PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 20 de octubre de 2020

 Félix de Azúa

Una vida pendiente del botón

La niña es muy pequeña, tiene catorce meses, sin embargo muestra ya una gran afición por la música. Su favorito es "El Moldava", de Smetana. Como ha visto a sus padres poner una y otra vez discos en el aparato y tiene notables dotes de observación, sabe cómo encender la cadena. Cuando le vienen ganas de oír a su músico favorito, ella misma se acerca al amplificador y aprieta el botón de encendido. Luego se pone de puntillas, sube la mano hasta el lector de CD y pulsa el botón correspondiente. En cuanto ve que las luces brillan, se vuelve hacia su padre o hacia su madre o hacia ambos y les mira con un gesto de extraordinaria seriedad, pero imperioso. Su padre, su madre o ambos, se precipitan a poner "El Moldava".

    Ya había yo observado que casi todas las madres suben en brazos a sus hijos hasta los botones del ascensor para que los pulsen, acción que puede llevarse un tiempo con el consiguiente cabreo de los que esperan. Lo mismo con los timbres del interfono en algunos domicilios: "Anda, toca, a ver si te contesta alguien". Y que muchos niños (por ejemplo, la niña pequeñísima de la que hablo) cogen los teléfonos de sus padres, simulan marcar un número, y se ponen el aparato en la oreja. Como la niña pequeñísima no sabe hablar, suelta una retahíla de polisílabos, nanananana pacapocopuyapocopata. Veo a los niños actuales extremadamente adheridos al botón universal, por ejemplo en los ordenadores de sus padres, a los que se encaraman y toquetean el teclado hasta que en la pantalla aparecen ventanas inverosímiles o el aparato se apaga con un mugido de agonía.

    Observando la conducta infantil de un modo científico, me pregunté el otro día cuál había sido mi primer botón. Pregunta que luego he repetido a mis amigos. Nadie lo recuerda, o mejor dicho, han de hacer un esfuerzo para recordarlo. Si son menores de cuarenta años, algunos tienen presente una televisión de juguete que les regalaron y en la que aparecía Pluto cuando se apretaba etcétera, o incluso un animalito mecánico que oficiaba cuando se le daba al botón. Es el caso de un oso panda que la niña pequeña hace cantar dándole a un botón que descubrió ipso facto, el primer día de tenerlo entre sus manos. "Soy un panda juguetón del balón soy el campeón..." canta el oso ante los horrorizados padres. La niña se contonea. Le gusta la música.

    Yo diría que el primer botón consciente que recuerdo fue el de una radio alemana marca Nordmende, de pilas de petaca (ya casi inencontrables), que me regalaron cuando aprobé el primero de bachillerato en su totalidad de una tacada, y que aún conservo a pesar de las burlas que provoca. Eran botones protuberantes, con coronas finales de color rojo sangre. Al apretarlos soltaban un sonoro "clac", como si partieran nueces. Para mí lo de los botones tenía entonces un carácter transcendental y los teléfonos eran de dial, o sea, con agujeros en lugar de botones. Había muy pocos botones que sirvieran para algo en aquellos años infelices. Ahora, en cambio, todo viene a resumirse en un botón.

    Como en aquella película de Paco Martínez Soria que comentaba admirado cómo en la ciudad le dabas un pellizco a la pared y se encendían las luces, así también ahora los niños apenas se percatan de que toda su vida, todos sus actos, el placer, el trabajo, la salud, el dolor y el ardor, dependen de un botón. En realidad de muchos botones. Uno de los cuales por cierto, sólo puede pulsarlo el presidente de los EEUU y lo lleva en un maletín.

 

Artículo publicado en Jot Down.

[Publicado el 21/3/2013 a las 08:00]

Compartir:

Comentarios (15)

  • Hablando de Paco Martínez Soria, resulta que alguna de sus películas (pienso en concreto en "La ciudad no es para mí") no es tan mala como parecía hace unos años.

    Por si hay por aquí aficionados al cine, y en concreto interesados en los 90, informo que en mi modesta web "El cine en que vivimos" puede ya leerse el primero de tres artículos sobre los mejores directores de esos años. Autores que me han influido últimamente al escribir: la solidez de Muñoz Molina, el no-ingenio de Marina, el no-espectáculo de Vargas Llosa y el coraje de Azúa. En concreto, lo que este último comentó en una entrevista en torno al "coraje": que es la cualidad esencial que debería tener un verdadero artista.

    Saludos.

    Comentado por: Luis S. el 28/3/2013 a las 15:49

  • Para Terelu y amigos escribo que aquí los únicos que cantan hossanas sois los que a la chita callando van mamando de la ubre comunitaria que os proporciona el Jefe, y que así tontamente os va preparando para que consintáis en inmortalizar su obra, oséase, eternicéis la labor que a él y ellos dio lumbre y combustible y chimenea y villa palaciega y cancha universal (así dicho sea de abajo parriba). Talmente os digo que el crimen contra Espe fue efectuado sin conciencia y sin arte, sin que quienes lo cometiesen tuviesen idea de hacerlo, como que creían andar haciendo justicia, más que por darse el gusto de tener a tiro a alguien que les aprovechaba para cargarle el muerto (o el marrón, como se decía antes, cuando los Cuerpos aquéllos del Estado vestían de ese color; así se podía bien decir endilgarle a alguien el gris), el muerto aquel del motor (asesina a tu vecina). Pero de esto sabe bien y mucho don Félix, por eso es que dejó la anotación aquí también, pues en el otro lado ya es más habitual. De modo que no pretendáis que ella venga a cantaros lo que le hicieron, pues con cantarlo se quedaría sin qué, es decir, que sólo hacerlo saber bastaría para que nadie se lo creyese; así que sean los criminales los que confiesen, que es la única manera de que el mundo lo sepa de verdad, y de que ellos se limpien de una culpa que les condena al Infierno. ¿Qué os hizo en el fondo ella para que la tomaseis de tal manera con ella, eh mastuerzos?, intelectualillos que sois ahora bien montados al montadillo de nata (el Fernández de Castro es el que más farda, siempre por ahí dándole a sus pedos).

    Comentado por: Tarugo el 25/3/2013 a las 13:57

  • Pero hombre, no les deis más cancha, por Dios, que parece esto el Sálvame de los filósofos.

    Comentado por: terelu y los amigos del botox el 24/3/2013 a las 19:48

  • Deseo aportar mi granito a la cosa del RUIDO. Se habrán dado cuenta de que cuando leemos lo hacemos en silencio, algo que por contraste con el habla nos pone en una situación parecida a la que a los abotomados de aquí mismo desespera, pero desde el otro lado: al deseado silencio del descanso es análogo el dulce fluir de las palabras, al del ruido desacompasado de la vida maltrecha ese silencio que nos acongoja como la muerte misma. ¿A qué se deberá esa especie de mundo al revés que nos contradice? ?¿Qué callamos dee nuestras displicencias públicas para poder hablar de esas nuestras aneladas complacencias privadas? ¿Seguro que nada tiene que ver el botón de los botones? ¿Cómo se llega, de otro modo, al disfrute de tamañas melancolías? ¿Félix lo sabe? ¿Cómo se llega?

    Comentado por: Pillo el 24/3/2013 a las 13:01

  • Respecto a la muy interesante reflexión sobre el ruido de más abajo, creo que el ruido también ha afectado, como no podía ser de otra manera, a la música. No puede ser igual la música de cuando había solo sonidos naturales y la de las sociedades modernas. El predominio del ritmo en la música moderna no es ajeno al sonido repetitivo de las máquinas. Recuerdo que una vez le preguntaron a Kraftwerk (los inventores del Tecno) qué pensaban de la música étnica y respondieron que ellos hacían música étnica de la cuenca del Ruhr.

    Comentado por: z el 24/3/2013 a las 12:28

  • Y así fue como nos fuimos convirtiendo en solícitos operarios de la Máquina, en usuarios compulsivos de la Red, en garantes de su existencia, soportes vitales del espectro, copartícipes de este simulacro de vida por el que adquieren sentido tanta ruindad y miseria.

    Comentado por: carne de cañón el 23/3/2013 a las 23:28

  • A mí me importa, saborío, a mí me importa. Tú no me immportas en absoluto. Quiero decir que, por mí, tú sobras. Pero puede que haya gente más interesante que tú a la que sí le interese la cosa, saborío (¿vienes del otro lado? ¿cuánto te pagan?)

    Comentado por: Pillo el 23/3/2013 a las 22:11

  • Sí, estamos satisfechos, Pillo. Tú tienes razón, que sea esta la última palabra sobre tan controvertido suceso que nos ha quitado el sueño desde fines de los setenta (¿Más de tres dècadas, no?). Que nadie remueva más la mierda, que los historiadores anoten en sus memoriales que lo fuera lo que fuera lo que sucedió (que ni lo conocía y sigue sin interesarme)no es lo que se dijo y que tampoco era para tanto. Es decir, que conste el desmentido de una mitificación que nadie conoce ni a nadie importa.

    Comentado por: cepillo ladrillo el 23/3/2013 a las 19:59

  • Habiendo sido requerido a ello, es de justicia que responda de la manera más sincera y clara posible. La tan laureada facultad de Zorroaga, ¿qué fue? ¿Qué aconteció allí exactamente? Cierto que, como en el comentario al que respondo (esperando aligerar la pesantez que se me achaca con argumentos) se sugiere implícitamente, aquella fue la ocasión en la que comenzaron a poder realizarse estudios de filosofía en el País Vasco. Hasta entonces los estudiantes de esta zona debían optar por otras ciudades para poder dar continuidad a sus estudios, y durante un largo período de tiempo Barcelona fue preferentemente el lugar que acogió a numerosos jóvenes provenientes de las provincias del norte de la península. En tal sentido, nada se puede objetar a lo dicho, ahora bien, no parece ser eso lo realmente valioso; eso, por el contrario, parece ser lo de menos, puesto que no se alude a ello más que implícitamente, sin que se le de especial relevancia al hecho. Allí ocurrió algo de otro tenor, y es a esto a lo que se alude, sobrevalorando algo que nada tiene que ver con lo reseñado anteriormente, que es algo en sí mismo indiferente, pero importante dadas las circunstancias. Debiera ser lo que sin estridencias se señalase, pero no es así. Fuera de toda modestia, es la calidad de la universidad estrenada la que una y otra vez se aclama, tanto por eso que sólo parcialmente puede tener significación (me refiero al hecho de que funcionase en unas condiciones administrativas determinadas, que, aunque para alguien posicionado de determinada manera pueda resultar importante, carece de relevancia objetiva; semeja, más bien, una modalidad de prestigio muy de moda por aquel entonces, muy vinculada a prestigios de otra índole, bastante narcisistas generalmente), cuanto por las personalidades que tomaron parte en su fundación. Cuando se nos asegura que fue “una experiencia única” la que se terció, no se nos recuerda un hecho relativamente neutro, como el mencionado, sino absolutamente identificable y adjudicable en calidad de hazaña a las personas de quienes fuesen sus fautores, es decir, la Cuadrilla. Es esto último lo que una y otra vez se glorifica cuando se habla de la fundación de aquella facultad, es decir, la participación de ciertos sujetos, bien señalados y reconociblemente particularizados con sus nombres propios y sus méritos individuales, en un tono apologético y laudatorio que se deja adivinar perfectamente en las pocas frases que acerca de ellos aquí mismo más abajo se leen. El funcionamiento óptimo de aquella universidad, que se recuerda como modelo de institución educativa de nivel superior, se pondera en función de las personas que tomaron en ella parte. Institución y personalidades se vindican recíprocamente, y, además, se proclama esa excelencia menospreciando el nivel medio del resto de las universidades. No cabe duda de que, sea o no cierto lo que se afirma sin rubor alguno, no le falta coraje al autor del comentario aludido, y que, desde luego, la modestia no cuenta entre sus virtudes; alguien que yo intuyo que está directamente implicado en los hechos, es decir, que forma parte de la Cuadrilla, dando fe, de paso, de algo predicable acerca de cada uno de sus componentes, a saber, su desaforada vanidad. La conclusión invita, por otra parte, a una reflexión más general atinente indirectamente a los hechos en discusión; me refiero a esas proclamas doctrinales tan típicas de sus componentes, y que en buena medida son el detonante de las acusaciones que en general se vienen vertiendo en el blog de Víctor Gómez Pin, a las cuales se hace alusión condenatoria en el mismo comentario. Pero es que la contradicción salta a la vista. Una y otra vez se reincide en un discurso según el cual conviene renunciar al amor propio afectando el desprecio del culto a la individualidad, a actitudes demasiado apegadas a querencias egoístas, mientras que por el otro lado, y con no menor insistencia, se da por hecho que se ha de honrar la memoria de contadas figuras, aquellas precisamente implicadas en la fundación y puesta en marcha de la facultad de filosofía de marras (la Cuadrilla). No pasaría de ser una curiosidad, en esas; pero es siniestro, una vez se cae en la cuenta de la hipocresía y la falta de coherencia entre lo que se predica y lo que se hace, entre lo que se persigue imponer a los otros y lo que se desea para uno mismo. Por otra parte, no aligera la sospecha de segundas intenciones el hecho de darle tal proyección política a lo sucedido, que trasciende cualquier significado académico. No me invento nada por recordar que inherente a aquella fundación fue, en el sentir de sus protagonistas y en las declaraciones que posteriormente aclaman su triunfo, un sentimiento de que con la erección de la universidad se estaba procediendo al rescate y salvación del propio pueblo vasco. Al margen de la mayor o menor sinceridad con la que independientemente de sus vínculos del momento cada uno de ellos actuase en tal sentido, el hecho es que, sumada a lo anotado previamente, esta circunstancia admite también otras lecturas bastante menos honorables. Supuesta la falsedad, supuesta la malignidad, no cabe duda de que aquella cacareada floración social no fue sino un oportuno trampolín para proyecciones y negocios personales (ésta es la sospecha que, de confirmarse, ha de reconcomer la conciencia de los culpables). Ciertamente, se gana mucho en prestigio cuando se ponen en juego fines supuestamente impersonales, y lo peor del caso se da cuando, obcecados en cumplir con el papel se buscan oportunas justificaciones, es decir, víctimas propiciatorias, chivos de mayor o menor relumbre. Apunto el hecho porque es una de las acusaciones que, en el contexto de la denuncia que se hace en el comentario de referencia, con mayor reiteración se lee: alguien se sintió tratado injustamente, alguien que, de acuerdo con los términos que emplea, sugiere que se le acusó de culpas que no residían sino en los fantasmas que comenzaron a poblar los deseos ocultos de los implicados en el asalto a la oportunidad, al kairós aquél. Recordemos de paso que la víctima afirma seguir siendo objeto de persecuciones, o que, cuando menos, sigue padeciendo las consecuencias de aquellas situaciones. De ser ciertas sus sospechas, la respuesta que se merecerían los culpables debiera ser realmente punitiva, porque ha pasado aproximadamente una treintena de años desde entonces, y si durante todo este tiempo se ha sentido perjudicado, algo terrible clama desde un infierno irreconciliable.

    Espero haber satisfecho provisionalmente la curiosidad de UN POCO PESADOS YA ¿NO?

    Comentado por: Pillo de ZORROAGA el 23/3/2013 a las 18:13

  • Pero no me negarán ustedes que el botón más rojo, el botón de los botones, es el del Cajero Automático. Y de este saben algunos más y otros menos, y estoy segura de que quienes por aquí circulan de ningún modo pertenecen al grupo de los ignorantes del misterio de los misterios, teóricos y prácticos, individualistas y comunitaristas, de la familia y del pueblo.

    Comentado por: Jopé el 23/3/2013 a las 14:07

  • Poderosa imagen, símbolo ejemplar de esta nueva era que ahora eclosiona con la pujanza de un febril desenfreno y que en esa acción infantil -que tanto nos recuerda,¡ay!, a la de cobayas de laboratorio, y con la que acaso la niña apacigua una enervante ansiedad, un inquietante estado de expectación, desencadenados por la mera presencia de aquel tentador adminículo, aquel botoncito en el que duerme agazapado, ella lo sabe, lo ha aprendido, el rojo duende de los deseos, el misterioso hacedor de futuros posibles sujeto al poder terrible de acción tan simple, tan asequible, tan aparentemente banal, tan sin esfuerzo, la espléndida bestia así sometida a la que se conmina con el aguijón de la impaciencia y la perentoria autoridad del amo- reconoce su prehistoria, el anuncio de su fatal advenimiento, su razón de ser, la ingenua prefiguración de este rostro avejentado por las inclemencias de la historia y que contemplado desde la evocación de su infancia nos llena de terror y compasión a un tiempo.

    Comentado por: monerías el 23/3/2013 a las 13:32

  • Yo creo que, sencillamente, entonces hubo también víctimas cuyas erinias claman justicia, y creo también que, en su confusión, tratan de expresar una verdad y desmentir con ella ciertos engaños y falsedades que se encubren bajo la apariencia de eso que ya suena a gran tópico heroico concerniente a aquella falcultad. Quieren tener su voz, y por el tono que emplean, que a usted parece escandalizarle, no debió de ser pequeño lo que les hicieron de padecer. Némesis la llamaban los griegos. Por cierto, usted elude la única cuestión directa a la que se hace mención en la nota de ése o ésa que usted identifica con el tal Pillo o el tal Tarugo en esta ocasión. Por otro lado, los mentados van exponiendo por aquí sus razones, no es que todo sean querellas y desahogos personales: denuncian a su modo una mentira, como podría usted ver si fuese tan imparcial como quiere aparentar.

    Comentado por: Lo que es de ley del pueblo el 22/3/2013 a las 17:19

  • Ahora que recuerdo, me viene a la memoria algo que me resultó chocante en su momento, y es que en la villa a línea de playa donde residía nuestro blogero en San Sebastián, durante aquella época dorada y sufrida de la transición que acaeció en dicha ciudad, allí, pues, no había botones: ni timbres ni audífonos ni nada de nada, era todo muy natural. Por cierto, ¿quién es el propietario de dicha villa, querido Félix? ¿Alguna persona o alguna Sociedad Anónima, o algo así? El hecho es que á Félix no siempre le ha tocado vivir tan fatídicamente como acostumbra él confesar. Yo creo que exagera y hasta inventa bastante, porque le gusta hacerse el desgraciado con mala suerte (siempre con un buen medio a la vista, por supuesto). Así fue como sufridamente tuvo que huir casi casi exiliado a Barcelona desde allí, entre el resto de los mejores que hubieron de pirarse porque corrían mucho peligro.

    Comentado por: Yoli la del lacito el 21/3/2013 a las 20:47

  • "...me pregunté el otro día cuál había sido mi primer botón. Pregunta que luego he repetido a mis amigos. Nadie lo recuerda..."

    Pues claro, hombre. ¿Cómo quiere que sus amigos se acuerden del primer botón que apretó usted? A veces tiene unas cosas...

    Comentado por: watson el 21/3/2013 a las 13:53

  • Hay otro botón que posee en exclusiva Fernando Savater. La Cuadrilla cuenta también con numerosos botones privados.

    Comentado por: Pillo el 21/3/2013 a las 10:19

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres