La Verdad es una sensación
Estás tratando de resolver un problema matemático y te esfuerzas para poner en orden los algoritmos de manera que te conduzcan a la solución, pero el resultado que obtienes es falso, no coincide con lo que buscas. Vuelves a mirar los números y las letras tratando de localizar el error. De pronto un Coseno salta de un quebrado a otro, de arriba pasa abajo, los guarismos bailan un cha-cha-cha y todo se ordena. Sientes algo así como la visión inmediata de que aquello es verdadero, está completo y no le falta ni le sobra nada, es perfecto. Apenas ha cambiado un mínimo detalle, pero ahora todo tiene sentido y te complace, ha desaparecido la inquietud.
No es una emoción distinta de la que te asalta cuando ves a la mujer que amas, una visión que al instante te libera de toda zozobra, y seguramente es la misma que reflejan las palabras de Yahvé cuando al acabar cada jornada de la Creación, viendo lo que ha conseguido afirma: "Está bien". La aprobación placentera no es sino lo mismo que dice el ebanista al terminar la cresta de una sillería con un suspiro de "muy bien", el músico cuando elimina una parte del clarinete y dice "ahora sí", o el pintor que añade una sombra azul debajo de la raya verde y afirma "esto es". Mínimos cambios que pueden parecer triviales a quien no está metido en harina, y que para el autor son decisivos porque le apaciguan y llenan de satisfacción. "Dios está en el detalle" decía Aby Warburg cuando se hundía en la locura.
El problema matemático es comprobable. Todo lo otro no lo es. Sin embargo la sensación de plenitud es la misma y lleva a una confusión entre bueno, bello y verdadero que fatalmente acaba por condenar a las sensaciones como algo frívolo y engañoso. Las sensaciones son indignas porque nacen igualmente robustas de lo constatable o falsable y de lo incomprobable e ilusorio. Por lo tanto, no pueden ser garantía de ninguna verdad.
Son condenables, pero ineludibles:
"De pronto me sentí perfecto, completo, las ideas caían sobre mi como la nieve, bajo el impacto de la posesión divina me tomó un frenesí coribántico y al instante ignoré todo lo demás, el lugar, la gente, el pasado, el presente, yo mismo, todo lo que se había dicho, todo lo que se había escrito. Así vinieron a mi la expresión, las ideas y el deleite de la vida, la visión acerada y una deslumbrante claridad cristalina en todos los objetos, como la que pueden disponer los ojos en su más exigente capacidad"
Así describe Filón de Alejandría la emoción de concebir una frase perfecta, en su tratado sobre el viaje de Abraham de Ur a Canaán. Así debía de sentirse Rimbaud cuando escribía las Iluminaciones.
Dicho en contrario, si no te sobrecoge esa sensación, lo que estás haciendo puede que no sea verdadero y no valga un adarme, puede que sea simplemente correcto, bonito, popular, elegante o provechoso. También puede suceder que ya no la ames.
[Publicado el 19/9/2011 a las 10:30]
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Comentado por: tom el 18/10/2011 a las 05:25
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Comentado por: true religion jeans el 07/10/2011 a las 08:31
Tiembla el jazmín en mí,
que de mí me olvido;
alienta en mí su fresca savia,
su verde aleteo de júbilo,
su delicada pulsión de gracia.
Estaba el jazmín aquí, conmigo,
siempre lo estuvo,
y andaba yo sin verlo, ciego,
perdido de él, sin sentir el latido
de su blanca pluma.
Comentado por: volando voy el 26/9/2011 a las 20:34
¿No había eso de que la verdad de lo que decimos, lo que decimos de verdad, consiste en una red de correspondencias formales, limitadas por la tautología, su redundancia, y la contradicción, su imposibilidad?
A ellas, a su redundancia y a su imposibilidad, están abocados todos y cada uno de los enunciados de ese conjunto de enunciados con valor de verdad, esto es, verificables, en que toda doctrina científica consiste.
Lo que hoy llaman progreso científico no es sino desarrollo de tecnologías experimentales y reordenación terminológica de viejas verdades.
La verdad sigue siendo la misma: lo obvio, lo que no puede ser; y eso, aunque cambien las cosas, los nombres, aunque cambie el mundo del que las verdades dan cuenta.
Comentado por: ancien régime el 26/9/2011 a las 18:53
Comentado por: Job el 26/9/2011 a las 18:41
Efectivamente, Job, puedo encontrar lo contrario de lo que busco. Nadie está a salvo de eso. Pero, mira por dónde, encontrar lo contrario de lo que se busca puede que no sea un error, sino un feliz hallazgo. ¿Acaso Rodrigo de Triana sabía que la tierra que había avistado era la de las Indias asiáticas? En ciencia hay que contar con el zar, como todo en esta vida. Lo cual no invalida al método científico. ¿Por qué tendría que invalidarlo?
Comentado por: miguel el 26/9/2011 a las 16:07
14
La forma y no el infinito
Barruntar la veloz certidumbre
que desde atrás de innumerables soles
llega en forma de plasma haciéndose materia.
Sospechar como viene en fluir incesante
atestando un espacio henchido de lo mismo
y así reconocerse idéntico a lo único,
aquí no influye, donde la verdad,
cual tenaz diapasón que palpita,
se anega de existencia,
de realidad diversa,
de presencia concreta,
sosteniendo la vida.
Comentado por: DPA el 26/9/2011 a las 12:44
Comentado por: Job el 26/9/2011 a las 09:49
Agujeros negros, neutrinos, bigbanes y demás inventos, esos supuestos con los que el actual sistema físico ha ido tratando de dotarse de congruencia y de ir salvando sus contradicciones, ¿son de verdad?
Comentado por: realword el 25/9/2011 a las 19:03
Si lee usted el bodrio con que ahora nos regala don Víctor, entenderá acaso mejor cómo es que algunos acudimos a este blog y no al otro, a leer a Azúa y a hablar de verdad.
Comentado por: ...lo que yo digo. el 25/9/2011 a las 18:00
algo así pero no referido a Juan sino a conceptos emergentes de las partes que lo forman(mercado,dinero,trabajo etc...)
Comentado por: a. el 25/9/2011 a las 15:53
"Juan está en el recibidor" no parece enunciado que pueda ser demostrado, aunque puede uno ir al recibidor y comprobar si, efectivamente, Juan está allí. Aunque ni siquiera así sabremos con certeza si Juan estaba en el recibidor en el momento en que el enunciado se dijo.
Comentado por: ¿se refiere a algo así? el 25/9/2011 a las 14:54
no se pueden comprobar pero curiosamente si se pueden multiplicar y cada vez existen más hechos indemostrables lo cual huele mal.
Comentado por: a. el 25/9/2011 a las 12:58
Comentado por: miguel el 25/9/2011 a las 12:42
tb ocurre sucesos comprobables que no se pueden demostrar(ej. muerte) con lo cual tb los sucesos cambian las ideas. ¿Entonces la verdad es lo comprobable aunque no sea demostrable?.
Comentado por: a. el 25/9/2011 a las 12:28
He querido decir dos cosa. Primera cosa "...elaborada hasta entonces quedan subsumidas bajo los axiomas, como meras consecuencia suyas. Y segunda. el gran fisiólogo se llamaba Konrad y no Honrad, como así lo ha permitido mi impericia ante el teclado.
Comentado por: miguel el 25/9/2011 a las 11:53
La confusión conceptual no tiene cabida en la ciencia, señor ramplonius. Por ejemplo. La naturaleza carece de un lenguaje específico. El lenguaje es un artificio meramente humano, humano, y obedece a la lógica exclusiva de nuestro pensamiento, de nuestra racionalidad. El concepto es humano. La ciencia no sólo trata de comprender el comportamiento de la naturaleza, sino de predecir, en determinadas condiciones, ese comportamiento. Las leyes de la física son eso.
Cuando dirigimos nuestra atención a un sistema determinado de la realidad y reunimos datos, observaciones o hipótesis plausibles acerca del mismo, contribuimos a elaborar su historia. Por ejemplo la historia del planeta Tierra. La elaboración de la historia de un sistema es un proceso laborioso e inacabable. De ahí que nos parezca tan atractiva la posibilidad de axiomatizar esa historia (o parte de ella), de tomar el atajo de la teoría, reduciendo la infinita e inabarcable masa de datos posibles a unos cuantos principios (pensemos, como usted, en Galileo) que los resuman. Axiomatizar la verdad es difícil, no ya por la imposibilidad de abarcarla por completo: se requiere que todos los conceptos que empleamos en la historia del sistema sean definibles a partir de unos pocos conceptos primitivos y que todas la proposiciones sobre el sistema que aceptamos como lo más próximas a la verdad sean implicadas por unos pocos principios, los axiomas (la aceleración de un objeto debida a la fuerza gravitacional, según su masa p.ej.) formulados con ayuda de los conceptos primitivos (la gravedad). Muchas presuntas axiomatizaciones no son tales. ¿Por qué? Por que es preciso suplementar los axiomas con la intuición, la observación o nuestros saberes previos para poder obtener proposiciones que se acerquen a la verdad, que nos interesan, porque son empíricamente demostrables. Pero si la axiomatización es correcta, entonces las proposiciones de la historia del sistema elaborada hasta entonces.
Honrad Lorenz escribió esto: “En la evolución de los órganos e incluso en el desarrollo técnico de las máquinas ocurre con frecuencia que un aparato, que desarrollado para obtener un cierto resultado, se muestra luego inesperadamente capaz de desempeñar otras funciones completamente distintas a aquella para la que fue desarrollado”.
Una teoría científica, basada en el lenguaje matemático, no es un órgano ni una máquina, pero sí un instrumento, y como tal comparte el destino tan bien señalado por Lorenz. Las teorías y su lenguaje las hacemos para algo. Son instrumentos. Las que manejan un orden más lógico y coherente son las que al fin triunfan, aunque ese triunfo tendrá que ser necesariamente pasajero, puesto que las teorías científicas no son estructuras lógicas cerradas, metafísicas, irrefutables. De ahí su éxito como fórmula más evolucionada del pensamiento.
Comentado por: miguel el 25/9/2011 a las 11:42
Es gracioso que aquí, este espacio para las ocurrencias un tanto cínicas y pedantescas de un intempestivo profesional, abunde tanto metafísico y filósofo aficionado, y que en el blog de Víctor Gómez Pin casi nadie deje su réplica. No digo que estas personas no se asomen jamás a tal sitio; tan sólo da la impresión de que no se atreven a hacer sus contribuciones en un sitio en que el contribuído sí las leería y además tal vez sí tendrían reparos en arriesgarse a hacer el ridículo.
Comentado por: ...digo yo el 25/9/2011 a las 11:21
Las verdades son eternas: siempre estuvieron y estarán ahí, en la eternidad. Es cuestión de verlas, de encontrarlas. Ahí, en la eternidad.
Pero el caso es que se pretende que las cosas de este mundo, las cosas de por aquí, sean verdades.
Así que puestos a que aquí haya verdades, puestos a decir que esto de aquí es verdad, ¿qué de vivo se oculta bajo esa máscara de eternidad, de muerte, que nos ciega con su terrible belleza y nos subyuga con su tiránica necesidad, con su deslumbrante evidencia? ¿Qué se hace con las verdades, con La Verdad, ocultos tras ella?
Comentado por: pantomimo el 24/9/2011 a las 19:20
Pongan ustedes científico en lugar de sabidor, y movimiento en lugar de mecimiento. Que seis siglos son nada.
Sol cielo toda vía
ençerrados yazemos,
fazenos noche e día
e nos ál non sabemos.
A esta lueñ' trïera
"mundo" pusimos nomre:
si verdat o mentira
dél más non sabe omre,
E NINGUNT SABIDOR
NO L' SOPO NOMRE CIERTO
SINO QUE CONTADOR
ES DE SU MECIMIENTO.
Comentado por: antiguallas (proverbios de Don Sem Tob, siglo XIV) el 24/9/2011 a las 15:22
Se explica, Miguel, y deja claro que utiliza el peligroso (ahí estoy con usted, creo) término 'verdad' con imprecisión ramplona. Supongo que es la imprecisión habitual, científica y vulgar, desde Galileo por lo menos. Si queremos entendernos, y para desbrozar nuestras razones de toda la mala hierba de la confusión secular, propongo 'verdad' como vuelta a los axiomas de un sistema dado, sólo posible en conjuntos cerrados, como una geometría ideal o la matemática, ejemplo de un caso de lenguaje formalizado al máximo.
Dicho lo cual, el dogma de que la ciencia sirve para descubrir el lenguaje en el que Natura o la Realidad están escritas ("el intento científico por comprender el comportamiento de la naturaleza", en sus palabras) debería ponerlo en contraposición con sus nociones de física de partículas o, más difícil dada la gruesa capa de ideas cultas, su sentido común. A mi se me plantea así: aplicamos la matemática, conjunto de entes ideales en donde por pricipio cabe la verdad, o sea 'a=a', a las cosas de la realidad. Cosas que en principio eran sin número, sin fin, se las pretende contar, definir. Claro, el lío así no puede tener fin. El observador Miguel eternamente influyendo en el Universo observado, eternamente acercándose a la verdad, tan mentirosa.
Comentado por: ramplonius magnificus el 24/9/2011 a las 13:13
No hay ninguna razón científica para preferir o escoger la ciencia.
La ciencia puede atraernos por su capacidad de predecir y manipular, por su poder (con lo que la preferimos por una razón política) o porque nos parezca bueno lo que hace (lo que entonces es una cuestión de fe).
Lo cual, claro, no tiene nada de malo, por lo que no hay razón para negarlo o disimularlo.
Comentado por: sempronio el 24/9/2011 a las 10:56
La verdad, la verdad es que Miguel me carga de la muerte con tanta vacuidad peripuesta, altisonante,enciclopédica.
Comentado por: irrefutable el 24/9/2011 a las 08:21
ramplonius magnificus. La verdad sólo la poseen los dogmáticos, ya sean religiosos o ideológicos. Esa verdad es irrefutable. No hay discusión ante ella. Al contrario de las verdades dogmáticas, irracionales, la ciencia no se entretiene en resolver lo que es la verdad en ese sentido, digamos, metafísico. La ciencia se entretiene en ir descubriendo cosas que nos aproximen a la verdad, aun sabiendo que esa verdad nunca puede ser absoluta, conquistada, dogmática. No sé si me explico.
Imaginemos que la humanidad todavía concibiera que el sol es nuestro dios, puesto que es una verdad absoluta, incontestable, irrefutable. Entonces, ¿cómo diablos hubiéramos descubierto el comportamiento físico del sol? ¿Cómo sabríamos (para poner un ejemplo que usted, dentro de sus límites intelectuales, entienda) que los rayos solares producen enfermedades en la piel si ésta se expone demasiado tiempo a esos rayos? ¿Acaso es Dios, la verdad, tan inmisericorde como para producirle a usted cáncer de piel? ¿No entiende todavía lo que es la verdad dogmática y lo que es el intento científico por comprender el comportamiento de la naturaleza? Ah, ¿que no lo entiende? Pues lo siento. Allá cada cual con sus dioses. Pero ante eso, no le quepa duda, siempre voy a defender la racionalidad científica. Y por favor no me califique como un creyente científico, porque eso es una mera contradicción. Lo bueno de la ciencia es que se descubre a un creyente científico antes que a un cojo metafísico.
Comentado por: miguel el 24/9/2011 a las 00:51
Laicismo y búsqueda de la verdad
JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ RON 23/09/2011
Aunque el tiempo, que tantas cosas borra, vaya pasando, no es conveniente dejar de reflexionar sobre la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Madrid el pasado mes de agosto. El que cientos de miles de jóvenes se reuniesen respondiendo a una llamada institucional constituye un acontecimiento que se debe analizar.
¿Piensan Ratzinger y Rouco que tienen el monopolio de virtudes como la solidaridad o la compasión?
Es curioso que hablen de totalitarismo los que pretenden imponer sus creencias a la sociedad
No es mi intención en este artículo tratar de cuestiones tan antiguas como la propia historia de la humanidad. Cuestiones como el significado de reuniones multitudinarias. Acontecimientos similares han sido frecuentes en el pasado, bajo banderas o ideologías muy diferentes, y no hace falta ser un experto en la naturaleza de la condición humana para saber lo atractivo que es para muchos formar parte de un grupo, cuanto más numeroso mejor; afirmarse en una serie de ideas no a través del análisis y la reflexión individual, sino de la experiencia y emociones que proporcionan el sentir que otros creen lo mismo.
Tampoco merece la pena resaltar las razones vaticanas para elegir, de nuevo, España, país al que se considera clave en la lucha contra el laicismo. Como tantas otras veces, las actuaciones del Vaticano no son ajenas a motivaciones de índole geopolítica. Igualmente trivial es comprender que si alguien desea ganar el futuro, hará bien en tratar de influir en la juventud.
De lo que sí quiero tratar es de algunas de las proclamas de que fueron testigos esos jóvenes en Madrid y que los medios de comunicación publicitaron urbi et orbi, cabría muy propiamente decir (de manera particularmente generosa en España).
Una de tales proclamas, manifestada de manera implícita o explícita, que ha acompañado siempre a la religión católica (también, por supuesto, a otras confesiones), es la de que el mejor camino hacia la Verdad, el único, de hecho, cuando se trata de la Gran Verdad -la explicación de Todo, incluida la razón y sentido de la vida- es a través de la Revelación, transmitida a través de, en este caso, la Biblia, cuya custodia e interpretación tiene como máximo responsable al Papa de Roma, al que se le supone -al menos a partir de un cierto momento de la historia del catolicismo- infalibilidad.
"Hay muchos que, creyéndose dioses", manifestó Benedicto XVI en Madrid, "piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos qué es verdad o no, lo que es bueno o es malo, lo justo o lo injusto".
Son muchas, y muy diferentes, en un auténtico totum revolutum, las cuestiones que se tratan en la cita anterior. No hay que confundir la búsqueda de la verdad con decidir qué es bueno o malo, justo o injusto. La verdad es independiente de nuestros deseos o intereses; la bondad, la maldad y la justicia, no. Si se trata de decidir lo que es verdad o no, el único procedimiento contrastado es el de la ciencia. De ahí que sea legítimo entender que cuando Joseph Ratzinger hablaba de "aquellos que creyéndose dioses", se refería a los científicos. Una interpretación que se ve favorecida por otra de sus manifestaciones, en la que criticaba una "educación utilitarista que solo busca profesionales eficaces", poniendo como ejemplos desde "los abusos de una ciencia sin límites" hasta el "totalitarismo político" (resulta curioso que hablen de totalitarismo aquellos que pretenden imponer sus creencias al conjunto de la sociedad, participe esta o no de tales creencias).
La ciencia, habría que recordar, no puede tener límites, porque su objeto es la naturaleza y esta es lo que es, y no podemos mutilar una parte pensando que el resto es independiente. El mundo es una unidad y las ciencias que lo estudian constituyen un sistema interdependiente, interdisciplinar. Otra cosa es, por supuesto, lo que se pueda hacer con los conocimientos extraídos de la investigación científica, o el que para obtener tales conocimientos hubiese que emplear procedimientos que una sociedad democrática quiera rechazar. La ciencia, que de tantos mitos nos ha librado, no se debe convertir ella misma en un nuevo Dios que nos dicte sus normas. Ni los científicos en nuevos sacerdotes, transmisores de un saber impersonal.
En el anterior punto entramos en el que acaso sea nudo gordiano de todo el asunto. Si hay límites, deben ser los que imponga una sociedad democrática, no los supuestos intérpretes de unas "verdades divinas" que jamás han pasado la prueba de la comprobación y la predicción. Sin capacidad de predecir no podemos distinguir entre lo falso y lo cierto.
No es difícil comprender el origen de las religiones, la necesidad psicológica de creer en un destino más allá de la muerte, en no perder para siempre a nuestros seres amados. Sin embargo, y aunque sea duro de aceptar, es evidente que no existe ningún motivo para que exista aquello que postulamos para satisfacer una inquietud emocional. Ni que para explicar el origen de algo sea aceptable postular un ente, un Dios, cuyo origen tampoco se puede explicar.
"Creo", escribió Bertrand Russell en 1925, "que cuando muera me pudriré, y nada de mi yo sobrevivirá. No soy joven y amo la vida. Pero despreciaría temblar de terror por el pensamiento de la aniquilación. Sin embargo, la felicidad no es menos verdadera porque pueda venir y marcharse, ni el pensamiento y el amor pierden su valor porque no sean eternos. Incluso aunque al principio las ventanas abiertas de la ciencia nos hagan estremecer de frío en el calor de los mitos humanos tradicionales, al final el aire fresco nos da vigor, y los grandes espacios son esplendorosos por derecho propio".
La ciencia, efectivamente, nos da si no vigor sí certidumbres y desde luego dignidad. Y ello independientemente de que sus resultados de hoy no sean seguros, pudiendo ser modificados mañana; independientemente de que podamos pensar que nunca será capaz de responder a la pregunta de "¿Por qué existe el mundo y las leyes que lo rigen?" Siguiendo los procedimientos científicos, seremos capaces de encontrar esas leyes, de desvelar, sin recurrir a ningún Dios, los caminos que siguió la energía primordial para convertirse en los seres que pueblan la Tierra, pero no de responder a esa vital pregunta, de la que se nutren, comprensible pero falazmente, las religiones. Parientes como somos, aunque lejanos, de seres como la humilde lombriz de tierra (nos lo enseñó Darwin) reconozcamos nuestras limitaciones.
En Madrid, Joseph Ratzinger también dijo que "sin Dios" sería arduo afrontar los muchos desafíos que plantea el mundo actual y "ser verdaderamente felices". Consistente con esta idea es la campaña en la que está empeñada desde hace tiempo la Iglesia católica para combatir el laicismo, al que ven como un gran mal. Pero el laicismo no es sino "la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa". ¿Por qué esto es repudiable? ¿Piensa Ratzinger, y el cardenal Rouco, que ellos tienen el monopolio de virtudes como la solidaridad, la compasión o el ansia de justicia? Espero que no, porque ofendería a quien escribe estas líneas, que aun llamándome a mí mismo, con orgullo, laico, comparte algunos de los valores morales históricos que honran la confesión católica. Su insistencia en combatir el laicismo suena a mera lucha por el poder.
Aplicar la ciencia al bienestar humano implica sin duda incertidumbres. Puede, por ejemplo, llevarnos a introducir procedimientos eugenésicos, que yo, como Ratzinger, repudio, pero también a suministrar la información para que una persona decida si desea una muerte digna, posibilidad que yo defiendo. En los convulsos océanos de la biomedicina moran intervenciones rechazables en nuestros códigos genéticos al lado de mecanismos de ingeniería genética que acaso pronto -ya están comenzando a hacerlo- ofrezcan no ya un futuro mejor, sino simplemente un futuro a, por ejemplo, los llamados niños burbuja.
Por eso mi consejo a esos jóvenes que con tanto entusiasmo y atención escucharon al Papa en Madrid es que no olviden evaluar todo tipo de respuestas y tradiciones recibidas, incluso aquellas que les ofrezcan seguridades aparentes, el calor de un hogar en el que "siempre se encuentra refugio". Que recuerden aquello que Sócrates dijo a los atenienses que le condenaron a muerte, y que Platón legó a la posteridad en su Apología de Sócrates: "Una vida sin examen no es una vida digna para el hombre".
Comentado por: José Manuel Sánchez Ron es miembro de la Real Academia Española de la Lengua y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid. el 23/9/2011 a las 23:29
Solemos presentar la verdad como identificada con el bien y con la belleza, pero a veces la verdad es horrorosa (the awful truth). El momento en el que descubres esa verdad puede ser de éxtasis, pero después te das cuenta de lo difícil que es vivir con ella y de las consecuencias terribles que puede tener. Los terroristas tienen su verdad y Hitler también la tenía. A veces hubieras preferido no conocer esa verdad y seguir viviendo engañado.
Comentado por: z el 23/9/2011 a las 23:01
Comentado por: ramplonius magnificus el 23/9/2011 a las 21:56
Dejarse vivir, dejarse respirar, sometido como está uno a la necesidad de ser, sea quien sea, el que es, no es cosa que vaya uno a hacer sin ser forzado por una necesidad expresiva que no le pertenece, una voluntad de vida que se le impone.
Comentado por: fatiguitas el 23/9/2011 a las 18:33
Bienvenida sea la "ramplonería ideológica" que le ha permitido a Rafael Argullol concebir estudios literarios como El Héroe y el Único , entre muchos otros de parecida categoría. A pocos ensayistas que piensen en España sobre poesía sigo con más interés.
El "claro" y el "se entiende", si hace falta,ya lo pongo yo.
Comentado por: Javier el 23/9/2011 a las 18:21
El sol estaba funcionando antes de la aparición de la vida. Durante miles de años los humanos han adorado al sol como a una especie de dios que rige nuestras vidas, que dio origen a todos los seres vivientes. La ciencia sólo se limita a deslindar el mito de lo que es un elemento meramente físico. El dios sol, para decepción de sus creyentes, no es más que una colosal central de fusión termonuclear. Es un pedazo de bomba de fusión miles de millones de veces más potente que ninguna que construiremos jamás. De hecho, es el equivalente a que exploten un billón de bombas atómicas de 100 megatones cada segundo. Afortunadamente, la gravedad de la nuestra estrella impide que nos destruya, por ahora.
Es claro que el sol tuvo que ver mucho en la formación de la vida en la tierra, pero sólo si se daban determinadas condiciones físicas. En el cosmos hay cientos de millones de estrellas como el sol. Sin embargo, todavía no conocemos planetas, que giren como el nuestro alrededor de una estrella, donde se haya podido detectar alguna forma de vida. No digamos ya de la existencia de una civilización más avanzada que la nuestra, donde el mito hay desaparecido por completo, como las religiones o las ideologías y donde la gente confíe sin miedo en su propia razón.
Hoy, 23-9-2011, viene un buen artículo en EL PAIS, no Argullol, que siempre se caracteriza por su ramplonería ideológica, sino de un tal Sánchez Ron. El título es éste: Laicismo y búsqueda de la verdad. En dicho artículo viene esta referencia a Bertrand Russell. Dice así. “"Creo", escribió Bertrand Russell en 1925, "que cuando muera me pudriré, y nada de mi yo sobrevivirá. No soy joven y amo la vida. Pero despreciaría temblar de terror por el pensamiento de la aniquilación. Sin embargo, la felicidad no es menos verdadera porque pueda venir y marcharse, ni el pensamiento y el amor pierden su valor porque no sean eternos. Incluso aunque al principio las ventanas abiertas de la ciencia nos hagan estremecer de frío en el calor de los mitos humanos tradicionales, al final el aire fresco nos da vigor, y los grandes espacios son esplendorosos por derecho propio".
Comentado por: miguel el 23/9/2011 a las 17:54
Ni todas son feas, ni ninguna es fea del todo, y, bendita sea, no falta la que nos regocija el corazón con su mera presencia.
Comentado por: aunque no sean bellas el 23/9/2011 a las 17:53
Cabría suponer que en el texto de Nietzsche (Gen. Mor. III,6) se está hablando de dos categorías diferentes (Arte y Ciencia: Kant define el Arte con las categorías de la ciencia o de la filosofía seria, luego en realidad -parece molestarle a Nietzsche- está hablando de la ciencia o de la filosofía seria disfrazada de arte, no del arte y entonces pide una limpieza, un deslinde), dos momentos, digo, no necesariamente incompatibles, más bien complementarios en cuanto humanos ambos y tampoco el uno más 'primitivo' que el otro (Arte y Ciencia; pues, en ese caso, uno de los dos sería prescindible). Porque a veces se reduce demasiado lo que se entiende por Arte a mera producción y no se considera la actividad del artista como pensamiento,una manera de conocer, de imaginar (si molesta mucho la palabra 'pensar' en el artista o similares) que hace posible esa producción o la pone en camino.
Para decirlo de un modo un poco más exagerado y en sintonía con uno de los intervinientes: ¿por qué no dejarle un huequecito por minúsculo que sea a eso que llamáis 'mentira'? ¿Tanto molesta, tanto irrita? ¿Hay que investirse necesariamente de las otras grandes ropas sacerdotales, que ahora son las de la Ciencia, para condenar como una impresentable mentira (no científica, no racional, no existente, perseguible) ese otro modo de pensar 'prohibido' (no comprobable por argumentos de falsación, etc.), al que en ocasiones debemos agradecer ciertas imprescindibles producciones o la belleza sin más del pensamiento mismo?
Comentado por: Javier el 23/9/2011 a las 17:40
Me llama la atención en el párrafo de Miguel un 'no es más que...' referido al sol.
Ese 'no más que' condensa un más o menos consciente deseo de rebajar, añadido, externo, al conocimiento científico, pero que muy a menudo acompaña a las expresiones de devoción científica.
Así, podemos, como Miguel, decir: lo que para el griego era fuente de vida, para mí, hombre de la edad científica, no es más que una central nuclear. Pero también podemos decir, ¡qué grande que una central nuclear sea fuente de vida!
O bien, podemos también decir: eso que algunos llaman alma no es más que la actividad de algunas neuronas. Otros pueden preferir la inversa: ¡qué maravilla que las neuronas produzcan un alma!
Comentado por: mejor subir que bajar el 23/9/2011 a las 14:40
Gracias, I WONDER, por traer el articulo de Argullol. Pocas veces falla en sus juicios este escritor.
Comentado por: me el 23/9/2011 a las 12:32
Desde luego, Miguel, es mas facil descubrir la mentira que la verdad, no crees? Aunque uno la descubra demasiado tarde!
Comentado por: me el 23/9/2011 a las 12:26
Comentado por: Dime algo verdadero el 23/9/2011 a las 11:59
¿Qué es la verdad? Tengo que decepcionaros. La verdad no existe. Ni siquiera la verdad es la belleza. La verdad es una mera aspiración del ser humano. Si me preguntáis, por ejemplo, quién tiene la verdad, o Nietzsche o Kant, tengo que deciros que Kant se aproxima a la verdad más que el autor de la Genealogía de la Moral. ¿Por qué? Porque prescinde de los sentimientos. Yo puedo ver el sol y convertirlo en una fuente de vida para el héroe de una tragedia griega. Pero el sol no es más que una inmensa central nuclear. El problema de Nietzsche es que su filosofía carece de sistematización científica. He aquí la gran diferencia entre el sentimiento y la razón. Yo no me puedo basar en los sentimientos para construir una teoría física. La definición física del sol carece de sentimientos. El sentimiento lo puedo expresar porque me produce placer, a la par que puedo aspirar a un anhelo de saber la verdad no explicada por la ciencia. Nada más. Pero esto, a pesar de ser bello, no quiere decir que sea verdad, ni siquiera que aspire a una aproximación a la verdad, que no a otra cosa puede aspirar la ciencia. De modo que no confundamos las cosas. El método analítico nos permite diferenciar los conceptos; pero para eso hay que saber qué cosa es el método analítico, algo que no suele enseñarse en la universidad, porque está más empeñada en el asunto lingüístico o regional. Un suceso absolutamente irracional.
Comentado por: miguel el 23/9/2011 a las 02:07
Digamos que está eso que de verdad se dice, y está esto que aquí hay de verdad, esto que se palpa, que se siente, que no se dice, porque no se sabe, pero que respira, alienta, se expresa, o no, con lo que se dice.
La belleza es cosa del otro mundo. Allí es donde hay que ir a buscarla. Las cosas de por aquí no son bellas, no son perfectas. Y aunque no todas son feas, fea es la mayoría.
Comentado por: glosa el 22/9/2011 a las 23:51
Comentado por: a. el 22/9/2011 a las 20:16
Todo es posible, menos ponerte públicamente de mi parte sin que te pase nada. Si nada te pasa, es que de tu vida has hecho prudencia, filosofía, letras. Mira cómo doy la vida, en un visible derroche de las capacidades de sufrir, y compáralo con los grandes discursos de los teólogos. Si tienes miedo, es porque no sabes qué te pasará. Y si no sabes qué te pasará, es porque todavía no has elegido entre el cálculo de probabilidades y yo.
B. BONET, El evangelio según uno de tantos.
Comentado por: otro de tantos el 22/9/2011 a las 19:18
Comentado por: Belleza, verdad y física. el 22/9/2011 a las 17:27
La verdad de los mentirosos
RAFAEL ARGULLOL 22/09/2011
Lo que sea la verdad es algo bien difícil de dilucidar. No solo los filósofos se han aplicado durante siglos a tratar de averiguarlo sino que, de creer al Evangelio de San Juan, Poncio Pilatos hubiera debido pasar a la historia, no tanto por lavarse las manos ante la sentencia de muerte a un inocente, sino porque, en un acto de desesperación escéptica, le espetó a Cristo: ¿qué es la verdad? Quid est veritas? Una pregunta con una respuesta difícil, quizá la más difícil de todas las que podemos plantearnos. Y, sin embargo, en los últimos tiempos estamos cansados de escuchar a personajes públicos que, ante cualquier dificultad, responden machaconamente: "Nos limitamos a decir la verdad". Y también los derivados más crudos de esta afirmación: "Es lo que hay" o "así es la realidad".
Los dos principales partidos son cómplices en la burbuja de la especulación inmobiliaria
No pasa día en que alguna de estas tres frases -y a menudo las tres- sea pronunciada por consejeros, alcaldes, presidentes autonómicos, ministros y jefes de Gobierno. A partir de ahí el dominio de lo que es la verdad, presentada asimismo como revelación de lo que era la mentira, justifica cualquier acción, pues el responsable público, amparado por lo inevitable de la situación, acaba presentándose, ya no como un servidor sino como un salvador de la comunidad o, para los que prefieren una mayor grandilocuencia, como salvador de la patria. Una de las más grotescas paradojas de la situación actual es que la "verdad sobre lo que hay" (arcas vacías, deudas insostenibles) sea el argumento para agredir los dos territorios más sensibles de la sociedad, la educación y la salud.
El embuste implícito a esta verdad con que ahora se nos abruma está originado, cuando menos, en dos fuentes: quiénes son los albaceas de aquella supuesta verdad y cómo se forjó la mentira de la que ahora quieren liberarnos. No obstante, ambas fuentes confluyen en el hecho de que quienes ahora dicen revelarnos la verdad son los mismos que estaban en condiciones, durante años, de desentrañar la mentira. Me cuesta encontrar un solo responsable político actual de envergadura que no haya estado comprometido con aquella ocultación, ni en el partido del Gobierno ni en los principales de la oposición. Esta complicidad en la mentira o, si se quiere, en el mantenimiento de una opacidad culpable, es la que ha creado un clima moralmente inquietante, en el cual no solo hemos contemplado la corrupción de políticos sino de amplias capas de la ciudadanía, que han premiado la corrupción con vergonzosos respaldos electorales. En las próximas elecciones la mayoría de los candidatos están atrapados en aquella complicidad pues, a pesar de los desastres económicos de los que venimos hablando desde hace unostres años -pero no antes, el detalle es importante-, no se ha producido autocrítica real ni catarsis colectiva. Es fácil tener la verdad hoy; lo auténticamente difícil era denunciar la mentira ayer.
Y no denunciaron la mentira. Este verano, y como noticia de un par de días y sin seguimiento, apareció la información de que España no estaba en condiciones de pagar lo que había adquirido en material militar en los últimos 15 años, primero con Aznar y luego con Zapatero: creo recordar que eran unos 30.000 millones de euros, los suficientes quizá, de no haber sido gastados, para que ahora no hubiera que recortar el presupuesto de educación. De acuerdo con la información, lo peor y lo más frívolo es que no estaba claro en absoluto el destino de estos productos más bien siniestros por los que habíamos contraído una deuda tan abultada. No recuerdo ninguna explicación de Zapatero o Rubalcaba, de Aznar o de Rajoy. Ni las recuerdo ni las espero porque forman parte de la omertà en la ocultación de la mentira por parte de los que en la próxima campaña electoral se nos presentarán como fervientes amantes de la verdad. Y, sin embargo, por ese lado hubiéramos podido salvar nuestros presupuestos educativos.
Y acaso también podrían salvarse los presupuestos sanitarios si el Estado español presentara una demanda masiva contra la banca por negligencia, como ha hecho Estados Unidos. La Agencia Federal de la Vivienda espera una indemnización multimillonaria tras su demanda contra Bank of America, JP Morgan Chase, Deutsche Bank, HSBC, Barclays y Citigroup, entre otros. Acusación: vender hipotecas de baja calidad y faltar a la obligación de comprobar la excelencia de los activos. ¿Les suena? Durante años y años asistimos al esperpéntico espectáculo de la especulación inmobiliaria, sin apenas denuncias por parte de los grandes partidos. Tuvo que ser una diputada danesa del Parlamento Europeo la que, a instancias de Greenpeace y otros grupos similares, denunciara el caso con la resistencia activa de la mayoría de los diputados españoles. También aquí funcionó la ley del silencio, a la que lamentablemente se sumaron muchos grupos de comunicación. Eran los días en que los tentadores ofrecían créditos e hipotecas de alcance casi celestial y los tentados aprendían a vivir como aspirantes a nouveaux riches en medio de un simulacro general. Primero, se educó para la estafa, y cuando la estafa ya era demasiado evidente, en lugar de castigar a los estafadores se marchó a su rescate con dinero público. Si los que ahora se presentan a las elecciones se atrevieran a pedir cuentas a los saqueadores, como intenta hacerse por parte de algunos en Estados Unidos, tal vez no sería necesario recortar en sanidad, pues la devolución del dinero del saqueo cubriría muchos déficits. Pero ninguno de los que puede ganar lleva en el programa la exigencia de la restitución. En consecuencia, nadie devolverá el dinero robado, ni los delincuentes confesos, de Roldán a Millet, ni aquellos banqueros corruptos que nunca serán declarados delincuentes.
En esta tesitura es de una hipocresía inaguantable que tantos responsables públicos, alentados muchas veces, como corifeos, por economistas sin escrúpulos, aleguen que se limitan a expresar "la verdad" que exige sacrificios, nada menos que en educación y sanidad, los fundamentos, precisamente, de una sociedad justa. Los mismos, exactamente los mismos, que cerraron los ojos y las bocas cuando la mentira crecía sin cesar.
Rafael Argullol es escritor. ¿Y Azúa, todavía lo es?
Comentado por: I WONDER el 22/9/2011 a las 13:31
Comentado por: BigEd el 22/9/2011 a las 12:38
Tal vez sean esas sensaciones las que tengan la culpa de que se confunda la categoría lógica con los llamados hechos de la realidad, que son sentidos cómo tales por y dejan huellas en el observador. Por ello mismo tal vez resulte mucho más útil ser claros sobre qué es lo que no es la verdad y en dónde la pretensión de verdad no tiene sentido alguno (por ejemplo, en las predicciones de hechos futuros).
Comentado por: BigEd el 22/9/2011 a las 12:37
El sentimiento, eso que de vivo hay en nosotros, es algo íntimo, hondo, algo que no se puede hacer público, algo que no se puede compartir; lo único que compartimos aquí es el lenguaje con el que ese sentimiento procura expresarse, abrirse un hueco en uno mismo y respirar, y la necesidad misma de que lo haga.
Comentado por: . el 21/9/2011 a las 23:19
Comentado por: JDPA el 21/9/2011 a las 22:13
(...) Kant pensaba que hacía un honor al arte dando la preferencia y colocando en el primer plano, entre los predicados de lo bello, a los predicados que constituyen la honra del conocimiento: impersonalidad y validez universal. No es éste el sitio adecuado para discutir si, en lo principal, no era esto un error; lo único que quiero subrayar es que Kant, al igual que todos los filósofos, en lugar de enfocar el problema estético desde las
experiencias del artista (del creador), reflexionó sobre el arte y lo bello a partir únicamente del «espectador» y, al hacerlo, introdujo sin darse cuenta al «espectador» mismo en el concepto «bello». ¡Pero si al menos ese «espectador» les hubiera sido bien conocido a los filósofos de lo bello!
—quiero decir, ¡conocido como un gran hecho y una gran experiencia personales, como una plenitud de singularísimas y poderosas vivencias,apetencias,sorpresas, embriagueces en el terreno de lo bello! Pero me temo que ocurrió siempre lo contrario: y así, ya desde el mismo comienzo, nos dan definiciones en las que, como ocurre en aquella famosa que Kant da de lo bello, la ausencia de una más delicada experiencia propia se presenta con la figura de un gordo gusano de error básico. «Es bello, dice Kant, lo que agrada desinteresadamente». ¡Desinteresadamente! Compárese con esta definición aquella otra expresada por un verdadero «espectador» y artista —Stendhal, que llama en una ocasión a lo bello une promesse de bonheur [una promesa de felicidad]. Aquí queda en todo caso repudiado y eliminado justo aquello que Kant destaca con exclusividad en el estado estético: le désintéressement [el desinterés]. ¿Quién tiene razón, Kant o Stendhal?
—Aunque es cierto que nuestros estéticos no se cansan de poner en la balanza, en favor de Kant, el hecho de que, bajo el encanto de la belleza, es posible contemplar «desinteresadamente» incluso estatuas femeninas desnudas, se nos permitirá que nos riamos un poco a costa suya: —las experiencias de los artistas son, con respecto a este escabroso punto, «más interesantes», y Pigmalión, en todo caso, no fue necesariamente un «hombre antiestético».
F. Nietzsche, Genealogía de la Moral, III, 6 (Alianza,1972. A. Sánchez Pascual, págs. 120-121.)
Comentado por: Fiel lector el 21/9/2011 a las 19:24
Creo haberte escuchado en un lamento.
La noche como un bálsamo oscuro
deslizaba tu vientre en un apuro,
siempre fugaz, más allá del momento.
Cruzaste mi vida. Un sólo acento
entre labios de un carmín verde oscuro.
Ningún reproche, ningún te lo juro,
ninguna palabra al sentir lo siento.
Dime mi amor, ¿al roce de un te quiero
tengo que decir que tus labios se mueren
como el aire de esta negra habitación?
Dame tu amor en el sol. El primero.
Solitaria estás. Las flores te quieren,
y el sueño es una desolada estación.
Comentado por: miguel el 21/9/2011 a las 01:59
La primavera insiste en despedidas, arrastrando sus cadenas de cuerdas,
su lino sordo, su desnudez de ocaso, el lienzo flameado.
como una sábana de lluvia. Alentar sobre un seno, alargar la mano
a tres mil kilómetros de distancia, hasta tocar la frente de cristal
en que están impresos los azules marinos, los peces sorprendidos.
Si yo quiero la vida no es para repartirla. Ni para malgastarla.
Es sólo para tener en orden los labios. Para no mirarme las manos
de cera, aunque irrumpa su caudal descifrable. Para dormirme a mi hora
sobre una conciencia sin funda.
Por eso estoy aquí ya formándome. Cuento uno a uno los centímetros
de mi lucha. Por eso me nace una risa del talón que no es humo.
Por ti, que no explicas la geografía más profunda.
Comentado por: versión original el 20/9/2011 a las 23:39
Esto no es vida
si no hay amores,
si no hay querencias,
si no hay quereres,
sin los rigores
del corazón.
Esto no es vida
si no hay de eso:
es lo que aburre,
la letra muerta,
un espejismo
de la razón.
Comentado por: la verdad o la vida el 20/9/2011 a las 22:41
Me ha recordado el discurso de Guardiola en la entrega de la medalla de la Generalitat, en el que dijo que lo mejor su trabajo es cuando, antes del partido, se encierra en una habitación a ver vídeos del contrario. Llega un momento en el que dice: ¡Ya lo tengo! ¡Ganaremos! (Creo que dijo que solo es entrenador por ese momento). Lo digo en serio, viendo la obra de arte que es el juego del Barça, la sensación debe ser la misma a la que alude Azúa.
Comentado por: p el 20/9/2011 a las 21:55
Una risa del talón que no es humo
La verdad consistiría sólo
en ir naciendo a ella
como puerta segura siempre intacta
y el viajero neonato
deslumbrado de certeza reciente
mientras acomodaba sus sentidos
vislumbraría
otra meta en lo alto
y otra hilera de huellas de otro caminante
y escucharía
con nitidez alada
mientras posa su planta
una risa del talón que no es humo.
Comentado por: DPA el 20/9/2011 a las 19:22
"Para un filósofo es una abominación el decir 'lo Bueno y lo Bello son uno'; y si se atreve a añadir 'tambien lo Verdadero', entonces deberíamos abofetearlo".
F. Nietzche
Comentado por: citas célebres el 20/9/2011 a las 08:12
Dulce Afró inmortal: acorre a tu pueblo, señora.
Que yo por ti cantaré mis versos mejores, mi diosa,
y no faltará en tu altar bendito rendida mi ofrenda:
tiernas tórtolas vivas de limpia espuma cuajadas,
fresca granada en sazón de delicados rubíes,
la rosa y el nardo fragantes, leche y miel rubicunda,
si tú me lo cumples, mi reina, por gracia tuya y del cielo.
Dulce Afró inmortal: acorre a tu pueblo, señora.
Comentado por: bernardino el 19/9/2011 a las 22:36
quiere ud. decir que no vemos el amor como adsoluto y la muerte sí, por eso el argumento de los muertos siempre es legitimo.
Comentado por: A. el 19/9/2011 a las 22:06
Pues yo he descubierto este fin de semana el poema Ozymandias. No puedo dejar de pensar en esas piernas faraónicas y se me aparecen en sueños caravanas de beduinos en camello. ¿Es grave?
Comentado por: Circe el 19/9/2011 a las 21:20
Filón de Alejandría tenía la ventaja de no tener Internet…Si la ves, si la miras…ese estado de amor que usted describe no se puede mantener por mucho tiempo, y probablemente ni siquiera sea amor sino infatuación; palabreja que le gusta mucho a los americanos del norte.
Creo que lo entiendo, lo ha expresado muy bien. Efectivamente, todo pasa.
Comentado por: me el 19/9/2011 a las 21:12
Nunca vale menos el amor que cuando se utiliza para tapar la muerte, nunca vale menos el arte que cuando se utiliza para tapar la mierda.
Comentado por: amor de compra y venta el 19/9/2011 a las 20:34
Si es que le gustan las matemáticas, dice miguel. Bueno, me parece complicada una afirmación de tal tipo, porque no conozco a nadie que una vez aprendidas no le gusten. El problema es que cuesta aprenderlas y quizá sea a eso a lo que se refiere miguel, que hay a quien no le apetece subir esa cuesta.
Comentado por: Paco de la Vega el 19/9/2011 a las 18:42
Completamente de acuerdo. Pero, ¿no puede sufrir ese mismo arrobamiento el más horrible de los poetas tras vomitar uno de sus ripios? ¿Y no es uno de los más insondables misterios de la naturaleza la absoluta falta de relación entre la así llamada "vocación" y el verdadero talento?
Comentado por: Rector el 19/9/2011 a las 15:30
Comentado por: pro el 19/9/2011 a las 14:40
...pero lo curioso es que nada es verdad más que durante el instante que creemos que la demostración flota en el aire en torno a nuestra sesera. Suena el teléfono, oyes una imbecilidad por la radio, o te despiertas al d´´ia siguiente diciéndote "¿Dónde estoy?¿quién soy?" y la verdad ya no es más queun prejuicio, algo en que finges creer para disponer de apoyos, confiando -sin demasiadas pruebas tampoco- en que la víspera no estabas perdiendo el tiempo dedicándote a ese razonamiento que ahora no puedes reconstruir ni te apetece demasiado, no sea que...
Arendt decía que la verdad siempre es dogmática. Casi todo dios, desde los griegos hasta los sufíes, han pensado siempre que la verdad se distingue sobre todo por ser incomunicable, inexpresable, gratuita... Que su conocimiento sólo puede ser accedido por vías místicas y de todas formas tampoco sirve para nada.
Comentado por: hola pro ¡cuánto tiempo! el 19/9/2011 a las 14:04
Resolver un problema matemático, a base de eliminar errores, debe comportar una sensación satisfactoria para quien lo logra, si es que le gustan las matemáticas. En general, la vida es un inmenso laboratorio donde los seres humanos se afanan en resolver problemas. Todos sabemos que la solución final al problema de la vida es la muerte. No querer saber nada de la muerte implica un esfuerzo constante por superar los errores en los que caemos a lo largo de nuestra existencia. Pero, ¿y eso que llamamos amor? ¿Es un problema a resolver? ¿O es algo parecido al abrazo de la muerte, donde el error puede ser uno mismo y, a la vez, el problema? El amor y la muerte utilizan caminos paralelos. Hay algo que los distingue: el amor se acaba; la muerte continúa, tan perseverante como la vida. Podríamos concluir con que el amor es un inmenso engaño, dulce como un suspiro de eternidad, difuso, extraño, una inconclusa melodía para olvidarnos del fin, de nuestro tiempo acabado. El amor es también necesario para creerse uno a sí mismo, lleno de buenos propósitos de un futuro luminoso, y sentir, como en un sueño dorado, que lo que te ofrece es el resumen de todos los errores superados. Por eso es una gran y bella metáfora de la supervivencia.
Comentado por: miguel el 19/9/2011 a las 12:16
Cielos, Félix hablando de amor/desamor sin (demasiado) cinismo... ¡Alerta roja! Paciencia, Félix.
Aquí seguimos. Siempre que no te pongas demasiado machista... Pero hasta eso te perdonamos porque sin duda la situación es, excepcionalmente, merecedora de ello.
Un abrazo.
Comentado por: pro el 19/9/2011 a las 11:36
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
20/5/2012 19:37
DISCLAIMER: I do Not own! No...
Publicado por: Pakito
20/5/2012 13:05
Bien, como he visto tantas manos...
Publicado por: ¿seguimos estando de acuerdo?
19/5/2012 23:35
Publicado por: A estas alturas con el marxismo...
19/5/2012 19:45
En los ’30, la crítica radical...
Publicado por: duchamp y la CIA
19/5/2012 00:57
Hola te estaría muy agradecido...
Publicado por: jesus zamora
18/5/2012 21:45
Publicado por: que levante la mano quien esté de acuerdo
18/5/2012 19:23
No estoy de acuerdo con eso de...
Publicado por: DPA
18/5/2012 15:58
“Totalmente al contrario de lo...
Publicado por: ¿quién está de acuerdo con esto?
16/5/2012 21:01
Publicado por: DPA
16/5/2012 19:36
Uuuaaah! ha sido GENIAL. Besos.
Publicado por: marta
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