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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de septiembre de 2020

 Félix de Azúa

Sobre la prehistoria del cine

No hará muchos meses que comentaba aquella sorprendente escena en la que una cámara montada sobre la grúa recorre desde la altura el círculo de espectadores que miran alelados el baile de Esmeralda en torno a la hoguera, a las puertas de Notre-Dame, y que de pronto se detiene en un rostro oculto entre la multitud para, de seguido, con una aproximación violenta, descubrirnos la exasperada mueca de lujuria, ira y locura que identifica de inmediato al satánico perseguidor de la gitanilla. El espectador sufre un violento escalofrío de terror.

    Y también un escalofrío de admiración porque la escena no es de Hitchcock sino de Victor Hugo y se encuentra tal cual la cuento en Notre-Dame de Paris. ¿Fue semejante truco narrativo copiado luego por algunos cineastas con lecturas? ¿O es un telescopage instintivo en cualquier narrador, sea cual sea su soporte, celulosa o celuloide?

    Hace unos días me encontré con otra de estas escenas míticas. El narrador quiere introducir un personaje femenino y hacerlo coincidir con el héroe en circunstancias favorables e interesantes, de manera que desboca al caballo que tira de la calesita, pone a la bellísima muchacha a dar gritos con la rubia melena al viento y presenta a nuestro héroe cabalgando al galope para salvar a la joven. El carricoche, desvencijado, está a punto de precipitarse por un barranco y el enloquecido caballo da grandes salto junto al precipicio. Ya casi caen, pero el coche queda atorado en el mismo borde, balanceándose sobre el vacío. Llega el héroe y con gran riesgo de su vida extiende un brazo hasta agarrar a la dama por la muñeca y mediante un sobrehumano esfuerzo la alza hasta dejarla extendida en la tierra, salva y desmayada. Magnífica escena.

    Pero no es de John Ford, sino de Pérez Galdós en La batalla de los Arapiles, otro de esos inmensos episodios nacionales en los que asistimos boquiabiertos a lo más extraordinario junto con lo más abyecto de la literatura en español. Hay páginas que me parecen iguales sino superiores a Tolstoy, y otras cuyo sentimentalismo populachero chapotea más abajo todavía que el Dickens de Little Dorritt, una concesión a la clientela romántica en el peor sentido, de escaso cerebro y alma simplona, para la que don Benito escribía con perfecto cinismo.

    Bien, pero, ¿quién inventó la escena? Lo cierto es que no recuerdo el arquetipo ni en Walter Scott ni en Alejandro Dumas. Galdós lo escribe en 1875, ¿lo habría leído en algún precursor? Cabe pensar que haya algo parecido en la literatura clásica, aunque sólo me viene a las mientes la carrera de carros de la Ilíada en la que aquel muchacho, Antíloco, hijo de Nestor, simula que va a chocar por impericia y cuando su contrincante se aparta, le supera y vence la carrera como cualquier marrullero actual tipo Hamilton.

    No sé cuándo ni dónde nace la escena del despeñamiento de la bella, pero en Galdós está descrita con tanta perfección que parece genuina. Aunque dado que, según tengo entendido y por extraño que pueda parecer, John Ford no había leído a Galdós, siempre es posible que se trate una vez más de uno de esos topoi escondidos en nuestra más profunda memoria biológica. Todos alguna vez hemos salvado a la amada de precipitarse en el vacío. Por ejemplo, en el nuestro.

[Publicado el 30/8/2011 a las 07:00]

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Comentarios (31)

  • Pensaba que los comentarios de un artículo eran para poner algún reparo, señalar errores, completar información... Ignoraba que también pudieran dar lugar a mensajes insensatos, absurdos cuando no directamente incomprensibles. Bien, siempre aprendemos algo.
    En todo caso, lo único que yo realmente quería decir sobre el texto es que lo de salvar a una dama cuyo carruaje queda al borde de un abismo o en otra situación peligrosa me parece una situación no diré muy común en la literatura, pero sí que aparece con relativa frecuencia. Y pongo un ejemplo para demostrarlo: En una de las mejores obra de Lope de Vega, El castigo sin venganza, los dos jóvenes y desdichados amantes se conocen precisamente cuando Federico salva a Casandra al haber quedado el carruaje de ésta atascado en un río que lleva más agua de lo que parecía. No quiero meterme en el valor simbólico que un encuentro como ese pueda tener, sólo en mostrarlo como uno de los muchos ejemplos de una escena como la que dibuja Félix de Azúa.

    Comentado por: chema el 20/9/2011 a las 15:07

  • Me se merece un Oscar

    Comentado por: Te el 10/9/2011 a las 10:03

  • quiere ud. decir que el arte oculta que no existe el objeto, en ese caso no es solo util sino fundamental.

    Comentado por: c. el 06/9/2011 a las 21:38

  • Siniestro o no, el arte manifiesta la bondad de la apariencia, no la del objeto al que se refiere, ese al que trata de encubrir.
    Gustamos de las apariencias, qué le vamos a hacer. Apreciamos su utilidad y su encanto.
    Ello en el supuesto de que aún haya algo íntimo que ocultar, en estos tiempos en que las intimidades se hacen públicas, siendo como es que lo verdaderamente íntimo es justamente lo que no es, porque no puede hacerse, público, y que la intimidad en público no es posible. Por eso se enmascara.
    Las pantallas de televisión están llenas de asuntos íntimos que ya hace tiempo que dejaron se serlo, pues se convirtieron en comportamientos sociales que ya no nos pertenecen: la fornicación, el adulterio, el latrocinio, qué sé yo...
    Nuestra intimidad, si la hay, es otra cosa que este adocenado folletín televisivo, trufado de supuestas confesiones íntimas, con que ocasionalmente matamos el rato. Nuestra intimidad es seguramente algo que no debe ser del todo comprendido, algo de lo que necesariamente no puede hablarse en público, lo que queramos o no se enmascara, lo que se esconde.
    El arte más primitivo consistió, seguramente, no en ese asombroso ejercicio pictórico que ha perdurado en lo profundo de algunas cavernas, sino en las máscaras, en el arte del enmascaramiento, de la creación de apariencia.

    Comentado por: utilidad del arte el 05/9/2011 a las 23:01

  • Funny y Alexander esta con iconos muy facilitos para nenes(las marionetas,el arcoiris,el tarambana, el calvinista etc...) da el pego de historieta.
    Por otro lado cuando llevas vistas unas cuantas peliculas de Ford las historias se convierten en estilo "Ford" tan insufrible como el Bergman más obsesivo.

    Comentado por: b. el 05/9/2011 a las 18:03

  • Conozco el cine de los directores que cita, señora marta. No seré yo quién le proponga cambiar de gustos. Para mi gusto, a pesar de sus obsesiones, salvaría a Fellini. Quizá porque no he visto nunca una película de él donde la protagonista sea la claustrofóbica obsesión humana, así, tomada como un extracto metafísico insondable. Esto es lo que me repele de Bergman. Lo siento. No coincidimos en los gustos cinematográficos. Tampoco es para obsesionarse con ello, aunque sea por mera salud mental. Y, vive Dios, que sé de lo que hablo.

    Un saludo.

    Comentado por: miguel el 05/9/2011 a las 15:22

  • Las referencias literarias, a mi modo de ver, están presentes en el cine, en unas películas más que en otras, pero yo no llamaría a ésto servilismo, bueno una cosa es la literatura y otra el cine,está claro pero se trata de historias, el mismo guión en sí ya es toda una historia.
    Creo que el cine de Bergman (Miguel) aunque no soy ninguna experta, guarda muchas analogías con otros autores contemporáneos como Resnais. Hiroshima mon amour. 1963 o Muriel. 1963 también las películas de Antonioni más notables La aventura. 1960 o La noche. 1961 o El eclipse. 1962 o por ejemplo Fellini con La dolce vitta, que es de 1960. Todas éstas películas realizadas en los mismos años que las de Bergman coinciden en un espíritu similar, a veces la metáfora es el silencio otras la incomunicación, la obsesión, la memoria. A mí me parecen unas metáforas muy válidas para hablar del ser humano. Saludos a todos.

    Comentado por: marta el 05/9/2011 a las 11:16

  • La estética de la guerra, de la violencia, de la muerte y la aniquilación, es tan vieja como el arte, con un éxito de público asegurado.

    Comentado por: a la vista está el 04/9/2011 a las 20:32

  • Mi mejor deseo sería poder vagabundear por Italia como un pintor desconocido.

    FRASES (NOCHE DEL 21-22 DE JULIO DE 1941) / A. HITLER

    Comentado por: artistas al poder el 04/9/2011 a las 18:31

  • ya lo dijo Andy si miras un icono quince minutos seguidos se convierte en naturaleza muerta(comunmente mierda) pero lo mismo obliga a las palabras a no salir de su ambito local.

    Comentado por: a. el 04/9/2011 a las 10:40

  • " "Fue el puchero el que empezó..."
    Así empieza Dickens su libro "El grillo del hogar".
    "Fue el puchero el que empezó..."
    Nada parece más lejos del cine. Trenes, cow-boys, persecuciones... y "El grillo del hogar". "Fue el puchero el que empezó..." "

    "Enseguida que reconocemos en este puchero un típico primer plano se nos ocurre exclamar: "¡Cómo no lo habíamos notado antes! Éste es el verdadero Griffith. Muchas veces hemos visto un primer plano semejante al principio de un episodio, una secuencia o un filme entero en este mismo estilo." (Dicho sea de paso, no podemos dejar de mencionar el hecho de que uno de los primeros filmes de Griffith estaba basado en "El grillo del hogar"). Ciertamente, este puchero es un primer plano típico de Griffith. Un primer plano, ahora nos damos cuenta de ello, saturado de una atmósfera típicamente "a lo Dickens", con la cual Griffith puede envolver con idéntica maestría el severo aspecto de la vida en "Las dos tormentas" y el aspecto frío como el hielo de los personajes que empujó a la culpable Anna (Lilian Gish) a la móvil superficie del hielo que cae por una cascada. "

    S.M. Eisenstein, "Dickens, Griffith y el cine de hoy" 1944

    Comentado por: Pote el 03/9/2011 a las 15:08

  • de Aragón vengo de comerme una alubias rojas y me resulta difícil enterarme de lo que me dice, pero seguro que tiene usted razón.
    Un abrazo.

    Comentado por: Gabriella Marcel el 03/9/2011 a las 12:57

  • Gabriela:eximirse de la culpa reconociendo el delito es adoptar una actitud que sólo puede justificarse voluntariosamente; más que a una razón, remite a una filiación, que no resulta difícil averiguar. Justificarse en función de una "situación social" vale es ese sentido, pero no como eximente. La culpa no se refiere a algo padecido, sino a algo hecho, y ser ciego para, o desvisr los ojos de, lo segundo puede dar a pensar que se es deshonesto con lo primero. Lo hecho es lo que debe ser puesto en cuestión, y lo hecho consiste en que su mentira trató de enmascararse en una aparente despersonalización, cuyo efecto es la entronización de un proselitismo enmascarado. El cuantioso conjunto de sus prosélitos instaura ahora como derecho propio lo que sus valedores ahora más viejos quisieron justificar como hecho social.

    Comentado por: Agustina el 03/9/2011 a las 10:45

  • Cómo estamos, qué hacemos, es lo único que verdaderamente acaba por tener sentido. Lo otro, lo que somos, lo que querríamos o creemos ser, la necesidad que fatalmente se nos impone, ¿a qué echarle cuentas? Como no sea para deshacernos de ello, lo que no puede ser.
    Cualquiera diría que no queremos estar aquí, haciendo cosas, como, por ejemplo, esto mismo que ahora andamos haciendo, cosas que puede que no sean necesarias, pero que no carecen de sentido, de utilidad, y que para eso, para no estar aquí, nos ponemos a ser lo que somos, a creérnoslo, y a perdernos en el otro mundo.
    Pero no podemos dejar de estar aquí, aunque sea enmascarados en nuestra fe y prestando crédito a nuestras fabulaciones, aunque sea empeñados en ser lo que somos, aunque no queramos, de una u otra manera, no, no podemos dejar de estar aquí, haciendo algo, aunque sólo sea eso, una mascarada.

    Comentado por: la máscara roja el 01/9/2011 a las 23:01

  • Victoria´s, hay rimas suficientes como para ordenarlo mentalmente de otros modos, a no ser que sea poesía atonal más un poco de publicidad.
    Sugerente, intimidad, modernismo, crítica de la modernidad y de la invasión publicitaria al tiempo que... paradojas, contradicciones.
    Precioso.

    Comentado por: a schoenberg ya le gustaría el 01/9/2011 a las 14:35

  • suponga, el icono no tiene certeza es como mínimo dual.

    Comentado por: la palabra es la palabra el 01/9/2011 a las 09:56

  • Mis ojos han sufrido al ver escrito mi nombre no acentuado, supongo que por concesión poética, supongo.

    Comentado por: Néstor el 01/9/2011 a las 09:42

  • Cada vez que miro el extracto del banco, veo el recibo de “El Ocaso”: 11,46 euros. Estuve a punto de cancelar el recibo pero mis hermanas me dijeron que iba a incordiar hasta después de muerto, por lo que seguí abonando mis cuotas. Ya he elegido la incineración y estoy muy contento porque al final, las cenizas parecen arena, acabas mineralizado. Mineralizado y posiblemente en una bolsa de basura junto a periódicos viejos, sospecho que mi última morada será el vertedero.

    Comentado por: La familia, pilar de la sociedad el 01/9/2011 a las 09:11

  • En el cine, en un principio no fue el verbo, sino el icono. La prehistoria del cine no son las películas de esos autores que literatulizaron el cine incial, sino los primigenios, los precinematográficos. Hablar o reflexionar sobre la prehistoria del cine, es hacerlo sobre Marey o Edward Muybridge. El "Animal locomotion" en el zoopraxinoscoipo ignoró toda literatura porque el texto le era absolutamente innecesario. Por otra parte, los directores más esencialmente cinematográficos, ignoraron asiduamente la servidumbre de los textos. La "demolición" de los textos galdosianos que Luis Buñuel realizó para su Tristana, es un magnífico ejemplo.

    Comentado por: Carlos el 31/8/2011 a las 18:01

  • Sólo una pequeña cascada,
    Pero su sonido
    Refresca la noche.

    K.Issa

    Comentado por: gracias por traerlo el 31/8/2011 a las 15:21

  • "Silencio, una hoja se hunde en el agua clara." K.Issa

    (esta mañana leo la palabra silencio por todas partes, en las anotaciones de mis cuadernos, en los libros que consulto... pienso: debería guardar silencio)

    Bueno, el caso es que el cine de J. Ford es el cine clásico, el cine que vuelve a "el relato", la historia lineal, el argumento y por tanto al narrador como creador de significados, frente al cine primitivo, el que se exhibía en las ferias, con los espectáculos de "los monstruos". El cine de la circularidad y el eterno retorno. En ese sentido es un cine que parte de una pre-historia, literaria si se quiere. El cine posterior, el post-clásico, es el cine del terror, lo fantasmal, la psicopatía y la psicosis. Después llegaremos al cine expandido o casi cine, el cine experimental o de vanguardia.

    Ahora pienso en el vacío, leo algunas consideraciones sobre el vacío.

    "A veces todo me parece vacío." P. Klee

    "Siento en el proceso incesante de ese vacío, en esa vacuidad, que se dilata infinitamente, la presencia misteriosa de los sentimientos más contradictorios que puedan afectar a un alma." E.M. Cioran

    No sé muy bien por que me encuentro con "Melancholía", la última película de Lars Von Trier (aún no la he visto así que no debería mencionarla pero en una búsqueda algo apresurada por google he llegado a ella) su anterior película "Antichrist", era la depresión. Me pareció horrible, dura. Al menos la melancolía no es la depresión.
    (se me ocurre que la melancolía tiene que ver con la infancia, ¿qué otra cosa se puede echar de menos que no sea la infancia?)

    Comentado por: Marta el 31/8/2011 a las 13:06

  • “Hago mías las faltas, siento en mí a cuantos sufren y canto respirando…”
    Algunos comentarios ventilan tanta ramplonería, que a veces nos confundimos, preguntándonos si los ramplones no seremos nosotros.

    Comentado por: tocado el 31/8/2011 a las 09:11

  • Después de visitar a mi honrado patrono, salí a desempeñar varias obligaciones militares, y ya me retiraba a casa, cuando junto al camino sentí gritos y voces de alarma. Corrí a donde sonaban, y no era más sino que por el camino adelante venía un cochecillo cuyo caballo le arrastraba dando tan terribles tumbos y saltos, que cada instante parecía iba a deshacerse en pedazos mil. Cuando con rapidez inmensa pasó por delante de nosotros, un grito de mujer hirió mis oídos.
    -En ese coche va una mujer, Tribaldos -grité a mi asistente que se había unido a mí.
    -Es una inglesa, señor, que se quedó rezagada y detrás de las demás.
    -¡Pobre mujer!... ¿Y no hay entre tantos hombres uno solo que se atreva a detener el caballo y salvar a esa desgraciada?... Parece que no va desbocado... Detiene el paso... Corramos allá.
    -El coche se ha salido del camino -dijo Tribaldos con espanto- y ha parado en un sitio muy peligroso.
    Al instante vi que el carricoche estaba a punto de despeñarse. Habiéndose enredado el caballo entre unas jaras, se había ido al suelo, quedando como reventado a consecuencia del fuerte choque que recibiera. Pero como la pendiente era grande, la gravedad lo atraía hacia lo hondo del barranco.
    Me era imposible ver la situación terrible de la infeliz viajera sin acudir pronto a su socorro. Había caído el coche sin romperse; mas lo peligroso estaba en el sitio. Corrí allá solo, bajé tropezando a cada paso y despegando con mi planta piedrecillas que rodaban con ruido siniestro, y llegué al fin adonde se había detenido el vehículo. Una mujer lanzaba desde el interior lastimeras voces.
    -Señora -grité- allá voy. No tenga usted cuidado. No caerá al barranco.
    El caballo pataleaba en el suelo, pugnando por levantarse y con sus movimientos de dolor y desesperación arrastraba el coche hacia el abismo. Un momento más y todo se perdía.
    Apoyeme en una enorme piedra fija, y con ambas manos detuve el coche que se inclinaba.
    -Señora -grité con afán- procure usted salir. Agárrese usted a mi cuello... sin miedo. Si salta usted en tierra no hay qué temer.
    -No puedo, no puedo, caballero -exclamó con dolor.
    -¿Se ha roto usted alguna pierna?
    -No, caballero... veré si puedo salir.
    -Un esfuerzo... Si tardamos un instante los dos caeremos abajo.
    No puedo describir los prodigios de mecánica que ambos hicimos. Ello es que en casos tan apurados, el cuerpo humano, por maravilloso instinto, imprime a sus miembros una fuerza que no tiene en instantes ordinarios, y realiza una serie de admirables movimientos que después no pueden recordarse ni repetirse. Lo que sé es que como Dios me dio a entender, y no sin algún riesgo mío, saqué a la desconocida de aquel grave compromiso en que se encontraba, y logré al fin verla en tierra. Asido a las piedras la sostuve y me fue forzoso llevarla en brazos al camino.
    -Eh, Tribaldos, cobarde, holgazán -grité a mi asistente que había acudido en mi auxilio-, ayúdame a salir de aquí.
    Tribaldos y otros soldados, que no me habían prestado socorro hasta entonces, me ayudaron a salir; porque es condición de ciertas gentes no arrimarse al peligro que amenaza sino al peligro vencido, lo cual es cómodo y de gran provecho en la vida.
    Una vez arriba, la desconocida dio algunos pasos.
    -Caballero, os debo la vida -dijo recobrando el perdido color y el brillo de sus ojos.
    Era como de veinte y tres años, alta y esbelta. Su airosa figura, su acento dulce, su hermoso rostro, aquel tratamiento de vos que ceremoniosa me daba, sin duda por poseer a medias el castellano, me hicieron honda y duradera impresión.

    La batalla de los Arapiles
    Benito Pérez Galdós

    Comentado por: . el 30/8/2011 a las 22:21

  • Don Felix, otra alternativa:
    Todos alguna vez hemos salvado AL AMADO (O AL PELMAZO) de precipitarse en el vacío. Por ejemplo, en el nuestro.

    Comentado por: me el 30/8/2011 a las 19:05

  • Señor Flor de Cañón: ¿es carne de cañón la sudaquería que trabaja en Telefónica Movistar? Una típica empresa González-Boyé, por cierto, bien gonzante y boyante.
    Cada vez que invade mi intimidad, ekl acento sudaca me parece más y más gorrinero, falso, cochino, sucio, vendido, chuleta y matón. Claro que yo no he sido nunca profesor de filosofía en sudamérica y no conozco su encadilante simpatía y bondad, allá por donde nos paseábamos jovialmente.

    Comentado por: El justiciero el 30/8/2011 a las 15:11

  • Lurdes Monte de Auz ama a Oscar Gil y Gil

    (dibujo de corazoncito enflechado)

    [suena la canción de Bonnie & Clyde]

    Comentado por: Cupido el 30/8/2011 a las 15:03

  • La perra ex-etarra no muerde, sólo convoca a la jauría con sus ladridos.

    Comentado por: Agustina el 30/8/2011 a las 15:01

  • A veces tenemos el coraje necesario para ir más allá de la –en sí muy clarificadora– abstracción. Es entonces cuando aceptamos concretar prosaicamente nuestro vacío. Algún valiente, en uno –y son muchos– de sus mejores momentos, llegó a llamarlo latrocinio. Pero, al margen de toda culpabilidad, yo creo que el nombre más ajustado y más concreto es `mentira´, “la llaga de la humanidad”; porque solo la mentira –satánica y redundante, concupiscente y cansina– se opone drásticamente a la alegría última y nueva de la verdad. Y nunca es tarde –ni esto retórica– para intentarlo de nuevo, incluso si se trata de la más extrema senectud. De hecho, es cuando con más tiempo contamos para dedicarnos a lo esencial. Vuelven redundantes y molestos los trabajos y los días, y con todo parece una jornada bastante buena.

    Comentado por: Gabriella Marcel el 30/8/2011 a las 12:02

  • No esté tan seguro de que Ford no conocía a Galdós.
    En una entrevista a un periódico destinado a los soldados en el frente, realizada en 1942, y ante la pregunta de cuáles son sus lecturas favoritas, John Wayne responde que los Episodios nacionales de Galdós, que por aquellos años estaba traduciendo, trabajo que no llegó a concluir, Dorothy Parker.
    Conviene recordar al respecto que las tres esposas de Wayne fueron de origen hispano, que poco antes de su muerte se convirtió al Catolicismo y que su epitafio, escrito en español, reza 'Feo, fuerte y formal'.

    Comentado por: jacinto ventosillo el 30/8/2011 a las 11:12

  • Ni Ford ni Hitchcock hubieran podido; no se trata de haber o no leído, es que ellos hacían cine y los otros, los Hugo, los Galdós, novela. Un abrazo.

    Comentado por: Ángel Díez el 30/8/2011 a las 10:44

  • Perdona Félix... No eres tú... Soy yo... Creo que mereces algo mejor...

    Comentado por: Y esta escena ¿a quién se le ocurrió? el 30/8/2011 a las 07:21

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015; Génesis (Literatura Random House, 2015). Nuevas lecturas compulsivas (Círculo de Tiza, 2017) y Volver la mirada, Ensayos sobre arte (Debate, 2019) son sus últimos libros.  Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 




 

Ensayo

Volver la mirada (2019). Debate, España.

Nuevas lecturas compulsivas (2017). Círculo de Tiza, España. 

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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