El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 9 de febrero de 2010

 Blog de Basilio Baltasar

Necrofagia

 

Al biógrafo se le permiten licencias obscenas si a cambio consigue proteger la integridad de la obra de arte. ¿Podrá sobrevivir sin la veneración que prestamos al autor? En este caso, la indiscreción con que manosea la vida privada se dispone a revelar también la magnitud de nuestra mitomanía. La insensatez con que admiramos a los apóstoles de este mundo, la ternura con que cultivamos su leyenda o protegemos sus reliquias, requiere, de vez en cuando y con la debida acritud, esos ejercicios de infamia satisfecha que llamamos investigación de la verdad.

Pero una cosa es desbrozar nuestras mentiras culturales y otra, muy distinta, encarnizarse con los muertos. Al parecer, produce una emoción muy placentera difamar al que no podrá levantarse a replicar. Lo hemos visto ahora leyendo al antiguo jefe del novelista sueco Stieg Larsson. Dice Anders Hellberg que Larsson "utilizaba un lenguaje pobre, el orden de las palabras era incorrecto, la construcción de las frases era simple y la sintaxis completamente enloquecida". Hellberg afirma que Larsson no pudo escribir la trilogía de Millenium y que fue su compañera quien redactó los exitosos capítulos de la novela. El artículo publicado en el diario sueco Dagens Nyether's -según nos cuenta El País- ha levantado el correspondiente revuelo pero nadie ha preguntado todavía por qué Hellberg fue durante diez años el jefe de una nulidad semejante.

El pasado verano invité a Kurdo Baksi al encuentro de literatos celebrado en Formentor para que nos contara su vieja amistad de editor con Stieg y, de paso, los asuntos menos decorosos de la polémica entablada entre su familia y la mujer que a veces ha parecido una viuda ultrajada. El resultado fue una deliciosa charla sobre la impetuosa personalidad de un periodista valiente que no dejó de hostigar con sus artículos a las redes de corrupción económica y policial que pudren la presuntuosa democracia sueca. Baksi hizo además un alarde de discreción y relató con mesura la turbación emocional que enfrenta a los familiares del escritor desaparecido. Habló de Larsson con respeto pero supo eludir la tentación de glorificar al ausente, omitiendo con inteligencia los elogios que tantas veces nos han ayudado a sosegar nuestro complejo de supervivientes (¿por qué sigo vivo cuando él ha muerto?). Sin embargo, cuando se publica su anunciado libro (Mon ami Stieg Larsson) descubrimos que la emprende con el muerto y se apresura a declararlo "un mal periodista" y "un hipersensible fanfarrón".

Los lectores bienaventurados creerán que la envidia, el resentimiento o la ingratitud son las fuerzas que mejor moldean la memoria personal pero otras hipótesis deben ayudarnos a comprender este boxeo de los vivos contra los muertos.

[Publicado el 27/1/2010 a las 18:38]

[Etiquetas: Stieg Larsson, Kurdo Baksi, Anders Hellberg]

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La astucia de la desconfianza

 

La biblioteca virtual recibe en Francia una atención adecuada al volumen de su patrimonio escrito y a la intensidad de una conciencia cultural que a pesar del desconcierto contemporáneo se mantiene a flote. No es algo que debamos dar por supuesto en un país como el nuestro, que cuando debe elegir, lo quiere todo y cuando puede, no coge nada.

El ministro de cultura francés, Frédéric Mitterand, sobrino del que fue Presidente de la República, le planta cara a Google y se reserva el derecho a digitalizar los fondos bibliográficos depositados en la Bibliothèque nationale de France. Considera que la empresa norteamericana ha entrado en Europa con un espíritu monopolista inaceptable y repudia la confidencialidad excesiva, la exclusividad imposible y las clausulas leoninas de sus contratos. Matiza que no se siente conmovido por un antiamericanismo primario y que no le importa concertar con Google acuerdos transparentes que respeten los derechos de autor. Si Google no acepta estas condiciones, dice Mitterand, dejará en evidencia que sus grandes principios filantrópicos no son más que una fachada. Francia, añade el ministro, no renunciará a su patrimonio y sabrá constituir por cuenta propia la más grande librería virtual del mundo.

La precisión de los términos elegidos por el ministro ya lo dice todo sobre la fuerza que ha puesto en juego. Voluntad política para desmentir a la sociedad monopolística mundial y nervio dialéctico para deshacer la fascinación de la vanguardia tecnológica. Y astucia estratégica para desconfiar de tanta filantropía: digitalizar gratuitamente los fondos bibliográficos de las grandes bibliotecas europeas puede ser una patraña. Como empresa privada nada le impedirá, cuando quiera, cobrar por cualquier consulta.

[Publicado el 13/1/2010 a las 20:00]

[Etiquetas: Frédéric Mitterand, Google, Bibliothèque Nationale de France]

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Colérica pelea entre dos escritoras

 

La pérdida de la inocencia hace inevitable la pérdida del pudor. Una vez extraviada la ciega confianza del espíritu en sí mismo se desencadena una interminable sucesión de actos vergonzosos. De ahí que tanto lo ingenuo como lo púdico no pueden seguir siendo, a lo largo de la vida, virtudes instintivas. Sólo elaborándolas como impostura, como consciente restricción del ser, se recupera la elegancia metafísica que, asociada a la belleza, tanto nos deslumbra.

En su ausencia, el espectáculo social sólo es previsible. Ahora, en Paris, dos escritoras se intercambian amargas acusaciones de plagio y presunción. Camille Laurens lamenta furiosamente haber sido víctima de un "plagio psíquico" y exige al editor de las dos autoras, Paul Otchakovsky-Laurens, que elija de una vez: o ella o yo.

Marie Darrieussecq, que también ha escrito sobre las angustias de ver morir a un bebé, reclama su derecho a escribir sobre cuánto le plazca y publica un ensayo (Rapport de police) acusando a Laurens de padecer un viejo síndrome: el deseo de ser plagiada.

La trifulca saca a flote las viejas polémicas sobre el derecho del escritor a utilizar su propia vida como hilo argumental de la novela: ¿hay invención o sólo transcripción de anécdotas? ¿Es la literatura un mero oficio narrativo o una rara creación de construcciones singulares?

La disputa mundana, sin embargo, sólo se fija en lo esencial: un hombre entre dos mujeres celosas.

[Publicado el 08/1/2010 a las 18:44]

[Etiquetas: Marie Darrieussecq, Camille Laurens, POL]

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Breviario del año que acaba: el caso de la Cumbre de Copenhague (6)

 

Se supone que los gobernantes reunidos en Copenhague conocen el informe de sus asesores científicos: un análisis de la gravedad del cambio climático. Y que si aceptan discutir las propuestas de la agenda es porque desean evitar las consecuencias del emponzoñamiento ambiental. Que la Cumbre se haya cerrado sin acuerdos ejecutivos deja en evidencia la alternativa que han resuelto en esta ridícula reunión: en lugar de exigir a sus votantes de hoy una vida menos grata, prefieren dejar a los gobernantes de mañana la tarea de administrar lo que vaya a venir. No es que los mandatarios quieran evitar la presión negacionista de lobby's petroleros y fabricantes de coches; ni que les preocupe alterar la renqueante recuperación económica; ni que teman la competencia de los países insurgentes (libres de la agitación ambientalista); en realidad su omisión es el resultado de su impotencia.  No pueden modificar el rumbo de una economía fundada en el despilfarro. Y ninguno de ellos quiere ser el primero en proclamar el fin de la fiesta que nos ha hipnotizado durante cincuenta años. Se conforman imaginando que la fuerza de los acontecimientos futuros -más imperiosa que las campañas de Greenpeace- será más convincente que una decisión "precipitada".

[Publicado el 08/1/2010 a las 11:13]

[Etiquetas: Cumbre de Copenhague, cambio climático]

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Breviario del año que acaba: el caso Millet (5)

Los procesos judiciales se prolongan en el tiempo hasta hacer incomprensible la sentencia. El clima justiciero que precede a los detenidos ilustres, osados gestores del fraude, se agota en las informaciones publicadas, comentadas y, sólo a veces, desmentidas. La escandalosa oleda pasa de largo y cuando concluyen las últimas sesiones judiciales sólo quedan los restos de aquella ofendida curiosidad. Luego, la amnesia hace el resto.

No es que los procesados no reciban su merecido. En realidad, casi todos los imputados de hoy serán mañana los reos de sus fechorías de ayer. Sin embargo, la dilatación del proceso diluye el vínculo entre causa y efecto, entre la falta y el castigo. Lo ejemplar de la justicia es su rápida resolución. Lo hemos visto en el caso que comentamos el otro día: Madoff fue denunciado, detenido, procesado y condenado en un abrir y cerrar de ojos. De este modo la memoria social adquiere conciencia de los límites morales que conviene respetar.

Lo contrario, la lentitud, propicia esa sensación de impunidad, desánimo y fracaso que cierta opinión interesada divulga como ingrediente sustancial del sistema.

En el caso Millet, apurar y concluir el proceso judicial con diligencia, rapidez y credibilidad resulta más urgente que nunca. Además de verse nítidamente dibujado en escena el castigo que merece su descaro, hace falta descubrir y comprender la amplitud de las redes sociales implicadas en los desfalcos. Partidos, fundaciones, asociaciones y otras entidades dieron un vigor inaudito a su penosa complicidad.

Que uno de los símbolos culturales de la ciudad de Barcelona haya sido el cuartel general de un saqueador necesita algo más que una condena individual. La investigación requiere celeridad pero también una valerosa disposición de ánimo para afrontar la purga que les espera.

[Publicado el 05/1/2010 a las 23:30]

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Breviario del año que acaba: la nueva ley del aborto (4)

 

Aceptar la ley que regula el aborto voluntario no significa librarse de su dilema moral. La ley dispone las garantías sanitarias y jurídicas que amparan a las mujeres afectadas pero no puede ir más allá. No puede resolver los interrogantes que sólo en el ámbito personal tienen sentido.

No obstante, las objeciones contra la ley persisten: se considera que la mujer no sabe lo que hace y que sólo una prohibición legal con fundamentos religiosos le permitirá ser eximida de la condena divina que recae sobre quién comete la blasfemia abortista.

Como una polémica formulada en estos términos resulta difícil de conducir, la exasperación de los adversarios del aborto es cada día mayor. Pero en lugar de introducir argumentos reflexivos, profieren anatemas cuya refutación es imposible.

Para el arzobispo de Valencia el aborto no sólo es un crimen sino la más tremenda de las dictaduras. Para el arzobispo de Granada, el aborto es un genocidio y para la totalidad de los obispos, inevitablemente, un pecado.

Ajenos a la controversia intelectual de la inteligencia civil, los obispos enemistan a la moral con el buen gusto y apelan sin cesar a la credulidad de sus fieles. Sin embargo, los estrategas eclesiásticos no sólo intentan imponer a las mujeres el duro yugo de la penitencia mortal sino sacar un provecho inesperado a la polémica abortista.

Mientras la Iglesia de los Estados Unidos quiebra después de pagar cuantiosas indemnizaciones por sus delitos de pederastia y la iglesia de Irlanda ve dimitir a los obispos que protegieron a sus curas pedófilos, la iglesia española afirma que  "el aborto es peor que la pederastia".

La palabra clave de esta declaración es "peor". Después de haber calificado al aborto como genocidio, tiranía y pecado, a los obispos les corresponde desvelar en qué grado la pederastia es un crimen menos grave. Sobre todo después de admitir lo que va implícito en la oración: si sus contrincantes son partidarios del aborto, ¿significa acaso que ellos lo son de la pederastia?

Parece una torpeza dialéctica o un rudimentario acto fallido, pero la consigna tiene un significado que va más allá de lo aparente. El sorprendente juicio proclamado en Ginebra por Silvano Tomasi, observador permanente del Vaticano en la ONU y decidido abogado de los sacerdotes implicados en casos de pederastia, nos ayudará a comprender el sentido de este atrevimiento. Al parecer, para el Vaticano resulta esencial diferenciar entre los pedófilos que abusan de los niños y aquellos homosexuales que se sienten atraídos por "varones" de 11 a 17 años. Según Tomasi, éstos curas no son pedófilos: son "efebófilos". Lo cual supone, por lo visto, un atenuante.

¿De dónde procede la ambigüedad institucional con la pederastia? ¿Qué necesidad hay de vincular la polémica del aborto al sórdido episodio de los abusos sexuales a menores? ¿Para qué turbar a los fieles y creyentes con esta inexplicable indulgencia?

La sensatez política aconseja una condena sin contemplaciones y dejar limpio el buen nombre de la institución imputando a los curas la única responsabilidad de los delitos cometidos. Pero la Iglesia se empecina: ¿qué la inclina a fomentar sospechas tan perjudiciales para el prestigio que quiere proteger?

Tanto en lo relativo al aborto como a la pederastia, la Iglesia da continuidad a una tradición de 1.700 años: sostener en cualquier dilema la más incomprensible de las opciones. El desafío al mundo moderno es todavía más agudo pues de la inaccesibilidad de sus motivos depende el futuro de la institución. La arrogante y aristocrática presunción de unos obispos ajenos al sentido común y a la razón democrática es la única garantía de su singularidad. Pues si consintieran entablar conversaciones mundanas ¿quién les querría escuchar?

Conviene no olvidar que los obispos hablan en nombre de dios. Y un dios que puede ser comprendido, pierde su divinidad. Un dios con el que se puede discutir, pierde su autoridad. Este es uno de los fundamentos de su creencia.

[Publicado el 02/1/2010 a las 23:37]

[Etiquetas: Silvano Tomasi, Conferencia Episcopal, ley del aborto]

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Breviario del año que acaba: el caso Madoff (3)

 

Madoff fue el protagonista estelar de la crisis económica no por la cuantía estafada a sus clientes (más de 35.000 millones de euros) sino por la condición selecta de sus víctimas. La catástrofe que se abatía sobre una economía en quiebra, amenazando con dejar en la ruina a medio mundo, nos exigía poner en escena a unos afectados que no fueran los desdichados de siempre. Los pequeños inversores que seducidos por los intereses del capitalismo popular confiaron sus ahorros a los expertos financieros, no consentirían ser despojados sin comprobar que, al menos por una vez, todos pagamos el precio de la avaricia.

Parece un pobre consuelo personal pero su eficacia psicológica y política a gran escala es muy notable. Los estafados por el osado y prestigioso Madoff (dos alabadas cualidades del juego bursátil) fueron los banqueros, actores, empresarios y abogados cuyo llanto reforzaba la imperiosa banalización de la crisis: si el gran mundo la padece, nadie es responsable del colapso.

La soledad de Madoff en el presidio, repudiado incluso por su ofendida y repentinamente escandalizada esposa, ilustra nuestra capacidad de representación y la habilidad colectiva para conjurar los demonios que nos sacarían con una patada del gran sueño.

Por otro lado, la extinción de la ética que parecía erigirse contra la impunidad financiera, articulando mecanismos de regulación inéditos y prometiendo controles de enorme rigor contable, permite modular mejor la moraleja de nuestra Crisis. Esta sería la traducción del mensaje que todavía permanece codificado tras la laboriosa agitación de los últimos meses: nuestro enriquecimiento masivo no es una obscenidad sino la condición necesaria de vuestra exigua economía de subsistencia y trabajo duro. Ciertamente, vuestro salario de mileuristas es penoso, pero ya veis lo que pasa: o esto, o el paro. Así funciona.

[Publicado el 30/12/2009 a las 21:17]

[Etiquetas: Madoff, crisis financiera, ]

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Breviario del año que acaba: el caso Haidar (2)

 

La deportación de la líder saharaui Aminatu Haidar, su huelga de hambre en Lanzarote, la reacción de la opinión pública, los esfuerzos fallidos del gobierno para hacerse escuchar en Marruecos y, finalmente, la mediación de la diplomacia norteamericana y francesa, nos han ilustrado sobre la astucia que hace falta para manejar la verdad y la mentira en la escena internacional.

La reconstrucción de los hechos permite ver en nuestro cuerpo diplomático una falta de pericia que quizá diga mucho sobre su sinceridad pero muy poco sobre el maquiavelismo que distingue a los grandes zorros de nuestro tiempo.

El gobierno consintió parecer un cómplice de Marruecos. Aceptando que deportara a una ciudadana castigada por su militancia saharaui, el gobierno se prestaba a ser un colaborador de la policía política alauita. La reacción de Haidar, iniciando una huelga de hambre, y recibiendo en el mismo aeropuerto a sus numerosos simpatizantes, transformó un gesto de buena vecindad en objeto de befa: España hacía de nuevo el ridículo.

En la "imagen" del gobierno -forjada por los medios y los activistas de los Derechos Humanos- cuenta sobre todo el titubeo ministerial. Podría haberse presentado como el gobierno que acoge a una exiliada y hacer del territorio nacional una tierra de asilo. Pero en lugar de ofrecer una justificación plausible prefirió dejar a flote lo evidente. En lugar de enmascarar su complicidad con una mentira moderna, se precipitó a omitir la verdad que al final se supo: recibiendo a Haidar sólo quería hacer un favor al levantisco y listísimo Reino de Marruecos.

[Publicado el 29/12/2009 a las 11:15]

[Etiquetas: Aminatu Haidar, Marruecos, Sahara]

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Breviario del año que acaba: el caso Gürtel (1)

 

A diferencia de la izquierda moralista, la derecha pragmática no imputa a su partido los delitos de sus dirigentes. Esta distinción nos ayudará a entender el escaso coste social de la corrupción política: los barómetros de opinión no registran ningún daño visible en la intención de voto al Partido Popular.

Los votantes de la derecha no asumen como propio el pecado de su dirigente. Cuando se inhiben, omiten o dilatan sus juicios no pretenden exculpar al corrupto, sino dejarlo a merced de la purga (judicial, mediática, orgánica) que se ha buscado.

La izquierda, sin embargo, al concebirse a sí misma como una comunión mística, padece en su carne los delitos de sus miembros. Se siente ofendida por sus felonías y sucia a causa de su avaricia.

La derecha no admite haber sido víctima de un engaño y sobrevive airosa a todo escándalo. La izquierda, al sostener una poderosa creencia en la virtud, padece una vergüenza insuperable cuando alguno de los suyos es descubierto en falta.

Esta es la izquierda clerical. Aquella, la derecha laica.

[Publicado el 27/12/2009 a las 14:19]

[Etiquetas: Gürtel, corrupción, intención de voto]

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La SER, lo justo y la Justicia

 

Si la condena contra los periodistas de la SER Daniel Anido y Rodolfo Irago fuera consecuencia de un error judicial, no nos importaría apelar a una instancia superior. Al fin y al cabo, afrontar el proceso legal que lleva de Villaviciosa de Odón a Estrasburgo sólo requiere tiempo, dinero, paciencia, viajes, buenos letrados y confianza en el discernimiento racional de lo establecido por las leyes. Sin embargo, se me hace difícil sustraerme al temor de una sentencia que parece querer encauzar la profesión periodística por otros derroteros. El fallo del juez no sería en este caso una sanción a dos profesionales, sino un inesperado aviso a todos los demás.

Sorprende que un juez pretenda llevar a cuestas semejante tarea cuando la propia marcha del mundo nos impele a ser informados de todo cuanto nos incumba. No sólo al amparo del espíritu constitucional sino por la expectativa del sentido común: ¿quién querría proteger secretos políticos sin alterar la dialéctica ciudadana?

Puede ser que el juez haya incurrido en una interpretación sesgada por una ley ambigua. Ya se verá. Mientras tanto, la lectura de su sentencia inspira sentimientos a cuya fuerza no podemos sustraernos.

La pertenencia a un partido político se consideraba secreta cuando la ley de Franco perseguía a sus militantes. Hoy el ordenamiento constitucional pretende todo lo contrario: la participación en la institución "partido político" resulta aconsejable. Considerarla un acto de privacidad contradice el logro de una sociedad liberada de sus temores. Por eso, penalizar al periodista que nos cuenta cómo se produjeron unas militancias conflictivas, y quiénes fueron sus protagonistas, supone admitir que la pertenencia a un partido puede ser un motivo de vergüenza.

Como la información proporcionada por Anido e Irago nos ha permitido conocer una historia de afiliaciones fraudulentas, resulta implícito en el auto del juez lo que la Justicia quiere negar: que la vinculación a un partido -en este caso al Partido Popular de Villaviciosa de Odón- es una información vetada.

Nada podría parecernos más absurdo que este silogismo: si los militantes se avergüenzan y los periodistas nos informan, éstos se condenan.

Los desagradables inconvenientes que durante un tiempo sufrirán Anido e Irago por cumplir con su deber de informar representan un gravísimo altercado en el funcionamiento de nuestra constitucionalidad. Ser inhabilitados para el ejercicio de la profesión, ser condenados a prisión y a pagar multas e indemnizaciones por haber contado una historia de corrupción urbanística contribuirá a fomentar una conclusión coloquial que en modo alguno podemos aceptar: lo justo será esconder información al ciudadano. Dado que informar acarrea penas de prisión, se entenderá que informar es un delito.

Mientras se enmienda el juicio, y eso llevará su tiempo, recordaremos "la convicción de sentido común" que subraya John Rawls en su Teoría de la Justicia: "la justicia es la primera virtud de las instituciones sociales".

[Publicado el 25/12/2009 a las 23:35]

[Etiquetas: Daniel Anido, Rodolfo Irago, ]

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Biografía

Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. En 1986 fundó la revista literaria Bitzoc y la revista de arte y arquitectura Gala. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Entre 1989 y 1996 dirigió un programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March y es vicepresidente de la Fundación Yannick y Ben Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo. Es editor de El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. En la actualidad es director de la Fundación Santillana.

 

baltasar@fundacionsantillana.com

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