PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 25 de noviembre de 2020

 Félix de Azúa

Sobre la división de impotencias

Ha comenzado la campaña electoral y como en cada ocasión los ciudadanos asistimos con horror a la histeria política en su máximo grado de intensidad, en tanto que los profesionales se lanzan orgiásticamente a un frenesí que adoran.

En estas lides los adversarios parecen detestarse y sin embargo sabemos que sólo se desprecian. No pueden ir más allá. Están atrapados por las mismas fullerías, manejos sucios y usos gangsteriles en los que se ha convertido la democracia mediática. Incluso en lo más enconado de la batalla no pueden dejar de mentir, ni confesar lo que saben. Finalmente son conscientes de que deben protegerse unos a otros si las cosas vienen mal dadas; derechas, izquierdas, rancios o novedosos nacionalistas, todos están impregnados por el aceite de la subvención que engrasa voluntades, doblega resistencias y aniquila ideas.

De no ser así resultaría insoportable que atacaran a la sanidad y la educación, es decir a nuestro patrimonio, el de los ciudadanos, y dejaran exquisitamente indemne su propio patrimonio, el de los políticos, del que no han suprimido ni un euro. Cálculos rigurosos demuestran que tan solo con la supresión del senado, máquina ornamental y ostentosa nacida del miedo, así como de las diputaciones, redoblamiento barroco y carísimo de la incompetencia, podría dejarse en paz sanidad y educación e incluso incrementar su presupuesto. Sin embargo, senado y diputaciones son lujosos balnearios para profesionales en aparcamiento, jubilación, uso residual o de conveniencia. Por no hablar de los expulsados al Parlamento Europeo. De todo ello no veremos ahorrar ni medio euro. En esa omertá no hay derechas ni izquierdas, nacionales o provinciales, todos luchan por mantener sus puestos de trabajo, en el caso de que semejante labor se considere trabajo.

En parte se entiende por la reunión en la democracia mediática de dinámicas que antes actuaban por separado. Una cosa era la acción de gobierno y otra su recepción. Mientras el periodismo fue autónomo y mantuvo su función, la acción ejecutiva, legislativa y judicial tenían una cierta corrección en los países libres, pero esta es una figura arcaica. La tecnificación ha unido el poder político con el económico y el mediático, del mismo modo que ha reunido en uno sólo el poder ejecutivo y el judicial.

La desaparición de espacios libres para la crítica, o lo que es igual, la seguridad de que toda la "crítica" actual es unidireccional y clientelar, conduce al repliegue de la ciudadanía que ve de año en año crecer el poder económico del consorcio político a costa de instituciones civiles fundamentales, de tal manera que si algún profesional del consorcio jura proteger a "los débiles", se sabe con certeza que no habla de nuestros débiles sino de los suyos. La paradoja es que el alimento del consorcio son los ciudadanos, los cuales están cada día más escuálidos.

Giorgio Agamben, filósofo que vive en Italia, donde el gangsterismo democrático es incluso más denso que aquí, sitúa en su posición crítica este agujero negro que engulle galaxias éticas, en un reciente libro traducido al español, Desnudez (Anagrama). Su descripción ignora pulsiones ad hominem como la codicia o la mediocridad y se remonta al doble poder instaurado por los monoteísmos.

Tanto en el cristianismo como en el judaísmo y el Islam, hay una separación tajante entre la Creación y la Redención. Si la primera es obra de Dios, la segunda es obra de sus Profetas, es decir, de los encargados de interpretar la obra divina y darle sentido. Cuando se acaban los profetas vivientes (Jesucristo es el último del cristianismo) comienza la actividad de los hermeneutas: la Torá judía, la teología cristiana y los intérpretes islámicos posteriores a su máximo profeta, Muhammad.

Esta doble función es inseparable, pero diferenciada. Sin la Redención quedaría la Creación como un monstruoso capricho de alguna divinidad malvada (que Descartes soñó) la cual habría procurado el mayor dolor posible a sus propias criaturas. La Redención es justamente la explicación de por qué la Creación no es una trampa sádica, sino un delicado mecanismo de salvación que profetas y filósofos se esfuerzan en significar. Así que la parte creativa del Padre se encomienda, para su Redención, al Hijo.

La separación de funciones toma un aspecto distinto cuando Platón la expone como razón de ser de las dos actividades humanas: las poiéticas y las epistémicas; las del arte y las de la ciencia; las obras poéticas (que incluyen todas las técnicas) y las filosóficas o críticas; la creación y su sentido. La producción de novedades, así como su inmediata interpretación o salvación filosófica, colaboraron en la representación de un mundo inteligible hasta la edad moderna. Cree Agamben que esta separación entre lo creativo y lo interpretativo se vino abajo con la modernidad. Filosofía y crítica, herederas de la obra profética de salvación de un lado, y arte y tecnología, herederas de la obra angélica de creación de otro, se con-funden. A partir de ese momento, en la modernidad los creadores proponen, en realidad, críticas, mientras que los filósofos producen creaciones.

La pretensión poética de tanto filósofo cuya obra parece obsesionada por la invención de un estilo artístico más aún que de un juicio recto; la pretensión crítica de tanto artista que expone sus obras como juicios morales, filosóficos, ideológicos o benevolentes, confunde los dos órdenes en uno que no cumple ni con la creación angélica ni con la interpretación salvadora del sentido. Hasta aquí, brutalmente resumido y en esqueleto, el ensayo de Agamben.

En su traslado a la política, se diría que la actividad técnica y productiva, fuera ésta la fundación de ciudades y sociedades justas, la redacción de leyes, su ejecución o la aplicación jurídica de las mismas que luego debía ser interpretada, explicada y criticada por los medios libres, se han fundido enteramente en un acto único. El conglomerado resultante es una máquina colosal que se autoalimenta sin finalidad ni propósito. Un monstruo sin cerebro que no sabe a dónde ir y que sólo lucha por permanecer. De ahí que los más culpables miembros del consorcio se apunten a cualquier profeta que tome por asalto la plaza pública y afirme con voz amenazadora que estamos condenados por nuestros pecados y que debemos arrepentirnos. Frente a ellos tiemblan ministros y escribas, porque su función clásica, la de producir una sociedad ecuanime, ya no figura entre los intereses del partido... y la gente se ha percatado. En consecuencia, aplauden a los profetas y dicen ser como ellos.

Ante estos fenómenos de ira popular, de inmediato la filosofía y la crítica encarnadas en los medios de difusión masiva consultan con el fragmento de consorcio que representan, a fin de tomar posición contra algo que de hecho forma parte de ellas mismas. El ciudadano sabe con toda certeza lo que va a juzgar cada uno de los profetas mediáticos a la mañana siguiente de cualquier suceso político. El aparato se autoalimenta y proseguirá su autodeglución hasta que no quede ni un gramo de sentido y la sociedad se haya devorado a sí misma por completo.

¿Podemos escapar a esta ameba monstruosa que todo lo iguala y a la que todo le es indiferente excepto la conservación de sus privilegios? Por ahora el restablecimiento de las diferencias y el regreso a la democracia parece empresa quimérica. Nada dice sobre ello Agamben sino que sólo ve sentido en el pasado, aunque no es un pasado histórico sino el pasado perpetuamente presente de la obra ya concluida.

Si bien la diferenciación crítica individual parece una fantasía, Agamben habla, en otra parte del libro, sobre el individuo intempestivo o inactual, el único auténtico contemporáneo. Es una discreta indicación, quizás sobre sí mismo. Ciertamente en algunos momentos de extremada corrupción pública parece irremediable el exilio interior de eremitas y anacoretas, como en la agonía romana. Me temo, sin embargo, que en estos tiempos incluso ellos recibirían la visita del inspector de Hacienda.

[Publicado el 10/10/2011 a las 07:00]

Compartir:

Comentarios (59)

  • Disculpas por el comentario anterior. Iba dirigido al siguiente artículo, "Lugares sobrenaturales"

    Comentado por: Daniel el 18/10/2011 a las 10:51

  • Amarrado al duro banco
    de una galera turquesca,
    ambas manos en el remo
    y ambos ojos en la tierra,
    un forzado de Dragut
    en la playa de Marbella
    se quejaba al ronco son
    del remo y de la cadena...

    Comentado por: Daniel el 18/10/2011 a las 10:48

  • Recomiendo "Lecturas Compulsivas" de D. Félix de Azúa como complemento y contrapunto al post de CP. En él se dice de Umbral que que un escritor era un escribidor(no se dice de manera explícita), que hubo tres novelas que cambiaron el mundo (El Castillo, El Proceso y America), que el Ulyses de Joyce había que leerlo con un manual de instrucciones. Benet, Proust.Camus como una criatura de Dostoyeski ( por cierto sobre el escritor ruso ya tenía publicado "El escritor como criatura insoportable" ahí se puede ver la hondura de nuestro amado guía, hondura que suponía superior el Larra de los artículos(mencionaba uno sobre el duelo entre los pobres) que al mismo Camus.Saludos.

    Comentado por: Tuve un bachillerato anterior al Plan Villar Palasí y debe de notarse. el 17/10/2011 a las 07:25

  • Qué duda cabe que la mayoría del ganado no anda de manifestación en sábado, gracias a Dios; algunos se quedan en los establos jugando con la maquinita.

    Comentado por: pedro el 15/10/2011 a las 23:46

  • Anda el ganado por las calles clamando para que se los controle más y mejor, y mostrando de paso cómo se les puede controlar de hecho: con la máquina, con la red, que es a lo que parece ser que mayormente obedecen. Pensar que todas estas salidas masivas, todo este espectáculo, van a cambiar el sistema en un sentido que no sea el de perfeccionar sus mecanismos de control es, son ganas de engañarse.

    Comentado por: heidi el 15/10/2011 a las 23:44

  • Andan los pedantes por sus salones clamando para que se les dé la razón más y mejor, y demostrando de paso cómo se les controla de hecho: con su vanidad, su hortera asco al vulgo, la vacua exquisitez de su cultura programada, que es a lo que parece ser que mayormente obedecen. Pensar que todas estos alardes desengañados, todo este espectáculo de pavo real, van a dar un poco de charme y color a un sistema simplemente telecinquero, explotador, mezquino y pesetero es, son ganas de engañarse.

    Comentado por: el balido de la prepotencia el 15/10/2011 a las 22:18

  • Anda el ganado por las calles clamando para que se los controle más y mejor, y mostrando de paso cómo se les puede controlar de hecho: con la máquina, con la red, que es a lo que parece ser que mayormente obedecen. Pensar que todas estas salidas masivas, todo este espectáculo, van a cambiar el sistema en un sentido que no sea el de perfeccionar sus mecanismos de control es, son ganas de engañarse.

    Comentado por: el clamor de la impotencia el 15/10/2011 a las 13:41

  • Aplaudo la indignación democrática, siempre que sea coherentemente democrática: el demos, el pueblo, en época de globalización, se extiende mucho más allá de nuestras pequeñas fronteras, personales y políticas. No estamos en 1944, tampoco en 1968. Los derechos universales han de ser entendidos y defendidos, ahora, globalmente, sin excepción de pueblos ni de razas, humanas y no humanas, pues lo que afecta a uno sólo de los seres del planeta nos afecta a todos.
    Me indigno porque hablar, hablamos mucho, pero ¿daríamos un ápice de nuestras comodidades diarias por salvar a un inocente cuando éste no es "de los nuestros"? ¿De verdad? Siempre que trazamos fronteras, éstas nos hacen ser entidades mezquinas.

    Me indigno cuando nos indignamos por un recorte de nuestros sueldos pero no lo hacemos por los dos millones y medio de desplazados que mueren de hambre en los campos de Somalia.

    Me indigna que no nos indignemos y pidamos responsabilidades a nuestros Gobiernos, a los que tal vez podríamos acusar de genocidio por omisión. Pero claro, tenemos otras prioridades.

    Me indigna que consideremos que esto no nos atañe y que recibamos al rey del Vaticano (¡qué poco y qué mal recordamos la Historia!) con bombos y platillos. ¿Por qué no darían los cristianos el coste de su fiesta papal para evitar la muerte de una parte de estos dos millones y medio de personas? Me indigno cuando las sectas se indignan bañadas en su hipocresía.

    Me indigna que la mayor parte de la población veamos aproximarse el desastre sin variar en nada nuestra forma de vida consumista.

    Me indigno porque no acabamos de considerar a los demás seres de este planeta como semejantes. Porque hay que seguir pidiendo perdón por pensar que un animal es uno de nosotros y por decir en voz alta que son mejores que nosotros.

    Me indigna que no sintamos en nosotros al animal, al auténtico animal, clamando por un poco de sosiego.

    Me indigna que no nos alcemos más alto y desenmascaremos esta farsa que llamamos democracia cuando sabemos pertinentemente que el sistema no funciona, que no votamos a quienes queremos que gobiernen sino que más bien participamos en un torneo preparado por quienes controlan económicamente el circo de las candidaturas y sus ferias electorales. Y sabemos, también, que no hay ideal ni sabiduría en la mayor parte de quienes pugnan por representarnos sino, todo lo más, la pericia del jugador que participa, conscientemente, en un juego amañado por las grandes empresas, frente a las que no todos los políticos tienen el arma que conviene: un espíritu educado en la templanza y otras virtudes necesarias para calmar el ansia.

    Y ¿qué hacer? ¿Qué modelo inventar?

    Clamar por la sabiduría. Educar a un niño poniendo a su alcance los medios para la más alta comprensión. Mirar hacia otros pueblos: los últimos supervivientes de las selvas tropicales, Bhutan tal vez, pueblos felices, si los hay. Aprender de ellos, de su felicidad: su eudaimonía: la buena (eu) voz interior (daimon), el buen-estar. El buen daimon es algo con lo que se nace, pero se ausenta en cuanto uno insiste en procurarse un bienestar calculado en forma de pertenencias y derechos adquiridos. El Estado de bienestar se sostiene sobre un paquete de derechos adquiridos a costa de otros, de muchos otros, y a los que no estamos dispuestos, al parecer, a renunciar. No hay felicidad que se asiente sobre tales bases.

    Urge pensar en formular otro tipo de Gobierno, que no sea precisamente del demos: gremial y etnocéntrico, ni tampoco se sostenga en el krátos: el poder, sino en la comprensión, la compasión y el conocimiento.

    Comentado por: una radical de turbio pasado estalinista, progre, resentida, inculta, pseudoproletaria, etc el 15/10/2011 a las 07:42

  • Mucha preocupación por la brillantina.

    Comentado por: fcs el 14/10/2011 a las 19:12

  • LA LISTA DE ECHEVARRÍA
    Francisco Ferrer Lerín
    El Mundo.es 14/10/11


    Los libros esenciales de la literatura en español. El admirado y temido crítico Ignacio Echevarría elige las 100 novelas más importantes de los últimos 60 años. La lista empieza en Onetti y termina en Ferrer Lerín. Por en medio, aparecen los clásicos (Bioy, Cortázar, Benet, Delibes), los clasiquísimos (Borges, Sabato, Rulfo...), los que tienen Nobel (García Márquez, Cela, Vargas Llosa), los chicos de los 'prodigiosos 80' españoles (Gándara, Muñoz Molina, Álvaro del Amo), algún que otro indie de los 90 (Loriga, Fresán, Casavella) o del más acá (Fuguet, Cebrián)... Está Umbral, está Marías... Y sale Bolaño, claro. De hecho, es el único que sale dos veces (por 2066 y por Los detectives salvajes).
    En la firma de la lista aparece el nombre del editor, crítico y colaborador de 'El Cultural', Ignacio Echevarría, que no es poca firma y en la cabecera del libro, su título, un poco insuficiente: Los libros esenciales de la literatura en español (Editorial Lunwerg).
    Insuficiente, porque habría que explicar que la selección tiene un marco temporal (de 1950 a 2010) y que donde dice libros, debería decir novelas o casi novelas. Es decir: el momento y el campo en el que América Latina se convirtió en uno de los centros mundiales de la narrativa (a pesar de ello, en la lista hay más escritores españoles que de ningún otro país).
    Al final, la selección de 100 títulos atrae por los que salen y, como siempre ocurre en estos caso, por los que no salen. El propio Echevarría, en la introducción de su selección, cae en ello.
    "El lector no ha de escandalizarse demasiado si no encuentra en esta lista autores que, en un contexto sujeto a más exigencias (ya fuesen de orden académico o simplemente pedagógico), hubieran debido constar a la fuerza. Por lo demás, la selección asume abiertamente las limitaciones propias (y bien patentes) de la perspectiva con que ha sido elaborada, que son las de un lector de sexo varón, nacido en Barcelona, España, en el año 1969, con un interés más o menos continuado por la narrativa que se escribe en su propia lengua. Este interés, sin embargo, no es el de un especialista ni el de un investigador, ni se sustenta en un conocimiento de primera mano de las múltiples tradiciones nacionales aquí contempladas, ni muchos menos. Esto explica, aunque no excuse la escasa o nula representación que tienen aquí algunas de esas tradiciones. Y explica también que, en general, la proporción entre libros escritos por autores españoles y libros escritos por latinoamericanos no se corresponda ni remotamente a la que se desprendería de una selección hecha con una perspectiva más ecuánime. Hay otras desproporciones en esta lista que también pueden dar lugar a escándalo, pero no es cuestión aquí de salir al paso de los infinitos reproches que cabe hacer a un libro de este tipo, bien dispuesto a aceptarlos todos y, sin embargo, confiado en ser de alguna utilidad".

    Comentado por: cp el 14/10/2011 a las 18:29

  • A Universo regalado,
    no le mires el dentado.

    Comentado por: nunca están contentos el 14/10/2011 a las 05:55

  • La penosa impresión que este universo nos causa, su falta de credibilidad de este universo comienza a ser molesta.
    ¿Qué nuevo universo nos tendrá reservado la mayoría, con qué nueva esperanza tratará de enmascarar su evidente ineptitud para regir nuestras vidas y negar de paso su constatado fracaso histórico? Tendrá que ser un nuevo universo, un universo en el que creer, no este universo ineficaz, que no para de griparse y es una constante amenaza de ruina. Tendría que ser otra cosa, algo que ilusionase de verdad. Y el maridaje entre medicina y tecnología parece prometedor.
    La robotización, la idiotización, se presenta así como un horizonte de esperanza, de redención. A este nuevo matadero parece que se encamina el alma doliente de esa masa desesperada que somos.

    Comentado por: ipod el 13/10/2011 a las 20:46

  • Estoy harto de que los ricos siempre estemos sometidos al mayor de los desprecios . Nos hacemos el mejor retrato posible con Hacienda, no pretenderán que acoquinemos la mitad de lo que ganamos como un vulgar abogaducho.Además, tener muchísimo dinero solo es motivo de preocupaciones, nuestro ánimo está siempre disperso y no estamos inmunes a cargar con vástagos inútiles y analfabetos, unos depredadores.
    Miguel puede que sea más feliz con su novia y su oficio.

    Comentado por: Letras del Tesoro el 13/10/2011 a las 08:03

  • La muerte biológica no es un impuesto. Sin impuestos se puede vivir (ahí tiene usted, señora Marcel, a los ricos de la tierra); sin muerte no es posible la vida, por ahora.

    Habría que saber, por otra parte, qué clase de urdimbre ideológica y política ha dictado que los impuestos (una imposición más) son la verdad que nos hará libres. Debe andar la cosa entre los Treinta Tiranos de Grecia y don Carlos Marx.

    Comentado por: miguel el 13/10/2011 a las 04:43

  • Ya ves, de todo se harta uno.

    Comentado por: Kasparov el 12/10/2011 a las 21:55

  • Te entiendo perfectamente, pero me ha pillado por sorpresa.

    Comentado por: Karpov el 12/10/2011 a las 21:53

  • La verdad es que ya me aburría un poco.

    Comentado por: Kasparov el 12/10/2011 a las 21:51

  • ¿Cómo es que te ha dado por hacer la siciliana?

    Comentado por: Karpov el 12/10/2011 a las 21:49

  • M,pdR: justo con el algodón -allá por mitad del siglo XIX, poco antes de aquella guerra civil, la Guerra de Secesión estadounidense, que tanto tuvo que ver con esa entonces masiva nueva tela- empezó la humanidad a vestirse como Dios manda y con la higiene consecuente, pues era el primer tejido que verdaderamente se podía lavar, lo que bajó las tasas de mortalidad más que nunca lo había conseguido ninguna otra cosa. Otra cosa más que añadir a las incontables bondades de la Revolución Industrial, a pesar de lo que -machaca que machaca en busca de subvenciones públicas- machacan las dulces almas sostenibles de ahora. A lo dicho, ¡qué duerman bien!

    Comentado por: Gabriella Marcel el 12/10/2011 a las 20:37

  • Gabriella no mas que sentir por usted una gran estima y admiración y a mi homólogo decirle que cuando se reconoce que la tela es simplemente un arreglo de hilos, o que básicamente es algodón, la urdimbre y la trama desaparecen de la conciencia. La mente está compuesta de la urdimbre y la trama del deseo; cuando el ser humano se instala en la experiencia del Uno, no hay deseo; porque ¿quién deseará a quién o a qué? De esta manera se logra la disolución o la destrucción de la mente. Por eso el ser humano tiene que reducir sus deseos, para quedar libre de la ilusión; el deseo proviene del apego; la liberación proviene del desprendimiento.

    Comentado por: Miguel, primo de Rivera el 12/10/2011 a las 20:03

  • Sí, Miguel, sí: "No existe más que nuestra conciencia de las cosas, de la realidad. [...] Se dice que la muerte representa la única verdad de esta vida, quizá porque con ella dejamos definitivamente nuestro equipaje narcisista, ese que antaño procurábamos conservar a toda costa. ¡Cuánto han de sufrir los vanidosos si es que en la soledad de su vida sienten cómo la parca les roba todas las prendas de su preciado equipaje!" Pero no se olvide tampoco de la tercera cosa segura en la vida del tercer chimpamcé: los impuestos. ¡Que sean leves!, y que todos ustedes duerman muy bien.

    Comentado por: Gabriella Marcel el 12/10/2011 a las 18:59

  • Descubrir que uno no es el centro del universo es la única posibilidad que tenemos para seguir subsistiendo. Eso es en lo que está basada la sociabilidad. Pero uno nunca acaba, no puede acabar definitivamente, con la idea de su centralidad narcisista en este universo. ¿Qué significado tendría entonces levantarnos diariamente, mirarnos en el espejo, asearnos y salir a la calle con todo el equipaje de nuestro yo más o menos al completo? No existe más que nuestra conciencia de las cosas, de la realidad. Esto es algo intransferible. Y es cierto. La eterna búsqueda de la verdad se establece entre nuestra consciencia del mundo, de las cosas, de la sociedad, y su confrontación con otras muchas consciencias, con otras muchas visiones de ese mundo. Este esfuerzo de confrontación es un gran esfuerzo, porque tenemos que dejar nuestro equipaje narcisista un poco más vacío en esa ‘lucha’. Pero ganamos en sabiduría. Esa es la recompensa. Es un gran esfuerzo el ponerse en lugar del otro y saber que ese otro puede que tenga razón y nosotros no. Pero se gana en sabiduría si se actúa así. Y eso es cierto. ¿Vale la pena, pues, ganar en sabiduría aun cuando nuestro equipaje narcisista se haga cada vez más ligero? Sí, si vale la pena.

    Se dice que la muerte representa la única verdad de esta vida, quizá porque con ella dejamos definitivamente nuestro equipaje narcisista, ese que antaño procurábamos conservar a toda costa. ¡Cuánto han de sufrir los vanidosos si es que en la soledad de su vida sienten cómo la parca les roba todas las prendas de su preciado equipaje!

    Comentado por: miguel el 12/10/2011 a las 16:59

  • Quizás no haya que eliminar la sinceridad sino el orgullo para que las cosas vayan algo mejor y colocarnos también algún control externo superior e imparcial y de verdad justo (no sólo palabras como en los catálogos éticos de las empresas o las revoluciones etc), Yo robot. El final lo encontré siempre algo desconcertante, agridulce, contradictorio. En fin, que uno, por muy humano que sea y por mucho que se comprenda que conservar la libertad es importantísimo; acabas preguntándote, aunque sólo sea teóricamente, si no sería mejor dejarse guiar mismamente por una máquina.
    De todos modos siempre he visto, en las dinámicas globales de grupos pequeños aunque se me hace que en los grandes será lo mismo, que el resultado depende de la calidad y personalidad del "líder", de quien tiene la responsabilidad de conducirlo y de los valores que éste defiende, en lo que cree. Y de su conciencia y su capacidad para tal responsabilidad. Los líderes combativos crean grupos conflictivos que se deshacen a sí mismos.

    Comentado por: oport el 12/10/2011 a las 13:59

  • Es probable que a Tuerca no le falte algo de razón cuando, tácitamente, me acusa cortita porque no cojo los guiños y me tomo las cosas al pie de la letra.
    A apoyar esta teoría -dejémoslo por ahora en teoría- podría venir esta frase final del artículo anterior de Félix; en la que, a partir de tal y cómo parecen ir ahora políticamente las cosas, da prueba de un fino instinto para leer el inmediato político que nos espera y, casi casi, diría, para ponerle siglas y para ponerle cara: “Veremos lo que queda de la democracia, no tras las elecciones, sino cuando los perdedores lancen su ataque final, desesperado, tratando de conservar un puñado de euros”. Ojalá me equivoque pero, lejos del acerado debate leal que correspondería, me temo que ese desesperado último ataque nos ofrecerá el color populista y roñoso de la herrumbre navajera.
    ¡Ah! y otra cosa, claro, dar las gracias a los amables Gabriel y Miguel, el primo de Rivera.

    Comentado por: Gabriella Marcel el 12/10/2011 a las 11:22

  • Yo sinceramente
    JAVIER GOMÁ LANZÓN

    He observado que mucha gente, cuando ha de admitir algún mérito propio, suele iniciar la frase diciendo: "La verdad es que...". Por ejemplo, al comentario "tú eres un empresario de éxito", el aludido contesta, en el tono de quien comprende que en este caso el autoelogio es tan obvio que sería inútil tratar de negarlo: "Pues la verdad es que no me puedo quejar". Y así todo: "La verdad es que soy un gran perfeccionista", "la verdad es que tengo mucha facilidad para el baile", etcétera. En cambio, cuando lo que ha de decirse es desagradable y puede ofender, se suele preferir este otro sintagma: "Yo sinceramente...". Verbigracia: "Yo sinceramente pienso que toda la culpa fue tuya", "yo sinceramente te veo más grueso después de verano", "yo sinceramente no soporto tu aliento". Se diría que, por invocar la sinceridad, el impertinente goza de inmunidad casi absoluta y que los demás debemos aceptar con paciencia su exabrupto, cuando no agradecer el gesto de confianza. Se supone, en fin, que la sinceridad es ornato de almas bellas y que sería necio por nuestra parte objetarla.

    Durante largos siglos, del hombre se esperaba no que fuera sincero sino que fuera virtuoso y que, educando su naturaleza, alcanzara una excelencia moral que los demás pudieran aprovechar, admirar y emular. En determinado momento del siglo XVIII, ese mismo hombre decide que su yo verdadero, su yo más auténtico y real, reside en sus inclinaciones naturales, en su modo espontáneo de sentir, pensar, actuar, y que su único deber es el deber "de ser uno mismo". Las reglas morales que supongan contradicción o superación de la propia naturaleza o aquellas otras que vengan impuestas por la sociedad para reglamentar la vida en común -y que siempre disciplinan en algún grado la esfera de la vida- son impugnadas ahora en su totalidad como formas odiosas de alienación del auténtico yo. El sacrificio, la renuncia, la autoexigencia o el duro trabajo de perfeccionamiento sobre la indócil naturaleza humana son arrumbados como muebles viejos y en su lugar se alza el nuevo ideal de la autenticidad, atento sólo a los caprichos del corazón y a sus delicadas intermitencias; la inhibición de las pasiones, la contención de los instintos, la represión de las pulsiones destructivas o el respeto de las convenciones son motejados de hipocresía, corrupción, disimulo y máscara. No mejorar la naturaleza sino permitir que siga libremente su curso, así en lo positivo como en lo negativo. Como dijo Goethe de forma inquietante, "quiero ser bueno y malo como la Naturaleza". Nada de ser virtuosos, basta con ser sinceros y tener el coraje de reconocer con franqueza lo que hay en nosotros de perverso (que es tan nuestro y tan real como lo excelente) y después decir y decirse con orgullo, incluso con insolencia: "Yo soy así".

    Leamos al primer gran sincero de la modernidad. En sus Confesiones Rousseau declara que con él Dios rompió el molde: es distinto de los demás, sin parecido con nadie, y para dar a conocer esa singularidad andante que es él ha querido desnudar su corazón practicando "la sinceridad hasta la imprudencia, hasta el desinterés más increíble" en un libro en el cual, añade, "dije lo bueno y lo malo con igual franqueza. Me he mostrado cual fui; despreciable y vil cuando lo he sido, bueno, generoso y sublime cuando lo he sido". Es imposible de exagerar la influencia que esta "afectación de sinceridad" rousseauniana tuvo en la educación sentimental de la posteridad europea. La cultura consiste en crear mediaciones con la realidad: podríamos ir desnudos pero vestimos algunas zonas de nuestro cuerpo; podríamos comer con las manos pero usamos cuchillo y tenedor; podríamos gritar al prójimo la opinión que tenemos de él o de sus acciones pero callamos por un sentido básico de cortesía. Esta segunda naturaleza que son las mediaciones reales y simbólicas de la cultura quedó arrasada como tierra quemada cuando la gran plaga de la sinceridad moderna -que desprecia los frenos de las mediaciones-, desde unos inicios minoritarios y más o menos tolerables, se extendió como una maldición a la generalidad de la gente, y ahora estamos en esa situación desdichada en la que el que más o el que menos -y no exactamente Goethe o Rousseau- te endilga a las primeras de cambio su fastidiosa opinión añadiendo desafiante la apostilla de que no tiene ningún problema en hacerlo "a la cara", porque es "su verdad", en la inteligencia seguramente de que su verdad no vale menos que la del rey Salomón y de que esa fabulosa exhibición de transparencia purifica al punto cualquier posible error de juicio.

    Antes de que la sinceridad se pudiera de moda ya Molière había ridiculizado sus excesos en El misántropo. Alcestes es un energúmeno que se niega a elogiar con algunas pocas palabras de compromiso los vulgares versos de Oronte, infantilmente complacido de su composición poética, porque "quiero que se sea sincero y que, como hombre de honor, no se diga una palabra que no salga del corazón". Su ruda inflexibilidad le gana el desdén de su enamorada, el alejamiento de los amigos y el repudio de la sociedad, y al final el misántropo se retira a su castillo a odiar al género humano. En el drama la voz de la cultura se expresa por boca de Filinto, quien pide a los hombres un poco de "virtud sociable". Estoy de acuerdo con él, y hoy más que nunca: se necesitan esas balsámicas hipocresías, esas pequeñas claudicaciones, esas piadosas insinceridades que hacen la vida amable porque crean la ilusión de una mutua benevolencia.

    Yo antes quiero la filantropía del mentiroso que la misantropía del sincero. Cuando en lo sucesivo algún antipático se me aproxime amagando un "mira, Javier, yo sinceramente...", le atajaré en seco con un "¡alto ahí!" y le diré: "La verdad es que... prefiero que me mientas".

    Comentado por: cp el 12/10/2011 a las 09:14

  • Yo diría que es más bien como un brainstorming psicótico desde la "panxa" rumiante del "bou". Sacas alguna idea o estás de acuerdo con algo (como lo virtuoso de vivir en Italia) pero también pierdes mucho el tiempo, pero la curiosidad te hace volver. Y siempre llegas a la conclusión inevitable de que tu abuela les daba a todos mil vueltas y que todo esto es posible únicamente porque alguien les lleva la casa y les plancha los calzoncillos. Por esta misma razón, concluyes inevitablemente, a pesar de la crisis galopante, no se acaba de hundir el mundo. El colchón de las familias, más o menos funcionales, hace de amortiguador.

    Comentado por: Patufet el 12/10/2011 a las 08:24

  • ¿Un blog literario de la Fundación Santillana? No, esto es un experimento,¿a que sí? ¿Una competición de filisteísmo y majadería? ¿De pedantería comparada? ¿Y cuál es el premio? ¿Un libro de Azúa? ¡Ah no, qué asquito! ¡Yo sólo leo tesis doctorales de filósofos ignotos (i.e. limpios)de la Universidad de Alabama!

    Comentado por: Demasiadas preguntas el 12/10/2011 a las 05:51

  • ¿Un sueño monstruoso de Descartes? Lo monstruoso sería que un dios despilfarrador hubiera creado las cosas cuando nos basta con sus apariencias.

    Comentado por: Gengis Kant el 11/10/2011 a las 21:38

  • el sr. Duch es un hikikomori??

    Comentado por: a. el 11/10/2011 a las 21:30

  • El desahucio de las humanidades

    Lluís Duch, antropólogo y monje de Montserrat
    Albert Chillón, profesor titular de la Universitat Autònoma de Barcelona y escritor

    LA VANGUARDIA, 01/08/10

    Muy traída y llevada en los atribulados tiempos que corren, a la palabra crisis le está pasando lo que a otras nociones fetiche (nación, masa, pueblo, opinión pública, identidad) que el sentido común da alegremente por supuestas, y que, sin embargo, ciegan mucho más que revelan. Sobre ella se ha tejido un discurso dominante de corte economicista, como si la presente debacle sólo admitiera esa lectura y la opaca jerga para iniciados que arrastra. No resulta corriente, sin embargo, que las reflexiones al uso devanen la madeja de causas cuya coincidencia – en distintos niveles y estratos-ha precipitado una colosal falla tectónica que muestra en la economía, en efecto, sus más acuciantes síntomas, pero que en el fondo abarca muy distintas facetas del presente: la política, la educación, la religión, la cultura y ese difuso aunque decisivo ámbito integrado por la ética, los valores y las costumbres. Es, de hecho, la totalidad de los sistemas vigentes lo que da muestras palpables de agotamiento.

    Así las cosas, resulta perentorio orientarse en medio de este cafarnaúm, por más que las cartografías a mano no sean siempre fiables. Contamos con dos para empezar, grosso modo, útiles aunque incompletas. La primera la proponen de consuno el estamento político, las instituciones financieras y los medios de comunicación, e interpreta la crisis en clave excluyentemente crematística y productiva. Y la segunda, más matizada, procede de las ciencias sociales y subraya algunos asuntos de indudable relieve: la poda de Estado de bienestar y la socialdemocracia; la erosión de las instituciones políticas, económicas y culturales a manos del populismo y la demagogia; el expolio del medio ambiente; el mal uso de los simbolismos religiosos y políticos; la degradación de la educación en instrucción; y, en suma, el arduo ejercicio de la ciudadanía.

    Es preciso levantar acta, con todo, de que ni unos ni otros diagnósticos bastan para comprender una crisis ubicua cuyas grietas se infiltran y ahíncan por doquier, tanto que es indispensable afinarlos recurriendo a otro de índole humanística, sin el que resulta imposible identificar y curar la dolencia. A sabiendas, eso sí, de que ello implica remar contracorriente justo cuando las humanidades – uno de los grandes acervos de Occidente, no se olvide- están sufriendo un desahucio sin precedentes.

    Si vindicamos las que Wilhelm Dilthey llamó ciencias del espíritu es porque tras el desbarajuste y la confusión se advierte una alarmante desestructuración del sujeto humano contemporáneo, capaz de acarrear traumáticos y aun colapsantes efectos: heredero de la Revolución Francesa y la Ilustración, supuestamente autónomo y acreedor de libertades y derechos, lo aqueja una dolencia que no sanarán placebos. Esta cruda coyuntura delata el estado de un enfermo que se ignora, y al que urge despertar so pena de perecer en la inopia. Los síntomas más llamativos incluyen el desmantelamiento del sujeto colectivo, el desaforado individualismo y la consiguiente desafiliación, ese declive del hombre público glosado con elocuencia por Richard Sennet. Pero también la pujanza del llamado pesimismo antropológico, amarga resaca del optimismo ilustrado desatada por las dos grandes guerras mundiales – Auschwitz, el gulag, Hiroshima-que hoy se traduce en la patologización de las conductas y el auge de las aflicciones y afecciones psíquicas.

    La deriva general de Occidente ha ido mermando los proyectos colectivos en aras de los crasamente egotistas, a lomos de una sociedad obcecada en trocar los ideales de consumación por los de consumición, y al ciudadano por un cliente tan súbdito como ufano. No se trata, sin embargo, de un individuo realizado y pleno que haya cumplido el célebre “Llega a ser quien eres” de Píndaro, sino de alguien cuyo humano potencial se degrada en una interioridad sin exterioridad, rebosante de apetencias y huera de vínculos solidarios y compasivos. La ruina de las utopías emancipadoras de la modernidad ha traído consigo una hictopía que venera el ahora y aquí (hic),así como una apoteosis de la psicologización: la cultura del yo, el hedonismo sin finalidad, la conversión de la tecnología en tecnolatría o, en fin, la entronización del dios mercado como espectral baremo de medida y guía.

    El panorama esbozado reviste especial gravedad en España, un país por el que casi pasó de largo la modernidad, tanto la de cuño ilustrado como la de cariz romántico. En los siglos XVIII y XIX, los universos físicos y mentales del sujeto moderno fueron forjados allende los Pirineos, dado el constante estado de guerra (in) civil que nos aquejaba, la a menudo sanguinaria afirmación de un imaginario nosotros ante todo cimentado en el narcisismo de las pequeñas diferencias, en el odio al otro y la aniquilación que de él deriva. Idóneo para espolear el delirio totalitario y la consiguiente hecatombe, el infausto esquema amigo-enemigo que hace casi un siglo acuñó el politólogo filonazi Carl Schmitt sigue generando nefastas secuelas por estos pagos, como las rebatiñas identitarias en curso – sea cual sea su signo-ponen sin cesar de relieve. Tan colosal desaguisado ha ido fraguándose durante las tres últimas décadas, entre el sopor de buena parte de la ciudadanía y el duermevela de la intelligentsia,a menudo absorta en afanes partitocráticos o académicos faltos de fuste crítico y traducción extramuros. Los efectos saltan a la vista: la crisis es planetaria, ni que decir tiene, pero aquí se manifiesta con un brío y gravedad singulares.

    ¿Qué hacer, con todo, para no sucumbir a la nostalgia de tiempos pasados ni a la desazón del futuro? Estamos convencidos de que habrá salidas y soluciones, y también de que sólo serán factibles reemplazando el mentado economicismo por una visión al tiempo crítica e integradora del mal de fondo. Y estamos persuadidos, así mismo, de que es prioritario promover la salud física, mental y espiritual del sujeto humano, una meta que exige sanear tanto su adentro como sus vínculos, y desde luego procurarle capacidad de discernimiento y ponderación, los criterios sin los que no podrá ejercer su libre albedrío ni afrontar los retos de una época marcada por el vertiginoso aumento del tempo vital, sin parangón en el pasado.

    La devastadora recesión que sufrimos arraiga en un suelo integrado por imaginarios y valores, éticas y creencias: es una suerte de unánime y desaforado delirio de felicidad y poder hic et nunc lo que en realidad la nutre. Este, y no otro, es el auténtico origen del presente pandemonio, cuya precipitación – nada casualmente, por cierto-ha coincidido con el rampante desahucio de los saberes críticos por parte de autoridades académicas y gobiernos, empeñados en apagar la llama de las ciencias humanas justo cuando más urge su lumbre. A nuestro entender, se impone una seria deliberación sobre los sistemas y procesos educativos, cada vez más sojuzgados por la racionalidad instrumental que imponen los poderes del mundo. Iniciada hace décadas, la vasta degradación pedagógica y gramatical en curso abarca desde la enseñanza primaria hasta la universitaria, y sus inmediatos frutos son la ceguera racional, el envilecimiento ético y la efectiva – y afectiva-descolocación de los individuos en su mundo. Parafraseando al eximio Paul Ricoeur, puede afirmarse que el ser humano sigue siendo posible en nuestros días, por más que sobre su nuca penda la espada de Damocles de la imposibilidad, la avasalladora deshumanización de la que brota la actual crisis.

    Comentado por: duch le da 100 vueltas a agamben y lo tenemos aquí al lado el 11/10/2011 a las 17:44

  • "¡Pobre pueblo, el que se cree superior a sus políticos!"

    "Gracias a que la vida nos arrastra no tenemos que estar pensando constantemente a dónde vamos"

    "Es progresista quien tiene más confianza en la historia que en la moral"

    "Cuanto más escucho a los ciudadanos, más me gustan sus gobiernos"

    "El órgano más eréctil del hombre es el ego"

    "La biología tiene razones que la razón puede entender, si se atreve"

    Gregorio Luri

    Comentado por: Cantos gregorianos el 11/10/2011 a las 15:41

  • Usté comprenderá que citando un nombre de un tipo que sí, que será muy listo, no se discuten los razonamientos de ningún senhor. Igual Azúa se ha leído el libro de ese wey y le ha hecho algo.

    Comentado por: ramplen el 11/10/2011 a las 13:18

  • "Leer menos", estoy completamente de acuerdo con usted: Azúa no se entera, no tiene ni idea de filosofía.

    Comentado por: Si-a-mes/No-a-menys el 11/10/2011 a las 09:18

  • Eremitas melancólicos, parques humanos, biopolíticas degradables, campos de concentración, sectas acústicas, islas antropógenas... es todo muy entretenido.

    Comentado por: Circe el 11/10/2011 a las 08:15

  • A propósito de Siamés:
    Un señor odia al gato siamés de su mujer y decide hacerlo desaparecer. Lo mete en una bolsa y lo lleva en el coche a 20 kilómetros de su casa.
    Cuando vuelve, el gato estaba sentado en el portón de la casa.
    Nervioso, el tío repite la operación, pero ahora lo abandona a 40 kilómetros de su casa.
    Cuando vuelve, el gato otra vez estaba esperándolo en el portón.
    Ahora el hombre estaba furioso; agarra el gato, lo pone en el coche y anda 10 kilómetros a la derecha, 20 a la izquierda, 30 hacia el norte, y 25 hacia el sur. Suelta el gato y emprende el regreso a casa. Al cabo de un rato, llama a su mujer por el móvil y le dice:
    - Querida, ¿el gato está por ahí?
    - Acaba de llegar, ¿por qué querido?
    - Pon a ese hijo de puta al teléfono, que me he perdido.

    Comentado por: Miguel, primo de Rivera el 11/10/2011 a las 08:06

  • Siamés,

    Sin duda me expresé mal, o, al menos, no lo suficientemente bien para alguien tan viajado y experto en calvas como usted.
    Yo dije que en cualquier universidad americana hay una docena de filósofos más brillantes que Agamben, lo cual tiene un valor comparativo y, de ningún modo, lleva a un juicio de valor absoluto sobre éllos. Es decir, no es que tengan que ser buenos, es que no son tan malos como Agamben, cuya repetición de vacuidades y la buena acogida que obtienen, incluso entre gente, como es el caso de de Azúa, que debería saber mejor, es un buen síntoma del estado intelectual de este continente. Baste comparar lo mucho más que suena su nombre comparado con, por ejemplo, el de Pierre Manent, éste sí un pensador de talla, habitualmente ignorado por estos lares.

    Comentado por: leer menos, pero algo sí el 11/10/2011 a las 07:04

  • Corto discurso del Nobel de economía de este año.

    Universidad de California en Berkeley. Discurso de graduación.

    Thomas J. Sargent
    16 de mayo 2007

    Recuerdo lo feliz que me sentí cuando me gradué de Berkeley hace muchos años. Pero pensé que los discursos de graduación eran largos. Voy a economizar
    las palabras.

    La economía organiza el sentido común. Aquí está una corta lista de valiosas
    lecciones que nos enseña nuestra hermosa materia.

    1. Muchas cosas que son deseables, no son factibles.

    2. Tanto individuos como comunidades se enfrentan a soluciones de compromiso.

    3. Otras personas tienen más información acerca de sus habilidades, sus esfuerzos,
    y sus preferencias que tú.

    4. Todo el mundo responde a los incentivos, incluidas las personas a las que se quiere ayudar. Es por eso por lo que las redes de seguridad social no siempre terminan funcionando como se esperaba.

    5. Hay soluciones de compromiso entre la igualdad y la eficiencia.

    6. En una situación de equilibrio de un juego o de una economía, la gente está satisfecha con sus opciones. Es por eso que es difícil para terceros bien intencionados cambiar las cosas para bien o para mal.

    7. En el futuro, ustedes también responderán a incentivos. Es por eso que hay algunas promesas que les gustaría hacer, pero que no pueden. Nadie va a creer en éllas, porque saben que después no va a ser de su interés el cumplirlas. La lección aquí es la siguiente: antes de hacer una promesa, piensen si la quieren mantener si y cuando sus circunstancias cambien. Así es como se gana una reputación.

    8. Los gobiernos y los votantes responden también a los incentivos. Es por eso que
    los gobiernos a veces incumplen el pago de las deudas y otras promesas que hicieron.

    9. Es factible para una generación trasladar el pago de los costos a las siguientes. Esto es lo que las deudas del gobierno nacional y el sistema de seguridad social de EE.UU hacen.
    (pero no el sistema de seguridad social de Singapur).

    10. Cuando un gobierno gasta, eventualmente sus ciudadanos deben pagar, ya sea hoy o mañana, ya sea a través de los impuestos explícitos o los implícitos, como es la inflación.

    11. La mayoría de la gente quiere que otra gente pague por los bienes públicos y por las transferencias del gobierno (especialmente si las transferencias son para ellos).

    12. Debido a que los precios de mercado agregan el total de la información de los negociadores, es difícil pronosticar los precios de las acciones y los tipos de interés y de cambio.

    Comentado por: en dos palabras el 11/10/2011 a las 06:45

  • esto se regula a sí mismo igual que el mercado como me gusta.

    Comentado por: b. el 10/10/2011 a las 22:47

  • No hay de qué.

    Comentado por: Karpov el 10/10/2011 a las 22:36

  • Gracias.

    Comentado por: Kasparov el 10/10/2011 a las 22:36

  • No está mal...

    Comentado por: Karpov el 10/10/2011 a las 22:35

  • Yo te digo P3R. ¿Qué te parece?

    Comentado por: Kasparov el 10/10/2011 a las 22:35

  • ¿Si te digo C4AR?

    Comentado por: Karpov el 10/10/2011 a las 22:33

  • He de decirle Gabriella, que usted me puede decir a partir de ya, lo que le venga en gana, soy su siervo mas fiel, su prosa y lo que ella encierra me ha cautivado para siempre.

    Comentado por: Miguel, primo de Rivera el 10/10/2011 a las 21:31

  • Me quedo con su última frase.De la clase política no habrá de salvarse ninguno.La cabeza de Maria Antonieta rodó en 1793.Ahora tocará rodar las cabezas de sus seguidoras.

    Comentado por: Mur Ciegalo el 10/10/2011 a las 20:03

  • Parece que Sanidad y Educación son intocables, sin embargo cuando el Sr. Arenas fue ministro reformó una sanidad en quiebra, y ningún gobierno socialista posterior rectifico. Porqué no vamos a reformar la educación.

    Comentado por: a. el 10/10/2011 a las 20:00

  • Hay que perdonarle estos desvaríos a Félix. La inercia del pasado no le ha dejado librarse de la influencia de tipos como Agamben. El camino de la sabiduría es arduo; los auténticos pensadores del momento como Mark Lilla o Gregorio Luri están al alcance de muy pocos.

    Comentado por: Librepensador el 10/10/2011 a las 18:56

  • ¡Mea culpa!, Miguel. Ve, de eso precisamente iba lo de la compasión para todos. Hay algo en nuestra naturaleza que nos puede, no hay manera de acertar siempre y en todo, es una labor que claramente nos rebasa: cumplir plenamente con la lógica, no echar nunca ningún borrón, ni ninguna falta Hortográfica, ni… Es imposible acertar siempre. Pensé, equivocadamente y sin la menor justificación racional, por mero fetichismo de la mercancía –que decía aquél–, que ustedes eran primos carnales por línea paterna, hijo de algún hermano del señor Rivera. Y luego deduje, también equivocadamente, por la gallardía militar que trasluce su prosa y el sonido de su firma extensiva que sería usted… Bueno, nada, que perdone y que tenga una buena noche.

    Comentado por: Gabriella Marcel el 10/10/2011 a las 18:32

  • ...próximamente comenzará un programa de filosofía en La2 y resulta que lo abre Eduardo Punset????????? no, si es muy majo, pero...

    Comentado por: confianzas el 10/10/2011 a las 16:28

  • Una aclaración, Gabriella, si me lo permite, claro.
    No soy el Sr. Rivera, soy Miguel, su primo.

    Comentado por: Miguel, primo de Rivera el 10/10/2011 a las 14:22

  • Tomo nota.

    Comentado por: Gabriella Marcel el 10/10/2011 a las 14:08

  • No es necesario que hable por mí. No se moleste.

    Comentado por: Ustedes el 10/10/2011 a las 13:46

  • Somos los Esbirros atentos a los hechos empiricos, que preferimos seguir dando vueltas de Tuerca al pensamiento racional en lugar de conformarnos con la Letanía de la Envenenada Ideología Monolítica, cuya último objetivo es siempre afianzar la insaciable Vanidad de nuestros siempre asquerosito Yo. Hablo por mí y por ustedes. Lo cierto es que, a la postre, somos "tan dignos de compasión, tan terriblemente dignos de compasión" como lo son ellos; pero no exactamente de la misma manera, ni por las mismas cosas. ¡Que pasen todos un buen día! Suya de ustedes, Gabriella

    Comentado por: Gabriella Marcel el 10/10/2011 a las 12:44

  • Algunos comentaristas de este blog son más azuístas que Azúa y se desesperan cuando se desvía un milímetro de la ortodoxia.

    Comentado por: Azúa tiene los esbirros que se merece el 10/10/2011 a las 12:09

  • La Señora Gabriella es, si no el mayor lujo de este blog,la más lista, astuta e inteligente de todo el rebaño y con un fino sentido del humor.

    Comentado por: Gabriel el 10/10/2011 a las 10:51

  • Gabriella, es usted quien decepciona a Félix y no al revés. La igualación de la que se queja es una apariencia; no se puede pasar por alto con ocasión de qué asunto arranca el artículo y cuál es el blanco al que dispara. Félix le hace un guiño y usted va y se toma el artículo al pie de la letra.

    Comentado por: Tuerca el 10/10/2011 a las 10:26

  • DESPIERTEN AL WEBMASTER !!

    El blog cuela SPAM y le están metiendo pseudo-comentarios con enlaces fraudulentos pegados.

    DESPIERTEN AL WEBMASTER o se va aconvertir en una porquería en breve !!

    Comentado por: DESPIERTEN AL WEBMASTER el 10/10/2011 a las 08:36

  • A propósito de la última frase de Félix, no me resisto a trasladar lo último que me ha llegado via e-mail:

    Una señora, con su hijito de 10 años, está comiendo en un restaurante.
    >En un descuido, el chico se mete una moneda en la boca y se atraganta.
    >
    >La madre intenta hacerle escupir la moneda golpeándole la espalda, dándole
    >palmadas en el cuello, sacudiéndolo, sin éxito.
    >
    >El chico ya comienza a dar muestras de asfixia y la madre, desesperada,
    >comienza a gritar pidiendo auxilio.
    >
    >Un señor se levanta de una mesa cercana, y con pasmosa tranquilidad, sin
    >decir palabra alguna, le baja los pantalones a la criatura, toma sus
    >pequeños testículos, los aprieta con fuerza, y tira hacia abajo
    >violentamente.
    >
    >Automáticamente, el niño -ante el dolor irresistible- escupe la moneda, y
    >el señor, con la misma pasmosa tranquilidad con la que se acercó, regresa a
    >su mesa sin decir palabra.
    >
    >Al rato, la señora, ya tranquilizada, se acerca para agradecerle que haya
    >salvado la vida a su hijo, y le pregunta:
    >
    >- ¿Usted es médico?
    >
    >
    >
    >
    >
    >- No señora, SOY FUNCIONARIO DE LA AGENCIA TRIBUTARIAexperto en tocar los c..... hasta sacar la ultima moneda

    Comentado por: Miguel, primo de Rivera el 10/10/2011 a las 07:58

  • 'Giorgio Agamben, filósofo que vive en Italia...'

    Vivir en Italia es probablemente la mayor virtud filosófica de Agamben. En cualquier universidad americana, por ejemplo, hay una docena de pensadores más brillantes que él, pero, al estar más lejos, más mezclados y no editar un libro cada seis meses, se les nota menos y rsultan menos trendies.

    Comentado por: leer menos y viajar más el 10/10/2011 a las 07:10

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 

 

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Tercer acto (2020) Literatura Random House, Madrid. 

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres