, aquella que debe estar siempre en vilo, puesto que nada se adquiere para siempre, salvo...
Gracias. Que pasemos un feliz día.
Comentado por: francesca el 07/4/2006 a las 12:28
"La crítica heideggeriana de la Técnica me sigue pareciendo el horizonte fáustico que domina el incierto destino de nuestra civilización. Sin embargo, entre otros infinitos matices, internet y la escritura de blogs / bitácoras nos recuerdan a cada instante la emergencia de nuevas formas de solidaridad; la primera de las cuales quizá sea el aprendizaje de nuevos lenguajes y el acceso inmediato a nuevas formas de información y comunicación".Juan Pedro Quiñonero.
¿Solidaridad? No entiendo.
Comentado por: El Pozo y El Numa el 07/4/2006 a las 12:27
El Alzheimer y enfermedades de este tipo, duelen siempre a los demás, a los que la contemplamos. Primero llega el estupor y después el aprendizaje. Todo esto con dolor. Dolor para los hijos, no preparados para velar por aquellos que les velaron. Seres que fueron tus guías y que ahora poseen tu misma inocencia de entonces pero no la misma tersura ni la misma esperanza de absorber el mundo. También, imagino, que duele esa imagen de posible futuro para uno mismo; tal vez un indigno final para quien fue rey de sus actos, de su aciertos y de sus desatinos. No es volver a la infancia, es deshacerse lentamente sin ser alimento, sin ser memoria. O acaso la memoria horrorizada de quien fue tu heredero.
Comentado por: mari@sanchis el 07/4/2006 a las 11:39
Enfermedad, literatura y dioses. [desde internet]
En sus diarios, Julio Ramón Ribeyro, fumador indomable, está siempre enfermo. Entre el matadero y la cama, el humo se acumula y el esófago se pierde.
Hölderlin, Artaud, Walzer, Lowell, Plath: nombres de la locura corriente. Nombres que nos hablan de una enfermedad que arrebata para siempre o que va y viene, para mayor suplicio de todos. Ella va y viene, pero casi nadie retorna ileso de su infierno.
Jöe Bousquet, poeta de Carcassonne, toda la vida en una cama, leyendo y escribiendo cartas a sus amigos y poemas. La enfermedad como protagonista, tomando el centro de la vida y fecundándolo.
Etc.
Un sábado muy del pasado en el suplemento Babelia de El País, un poema del peruano Carlos Germán Belli nos condujo hasta una diosa griega de la salud, hasta Higía, quien formaba parte de la corte de Asclepio y hacía el generoso favor de los alivios. Le pedí por mis padres, enfermos y viejos, pero bellos y curables.
(Ya no están).
Comentado por: G. von Aschenbach el 07/4/2006 a las 11:07
Comentado por: pp el 07/4/2006 a las 10:46
Poseidón significa(ba) “esposo de la madre tierra”. Homero le adjetiva “el que ciñe la tierra”, “el que sacude la tierra” y “el que soporta la tierra”. Fue el dios más importante del mundo, incluído el Peloponeso, Tesalia, Beocia, Rodas y, en fin, el país de los hijos de los aqueos de rizada cabellera, hasta el 1200 a. de C., cuando perdió la guerra, los bárbaros derribaron sus templos y tuvo que exiliarse a las islas del Egeo y la costa de Asia Menor.
Fue duro, pero salió adelante. Cambió de look. Se tiñó el pelo de color azul marino, empuñó el tridente y tomó atunes y delfines como escoltas. Renunció a galopar por el bajo mundo y se hizo dios del mar, que en el Egeo era un ministerio importante.
Tampoco hay tanta diferencia entre sacudir la tierra y hacer olas o promover mareas, se diría, porque también los dioses exiliados hacen reflexiones consoladoras, a falta de nada mejor.
Hubo de asistir a la irrupción y ascenso de dioses advenedizos, como Zeus, que le quitó el mando supremo, y convivir con un montón de dioses trepas, bullosos y entrometidos. Los romanos le motejaron ‘neptuno’, porque lo tenían por pariente segundón de las divinidades en el poder.
Siglos después, en unos almacenes de la civilización del Alzheimer, la madre tierra, olvidada de sí, está preocupada por el esposo senil que se ovida el tridente y quizá ni sabe que es un dios.
Comentado por: Eduardo Gil Bera el 07/4/2006 a las 10:34
Os traigo, como contrapunto a este diálogo tremendo, un artículo del blog de Vicente Luis Mora que trata del alzheimer y la literatura.
http://vicenteluismora.bitacoras.com/archivos/2006/02/27/literatura-y-alzheimer
Comentado por: Ramón Machón el 07/4/2006 a las 10:04
Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
Ensayo
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
05/7/2008 23:44
Publicado por: Ralph Rewes
05/7/2008 19:53
Publicado por: el mismo de antes
05/7/2008 18:15
Es una entrevista a Azua de...
Publicado por: albert
05/7/2008 13:59
Publicado por: josé labayru
05/7/2008 00:52
Publicado por: copia/pega 2
04/7/2008 23:21
Publicado por: Xavier Agenjo
04/7/2008 23:20
Publicado por: Xavier Agenjo
03/7/2008 14:51
Publicado por: tenedordepostre
03/7/2008 13:12
Publicado por: Xavier Palau
03/7/2008 12:22
Publicado por: curriqui de barrio
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