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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 28 de octubre de 2020

 Félix de Azúa

Entrevista a Manuel Arroyo, fundador de Turner

Félix de Azúa y Manuel Arroyo en diciembre de 2012. Foto: Gutiérrez

Félix de Azúa y Manuel Arroyo en diciembre de 2012. Foto: Gutiérrez

Tuve la oportunidad de conversar con Manuel Arroyo en torno a emboscamientos vitales, pasiones y fobias; construyendo una retrospectiva en breves pero definitorios trazos de quien fuera hombre clave en la reciente historia cultural de nuestro país. Aquí la entrevista que apareció en publicación de la editorial Turner, Turner 8P.

 

-Félix de Azúa: ¿Qué hace un editor como tú escondido en un bosque como el tuyo? Hay una figura política a la que Jünger llama "el emboscado", no sé si te sientes aludido.

-Manuel Arroyo: ¿Dónde esconderse mejor? Lo de "el emboscado" me gusta. Pero Jünger, ese invento francés, no me llama la atención. En los mapas de Iberdrola figuro como Ermitaño Número 7. Lo siento más acertado. No conozco a los otros ermitaños, pero ser el número siete me parece significativo. Es una estimación objetiva de quien me da la luz y lo acepto con gusto.

 

Un editor como yo se pasa la vida soñando con una biblioteca en medio del bosque. Los pasillos de la Feria de Frankfurt, que para otros son el paraíso, para mí fueron algo apasionante y ajeno. Nunca fui pájaro de Feria, gracias a Dios nunca tuve un best seller, no compré números en esa lotería. Tanto como en el bosque, habito en la lectura. De eso se trataba y lo supe desde el principio. Por eso la escapada. Emboscarse pues, ya mucho antes de los tiempos que corren, era el secreto deseo. Leer y leer, sin orden ni concierto. Editar por eso y para eso.

 

-Dices que Jünger es un invento francés, algo que no puedo negar. Hace ya muchos años te hiciste famoso gracias a un libelo titulado Contra los franceses, que se agotó de inmediato. Los aficionados se lo arrancaban de las manos. Nunca he leído un ataque más feroz e inteligente a la que pretende ser patria de la inteligencia. Hoy es inencontrable. Como era anónimo, al cabo de pocos días todos sabíamos que lo habías escrito tú. ¿Has cambiado de opinión o sigues siendo galófobo? ¿Y no será el típico resentimiento de un anglófilo, ya que tú eres medio inglés, porque los franceses son más guapos y elegantes, y sus mujeres más listas que las de las Islas?

 

-Lo del libelo es para mí asunto delicado. Más que galófobo soy, como español, un acomplejado con causa. ¿No podría leerse ese libelo que me ha hecho pasar tantas vergüenzas como un sarcasmo sobre el complejo de los españoles? Tal vez el fallo estuvo en mí, no supe dar con el tono. De los franceses casi lo único que no me gusta es su incapacidad o su desdén para pensar sin teoría. Pero ahí están, en cualquier disciplina. Una cosa es escribir libelos y otra ser tonto. Sigo leyendo a algunos franceses con pasión. En gran parte para eso escribí el libelo. Con ser medio inglés tengo suficiente, no me hace falta ejercer de anglófilo. Incluido en lo inglés, tengo casi un cuarto de irlandés. De eso sí me gustaría presumir, por si algo se me pega. Ciertamente las mujeres francesas son más guapas. Pero los ingleses son más apuestos, a pesar de las feas dentaduras (siglos de té indio y azúcar caribeño). A alguna francesa le he caído simpático y, pasando a lo concreto, mi madre era una belleza. Por ese lado, no hay rencores. Pero sí quiero decirte una cosa: ¡Gibraltar no será nunca español!

 

-Aunque nuestro país sea un desastre y esté siempre más cerca de Goya que de Velázquez, ¿qué echas de menos cuando estás en Berlín? Quiero decir que, a pesar de todo, no te has ido absolutamente. ¿Encuentras algún consuelo, todavía, en esta tierra?

 

-Claro que sí, aquí están las personas y las cosas que me importan, y de ellas no puedo irme, ni quiero.

 

Soy incapaz de sentir nostalgia. En la Historia de la Melancolía de Jackson, que publiqué hace años, hay un capítulo donde la describe maravillosamente. Me dijiste que ibas a leerlo. Hazlo porque es apasionante y serás el primero en España. Yo tenía la esperanza de encontrar un lector, siquiera uno, como tú.

 

Echo de menos la biblioteca, claro está. También la cama, dos mesas, una butaca. La casa de Berlín está casi vacía. Los techos son de cuatro metros así que no hay donde mirar si no es al cielo o a un cementerio judío que tengo al otro lado del patio. Por la fachada principal cuando me asomo veo una fila interminable de puérperas empujando carritos con recién nacidos, indistinguibles unos de otros. Pero hay librerías y conciertos, museos y gente bien educada. Los niños no lloran y los perros no ladran. Da gusto vivir entre alemanes.

 

A Velázquez lo veo más portugués que español. Parece que se hubiese propuesto pintar el aire. Goya sí nos dejó retratados. Pero no concibo uno sin el otro. El Prado, eso sí que es un consuelo. En la meseta mirar al cielo es el consuelo más socorrido y efectivo. Y a las personas, siempre que sea de una en una. Esta mañana me ha llegado la factura mensual del aéreo (móvil?): 7,16 euros. Me ha confirmado que hablo poco.

 

Hablando de Goya, te habrás fijado en cuanto se parece nuestro actual monarca a Carlos IV, especialmente en el retrato de familia que cuelga en El Prado. La misma gallardía, la misma expresión inteligente. Uno cazaba ciervos en El Escorial y el otro, osos y elefantes, en África o en Rusia. En eso han evolucionado.

 

 Y la Infanta Cristina, ¿no es el vivo retrato de la reina María Luisa? Tal vez nos pase lo mismo a nosotros, habernos convertido en caricatura de unos mamarrachos.

 

Nos queda el consuelo, no sé si la ventaja, de que a nuestros antepasados no los pintase Goya. Tampoco Macarrón. Quiero pensar que en nuestro caso hemos tenido una evolución inversa o por lo menos con

una cierta dignidad.

 

-No era muy malintencionada, pero pensaba que un hombre como tú que ha montado excelentes editoriales como Turner, pero también colecciones supremas, como la Biblioteca Castro, que ha sido apoderado de toreros y cantadoras de rancheras, que ha conocido el corazón del poder, que ha vivido en América durante años, que ha sido inmobiliario, marchante, trotamundos y, en fin, que es un culo de mal asiento, ¿cómo es que se aparta de todo y como un Rancé con Internet se pone al margen entre fresnos y vacas? Lo digo con cierta envidia, claro.

 

-Todo eso que dices y mucho más tuve que hacer para sacar adelante a la familia. No sabes la de necios que he soportado y la coba que he tenido que dar. Aunque nunca mandé a necios ni obedecí a pícaros, como diría mi querido autor Arturo Soria. Y eso que un amigo mío me anunciaba y reprochaba que nunca iba a hacer fortuna porque no sabía adular a los ricos. Mi vocación era pasar desapercibido, como me aconsejaba mi abuela Turner. Eso sí que hubiese sido un lujo. Me lo permito ahora que ya tengo a mis hijas criadas. De hecho una de ellas acaba de cumplir cuarenta y dos años. Son tantos que a veces pienso que es casi de mi edad.

 

En mi oficina decían que yo hacía jornada intensiva, de once a dos, que era el tiempo que pasaba con ellos cuando no estaba de viaje. De eso sí que estoy orgulloso. A un caballero no se le debe notar que trabaja. Y si todo eso que dices, y aún más, hice en seco, como decía el otro, ¿qué no hiciera en mojado? Esa metáfora de "culo de mal asiento" es castiza y expresiva pero no me parece elegante. Simplemente vive bien el que vive apartado, como decía un francés que tú debes conocer bien. Y si además tengo Internet para hablar con los amigos, ¿qué más quiero? Pues sí, quiero más, como gritaba la Llorona.

 

También me ocupo en no ser menos de lo que parezco. Eso dice uno que va vestido de mendigo en King Lear. Y en lo concreto: superar una infección por una picadura de araña. En mi cama nadie más me pica. Ni falta que me hacía. Leo y releo el primer tomo de la Recherche. Como a ratos largos me quedo dormido, cuando despierto no distingo entre lo que he soñado y lo que estaba leyendo. Me parece la novela más quijotesca del mundo, mucho más que las de los ingleses, quizá porque ellos entendieron menos o de otra forma su ironía. Prefieren lo cómico y la parodia.

 

 

***

Por otro lado, aquí se puede leer una entrevista a Félix de Azúa publicada en De Verdad Digital


Ficheros asociados:

[Publicado el 06/3/2013 a las 09:45]

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Comentarios (6)

  • Visitada la entrevista con Azúa a la que lleva en enlace de arriba, advierto de una vez qué es lo que definitivamente me aparta de él y me lleva a decidir no perder más tiempo con sus libros: finiquitado el culto filisteo y decimonónico a la alta cultura, ¿nos sirve de algo que nos machaque que el arte no es más que ideología,y las vanguardias lo peor de todas ellas? Si tanto Bach como Ferlosio, Melville, Blake, Mantegna y el autor del Lazarillo no son más que voceros de la classe dominante, ¿para qué nos hacen falta críticos, eruditos y especialmente catedráticos de estética? ¿No son ellos lo más abyecto de un gremio abyecto?Vamos, que ni él se cree a solas lo que dice en ´público:
    "Las “corrientes artísticas” suelen ser productos técnicos muy bien preparados por los especialistas del mercado." ¿Qué especialistas?
    "La producción artística siempre ha estado dominada y controlada por las clases acomodadas. No ha habido jamás un arte que no fuera territorio burgués. Los intentos de un “arte proletario” en la Unión Soviética, los de un “arte ario” en el Tercer Reich o un “arte católico” en el Vaticano han sido grotescos." "Debo recordarle, además, que buena parte de ese “arte avanzado” era fascista."
    ¿Pero es que nunca ha habido nada aparte de los pintores de corte, los cracks prefabricados y los títeres de los totalitarismos? Pues no. O si lo hubo, no era arte. Lecho de Procusto o recuperación, llámenlo como quieran.
    "No hay, por así decirlo, una voluntad moral detrás de la producción cultural, excepto como propaganda política o publicidad de estado." "El arte forma parte de la moral dominante y no es menos corrupto o más ético. Se acomoda perfectamente a las “estructuras enquistadas del poder” y siendo las actuales estructuras enquistadas casi todas de orden democrático, la cultura forma parte del aparato administrativo mismo. La clientela de la cultura actual es fundamentalmente de clase media baja, o sea, de la clase mayoritaria." Pues ya te digo: ¿y dices que has dedicado tu vida a esta porqueria?

    Comentado por: Des Encantado el 24/3/2013 a las 20:20

  • Con el cuento de Pilar y su pulpo me he harmado un lio tremendo y no me he enterado de nada, solo que habia un pulpo que cambiaba de color , asi que os voy a contar el de una princesa que me encontré elotro día y me dijo El mundo esta muy mal, no sabes a los sapos que he besado y no aparece mi principe azul.
    Bueno , el cuento es una mierda pero no me he acordado de otro en este momento, perdón.

    Clicad sobre mi nombre: plis.

    Comentado por: ANTONIO LARROSA el 20/3/2013 a las 18:14

  • Pour Pillo,
    "Enfance : c'était le temps où, le plus souvent silencieux, nous ressentions, observions sans l'écran du savoir et des mots,où tous nos sens étaient en éveil, où nous étions sensuels et visionnaires, où nous inventions le monde."
    -J.-B. Pontalis-

    Comentado por: -::--:-:-:-:-:-:- el 10/3/2013 a las 11:20

  • Il ne faut pas oublier que les français ont découvert que les escargots étaient comestibles.

    Comentado por: -:-:-:-:-:-:-:- el 09/3/2013 a las 12:45

  • Había una vez un pulpo, y un día vino Simbad el Marino y lo pescó. Este pulpo, si lo llevabas al desierto, se ponía amarillo-amarillo; si lo llevabas al Everest, se ponía blanco-blanco; si lo llevabas al Amazonas, se ponía verde-verde... pero como vivía en el fondo del océano, iba de azul marino. En estas, se le ocurrió a Simbad el Marino llevar a su pulpo hasta una isla para darle lecciones. Fue pensarlo y hacerlo, porque casi al instante se encontró el pulpo en un islote desierto, apoyado contra una palmera, con lo cual, Simbad le preguntó:

    ―¿Cómo te ves?―

    Y el pulpo extrañado le respondió:

    ―Pues, la verdad, no me veo.

    Es que, como siempre se había visto de azul marino, pues ahora, como solamente veía rayas y sombras y brillos y cosas así, el pulpo no se encontraba. Y Simbad regocijado por la sorpresa añadió:

    ―No te preocupes, tonta. Es normal que no te reconozcas, porque tú eres nada menos que la Libertad Cívica.
    ―Ah ¿sí?― exclamó extrañada la Libertad Cívica. Y Simbad repuso:
    ―Claro que sí. Pero tienes que ser muy ecologista, ¿eeeh?
    ―¡Ah, vale!

    Así de felices vivían hasta que un día llegó furtivamente Alí Babá y le mangó el pulpo a Simbad el Marino. Sin pérdida de tiempo, lo transportó hasta su famosa cueva, y allí lo soltó con alacridad. El pulpo corrió a refugiarse en el rincón más recóndito de la cueva, en un pasadizo estrechísimo que encontró se metió y se quedó acurrucado en el fondo. La oscuridad era tan profunda que el pulpo se volvió totalmente negro, más negro que la noche y el carbón juntos; y el silencio era tan grande que, sin poderse aguantar de asustada como estaba, se le escapó un diminuto pedito que sonó como si fuese un trueno. Y el eco resonó por toda la cueva. Ya sólo se vieron sus ojitos hasta que decidió cerrarlos, y todo quedó como si nada hubiera ocurrido. Milenios y milenios habrían transcurrido de no terciar la suerte, pues el día menos pensado cayó por la cueva nada menos que Aladino.

    Sabido es que él contaba con una lámpara maravillosa, a la que frotó como solía, y salió el acostumbrado genio. Esta vez se le ocurrió preguntar alarmado por la Libertad Cívica:

    ―Oye, Genio, ¿dónde se encuentra la Libertad Cívica?

    ―En la cueva de Alí Babá ―respondió el Genio― ¿dónde va a ser, pues?

    Entonces, sin pensarlo dos veces, cogió y se fué corriendo hasta la cueva. Llegado que hubo, comenzó sin tardar a buscar a la Libertad Cívica, pero como todo estaba muy oscuro, no se veía ni torta, así que frotó de nuevo la lámpara para que apareciera el Genio. Y hete aquí que se iluminó la figura verdadera del Genio, que era una Genia, porque en realidad Ella era la Razón Democrática. Entonces, elevó la mano dirigiendo su índice fluorescente hacia el rincón donde apenas se veía una masa tenue de brillantina que súbitamente se movió y abrió los ojos, y reapareció en toda su magnificencia la Libertad Cívica. Y allá se abrazaron fuertemente la Razón Democrática y la Libertad Cívica.

    ―Con todo esto― se le ocurrió pensar a la Libertad Cívica ―¿qué hacemos?

    A lo cual la Razión Democrática respondió:

    ―¡Cogemos!

    Y el pulpo, como tenía muchos brazos... ¡se lo cogió todo! Y allá que se fueron pa la Sierra a hacerse un Palacio muy grande muy grande. Y en aquel Palacio pusieron pistiiinas, jiraaaafas, elicóoooteros; de tooodo de tooooodo. Un día de aquéllos apareció frente a las murallas una chica que se llamaba Sarita Muchamarcha, que era de Lesbos y sabía hacer sus cositas, así al verla... pero esta es otra historia, amado Amador. Te la contaré mañana.

    Comentado por: Pillo el 07/3/2013 a las 21:45

  • Comprendo esa galofobia. Y no, no cero que emane del complejo nuestro.
    En España somos muy conscientes de nuestros fallos, y bien que los cacareamos por todas partes (a veces más de lo que es real). A tal punto llega el asco que da este país últimamente, que la relación con extranjeros a mi personalmente me hace sonrojar y últimamente la evito.
    Pero la conciencia de estos fallos creo que nada tiene que ver con percibir los de los demás.
    En Francia, junto a un precioso idioma, un cierto sentido del "buen gusto" (rayano en la cursilería) y el método aprendido desde la escuela para estructurar el pensamiento (estructura que luego resulta muy útil para prevenir sectarismos, pero también para sesgar sutilmente cualquier argumento), conviven una serie de defectos que habitualmente se ven poco y ése es el peor de todos: la enorme habilidad para tapar sus miserias y mirar para otro lado como si no fuera con ellos.
    El funcionarismo de los trabajadores en general (salvo cuatro pringaos que son los que sacan adelante al país entero); la zafia pasivo-agresividad en el trato de sus gentes en general, pero sobre todo de aquellos que toman decisiones de alguna responsabilidad; la incapacidad para asumir con naturalidad valores republicanos que, según dice el mito, ahí mismo se inventaron (no hay como la laïcité para mitificar cualquier cosa), y en general la hipocresía de su "divisa": liberté más bien poca, egalité mucha menos, y fraternité ni te cuento...

    Comentado por: pro el 07/3/2013 a las 10:46

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 

 

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Tercer acto (2020) Literatura Random House, Madrid. 

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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