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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 3 de mayo de 2016

 Blog de Félix de Azúa

Viral

Hacia 1970 hubo incidentes curiosos que quedaron oscurecidos por la resaca de mayo de 1968. Uno de ellos es que nos volvimos todos maoístas. En uno de los episodios más grotescos de la historia europea, los mandarines franceses (Foucault, Barthes, Godard, Sartre y Malraux, por ejemplo) descubrieron el genio político de Mao Tse Tung (hoy se escribe Mao Zedong, pero no es lo mismo) y cayeron rendidos de admiración ante el siniestro tirano de la Revolución Cultural. En vista de lo que pasaba en París, los pobres españoles nos hicimos maoístas a toda prisa, no fuera alguien a tomarnos por fachas.

Digo todos, pero uno no cayó. Simon Leys, sinólogo riguroso e intelectual intachable, escribió un libro severo, Los trajes nuevos del camarada Mao, en el que demolía a los maoístas con los 45 millones de muertos sólo entre 1958 y 1961 y los asesinatos "culturales" que él había vivido en directo durante sus años chinos. El periodista de la BBC Henri Astier asegura que Leys no podía ni siquiera argumentar con los maoístas: "Son demasiado idiotas", decía. Y en efecto, recordando nuestro propio maoísmo, tenía más razón que un santo.

Es un misterio, pero a veces las sociedades se ven atacadas por el virus de una chifladura mística, el cual se propaga como la peste. Nadie ha podido explicar aquella majadería del maoísmo (en ella sigue Badiou, pobrecillo) como no sea exclusivamente bajo la forma de una plaga voraz que infectó cerebros, cátedras, editoriales y diarios sin que nadie sepa su origen o causa.

Hoy, con un régimen mucho más propicio a la infección vírica como es Internet, la peste es aún más invasiva. No hay mejor prueba que constatar la cantidad de gente que tiene a Pablo Iglesias, un evidente oportunista, por un político respetable.

[Publicado el 26/4/2016 a las 16:19]

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Inquisición

Los tópicos nacionales van variando. El francés ya no es aquel señor con boina, botella de tinto en un bolsillo y camembert en el otro. En cambio, el alemán disciplinado, el italiano refitolero y el inglés arrogante se mantienen. El tópico español antiguo era un matador que se enfrenta al toro de la muerte con coraje y arte, el motivo de Picasso, por ejemplo. Confieso que me gusta, pero creo que se va imponiendo otro muy distinto.

En el inevitable grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos se observa a un hombre dormido o desesperado, amenazado por murciélagos, búhos, lechuzas y vigilado por un turbador felino. Este es, cada vez más, el tópico del español actual. Vuelve la superstición, vuelve a apagarse la poca razón que habíamos reunido en unos años de aproximada democracia, vuelven los pajarracos nocturnos a llenarnos la cabeza de prejuicios.

En Andalucía está prohibido decir "los funcionarios", hay que decir "el funcionariado". Ni "los becarios": ha de ser "las personas becarias". Ni "los andaluces": debe decirse "la población andaluza". Ni los niños (la infancia), ni los tutores (la tutoría), ni los ciudadanos (la ciudadanía). Así hasta cien conjuros mágicos. La Junta no sólo lo manda, sino que ha creado unos inspectores lingüísticos que vigilarán aulas y patios de recreo, como en Cataluña. Lo justifica la delegada de igualdad: "El lenguaje no puede contribuir a invisibilizar el género femenino". Oigo el batir de alas de los murciélagos, oigo las oraciones de los penitentes andaluces rezando en procesión para que el fantasma del lenguaje, un gigante cubierto por una sábana, cese de amenazar a las hembras con hacerlas incorpóreas. El sueño de la razón nos devuelve a los monstruos barrocos.

[Publicado el 19/4/2016 a las 16:32]

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Pasión

Si en lugar de leerla, la ves, te percatas de que La Celestina es una obra salvaje. Apretada en dos horas y media, servida por cuerpos que subrayan la violencia del texto, produce temor y temblor. El esquema es aún de vieja religión: una pareja de jóvenes ricos se retuerce como lombrices al sol, asfixiados por su deseo sexual, en tanto que los sirvientes copulan como mandriles sin estorbo alguno. La diferencia de clase es lo que produce agobio, dolor e impotencia en la pareja rica que no puede fornicar, en tanto que el servicio lo hace con todo el afán, mientras roba, canta, baila y finalmente asesina. Hay un resto medieval en este planteamiento, una Danza de la Muerte adaptada a un renacimiento nihilista. Un antepasado de Shakespeare más cerca del gótico que del barroco.

La condena cae, empero, sobre todos los fornicadores. El joven se despeña por accidente tras una de sus citas con Melibea, la cual se suicida al saberlo. Los sirvientes matan a Celestina para robarle y luego son decapitados por los alguaciles. La muerte es la inevitable compañera del gozo sexual y de la riqueza.


El turbador personaje de Celestina carga con todo el peso de la obra. La alcahueta es una creación inmensa y exige un actor tan considerable como José Luis Gómez para hacerla, no sólo verosímil, sino también conmovedora. La vieja miserable que busca mejorar su sórdido retiro es un Eros rapaz, arrugado, miserable, de secarral, que busca su lucro, pero también el placer del cliente. No hay consuelo en esta sublime tragicomedia. El lamento del padre ante el cadáver de Melibea concluye: "¿Por qué me has dejado triste y solo en este valle de lágrimas?". La respuesta sería: "Porque es de ley que toda pasión conlleve su muerte, padre mío". Pero no hay respuesta.

[Publicado el 12/4/2016 a las 15:43]

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Hedor

El Holocausto judío comenzó en Austria cuando unos fornidos idiotas, disfrazados con el traje nacionalista, obligaron a los dueños de algunos comercios de Viena a pintar en sus escaparates la palabra "judío" en grandes letras blancas. También pusieron a fregar suelos a las mujeres judías, que, comparadas con sus esposas, les parecían demasiado elegantes. La gente rodeaba a los humillados, se reía y daba palmaditas en la espalda a los matones. Era sólo un aviso a la población para que entendiera que aquella gente no formaba parte del género humano y por tanto podía ser aplastada como chinches.

Hace días, unos nazis de la provincia de Girona asaltaron el jardín que Albert Boadella tiene en uno de esos pueblos del Ampurdán de cuyo nombre es mejor no acordarse y talaron tres hermosos cipreses. Era su manera de marcar a aquella familia. Así anunciaban que, cuando les den permiso, irán a por ellos, marido, mujer e hijos, y los talarán.

He esperado unos días por si alguna autoridad catalana mostraba un gramo de conciencia. Por ejemplo, la detención de los nazis. Siguen libres y con hachas. Nada ha dicho quien fuera alcalde de Girona y hoy preside la Generalitat. Nada han dicho los alcaldes en general y Colau en particular, que está al frente de una ciudad que reúne a más de los dos tercios de la población catalana. La alcaldesa odia la misoginia, el machismo y el clasismo, según dice. Yo no sé si odia a los nazis, pero no dan una imagen demasiado democrática de Cataluña. Tampoco han dicho ni pío los 300 paniaguados que exigen la reducción de Cataluña a lo que ellos alcanzan a comprender. Ni los periodistas y redófilos a sueldo. Ni los jefes de partido progresista. Da un poco de asco.

[Publicado el 05/4/2016 a las 14:50]

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Poeta

Esta Semana Santa se la dediqué a un amigo por quien tuve respeto y afecto. A pesar de la diferencia de edad (me llevaba 15 años) siempre nos tratamos como colegas del colegio. Seguramente nunca dejó de ser un colegial. Uno imagina a Gil de Biedma en perpetuo pantalón corto.

En sus Diarios 1956-85, editados por Andreu Jaume con sabiduría y arte del detalle, se acumulan apreturas sexuales, tan imperiosas, agobios poéticos, menos intensos que sus poemas, y una lucidez despiadada. Fue, sin duda, uno de los hombres más inteligentes de Cataluña en un momento en el que aún no faltaban.

Su juicio es exacto y pocas veces viene teñido por la pelmaza ideología propia de su tiempo y de su círculo de amigos. En aquellos años era imposible escapar a los fantasmas de cartón piedra: la lucha de clases, el bondadoso proletariado, la revolución liberadora. Pocas veces cae en la charca de su época e incluso, cosa infrecuente, mantiene distancia con esos tópicos. Bien es verdad que había sido desahuciado del Partido Comunista porque los homosexuales eran un invento burgués y reaccionario.

Su mejor momento es cuando habla de poesía porque es de los escasos poetas que ha sabido con certeza lo que es la poesía. Comentando una antología de poesía tradicional dice lo más exacto que he leído nunca sobre la canción: "Me ocurre con esta lírica igual que con la Grecia clásica: volver a ella es como volver a una patria de origen, no se sabe cuándo abandonada y sólo de tarde en tarde recordada. Uno se pregunta a cada regreso por qué se marchó -y por qué, por qué ya no es posible quedarse". Ese doble "por qué" encierra toda su poesía, hija del bolero.

[Publicado el 31/3/2016 a las 09:00]

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Artistazo

Seguramente usted ha oído o leído en algún lugar el nombre de Bruegel. Así se escribe en español, aunque también Brueghel. Es un pintor flamenco y son famosas sus fiestas campesinas, sus bosques, sus hielos, sus ciegos, su Ícaro caído. Es un pintor, además, muy cotizado. También tiene grabados fantásticos de mundos delirantes o pesadillas como las de El Bosco. No obstante, en ocasiones se habrá topado con un espléndido florero o una bella estampa del Paraíso lleno de caballos, mariposas, ciervos y ruiseñores con su firma. Menudo lío, se dice usted. No hay tal lío, lo que hay son, por lo menos, ocho Bruegel.

El más serio y monumental es Pieter el Viejo. Tuvo tres hijos entre los cuales están Pieter el Joven y Jan el Viejo, ambos pintores y copistas de la obra del padre. Pero Jan el Viejo tuvo un hijo, Jan el Segundo, que también se dedicó a copiar obras de sus mayores junto a sus propias obras. A su vez, Jan el Segundo tuvo 11 hijos, varios de los cuales, como Jan Pieter, se dedicaron a la pintura, en su caso, de flores. Y Abraham, que pintaba paisajes. Todos ellos colaboraban entre sí y con otros pintores como Rubens y Teniers, que estaba casado con una Bruegel.

Entonces sí que daba gusto hablar de arte porque el artista era lo de menos. Estaba para cobrar y poco más. El artista no era un genio, ni un tipo interesante, ni original, ni rebelde, ni tenía ideas, ni teorías, o a lo mejor sí, pero a nadie le importaba. Lo importante era la obra y acaso la familia.

Justo lo contrario de lo que sucede en la actualidad que todo está perdido de artistas, pero sin obra ni familia. ¡Qué tristeza, no ver nunca un Duchamp padre, hijo, nieto, sobrino o incluso cuñado! ¡Puerca miseria!

[Publicado el 29/3/2016 a las 16:31]

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Una niña

Si es usted persona entrada en años o tiene padres en semejante situación, pero, sobre todo, si su madre o abuela van alcanzando los 80, es posible que conozca o le suene el nombre de Elena Fortún. Fue una de las mujeres más destacadas de la Segunda República y ha sido del todo olvidada. Ganó notoriedad gracias a unos cuentos infantiles protagonizados por una niña llamada Celia que se convirtió en ídolo de la población femenina.

La vida de Fortún fue bastante agobiada, en parte por su relación con Matilde Ras en una época poco educada. Eso no le impidió llevarse bien con su marido (Madrid era Bloomsbury), de quien tuvo dos hijos. Los tres murieron de mala manera, pero lo que la derribó a ella fue la revolución. Acaba de publicarse una novela, la última de Celia, que nunca antes pudo ver la luz, excepto en una rareza bibliófila de 1987. Su título, Celia en la revolución, pone un final tristísimo a aquella muchacha sensible, lista, ingenua y amable a la que la revolución comunista torturó y la revolución fascista expulsó al exilio.

¿Y cómo ha tardado 70 años en publicarse un documento tan interesante sobre la Guerra Civil? Pues porque Elena Fortún, como explica Andrés Trapiello en su prólogo, aunque leal a la República, no era ni comunista ni fascista y eso entonces te costaba la vida. Todavía hoy está bastante penado, aunque los actuales fratricidas adopten nombres majos.

El libro es un documento conmovedor porque asistimos al horror desde los ojos de una niña y sabemos que todo lo que cuenta es verdad. Hambre, fusilamientos, enfermedad, asesinatos, frío, persecución, latrocinio, todos los caballos del Apocalipsis cabalgaron sobre aquella dulce criatura hasta aplastarla. Es honroso devolverle algo de dignidad.

[Publicado el 15/3/2016 a las 14:03]

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Espantajo

En 1939 y ya en el exilio de Collonges-sur-Salève, Azaña escribió 11 artículos para la prensa internacional, con la intención de exponer su opinión sobre el desastre de la guerra perdida. Son escritos de un hombre descalabrado y exhausto que moriría pocos meses después. El infame Petain no permitió que le enterraran con la bandera republicana, así que lo amparó una bandera de México cedida por el embajador de aquel país.

Los últimos meses de Azaña son tan aciagos como los de Machado o los de Benjamin, pero no han merecido ni piedad ni admiración, sólo olvido. Quizás porque Azaña escribió lo que pensaba sobre las causas de la Guerra Civil, aparte de Franco, y señaló con su dedo de moribundo a tres responsables: la cobardía de Francia e Inglaterra, el caos criminal de la extrema izquierda española y la traición delirante de los nacionalistas catalanes. Así que nadie estaba muy dispuesto a rendir respetos al pobre Azaña. Tan es así que los 11 artículos sólo se publicaron en España en el año 2002 con un certero prólogo de Gabriel Jackson. A pesar de los miles de libros que se han escrito sobre la derrota, esta lectura sigue siendo conmovedora.

Lo he vuelto a leer estos días porque me agobiaba cuánto se va asemejando nuestro país al de 1936. No como tragedia, sino como farsa. Al igual que en el viejo cauce seco que todos olvidaron se construyeron viviendas, hoteles ycampings que un buen día fueron arrasados cuando una lluvia torrencial volvió a colmarlo, así también sospecho que el viejo cauce cainita, asesino y caníbal de los españoles puede traer una avenida devastadora cualquier día de estos. Será una farsa, pero traerá destrucción. Los mercaderes del odio se frotan las manos.

[Publicado el 08/3/2016 a las 18:59]

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Grandeza

Lo de rendir homenaje a los artistas es cosa reciente. Antaño sólo se celebraba la vida (mejor la muerte) de reyes, nobles, guerreros y santos. No verán ustedes estatuas de pintores o músicos antes del siglo XIX. Creo que el primer lugar que celebró haber tenido de ciudadano a un artista fue Núremberg. En 1828 la población se vistió de Durero. No había una sola obra del artista en la ciudad, pero la gente se disfrazó con ropa que pretendía ser del siglo XV. Muy divertido. En 1875 hizo lo mismo Florencia con Miguel Ángel, aunque en esta ocasión mostraron algunos dibujos y siempre tenían al tedioso David de la plaza. En fin, que un artista sea asunto popular es hábito muy nuestro y seguramente causado no sólo por el delirio burgués de la nacionalidad, sino sobre todo por la atracción turística. A Núremberg acudió un montón de forasteros a comer salchichas y pasearse en braguero y medias.

Más difícil es encontrar homenajes públicos a escritores. Son menos simpáticos. Seguro que el primero fue Dante y más tarde quizás Goethe. En España lo del Quijote tardó en llegar hasta el 98, pero ¿ha llegado? Es verdad que hay bastantes rotondas con un patético Quijote de hierro oxidado en medio de plantas muertas, pero mi director, Darío Villanueva, se lamentaba el otro día de la desidia de nuestro abúlico Gobierno ante el actual centenario. Comparado con lo que los ingleses han montado para su Shakespeare, da risa. Bien es verdad que nuestros Gobiernos financian el analfabetismo como cosa personal y poco se puede esperar de ellos, pero ¿nada? ¿Absolutamente nada? Pues no. Dan una cargante impresión de impotencia: ya no pueden ni pasar las hojas del Marca.

[Publicado el 02/3/2016 a las 16:53]

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Pintor

La exposición que el Museo del Prado dedica a Georges de La Tour es una óptima ocasión para descubrir un artista con dos almas. Alguna gente tiene ese privilegio, dos almas, quizás porque nacen ya como gemelos de sí mismos. Si ustedes observan, por ejemplo, a algunos virtuosos (Richter, Cortot) interpretar las más endiabladas piezas de Chopin, habrán reparado en que su derecha ignora lo que hace la izquierda. Una mano está goteando tristeza mortal mientras la otra da brincos alegres y juveniles en el mismo instante. Dos almas. Esta gente tiene dos almas o por lo menos son capaces de que cada hemisferio cerebral vaya por su lado sin interferir en el otro. Faulkner lo hizo en Las palmeras salvajes.

Pues bien, La Tour es uno de estos elegidos. Hay un La Tour costumbrista que nos pinta a un joven pretencioso desvalijado por unas mozas, aunque él cree que le ha robado la vieja desdentada a la que reclama el dinero. Escena picaresca maravillosamente entendida. Y luego hay otro La Tour con figuras recortadas contra la lumbre de un velón, generalmente solas y melancólicas, aunque a veces tienen una compañía misteriosa a la que los expertos no saben dar nombre. Estas dolientes cavilaciones son el momento más elevado y reflexivo de un siglo, el XVII, en el que comienzan a juntarse y apuntar por el horizonte las negras nubes del nihilismo, la conciencia de que ya no somos hijos de Dios.

En La Tour todo es indescifrable. Nuestra némesis planea funesta sobre los rostros en sombras, pero también nuestra vida lúdica y tontuna gira en torno a estos caballeros estafados por muchachas de fresco pecho. Y no me queda espacio para hablar de sus ciegos, que ven más sin ojos que nosotros con dos

[Publicado el 23/2/2016 a las 14:30]

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Foto autor

Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas, Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horasAutobiografía sin vida (Mondadori, 2010) y Autobiografía de papel (Mondadori, 2013)Una edición ampliada y corregida de La invención de Caín ha sido publicada por la editorial Debate en 2015. Su último libro es Génesis (Literatura Random House, 2015)Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis. 

En junio de 2015, fue elegido miembro de la Real Academia Española para ocupar el sillón "H".

 

Bibliografía

 

 
 
 

 

La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.

 

 

 

 

 

Ensayo

La invención de Caín (2015). Mondadori, Barcelona. 

Contra Jeremías (2013). Mondadori, Barcelona.

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Génesis (2015). Literatura Random House, Madrid. 

Autobiografía de papel (2013). Mondadori, Barcelona. 

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

2011 Premio González-Ruano de Periodismo

2014 Premio Internacional de Ensayo José Caballero Bonald

2015 Premio Francisco Cerecedo de la Asociación de Periodistas Europeos 

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